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by Tejji

lunes, 30 de noviembre de 2015

Ataques al Tomismo

Un ensayo Histórico Teológico

(Continuación de la primera parte publicada en este blog el 8 de noviembre de 2015)

Por John Lamont

Tomado de. http://rorate-caeli.blogspot.com/2015/01/a-christmastide-gift-for-our-readers.html

Traducido del inglés por Roberto Hope


II. El reto neomodernista

La opinión convencional progresista, con su ataque al tomismo y a la teología 'manualista', se origina en el movimiento neomodernista en la teología que comenzó en los años 30 del siglo pasado. Una respuesta completa a esta opinión convencional progresista necesita describir y criticar a los opositores neomodernistas del tomismo.

El término 'neomodernista' se utiliza aquí para referirse a aquellos teólogos que, de los años 30 en adelante, revivieron los elementos esenciales de la herejía modernista de fines del siglo XIX y principios del XX. Los neomodernistas eran miembros del grupo conocido como 'nouvels théologiens', la mayoría de los cuales estaban establecidos en el Studium Dominicanum de Le Saulchoir y en el escolasticado jesuita de Lyon-Fourvière; las principales figuras dominicas fueron Marie-Dominique Chenu e Yves Congar, y las principales figuras jesuitas fueron Henri de Lubac, Henri Bouillard y Jean Daniélou, El neomodernismo no debe ser simplemente identificado con la 'nouvelle théologie'. Las actividades e inquietudes teológicas de los 'nouvels théologiens' eran diversas, y en algunos casos valiosas, como por ejemplo la fundación de 'Sources chrétiennes', serie de textos y traducciones patrísticos escritos por de Lubac, Daniélou y Claude Mondésert. No todos los ´nouvels theologiens' argumentaban en favor de la postura neomodernista, y algunos de ellos ― más notablemente Daniélou ― acabaron siendo calumniados y condenados al ostracismo por sus antiguos correligionarios, cuando lamentaban las terribles consecuencias del neomodernismo que sobrevinieron al Concilio Vaticano Segundo.4. La conexión entre el neomoderniso y la 'nouvelle theologie' radica en que el neomodernismo surgió por primera vez de entre las filas de los 'nouveles théologiens' como un sustancial proyecto intelectual, que se benefició con el prestigio de estos teólogos, y cuyos adherentes se beneficiaron del apoyo partidario de los 'nouvels theologiens' y de sus promotores, que celosamente siguieron la línea de la propaganda anti-tomista.

El neomodernismo fue impulsado primero por el dominico belga Louis Charlier en su Essai sur le problème théologique, publicado en 1938.5 Se había argumentado en favor de él por el dominico francés Marie-Dominique Chenu en una obra editada en forma privada (pero muy influyente), Une école de Théologie: la Saulchoir.6 Estas publicaciones fueron puestas en el Index, y sus autores fueron disciplinados. Las posturas neomodernistas de estos dominicos fueron adoptadas y ampliadas por los jesuitas franceses Henri Bouillard y Jean Daniélou.7 Hans Urs von Balthasar, quien en aquel entonces era una figura menor, se subió al tren del neomodernismo en 1947,8 y luego fue adoptado por figuras significativas fuera de Francia, tales como Edward Schillebeckx y Karl Rahner. Los teólogos francófonos fueron, sin embargo, los pioneros: le dieron un fuerte impulso en la Iglesia, y lo proveyeron de su primera formulación madura.

Para entender a los neomodernistas y su postura, es mejor comenzar estudiando la estrategia que siguieron para promover su forma de pensar. Esta estrategia está basada en la noción de la 'consciencia histórica'. Los neomodernistas insistian que la consciencia histórica se había vuelto esencial para una buena teología, y argüían que su postura teológica satisfacía este requisito esencial. Ellos utilizaban el término 'consciencia histórica' en dos sentidos. En uno de estos sentidos, la insistencia en la necesidad de la consciencia histórica es legítima, pero en el otro sentido esta insistencia es falsa. De manera clásicamente herética, los modernistas utilizaban el sentido legítimo para promover el argumento falso; los argumentos en favor del sentido legítimo eran tratados como si demostraran la validez del sentido falso, y las objeciones al sentido falso eran tratadas como si cuestionaran la validez del sentido legítimo.

En el sentido legítimo por “consciencia histórica” se entiende simplemente “conocimiento de la historia”. La necesidad del conocimiento histórico era un lema poderoso para los neomodernistas, porque tal conocimiento adquirió una importancia particular en el siglo XX. Antes de que tuviera lugar el resurgimiento tomista que promovió León XIII, se suponía generalmente que la teología católica había quedado resumida y perfeccionada por el “escolasticismo barroco”, la obra de los escolásticos de los siglos XVI y XVII. La influencia de la Compañía de Jesús, todos cuyos teólogos pertenecieron a ése o posterior período, fortaleció ese supuesto. Sin embargo, el estudio intensivo de Santo Tomás llevado a cabo con el resurgimiento del tomismo, y el resurgimiento general del interés en la filosofía medioeval que lo acompañó, reveló que este supuesto era un serio error.

