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lunes, 12 de diciembre de 2016

Nuevos caminos para los Estados Unidos


Por Atila Sinke Guimarães

Tomado de: http://www.traditioninaction.org/bev/198bev11_30_2016.htm
Traducido del inglés por Roberto Hope


Las elecciones del 8 de noviembre revelaron una nación americana profundamente dividida. Por un lado tenemos a los que apoyan la plataforma Obama-Hillary; por otro lado, los adeptos al movimiento Tea Party, que en Trump encontraron un respiro provisorio de aire fresco para su creciente asfixia.

Luego de ocho años de Obama y su agenda de extrema izquierda, los EUA estaban cerca de convertirse en ESUA ― Estados Soviéticos Unidos de América. Esta realidad se refleja en varios campos.

Primero: el gobierno saliente luchó por evitar que los EUA explotara o produjera ninguna fuente nueva de energía ― petróleo, gas, carbón o metanol ― en su propio territorio. También estaba sofocando otros sectores que extraen recursos naturales.

Segundo: saboteó tanto como pudo el sector industrial y la fuerza de trabajo de la nación, enviando trabajo al extranjero, China, Indonesia e India por citar sólo los países extranjeros más relevantes, con el pretexto de que el trabajo puede hacerse allá más barato que acá.

Tercero: socavó la fuerza de trabajo rural con una política de socialización del sector agrícola, y aumentó la intrusión estatal, limitando y controlando la libre iniciativa.

Cuarto: lo americanos de las clases media y alta, tanto urbana como rural, han estado encarando una persecución virtual en la forma de impuestos concusionarios sobre la propiedad y el ingreso. Los impuestos rurales ya sofocaban a los agricultores.

Un capítulo especial de esta persecución incluye el  demagógico programa Obamacare, el cual es un medio para la absorción socialista de la práctica médica privada por el Estado, Está destruyendo el antiguo y competente sistema, transformándolo en un modelo de ineficiencia,

Quinto: El gobierno de Obama hizo todo lo que pudo por vilipendiar la moral y la autoestima de las tropas americanas mediante la reducción de su número, recorte de sus salarios, e introducción de leyes que les obligan a aceptar mujeres y homosexuales en todas las ramas y en todos los rangos.

Paralelamente, saboteó nuevos armamentos para las fuerzas americanas y recortó el gasto de defensa. Esto ha reducido el antiguo poderío de los EU a una condición de atraso, permitiendo a Rusia y a China en varias áreas igualar o sobrepasar el poder militar de respuesta americano.

En un nivel interno, el ataque constante del gobierno contra los propietarios de armas, tratando de limitar su posesión, uso y tipo a un ridículo mínimo no puede pasarse por alto.

Sexto: atacó violentamente a las familias americanas por medio de una usurpación de la autoridad de los padres, a través de una enorme gama de medidas culturales y legales. Esto incluye la formación de la niñez y la juventud por un cuerpo comunista de profesores en escuelas y universidades, la enseñanza de una moral libertina en estas organizaciones y la imposición de monstruosidades antinaturales tales como la homosexualidad y el llamado transgenerismo, que están siendo presentados como normales en la sociedad.

En el ataque contra las familias, es de notarse que el gobierno no ha escatimado esfuerzos por promover el aborto y  la eutanasia, proporcionando un amplio apoyo económico hacia esos fines

Séptimo: la política inmigratoria de Obama ciertamente confirma la idea de que el gobierno estaba tomando acciones para destruir la identidad americana. Mediante la inmigración musulmana, ya sea abierta o subrepticia, introdujo intranquilidad y aflicción al país por amenazas inminentes de terrorismo.

Octavo: La rama ejecutiva corrompió las decisiones de la suprema corte nombrando jueces que fueran favorables hacia sus agendas pro-homosexuales y pro-aborto.

Estas medidas generales, que fueron meticulosamente ejecutadas durante los ocho años de la presidencia de Obama, no fueron solamente acciones del gobierno, sino que son posturas apoyadas por una porción considerable de los americanos que votaron por Hillary. Este grupo, no lo olvidemos, quiere seguir el mismo rumbo ― y aun a un paso más acelerado ― hacia la destrucción de los EUA y la implantación del socialismo.

Después de la elección, segmentos de este bloque han estado haciendo manifestaciones en contra de Trump. Creo que los hacedores de reyes y los manipuladores de la opinión pública, o lo que es lo mismo, las  Fuerzas Secretas, están probando las aguas de este grupo para determinar si es suficientemente socialista y suficientemente grande para enfrascarse en una guerra civil. En caso de que no lo sea, esos partisanos radicales estarán listos para ser utilizados en nuevas protestas, como las del Occupy Movement o de Black Lives Matter, cuando se presente la oportunidad.

