Impide Fuentes Indeseables


IP Address
by Tejji

lunes, 25 de enero de 2016

La Devastación de la Europa Católica

Algunas Causas y Consecuencias de la Revolución Protestante

(cuarta de siete partes)

Por el Hermano David Mary, MICM, terc.

Tomado de: http://catholicism.org/the-devastation-of-catholic-europe-some-causes-and-consequences-of-the-protestant-revolt.html
Traducido del inglés por Roberto Hope
uinto

Quinto Concilio de Letrán

La última oportunidad vino en la forma del Decimooctavo Concilio Ecuménico de la Iglesia Católica ― el Quinto Concilio de Letrán. Ese Concilio, presidido por el Papa Julio II del 1512 al 1513 y por el Papa León X hasta su conclusión en 1517, trató muchas cuestiones importantes que la Iglesia enfrentaba. Éstas, enumeradas en ningún particular orden de importancia, fueron: convocar a una Cruzada para defender a Europa de los turcos que la estaban invadiendo por el Oriente (este llamado a una cruzada cayó en oídos sordos en Europa, principalmente por las luchas intestinas entre los príncipes cristianos, y por la forma como los gobernantes veían al Papado ― como cualquier otro principado temporal); poner a Francia en interdicto por haber convocado a un concilio cismático en Pisa (ese concilio luego fue repudiado por sus adherentes, y fueron absueltos más tarde); condenar la “Sanción Pragmática de Bourges” y exigir su abolición en Francia; llamar a una reforma de la Iglesia ― prohibiendo los beneficios comendatorios, castigando a los eclesiásticos blasfemos, incontinentes, negligentes y simoníacos, y restringiendo los ingresos de la iglesia a fines seculares. El concilio permitió “Montañas de Piedad”, una agencia de préstamos establecida para los pobres, su principal razón era contrarrestar las prácticas usureras que estaban floreciendo en una era de mammonismo; y reiterar la doctrina de que sólo el Papa tiene el derecho y la autoridad de convocar, prorrogar, o disolver un concilio.

Los llamados a reforma quedaron como letra muerta, ya que no se hicieron cumplir. Tragicamente, el pluralismo, los beneficios comendatorios y el otorgamiento de dignidades eclesiásticas a niños siguieron siendo la costumbre. En cuanto a la Sanción Pragmática, Francisco I, Rey de Francia, en una reunión con el Papa León X, la abolió, pero a un costo muy alto para la Iglesia ― se le dio al Rey el derecho de nombrar a los ocupantes de todas las sedes episcopales, abadías, y prioratos; el clero francés fue gravado con impuestos, y otras concesiones pertenecientes a la jurisdicción eclesiástica fueron otorgadas al gobernante francés, asegurando de esa manera la influencia real sobre la Iglesia en Francia. 48 De ese momento en adelante, el Rey de Francia tuvo poca tentación de rebelarse, “pues ya había recibido todo lo que el Rey Enrique Octavo de Inglaterra y otros príncipes habían esperado ganar" [mediante su rechazo del Papado]

La Revuelta Comienza en Alemania

El poder espiritual de los papas había decaído gradualmente, y su autoridad había perdido la mayor parte de su influencia. Alemania, en una dieta pública, se había declarado independiente del Papa, y hasta príncipes de menor importancia en Europa desacataban o menospreciaban los estruendos provenientes del Vaticano.50 Esencialmente, así era la actitud alemana hacia la Iglesia a principios del Siglo XVI. Pues el emperador Maximiliano, siendo fiel a las tradiciones de Alemania desde los días de Federico Barbarroja, había puesto las bases para la revuelta en el Sacro Imperio Romano. Un historiador comenta:

“Debemos mencionar un hecho determinante que señala el final de la operación de ese proceso de desarrollo que hemos venido observando como característico de los cambios en la sociedad y en la civilización medieval: a saber, la instauración del Derecho Romano como la norma legal aceptada en todo el Imperio, bajo Maximiliano I, ... Esto tuvo el efecto de detener y cristalizar una estructura social que había estado sujeta a repetidos cambios sin revolución, de manera tal que era más probable que los cambios futuros tomaran formas radicales y revolucionarias.”51

Estos cambios radicales y revolucionarios estaban por manifestarse. Todo lo que se necesitaba era una chispa que encendiera las llamas de la apostasía. Esa chispa llegó en la forma de una predicación de indulgencias para la construcción de una basílica en Roma dedicada a San Pedro. Los príncipes alemanes se enfurecieron en grande.

“Los rapaces príncipes de Alemania, que deseaban gobernar de manera suprema tanto la Iglesia como el Estado, eran particularmente sensibles al tema de que saliera dinero de Alemania para la Santa Sede, no obstante lo ancestral que hubiera sido la costumbre que anteriormente lo había autorizado, o lo razonables que fueran los motivos por los cuales esa costumbre se hubiera originado”

De modo que no se molestaron demasiado cuando Martín Lutero, un monje agustino, empezó su ataque contra la indulgencia y contra los diversos males que veía presentes en la Iglesia. Maximiliano, enemigo declarado del Papa, “lejos de oponerse a los primeros ataques de Lutero contra las indulgencias, ve con agrado el espíritu y agudeza de éste, declara que merece protección, y trata a sus adversarios con desprecio y burla.” 53 Maximiliano recomendará a Lutero a su segundo de a bordo ― Federico, Elector de Sajonia ― con estas palabras: “pudiera llegar un momento en que podríamos necesitar de él.”54 “Había poca necesidad de recomendarlo, pues Federico ya era patrono y protector (de Lutero) y ya había tomado partido abiertamente en favor de él, prohibiendo al fraile dominico Tetzel predicar la indulgencia dentro de los límites de Sajonia.”55

El 1° de noviembre de 1517, Lutero clavó sus 95 tesis en la puerta de la iglesia en Wittenburg, “apelando con mucho tacto a las pasiones del pueblo alemán, y a sus viejos prejuicios contra la Santa sede en la cuestión de dinero.” La Revuelta había dado comienzo.

Al año siguiente, Maximiliano inauguró una dieta en Augsburgo con varios de los príncipes y dirigentes alemanes, para quejarse de la venta de indulgencias y otros desórdenes eclesiásticos. Maximiliano utilizó esta dieta para “humillar al Pontífice y obligarlo a retractarse de algunas de sus exigencias exorbitantes”56 relacionadas con la indulgencia y la orden del Papa de que Lutero compareciera en Roma. Maximiliano no permitiría a la Iglesia que ejerciera su autoridad exigiendo a Lutero que respondiera por sus actividades. Así pues, Lutero seguiría difundiendo su herejía impunemente.

El historiador alemán Menzel nos proporciona la clave de todos los movimientos de Lutero y de las razones por las cuales fueron considerados favorablemente por muchos de los príncipes de Alemania. Dice que Lutero “albergaba una reverencia casi bíblica por los ungidos del Señor, con cuya ayuda esperaba lograr reformar la Iglesia.”57 Contrariamente a la creencia popular de entonces, Lutero era fiel a la doctrina del derecho divino de los reyes y consecuentemente opuesto a las ideas modernas de libertad popular ¡de las cuales ha sido generalmente considerado paladín!58 “Nunca hubo una mayor falsa concepción que aquélla que sostiene que Lutero era partidario de la libertad popular... [Lutero] confiaba para su éxito, no en el pueblo, sino en el brazo fuerte de los príncipes; y éstos últimos amablemente secundaban sus posturas, las cuales obraban tan evidentemente en ventaja de ellos mismos.” 59

“La Reforma se redujo a una mera cuestión de denigrante avaricia y ambición mundana por parte de los príncipes; y Lutero, el archi-reformador, el valeroso adversario del Papa, y cacareado paladín de la libertad ¡es rebajado a la posición de mero instrumento, agachado y servil, de hombres rapaces y sin principios, que procuraban sólo sus propios intereses y que deseaban imponerlo sobre sus súbditos con su poder supremo sobre Iglesia y Estado! Al sacudirse el yugo de Roma, al pueblo alemán le fue atado otro infnitamente más irritante a su pescuezo, y ha tenido que aguantarlo desde entonces!”60

Como consecuencia, la Iglesia perdió todas sus propiedades en aquellos distritos alemanes que apostataron. “La riqueza de la Iglesia, que hasta entonces había sido el patrimonio de los pobres; todas las instituciones eclesiásticas, incluyendo hospitales, escuelas, casas de asilo, etc. Pasaron a manos de los reyes y príncipes y de los magistrados de los pueblos.” 61 Para ver qué papel tan importante jugaron la codicia y la avaricia en la continuación de la revuelta en Alemania, considérese esto: En 1530 y en 1535, se hicieron dos intentos por reformadores conciliadores y la Iglesia, por reconciliar a los Protestantes con la Iglesia Católica. “Los teólogos católicos insistieron en dos puntos: que los sacerdotes casados abandonaran a sus mujeres, y que los príncipes protestantes restituyeran a la Iglesia los bienes de que se habían apoderado. La primera de las condiciones probablemente se habría cumplido; pero, como lo observa Erasmo 'los príncipes luteranos nada querían oir de restitución.' (Erasmo Ep. P 998)”62. Así, la revuelta alemana continuó, no por “la pureza de una doctrina, o la propagación de la luz, el triunfo de un credo, o el mejoramiento de la moral, sino por los intereses miserables y profanos de este mundo.” 63