Durante los siglos XIV y XV, la teología católica estaba casi enteramente dominada por escotistas y nominalistas. Los escolásticos barrocos ― incluyendo aquéllos que se consideraban a sí mismos seguidores de Santo Tomás ― aceptaban posturas escotistas y nominalistas que habían sido dadas por hecho en los siglos posteriores a su muerte. Se necesitaba adquirir un mejor conocimiento del pensamiento de Santo Tomás a fin de poder distinguir sus posturas de las de los escolásticos barrocos, y retornar a sus posturas auténticas en el caso de que probaran ser superiores a aquéllas de las escuelas posteriores (como usualmente era el caso). Este crecimiento del conocimiento tuvo un efecto transformativo tanto en la filosofía como en la teología. En filosofía, condujo a un gran aumento de interés por el pensamiento de Santo Tomás, y lo estableció en el mundo no católico como un pensador importante cuyas ideas eran significativas y en algunos casos verdaderas.10 En teología, la brecha entre los escolásticos barrocos y el propio Santo Tomás era aun más grande que en filosofía. Retornar a Santo Tomás exige cambios importantes en muchos campos de la teología.11 El argumento de que el conocimiento histórico a un nivel altamente académico se había vuelto esencial para una buena teología en el siglo XX es en este aspecto importante y legítimo.

El segundo y falso sentido de lo que debe entenderse por “consciencia histórica” es muy distinto de la noción del conocimiento histórico. Consiste en dos argumentos; uno acerca de la naturaleza del pensamiento humano y otro acerca de la historia. El primer argumento afirma que los conceptos humanos no pueden reproducir la realidad con completa y perfecta exactitud. El pensamiento inevitablemente se queda corto acerca de la naturaleza real de las cosas de que trata, dando una representación parcial y distorsionada de ellas. Como resultado ― por lo menos en filosofía y teología ― un conjunto de conceptos constriñe el entendimiento de la realidad por aquéllos que utilizan esos conceptos, en maneras que inevitablemente producen una comprensión parcialmente incorrecta de la realidad de lo que se piensa. Esto no significa que la realidad sea incognoscible; significa que puede conocerse sólo en la forma imperfecta en que los conceptos humanos alcanzan a comprenderla. El segundo argumento afirma que períodos históricos distintos necesariamente poseen conceptos, supuestos y formas de razonar que son peculares a ellos. Como resultado, el pensamiento de épocas pasadas no puede participar en el de épocas posteriores (y viceversa), y ninguna época puede concebir el mundo en la forma en que era concebido por sus antepasados.

Esta manera de entender la consciencia histórica ― que podemos llamar 'perspectivismo histórico', frase que aquí se acuña para fines de este artículo ― es base de la postura neomodernista. La tesis propugnada por los autores neomodernistas citados arriba no siempre se expresaba abiertamente, y sus implicaciones pudieran no haber sido previstas cabalmente por todos ellos. En los debates de la época, esa tesis se asociaba con otras posturas y otras críticas planteadas por estos teólogos y sus aliados. No obstante, la tesis misma está claramente presente en ellas, y ha tenido un efecto enorme en la Iglesia. La estrategia inicial del neomodernismo, como se señala arriba, es su insistencia en la necesidad de una 'consciencia histórica'. Esta insistencia se introducía usualmente en obras de erudición histórica, frecuentemente de mérito considerable, pero en un contexto que facilitaría el artificio de pasar de una consciencia histórica en el sentido de conocimiento histórico a una consciencia histórica en el sentido de perspectivismo histórico. Lograda esta argucia, el neomodernismo asume el perspectivismo histórico como verdad, y saca sus consecuencias para la teología y la fe. Afirma que el contenido de la teología es necesariamente incapaz de describir su materia de estudio con completa exactitud, e inevitablemente diferirá entre una época y otra como resultado de las diferencias de perspectiva entre períodos históricos distintos. De aquí se desprende que este contenido no pueda ser identificado con la revelación divina. Ya que esta conclusión es cierta para todas las afirmaciones humanas, no sólo las de los teólogos, y dado que la revelación divina misma no puede ser errónea ni inexacta, de ahí se desprende que la revelación divina no puede incluir enunciados que sean expresados en lenguaje humano y captadas por el pensamiento humano. Son realidades, no aseveraciones, las que son divinamente reveladas.

