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lunes, 22 de mayo de 2017

Una Historia de las Revoluciones y sus Consecuencias para la Familia

Una Historia de las Revoluciones y sus Consecuencias para la Familia


Por Roberto de Mattei, ex-profesor de la Universidad Europea de Roma y fundador de la Fundación Lepanto


Conferencia dictada el 18 de mayo de 2017 ante el Cuarto Foro de Roma por la Vida, organizado por Voice of The Family


Traducido del inglés por Roberto Hope, de la versión traducida del italiano al inglés por Brandan Young que fue publicada en
http://voiceofthefamily.com/roberto-de-mattei-a-history-of-revolutions-and-their-effects-on-the-family/


Apreciamos lo bueno cuando lo perdemos. Si no queremos perderlo, debemos entonces apreciarlo por lo que que tiene de valioso.


La familia es algo bueno que estamos perdiendo. Ésta es la realidad obvia de la que debemos partir. La familia en Europa y en Occidente está pasando por una profunda crisis. Los sociólogos relativistas no  quieren hablar de una crisis, porque la palabra contiene, según ellos, un juicio moral sobre el fenómeno analizado. Hablan en lugar de ello, de una transformación de los patrones de familia o de una evolución de formas de familia. Pero también estas palabras contienen un juicio moral. Según la perspectiva relativista, todo lo que tiene lugar en la historia y en la sociedad es bueno. El bien absoluto se representa como cambio; el mal como estabilidad y permanencia en el ser. La moral relativista está fundada en una cosmología evolucionaria, que pretende ser científica sin serlo. El evolucionismo es una filosofía falsa que se sustenta en una ciencia falsa, y al mismo tiempo es una pseudo ciencia que está basada en una elección filosófica errada  Debido a eso, un discurso sobre la familia, como todo discurso, debe comenzar con una definición de los términos y conceptos sobre los cuales se quiere hablar.


La familia es una verdadera sociedad moral y jurídica, fundada en el matrimonio que tiene como propósito la transmisión de la vida y la crianza de los hijos. La procreación de los hijos es el fin primario al cual el matrimonio está ordenado por la naturaleza, desde su mismo origen. El origen de la familia y del matrimonio se encuentra en la naturaleza humana. El niño no nace por su propia voluntad y no es autónomo. La ley del nacimiento y crianza del hijo es la dependencia. La dependencia es la ley de la humanidad reunida en sociedad. Todo depende de algo, nada se determina por sí mismo. El principio de causalidad rige el universo.  Esta regla pertenece a los primeros e indemostrables principios que Aristóteles captó de la realidad [1]. Este principio presupone la primera primacía filosófica  del ser, contra la cual la cultura moderna opone la primacía del volver, que es la negación de toda realidad inmutable y permanente.


La Familia en la Historia.
La familia es una sociedad cuyo fin primario es transmitir la vida y criar a los hijos. Por ser la fuente de vida y de nuevas relaciones humanas, constituye la célula fundamental e irreemplazable de la sociedad. Todos los filósofos y pensadores políticos clásicos lo han afirmado, y la historia lo ha confirmado. Mucho antes de que apareciera el cristianismo, en la antigua Roma la familia era la célula de la civitas, y el matrimonio garantizaba la estabilidad social, constituyendo, según la definición precisa de Cicerón, el seminarium rei publicae [2], el semillero de la sociedad, que nace y se expande de la familia.


El cristianismo elevó el matrimonio a un sacramento, y cuando cayó el Imperio Romano, aplastado por los bárbaros, la única entidad que sobrevivió y constituyó la base de la sociedad que de ahí nació fue la familia. El nacimiento de las naciones europeas, de los albores de los años mil, coincidió con el desarrollo de la institución de la familia. La misma etimología de la palabra 'nación', que viene de natus, además, no se refiere a una 'elección' sino al nacimiento, e indica un conjunto de hombres que tienen un origen común y un lazo sanguíneo. El territorio en el cual se ejercían diversas autoridades en la sociedad medieval — refiriéndose a la cabeza de la familia, al barón feudal o al rey — se llamaba en documentos  uniformemente la patria, el dominio del padre [3].