La nueva organización de la administración de la iglesia establecida entonces en Alemania, y el papel que jugaron los príncipes, es descrito por Menzel:

"Todo el sistema de la iglesia fue simplificado. Los obispados secuestrados fueron administrados provisionalmente y los asuntos de la iglesia luterana fueron controlados por comisionados seleccionados de entre los reformadores y por consejos nombrados por los príncipes, Lutero promulgando incesantemente la doctrina del derecho de los soberanos temporales a decidir cuestiones eclesiásticas. Su intención era la creación de un contrapeso a la autoridad eclesiástica, y probablemente estaba lejos de imaginar que la religión pudiera con el tiempo ser privada de su dignidad y libertad por el despotismo temporal. La autoridad episcopal pasó enteramente a manos de los príncipes." 64

Litúrgicamente, Lutero preservó ciertas características de la Misa para evitar excitar oposición entre la gente común, pero daba instrucciones privadas a sus ministros de que cambiaran la intención de las palabras de la consagración, de ahí en adelante pronunciadas meramente como una narración. Lutero confesó: “Si yo logro acabar con la misa, habré conquistado por completo al Papa.”65

Los nuevos servicios luteranos variaban de distrito en distrito, pero en la mayoría se omitía el ofertorio, el canon se decía en voz alta, y la comunión era enfatizada como la parte más esencial de la Misa. Las oraciones y la vestimenta de los ministros dependía de la localidad. Como los nobles y los burgueses se habían apoderado de la mayor parte de los bienes de la Iglesia, el ritual luterano era necesariamente sombrío.

Desde 1525, el protestantismo emanó de Sajonia para incorporarse en los distritos de Hesse (en 1527), Nassau (1528), Prusia (1525), Brandenburgo (1539), Brunswick (1545), Mecklenburgo (1548), y partes de Wurtemberg en el sur (1545). A la muerte de Lutero, la mayor parte de los estados alemanes del norte se habían vuelto luteranos, y sus enseñanzas estaban siendo introducidas en el sur, que en otros aspectos seguía siendo católico...

Después de 1530, este conglomerado de iglesias de estado carecía de una doctrina oficial. La Confesión de Augsburgo trató de codificar en 21 artículos un credo oficial luterano. Esto, sin embargo no detuvo las innumerables diferencias de opinión en la doctrina que pronto surgieron entre varias iglesias rebeldes. Cada nueva secta protestante tenía sus propias ideas acerca de lo que Cristo enseñó. Menos y menos estaban de acuerdo con Lutero, conforme pasaba el tiempo, y para 1546 ¡Lutero era esencialmente el último luterano que quedaba!67

Antes de pasar a describir la Revuelta en el resto de Europa, oigamos al propio Lutero comentar acerca de los resultados morales de su “gloriosa” Reforma. “Todo está al revés, el mundo se hace peor cada día por esta enseñanza, y la miseria de esto es que los hombres hoy en día son más codiciosos, más duros de corazon, más corruptos, más licenciosos, y más malvados que lo que eran anteriormente bajo el Papado... Nuestros evangelistas son ahora siete veces más malvados que lo que eran antes. En proporción, conforme oímos el evangelio, robamos, mentimos, engañamos, nos atracamos, nos embriagamos, y cometemos toda clase de crímenes. Si un demonio ha sido arrojado de nosotros, otros siete han tomado su lugar, a juzgar por la conducta de los príncipes, señores, nobles, burgueses y campesinos, sus actos completamente desvergonzados, y su indiferencia hacia Dios y a Sus amenazas.. Bajo el Papado, los hombres eran caritativos, y daban liberalmente; pero ahora bajo el evangelio todo mundo despeluca a su prójimo, y cada uno quiere tenerlo todo para sí mismo. Y mientras más se predica el evangelio, más hondo los hombre se sumergen en avaricia, orgullo y ostentación.

En otro de sus escritos, Lutero nos dice en su libro Charlas de Sobremesa: “Algo no menos asombroso y escandaloso, es ver que desde que la doctrina pura del evangelio ha sido sacada a la luz (!) el mundo va cada día de mal en peor... Los nobles y los campesinos han llegado a tal tono, que se jactan y proclaman sin escrúpulos, que sólo tienen que dejarse predicar; pero que preferirían ser enteramente liberados de la palabra de Dios, y que no darían un bledo por todos los sermones juntos. ¿Y cómo habremos de culparlos cuado ni siquiera toman en consideración el mundo futuro? Viven tal como es su creencia: son y siguen siendo puercos: viven como puercos y mueren como verdaderos puercos” 69

(continuará)

Notas:

48  Historia de los Papas, Von Pastor. 
49  Summary of Catholic History, pág. 177. 
50  History of the House of Austria, Coxe, Vol. I, pág. 297. 
51  The Monumenta Germaniae Historica, W.T.M. Gamble, págs. 54- 55. 
52  History of the Protestant Revolt, Vol. I, pág. 142. 
53  History of the House of Austria, Vol. I, pág. 387. 
54  History of the Popes, Leopold Ranke, Vol. I, 1878, pág. 65. 
55  History of the Protestant Revolt, pág. 143. 
56  History of Germany, Wolfgang Mezel, Bohn's Edition, Vol. II, pág. 226. 
57  Ibid., pág. 233. 
58  History of the Protestant Revolt, pág. 144. 
59  Ibid., pág. 144 
60  History of the Protestant Revolt, pág. 146. 
61  Framework of a Christian State, pág. 94. 
62  History of the Protestant Revolt, págs. 152-153. 
63  Melancthon, citado por el historiador Audin — como aparece en History of the Protestant Revolt, pág. 151.
64  History of Germany, Vol. II, pág. 249. 
65  Summary of Catholic History, pág. 154. 
66  Ibid., pág. 154. 
67  Summary of Catholic History, pág. 156. 
68  Citado por el historiador alemán Döllinger de los escritos de Lutero cercanos al final de su vida. Este extracto puede encontrarse en History of the Protestant Revolt, Vol. I, pág. 260. 
69  Table Talk (Charlas de Sobremesa), Martín Lutero, Super. I, Epist. Corinth., Chapter 15. Extraído de History of Protestant Revolt, págs. 257-258. 

lunes, 18 de enero de 2016

La Devastación de la Europa Católica

Algunas Causas y Consecuencias de la Revolución Protestante

(tercera de siete partes)

Por el Hermano David Mary, MICM, terc.

Tomado de: http://catholicism.org/the-devastation-of-catholic-europe-some-causes-and-consequences-of-the-protestant-revolt.html
Traducido del inglés por Roberto Hope

Ockhamismo y Lutero

Martín Lutero fue alumno de Gabriel Biel (1425-1495), un reconocido pofesor de nominalismo en el Siglo XV. En el prefacio del segundo tomo de Las Obras de Lutero, Melanchton escribe así: "Lutero podía citar de memoria a Biel y d'Ailly casi palabra por palabra. Estaba profundamente versado en los escritos de Ockham. Consideraba a éste superior a Tomás y a Escoto."24

Tomando un punto del Ockamismo, el de la separación de la gracia y la naturaleza, podemos mostrar cómo usa Lutero esto para comenzar su nueva religión. Los Ockhamistas decían que: No es la gracia santificante la que por su naturaleza nos hace agradables a Dios, sino más bien es la aceptación libre que Dios hace de nosotros lo que le complace. Hablando estrictamente, no es porque un hombre esté en estado de gracia el que sea agradable a Dios; es exclusivamente porque es aceptado así por Dios. De ahí sigue que la Gracia Santificante es una marca sin importancia designada por Dios para distinguir a quien Él acepta de otros. La Gracia misma no nos da ni Su favor ni Su amistad. En consecuencia no es la Gracia Divina la que nos hace dignos de la vida eterna. Somos merecedores de la vida eterna exclusivamente porque Dios nos acepta.25 

Sin negar la existencia de la Gracia Santificante y las virtudes infusas, los Ockhamistas minimizaban su necesidad y enfatizaban repetidamente que todo dependía de la aceptación de nosotros por Dios. Lutero llevó esto un paso más allá.¡Afirmó que Dios nos acepta aún sin gozar de la Gracia Santificante! Somos declarados amigos de Dios por medio de un “arreglo extrínseco”. Este arreglo proviene de la justicia de Cristo, o sea una justicia que no es nuestra. Según Lutero, Dios considera justo al pecador en virtud de la justicia de Cristo, pero el pecador sigue siendo pecador. El pecado no es eliminado, pero Dios considera justo al pecador porque la justicia de Dios se le imputa a él.26

Aunado a este error, Lutero adoptó otro principio Ockhamista, el de la exaltación de la razón del individuo (recordemos que los Ockhamistas trataban al universo como una colección de cosas individuales), y desarrolló un sistema puramente individualista de relación con Cristo. Ya no tenía el hombre que ganarse la salvación “en comunión” ¡ahora habría de tener a Cristo como su “salvador personal”.!