Dado que la enseñama de la Iglesia, así como la teología, se expresan en lenguaje humano (griego, latín, etc.) y se formula en conceptos humanos que pertenecen a épocas particulares, el propio dogma católico no puede identificarse con la revelación divina. El dogma puede sólo dar un conocimiento parcial de la propia revelación divina, y esta comprensión debe ser ajustada para conformarla con el desarrollo histórico del pensamiento humano. No hay tal cosa como una enseñanza católica inmutable. Los tomistas que arguyen que tal enseñanza existe están de hecho proyectando anacrónicamente sus opiniones particulares ― que nacieron en su propia época ― sobre la muy diferente  perspectiva de las autoridades católicas del pasado.

Esta tesis exige una modificación de la noción de Verdad. La noción tradicional de Verdad es aquélla de Aristóteles, que describió la verdad como el decir de lo que es, aquéllo que es. Los neomodernistas, debido a su perspectivismo histórico, no pensaba que la teología y el dogma de épocas pasadas pudieran satisfacer esta noción, pero no deseaban desecharlas como falsas. En consecuencia mantenían que el dogma era verdad, pero que su verdad no podía entenderse en el sentido aristotélico. Garrigou-Lagrange los percibía como que estaban reviviendo el rechazo que hacía el filósofo Maurice Blondel de la definición tradicional de verdad: que es aquéllo que lleva a la mente a conformarse con la realidad ('adaequatio rei et intellectus'), en favor de una descripción de la verdad consistente en llevar al pensamiento a alinearse con la vida ('adaequatio realis mentis et vitae'). Aun cuando esta definición de verdad no se expresaba explícitamente por los neomodernistas, la importancia de Blondel para su forma de pensar hace de ésta una interpretación plausible; Bouillard, por ejemplo, escribió de manera extensa y aprobatoria sobre Blondel.12 Lo que sí aseveraban explícitamente era que la verdad de los enunciados dogmáticos pasados no consistía en ser una descripción exacta de la realidad, y que una teología que no fuera relevante para el tiempo presente ('actuel') sería falsa.

La postura neomodernista, cuando se expresa con claridad, no es propensa a atraer a mucha gente. Aun cuando su concepción de la verdad haya sido defendido por la escuela pragmática de filosofía, la mayoría de la opinión lega concuerda con la mayoría de la opinión filosófica, en rechazar un entendimiento pragmático de la verdad. Además, no se necesita de una gran erudición filosófica para ver que el perspectivismo histórico de los neomodernistas es auto-refutante. El perspectivismo histórico es una afirmación universal acerca de la naturaleza de los conceptos humanos y del conocimiento humano, afirmación que se presenta como válida para todo el mundo en todas las épocas, y como válida para los neomodernistas. Pero esa aseveración contradice al mismo perspectivismo histórico, que niega la posibilidad de conocimiento de esta naturaleza. El éxito del neomodernismo parece, pues, ser un misterio, y requiere de una explicación.

La primera clave de su éxito fue, por supuesto, el hecho de que nunca se expresaba con claridad. Sí había algunas presentaciones claras del neomodernismo, tales como la dada por Bouillard, que tenían la intención de ser guías y principios para los iniciados que aceptaban el programa neomodernista. Pero tales presentaciones claras siempre iban acompañadas de negaciones de su contenido y de sus implicaciones; negaciones a las que se les daba una circulación más amplia que a las presentaciones claras, y que estaban dirigidas a un público más general. Para darse cuenta de que esas negaciones conducían al error, uno tenía que seguir los debates eruditos sobre el tema. Eso iba más allá de lo que la mayoría de los católicos estaban dispuestos a, y eran capaces de, hacer, y esto incluía a sacerdotes, obispos ― y hasta a teólogos.

En tal situación, es responsabilidad de la más alta autoridad eclesiástica el investigar las cuestiones en debate y rendir un juicio magisterial correcto. La falta, por parte del magisterio, de cumplimiento de esta tarea de manera apropiada es la segunda razón para la victoria del neomodernismo. Pío XII avanzó un poco en esta camino con Humani Generis, pero no condenó el neomodernismo como herético de una manera infalible. Gracias a esto, Juan XXIII pudo dar reversa a los efectos de la enseñanza de Humani Generis, mediante su afirmación en la inauguración del Segundo Concilio Vaticano: “La sustancia de la antigua doctrina del depósito de fe es una cosa, y la forma en que se presenta es otra”. Para los no iniciados, esta declaración es un argumento al que no se le puede poner objeción. En el contexto de los debates sobre el neomodernismo, sin embargo, esa fue una señal clara en favor de la postura neomodernista ― señal cuyo intento fue confirmado con la designación de neomodernistas y sus aliados a puestos de responsabilidad dentro del Concilio.  Juan XXIII pudiera no haber imaginado el completo significado de sus palabras y acciones, pero esto no disminuyó su efecto de un apoyo de la causa neomodernista. Con este apoyo papal, los opositores tomistas del neomodernismo se quedaron sin más armas que la verdad y la lógica para sustentar su pensamiento y defender la fe. Como lo entendían bien sus opositores, estas armas son ineficaces si a los hombres que las blanden se les puede negar que sean escuchados. El apoyo papal y episcopal permitió a los neomodernistas silenciar despiadada y efectivamente la posición tomista dentro de la Iglesia, y asegurar que el tomismo fuera mencionado sólo para fin de reiterar la línea de propaganda neomodernista. El éxito de este silenciamiento hace imperativo revivir los argumentos del oponente más efectivo del neomodernismo, el Padre Reginald Garrigou-Lagrange.