Tal concepción de la familia, que sobrevivió hasta la Revolución Francesa y más, está fundada en la idea de que el hombre nace dentro de una condición histórica que tiene límites insuperables, empezando con la muerte, que existe una naturaleza objetiva e inmutable: que esta naturaleza tiene su origen en Dios, Creador del orden del universo. La Iglesia Católica, en sus enseñanzas, siempre ha confirmado esta concepción del hombre y de la sociedad [4].


Muchos documentos de la Iglesia en los últimos dos siglos reiteran esta enseñanza, pero los más amplios y mejor enunciados son las encíclicas Arcanum, de León XIII del 10 de febrero de 1880 [5], y Casti connubii de Pío XI, del 31 de diciembre de 1930 [6]. Esta enseñanza habría de ser luego re-confirmada en muchos documentos de Pío XII y en la exhortación apostólica Familiaris consortio de Juan Pablo II del 22 de noviembre de 1981 [7].


El Ataque a la Familia
El ataque más violento que jamás ha sufrido la familia en Occidente fue con la Revolución Cultural de 1968, una revolución contra la familia llevada cabo en nombre de la liberación sexual. Pero el odio a la familia caracteriza a todas las sectas heréticas que han surgido a lo largo de la historia y constituye un elemento de apoyo, aunque no siempre uno explícito, de esa Revolución que por más de cinco siglos ha acometido contra la Iglesia y la civilización cristiana.


El acto de procreación es el objeto del odio anticristiano, porque éste afirma que el hombre tiene un fin que lo sobrepasa. La negación de la procreación pone de cabeza a la moral cristiana y afirma un principio metafísico gnóstico: el acto sexual es el fin último del hombre, encerrado en su propia inmanencia.


En la época medieval, una de las sectas más notorias fue la de los Hermanos del Libre Espíritu. Sus adherentes estaban convencidos de haber llegado a tan absoluta perfección que eran incapaces de pecar: “De hecho, uno puede estar tan unido a Dios que ya no peca, independientemente de lo que uno haga.” [9] El centro focal de la ideología del Espíritu Libre no era Dios, sino el hombre divinizado que se ha liberado del sentimiento del pecado personal y se pone al centro de la creación.


En el Siglo XV, los taboritas, una secta pre-luterana, predicaba, como los Hermanos del Libre Espíritu, el retorno a un estado adánico, que se expresaba en el nudismo y la promiscuidad sexual. Basándose en la afirmación de Cristo referente a prostitutas y publicanos (Mateo 21:31) declaraban que los castos no merecían entrar al Reino Mesiánico. El nudismo asumía un valor de “liberación” de todos los frenos de la ley y de la moral: el mismo valor que el “amor libre” tiene en nuestros días. La persona “espiritual” se libera de toda limitación moral: su voluntad lo identifica con la de Dios y el pecado pierde para él todo significado.


Antinomianismo luterano.
Pero el proceso de disolución de la familia tuvo su primer momento decisivo en la Revolución Protestante. En Wittenberg, ciudad donde el 31 de octubre de 1517 Martín Lutero clavó sus famosas tesis en la puerta de la catedral, la Revolución religiosa estalló con toda su virulencia. Mientras Lutero era “protegido” por el elector Federico el Sabio, en el castillo de Wartburgo, sus seguidores pusieron en práctica, al extremo, sus ideas. Entre ellos estaba el padre Andrés Bodenstein (Karlstadt: circa 1480-1541) quien el día de Navidad de 1521 celebró en ropa civil la primera misa evengélica de la Reforma, omitiendo la elevación de la Hostia y toda referencia al sacrificio [10], y también Juan Schneider, conocido también como Agricola (1494-1566), quien proclamó la abolición de la antigua ley mosaica. Martín Lutero combatió a Agricola y acuñó el término “Antinomiano” para describir la negación del nomos, la ley moral. Agricola, sin embargo era su discípulo, quien llevó a cumplimiento el principio luterano de sola fide. Lutero había dicho, de hecho, que el hombre, corrupto totalmente por el pecado, es incapaz de cumplir la ley, y puede ser salvado sólo por la fe, sin las buenas obras. La sentencia pecca fortiter, crede fortius [11] resume la teología moral de Lutero. Lo que cuenta no es el pecado, el cual es inevitable,sino la confianza en la misericordia de Dios, que el pecador debe tener antes, durante y después del pecado. Para los antinomianos, como para los gnósticos de los primeros siglos, el hombre espiritual es incapaz de pecar. Dios actúa en él, y toda acción, buena o mala, se vuelve una acción divina.


