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lunes, 27 de diciembre de 2021

La Larga Derrota - Parte 4

La Larga Derrota

La Cristiandad y sus defensores, de 1789 hasta el presente. 

Parte 4: 

El 'Otro' Imperio

 
Por Charles A. Coulombe

Tomado de: https://catholicism.org/the-long-defeat-christendom-and-its-defenders-1789-to-the-present-part-4-the-other-empire.html
Traducido del inglés por Roberto Hope 

Junto con Austria, Eslovenia y Chequia, lo que ahora es Alemania formaba el grueso del Sacro Imperio Romano Germánico, que, como hemos visto, fue gobernado por los Habsburgo durante largo tiempo. A diferencia de sus dominios hereditarios, la mayor parte del Sacro Imperio estaba formado - para 1789, de un tapiz de más de 300 feudos hereditarios, estados eclesiásticos, y ciudades libres, Como hemos visto, la Revolución Francesa puso de cabeza a toda la Europa, y a Alemania en particular. Finalmente, luego de la derrota de Napoleón en Waterloo, parecía que el genio había sido metido nuevamente en la botella.

Al mismo tiempo, la época llamada del Romanticismo, movimiento que - aun cuando con el tiempo habría de asumir diversas versiones en todo el Occidente - comenzó en Alemania. Escritores y artistas tales como Novalis, Achim von Amim, Clemente Brentano, Augusto y Federico Schlegel, José Goerres, Gaspar David Friedrich, los hermanos Grimm, y una multitud de otros, combatieron por igual a la Ilustración y a la Revolución en las esferas intelectual y cultural. Reiniciaron el interés en el folclor germánico y en los cuentos de hadas, en la mítica floresta alemana, y en la mitología nórdica. Al hacer eso, despertaron el interés por la Edad Media y también - en la Alemania protestante, en el catolicismo. Hombres tales como Novalis vieron la unidad europea perturbada por la revuelta protestante, y muchos de sus correligionarios románticos abrazaron el catolicismo. Una multitud de escritores políticos, tales como Gentz, Haller, Mueller y von Baader abogaron por la Iglesia y la Monarquía Católica. Durante el período de la Restauración, el Neo-Goticismo y la reacción política fueron dominantes, en tanto que Prusia voluntariamente tomaba el rol de segundo violín al de Austria en la nueva Confederación Germánica que reemplazó al Sacro Imperio Romano Germánico después de 1815.

Ese orden fue roto por las revoluciones de 1815, cuyo logro más notable fue correr del trono a Carlos X - último rey de Francia legítimamente coronado (los revolucionarios belgas también tuvieron éxito en alcanzar la independencia de su país, los revolucionarios polacos no alcanzaron tal suerte). Pero diez años más tarde, el pro-católico Federico Guillermo IV, el 'Romántico en el Trono' se hizo rey de Prusia. Inmediatamente terminó el conflicto de su padre con la Iglesia y concluyó la Catedral de Colonia (cuya construcción había sido interrumpida por la Revuelta Luterana). El nuevo Rey se rodeó de asesores - a quienes llamaban la 'Camarilla' - algunos de ellos evangélicos devotos, como J.F. Stahl y los hermanos (Leopoldo y Ernesto) von Gerlach, y otros de los cuales eran católicos como Radowitz y Reumont.

El año 1848 vio revoluciones por toda Europa, envolviendo todas las nacionalidades de los Austria así como a muchos de los Estados Alemanes. Un parlamento alemán fue convocado en Francfort, sus miembros estaban divididos acerca de la forma que el nuevo Imperio Alemán habría de tomar. Los Conservadores propugnaban por una entidad Gran Alemana que incluyera a Austria; los liberales querían excluir los dominios de los Habsburgo y darle la corona a Federico Guillermo. Él la rechazó y con el tiempo el status quo volvió a Europa Central.

En la siguiente década, sin embargo, la solución de la 'Pequeña Alemania' encontró oposición entre pensadores nordalemanes protestantes tales como Constantin Franz, Heinrich Leo, y Johann Friedrich Böhmer, y católicos como Franz Johann Joseph Bock - todos los cuales estaban inspirados por la memoria del Sacro Imperio Romano Germánico, y no podían imaginar una Alemania sin los Habsburgo a la cabeza. Al mismo tiempo, el crecimiento del proletariado urbano y la miseria acarreada por la Revolución Industrial trajo al frente a proponentes de soluciones para la cuestión social, tales como Wilhelm von Ketteler, Obispo de Maguncia, quien alentaba la formación de sindicatos obreros católicos y de organizaciones sociales católicas.

Inspirador como era todo esto, la muerte de Federico Guillermo IV en 1861 llevó al trono de Prusia a su hermano menor, Guillermo I. El nuevo Rey, a su vez, estaba enamorado de las ideas del liberal Otto von Bismarck, quien era a la vez anti-Habsburgo y anti-católico. Como canciller de Prusia, Bismarck estaba determinado a expulsar a Austria de Alemania y a hacer de Prusia el poder principal en un nuevo imperio alemán. La Guerra Austro-Prusiana de 1866 vio logrado esto, así como la anexión del Reino de Hanover, del Electorado de Hesse Kassel, del Gran ducado de Nassau (cuyo depuesto gobernante, sin embargo, más tarde habría de heredar Luxemburgo) y de la Ciudad Libre de Francfort - capital nominal de Alemania - a Prusia. Las otras Monarquías Germánicas (Baviera, Sajonia, Württemberg, etc) consintieron a la dominación prusiana. Cinco años más tarde, luego de la derrota francesa en la guerra Franco-Prusiana, Guillermo I fue proclamado Kaiser [César] Alemán, y la mitad del sueño de Bismarck quedaba completado. Él seguiría librando una guerra política contra la Iglesia en la Kulturkampf [guerra cultural.]

Bismarck, sin embargo, no habría de proceder sin oposición. Las organizaciones católicas existentes fueron acompañadas por un partido político católico, el Centro. Alentado por von Ketteler, su fundador, Ludwig von Windthorst, era (no para sorprenderse demasiado) también miembro del partido pro-independentista Hanoveriano, el Welfenbund. Asistiéndole estaban August Reichensperger y Hermann von Mallinckrodt. Hallaron aliados en el Partido Consevador Prusiano, y con éxito combatieron las medidas anti-católicas de Bismarck. Con el tiempo, viendo a sus enemigos como aliados potenciales en la lucha de mayor magnitud contra los Socialistas, Bismarck terminó su ataque y se reconcilió con León XIII - quien, en reciprocidad, lo armó caballero. Pero su estrella se estaba apagando rápidamente. En 1888 murió Guillermo, y fue reemplazado por su hijo, que vivió pocos años, Federico III. La muerte de éste, a su vez, llevó a los tronos de Prusia y de Alemania a su hijo, Guillermo II. Teniendo poca necesidad de Bismarck, el Kaiser lo removió menos de dos años después.

El nuevo gobernante era un hombre muy complejo. Por una parte, era extremadamente pro-Británico; su amada abuela materna, la Reina Victoria, literalmente murió en sus brazos. Pero aborrecía y despreciaba al sucesor de ella, su tío Eduardo VII - quien le hacía recíprocos sus sentimientos. Quería que Alemania emulara en sus logros el éxito británico como Imperio de Ultramar, lo cual puso a los dos países en trayecto de colisión. Guillermo quería a su primo Nicolás II, Zar de Rusia, pero a pesar de todos los ornamentos de supremacía con los cuales estaban envueltos sus respectivos tronos, ambos monarcas gradualmente perdieron el control de la maquinaria de gobierno en favor de sus respectivas clases políticas; cuando concluyeron un tratado de alianza luego de una agradable reunión en 1902, ambos de 'sus' gobiernos anularon el acuerdo, con desastrosas consecuencias trece años más tarde.

Religiosamente, Guillermo era un protestante muy devoto. Si no tan de 'Iglesia Alta' como lo había sido su gran tío Federico Guillermo IV, ciertamente se inclinaba en esa dirección - como lo muestran la arquitectura y los adornos de la nuevamente reconstruida Catedral de Berlín. Para afianzar su relación con sus antiguos súbditos que habían emigrado a los Estados Unidos, distribuyó biblias, campanas y otros presentes a muchas iglesias alemanas en los Estados Unidos - muchos de los cuales siguen atesorados hasta nuestros días. Además donó generosamente al naciente Museo Germánico de Harvard en 1905. También cultivó buenas relaciones con sus súbditos católicos. Así como había fondeado a instituciones protestantes alemanas en Tierra Santa, en 1898, Guillermo hizo una donación a la Abadía de Hagia María en Jerusalén.

Al mismo tiempo, corrientes frescas estaban moviéndose en el alma de Alemania. El Pan-Germanismo buscaba atraer a todos los germano-parlantes - incluyendo a los de Austria-Hungría - al Imperio dominado por Prusia; este movimiento también era anti-católico. Como los demás nacionalismos europeos del período, su cuasi-misticismo hacía de la nacionalidad una religión. En cierto sentido, era rival del Movimiento de Reavivamiento católico, por el alma de los alemanes. Ciertamente, en parte bajo la presión del desarrollo del cientificismo, del misticismo en la poesía y de mucho más, se tornó en un tema central en la cultura germánica en vísperas de la Primera Guerra Mundial.

La guerra arruinó a Alemania, ciertamente. Miles de muertes, la economía en ruinas, las posesiones de ultramar perdidas, y todo aparentemente por nada. Además, el Kaiser y los demás príncipes fueron todos depuestos y huyeron. En su lugar, se estableció la República Weimar. Nacida de la derrota, captó la imaginación y el patriotismo de relativamente pocos alemanes. Unos voltearon a la izquierda y abrazaron la visión comunista de una Utopía - de esto surgieron revueltas sin éxito en Berlín y otros lugares, al igual que la poco duradera República Soviética de Baviera. Estas fueron suprimidas por veteranos desmovilizados y estudiantes de derechas en los llamados 'Freikorps.' Con el tiempo, cierto tipo de orden se restauró, y para 1924, la República Weimar parecía ser un estado en marcha.

Pero satisfizo a pocos. en 1918, el Bund der Aufrechen - 'Liga de los Justos' - fue fundada para reinstalar a los Hohenzollern. El católico bávaro Karl Ludwig Freiherr von und zu Guttemberg estuvo activo organizando la restauración bávara - fuera como parte de o independiente de Alemania. Pero muchos pensadores, católicos y protestantes, pensaban que los males de Alemania requerían más que una reinstalación de la Monarquía Guillermana. Un reino a la vez más a tono con la Edad Media y con el futuro: una construcción no meramente política sino también espiritual y cultural era a lo que aspiraban. Desde luego, había muchas ideas diferentes acerca de cómo proceder, pero en conjunto fueron llamadas la 'Revolución Conservadora.' Entre sus luminarias se encontraban Edgar Julius Jung, Ernst Jünger, Heinrich Brüning, Ernst von Salomon, Arthur Moeller van den Bruck, Stefan Geoge, Hubertus von Loewenstein-Scharffeneck, y los austriacos Othmar Spann y Hugo von Hofmannsthal. Juntos aspiraban a construir una 'Alemania Sacra.'

Pero fue un movimiento de la izquierda cuyos dirigentes supieron bien cómo cubrirse de patriotismo quienes acabarían siendo los amos de Alemania - los Nacional Socialistas. Bien llamados 'Bolcheviques de camisa café,' su carismático dirigente, Adolf Hitler, fue capaz de convencer a unos cuantos Revolucionarios Conservadores así como a una buena parte de la opinión más convencional, que él sería el salvador de la país - especialmente después del colapso de la economía alemana. La destitución de Heirich Brüning por el Presidente Hindenburg pavimentó el camino para la subida al poder de Hitler. La mayoría de los Monárquicos y los Conservadores Revolucionarios se oponían a él - y sus sospechas más sombrías fueron confirmadas por los asesinatos de varios de sus miembros en la 'Noche de los Puñales Largos.' El resto se volvió núcleo de la Resistencia Alemana a Hitler; desde sus filas ideológicas surgió Claus von Stauffenberg, héroe de la conjura de julio contra Hitler en 1944. Él murió clamando '¡Viva la Sacra Alemania!' Muchos más perdieron la vida en las secuelas del fracaso de ese atentado.