(continuará)

Bibliografía
4 Por ejemplo, Yves Congar, en su artículo 'Théologie' en el Dictionnaire de théologie catholique (DTC) y su La Foi et la théologie (Tournai: Desclée, 1962), rechaza toda interpretación modernista de la teología. El artículo en el DTC en particular es uno ortodoxo que sigue siendo valioso; desafortunadamente, este respetable logro hizo que la defensa hecha por Congar de la ortodoxia personal de teólogos neo-modernistas individuales los hiciera tanto más influyentes. Congar desarrolló más adelante en su carrera posturas teológicas problematicas, pero nunca aceptó el neo-modernismo como una tesis general. Sobre el ostracismo y la calumnia a que se sometio Daniélou's, léase el articulo de Sandro Magister's en http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/1350241?eng=y.a
5 Louis Charlier O.P., Essai sur le problème théologique (Thuillies: Ramgal, 1938).
6 The book was eventually printed, along with essays commenting on it, by G. Alberigo et al., Une école de théologie: le Saulchoir (Paris: Cerf, 1985); see e.g. pp. 125, 139-40, for expressions of the neo-modernist position by Chenu.
7 Ver Henri Bouillard S.J., Conversion et grâce chez saint Thomas d’Aquin, (Paris: Aubier, 1944), y Jean Daniélou S.J., 'Les orientations présentes de la pensée religieuse', Études 79, Abril 1946, pp. 5-21.

8 Von Balthasar hizo esto en Wahrheit der Welt (Einsiedeln: Benziger, 1947), que después pasó a ser el primer tomo de su serie Theo-Logik, traducida al Inglés como  Theo-Logic:Theólogical Logical Theory vol. I, Truth of the World, tr. Adrian J. Walker (San Francisco: Ignatius, 2000). Su postura sobre el neo-modernismo está tratada en Hans Boersma, 'Analogy of Truth: The Sacramental Epistemology of Nouvelle Théologie' in Ressourcement: A Movement for Renewal in Twentieth-Century Catholic teólogy, Gabriel Flynn and Paul D. Murray (eds.), (Oxford: OUP, 2012). Boersma es parte de un reexamen docto de los 'nouvels théologiens', que los considera resucitadores de las posturas modernistas (sin ver este resurgimiento como un problema). Jürgen Mettepenningen es importante en su reexamen; ver su 'L'Essai de Louis Charlier (1938). Une contribution à la nouvelle théologie', Revue théologique de Louvain, 39(2), 211-232; Nouvelle Théologie - New teólogy: Inheritor of Modernism, Precursor of Vatican II (London - New York:T&T Clark, 2010): 'Truth, ortodoxy, and the Nouvelle Théologie: Truth as Issue in a “Second Modernist Crisis” (1946-1950)', in B. Becking ed., ortodoxy, Liberalism, and Adaptation: Essays on Ways of Worldmaking in Times of Change from Biblical, Historical and Systematic Perspectives (Leiden – Boston: Brill, 2011). Mettepenningen señala that 'Es por lo tanto incorrecto considerar al modernismo precursor de la 'nouvelle théologie' y ver a ésta última como una forma renovada de modernismo' (p. 171).

sábado, 14 de noviembre de 2015

Sobre la realidad del Islam

Tomado de mundabor.wordpress.com
Traducido del inglés por Roberto Hope

"Nuestros sufrimientos actuales son un preludio de los que ustedes, europeos y cristianos de Occidente, sufrirán también en un futuro cercano. Por favor, traten de entendernos. Sus principios liberales y democráticos nada valen aquí. Deben ustedes considerar la realidad nuestra en el Medio Oriente, pues están acogiendo en sus países a un número cada vez más grande de musulmanes. También ustedes están el peligro. Deben ustedes tomar decisiones enérgicas y valientes, aun a costa de contradecir sus principios. Ustedes creen que todos los hombres son iguales, mas eso no es verdad: el Islam no dice que todos los hombres sean iguales. Si ustedes no entienden esto con suficiente prontitud, serán víctimas del enemigo que han acogido en su casa."