Uno pudiera decir que Agricola fue una figura marginal en la Revolución Protestante, pero no puede uno decir lo mismo del Anabaptismo, que es una de las expresiones más famosas de la llamada “ala izquierda” de la Reforma Protestante. Los anabaptistas no se limitaban a expresar ideas antinomianas, las practicaron en los años 1534-35 en Münster [12], la Nueva Jerusalem del Apocalipsis, donde el sastre holandés Juan Bockelson, mejor conocido como Juan de Leiden (1509-1536) llegó al poder, y el tapicero Bernardo Knipperdolling (circa 1500-1536) fue nombrado burgomaestre.


Münster se convirtió en una clase de “ciudad sagrada” para los “hijos de Jacob” que tenían que ayudar a Dios a establecer Su reinado castigando a los “hijos de Esaú”. En una atmósfera de terror, la posesión privada de dinero fue abolida, y se adoptaron medidas dirigidas a instituir la posesión colectiva de los bienes y la poligamia obligatoria. Para simbolizar la ruptura con el pasado, todos los libros de la ciudad, con excepción de la Biblia, fueron llevados a la plaza frente a la catedral y quemados en una hoguera.  Orgías de la peor licencia sexual se presentaban como “bautismo de fuego” que tenía que sustituir al de agua. Juan de Leiden se convirtió en el rey de la “ciudad santa”, en tanto que Knipperdolling, armado con una pesada espada administraba “justicia” decapitando a los recalcitrantes.


La comunidad anabaptista fue reprimida con el hierro y la espada de católicos y luteranos unidos, pero la utopía no desapareció. El protestantismo “moderado” rechaza los métodos extremistas y violentos de los anabaptistas de Münster como una herejía. Sin embargo, lo que se refuta no es la sustancia de la doctrina, sino el trágico fracaso de la experiencia. Münster sigue siendo para muchos protestantes un sueño traicionado, de manera análoga como la Ciudad de París lo fue para los socialistas del Siglo XIX.


Poco después de 1540, en Emden, un centro de Frisia del este, comenzó otra secta anabaptista, la de los “familistas”, fundada por Enrique Niclaes (circa 1502 -1580) [13]. Reunió alrededor suyo a una comunidad, bajo el nombre de Familia charitatis (familia de amor, Huis der Liefde), organizada clandestinamente en la cual se profesaba un panteísmo ecuménico y se practicaba la compartición de los bienes y el amor libre. Niclaes basaba esto en el principio de que la unión mística con Dios significaba la identificación absoluta de la creatura con el Creador, y por este principio metafísico deducía que el pecado no podía existir en los corazones de los regenerados. Se consideraba a sí mismo ser el tercer y último gran profeta, después de Moisés y Jesús. Su misión consistía en revelar la plenitud del amor, la obra del Espíritu.


En Inglaterra la misma visión del mundo fue expresada en las sectas panteístas y libertinas que en el Siglo XVII representaba la extrema izquierda puritana y era conocida como los “ranters”. Contra los ranters, los libertinos y los “blasfemos” el Parlamento Inglés promulgó la famosa 'Blasphemy Act' el 9 de agosto de 1650, por la cual, todos los que sostuvieran que los actos de “homicidio, adulterio, incesto, y sodomía” no eran pecaminosos sino sancionados por Dios mismo, incurrirían en la furia de la ley [15].