Después de la Guerra, lo que quedaba de los partidos del Centro y Conservador, fueron unidos para formar el Partido de la Democracia Cristiana bajo la dirección de Konrad Adenauer. Inicialmente, el ala derecha de ese partido estaba formada por esa gente - en particular del Abendländische Bewegung (Movimiento Occidental). Pero en los años 1950s, fuertemente influenciados tanto por los Estados Unidos como por la Unión Soviética (quienes, por diferentes razones, eran enemigas de la Monarquía y de la Revolución Conservadora) fueron pronto hechos a un lado. La 'revolución de 1968' pareció dar al traste con esas ideas.

A pesar de la caída de la Unión Soviética y del desplazamiento de todo el espectro político hacia la izquierda - así como del colapso de la moral que ya es común en Occidente - hay en estos días, alemanes entusiasmados por explorar, retener o aun restaurar elementos de su legado político y cultural. Además de la revista Corona, Tradition und Leben es quizás el grupo monárquico más grande del país, está dedicado al proyecto de reinstalar a los Hohenzollern a las coronas de Prusia y de Alemania, así como las otras casas a las suyas. El Verband der Koenigstreuen [Asociación de Leales al Rey] en Baviera sigue llevando la estafeta por los Wittelsbach. Los primos Hanoverianos de los Windsor también tienen sus defensores, el Welfenbund. Las diversas otras casas soberanas de antaño siguen estando activas, al igual que la nobleza. También hay un pequeño remanente del antiguo Partido Católico de Centro. El Renovatio Institut busca conservar el bien común, contribuyendo a la preservación y renovación de sus cimientos culturales y hallar en la riqueza del legado del pensamiento cristiano occidental, respuestas a los desafíos que enfrenta este legado y las culturas en él basadas," Con ideas similares están los Conservadores Alemanes. La Sección Alemana de la Unión PanEuropea declara que está "comprometida con el Cristianismo como alma de Europa, en particular la imagen cristiana del hombre. La Unión PanEuropea está luchando contra todas las tendencias que destruyen la fuerza espiritual y moral de Europa, el nihilismo, el ateísmo, y el consumismo inmoral. La unión PanEuropea lucha por una Europa Cristiana, eso es, un continente de dignidad humana y de respeto a Dios y a Su creación."

Religiosamente, la Fraternidad de San Pedro y el Instituto de Cristo Rey operan en el país, en tanto que Berlín tiene su comunidad tradicionalista, el Instituto San Felipe Neri. Pro Missa Tridentina y Una Voce son organizaciones laicas. En el frente cultural, la Asociación de Asociaciones Ciudadanas Alemanas es un grupo paraguas de grupos locales de todo el país, que buscan mantener las tradiciones locales; la Federación de Patria y Entorno en Alemania sirve en una función semejante. La Familienbetriebe Land und Forst representa a terratenientes privados, nobles y plebeyos, cuyas raíces en la tierra muchas veces vienen de siglos atrás.

Sufriendo de la misma secularización y demonización de cualquiera que se ubique a la derecha del socialismo que fastidia al resto de Europa, la moderna Alemania está lejos de ser feliz en su propio pellejo. Por una parte, el localismo siempre ha sido muy fuerte, mientras que por la otra, su conexión con el Sacro Imperio Romano Germánico siempre la obliga a ver más allá de sus fronteras, sea para alcanzar la unidad o para conquistar. El influjo islámico masivo de los años recientes ha agregado dificultades al país, como lo han sido las medidas de mano de hierro anti-COVID de la Canciller Merkel. Recemos mucho por un país que ha producido tantos santos y héroes, que algún día vuelva a ser la Sacra Alemania.

sábado, 25 de diciembre de 2021

La Larga Derrota - Parte 3

La Larga Derrota, La Cristiandad y sus Defensores, 1789 al Presente. 

Parte 3 

El Águila Tiene dos Cabezas

Por Charles A. Coulombe

Tomado de: https://catholicism.org/the-long-defeat-christendom-and-its-defenders-1789-to-the-present-part-3-the-eagle-has-two-heads.html

Traducido por Roberto Hope

 
Como vimos en la parte anterior, la Casa de Austria llevó las tradiciones del Sacro Imperio Romano Germánico hasta el siglo XX a través de la relativamente nueva construcción política llamada Austro-Hungría. Conducida a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX y hasta la Primera Guerra Mundial por Francisco José, su último rey-emperador fue el Beato Emperador Carlos, cuya igualmente devota reina-emperatriz es ahora también Sierva de Dios. Después de la prematura muerte del soberano santo, su infatigable esposa guió a sus ocho hijos a través de los horrores de principios del siglo XX. Su hijo mayor, el Archiduque Otto, como vimos, cambió sus esfuerzos, de aquél de restaurar la Monarquía - rota como había sido en trozos étnicos - a el de unificar Europa. La caída de la Unión Soviética permitió, con su ayuda, la entrada de la mayor parte del bloque oriental - incluyendo sus antiguos reinos de Hungría, Chequia, Eslovaquia, Eslovenia y Croacia - a la Unión Europea. Pero eso permitió también el reavivamiento del sentimiento monárquico, que en Austria nunca había muerto enteramente, ni en sus adyacentes fragmentos Habsburgo del Tirol Meridional y Trieste (italianos desde 1918).
Ciertamente, la impronta institucional de los Habsburgo permanece en toda la extensión de sus antiguos territorios, tanto en la Iglesia como en el Estado. A pesar de las tendencias secularizantes de las décadas pasadas, siguen habiendo capillas que funcionan en varias oficinas de gobierno. Tanto turistas como residentes acuden en masa a las residencias de los Habsbugo tales como los Hofburgs de Viena e Innsbruck, Schönbrunn, Eckartsau, Laxenburg, Brandys, Artstetten. la Kaiservilla de Ischl, el Castillo de Praga, Konopiste, el Castillo de Buda, Godolfo, el Castillo de Bratislava, etcétera - y muchas veces llevan las marcas de sus constructores. En el Parlamento Húngaro, la reavivada Guarda de la Corona protege la Corona Sacra de San Esteban, portada por última vez por el Beato Carlos. Los ejércitos de Austria, Hungría, Chequia, Eslovaquia, Eslovenia, Croacia, y aun en cierto grado Polonia, conservan muchas de las tradiciones de la era de los Habsburgo - esto es particularmente cierto entre las unidades de la Guardia Presidencial. Las instituciones culturales y educativas fundadas durante la época de la Dinastía también se regocijan de sus orígenes. Aun en países como Polonia, Ucrania, Rumana, Serbia y Montenegro existe una diferencia significativa en las actitudes políticas y patrones de votación entre las regiones que habían formado parte de Austro-Hungría y aquéllas que no, que los sociólogos han llamado el 'Efecto Habsburgo'.
El Funeral de Estado del Archiduque Otto en 2011, mostró al mundo cuán fuerte permanece el afecto por la Casa de Habsburgo. Como con las exequias de su madre en 1989, el réquiem del Archiduque fue acompañado de diversas unidades militares y guardias civiles restauradas de todo el anterior Imperio (más notables entre las últimas fueron Sankt Veit, la propia Guardia Trabante de Carintia que, agrupadas en sus uniformes alrededor del féretro, traían reminiscencias de la antigua Guardia Imperial). Como suele suceder, esta clase de unidades - como nuestra propia Legión de Comandos Militares Históricos del Centenario en los Estados Unidos - abarcan a horcajadas los campos de la representación y de los ideales del soldado-ciudadano. Hasta hay una Cancillería Militar que sirve de algo parecido a una cámara de compensación entre ellas. Sin duda, muchos de los miembros tienen diferentes grados de lealtad a la Vieja Monarquía; ciertamente están a disposición para cualquier evento que concierna a la Casa Imperial.
Por supuesto, la cabeza de esa Casa y heredero de sus tradiciones es el Archiduque Carlos de Habsburgo. nieto del (hasta ahora) último Emperador. Encabeza varias organizaciones cuyos miembros son más o menos monárquicos: La Orden del Toisón de Oro, un antiguo cuerpo de caballería; la Orden Real y Militar de San Jorge, una organización de caballeros dedicados expresamente a los ideales del Santo; las Fraternidades Estudiantiles Católicas Monárquicas Austriacas; los "Caballeros Europeos del Vino," una asociación de conocedores de las viñas; la Asociación Europea de Tiradores, que comprende grupos de tiradores de arco y de arma de fuego de todo el continente; la rama austriaca de la Unión Paneuropea; el Escudo Azul, que trabaja por defender los tesoros del mundo en tiempos de guerra; la Unión Europea de Paracaidistas (cuyo dirigente refleja su propia rama en el servicio militar); y un número de otras más. El Archiduque tiene un aparato administrativo consistente en un pequeño grupo de personal que sirve para coordinar sus actividades y premiar grupos que él considere meritorios de su patronazgo con el sello "Sub Auspiciis", modelado en su sello personal.
Para marcar su cumpleaños número 60, se celebró un desfile imperial en la ciudad austriaca de Korneuburg (que ese día también se insertó en la ruta cultural 'Vía Habsburg') el 26 de junio de 2021, donde este autor tuvo el gusto de estar presente. Ahí, con la presencia de tantos grupos de reinstauración y los ayudantes, y la participación del Archiduque, el evento se veía y sentía como un acontecimiento oficial en una monarquía. Pero este sentimiento de un 'imperio fantasma' puede experimentarse en cualquier número de eventos por todo lo que fue Austro-Hungría, incluyendo la celebración anual del nacimiento de Francisco José en su pueblo de Ischl, la 'Audiencia con el Emperador Carlos' en Brandys, Chequia, y el Baile del Emperador en Kornueburg mismo. Más que una mera re-creación como las de nuestras Ferias de Renacimiento, estos eventos no solamente invocan el espíritu de la monarquía y recuerdan a los espectadores de lo que habían tenido - también hablan de lo que podría volverse a tener.
Dicho eso, hay ciertamente monárquicos activos tales como Weisse Rose [Rosa Blanca] y la Alianza Negro-Amarilla, que busca reinstalar a Carlos no solamente a su trono austriaco, sino a aquéllos de Hungría, Chequia, Eslovaquia, Eslovenia y Croacia. Haciendo eco de esos esfuerzos en Austria, están el Grupo 'Regnum' de Hungría, el Koruna Czecia en Chequia, el Concilio Real Croata, y varios otros. Por supuesto, entre estas y todas las demás organizaciones hasta aquí mencionadas hay diferencias de opinión con respecto a objetivos, ideologías específicas y - el flagelo de todo grupo - personalidades. Pero, como habremos de ver en otros países, hay una dificultad dominante y básica de círculo vicioso con el monarquísmo en la Europa Central. Por un lado, el papel tradicional del soberano como padre de todo su pueblo, hay siempre un temor de identificase con un lado- Por otra parte, los monárquicos instintivamente ven en el heredero del trono de su país al dirigente y guía en el esfuerzo de restauración. Es un enigma observado tanto tiempo atrás como en la Revolución Francesa, cuando el exiliado Luis XVIII amonestaba a sus seguidores de no ser "más monárquicos que el Rey". Su dirigente, Georges Cadoudal. respondió bruscamente, "si Su Majestad espera recuperar su corona, más nos vale serlo." Es un dilema que en sí mismo parece insoluble.
Sin embargo, como sucedió entre Luis XVIII y Cadoudal - ninguno de los cuales podían haber previsto al momento de ese intercambio las circunstancias que llevarían a la Restauración en 1814, hay otras fuerzas en juego. La primera, desde luego, es la antes mencionada devoción a la santa última pareja Imperial, cuya intercesión por la causa está sin duda continuando en el Cielo como lo fue en la Tierra. El número de santuarios al beato Emperador en sus antiguos reinos sigue creciendo, igual como ocurre en los Estados Unidos, y uno no puede dejar de pensar que esto está teniendo efecto.
Más allá de esto, se hace más aparente en los países medulares de la Europa Central - Hungría, Chequia, Eslovaquia, Eslovenia, Polonia y Croacia - tienen más en común uno con el otro en términos de creencias y de buenas costumbres que lo que tienen con la moralmente corrupta dirigencia de Europa Occidental y de Norteamérica. Además, comparten un temor hacia Rusia. Estos dos fenómenos tienen sus raíces en la experiencia compartida que estos países tuvieron del comunismo, no tienen deseo alguno de que se les re-imponga por las activistas elites de Occidente, ni ser dominadas por un vecino oriental no comunista que esté luchando contra el mismo legado (y conserve una parte del mismo personal). Además, también existe el miedo a la inmigración masiva proveniente del mundo islámico. Emprendimientos tales como Visegrad y la Cooperación de Defensa Centro Europea (que incluye a Austria) bien puede ser el inicio de una unidad más cercana ocasionada por la necesidad.
No obstante, estos países siguen poseídos por el odio étnico agitado por el nacionalismo del siglo XIX y exacerbado por las experiencias del siglo XX. Para superarlas, la necesidad mutua no basta - debe haber algo positivo. Aquí es donde la Casa de Habsburgo y la Iglesia tienen mucho que ofrecer. La resurrección de Austria Hungría como había sido antes es imposible; la creación de una Federación Monárquica Centro Europea - suficientemente unida para mantener a raya a los enemigos extranjeros, pero suficientemente suelta para permitir diferencias nacionales - paradójicamente puede pronto no meramente ser posible sino esencial si estas naciones han de sobrevivir en una forma como la actual. Irónicamente, tal escenario se asemeja mucho a las ideas del Archiduque Francisco Fernando y del beato Emperador Carlos, de unos 'Estados Unidos de la Gran Austria' bajo la dirigencia de Habsburgo. ¡Si tan sólo eso hubiera podido hacerse realidad sin la matanza ocurrida en la Primera Guerra Mundial y las revoluciones y conflictos que la sucedieron!  Puede ser que la reconstrucción, el verano pasado, de la Columna Mariana en Praga destruida en 1918 para demostrar la victoria sobre el Altar Católico y el Trono de los Habsburgo) puede presagiar tiempos mejores.
Y ¿qué decir de Austria misma? Bien, su liderazgo político es tan ridículamente activista como cualquiera en Washington o en Bruselas, y ciertamente mucha de su elite desea ser tan imbécil como cualquiera en Occidente. Pero la triste realidad es que Austria siempre será de décima categoría en Europa Occidental; en cambio, en la Europa Central sí tiene cachet. Una Europa Central resurgente sin duda atraerá a Austria hacia ella - ¡y sin duda la dirigencia austriaca afirmará que la idea fue toda de ella! Aquí hay una gran ironía. A fin de alcanzar el principio perenne de la Dinastía de Habsburgo, de una Europa cristiana, unida, pacífica y libre, el Archiduque Otto llegó a pensar que era más importante tratar de alcanzar el ideal Paneuropeo de católicos devotos tales como Adenauer, Schumann y de Gasperi, que laborar en su propia restauración. Pero siendo las condiciones actuales lo que son, bien puede ser que una reinstalación de los Habsburgo en Europa Central es ahora esencial para construir la clase de Continente que ellos visualizaron.
En el desfile del Emperador en Korneuburg, yo traía conmigo a dos amigos - ambos en sus jóvenes 20s-. Uno era Eslovaco, y el otro del Tirol Meridional (ahora en Italia) de habla germánica. Aun cuando suficientemente amigables el uno con el otro desde antes, viendo marchar las unidades frente al heredero de los Emperadores Habsburgo les llevó a decirme que nunca antes se habían percatado de que eran compatriotas. Para el católico creyente, las tierras del antiguo Imperio - bueno, para ser justos, de toda Europa - se parecen al Castillo de la Bella Durmiente. Uno no debe decir  quién debe besar a quién, qué espada debe sacarse de qué piedra, o que desafío fue lanzado a qué Caballero Verde. Pero si los pueblos de la Europa Central han de seguir siendo ellos mismos, los durmientes deben despertar y los huesos vivir; lo que es ahora un sentimiento debe volverse una causa. Ahora, más que nunca, necesitan el lema de los Habsburgo: ¡Viribus Unitis!