La enseñanza católica insiste, no en la separación de lo sobrenatural y lo natural, sino en su distinción y conexión. Para la Iglesia Católica no hay una contradicción inevitable entre la Gracia invisible y las organizaciones visibles, entre la libertad interior y la potencia exterior, entre el mundo sobrenatural y el universo material. El reino de Dios entre nosotros consiste, esencial y principalmente en la sociedad sobrenatural de la Iglesia Católica y secundatiamente y como consecuencia de la influencia de la Iglesia Católica, en la organización de la vida social, política y económica, de los estados, de acuerdo con el Plan Divino de orden. 27

Luego, toda actividad externa del hombre, que surja de una naturaleza que se prive de la Vida Sobrenatural y se sujete a los dictados de un gobernante, que debe verse a sí mismo, no como cristiano, sino como gobernante, es enteramente naturalista. Por este individualismo y esta separación, se abre el camino hacia el Naturalismo y el Liberalismo modernos. Así, la vida del ciudadano es separada.y dividida de la vida del cristiano. Como consecuencia de esto, cada estado protestante, después de la Paz de Westfalia de 1648, expresó este ideal separatista organizando su forma nacional de religión como un departamento de estado [¿Nos recuerda esto lo que ocurrió en Oriente en los anteriores seiscientos años?]” 28

Con el tiempo, la filosofía de Ockham llevó al racionalismo de René Descartes y de Godofredo Leibniz; encontraría su conclusión lógica en el panteísmo de Baruch Espinosa, y contribuiría grandemente al surgimiento del materialismo social (el capitalismo moderno) como fue formulado por Juan Locke, David Hume y Augusto Comte. Además, sabemos que Juan Locke se convirtió en una gran influencia en el pensamiento de “gigantes” de la filosofía tales como Adán Smith y Juan Stuart Mill en Inglaterra, así como de Voltaire y Juan Jacobo Rousseau en Francia.29

El efecto que tuvo el nominalismo sobre el sentido común fue devastador, Por ejemplo, en el campo de la ciencia, “la manera antigua de observación de sentido común fue abandonada en favor de un planteamiento muy diferente. Aun cuando pudiera parecer extraño decir esto, la ciencia física se hizo menos 'empírica': fue liberada no solamente de las teorías físicas aristotélicas sino también de la idea de sentido común de un método de observación que había tendido a prevalecer entre los físicos anteriores."

Es interesante notar que Ockham ha sido llamado “el primer protestante” por su actitud hacia la Iglesia y el orden establecido por ésta. Él negaba el derecho de los papas de ejercer un poder temporal, o de interferir de modo alguno en los asuntos del estado. Era partidario de un absolutismo secular.31

El Concilio de Contanza y le Herejía Conciliar

Otro paso hacia el precipicio de la Reforma se dió en 1414 cuando el Décimosexto Concilio Ecuménico de la historia de la Iglesia Católica fue convocado en Constanza, ciudad en la costa del Lago de Constanza en el sur de Alemania.32

Por voluntad del Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Segismundo, el anti-papa Juan XXII citó al concilio con el propósito expreso de re-establecer el papado bajo una sola cabeza, la suya. Conforme procedió el concilio, los tres que se atribuían estar ocupando el trono papal renunciaron de acuerdo con los deseos del concilio, y fue electo un nuevo papa, Martín V (su coronación fue el 21 de noviembre de 1417), terminando de esa manera el Gran Cisma de Occidente.

El concilio también trató el tema de las enseñanzas heréticas de Juan Wyclif. Más de 260 puntos de lo que enseñaba Wyclif fueron censurados como heréticos; se ordenó que todos sus escritos fueran quemados, y su cadáver fue condenado a ser exhumado y echado fuera del camposanto. Juan Wyclif (1324-1384), nominalista, y sus seguidores ― los Lolardos ― atacaban el dogma de la transubstanciación; atacaban la institución divina de la jerarquía de la Iglesia, y negaban la autoridad de la Iglesia Católica. Para suplantar la autoridad magisterial de la Iglesia, Wyclif sostenía que la biblia constituía la única regla de fe (esta idea fue originada con él.) Él y sus seguidores arguían que la Iglesia no podía tener posesiones temporales y que era lícito que los reyes y los príncipes privaran a la Iglesia de lo que ésta poseía de manera ilícita. Y los lolardos enseñaban que la validez de los sacramentos era afectada por lo pecadores que fueran los ministros ― se negaban a distinguir el carácter oficial del carácter personal del sacerdocio.33 El discípulo de Wyclif Juan Hus, fue juzgado hereje por el Concilio, condenado y quemado en la hoguera.

Dom Tosti comenta sobre las consecuencias de las enseñanzas de Wyclif, “El germen prolífico de tanta ruina está en el Triálogo, la principal obra de Wyclif. En ese libro introduce como disputando a la Verdad, símbolo de lo bueno, el Error, símbolo de la mala teología, y la Ciencia, que es la figura del mismo Wyclif. Aquí está el trono erigido a la razón del individuo, y el primero en sentarse en él es Wyclif, lugar que le legó más tarde a Lutero...”34. Para los gobernantes de la Cristiandad, esta “razón individual” “había alcanzado una infalibilidad que podía al mismo tiempo garantizarles su defensa contra la importuna supervisión del Sacerdocio Supremo, y contra el escrutinio impertinente del pueblo... Por esto fue que Lutero halló favorecimiento en las cortes de Alemania, ya que generosamente utilizaba esta razón con los príncipes;... La herejía de Lutero infectó primero a los príncipes, y luego al pueblo.”35

Sin embargo, aun terminando el Gran Cisma de Occidente y tratando las ideas erróneas de Wycif y Hus con efectividad, el Concilio de Constanza sembró la semilla de una más letal manifestación de la intervención del estado en los asuntos de la Iglesia. De la 3a a la 5a sesión del Concilio (o sea del 26 de marzo al 5 de abril de 1415) se hizo el intento de establecer la autoridad del Concilio en la declaración de 5 artículos conocidos con el nombre de “Artículos de Constanza”. De estos cinco artículos, dos merecen una consideración primaria. El Artículo 2 declaraba que: “en todo lo pertinente a la fe, la extinción del Cisma y la reforma en su cabeza y miembros, todo cristiano, hasta el mismo Papa, está obligado a obedecerlo" [al Concilio] y el Artículo 3; "que en caso de rehusarse a obedecer al Concilio todos los cristianos recalcitrantes (y aun el Papa) están sujetos a castigo eclesiástico, y en caso de necesidad a otras sanciones (civiles).”36 En palabras llanas, esto estaba afirmando que el Concilio, independientemente del Papa, era el depositario final de la autoridad eclesiástica suprema ― ¡el Concilio, no el Papa, era supremo en materia de fe y de moral! Esta idea llegó a conocerse como la “Herejía Conciliar”. (Su origen es atribuido generalmente a Pedro dAilly, canciller de la Universidad de París, otro nominalista.)

Del lado de la Iglesia, el Papa Martín V declaró que no podía haber apelación de un papa a un concilio, y el Papa Pío II condenó formalmente este error en 1459. Mientras tanto, sin embargo, un tal Juan Le Charlier de Gerson, obispo francés y estudioso de D'Ailly, escribió extensamente en apoyo de la herejía, y sus opiniones fueron recibidas ampliamente en Francia. Gersón había escrito cierta vez que “Los Artículos de Constanza eran dogmas y deberían grabarse en piedra en todas las iglesias.” 37 Los Artículos de Constanza “tranquilizaban la conciencia de los reyes franceses tantas veces como la autoridad papal les importunaba o les parecía excesiva,”38 "Para ellos, el Concilio de Constancia los libraba de la autoridad inmediata del papa, quien podía errar y ser emplazado como parte ante el Concilio.”39

El Concilio de Florencia y la Sanción Pragmática

Como resultado de esta forma de pensar por parte de los franceses y de otros también, en la sesión 35 del Concilio fue promulgado un decreto conocido como Frequens, según el cual debería celebrarse un concilio ecuménico cada diez años, más o menos. El concilio habría de volverse una institución permanente indispensable ― un tipo de parlamento religioso que se reuniría a intervalos regulares. ¡La monarquía papal dejaría de serlo; daría lugar a una oligarquía constitucional incluyendo entre sus miembros a embajadores de los gobernantes católicos!