La promiscuidad sexual, el nudismo, y el amor libre se volvió en estas sectas, un ritual fundamental. Gracias a su iluminación interna, decían que el hombre se vuelve deificado y recupera la integridad adánica, o sea el estado de inocencia disfrutado por Adán y Eva antes de la caída. En este sentido, la promiscuidad sexual y el compartir mujeres es un punto fundamental de la doctrina anabaptista, como lo observó el teólogo Francisco Vernet [16].


La Revolución Francesa
La utopía pan-sexualista también acompañó al proceso revolucionario en 1789, cuando pasó del nivel religioso al nivel político. El día fatídico de la Revolución Francesa es el 14 de julio de 1789, día en que cayó la Bastilla, fortaleza que los revolucionarios creían que estaba hasta el tope de presos políticos, pero que en vez de ello albergaba sólo a siete criminales comunes, entre los cuales se encontraba el Marqués Alfonso-Francisco de Sade (1740- 1814).


El Marqués de Sade es conocido como el autor de novelas pornográficas, y su nombre está asociado con la perversión sexual. En realidad era un “filósofo” que luego de haber sido liberado, participó activamente en la Revolución. El 1 de julio de 1790 se hizo “ciudadano activo” de la sección Jacobina de la Plaza Vendôme, que pasó a la historia como la “plaza de las Picas” El 3 de septiembre de 1792, mientras comenzaban las famosas “masacres de septiembre”, fue nombrado secretario y un año más tarde, presidente de la sección. El ciudadano Sade compuso numerosos escritos políticos durante la Revolución, de los cuales el más famoso se llama Français, encore un effort si vous voulez etre républicains. (Francés, un esfuerzo adicional si queréis ser republicano) [17]. En este texto invitaba al pueblo francés a poner en práctica todos los principios de 1789, y extirpar las raíces del cristianismo. “Ustedes tienen el hacha en sus manos, den el golpe final al árbol de la superstición” [18] “Europa, espera liberarte del cetro y del Altar” [19]. La ideología es la de 1789. Se reconoce la libertad de conciencia y la de prensa, específicamente para conceder toda libertad de acción. Si todo puede decirse, todo puede permitirse.


De Sade enumeró los siguientes como logros revolucionarios: la blasfemia, el robo, el homicidio y todo tipo de perversión sexual, incesto, violación, sodomía: “Nunca la sensualidad ha sido considerada criminal según los Sabios de la tierra. Todos los filósofos saben bien que sólo han sido los impostores cristianos quienes la han convertido en un crimen” [20]. Se imagina erigir lugares en todas las poblaciones donde: “todos los sexos, todas las edades, todas las creaturas se entreguen a sus deseos sin trabas, y la subordinación absoluta a esos deseos irrestrictos constituirá la regla para el individuo, y el menor rechazo será castigado absolutamente por aquél que lo hubiera intentado” [21]


Uno puede libremente dar rienda suelta a sus impulsos y deseos, incluyendo copular con animales, ya que no hay una diferencia cualitativa entre el hombre y los animales: todos nacen, se reproducen y mueren. Para Sade, la vida no es otra cosa que la materia en movimiento. La muerte es nada más que una “transmutación” en cuyo fundamento está “el movimiento perpetuo, esa es la verdadera esencia de la materia” [22].


De Sade no meramente propone el placer como el objetivo último del individuo, sino va más allá. Quiere convencernos de que el vicio es virtud, que el horror es bello y que el tormento es un placer. En este sentido, su visión del mundo es satánica. El demonio al principio parece un ángel de luz a ser adorado, pero alcanzará su triunfo final cuando sea adorado en todo su horror, haciéndonos creer que los sufrimientos en el infierno son la cúspide del placer. Esta es la filosofía que subyace en los 120 días de Sodoma, donde hombres y mujeres, viejos y niños pequeños, madres y sus hijos, padres y sus hijas, deciden practicar incesto, violación, coprofagia, necrofilia y todo tipo de aberraciones.