Amen Noa, arzobispo caldeo de Mosul.

"... vuestras esposas, vuestras hijas, vuestros hijos. Ellos serán raptados y llevados a lugares tales como las famosas Casablanca, Mequinez o demás lugares como éstos, y ya no podrán recuperarlos, pues han construido su Medina y su mesquita de una manera tal, que ni siquiera la gendarmería podrá entrar ahí. Bien... ¿cómo será Francia entonces? Ya ocurre así en algunas ciudades de Inglaterra. ¿Qué podemos hacer para pararlo? Pedirle al Gobierno que detenga a este Islam y hacer lo que siempre hemos hecho. De origen, no podemos cohabitar, esto nada más no es posible. Deben permanecer en sus propios países. Tenemos 50,000 mahometanos llegando cada año a Francia. Verán lo que pasa con las mesquitas. Cuando uno dirá: '¡Maten a los cristianos!', cuando matan a cristianos se van al cielo y se llevan el alma del que han matado. ¿Por qué privarlos de esto?..."

Monseñor Marcel Lefebvre (1905-1991), 
ex obispo de Dakar y fundador de la Hemandad Sacerdotal de San Pío X

domingo, 8 de noviembre de 2015

The Reign of the Antipope and the Mystery of Iniquity

 
By Father Leonardo Castellani, S.J.  (1899 - 1981)
From “Cristo vuelve o no vuelve” (first edition, 1954) Editorial Vórtice Pages 27/28

Translated from the Spanish by Roberto Hope


The Mystery of Iniquity is the hatred of God and the adoration of man. The two beasts are political power in the religious instinct of man turned against God and dominated by the Pseudo Christ and the Pseudo Prophets. The Obstacle is, in our opinion, the unexpired validity of the Roman Order. The Great Whore is religion, decomposed and surrendered to the temporal powers, and it is also ethnic Rome, where this Mystery of Iniquity took place for the first time, before the dazzled eyes of John, the last of the prophets of Apocalypse.

Adoration of man along with hatred of God has always existed. “The Mystery of Iniquity does already work” ―says St Paul to the Thessalonians― except that he is hindered and you know what the Obstacle is”

The Mystery of Iniquity is the principle of the City of Man, which wars against the City of God from the beginning, it is the root of all heresies and the fire of all persecutions, “it is the incestuous stillness of the creature seated on its specific difference”, it is the continuous rebellion of the sinning intellect against its principle and its end, the multiplied echo of the ages, of Satan´s “non serviam”.

The summit of the Mystery of Iniquity is the hatred of God and the idolatrous adoration of man. The Mystery of Iniquity tends to take material form in the body politic and crush the saints. It was it that condemned Socrates, it that persecuted the prophets, it that crucified Jesus and it that then multiplied the martyrs; and it will be it that will destroy the Church, when, the Obstacle having been removed, becomes incarnated in a man of satanic greatness, a genial and perverse plebeian, perhaps of the Jewish race, of superhuman intellect, of absolute wickedness, to whom Satan will lend his power and his accumulated fury.

The Church, assisted by the Holy Ghost, hinders that manifestation and reduces it, supported on the human order which the Roman Empire organized into a juridical and political body; but a day will come, which will be the end of this age, when the Obstacle will disappear. The Holy Ghost will perhaps abandon this social historical body, called Christendom, taking away His own with Him to the most utter solitude, giving them two eagle wings to fly to the desert. And then the temporal structure of the existing Church will be taken over by the Antichrist, it will fornicate with the earthly kings ―at least an ostensible part of it, as it has already happened in history― and the abomination of the desolation will enter the holy place. “When you see the abominable desolation enter where it ought not to be, it will then be”.

Will it be the reign of an Antipope or false pope? Will it be the material destruction of Rome? Will it be the enthronement of a sacrilegious cult there? We don't know. We know that the Apocalypse, in describing the Great Whore, indicates with all precision “the city of the seven hills” interpretation given by the angel himself who indoctrinates Saint John,

Ataques al Tomismo. 