En esencia, los reyes y príncipes trataban de liberarse de la interferencia papal. Por supuesto, el papa no aceptaría estos decretos del Concilio, pero era incapaz (o sea demasiado débil) de hacer algo al respecto. Así pues, de momento el papa transigió y convocó a un concilio en Pavia para 1423 y luego nuevamante para 1431 en Basilea, Suiza, en conformidad con este infame decreto. Martín V murió en 1431 y lo sucedió Eugenio IV. En Basilea comenzó a germinar una disputa con respecto a la identidad de quién gobernaría la Iglesia ― papa o concilio. En la primera sesión pública, Eugenio IV expidió una Bula disolviendo el Concilio, pero el Concilio siguó reuniéndose. En su tercera sesión, el Concilio ordenó al papa que retirara su Bula de disolución y que se presentara en Basilea dentro del término de tres meses. Transigiendo, el papa retiró todos sus manifiestos contra el Concilio de Basilea.

Sin embargo, su transigencia le hizo poco bien al Papa, pues el Concilio había sido copado por el Cardenal radical Luis Allemand. Allemand, encabezando la facción revolucionaria, depuso a Eugenio IV como herético y cismático y procedió a elegir al Duque de Saboya como el siguiente (anti-) papa, Félix V. (Justo antes de este hecho fue cuando Eugenio IV había disuelto el Concilio de Basilea y lo había transferido a Ferrara. Ferrara procedió a declarar todos los actos futuros de Basilea nulos e inválidos. Más tarde, Ferrara fue transferido a Florencia en 1439, de donde derivó su nombre el Decimoséptimo Concilio Ecuménico de la Iglesia.) El cisma de Occidente no había muerto todavía.

En 1438, unos delegados del papa se reunieron con el clero francés para reunir apoyo en favor de Eugenio IV. Todavía otra transigencia fue hecha por el papa por la cual el clero francés prometió lealtad continua al Papa a costo de que el Papa aceptara muchas de las reformas acordadas en Basilea, con ciertas modificaciones. El Rey Carlos VI de Francia emitió un decreto llamado la Sanción Pragmática, mediante el cual aceptó este acuerdo entre Francia y el Papa. La Sanción contenía lo siguiente: 1) el Concilio era supremo en materia de fe y de moral, 2) se celebrarían concilios generales periódicamente y 3) se le ponían límites a las reservas papales y exigencias de tributo. “Como la ley se registró en el Parlamento Francés, el Parlamento obtuvo el derecho de interferir en los asuntos internos de la Iglesia.” 41

La soberanía temporal del Papa le había sido prácticamente despojada, y ahora su autoridad espiritual estaba siendo tocada por la misma nación que había provocado la usurpación de aquélla ― Francia, la Hija Primogénita de la Iglesia, Alemania seguiría a Francia con su propia versión de la Sanción Pragmática en 1439.

Uno de los aspectos positivos del Concilio de Florencia fue la unión temporal de las Iglesias Griegas con Roma. Luego de mucho debate y discusiones, la delegación griega, consistente en 700 griegos, el Emperador de Bizancio y el Patriarca de Constantinopla, admitieron el 6 de julio de 1439, la existencia del purgatorio, el que el Espíritu Santo procede del Padre y del hijo, y reconocieron también la supremacía del Papa. Este reconocimiento por los griegos ayudó a restaurar en la Cristiandad, una rehabilitación temporal del hecho que el Papa era la autoridad eclesiástica principal en la Iglesia. El creciente cisma (de Occidente) fue evitado y nueve años más tarde Félix V se sometió al verdadero pontífice,

Trágicamente para los griegos que regresaron a casa después de haber firmado el Acta de Reunión, se encontraron al llegar con reproches acérrimos y la decidida oposición del clero y del pueblo de Bizancio. Y antes de que pudiera lograrse el decreto oficial de aceptación, Constantinopla cayó en manos de los turcos, y el nuevo patriarca, designado por el sultán, repudió el acuerdo.

El Renacimiento  (1450— 1527) 

El paso siguiente hacia la Reforma Protestante tuvo lugar comenzando a mediados del Siglo XV con el advenimiento de esos fenómenos sociales conocidos como el Renacimiento. Con la apariencia de un “florecimiento” del estudio y del conocimiento clásicos, mucho del Renacimiento no fue otra cosa que la revitalización de antiguas filosofías y culturas paganas para reemplazar a la moribunda civilización y forma de vida cristianas de Europa.

Luego de la captura de Constantinopla por los turcos en 1453 muchos eruditos griegos emigraron hacia  Italia, Francia y Alemania, trayendo consigo tesoros de arte y de literatura que habían rescatado de la ciudad caída. La repentina diseminación del conocimiento y de la cultura pagana griega, combinado con los inmorales ideales paganos, haciéndose pasar por 'humanismo' junto con una accesión sin precedente a la riqueza que fue consecuencia del descubrimiento del Nuevo Mundo y de la apertura de las rutas marítimas al Lejano Oriente, tendieron a producir un gran deterioro en la moral, especialmente entre las clases ociosas y privilegiadas. 42

Algunos de los aspectos del Renacimiento que ameritan ser notados pueden dividirse en tres categorías ― la intelectual, la política y la ecoómica.

En el campo intelectual, el escolasticismo estaba ciertamente en una condición de decadencia, no tanto por alguna debilidad inherente, sino por un nominalismo difundido muy extensamente. El Humanismo, o Racionalismo Humanista, habiendo sido abierto su camino por el nominalismo, y utilizando como base las antiguas filosofías clásicas, profesaba un retorno al “Evangelio puro” de Cristo.

El historiador católico Newman Eberhardt observa, “El Racionalismo Humanista constituía un sustituto peligroso hasta del peor escolasticismo. La fe ciega, creían algunos humanistas, absolvía a los estudiosos, de toda limitación de su libertad de pensamiento: se decían a sí mismos cristianos; pero luego podían especular como quisieran. Algunos supusieron tener licencia para criticar cualquier cosa de la Iglesia, que no correspondiera a su fe interior, y muchos suponían que todo lo que no concordara explícitamente con la Biblia no podía concernir a la fe católica. Para ellos, la teología escolástica no era más que opinión humana, de manera que algunos llegaban a insinuar que los decretos papales y conciliares en última instancia se apoyaban en ninguna otra cosa que tesis escolásticas.” Las tendencias que habían prevalecido en los 200 años anteriores de la historia de la Iglesia para ellos “Indicaban que el papado era meramente una institución humana; un gobierno susceptible a críticas libres de ataduras, y a correcciones drásticas como a cualquier otro. El anti-clericalismo, además, era un puente engañoso hacia el anti-eclesialismo: los hombres podían castigar a los clérigos sin marcar una línea a su conducta. Finalmente, demasiadas cosas podían ser insinuadas mediante proposiciones tentativas, académicas, 'como si': Por ejemplo, 'la Eucaristía sería más razonable si fuera meramente pan, aunque eso contradice la tradición'; o 'podrían proponerse razones sensatas en pro del divorcio ― si éste no estuviera prohibido por el Evangelio. Pero, ¡un momento! quizás esto no esté prohibido, pudiera ser que el 'texto original' contradiga a la bárbara y corrupta Vulgata Latina,”43

Políticemente el Maquiavelismo sacó su horrorosa cabeza conforme los monarcas de las naciones y los pequeños tiranos aplicaban muchas de las enseñanzas contenidas en Il Principe.44 El absolutismo del estado estaba creciendo; los ejércitos feudales se estaban haciendo obsoletos y su lugar estaba siendo tomado por mercenarios.