 

(Continuará) 

 

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lunes, 20 de diciembre de 2021

La Larga Derrota - Parte 2

 

La Larga Derrota, La Cristiandad y sus Defensores, 1789 al Presente. 

Parte 2 

Defensores del Imperio

 

Por Charles A. Coulombe

Tomado de: https://catholicism.org/the-long-defeat-christendom-and-its-defenders-1789-to-the-present-part-2-defenders-of-empire.html

Traducido del Inglés por Roberto Hope

Aun cuando veremos cada nación occidental en su turno, es importante recordar que desde el mero inicio de la Cristiandad -  que podemos fechar desde la unión hecha por Cristo del Reinado Davídico con la naciente Iglesia el jueves en que lavó los pies de sus apóstoles - la fe ha tenido un aspecto temporal igual que un aspecto espiritual. Armenia, Etiopía y Georgia, todos ellos se hicieron reinos cristianos antes de que Constantino el Grande otorgara tolerancia para la Iglesia por medio del Edicto de Milán, Sin embargo, fue Constantino quien puso en movimiento el proceso que habría de culminar con el Gran Edicto de Tesalónica de Teodosio, que hizo del catolicismo la Religión de Estado del Imperio Romano, y del Bautismo la inserción no sólo en la Iglesia sino en la Ciudadanía Romana. Por tal razón bien podríamos llamar a Constantino tanto Padre de Europa como Primer Europeo, aunque esos títulos se les dan generalmente a otros. Desde entonces los términos Europa, Occidente, Cristiandad, y el Imperio fueron vistos más o menos coincidentes. He explorado anteriormente estos conceptos en otro artículo en estas mismas páginas.
Por supuesto, la palabra Imperio puede malinterpretarse fácilmente. Lo que nuestros ancestros tenían en mente no era un régimen centralizado como el de Napoleón. Más bien podía no sólo comprender uno o más Emperadores con igualdad de jerarquía, sino también - conforme el Imperio decaía en Occidente - podía también cobijar bajo sus alas teóricas reinos bárbaros separados, tales como los Francos o los Visigodos. Cuando Odoacer depuso al último emperador de Occidente en el año 476 DC, envió la diadema Imperial de regreso a Constantinopla, declarando que, de ahí en adelante, habría otra vez solo un Emperador.
El Emperador Justiniano intentó sin éxito restaurar el Imperio como un Estado unificado - aunque sí logró recuperar el África del Norte, Italia,y una pequeña parte de España. También se hizo coronar Emperador por el Papa, cuya posición él fijó en su famoso código de leyes, "Deseamos que todos los pueblos sujetos a nuestro benigno Imperio vivan en la misma religión que el Divino Pedro, el Apóstol, dio a los Romanos, y que la dicha religión declara que fue introducida por él mismo, y que es bien sabido que el Pontífice Dámaso, y que Pedro, Obispo de Alejandría, hombre de santidad apostólica abrazó, eso quiere decir que, de acuerdo con las reglas de disciplina apostólica y con la doctrina evangélica, debemos creer que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo constituyen una única deidad, dotada con igual majestad y unida en la Santísima Trinidad."
Un siglo después de Justiniano, los Mahometanos arrancaron Siria, Palestina y Egipto. Los Emperadores Bizantinos se volvieron más preocupados por esa amenaza - y la Iconoclasia de varios de ellos planteó una tensión definitiva en su relación con el Papado y el Occidente. Los francos asumieron el papel de protectores del Papa, culminando con el Papa León III renovando el Imperio en Occidente al coronar al Beato Carlomagno. Ese Gran Emperador, que ciertamente merece la veneración religiosa, política y literaria que ha recibido desde entonces hasta nuestra época, así como, después de Constantino, el título de Padre de Europa - fue, sin embargo, la causa del 'problema de los dos Emperadores'. Sin embargo, grande como era ese problema, la perspectiva de la Tradición Imperial tanto en Oriente como en Occidente, tuvieron muchas más similitudes que diferencias entre Oriente y Occidente, y esto seguiría a pesar del Gran Cisma.
Ambos Emperadores, del Sacro Imperio Romano y del Imperio Bizantino, así como posteriormente los gobernantes de Austria y de Rusia, que aducían ser sus sucesores, utilizaron el Águila de Dos Cabezas como una poderosa representación simbólica del hecho de que litúrgica y filosóficamente, todos ellos afirmaban desempeñar el mismo papel de sucesor de los Césares, dirigente temporal de todos los pueblos cristianos alrededor del mundo y principal protector laico de la Iglesia de Cristo — en pocas palabras el mismo papel que para él veía Constantino el Grande, consagrado por el Papa San Silvestre I. Quizás quien mejor simboliza esta perspectiva fue el Emperador del Sacro Imperio Romano Otto III. Descendiente de dos santas y una sierva de Dios  (las santas Matilde y Adelaida, y la Emperatriz Theofania de Bizancio), en su breve vida intentó sin éxito revivir el imperio enteramente en línea con sus dos líneas de ascendencia imperial, Fue a su vez sucedido por su primo San Enrique el Emperador, y la consorte de éste, Santa Cunigunda. La dinastía se extinguió en una llamarada de santidad.
La primera vez que esta Res Publica Christiana en Oriente y Occidente intentaría funcionar como un cuerpo conjunto con un objetivo común fue de hecho la Primera Cruzada; quizás el último fue la Liga Santa de 1684, Tomadas en conjunto, las Cruzadas en Tierra Santa, en España y en otros lugares fueron a la vez el punto más alto y el más bajo de este ideal. No demasiado sorprendente, fue de entre aquéllos más profundamente interesados en esta luchas que vinieron muchos de los intentos de terminar el Cisma entre Oriente y Occidente - los emperadores Bizantinos Alexios I, Manuel I, Miguel VIII, Juan V, Manuel II, Juan VIII, y, por supuesto, el último - Constantino XI, quien ha sido declarado beato. Pero sus esfuerzos fueron de tanto en cuanto igualados por Emperadores de Occidente, Conrado III, Federico I, el ambivalente Federico II, Carlos IV, y más notablemente, Segismundo. Éste mencionado al último, con todo y que no fue capaz de terminar el Cisma de Oriente, recuperar Tierra Santa, o sacar a los turcos de Constantinopla, fue no obstante capaz de acabar con el Cisma de Occidente. Gracias a haber convocado al Concilio de Constanza, fue capaz de reducir de tres a uno el número de individuos que afirmaban ser el Papa.
El Papa Pablo, que había tomado a los herederos Bizantinos bajo su protección en Roma, negoció el matrimonio entre la sobrina del beato Constantino XI, Sofía, y el Gran Duque Iván III de Moscú. Los sucesores de Iván de ahí en adelante, reclamaron haber heredado la sede del Imperio de Oriente para ellos, Moscú era la Tercera Roma. Pero si los rusos pensaban que llevaban la mano en aducir ser los sucesores del Imperio Romano, la Casa de Habsburgo reafirmaría tener ese derecho en Occidente. Debido a una serie de matrimonios afortunados, el heredero Habsburgo de Austria, Bohemia, Hungría, los Países Bajos, Borgoña, España y su nuevo Imperio Americano y mucho más, en 1517 Carlos V fue electo como Emperador del Sacro Imperio Romano (ganándoles al Rey Francés, Francisco, y al propio Enrique VIII de Inglaterra, de esa manera subrayando que en cierto sentido, el Imperio incluía toda la Cristiandad de Occidente). Sus viajes en paz y en guerra lo llevó por todas las porciones europeas de los reinos que tenía alrededor del mundo. Él fue el primero de quien pudo decirse que en sus dominios el sol nunca se ponía.
Pero eso no duró mucho tiempo, no sólo se aliaron los franceses con los turcos, sino que la Revuelta Protestante también ocurrió durante su reinado - ambos desgajando de la fe a la Europa del Norte y desgarrando la unidad espiritual del Imperio. Las tensiones así desatadas no sólo resultaron en guerras civiles y derramamientos de sangre en Francia, en los Tres Reinos de las Islas Británicas, en Escandinavia y en otras regiones, y dio lugar a la sangrienta Guerra de los Treinta Años. El Sacro Imperio Romano sobrevivió la Guerra - pero a costa de dejar que su desunión política y espiritual, y la de Europa en conjunto quedara consagrada en la ley.
Sin embargo, hubo figuras que soñaron con restaurar esa perdida unidad. Abarcando desde tales consejeros de Carlos V como el Cardenal Gattinara hasta el filósofo alemán Gottfried Wilhelm Leibnitz (quien aspiraba, junto a la restauración de la unidad política, también la de la unidad religiosa; no obstante ser protestante, él afirmaba haber probado la verdad de la transubstanciación por medio de las matemáticas). Pero ay, éstas ideas, a nada llegaron. Ciertamente, la Ilustración corroyó las creencias en todos los tres sectores del mundo cristiano, y al final, la Revolución Francesa estalló y redujo el Continente a escombros. De esas cenizas surgió Napoleón, quien intentó hacer de sí mismo un nuevo Carlomagno; en esto fracasó. Pero para impedirle reclamar la corona existente del Sacro Imperio Romano, el incumbente de la Casa de Habsburgo, Francisco II, abdicó al trono e intentó disolver el Imperio. De ahí en adelante, él sería Francisco I, y él y sus sucesores serían solamente "Emperadores de Austria."
Pero la pregunta surgió inmediatamente de si este acto era legal. El Visconde Bryce señala: "Gran Bretaña en 1806 se había rehusado a reconocer la disolución del Imperio. Y puede ciertamente sostenerse que en cuestión de derecho, el Imperio nunca se extinguió en absoluto, sino que vivía como un tipo de espíritu incorpóreo. Pues es claro que, hablando técnicamente, la abdicación de un soberano destruye solamente sus propios derechos, pero no disuelve el estado sobre el cual él preside. Quizás el Elector de Sajonia podría legalmente, como Vicario Imperial durante un interregno, haber convocado a que se reuniera un colegio electoral y eligiera un nuevo Emperador." Bryce, The Holy Roman Empire p. 416, nota o.) Qué es lo que hizo tan importante el que Gran Bretaña se hubiera rehusado a reconocer el acto del Emperador es que su Rey, en esa época Elector de Hanover, tenía voz en el gobierno del Imperio y voto en la elección de cualquier futuro Emperador. En gran medida el mismo caso ha sido planteado por Klaus Epstein:
"Aun cuando no hay duda de que Francisco tenía el derecho personal de abdicar a la Corona que ya no deseaba portar, ciertamente no tenía poder constitucional para disolver el tejido de obligaciones del Imperio en sí. El imperio, como todos los estados soberanos, había sido formado con la intención de seguir a perpetuidad, y el emperador había jurado mantenerlo de la mejor manera que estuviera al alcance de sus posibilidades. Violó el juramento de su coronación cuando declaró el imperio disuelto, y omitió consultar al Congreso reunido en Ratisbona sobre este procedimiento altamente irregular. Uno puede argüir, por lo tanto, que la orden de ejecución del Imperio fue técnicamente ultra vires [más allá de su poder] y consecuentemente nulo y sin validez, y el imperio legalmente siguió existiendo después de 1806." (The Genesis of German Conservatism, p. 668)
No obstante eso, los ruegos de diversos terceros (incluyendo el Papado y los prusianos) no se hizo intento alguno en el Congreso de Viena por revivir al Sacro Imperio Romano Germánico. En lugar de ello, una Confederación Germánica fue creada para más o menos tomar su lugar político, y una Alianza Quíntuple de Austria, Rusia, Prusia, Francia y Gran Bretaña fue creada para reforzar el así llamado "Sistema de Congreso" que duró lo que duró la Restauración - hasta 1830. Recayó en el Zar Alejandro I de Rusia - heredero, como él se consideraba, de Bizancio - el tratar de encontrar una base religiosa para la nueva Europa. El resultado fue la Santa Alianza. Con todo, el Sultán, el Papa, y el Príncipe Regente de Gran Bretaña rehusaron unirse (cada uno de los tres por razones diferentes), todos los demás príncipes europeos sí se unieron.
Aun así, el sistema se desvaneció gracias a renovadas revoluciones, la Guerra de Crimea, las Guerras de Unificación Alemana e Italiana, y demás. Lo que surgió para mantener la paz fueron dos distintos bloques de poder - la Triple Alianza y la Triple Entente. Esto duró hasta 1914 y la Primera Guerra Mundial. Aquí los herederos de la Tradición de Habsburgo - los Archiduques Francisco Fernando y Carlos - habrían jugado un papel clave de no ser porque el primero haya sido asesinado y el otro constreñido por circunstancias fuera de su control (la esposa de Carlos, Su Graciosa Majestad Zita, de ancestría portuguesa, francesa, española e italiana, acentuaba su orientación hacia Occidente). Ambos deseaban no solamente federalizar Austria Hungría, sino hacerse aliados de países tales como Gran Bretaña y Rusia, a fín de afianzar la independencia de Alemania de su país. Su visión sin duda habría asegurado la paz en Europa por un tiempo considerable.
Como resultó, la guerra dejó a Europa en ruinas; la paz dictada por Woodrow Wilson reemplazó la estabilidad de Austro-Hungría con raquíticos estados que los sucedieron - tan plagados de problemas de nacionalidad como lo habían estado sus predecesores, pero sin el efecto estabilizador de los Habsburgo y de la Iglesia Católica. Alemania fue reducida a la inestable República Weimar, y las naciones 'victoriosas' fueron desangradas en extremo. Con el tiempo, estas dificultades se acentuaron con la Gran Depresión y el surgimiento de dictadores que culminó en la Segunda Guerra Mundial. Muchos intelectuales europeos de inclinación conservadora temían que el Continente Madre fuera dividido en esferas por sus dos hijos más grandes y más poderosos - los Estados Unidos y la Unión Soviética.
No de sorprender, aun cuando esas ideas podían haberse encontrado en cualquier país, muchas vinieron de Alemania y Austria, cuyos intelectuales conservadores casi instintivamente volvían a la idea Imperial como una manera de crear una Europa que estaría lo suficientemente suelta como para permanecer independiente y suficientemente descentralizada para permitir que todas las regiones desarrollaran sus propias identidades. Pero, como habremos de verlo repetidamente en esta serie, la afinidad de ideas muchas veces es anulada por choques de personalidad o de temperamento. En el período de entreguerras esta irritable compañía incluía nombres tales como Karl Anton de Rohan, Richard von Coudenhove-Kalergi, Gonzague de Reynold, Denis de Rougemont, Jean de Pange, Hubertus von Lowenstein-Scharffeneck; Hugo von Hofmannsthal, y muchos otros. Algunos, como von Coudenhove-Kalergi, contemplaban edificar una clase de "Estados Unidos de Europa;" otros, visualizaban un "Occidente" - Abendland, como lo llaman los alemanes - más medievalmente inspirado.
Aún cuando la Segunda Guerra Mundial habría de forzar a estos pensadores a elegir entre colaborar con, o resistir a, los Nazis, las secuelas de ésta llevaron a hombres influidos por sus ideas a posiciones de poder o, por lo menos, a niveles de prominencia. La primera variedad incluía a Alcide de Gasperi, Robert Schuman, y Konrad Adenauer, cuyos intentos de llevar la enseñanza social católica a influir en la política modificada de la postguerra, produjeron lo que se llama "Democracia Cristiana", pero también esperaban infundir una Europa Unida con tales valores - conscientemente invocando la memoria de Carlomagno - sirvieron como fundadores de lo que se ha convertido en la Unión Europea. Charles de Gaulle - y en menor grado, Winston Churchill - compartían sus opiniones.
El principal de una variedad de personajes influyentes pero carentes de poder, era el Archiduque Otto von Habsburg, hijo de Carlos y Zita. Imbuido con el alcance Pan-Europeo de la historia y los ideales de su familia, había adquirido un sentimiento "europeo" mientras estuvo en el exilio en Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, Pero, por supuesto, él también veía la unidad europea en términos de la "idea imperial," como una clase de revivido Sacro Imperio. Para ese fin, durante los años 1950s, trabajó con grupos y publicaciones tales como el Abendländische Bewegung [Movimiento Occidental], su publicación Neues Abendland, y el Centre Européen de Documentation et d'Ínformation. Colaborando con el Archiduque en este emprendimiento, para construir una Europa que fuera católica, tradicional, y suficientemente fuerte como para repeler el comunismo, había un impresionante reparto de académicos, intelectuales y otros, sacados de todas partes del Continente. Los dos primeramente nombrados sucumbieron ante lo que ahora llamaríamos una "campaña de cancelación," dirigida por la revista alemana de izquierda, Der Spiegel. Él también prestó apoyo a esa legendaria revista norteamericana, Triumph. Pero en 1972, el Archiduque llegó a presidente de la Unión Paneuropa de von Coudenhove-Kalergi. Desde ese púlpito, no sólo siguió promoviendo su idea para Europa, sino también para recordar a sus lectores . y al Parlamento Europeo luego de su admisión en esa institución - de la existencia del Bloque Soviético que, después de todo, segúia siendo parte de Europa. Fue el co-inspirador y co-iniciador del "Pícnic Peneuropeo" en 1989, que tuvo un efecto enorme en la caída de la Cortina de Hierro. Habiendo alcanzado ese logro, prestó su influencia para un rápido acceso a la Unión Europea de las naciones liberadas, tan pronto como fuera posible.
Desafortunadamente, conforme pasaron los años, tanto la Unión Europea como la Democracia Cristiana sufrieron un cambio radical - en pocas palabras, la fe se esfumó de ambas, y ha sido reemplazada por el hedonismo burocrático que conocemos demasiado bien en los Estados Unidos. Desde la muerte del Archiduque en el 2012, se ha vuelto irreconocible. Muchos grupos de derecha que habrían coincidido con él en la mayoría de los aspectos, rechazaron la Unión Europea como resultado de ello. Pero hay otros que, rechazando lo que se ha vuelto la Unión Europea, de todas maneras quieren que vuelva a su orientación original - o si no, queren reemplazarla a nombre de la verdadera Europa Cristiana. De manera que veamos dos de éstos:
La Unión Paneuropa persevera, con secciones nacionales en la mayoría de los países europeos. Plantea su postura sobre el papel de la fe en Europa muy claramente: "El cristianismo es el alma de Europa. Nuestra misión está caracterizada por la imagen cristiana del hombre y por el imperio de la ley. Apelando a los valores comunitarios europeos, la Unión Pan-Europa se opone a toda tendencia que erosione la fuerza intelectual y moral de Europa."
En Italia está la Asociación "Identita Europea." que tiene un programa semejante, pero también ve mas lejos: "Alentando una Identidad Europea no tenemos la intención de promover una 'cultura occidental' que absorba y disuelva todas las diversidades en un intento de nivelación. Por el contrario, nuestro objetivo es agrandar esta identidad más allá de las fronteras de Europa, así recuperando aquella gran parte de nuestro continente 'que está fuera de Europa' - de la Argentina al Canadá y de Sudáfrica a Australia - que ven al viejo continente no como un distante ancestro sino como la verdadera patria." El símbolo de la organizción es el Chi Rho o crismón, cuyo uso se explica así: "Adoptando el crismón como símbolo y haciéndolo propio, la Identidad Europea tiene el propósito de subrayar cómo su vocación está basada en la conciencia de la cercana relación que hay entre la vocación ecuménica del Imperio Romano, la cultura cristiana universalista y el espíritu europeo, y cómo el tercero representa la continuación medieval y moderna de las dos primeras. El crismón se refiere al tema del Reinado de Cristo y a su título de 'Hijo de la Justicia,' que significa que no hay paz, no hay orden civil, donde no hay Justicia en primer lugar."
Como se encuentra ahora, tanto las raíces católicas de Europa como su misma identidad están severamente amenazadas hoy en día por varios factores. Hablando humanamente, el Continente Madre debe recuperar la fe que la edificó si es que habrá de sobrevivir. Los actuales dirigentes de la Unión Europea hablan de 'valores europeos.' Pero donde en el occidente esa frase es tomada por la dirigencia como que significa Infanticidio, Pornografía, Confusión de género y todo lo demás - en la Europa Central esa misma frase significa Fe, Familia, Patria, Legado, etcétera. Si esta ultima perspectiva habrá de prevalecer, las naciones de la Europa Central deben trabajar en conjunto - y dadas las mutuas antipatías a pesar de su ethos compartido - esto requerirá el mismo aglutinante que los mantuvo unidos anteriormente, el Altar Católico y el Trono de los Habsburgo. Si la Europa Central logra hacer eso, será tanto un ejemplo a seguir como un catalizador para el resto del Continente Madre. Una vez que Europa vuelva a sus cabales, seguramente nuestras naciones hijas de ultramar habrán de seguir el ejemplo. Siendo todo eso el caso, en nuestra siguiente parte habremos de examinar el Monarquismo de hoy en día en el viejo Imperio de Habsburgo.