Toda diferencia sexual es anulada. La aspiración suprema es abolir toda diferencia y desigualdad a fin de llevar a la sociedad a un caos primordial. Noirceul, un personaje de L'histoire de Juliette dice: “Quiero casarme dos veces el mismo día. A las diez de la mañana, vestido como mujer, deseo casarme con un hombre; a las doce, vestido como hombre, deseo casarme con un homosexual vestido de mujer” [23]. Toda la teoría de género está contenida en estas palabras.


De Sade pasó los últimos años de su vida en un manicomio. Su lúcida insensatez lo hizo un profeta de la Revolución. Erick Kuehnelt-Leddin lo define como el santo patrón de todos los movimientos de izquierda” [24] Los últimos dos siglos han visto sus planes realizarse en un alto grado. Aquéllo que todavía no ha ocurrido es, puede ser, parte de nuestro futuro. Tiene el mérito, a ojos nuestros, de no haber dejado oculto ninguno de los objetivos de la Revolución [25]


En tanto que, con De Sade, se teorizaba el pansexualismo revolucionario, la Revolución Francesa en 1791, con la introducción del divorcio inició un proceso de reforma radical de la institución de la familia, que el Código Napoleónico habría de extender a todo el continente [26]

El socialismo utópico de De Sade y de Carlos Fourier (1772- 1837), quien en su Phalanstere argüía en favor de la libertad desinhibida de las pasiones para alcanzar el punto más alto de la evolución social, fueron luego sobrepasados por el llamado “Socialismo Científico” de Carlos Marx (1818-1863) y Federico Engels (1820-1895).


El etnólogo norteamericano Luis Enrique Morgan (1818-1881), partiendo de las relaciones familiares que existían entre los indios Iroquois de Norte América, concibió una historia fantástica de la familia, rastreando los orígenes en una multitud primitiva, en la cual las relaciones sexuales eran enteramente promiscuas y no sujetas a regla alguna. Marx y Engels se suscribieron entusiastamente a esta concepción materialista, que confirmaba las teorías Darwinianas. El panfleto de Engels sobre El Origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado (1884), es un ataque a las instituciones fundamentales de la sociedad, para provocar la utópica “sociedad sin clases” que es la muy totalmente igualitaria sociedad, sin propiedad privada, sin Estado, sin Dios.


La Revolución Rusa
La Revolución Rusa llevó a la Revolución Francesa a su término. En el carro sellado que en abril de 1917 llevó de regreso a Petrogrado a los “revolucionarios profesionales”, con Lenin, Zinoviev y Radek viajaba también Inessa Armand (1874-1920), miembro del Comité Ejecutivo del Partido Bolchevique, fundadora de “Zhenotdell”, el departamento de mujeres del partido. Mujer que gozaba de la absoluta confianza de Lenin, de quien era amante. Murió del cólera en 1920 y tuvo el honor de ser enterrada en el “Cementerio Rojo” bajo los muros del Kremlin con los principales protagonistas de la Revolución. Su nombre es menos conocido que el de Alejandra Kollontaj (1872-1952), pero su influencia sobre Lenin fue quizás mayor [27]. Inessa Armand y Alejandra Kollontaj abogaban públicamente por el amor libre y lucharon por la introducción del divorcio y del aborto en Rusia. Estaban convencidas de que la liberación sexual era una premisa necesaria para ocasionar la sociedad socialista. El 17 de diciembre de 1917, pocas semanas después de que los Bolcheviques hubieran tomado el poder, se introdujo el divorcio y, en 1920, se legalizó el aborto; fue la primera vez en el mundo que el procedimiento estaba disponible sin restricción alguna; la prostitución y la homosexualidad fueron des-criminalizados en 1922 [28]. Trotzky escribió en 1923 “El primer período destructivo en la vida de la familia está lejos de concluir. El proceso de desintegración sigue a toda marcha.”