Económicamente, el Renacimiento fue simplemente un resurgimiento de la codicia. Las prohibiciones canónicas de la usura se volvieron letra muerta conforme los capitalistas fueron asentándose. Y la ganancia, y no la necesidad, estaba convirtiéndose en la regla para la distribución de la riqueza.45 El sistema de gremios, siguiendo el espíritu de los tiempos, comenzaba a perder su carácter religioso y comenzó a declinar en utilidad e influencia.46

Tristemente para la Iglesia, el papado no estuvo libre de la seducción que ofrecía este “renacimiento”. “Respirando la atmósfera ponzoñosa del Renacimiento, con su lujo inmoderado y vicio pagano, [los papas] escandalizaban a Europa con su disposición de honrar a hombres cuya conducta y escritos eran indescriptiblemente asquerosos. Poderosos cardenales, cada uno apoyado por algún estado amigo, luchaban por la elección de ellos mismos al papado... Nicolás V fue al menos incauto en su tolerancia del paganismo en el Vaticano; Sixto IV fue ciertamente negligente; y los años finales del siglo [XV] llevaron al trono papal a un hombre que hacía recordar los días más obscuros de la Roma Pagana, Alejandro VI, tan perverso, como para escandalizar a la opinión pública en una era profundamente corrupta, a un grado hasta el momento no explicado¨ (History of the Popes, Pastor, Tomo V, p. 522). Los escándalos se acumulaban, hasta que muchas personas creían que los demonios habían tomado posesión de las partes principales de Roma. “47

La Revolución pronto habría de tener lugar. Hemos visto su venida desde tiempo atrás. La autoridad de la Iglesia ha sido socavada por la debilidad y transigencia de parte del papado, y una creciente audacia del estado secular ante la Esposa de Cristo se ha manifestado por reyes y príncipes que interferían con la obra de la Iglesia en la Tierra. Ambos aspectos han traído una gran pérdida de fe entre los pueblos de Europa. Entonces, seremos testigos del resultado lógico de este resquebrajamiento de la fe y de la autoridad. Sin embargo, justo antes de que ocurra lo inevitable, parece que Dios concede a Su clero (y al mundo) una última oportunidad de corregirse, antes de dejar que se desenlace la tragedia.

(continuará)

Notas:
24  Citado por Paul Vignaux en su obra en francés, Luther, Commentateur des Sentences, p. 45. 
25 Tomado de The Mystical Body of Christ and the Re-Organization of Society, por el P. Denis Fahey, pp. 271-272. 
26  Ibid., p. 272. 
27  Ibid., p. 273. 
28  Ibid., p. 275. 
29  Ibid, pp. 241-263. 
30  Copleston, p.16. El nominalismo también influenció la obra de Galileo (p. 16).
31  "William of Ockham", The Catholic Encyclopedia, Vol. XV, P. William Turner, p. 636. 
32  El Concilio no llegó a ser un concilio legítimo de la Iglesia hasta su décimacuarta sesión, que se llevó a cabo en julio de 1415. 
33  "The Lollards", F.F. Urquhart, The Catholic Encyclopedia, Vol. IX, p.334. La idea de que la pecaminisidad del ministro afecta la validez de los sacramentos fue tomada de la herejía Donatista que afligió a la Iglesia en el Siglo IV. Viene al caso también hacer notar que esta idea está presente hoy en día bajo la guisa de "sedevacantismo" aunque en forma ligeramente diistinta.
34  The History of Boniface VIII, Dom Tosti, p. 444. 
35  Ibid., pp. 444-445. 
36  "Constance, Council of", Obispo Thomas J. Shahan D.D. J.U.L., The Catholic Encyclopedia, Vol. IV, p. 289. 
37  "Gerson", Canon Louis Salembier, The Catholic Encyclopedia, Vol. VI, p. 532. 
38  The History of Boniface VIII, Dom Luis Tosti, p. 448. 
39  Ibid., p. 448. 
40  "The Council of Florence", Prof. Leon Van Der Essen, Ph.Litt.D., The Catholic Encyclopedia, Vol. VI, p. 113. 
41  "The Pragmatic Sanction", Klemens Leffler, The Catholic Encyclopedia, Vol. XII, p. 333. 
42  Framework of a Christian State, E. Cahill, S.J., p. 83. 
43  A Summary of Catholic History, Newman C. Eberhardt, C.M., pp. 9-10. 
44  Nicolás Maquiavelo (1469— 1527) 
45  Summary of Catholic History, pág 11. 
46  Framework of a Christian State, Cahill, pág 80. 
47  An Outline History of the Church by Centuries, Fr. Joseph McSorley, p. 488-489.

lunes, 11 de enero de 2016

La Devastación de la Europa Católica

Algunas Causas y Consecuencias de la Revolución Protestante

(segunda de siete partes)

Por el Hermano David Mary, MICM, terc.

Tomado de: http://catholicism.org/the-devastation-of-catholic-europe-some-causes-and-consequences-of-the-protestant-revolt.html
Traducido del inglés por Roberto Hope

El Papa Bonifacio VIII

Un gran punto de inflexión en la historia de la Iglesia y del mundo ocurrió después de la muerte de uno de nuestros papas más gloriosos ― Bonifacio VIII; quien reinó como sumo Pontífice de 1294 a 1303. Como escribe la hermana Catherine Clarke, M.I.C.M.: "No hay un papa en toda la historia de la Iglesia a quien los hombres hayan desplegado mayor esfuerzo por desfigurar, deshonrar y vituperar que el noble y heróico Papa Bonifacio VIII.”9 ¿Y por qué es esto? El Papa Bonifacio luchó por preservar “sin inteferencia los derechos de la Iglesia y de la Santa Sede, no solamente en el santuario de la Iglesia, sino también en el corazón de la sociedad civil.”10 “Con cada respiro de su corazón sacerdotal probó todo esfuerzo de su mente, tan extraordinariamente dotada, todo ruego, toda diplomacia, toda benevolencia, toda paciencia, toda censura, todo anatema, toda excomunión que estuvieran a su alcance para detener la oleada de la revolución”

En esto sabemos que Bonifacio fracasó. El poderosamente malvado rey de Francia, Felipe IV (apodado El Hermoso) fue instrumento de la caída de Bonifacio (y del Papado). Para detener la creciente usurpación de los derechos y de las propiedades de la Iglesia por Felipe en Francia, el Papa Bonifacio convocó a un concilio en Roma, del cual surgió el famoso documento, Unam Sanctam: Como hemos visto, esta bula reiteraba la enseñanza de la Iglesia con respecto a su autoridad espiritual y temporal y lo importante que es esta autoridad para “toda creatura humana”. Debido a este documento y su expedición, Felipe el Hermoso fabricó acusaciones descabelladas contra Bonifacio, pidió la remoción de este “falso” papa, y envió a sus lacayos a Roma a que lo depusieran. ¡Y esto es exactamente lo que ocurrió! Bonifacio fue literalmente arrastrado de su trono y golpeado en la cara con el guante de hierro del sacrílego invasor. Bonifacio murió 35 días más tarde como resultado del abuso a que fue sometido por los lacayos de Felipe. Un testigo de este trágico acontecimiento, el Cardenal que luego fue electo Papa Benedicto XI, escribió en una bula lo siguiente: “Un soberano Pontífice ha sido ultrajado; y, con su esposo cautivo, la Iglesia misma ha quedado cautiva. ¿Dónde en adelante poder hallar un lugar seguro? ¿Qué santuario será respetado después de la violación de el del Romano Pontífice? ¡Oh, crimen inexpiable!" Como resultado de su defensa del Papa Bonifacio, un mes más tarde, Benedicto XI murió envenenado. 12

¿Por qué se le dió este trato a Benedicto XI? y ya que viene al caso ¿por qué la tergiversación histórica de la verdad con respecto a Bonifacio VIII? Dom Tosti nos da una explicación:
"Pues cuando un hombre llega a ser identificado con una teoría de tal manera que una guerra contra la teoría significa una guerra contra aquél que la defiende, ha de ser que el alma de este hombre es capaz de comprenderla, que puede defenderla solo. De ahí que los odios contra Bonifacio han sobrevivido. Y siempre que la mano del poderoso ataca a la Iglesia en sus derechos, desentierra de la tumba las cenizas de esa alma magnánima a fin de execrarlas."13

La Supresión de la Autoridad Temporal

Algunos pontífices han sido perseguidos y torturados por la fe; la furia de la gente o la tiranía de reyes cristianos han hecho a otros pontífices sufrir la tribulación y las penas del exilio; ninguno de ellos había sido previamente juzgado y condenado. El primero que fue puesto a esta triste prueba fue Bonifacio. El primero y el segundo en persecución y en sangre obtuvieron la palma del martirio y fueron subidos al cielo desde el trono que ocupaban. Bonifacio no halló siquiera compasión en su ignominia; descendió de su trono y con él el Pontificado, o mejor dicho fue arrastrado de ahí y conducido al Sanedrín de letrados y sofistas, para forzarlo, como a Jesucristo, a decir lo que es la verdad. Hubo un tiempo en que toda clase de creyentes en el Evangelio se detenían reverentemente a las puertas de la Iglesia y no se atrevían a preguntar hasta dónde se extendían sus límites, cuál era el libro de sus derechos ni de qué temple era el cetro que llevaba en su mano. Pero muerto Bonifacio, no sólo meramente entraron en el santuario de Dios, sino más bién lo invadieron, y se abalanzaron sobre la Iglesia para demostrarle que los límites de su heredad ya no eran los límites de la tierra, sino precisamente aquéllos que los hombres le marcarían a voluntad, que su código de leyes se había hecho obsoleto, impotente y carecía de luz y de valor, excepto el derivado de la voluntad de los hombres; en fin, este cetro de cuyo toque las sociedades humanas habían sido constituidas y que había levantado o hecho caer el trono de cien reyes, era sólo espiritual, puramente espiritual.14

Y así, el Poder Temporal de la Iglesia, o el Pontificado Civil, como lo describe Dom Tosti, “salió de aquel templo en el cual una doble unidad ligaba a la gente; la unidad de fe, que sigue uniéndola y siempre seguirá uniéndola, y esa unidad de confianza filial con la cual la gente encomienda al Pontificado la dirección de sus destinos civiles. Lo que hizo Felipe contra Bonifacio echó a la Iglesia fuera de los estados civiles y la hizo invisible; con eso dejaba de existir en el templo de la justicia civil.”15. Después de haber sido expulsados, como ciudadanos del estado, del imperio civil de la Iglesia Romana, los creyentes quedaron miserablemente confundidos. “Comenzó a faltarles la caridad, que es la unión de los corazones; la fe, que es la unión de las almas, y después acabó faltándoles el orden civil, que es la unión social.”