Un ensayo histórico-teológico

Por John Lamont

Tomado de. http://rorate-caeli.blogspot.com/2015/01/a-christmastide-gift-for-our-readers.html

Traducido del inglés por Roberto Hope


Tomismo y neomodernismo

I: Progresistas,'manualismo' y tomismo
Quienquiera que tenga alguna familiaridad con el ambiente clerical e intelectual de la Iglesia Católica se habrá topado con la opinión convencional 'progresista' concerniente al tomismo y a su papel en la Iglesia, anterior al Concilio Vaticano Segundo, y concerniente al estado preconciliar de la teología en general.  Sus pretensiones y sus consignas se reiteran continuamente en círculos teológicos y clericales, con poco cambio desde esa época ― la primera mitad del Siglo XX ― en que comenzaron a usarse. A diferencia de las posturas 'progresistas' sobre cuestiones morales, esta opinión convencional ha alcanzado virtualmente el estatus de una pseudo ortodoxia dentro de la Iglesia, llegando algunos de sus componentes a ser centrales para el catolicismo 'conservador'. Su aceptación por los neo-conservadores está evidenciada en una presentación favorable a ellos escrita por el Padre Brian van Hove en la revista Homiletic and Pastoral Review 1, revista que constituye uno de los pilares más antiguos del catolicismo conservador en la lengua inglesa. La presentación de esta opinión convencional toma la forma de un ataque a la encíclica Humani Generis de Pío XII, documento que incomoda a los neo-conservadores. La forma como lo expone es de una manera ingenua, carente de las sutilezas que habría introducido un perspicaz apologista de esa postura, pero es útil por esa misma razón.

Es la versión ingenua de una idea, la versión simplificada y fácilmente accesible, la que llega a adoptarse ampliamente y la que determina los acontecimientos. Esto es conocido por los apologistas perspicaces, que saben que las sutilezas que ellos han introducido para desarmar a los críticos y ocultar sus verdaderas intenciones habrán de ser descartadas una vez que su postura haya triunfado. En conjunto, estos puntos constituyen la ideología que justificó la destrucción de la teología católica preconciliar, y que constituye un apuntalamiento esencial de la hegemonía progresista que controla ahora a la Iglesia. Desenmascarar esta ideología es crucial para superar esa hegemonía. Este artículo y sus dos secuelas están dedicados a la tarea de exhibirla.

Manualismo:
Un componente importante de esta ideología es su ataque al “manualismo”. Este ataque arguye que la teología católica preconciliar consistía en gran medida en una “teología manualista”. Supuestamente esta teología se enseñaba en manuales teológicos y sufría de legalismo, dogmatismo, ahistoricismo, antimodernismo (presumido como una falta) y abstracción.

La idea misma de una “teología manualista” es, sin embargo, una ficción. Se usaban ampliamente, en realidad, manuales teológicos antes de Segundo Concilio Vaticano para el fin para el cual fueron escritos: la educación de los estudiantes.2 Los mejores de esos manuales estaban escritos de una manera excelente para ese propósito, como podrá percatarse cualquier educador que los lea. Pero nunca hubo una escuela de teología basada en esos manuales, y menos una escuela dominante. La teología antes del Concilio se llevaba a cabo con los mismos medios que se utilizan en otros proyectos de estudio académico: monografías, revistas especializadas, tratados extensos. Estas obras, y no los manuales teológicos, eran los medios del desarrollo de la teología pre-conciliar. Si fuéramos a identificar un producto característico de la teología del período que precedió al Concilio, no serían los manuales, sino las grandes obras de referencia tales como el Dictionnaire de Theologie Catholique, o el Dictionnaire de Spiritualité. Los artículos en estas obras con frecuencia equivalían a tratados del tamaño de un libro de más de 100,000 palabras. Incluyen monumentos de erudición sobresaliente que hoy en día no podrían ser reemplazados; la profundidad del conocimiento teológico que se usó en su composición ya no existe en nuestros días ―¡vaya debilidad de la teología pre-conciliar! La idea de una “teología manualista” es una ficción dirigida a sacerdotes cuya formación teológica no pasaba más allá de los manuales que habían estudiado en el seminario. Esos sacerdotes eran la mayoría, especialmente en el mundo de habla inglesa, donde la teología académica era débil. El convencerlos de que lo que habían aprendido en el seminario era la defectuosa y obsoleta “teología manualista”, abría el camino para alejarlos de la doctrina católica que les había sido enseñada.

Tomismo.
Otro artículo del credo postconciliar tiene que ver con el carácter del tomismo, que fue promovido por los papas desde León XIII hasta Pío XII. Las acusaciones que en sustancia se hacen contra el tomismo son que injustificadamente limitaban la teología a un sistema filosófico particular, que la teología estaba forzada a conformarse a ella, y que no era el verdadero pensamiento de Santo Tomás. Estos argumentos juegan un papel subordinado en la crítica del tomismo pre-conciliar, cuyo principal énfasis radica en acusaciones de que el tomismo es “abstracto”, “racionalista”, “ahistórico”, “árido”, “petrificado”, “inmóvil”, “obsesivo”, que "induce a secularidad pura”, “escleróticamente endurecido, teológica, espiritual y eclesialmente”, “causante de una ruptura entre la teología y la vida”, una “máscara de cera”, una “camisa de fuerza” que “reducía a la esterilidad la especulación teológica”. La esencia de esta villana forma del tomismo estaba supuestamente enunciada en las 24 tesis tomistas desarrolladas por destacados eruditos y respaldadas por la Sagrada Congregación de Estudios en 1914 y presentadas como aquéllas que contienen los principios y los principales postulados de la filosofía de Santo Tomás de Aquino.