Kollontaj escribió en 1920, en el segundo número de la revista Komunistka: “En lugar de la familia individual y egoísta se desarrollará una gran familia universal de trabajadores, en la cual todos los trabajadores, hombres y mujeres, serán sobre todo camaradas. Esto es como serán las relaciones entre hombres y mujeres en la sociedad comunista. Estas nuevas relaciones lograrán para la humanidad todos los gozos del amor desconocidos en la sociedad comercial, de un amor que sea libre y esté basado en la verdadera igualdad social de las partes. (...) La bandera roja de la revolución social que ondea sobre Rusia y está ahora siendo izada en otros países del mundo proclama el acercamiento del cielo a la tierra al cual la humanidad ha estado aspirando por siglos”. [30]


En Rusia y Alemania, en los 1920's y 1930's, se formuló la transición de la Revolución Política a la Revolución Sexual [31]. En 1922, se tuvo una reunión en el Instituto Marx-Engels de Moscú, dirigida por David Ryazanov (1870-1938), para examinar el concepto de la Revolución Cultural, o Revolución total que implicaría al hombre mismo, su naturaleza, sus costumbres, su ser más profundo.


El Instituto Marx-Engels de Moscú estaba relacionado con instituciones análogas nacidas en esos mismos años. En 1919, el doctor Magnus Hirschfeld (1868-1935) fundó el Institut für Sexualwissenschaft (Instituto pro Sexología) con el objetivo de “normalizar” la homosexualidad [32]. En 1921 Hirschfeld organizó el Primer Congreso por la Reforma Sexual que llevó a la formación de la Liga Mundial por la Reforma Sexual, una liga para coordinar el conocimiento acerca de la intensificación de la actividad sexual. Grigory Batkis, director del Instituto pro Higiene Sexual de Moscú, encabezó la delegación soviética a la Primera Conferencia de la Liga Mundial pro Libertad Sexual.

En 1923, Félix Weil (1898-1975) financió la Erste Marxistische Arbeitswoche (Primera Semana de Trabajo Marxista) en el pueblo alemán de Limenau. El éxito de este evento lo llevó a fundar el Institut für Socialforschung [33] (Instituto para la Investigación Social) en la Universidad de Frankfurt, dirigido de 1930 a 1958 por Max Horkheimer. El instituto de Frankfurt, que fue el origen de la Escuela Marxista-Hegeliana de Frankfurt, colaboró con el Instituto de Moscú en la publicación de las obras de Marx y Engels.


En 1929 los dirigentes políticos soviéticos invitaron a un estudiante de Freud, el psicoanalista austriaco Guillermo Reich (1897-1957) a dar una serie de conferencias que llevaron a la publicación en Moscú de su escrito “Materialismo Dialéctico y Psicoanálisis” que constituye el texto fundacional del llamado “marxofreudismo”. En ésta y sus obras posteriores, Reich presentaba a la familia como la  institución social represiva por excelencia, y afirmaba que el núcleo de la felicidad es la sexualidad. Para él es necesaria la abolición de la familia así como la revolución de una negación del sexo a una afirmación del sexo.


Reich, quien dedica la segunda parte de La Revolución Sexual a La Lucha por la Nueva Vida en la Unión Soviética, fue un gran admirador de la escuela de párvulos de Vera Schmidt (1889-1937), creada en el centro de Moscú en 1921, donde los niños pequeños eran iniciados en la masturbación y la excitación sexual temprana [35]. Afirma que “su trabajo era enteramente en la dirección de afirmar la sexulidad del infante” [36]. Trotzky apoyaba la labor de Vera Schmidt y las ideas de Guillermo Reich. La Revolución Sexual de Reich era una parte esencial de la Revolución Permanente de Trotzky.