Reemplazar la influencia cristiana de las leyes civiles de Europa fue la creciente influencia de los legistas y juristas franceses, quienes abogaban por el derecho romano como el tipo predominante de derecho. Estas ideas anticuadas convencieron a rey y príncipe por igual, que ellos estaban destinados a gobernar a la manera de los emperadores romanos, responsables ante nadie de la moralidad de sus actos. Una mortal manifestación de esta “nueva” ley fue un aumento en el despotismo de los diversos gobernantes que la abrazaron.

Aún mayor decadencia y confusión en las mentes de los hombres fue auxiliada por dos acontecimientos que aparecieron inminentes en el escenario europeo del Siglo XIV ― el “Cautiverio Babilónico” (1308 ― 1377) y el Gran Cisma de Occidente (1378 ― 1417)

El Cautiverio Babilónico 17

Durante setenta años, el papado existió para el beneficio de nada más que una sola nación ― Francia, tiempo en el que siete papas tomaron residencia en ese país, en un poblado llamado Avignon. Aquí, cayeron bajo el total dominio de los reyes de Francia. Como resultado, las diversas naciones de la Cristiandad se hicieron más y mas nacionalistas en su actitud hacia la Iglesia, y la lealtad al Papa de los príncipes cristianos de Europa se volvió más de nombre que de hecho.

El Gran Cisma de Occidente

En 1377, la estadía papal en Avignon terminó cuando Santa Catarina de Siena pudo convencer al Papa Gregorio XI de volver con la Corte Papal a Roma. El Papa murió al año siguiente, y lo que sucedió durante los siguientes 40 años erosionó aún mas el prestigio y la prominencia papal en los corazones y mentes de los cristianos.

No estando satisfechos con su elección de Urbano VI como siguiente papa, varios cardenales abandonaron Roma para elegir otro papa, Clemente VII, que procedió a tomar residencia en Avignon. Europa quedó dividida en cuanto a cuál de los dos era el papa legítimo. Francia, España y Escocia se alinearon con el sucesor establecido en Avignon, mientras que Alemania, Italia, Inglaterra y Flandes reconocían a Roma. ¡Cual si este mal no hubiera sido bastante, un tercer pretendiente al papado ― Alejandro V ― fue coronado en Pisa, Italia! Ya no era posible saber a qué pastores obedecer, y la confusión se hizo tal, que hasta los instintos de los santos fallaron (Santa Coleta y San Vicente Ferrer por nombrar sólo dos).

La Peste Negra (1346-1353)

A mediados del Siglo XIV, la Peste Negra arrasó a Europa y Asia, llevándose 25 millones de almas y cargando consigo una mayor parte del sacerdocio católico.

La Peste Negra convirtió a la Cristiandad en una casa enlutada y tuvo terribles resultados de todo tipo: el peor de ellos habiendo sido el que los sacerdotes se hicieron tan escasos, que con gran facilidad se ordenaban malos sacerdotes, que toda la filosofía y la moralidad cristiana cayeron en desprecio... La Peste Negra decimó al sacerdocio, dejando apenas suficientes sacerdotes y haciendo que fueran admitidos al sacerdocio a un buen número que habría sido mejor no haberlos ordenado. 18

En su libro sobre Santa Liduvina de Schiedam, el autor J.K. Huysmans escribe de esa época:
Era el desorden más absoluto, y la Cristiandad jamás había sido reducida a un caos tal. Dios consintió en demostrar el origen divino de Su Iglesia mediante el desorden y la infamia de Sus criaturas: ninguna institución humana hubiera podido resistir tales sacudidas. Fue como si Satanás hubiera movilizado a sus legiones y las puertas del infierno se hubieran abierto: la tierra pertenecía al Espíritu del Mal, quien asedió a la Iglesia, atacándola sin respiro, reuniendo a todas sus fuerzas para desbancarla...

La gente estaba oprimida con lo que oían y lo que veían; clamaban justicia y consolación entre todos estos males, pero no oían respuesta a sus plegarias. Se acogieron a la Iglesia sin mejor resultado. Su fe fue sacudida y en su simpleza decían que el representante de Cristo en la tierra ya había perdido sus poderes divinos pues él ya no podía salvarlos. Comenzaron a dudar de la misión de los sucesores de San Pedro; ya no podían creer en ellos, los veían tan humanos y tan débiles. 19

La Edad de la Fe estaba llegando a su fin.

Con el regreso de los papas de Avignon había cambiado el carácter del Papado. El Papa ahora gobernaba más en la capacidad de un príncipe civil en vez de hacerlo en la forma de un celoso defensor de la fe e incansable apóstol para la salvación de las almas. Como resultado de ello, surgieron abusos en la Iglesia debidos al mal uso de la riqueza eclesiástica por estos hombres de carácter mundano que estaban sentados en el trono papal. Entre estos abusos pueden enumerarse varios: pluralismo ― la posesión simultánea de varios beneficios por un mismo hombre; nepotismo ― favoritismo en beneficio de parientes, particularmente mediante el obsequio de dignidades y cargos lucrativos para ellos; se predicaban “indulgencias” con demasiada frecuencia; abusando de la sagrada prerrogativa de la Iglesia, los puestos más altos y más ricos de la Iglesia ahora quedaban monopolizados por la nobleza ― muchos de ellos carecían de verdadera vocación al sacerdocio o a la vida religiosa, o la preparación necesaria; algunos prelados recibían ricos beneficios, en tanto que había numerosos sacerdotes que apenas tenían lo suficiente para vivir; la educación clerical se hizo deficiente ― los sacerdotes no recibían la preparación debida; y los monasterios y conventos más ricos se estaban convirtiendo en círculos sociales para los ricos y famosos; la vida religiosa comunitaria se hizo laxa. 20

La Filosofía Moderna de Ockham

Junto con estas tragedias que cayeron sobre el papado y los fieles, creció un movimiento en el campo de la filosofía que habría de establecer la base de todo pensamiento moderno. Esta filosofía ganó un gran número de adherentes mientras que la philosophia perennis representada en el escolasticismo de Santo Tomás de Aquino era ignorada. Esta nueva manera de ver el mundo fue llamada “Nominalismo” u Ockhamismo, en reconocimiento a Guillermo de Ockham (1280-1349), la persona con quien se asocia su codificación. El nominalismo como filosofía “constituyó la cuña que se clavó entre la teología y la filosofía y que resquebrajó la síntesis que había sido lograda en el siglo XIII” 21 por los filósofos tomistas. La filosofía nominalista habría de contribuir a formar el cimiento de todas aquellas filosofías de “subjetivismo” que han llegado hasta nuestros tiempos.

La filosofía de la Iglesia, tal como fue perfeccionada por el tomismo enseña que mediante el conocimiento de conceptos universales, el hombre puede lograr un conocimiento de la realidad objetiva del mundo ― de las cosas visibles y de las invisibles. Los Universales le ayudan a entender la naturaleza de las cosas, y le ayudan a ver el orden y la unidad que está presente en el mundo.

El objeto captado por medio de un concepto universal es llamado universal porque ha sido concebido como algo que es común a muchas cosas, algo que es o puede ser atribuido a muchas cosas en nuestros juicios, algo que se concibe como común a todos los miembros de una clase. ¿Qué es este algo? Es una realidad que está presente en cosas individuales del sentido, que ayudan a constituir la esencia o realidad de esas cosas. 22

En oposición a esto, el nominalismo niega que los universales tengan algo que ver con la naturaleza o esencia de las cosas.

Según el nominalismo, el universal como tal no es una realidad, ni siquiera es una idea: es simplemente un nombre (de ahí el título de nominalismo), un mero término. Este término (por ejemplo hombre) nada real tiene que le corresponda excepto individuos (Juan, Jaime, Tomás), y nada mental tiene que corresponda a él, excepto nuestras percepciones de individuos reales o nuestra imaginación, imágenes de individuos que anteriormente hemos percibido.