Las acusaciones sustantivas contra el tomismo pueden desecharse fácilmente. El argumento de que el Tomismo era impuesto en la teología preconciliar carece de fundamento, como puede verse leyendo los textos oficiales que tratan del asunto. Todos estos textos conciernen a la eseñanza de filosofía y teología en las instituciones educativas. León XIII y los papas que lo siguieron habían decidido que era esencial que al clero le fuera dada una formación filosófica sólida, y que la mejor filosofía para formarlo era el tomismo. A fin de alcanzar ese objetivo, decretaron que la formación filosófica en los seminarios y universidades católicas fuera tomista en naturaleza.  Esto hizo necesario dar alguna definición de lo que consiste el tomismo, y estas 24 tesis fueron promulgadas para satisfacer esta necesidad.

Podría plantearse la objeción de que los estudiantes deberían haber aprendido también filosofías competidoras como el kantianismo o el escotismo, en vez de confinar su formación filosófica a un solo sistema. Esta es una propuesta admirable y ciertamente debería seguirse en programas doctorales en las cinco o diez mejores universidades del mundo. Para el seminario y sistema universitario católico era (y sigue siendo) imposible de ponerse en práctica. Lo más que podría lograrse en este sistema o en cualquier sistema universitario promedio es hacer que los estudiantes adquieran alguna comprensión de un tipo de filosofía.  El nivel promedio de los estudiantes y el tiempo disponible para su formación no permite otra cosa ― y aun esta meta es muy ambiciosa y difícil de alcanzar. Éste era el valioso objetivo de la legislación preconciliar para promover el tomismo. No era un intento de imponer el tomismo en la teología en general.

El argumento de que las 24 tesis no representan el pensamiento filosófico de Santo Tomás con exactitud es falso; todas pueden documentarse abundantemente de sus obras. Dan una imagen razonablemente buena de sus principales posturas filosóficas.  La selección de estas tesis es importante para entender la historia subsecuente del tomismo. Fueron seleccionadas con vista a identificar dónde el tomismo difiere de otras escuelas de filosofía católica ― y de manera notable del suarezianismo, la escuela filosófica de los jesuitas. Las 24 tesis ponían a los jesuitas en la posición incómoda de tener que escoger entre la autoridad magisterial y sus propias tradiciones. Aun cuando la Sociedad de Jesús consiguió de Benedicto XV una clarificación de que los jesuitas no tenían prohibido disputar algunas de estas tesis al discutir cuestiones que tradicionalmente se han disputado entre estas escuelas, pero quedaba el caso de que la autoridad eclesiástica había decretado que la educación católica tenía que basarse en principios filosóficos que se oponían al pensamiento jesuita. Esto creó una desaveniencia entre la Sociedad de Jesús y el magisterio que habría de crecer después. Mucha de la oposición al tomismo en la iglesia tuvo comienzo en esta hostilidad de los jesuitas

La debilidad de las críticas sustantivas contra el tomismo no fue impedimento para la campaña anti-tomista, para la cual estas acusaciones no eran más que pretextos. El enfoque de esta campaña y la clave de su éxito fue una labor de propaganda, Esta labor se concentró efectivamente en las metas clave de toda propaganda: envilecer a los oponentes cuya destrucción se busca, crear temor en estos oponentes y exaltar el valor, la bondad y la sabiduría de todos aquéllos que se unían para atacar a los oponentes. El envilecimiento tomó la forma de epítetos como señalamos arriba – ´árida', 'racionalista', 'estéril', etc. – junto con la acusación de que los tomistas denunciaban a católicos leales como herejes, y que hicieron que fueran castigados por la autoridad eclesiástica, a fin de imponer sus particulares, defectuosas, opiniones personales. El temor era dirigido contra la presunta malicia y tiranía de los tomistas y el presunto alejamiento del mundo moderno que supuestamente resultaría si sus ideas obsoletas fueren impuestas o sancionadas oficialmente por la Iglesia. Estos temas negativos llevaban directamente a la glorificación de cualquiera que concordara con ellos y que denunciara a los tomistas y al tomismo; estas denuncias protegían a las víctimas inocentes de denuncias falsas, resistían a la tiranía y promovían un glorioso abrazo de la Iglesia con el mundo moderno.