Movimiento Tea Party

Otro bloque de opinión pública está constituido por aquéllos que votaron por Trump. Está compuesto básicamente de aquéllos que están descontentos con el sistema actual. Más que cualquier cosa específica que Trump haya hecho o prometido, la principal causa de su éxito fue haber catalizado un enorme descontento general. Los partidarios del Tea Party que fueron capaces de elegir sólo unos cuantos diputados hace unos años, han podido ahora elegir al presidente de los Estados Unidos ― éste es el dato más expresivo que ha emergido en el panorama político. Revela una corriente creciente de la opinión pública.

El escepticismo de este bloque no gira alrededor de algún punto superficial: está dirigido a la misma esencia del sistema democrático. Déjenme analizarlo.

Primero, es obvio que este grupo está contra Obama y su plataforma político-social explicada arriba. En otras palabras, cree que la rama ejecutiva del sistema democrático se ha vuelto putrefacta moral e institucionalmente.

Segundo, está también contra los políticos, considerándolos hipócritas que son movidos por intereses personales para proponer y aprobar las leyes que ellos escogen. O sea que la rama legislativa está profundamente desacreditada.

Tercero, el voto de esta facción fue indiferente hacia los partidos Republicano y Demócrata. La nominación de Trump fue algo esencial para el Partido Republicano, pero no lo fue necesariamente para Trump, que utilizó al partido como un mero instrumento legal para su candidatura. Sus votantes eran ajenos a la disputa tradicional rojo vs. azul [republicano vs. demócrata N. del Tr.]. Esto se traduce a que los partidos oficiales se están haciendo irrelevantes u obsoletos. En el fondo se trata de una lucha crecientemente ideológica de una sociedad orgánica americana contra el socialismo.

Cuarto, la aprobación del antinatural e injusto “matrimonio” homosexual por la Suprema Corte, que había sido rechazado por el pueblo en plebiscitos ― California, por ejemplo, lo rechazó dos veces ― muestra claramente el carácter artificial y arbitrario de la decisión. Esta medida, añadida a la reciente decisión de favorecer el aborto en Texas, hizo obvio para el electorado de Trump que al más alto tribunal de nuestro régimen democrático le preocupa menos la justicia que el echar a andar una agenda izquierdista pre-establecida.

Quinto, para hacer las cosas todavía peores, el actual  procedimiento de votación ha estado siendo cuestionado cada vez más por fraudulento. Hay serias dudas acerca de la objetividad de los votos depositados y contados por máquinas electrónicas, que descansan en programas diseñados por expertos computacionales que se sospecha que arreglan los resultados de antemano.

Sexto, la mayor parte de los medios de comunicación establecidos ― periódicos, radio y televisión ― se mostraron descaradamente parciales en esta elección. Esta falta de objetividad, así como las incesantes noticias que predecían la victoria de Hillary, confirmaron las sospechas previas acerca de casi todo lo que se reporta en los medios establecidos.

Séptimo, de manera análoga, las encuestas, que se consideran una forma efectiva de medir lo que la gente está pensando, se mostraron estar siendo guiadas por una brújula descompuesta.  Casi todas habían predicho una victoria confortable de Hillary-

Este tentativo bosquejo de los partidarios del Tea Party deja claro que existe un gran escepticismo sobre la democracia hoy en día. Este enorme bloque del público está abierto a salir del régimen presente e intentar algo nuevo.

¿Qué clase de régimen sería éste? No resulta difícil ver las nubes de una dictadura aparecer en el horizonte. Este bloque de americanos insatisfechos está apostándole a un hombre fuerte que se preocupe poco de compromisos políticos, que no tenga mucho que ganar financieramente a nivel personal.

¿Será Trump el salvador de la democracia o el hierofante que habrá de conducir su funeral? ¿Será él verdaderamente independiente de las Fuerzas Secretas y de sus ideales antinaturales, anticatólicos y socialistas? A propósito ¿qué le habrá dicho a Henry Kissinger que dejó a éste con la confianza de que Trump no cumplirá sus promesas de campaña, sino que en cambio se adaptará a la política exterior americana, o sea a la agenda del Nuevo Orden Mundial Único? No lo sé. Tendremos que esperar y ver.

Lo que sí sé es que el Sr.Trump cometería un error fatal si no hace caso a este creciente bloque de opinión pública y le da rienda suelta a su megalomanía, basándose en la noción irrealista de que fue electo por sus méritos y logros personales.

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