Al negar la realidad de los universales, el nominalismo afirma que las ideas que uno tiene de un objeto es sólo una colección de experiencias individuales que uno ha tenido con ese objeto. Consecuentemente, las naturalezas o esencias de las cosas del mundo se vuelven subjetivas, y la idea que uno tiene de la naturaleza de un árbol, por ejemplo, puede o puede no ser la misma que la idea que alguien más tiene de ese mismo árbol. La realidad objetiva deja de existir ― todo lo que ahora existe son las realidades individuales que tiene cada persona que vive en el mundo.

Como habremos de ver, la mentalidad nominalista habría de tener un gran efecto sobre el pensamiento de Martín Lutero y de otros “reformadores” protestantes del siglo siguiente.

(Continuará)

Notas:
9   Our Glorious Popes p. 75.

10  Ibid. p. 80.
11  Ibid. p. 80.
12  History of Pope Boniface VIII, p. 405
13  Ibid.
14  Ibid. p. 435.
15  Ibid. p. 443.
16  Ibid. p. 443.
17  El Cautiverio de Babilonia porque la duración de la residencia Papal en Avignon fue casi la misma que la de los judíos en Babilonia. 
18  Chaucer, G.K. Chesterton, pp. 40, 56. 
19  St. Lydwine of Schiedam, J.K. Huysmans, 1923, TAN Books, page 21. 
20  The Jesuits in History, M.P. Harney, S.J., pp. 6-16. 
21  History of Philosophy, Copleston, S.J., , Vol. III, p. 11. 
22  The Science of Logic, P. Coffey, PhD., 1938, p.10. 


domingo, 3 de enero de 2016

La Devastación de la Europa Católica

Algunas Causas y Consecuencias de la Revolución Protestante

(primera de siete partes)

Por el Hermano David Mary, MICM, terc.

Tomado de: http://catholicism.org/the-devastation-of-catholic-europe-some-causes-and-consequences-of-the-protestant-revolt.html
Traducido del inglés por Roberto Hope

Introducción

Entendamos claramente el significado de estas palabras ― católico, protestante, y reforma: Católico significa universal, y la religión que lleva este calificativo se llamaba universal porque todo cristiano, de toda nación, la reconocía como la única religión verdadera, y porque todos reconocían a la sola y única cabeza de la Iglesia, que era el Papa, que constituía la cabeza de la Iglesia en todos los rincones del mundo donde se profesaba la religión católica. Pero llegó un día en que ciertas naciones, o mejor dicho, partes de algunas naciones, desecharon la autoridad del papa y, por lo tanto, dejaron de reconocerlo como cabeza de la Iglesia Cristiana. Estas naciones... declararon o protestaron contra la autoridad de su antigua cabeza, y también contra las doctrinas de esa Iglesia ... Consecuentemene se llamaron a sí mismos protestantes..   En cuanto a la palabra Reforma, ésta significa una alteración hacia algo mejor.

Pues bien, amigos míos, una equitativa y honesta indagación nos enseñará que ésta fue una alteración para empeorar; que la 'Reforma', como se le llamó, fue engendrada en la lujuria, criada en hipocresía y perfidia, y mantenida y nutrida con el pillaje, la devastación y con ríos de sangre inocente.1

El autor de este comentario, Guillermo Cobbett, está correcto en su opinión sobre la llamada Reforma. Ciertamente que la suya no puede calificarse de opinión prejuiciada pues, habrán de saber, el Sr. Cobbett era protestante cuando escribió estas palabras allá por el año de 1824. Simplemente estaba consignando los hechos que una investigación honesta de lo acontecido en los siglos XVI y XVII le presentaba.

En cuanto a esta 'devastación', sus efectos continúan hasta nuestros días. Lo que ocurrió hace casi 500 años en Europa ha crecido a proporciones monstruosas en nuestro tiempo, para afligir las mentes hasta de aquellos cristianos que no se llaman a sí mismos protestantes.

Antes de examinar los acontecimientos de esta revuelta que se levantó contra la Iglesia Católica Romana y su autoridad, viene al caso echar una mirada a lo que constituye la autoridad de la Iglesia, para que podamos comprender las consecuencias de ese rechazo.

La Autoridad de la Iglesia Católica Romana

Uno de los principales atributos de la Iglesia Católica Romana es su autoridad. Esta autoridad está definida de la manera más clara en la bula infalible Unam Sanctam del último de los grandes papas de la Edad Media, Bonifacio VIII (18 de noviembre de 1302):

“Por apremio de la fe, estamos obligados a creer y mantener que hay una Sola y Santa Iglesia Católica y Apostólica, y nosotros firmemente creemos y simplemente confesamos, que fuera de ella no hay salvación ni remisión de los pecados, habiéndolo proclamado su Esposo en los Cánticos, “... una sola es mi paloma, mi preciosa. Ella es la única de su madre, la preferida de la que la engendró”, que representa un cuerpo místico, del cual la cabeza es Cristo, pero de Cristo es Dios. En esta Iglesia hay un solo Señor, una sola Fe y un solo Bautismo. De hecho hubo sólo una Arca de Noé cuando vino el diluvio, que simboliza a la única Iglesia, que tenía una única entrada de luz a un codo del techo, y un sólo comandante, o sea Noé. Y leemos que, con excepción de esta arca, todas las cosas que existían sobre la tierra fueron destruidas. 

Esta Iglesia, además, veneramos como la única, habiendo dicho el Señor por boca de Su profeta, “Libra mi alma de las espada, mi vida del poder del perro.” Rezó al mismo tiempo por Su Alma ― o sea, por Sí Mismo, la Cabeza, y por su Cuerpo ― Cuerpo que Él llamó la sola y única Iglesia en virtud de la prometida unidad de la fe, de los sacramentos, y del amor de la Iglesia. Ella es la túnica sin costura del Señor que no fue rasgada sino sorteada. Por lo tanto de esta única y sola Iglesia hay sólo un cuerpo y una cabeza ― no dos cabezas cual si fuera un monstruo: o sea Cristo y Pedro, el Vicario de Cristo y sucesor de Pedro, habiendo dicho el Mismo Señor a Pedro: “Apacienta a mis ovejas.” Mis ovejas, dijo Él, usando un término genérico, y no designando a éstas o aquéllas ovejas en particular; de lo cual queda claro que Él le encomendó a Pedro todas sus ovejas. Si luego los griegos u otros dicen que no fueron encomendados al cuidado de Pedro y de sus sucesores, ellos estarán necesariamente confesando que no son de las ovejas de Cristo, pues el Señor dice, a través de Juan, que hay “ un solo rebaño y un solo Pastor.” Y se nos dice por la palabra del Evangelio que en su rebaño hay dos espadas ― una espiritual y una temporal. Pues cuando los Apóstoles dijeron, “Señor aquí hay dos espadas” ― el Señor no contestó que eso era demasiado sino que eso bastaba.

Ciertamente, que quien niega que la espada temporal está en poder de Pedro interpreta de manera errónea la palabra del Señor cuando Él dice “Vuelve la espada a la vaina.” Ambas espadas, la espiritual y la material, por lo tanto, están en poder de la Iglesia; una, de hecho, para ser esgrimida para bien de la Iglesia, la otra por la iglesia; la una por la mano del sacerdote, la otra por la mano de los reyes y de los caballeros, pero a voluntad y entereza del sacerdote. Una espada, además, debe estar bajo la otra y la autoridad temporal debe someterse a la espiritual. Pues, cuando el Apóstol dice, “Todo poder viene de Dios, y no hay potestad que no provenga de él” los poderes no estarían ordenados a menos que espada estuviera bajo espada y la de rango menor fuera guiada por la otra para lograr grandes cosas.

... es necesario confesar que el poder espiritual es superior en todo al temporal, tanto en dignidad como en nobleza, en la misma forma en que las cosas espirituales superan a las temporales.

Así pues, testigo de la verdad, el poder espiritual instituye al terrenal y lo juzga si es necesario. Tal potestad se recoge en la profecía de Jeremías: “Te he puesto sobre las naciones y los reinos”... Por ello, si el poder temporal comete error será juzgado por el poder espiritual. Si el poder espiritual inferior erra, será juzgado por el poder espiritual superior. Pero si el poder espiritual superior se equivoca, puede ser juzgado sólo por Dios, no por hombre alguno. Así lo atestigua el Apóstol al decir que “El hombre espiritual juzga todas las cosas y él mismo no es juzgado por nadie”. Esta autoridad, aunque concedida al hombre y ejercida por hombres, no es humana sino divina. Fue dada a Pedro por la palabra de Dios y fundada sobre piedra por él y sus sucesores cuando el Señor dijo a Pedro “Lo que atares en la tierra será atado en los cielos” Cualquiera que ostente este poder ostenta el orden divino.. Por lo tanto, declaramos, definimos y pronunciamos que toda criatura humana, si desea obtener la salvación, debe someterse al Romano Pontífice.