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(Continuará)

martes, 30 de noviembre de 2021

La Larga Derrota

 La Larga Derrota

Por Charles A. Coulombe

Tomado de: https://catholicism.org/the-long-defeat-christendom-and-its-defenders-1789-to-the-present-part-1-to-begin-with.html


Parte 1: Para comenzar.

"Ciertamente soy cristiano y, de hecho, católico romano, de modo que no espero que la 'historia' sea otra cosa que una 'larga derrota' — aunque contiene (y en la leyenda puede contener más clara y emotivamente) algunos ejemplos o destellos de una victoria final"

— (J.R.R. Tolkien, Cartas 255).

Hay una larga historia que contar que evidencia nuestras luchas de ahora — sea esto en los campos de la religión, de la cultura, o de la política, y que tiene expresiones locales en todo país que en alguna época se haya considerado cristiano — incluyendo nuestros propios Estados Unidos. Es la historia de cómo una pequeña región entre el Atlántico y los Urales se expandió alrededor del mundo y, en el ínter, perdíó su espíritu — aunque ciertamente no como resultado de esa expansión. Por pérdida de espíritu, no quiero decir abandonar algún paradisíaco estado de perfección en todo. Más bien, quiero decir que, habiendo partido de los principios más verdaderos y de las aspiraciones más altas que jamás haya tenido civilización alguna, acaba no sólo descartándolos sino adoptando sus peores opuestos. Varios autores han tratado de contar esa misma historia, pero yo intento hacer algo distinto. Yo me enfoco, no en los malignos cambios en sí mismos, sino en la oposición a ellos que ha habido a lo largo de la historia. Ese lado de la historia raramente deja escucharse — y nunca ha sido tratado como un fenómeno transnacional coherente.

Aunque el año de inicio mencionado en el título es 1789, el conflicto en Francia que estalló en ese año no podía haber sucedido sin que antes ocurriera la revuelta de Lutero en 1518 y las guerras que surgieron de ella. Esta revuelta no solamente desgarró en girones la unidad religiosa de Europa. También hizo pedazos la noción de Cristiandad — de los Estados que aceptaban el Catolicismo y que constituían la mayor parte de Europa, representando una difusa unidad supranacional no obstante sus disputas y sus guerras. Ciertamente, esta unidad del Sacro Imperio había sido interrumpida por una desunión con el Este Cristiano — el cisma que aparecía y desaparecía y que surgió por primera vez en 1054, varias veces era sanado y volvía a explotar, hasta que al fin quedó sellado en 1462 por un Patriarca de Constantinopla designado por el Sultán, nueve años después de haberse tomado la Ciudad Imperial (lo cual había tenido como resultado la muerte del último Emperador de Bizancio, Constantino XI). Ciertamente, el continuo peligro que representaban los turcos fue una causa principal que contribuyó a la imposibilidad del Emperador Carlos V, de lograr un avance duradero contra los protestantes y, además de esos dos enemigos, estaban los franceses bajo Francisco I — que con Enrique VIII — habían contendido como candidatos a la elección imperial misma. Ahí comenzaron dos siglos de rivalidad que dieron como resultado la supervivencia del protestantismo luego de la Guerra de los Treinta Años. El acercamiento entre los Habsburgo y Francia que tuvo lugar en 1756 ocurrió dos siglos demasiado tarde.

No obstante, hubo intentos locales de terminar el conflicto pronto; tres confederaciones de príncipes alemanes católicos intentaron la empresa — las Ligas de Dessau, Halle y Nuremberg. Pero los príncipes del norte de las primeras dos fueron sucedidos por herederos protestantes, y el tercero fue derrotado por Carlos V. Una Liga Católica renovada habría de luchar al lado de sus sucesores, Fernando II y Fernando III en la Guerra de los Treinta Años contra los alemanes protestantes, los daneses y los suecos. En Suiza, los católicos resistieron la revuelta protestante en la Primera y Segunda Guerra Kappel, y más tarde, en la Primera y Segunda guerra Villmergen. En Francia, una sangrienta guerra civil religiosa se desató, en la cual la Santa Liga resistió a los hugonotes hasta que, después de un tiempo, el dirigente de éstos últimos se convirtió y se inició un gobierno católico sobre la destruida nación. Dinamarca vio la Contienda de los Condes; Islandia, la Batalla de  Sauðafell; Suecia, las rebeliones Dalecardiana y Westrogothiana y la Guerra Dacke; y Noruega, los Sitios de Hamar y Steinvikholm. Irlanda fue desgarrada por sucesivos conflictos entre los católicos irlandeses y protestantes nativos y extranjeros: las Guerras Desmond y la Guerra de los Nueve Años, por mencionar sólo éstas dos, en tanto que Escocia vio a María Reina de Escocia perder su trono y su vida por la fe. La rebelión de Bigod, la Peregrinación de Gracia, y los levantamientos del oeste y del norte sacudieron a Inglaterra. Todas estas tensiones se subsumieron en las Guerras de los Tres Reinos, que vio Carlos I, nieto de María, perder sus tres coronas, una tras otra, y luego su vida, ante el odioso Oliverio Cromwell. La restauración lograda por su hijo mayor, dio un respiro, su hijo menor, Jaime II fue depuesto en Inglaterra en 1688 y el año siguiente en Escocia, y finalmente derrotado en la batalla del Boyne en Irlanda. Luego siguieron los tres alzamientos Jacobitas de 1715 (en Escocia e Inglaterra), 1719 y 1745. Por cerca que el último llegara a ver al Gentil Príncipe Carlos restaurar los Tres Reinos a su padre, fracasó — y, con ese fracaso, murieron las últimas esperanzas políticas católicas, aun cuando el último heredero  directo de los Estuardo, Henry IX, Duque de York, Cardenal de la Iglesia Católica, no moriría hasta 1807. 

Para entonces, mucho había cambiado. Los primeros dos usurpadores Hannoverianos no hablaban inglés, o lo hablaban poco, pero Jorge III fue "glorificado en nombre de Inglaterra," y reconocido como Rey de la Gran Bretaña, Irlanda y sus colonias por el Papa Clemente XIII. Favoreciendo inicialmente la Emancipación Católica, fue responsable de la Ley de Quebec de 1774, que liberaba a sus súbditos canadienses de las Leyes Penales; también firmó en 1778 la primera Ley de Alivio Católico (Ley de Papistas) en la misma Inglaterra. La primera contribuyó grandemente a la Rebelión que estalló en las Trece colonias al año siguiente y que fue denunciado en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos. La segunda causó revueltas en Escocia y los Disturbios de Gordon el año siguiente. Para entonces, debido a que la Francia y la España católicas habían intervenido del lado de sus rebeldes súbditos en Norteamérica, el Rey se volvió en contra de la Emancipación Católica, sintiéndose traicionado por sus hermanos soberanos. Aun así, su ayuda fue esencial para llevar a efecto la Independencia de los Estados Unidos. También destruyó el intento de Jorge de derrotar a la oligarquía de los Whigs en Inglaterra. Como lo expresa Eric Nelson en The Royalist Revolution (La Revolución Realista) luego de que terminó la guerra y de haberse redactado debidamente la Constitución, en un lado del océano habría una monarquía sin rey, y del otro un rey sin monarquía.

Ay del Rey Luis XVI, aunque ganó la guerra contra los ingleses, su victoria fue pírrica. No sólo puso al país en quiebra, sino que muchos de los oficiales que prestaron sus servicios en Norteamérica trajeron de regreso ideas subversivas. Cuando hizo erupción un volcán de Islandia en 1788, mató muchos cultivos en Francia, provocando una hambruna que ha pasado a la historia como "La Gran Hambruna". En tiempos normales, el Rey habría vaciado los graneros reales o importado grano extranjero para alimentar a las regiones afectadas. Pero el dinero había sido gastado en América, y por lo tanto, se vio forzado a convocar una Asamblea de Notables para ayudarle a decidir cómo reunir los fondos necesarios. Habiendo sido incapaces de llegar a una decisión, recomendaron al Rey que convocara a una sesión de los Estados Generales — cosa que no había sucedido desde 1614. Así lo hizo al año siguiente..

De esto habría de resultar la Revolución Francesa, que a su vez habría de resultar en el asesinato de la Familia Real y de hundir al país en sangre. Los revolucionarios habrían de esparcir su derramamiento de sangre a todos los países de Europa, y del caos habría de surgir Napoleón, quien continuaría con las guerras hasta 1815. Una extenuada Europa habría de intentar una Restauración, de la misma manera como los Tres Reinos lo habían intentado en 1660 — y con poco éxito al final de cuentas. Aun así, un gran número de elocuentes escritores contra-revolucionarios emergieron de las filas de aquéllos que habían resistido el mal en sus propios países. El asentamiento de la Restauración fue exterminado en Ibero América en los años 1820s, se desmoronó en Francia y Bélgica en 1830, murió en guerras civiles entre las ramas de las familias reales en España y en Portugal, y explotó enteramente en el resto de Europa en 1848. Aun cuando se reconstruyó de nuevo en la Europa Central luego de esta última convulsión, las guerras de unificación en Alemania y en Italia, crearon dos nuevas monarquías liberales, aunque acabaron la de Napoleón III y la antiquísima soberanía temporal del Papa (a pesar de los esfuerzos de los Zuavos Papales y de otros). Todo este tiempo, la Revolución Industrial transformó la sociedad urbana, creando un miserable proletariado pobre en muchas ciudades, que probaría ser un campo fértil para el recién aparecido Marxismo, que prometía un paraíso terrenal destruyendo lo que quedaba del Altar y del Trono, así como originó la burguesía liberal que los reemplazó. En respuesta, y edificando sobre la obra de los escritores contra-revolucionarioa a que acabamos de referirnos, surgieron varios movimientos sociales católicos y otros movimientos sociales conservadores, así como partidos políticos y sindicatos obreros católicos. Coronados como fueron estos esfuerzos con las encíclicas de León XIII, fueron interrumpidos por la Primera Guerra Mundial.

La sangre y el horror de esta guerra destruyó el imperio Austro-Húngaro, y la Alemania y la Rusia Imperial. El vacío de poder y las penurias económicas desatadas sobre la tierra de los primeros dos países, fueron superados por el surgimiento de la dictadura comunista en el tercero. El período de entreguerras vio un enorme aumento en la acción política católica, así como lo hizo la resultante Gran Depresión. Pero la aparición de los Grandes Dictadores y la Segunda Guerra Mundial forzaron a los adherentes católicos y/o conservadores políticos a elegir entre apoyar a los Camisas Cafés Bolcheviques de Hitler, o aliarse con los secuaces de Stalin en la Resistencia (a la cual los comunistas no llegaron hasta que Hitler hubo invadido la Unión Soviética en 1941, antes de la cual, los Rojos colaboraban con los Camisas Cafés). Si elegían el primer camino, su efectividad habría de ser destruida en 1945. Si elegían el segundo, se habrían vuelto irrelevantes luego del Vaticano II y de las rebeliones de 1968.

No obstante lo cual, mientras el Imperio Soviético permaneció intacto, las elites de Occidente se vieron obligadas a darles por su lado a los "valores cristianos". Pero la caída del 'Imperio Maligno' de 1989 a 1991 eliminó la necesidad de seguir haciéndolo, y en menos de una generación, esas mismas elites comenzaron a impulsar rápida y furiosamente la transformación de sus sociedades en algo irreconocible, sobre las cuales tendrían un control completo. Al mismo tiempo, sin embargo, no solamente el año del bicentenario cumplido en 1989 llevó a un re-examen del supuesto triunfo de la libertad por parte de muchos, sino también vio el Funeral Imperial de Estado de su Graciosa Majestad la Emperatriz Zita, y el resurgimiento de la Europa Central. Con ésta última, también salieron de las sombras muchos partidarios del Antiguo Orden que habían sobrevivido al terror comunista.