Esta propaganda era con frecuencia expresada de manera asombrosamente burda en medios intelectuales. Pero un vez que hubo logrado hacer una conexión emocional, esta tosquedad ―como pasa en toda propaganda ― sólo fortaleció su poder. Una vez que ese poder hubo sido demostrado, el temor a ser víctima de él aumentó su fuerza. Ahora que el partido que la impulsa ha adquirido dominancia en la Iglesia, y desterrado la filosofía y la teología tomistas de virtualmente toda institución católica de educación superior, esta propaganda toma una forma retrospectiva. El derrocamiento del monopolio tomista sobre la ortodoxia ― el 'arrasamiento de los bastiones' publicitado por Hans Urs von Balthasar ― y la iluminación y libertad de pensamiento que supuestamente resultaron de este derrocamiento, se presentan como los grandes logros teológicos del Concilio. Las perversidades de los tomistas y su sofocante ideología proveen la razón para descartar sus posturas sin examinarlas y para proceder cual si el movimiento progresista las hubiera reemplazado y constituyera en efecto la totalidad de la teología católica,

El tomismo constituía un blanco fácil para esta propaganda. Todo campo de estudio avanzado, como el de la filosofía, el de las matemáticas o el de la física, pueden representarse como 'áridos' y 'rígidos'. Para los gustos de la mayoría de la gente, esta representación será con frecuencia cierta. Las materias precisas y rigurosas tienen inevitablemente componentes áridos. Debido a que trata de cuestiones fundamentales cuyas respuestas son verdaderas para siempre y en todas partes, la filosofía será siempre 'ahistórica' e 'inmutable'. No satisfará los deseos y expectativas de los individuos o sociedades porque estos deseos y expectativas nunca se dirigen hacia conceptos sutiles y difíciles. Satisfará sus necesidades ― si es verdadera. Pero la demostración de  una verdad filosófica es una débil defensa contra la propaganda.

Esta propaganda está dirigida no solamente contra el tomismo sino contra la filosofía misma, y los opositores al tomismo sólo pudieron utilizarla porque no estaban interesados en la filosofía. Usaban argumentos filosóficos para impulsar su agenda, pero no proponían una alternativa filosófica general al tomismo. No ofrecían explicación alguna de temas centrales de la filosofía ― tiempo, espacio, causa, universal y particular, cuerpo, alma, percepción y demás ― para reemplazar las explicaciones tomistas que ellos habían desechado. La alternativa al tomismo que ellos proponían, el 'tomismo trascendental', con su 'voltear hacia el yo', no contiene un análisis serio de esos temas. Por supuesto, si hubieran tratado de ofrecer una alternativa al tomismo habrían tenido que enfrentar a los tomistas en el terreno del argumento razonado, en el cual los tomistas eran más que capaces de resistir, pues los progresistas se contentaban con hacer la filosofía a un lado en vez de trabarse en ella.

La naturaleza de este rechazo del tomismo ha tenido graves consecuencias. No sólo se trata del rechazo de esas tesis características que propone el tomismo pero que son rechazadas por otras escuelas de pensamiento católico. Se trata de un rechazo general del contenido del tomismo en conjunto. Este contenido es compartido en gran parte con las demás escuelas católicas tradicionales ― y de hecho con la filosofía occidental tradicional en conjunto, ya que el tomismo incorpora muchas de las ideas platónicas y aristotélicas que son centrales a la filosofía. Por supuesto, el rechazar estas ideas básicas significa rechazar la filosofía occidental y el conjunto de la tradición de pensamiento católico, del cual forman una parte esencial. Pero si aceptamos ― como debiéramos ― que la filosofía occidental tiene algún valor, entonces tal rechazo también significa descartar las percepciones filosóficas fundamentales que ella contiene. Este abandono tiene consecuencias para la teología que no dejaron de percibirse por los tomistas que defendían su tradición.

Aun cuando los opositores progresistas del tomismo eran hostiles a la filosofía, su ataque al tomismo no era uno puramente negativo; tenía el propósito de desplazar al tomismo y al legado filosófico católico en general, a fin de reemplazarlo con sus propias opiniones. Estas opiniones, que revivieron los elementos esenciales de la herejía modernista de finales del siglo 19 y principios del 20, necesitan comprenderse a fin de poder entender la situación actual del tomismo y de la iglesia en general.

(continuará)

Bibliografía
1 http://www.hprweb.com/2013/12/looking-back-at-humani-generis/
2 Una lista útil de los principales manuales está incluida en 'The Teaching Authority of the teólogical Manuals', del Padre Joseph Clifford Fenton que puede hallarse en línea en http://www.catholicapologetics.info/modernproblems/vatican2/Manuals.htm.
3 Las 24 tesis estáncontenidas aquí: https://franciscan-archive.org/thomas/24tesis.html.