Los cinco puntos que se afirman en este famoso documento son:

  1. hay una Iglesia Santa, Católica y Apostólica fuera de la cual no hay santidad ni salvación,
  2. la cabeza de esta Iglesia es el Vicario de Cristo ― el Romano Pontífice,
  3. a esta Iglesia, Dios ha ordenado una doble autoridad ― una autoridad espiritual y una autoridad temporal,
  4. la autoridad de la Iglesia es superior a la autoridad del estado, y
  5. en virtud de esta autoridad, es absolutamente necesario para la salvación de toda criatura humana el someterse al Romano Pontífice.

Ilustrando cómo la autoridad de la Iglesia releva a la autoridad del estado, San Roberto Belarmino emplea la comparación del cuerpo y el alma o de la carne y el espíritu para explicar la subordinación de la autoridad temporal a la espiritual. San Roberto explica que el cuerpo y el alma tienen funciones distintas y hasta se encuentran separadas la una de la otra en el caso de los ángeles y de los animales irracionales. En los animales irracionales encontramos carne sin espíritu; en los ángeles encontramos espíritu sin carne. Sin embargo, en la unidad de la persona humana se encuentran juntos y unidos de una manera tal que el alma manda y el cuerpo obedece. El alma tiene derecho a castigar al cuerpo y mantenerlo sujeto mediante ayunos y otros medios, no sea que vaya a entorpecer la actividad del espíritu. El alma puede aun obligar al cuerpo a sacrificarse y sacrificar todo lo que le es querido, hasta e incluyendo la vida misma, como lo han hecho los mártires, si esto es indispensable para que el alma alcance su fin. De la misma manera, y por razones semejantes, entre el poder eclesiástico y el poder civil debe haber una unión y relación ordenada tal que, en lo que concierne a la salvación eterna de las almas, la autoridad eclesiástica puede dirigir a la autoridad política y mandarle tomar un particular curso de acción. De ser necesario, la autoridad eclesiástica puede y debe compelerla y forzarla a hacerlo, no sea que la autoridad política pudiera volverse un obstáculo para la consecución del fin último sobrenatural del hombre. Así pues, el reino terrenal debe estar al servicio del reino celestial. 2

Santo Tomás de Aquino escribe:
Tanto el poder espiritual como el temporal derivan del poder divino; consecuentemente el poder temporal está sujeto al poder espiritual en el grado en que éste sea ordenado por Dios; o sea, en aquéllos asuntos que afectan la salvación del alma. Y en estas cuestiones el poder espiritual debe ser obedecido antes que el temporal. 3

En nuestro propio siglo, esta enseñanza católica ha sido reiterada por el Papa San Pío X. En su Alocución Consistorial del 9 de noviembre de 1903 dijo:
No ocultamos el hecho de que vamos a desconcertar a algunos diciendo que necesariamente debemos interesarnos en asuntos políticos. Pero cualquiera que se forme un juicio equilibrado podrá ver claramente que el Supremo Pontífice de ninguna manera puede arrancar la categoría de lo político de la sujeción al supremo control de la fe y la moral que le ha sido confiado.

Dom Luis Tosti, autor de la Historia del Papa Bonifacio VIII. Comenta sobre su enseñanza:
La sujeción al Romano Pontífice, como Vicario de Jesucristo, no sólo en todo lo que afecte a la fe y la moral, sino también en lo que afecte a la sociedad civil, es para los católicos un dogma, como aquéllos de la Santísima Trinidad y de la Eucaristía. Y como este dogma es propuesto a nuestra creencia por un principio revelador absoluto, no expuesto a contingencia humana, de ese modo la creencia debe también ser absoluta, invariable y única. Ahora bien, decir que algunos creen en una mayor y otra menor supremacía del Romano Pontífice es absurdo, tal como sería absurdo hablar de una mayor o menor afirmación del dogma de la Trinidad. El dogma es como Dios, está tan rigurosamente concentrado en la unidad, que no deja lugar a diversidad de opiniones. 4

La Autoridad de la Iglesia era reconocida universalmente por la gente y los gobernantes en la Edad Media. Este reconocimiento aun estaba incorporado en las constituciones de varias naciones de la Cristiandad. Los soberanos de varios estados eran vasallos de la Santa Sede, haciendo la autoridad papal más directa en la esfera temporal. Además, uno de los gobernantes del grupo de estados cristianos tenía del Papa, con el título de Emperador, el título adicional de Defensor de la Santa Sede y de toda la Cristiandad. Esto formó la base de lo que llegó a conocerse como el Sacro Imperio Romano. 5

Con la Iglesia declarando una autoridad temporal sobre aquélla de cualquier estado, la Iglesia llegó a tener contacto directo y muchas veces violento, con el poder de los gobernantes y de los reyes. Es por esto que se requería un hombre de mucha fe, valentía y carácter para ascender al trono de Pedro y detentar la tremenda responsabilidad que le incumbe al Vicario de Cristo en la Tierra ― sus enemigos eran muchos y muy poderosos. Como resultado, hasta la Edad Media, un gran porcentaje de los papas murieron violentamente por defender este principio. En la edad de la fe, el respeto al papado era lo más grande porque el reconocimiento de su autoridad y de su misión estaba en lo más alto, y debido a esto, el poder del estado se mantenía bajo control. En consecuencia, la Iglesia pudo desempeñar su labor sin obstáculos, y trajo gran prosperidad a aquellos pueblos que conformaron sus leyes con las enseñanzas de la Iglesia de Cristo. En las disputas ¡el bien triunfaba sobre el poder! El arzobispo Martin J. Spalding, escribiendo en 1860, decía:
Ningún otro poder fuera del de la Iglesia Católica, esgrimido por su jefe ejecutivo ― el Romano Pontífice ― podría jamás haber sometido a control la anárquica y aplastante tiranía; podría jamás haber protegido efectivamente los derechos populares contra la opresión; podría jamás haber defendido la castidad femenina del libertinaje imperial y real, a través de garantizar todos los derechos sagrados y defendiendo los deberes del matrimonio cristiano; podría, en una palabra,  haber jamás frenado el torrente de la mera fuerza bruta, que campeaba sobre Europa y la amenazaba con la destrucción. Si la edad Media fue pre-eminentemente una edad de fe, fue no obstante una edad de violencia y fuerza bruta. Pero ¡ay de la civilización europea si no hubiera habido en esa época un gran poder moral y religioso, que era el único respetado por las masas de la población!... Si el bien finalmente triunfó sobre el poder, y las pasiones hubieron largamente de ceder en la lucha contra la razón y la religión, debemos el resultado principalmente a la influencia benéfica del Papado. Esto es tan cierto como lo demás en toda la historia. 6

Muchos ejemplos pueden encontrarse en la historia de esta confrontación continua entre el papado y el estado: Guillermo II de Inglaterra contra el Papa Urbano II; Enrique IV de Alemania (Sacro Imperio Germano Románico) contra el Papa San Gregorio VII; Federico Barbarroja contra los Papas Alejandro III y Adriano IV, y Federico II de Alemania contra al Papa Inocente III.

Con una comprensión de lo que es y lo que ha significado la autoridad de la Iglesia Católica para mantener un mundo próspero y pacífico, puede uno ver cuán trágico paso tomó la humanidad en los años 1500´s cuando desechó la benévola protección de la Santa Madre Iglesia. No fue éste un único paso, sin embargo, sino la culminación de muchos otros acontecimentos causales. Este camino a la destrucción es el que ahora habremos de examinar de manera breve.

Notas
1   The History of the Protestant Revolt in England and Ireland, William Cobbett, 1824, reimpreso por TAN Books.
2   From The Mystical Body of Christ and the Re-Organization of Society por el Padre. Denis Fahey, pp. 46-47. La analogía de San Roberto Belarmino está traducida de De Romano Pontifice, lib. V, Cap. 6.
3   Santo Tomás de Aquino, Comentario sobre las Sentencias de Pedro Lombardo, Dist. 44, Cuestión 3, Artículo 4. 
4   La Historia del Papa Bonifacio VIII, Dom Luis Tosti, monje Benedictino de Monte Cassino, 1910, p. 446.
5   El primer Emperador del Sacro Imperio Romano fue Carlomagno; sus sucesores forman una larga y constante línea que llegó hasta 1806 ¡Qué desafortunado para nosotros el que muchos de ellos no hayan vivido a la altura de su juramento!
6   The History of the Protestant Reformation in Germany and Switzerland, and in England, Ireland, Scotland, the Netherlands, France, and Northern Europe, Vol. I, M. J. Spalding, D.D., pp. 25-26.

(Continuará)