Ahora, en 2021, las cosas lucen más bien desoladoras; la combinación de un horrible liderazgo tanto de la Iglesia como del Estado ante el Covid, las revueltas, y muchas otras locuras, así como el cada vez mayor discernimiento de que Occidente se halla en una era postdemocrática, lleva a muchos a la desesperación. Para otros, hay una gran tentación de lanzarse a profetizar, creyendo que éstos han de ser los Últimos Tiempos. Ahora, ciertamente, yo estaría feliz de ver la venida del Gran Emperador y, lo que es más, sería un gran placer que el Rey Arturo retornara, o lo hiciera cualquiera de los demás héroes durmientes que el folklore de varios países europeos nos asegura que habrán de volver cuando su pueblo más los necesite. Ciertamente, el Hijo del Hombre habrá de llegar como un ladrón en la noche, y ningún hombre sabe el día ni la hora. Éstos pueden ciertamente ser los últimos días, y los signos y portentos apropiados para ellos pudieran estar a la vuelta de la esquina — de la misma manera como los Milagros Eucarísticos nos recuerdan que la era de los milagros no ha cesado.

Pero lo más sabio es no descansar por anticipado en las profesías, sino hacer lo mejor que podamos aquí y ahora; si estamos cumpliendo con nuestro deber, habremos de encontrar los papeles apropiados que desempeñar si nuestros esfuerzos han de ser subsumidos en las luchas más grandes. Hay mucho que cada uno de nosotros puede hacer en el tiempo que Dios nos ha dado. Lo primero es lo que nos da la Fe — la práctica de las obras de misericordia corporales y espirituales; emplear devociones tales como la Adoración Eucarística, el Rosario, el Via Crucis, y otras semejantes. Podemos oír misas latinas o del Ordinariato Anglicano y las liturgias de los diversos Ritos Orientales — y apoyar al clero, las órdenes religiosas, y las parroquias que los promueven.

En el frente político. la reciente elección en los Estados Unidos, robada o no, no puede sino deprimirnos. Pero hay muchas cosas que podemos hacer a nivel local, una de las más importantes y, sin embargo, descuidadas por nosotros, es la defensa de nuestro legado local — y esto es mucho más importante de lo que normalmente pensamos. El sitio de Internet del pequeño pueblo francés de Sèvres-Anxaumont contiene una magnífica definición de la herencia local en general: 

"Cuando hablamos de legado, pensamos inmediatamente en el legado edificado, o sea en las iglesias, los castillos, las hermosas mansiones de años pasados. También incluimos generalmente lo que se llama el 'legado pequeño', específicamente las cruces, los monumentos funerarios, los lavaderos antiguos, las chozas si es que todavía las hay.

"Pero muchas cosas más constituyen el legado. Esto es el caso, en primer lugar, del paisaje geográfico y en particular el relieve, pero también los cauces de agua y el clima, porque estos elementos en gran medida condicionan el paisaje — que es modificado también por intervención humana,

"La flora es también parte de nuestro legado. Esta incluye tanto la que crece de manera espontánea, como las flores y las plantas que se cultivan en algún lugar particular. De manera que las pequeñas orquídeas locales merecen nuestra atención tanto como los grandes castaños que están en proceso de declinación. La fauna local es también parte de nuestro legado, sea la fauna silvestre que comprende desde los grandes animales de caza hasta los insectos del jardín, o los animales domesticados y sus razas criollas adaptadas a la tierra.

"La gente que nos precedió también debe llamar nuestra atención. Pueden ser personalidades que han influenciado la vida local o la nacional. Es igual de importante el conocer de las generaciones de gente modesta que han dejado su marca en el territorio. Su forma de vida, sus actividades profesionales, su mentalidad, han dejdo rastros duraderos. Por esto es que tenemos un interés en mirar hacia nuestra historia local en relación con la historia nacional. De modo que, pongámonos a conocer mejor todo lo que queda de la actividad agrícola y de la actividad industrial, así como del dialecto, que muchas veces revelan formas de pensar, leyendas y canciones populares, recetas de cocina.

"Percatándonos de todos estos elementos, entenderemos mejor de dónde venimos y quiénes somos, seremos más capaces de respetar y proteger este legado y, habiendo añadido nuestra propia contribución, podremos pasarla más fácilmente a las futuras generaciones."

Yo agregaría que este magnífico patrimonio del cual somos herederos y que por fuerza somos sus custodios, debe verse no meramente como reliquias de una gloria pasada, sino como los sillares para construir un mejor futuro — en nuestro barrio urbano o en nuestra aldea rural; en nuestra  provincia, estado o región; en nuestro país, En el Occidente Cristiano, desde San Francisco hasta Vladivistok (de aquí mi interés en el esquema de Rutas Culturales del Consejo de Europa); y por cierto, en el mundo en conjunto (que es por lo que hallo los programas de la Unesco y de la FAO del Mundo, de lo Intangible, de la Biósfera; y del Legado Agrícola, entre los pocos que vale la pena investigar.) Sea el folklore y la danza, la cascada local, las sociedades literarias, o los esfuerzos de sociedades nobles o hereditarias para conservar sus tradiciones, merecen el poco apoyo que podamos darles — y por qué resulta tan horroroso cuando los progresistas meten su nariz en estas cosas. Aun cuando no son tan importantes como nuestros esfuerzos religiosos, ciertamente los complementan y, a su manera, son más importantes que cualquier esfuerzo político meramente de partido. Haced algo de exploración, sea en línea o en la realidad — ¡esto por lo menos interrumpirá el tedio del Covid!

Pero más allá que esto — aun cuando extrañamente conectado a ello en sus países — en Europa y en otras partes todavía existen quienes se adhieren al Altar y al Trono de cada uno de ellos. Exploraremos cada uno haciendo una rápida crónica de las erupciones de la 'Fuerza Espantosa' [a que e refiere CS Lewis en 'La Abolición del Hombre' N. del T] que todos encaramos ahora, y más particularmente, algunos de los individuos y grupos que se oponen a ella. Después repasaremos la situación actual de esas gentes. Considérenlo como el diario de un viaje por la Contra-Revolución — y ¿quién quita? podremos acabar llegando de regreso a los Estados Unidos.


(Continuará)

jueves, 18 de enero de 2018

¿Tierra de los Hombres Libres? 4

 ¿Tierra de los Hombres Libres? 

Una Perpectiva Católica sobre la Historia Norteamericana


Por Charles A. Coulombe


Tomado de la introduction al libro 'Puritan's Empire',  por Charles Coulombe
Traducido del inglés por Roberto Hope


 Parte 4 y final


África

La parte del África más cercana a América, el África Occidental, es naturalmente la que tendría la conexión más cercana con el Nuevo Mundo, a través de la trata de esclavos. Dividida entre pueblos innecesariamente en guerra tales como los Ashanti, Fanet, Dahomey y Benin,   la costa del África Occidental era sin embargo una rica fuente de oro. 

En 1471, los portugueses llegaron a lo que pronto llamaron la Costa de Oro (el Ghana de nuestros días) y en 1482 construyeron ahí el Castillo Elmina, el primero de cuatro fuertes locales diseñados para impedir que otros europeos comerciaran en la región. De este depósito esperaban enviar el oro a Europa en vez de hacerlo por la mahometana África del Norte. En esa ocasión en particular, estaba presente un manino italiano llamado Cristóbal Colón

Los pequeños estados locales tenían otra costumbre interesante. Peleando continuamente como lo hacían, capturaban muchos prisioneros. A éstos vendían como esclavos, generalmente a los estados musulmanes del Norte, y particularmente a aquéllos en el Sudán. Pero, por supuesto, el cambio de dirección del flujo del oro de estos países redujo su capacidad para comprar esclavos. Por suerte para los reyezuelos costeños, el descubrimiento del Nuevo Mundo pronto habría de proveer una salida completamente nueva para su mercancía.


Asia

Pero ¿qué hubo del Asia, del rutilante Lejano Oriente que los portugueses habían esperado llegar por mar navegando hacia el oriente y Colón navegando hacia el poniente? En el Siglo XIII Marco Polo había llegado a la corte del Khublai Khan, gobernante mongol de China. De entonces en adelante, el comercio y la comunicación por tierra entre Europa y China creció por cerca de un siglo, tiempo durante el cual se establecieron diócesis católicas. Siendo extranjeros ellos mismos, los emperadores mongoles de China fueron amigables con los europeos. 

Pero en 1368, fueron expulsados del país y la nativa dinastía Ming asumió el trono. China, expansionista bajo los Ming, resolvió convertirse en una potencia marítima. De 1407 a 1431, el almirante Cheng Ho navegó las aguas del Océano Índico. Visitó puertos del Africa Oriental y de Arabia y redujo al vasallaje a muchos de los países del Sureste de Asia. Esto fue el principio de la masiva emigración china a esas regiones, de las cuales la posterior emigración a nuestra Costa Occidental fue, con el tiempo, un resultado. 

Pero los emperadores posteriores no consolidaron las conquistas de Cheng Ho. Además, los intereses navales de China yacían hacia el sur y el oeste, no el este, donde merodeaban los fieros piratas japoneses. Aun cuando, como se insinúa arriba, algunos chinos pudieron haber llegado al nuevo mundo en una época u otra, la China de 1492 no estaba interesada en lo que hubíera más  allá del Japón.

Japón mismo, en un estado de guerra civil produjo como marinos sólo piratas que estaban únicamente interesados en capturar naves chinas, desalentando de esa manera el interés chino en dirección suya, causando que voltearan hacia el oeste. El resto del Asia Oriental estaba demasiado dividido para preocuparse de lo que pudiera haber más allá del horizonte oriental. Si los occidentales estaban interesados en Asia y no podían desplazar a los turcos del control de las tradicionales rutas terrestres,entonces tenían que encontrar ellos mismos una ruta marítima.


Conclusión

Esta, pues, era la situación del mundo el 3 de afosto de 1492 cuando Cristóbal Colón y su minúscula flota de tres carabelas se hicieron a la mar en el Puerto de Palos. Ellos no se daban cuenta, ni tampoco ningún otro humano sobre el planeta, pero el mundo  estaba por iniciar una gran revolución. Esas tres pequeñas naves, la Niña, la Pinta y la Santa María llevaban como carga el futuro del mundo, la civilización de la Cristiandad y la fe católica. No sólo las Américas habrían de recibir estos beneficios, como resultado de ese viaje, sino Asia y África también, pues los esfuerzos portugueses para no quedarse atrás de España ,os llevó a proseguir más ávidamente en dirección al Este: Además, la primera piedra de nuestro propio país fue plantada ese día de verano en España.

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domingo, 14 de enero de 2018

¿Tierra de los Hombres Libres? 3

 ¿Tierra de los Hombres Libres? 

Una Perpectiva Católica sobre la Historia Norteamericana


Por Charles A. Coulombe


Tomado de la introduction al libro 'Puritan's Empire',  por Charles Coulombe
Traducido del inglés por Roberto Hope


 Parte 3

Las Américas

Debido a una ausencia de registros escritos, un velo cubre la cara de la América pre-colombina. Aun cuando existe la creencia general entre los académicos de que hubo poco o ningún contacto entre las Américas y el resto del mundo, algunos estudiosos sostienen lo contrario, La historia de las Américas es tan o aún más interesante desde este punto de vista. En el artículo “México” en la Catholic Encyclopedia (tomo X, p.252) hay una relación fascinante de la religión mexicana pre-colombina. Algunas de sus tradiciones son cercanamente paralelas a varias narraciones del Génesis, y representan los restos de la revelación original dada a los primeros hombres. Pero otros elementos tienen un origen posterior.
En la historia de las naciones del antiguo México, la venida de Quetzalcóatl marca una era separada. Se dice que venía de la provincia del Pánuco, un hombre blanco  de gran estatura, frente amplia, pelo negro y largo, y vestido con una túnica cubierta de cruces blancas y rojas. Casto, inteligente, amante de la paz, versado en las ciencias y en las artes, predicó con el ejemplo y su doctrina una nueva religión que inculcaba el ayuno y la penitencia, amor y reverencia a la Divinidad, práctica de la virtud y odio al vicio.
Llegó a predecir la llegada de hombres blancos en un lugar y época particulares (que casualmente resultó coincidir con aquéllos de cuando vino Cortés) que derrocaría  a sus antiguos dioses. Fue desterrado y pasó a Yucatán con el mismo mensaje; entre los Mayas fue llamado Kukulcán. De su época data en ambas regiones la veneración de la Cruz por los nativos, y en varios lugares se practicaban ritos que él había introducido, que evocan el bautismo, la confesión y la comunión. Los Mayas que practicaban esto llamaban al pan Toyolliatlacual “alimento de nuestras almas”. El autor del artículo supone que Quetzalcóatl fue un sacerdote noruego arrastrado fuera de curso quizás de los viajes nórdicos. Otros sugieren que era algún discípulo del irlandés San Brandán el Navegante, o quizás el propio santo. Sea cual fuere el caso, las implicaciones de la canción escrita por Cauich, Sumo Sacerdote de Tixcayón antes de que llegaran los españoles son claras:
Habrá de venir el signo de un dios que habita en lo alto
Y la cruz que iluminó al mundo se hará manifiesta
La adoración de dioses falsos dejará de ser
Vuestro padre viene, Oh itzalanos! 
Vuestro hermano viene, Oh itzalanos!
Recibid vuestros huéspedes barbudos del Este
Que vienen a traer la señal de Dios 
Es Dios quien viene a nosotros, humilde y santo
Es interesante notar que Nuestra Señora se apareció en Guadalupe en el atuendo tradicional de una princesa india. Esta aparición en 1531 fue la señal para una conversión masiva. El antiguo Perú también tuvo una figura como Quetzalcóatl, Viracocha, que se decía que era un viejo barbudo que vestía una túnica y llevaba un báculo.

Los Vikingos, cuando eran todavía paganos, habían perseguido a monjes irlandeses fuera de Islandia. Al asentarse en Groenlandia, hallaron evidencia de que el mismo grupo los había precedido y luego huido hacia el occidente. Según la Epopeya de Vinlandia, los indios que los noruegos encontraron más tarde en la costa de Norte América les informaron de hombres blancos barbados que, vistiendo túnicas, llevaban cruces en procesión. Los vikingos supusieron que éstos eran todavía más de los mismos. Ellos mismos mantuvieron una diócesis en Groenlandia desde el siglo décimo hasta los años 1400s, cuando la colonia Groenlandesa pereció. Por supuesto, no tenemos manera de conocer qué labor misionera llevaron a cabo, de haber habido alguna, sea de manera colectiva o por medio de individuos solitarios.

Además existe la famosa historia de Madoc ap Owain Gwynedd, el legendario Príncipe Galés que muchos sostienen que condujo a una partida de colonos a Norte América en 1170. Las leyendas de “indios blancos” que llevaban misales hechos trizas, crucifijos, rosarios, etc. parecen tener alguna base en hechos. Monedas romanas (que en aquél entonces circulaban en Gales) se han descubierto en Kentucky donde un grupo así se rumoraba que que existía cerca de Louisville en el siglo XVIII. Lewis y Clark se sorprendieron mucho de la apariencia caucásica de muchos de los indios Mandan; el artista George Gatlin, quien vivió entre ellos antes de su casi destrucción por la viruela, y los conocía mejor que cualquier otro hombre blanco, sostenía que su lenguaje contenía una gran cantidad de palabras galesas. Cual haya sido el caso, las Daughters of the American Revolution consideraron que la historia tenía suficuente prueba para eregir un monumento a Madoc en el supuesto lugar de su desembarco en la Bahía de Mobile.

Hay más supuestos rastros de visitas de japoneses, chinos, africanos y hasta fenicios a costas americanas, anteriores a Colón, Pero independientemente de que tales viajeros hayan llegado o no, fue Colón quien comenzó el movimiento que habría de hacer de América una parte integral de la civilización de Europa.

Ya había, sin embargo, civilizaciones en las Américas: la sangrienta teocracia de los Aztecas, y el despotismo de hormiguero de los incas. Lo que sea que le hayan debido a contactos con el viejo mundo, eran ciertamente lo suficientemente distintas. Muchas otras civilizaciones, los Olmecas de México, los Chimus del Perú, y por supuesto los Mayas de Yucatán, habían surgido y caído. En Norte América, una cultura semejante, llamada “Constructora de Montículos” (por los enormes montículos que construían) o “Mississippiana”, que para el año 850 DC había alcanzado prácticamente el mismo nivel tecnológico que alcanzaron los incas o los aztecas. Pero algunos cientos de años más tarde comenzó a desmoronarse bajo presión de las tribus de las Planicies y de los Bosques. Para cuando llegaron los Europeos, los indios de Natchez sobrevivían como un remanente solitario, así como los Byzantinos lo fueron de Roma. Es interesante que así como el Inca era llamado “Hijo del Sol”, el caudillo de los Natchez se llamaba “El Gran Sol” 

Los Indios de Norte América en la época del descubrimiento eran mucho más primitivos que sus contemporáneos aztecas o incas o que sus predecesores Mississippianos. Las tribus mas establecidas, tales como las del Sur y las del Noreste, cultivaban calabaza, frijoles, maíz y calabacitas. Los Indios de las Planicies, careciendo de caballos (ya que éstos no llegaron hasta que los trajeron los españoles) vivían vidas sedentarias en cabañas enclavadas en los bancos de los ríos. En el lejano oeste, los indios de California vivían vidas miserables, subsistiendo principalmente de bellotas y conejos (los fuegos que las tribus locales encendían para ahuyentar a los conejos de sus madrigueras en el área de Los Ángeles le trajeron a esa futura ciudad su primer smog). Los indios del NorOeste vivían relativamente cómodos. Éstos últimos se hicieron famosos por los potlaches, festejos en los que los anfitriones regalarían la mayoría de sus bienes a sus invitados.

Era un continente abundante en caza, bisonte, venado, alce, conejo, paloma viajera, guajolote, y muchos otros animales y aves llegaban a las alacenas de las tribus, así como diversas plantas silvestres, y los cuatro cultivos básicos arriba mencionados. Más al sur se  cultivaba el cacahuate, el chocolate, la papa. Su introducción posterior al resto del mundo (del cual estaban ausentes) habría de causar una gran revolución en la dieta de varios países del viejo mundo al igual como la importación de comida y plantas europeas ocasionaría en las Américas.

En todo caso, sucedió que en la época del descubrimiento no había naciones indígenas capaces de presentar una resistencia real a los europeos fuera de los Aztecas y los Incas. La sed de sangre de los primeros y la rígida conformidad interior de los segundos mermaron seriamente su capacidad para defenderse contra cualquier cultura tecnológicamente superior con la cual ellos quisieran entrar en contacto.


(Continuará)
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sábado, 13 de enero de 2018

¿Tierra de los Hombres Libres? 2

 ¿Tierra de los Hombres Libres? 

Una Perpectiva Católica sobre la Historia Norteamericana


Por Charles A. Coulombe


Tomado de la introduction al libro 'Puritan's Empire',  por Charles Coulombe
Traducido del inglés por Roberto Hope


 Parte 2 

Europa

La Europa de 1492 era un continente en pleno cambio. En Occidente, el Catolicismo reinaba supremo desde Islandia hasa Rusia. De muchas maneras, los ideales de la Cristiandad Medieval permanecían, aunque sacudidos por el Gran Cisma (con el escándalo de tres papas reinando al mismo tiempo) y el Renacimiento (con su redescubrimiento de la literatura y de la moral paganas). La Edad Media estaba impregnada de catolicismo de una manera que el mundo jamás vio — antes o después. Esto no significa que fueran perfectos o que los hombres fueran menos pecadores de lo que son ahora. Lo que sí significa es que tenían más claros sus objetivos que lo que lo tuvieron sus ancestros o sus descendientes: Como lo observa Kenelm Digby, en Mores Catholici. “el objetivo declarado de todos los gobiernos en épocas de fe era el de alcanzar la gloria de Dios y la paz en la tierra a los hombres de buena voluntad." La religión católica no admitía otros objetivos.
Todo el estado estaba fundado en el tipo pacífico del mejor reinado. El carácter pacífico de la majestad real era una idea religiosa que emanaba de lo que se creía que eran los tronos y dominaciones celestiales, pues era un ejercicio devocional de reparación de los pecados de ira, pasión y venganza, para ofrecer a Dios la benevolencia y tranquilidad de los tronos: La religión cristiana había puesto todo en su lugar, de manera que la jerarquía de los hombres era tan completa como la de los ángeles, en el orden mostrado por Dionisio. Como en éste, los tronos van después de los serafines y de los querubines; así también en el estado, a la fuerza física se le consideraba después del amor y de la ciencia. En la antigua escultura cristiana, las dominaciones que comandan a los ángeles, y los principados que mandan sobre los hombres, están representados con coronas y cetros, pero las potestades que rigen a la raza satánica se representan con una lanza y un escudo, pues el demonio sólo cede ante la fuerza. Por lo tanto, la corona y el cetro eran símbolos del poder real, y la máxima era “Es más de reyes conseguir la paz que forzar condiciones mediante la coacción”
Por esta razón, el rey tenía tres papeles; en cierto sentido, tenía un carácter semi sacerdotal, conferido en su coronación. Él era en primer lugar el defensor de la Iglesia en su reino. Era suyo un tipo de carácter sub-diaconal, y varios reyes eran con frecuencia tradicionalmente canónigos de una o varias de sus ciudades catedralicias Los reyes muchas veces desempeñaban papeles litúrgicos, como el del lavado de pies el Jueves Santo, ocupaban un lugar de honor en la procesión de Corpus Christi, y otras; y en la Misa se decían oraciones especiales por ellos. En unos cuantos casos se creía que poseían poderes milagrosos. Así, los reyes de Inglaterra y de Francia curaron la escrófula (llamada “el mal de los reyes”); el rey de Dinamarca curó la epilepsia, el rey de Hungría, la ictericia, y del Emperador del Sacro Imperio Romano, sucesor de Carlomagno, se decía que tenía cierto control sobre el clima (por ello en Alemania, al clima cálido agradable se le llama Kaiserwetter). A los ancestros de Isabel de España, los reyes de Castilla, se recurría por los poseídos para su exorcismo, como podemos leerlo en la obra de Álvarez Pelayo de 1340 Speculum regum escrita para el Rey Alfonso XI.
Se dice que los reyes de Francia y de Inglaterra poseen un poder sanador; así mismo, los reyes más piadosos de España, de los cuales ustedes descienden, poseen un poder que actúa sobre los endemoníados y sobre ciertas personas enfermas que sufren de males diversos. Cuando era un niño pequeño, yo mismo vi a tu abuelo, el Rey Sancho, [Sancho II, 1284 – 1295], quien me crió, poner su pie  sobre la garganta de una endemoniada, quien procedió a lanzarle insultos, y luego, leyendo unas palabras tomadas de un librito, expulsar a los demonios de esta mujer y dejarla perfectamente curada. (citado en The Royal Touch por Marc Bloch, p 88).
El segundo papel de su Majestad era el de juez supremo. La Magistratura de la Corte de la Reina es una reliquia que queda en los países miembros de la Comunidad Británica — de hecho, nuestra misma palabra Corte da reconocimiento a la época en que el rey se sentaba a juzgar casos, con todos sus principales hombres sentados alrededor suyo. Sin embargo, no podía ser arbitrario, cada una de sus provincias debía ser gobernada de acuerdo con sus propias leyes — o el Derecho Romano si era aceptado ahí. La ley era considerada algo inmutable, que podía ser descubierta pero nunca creada. Esto era tan cierto que los Assises de Jerusalén, el código legal del Reino Latino de Jerusalén, fueron declarados que constituían una recuperación de leyes anteriores más que una nueva creación para un reino nuevo. Tampoco estaba el Rey por encima de la Ley, leyes tales como la Magna Carta o las Bulas de Oro no eran consideradas nuevas limitaciones del poder del rey, sino más bien el retorno a un equilibrio que había existido previamente. Ya que el Rey tenía poco poder bajo su mando, debía ya sea escuchar casos en su propia residencia o enviar jueces a las distintas provincias de su reino, investir con poder judicial a varios de los notables locales La falta de un verdadero ejército permanente generalmente reducía su capacidad de disciplinar a los nobles ofensores a la de declararlos fuera de la ley que facultada a cualquier otro noble que fuera lo suficientemente fuerte a atacarlo.

Esto último nos lleva al tercer papel del Rey; el de caudillo militar. Era el jefe de cualquier soldadesca que pudiera tener a la mano: si deseaba irse a la guerra con una nación vecina o ir a una cruzada, tenía que convocar a sus principales nobles con sus estipendios o contratar mercenarios. Estas dos eran con frecuencia proposiciones peligrosas. Así fue que hasta la Guerra de los Cien Años, vemos poco de guerras  importantes entre reyes cristianos, aun cuando había mucho de guerras locales entre barones.

El papel del Rey era como el de un director de orquesta: Un rey bueno como San Luis pudo beneficiar a sus súbditos en gran medida por la fuerza de su personalidad; un mal rey era generalmente incapaz de hacer más que hacerles desagradable la vida a sus cortesanos. ¡Lo mismo podría decirse de los ejecutivos en jefe de hoy en día! Los reyes reunían cortes a su alrededor. Éstas consistían de los amigos y servidores del gobernante y de los grandes hombres de su reino. Uno piensa de inmediato en la Mesa Redonda del Rey Arturo, los Paladines de Carlomagno, y los guerreros agrupados alrededor de Hrothgar en Beowulf, Pero los muy atenuados descendientes de esos grupos pueden hallarse en estos días en instituciones tales como el Consejo Británico de Asesores Privados del Monarca y el Concejo de Estado de Dinamarca. Dentro de estas bandas amorfas, el Rey desempeñaba sus principales funciones: observando los ritos de la Iglesia, decidiendo casos judiciales que se le llevaban, y ocasionalmente decidiendo sobre acciones militares.

Conforme avanzaba el tiempo, estas funciones particulares se volvieron más especializadas y con el tiempo se desarrollaron en forma de quasi-departamentos o ministerios de estado. De este simple inicio se han derivado las grandes administraciones centrales que ahora conocemos. Con el tiempo éstas acabaron con los Reyes. Hoy en día sólo la mayormente ceremonial casa real británica y la pragmática Curia Romana sobreviven en algo parecido a su forma original.

Es importante recordar que, así como la Cristiandad era un cuerpo único en materia religiosa, también lo era así en asuntos temporales. Esto fue resumido admirablemente por James, Visconde de Bryce, en su obra The Holy Roman Empire (pp. 102-105)
La filosofía realista, y las necesidades de una época cuando la única noción de orden religioso y civil era el sometimiento a la autoridad, requería que el Estado Mundial fuera una monarquía: la tradición, así como la existencia continuada de una parte de las antiguas instituciones, daba al monarca el nombre de Emperador Romano. Un rey no podía ser un soberano universal, pues había muchos reyes: el Emperador debía ser universal pues nunca había habido más de un emperador: En tiempos más antiguos y más luminosos había sido el verdadero señor del mundo civilizado: la sede de su poder estaba colocada a un lado de la del autócrata espiritual de la Cristiandad. Sus funciones se verán más claramente si las deducimos a partir del principio rector de la mitología [como la califican los ignorantes] medieval, la correspondencia exacta de la tierra con el cielo. Como Dios, dentro de la jerarquía celestial gobierna a los benditos espíritus en el Paraíso, así el Papa, Su vicario, elevado por encima de los sacerdotes, obispos, y metropolitanos, reina sobre las almas de los hombres mortales aquí abajo. Pero como Dios es Señor de la tierra así como del cielo, así también debe Él (el imperator celestis)  ser representado por un virrey terrenal, el Emperador (Imperator terrenus) cuya autoridad debe ser de y para la vida presente. Y como en este mundo presente el alma no puede actuar salvo por medio del cuerpo, cuando sin embargo el cuerpo no es más que un instrumento y medio para la manifestación del alma, debe entonces haber un gobierno y un cuidado de los cuerpos de los hombres como lo hay de sus almas,.pero subordinado siempre al bienestar de aquel elemento que es el más puro y más duradero. Es bajo el emblema de cuerpo y alma que la relación del poder papal e imperial se nos presenta a lo largo de la Edad Media.
El Papa, como vicario en asuntos espirituales, ha de conducir a los hombres a la vida eterna; el Emperador, en asuntos temporales, debe controlarlos en sus tratos unos con otros, a modo de que puedan desarrollar sin molestias su vida espiritual, y de esa manera lograr el mismo fin supremo y común de felicidad perdurable. A la luz de este objetivo, su deber principal es mantener paz en el mundo, mientras que ante la Iglesia, su puesto es el de Abogado o Patrón, título tomado prestado de la práctica adoptada por iglesias y monasterios de elegir a algún barón poderoso para proteger sus tierras y dirigir en la guerra a sus aparceros. Las funciones de Abogado son dobles: una, doméstica, de hacer a los cristianos obedientes al sacerdocio y ejecutar los decretos sacerdotales sobre los herejes y los pecadores; la otra, foránea, de propagar la fe entre los paganos, sin escatimar el uso de armas carnales. Así el Emperador responde en cada punto a su anti-tipo, el Papa, pero su poder es de jerarquía menor, creado en analogía con el poder papal. Así pues, la Santa Iglesia Católica y el Sacro imperio Romano son una y la misma cosa, vistos desde ángulos distintos; igualmente, el catolicismo, el principio de la sociedad cristiana universal es también Romanismo.

Esto tiene una referencia específica  a nuestro propio Continente. Gary Potter lo define admirablemente en términos modernos
Las palabras expresan ideas y algunas de las que ahora se citan probablemente serán enteramente ajenas a cualquiera que no esté familiarizado con la historia anterior a hace unas cuantas décadas: “emperador del mundo”, “oficina imperial”... no es aquí el lugar para exponer toda la historia que debe conocerse para comprender las nociones completamente. Sin embargo, la principal fue presagiada por Nuestro Señor mismo en la última orden que recibieron de Él sus seguidores: hacer discípulos de todas las naciones. En una palabra, la idea de una comunidad cristiana universal es de lo que estamos hablando.
Hasta la fecha, nunca ha existido. Hoy en día ni siquiera hay un gobierno cristiano en parte alguna del Orbe. Sin embargo, desde la conversión de Constantino hasta agosto de 1806 — con una interrupción (en Occidente) desde Rómulo Augústulo en 475 hasta Carlomagno en 800 — existió el Imperio. Fue el corazón de lo que en un tiempo se conocía como la Cristiandad. Bajo su eje se iniciaron serios asentamientos en el Hemisferio Occidental y los nativos americanos fueron bautizados por primera vez, lo cual es la razón de que el penacho de Moctezuma esté en un museo en Viena.
La primera vez que la Cristiandad había emprendido la colonización de un territorio fuera de la Europa Occidental fue durante el curso de la primera cruzada en 1099. En esa época aun cuando las nacionalidades modernas de Europa ya existían, sus miembros se reconocían, por lo menos teóricamente, subordinados a su obediencia común al Sacro Imperio Romano, la Res Pública Christiana. Aun cuando varios de los ejércitos de la Primera Cruzada fueron dirigidos por lorenos, franceses, normandos ingleses, y normandos italianos, y en días posteriores por gobernantes alemanes, franceses e ingleses conducirían  a multitudes de cruzados multinacionales a Tierra Santa, nunca se planteó la cuestión de anexar las nuevas tierras a alguno de los reinos constituyentes del Imperio. En lugar de eso, las tierras liberadas del dominio turco se organizaron en forma de estados cruzados independientes; el Reino de Jerusalén y sus condados vasallos de Edessa, Trípoli y Antioquía.

Siendo la propiedad común de la Cristiandad, el Reino de Jerusalén fue organizado como un estado feudal  prototípico. Por todo eso, el Rey fue coronado en la Basílica de La Natividad en Belén, sus poderes eran limitados. Sus tres funcionarios principales, el senescal, el mariscal y el encargado del orden, cada uno esgrimía un poder considerable. Los señores de los feudos que lo constituían, reunidos en la corte superior, constituían un fuerte control de la voluntad del rey,  como lo era la corte de los Burgueses a la cual pertenecían ciudadanos de distintos poblados. El Patriarca de Jerusalén, y los Grandes Maestres de las tres órdenes militares (los caballeros templarios, los caballeros hospitalarios y los caballeros teutones) eran colocados de manera semejante. En resumen el historiador debe concordar con la descripción que Donald Atwater hace de la administración del reino como “un buen ejemplo, sabio, justo y moderado.”

Pero este primer intento de colonización habría de fracasar. La desunión interna podría quizás haber podido remediarse. Pero la creciente desunión nacional de los estados de la Cristiandad, cuyo esfuerzo común era esencial para la supervivencia del Reino, lo arruinó. Para 1291, las últimas ciudades ocupadas por los cruzados habían caído. Con la excepción del Mandato Británico de 1918-1948, Tierra Santa ha estado fuera de manos cristianas desde entonces.

Esta desunión continuó: llevó a la fratricida Guerra de los 100 Años entre Inglaterra y Francia, la Guerra de las Rosas en aquélla, luchas constantes entre Güelfos (partidarios del Papa) y Gibelinos (partidarios del Imperio) en Alemania e Italia, y al fin al Gran Cisma en el propio papado. La misma fricción entre las naciones centralizantes emergentes llevaron directamente a la caída de Constantinopla ante los turcos en 1453 y permitió a éstos ocupar toda Europa al sur del Río Danubio.

Pero para 1492 muchas de estas diferencias ya habían sido acalladas: el muy calumniado Papa Borgia ocupaba el trono de Pedro; Federico III, el último de los emperadores en haber sido coronado en Roma, reinaba en Viena. Carlos VIII de Francia se había casado con Ana de Bretaña, uniendo su territorio — el último gran feudo independiente — al trono francés. En Inglaterra, Enrique VII, primero de los Tudores, estaba imponiendo unidad en el imperio, luego de haber derrotado y muerto al legítimo rey Ricardo III en 1485. Mientras todos estos hombres trataban de consolidar sus respectivos reinos. centralizando el poder bajo las administraciones reales que acabamos de comentar, Fernando e Isabel de España, habiendo unido a Castilla y Aragón con su matrimonio, estaban terminando la antigua lucha contra los moros, El año de 1492, vio la caída del último baluarte moro, Granada, ante los españoles. Las Islas Canarias, Azores y Madeira, para ese año ya habían sido descubiertas y colonizadas parcialmente. Un marinero italiano, Cristóbal Colón deseaba ir más lejos en esa dirección y abrir nuevas rutas comerciales con el Lejano Oriente; éstas reemplazarían a las que estaban ocupadas por los turcos, y permitirían expandir la Fe a regiones hasta entonces desconocidas. Librados del problema moro, Fernando e Isabel tuvieron ls disposición de apoyarlo.

Los portugueses, en el curso de los años 1400, habían estado ocupados explorando. Bajo el patronazgo del hermano del rey, el Príncipe Enrique el Navegante (1349-1460), las Azores, Madeira y Cabo Verde fueron descubiertas como ya lo mencionamos. Marineros portugueses siguieron el viaje hacia el sur a lo largo de la costa africana, hasta que en 1486, Bartolomé Díaz descubrió el Cabo de Buena Esperanza. El Oriente estaba esperando. Pero debe observarse que el Príncipe Enrique no estaba interesado solamente en el comercio con el Lejano Oriente. Como Gran Maestre de la Orden de Cristo (la rama portuguesa de los Templarios que sobrevivió cuando esa orden fue suprimida), puso sus naves y marinos a investigar la fortaleza del Islam en las regiones donde exploraran, a tratar de establecer contacto con aliados cristianos (si los había) y a propagar la fe entre los paganos. Así fue que sus carabelas llevaban la cruz roja de los Cruzados, ya que sus viajes de descubrimiento se consideraban una continuación de ese conflicto.


(Continuará)
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