Como toda Revolución, también la Bolchevique experimentó una dialéctica interna. Las dos tendencias fueron la de Stalin, quien no cediendo en el Terror, a fin de mantenerse en el poder, fue forzado a moderar el radicalismo revolucionario, y la otra fue la de Trotsky, quien acusó a Stalin de haber traicionado la Revolución [37]. La derrota de Trotsky marcó el final de la Revolución Sexual en Rusia, pero el posterior fracaso del Stalinismo en los cincuentas vio la victoria del Trotzkyismo, que se afirmó en el mundo con la “Revolución del 68”


Las ideas de Reich, renegadas por Stalin, se extendieron en Occidente y se encontraron con las de la Escuela de Frankfurt, cuyos representantes habrían de ocupar posiciones clave en importantes universidades norteamericanas, como Harvard, Berkeley y San Diego. Herbert Marcuse (1898-1979), investigador del Instituto Horkheimer, en sus exitosos libros 'Eros y Civilización' (1955) y 'El Hombre Unidimensional' (1964) reducía la naturaleza humana, al igual que Reich, a la libre complacencia de los impulsos sexuales. Estas ideas fincaron las bases de la Revolución cultural que no transigían con las anteriores, pero conducían a algo peor: las lágrimas de una generación que no sólo perdió sus propios cuerpos sino sus almas. La del 68 fue más devastadora que todas las Revoluciones precedentes porque atacó a la familia y transformó la vida diaria de la sociedad occidental. Hoy en día ha caído la dimensión utópica del 68, y el Relativismo postmoderno ha quedado como su herencia, expresado por intelectuales como Miguel Foucault (1929-1984). Foucault teorizó la importancia del pensamiento de De Sade en su Histoire de la folie (1961) (Historia de la Locura) y en Les Mots et les choses (1966) (El Orden de las Cosas). Su pensamiento, según Thibaud Collin, “constituye la fundación conceptual del lobby gay” [38].


Bajo la influencia de Foucault, la norteamericana Judith Butler fue uno de los primeros autores en desarrollar la “teoría del género” que constituye la última frontera de las ideologías post-modernas. El materialismo evolucionario sigue siendo la filosofía subjetiva que ve al hombre como material mutable, sin una naturaleza propia, que puede ser moldeada a voluntad de acuerdo con los deseos y la voluntad de cualquiera. El horizonte final es el descrito por De Sade y Reich.


El Segundo concilio Vaticano y sus Consecuencias
Una sola fuerza habría podido parar este proceso de disolución moral: la Iglesia Católica. Pero entre 1962 y 1965, la Iglesia Católica también, conoció su propia revolución. Fue el Segundo Concilio Vaticano.


En la víspera del Concilio convocado por Juan XXIII, los mejores teólogos católicos habían compilado un excelente esquema sobre la familia, que fue aprobado por el Papa y presentado en el aula conciliar [39].Este esquema confirmaba con claridad, el fin del matrimonio y el deber de la familia en el mundo moderno, condenando los errores que se habían extendido en el campo de la moral. Pero pocas semanas después del inicio del Concilio, los esquemas presentados por la Comisión Preparatoria fueron desechados por los obispos y teólogos de la Europa Central, la llamada “Alliance européene” [40]. Todo fue rehecho desde el principio y el esquema sobre la familia fue sustituido por un nuevo documento de trabajo. El texto, que acabó siendo Gaudium et Spes estaba dedicado al mundo contemporáneo y estaba interesado en entablar un diálogo con él, en lugar de reafirmar la doctrina de la Iglesia contra él. El nacimiento y educación de los hijos fue puesto en un plano secundario, después de la necesidad del amor entre los cónyuges. Estas necesidades, o impulsos y deseos, según algunos teólogos, no podían encerrarse en una jaula jurídica, pero podían justificar la anticoncepción y la cohabitación extramarital. La idea de la naturaleza fue sustituida por una de la persona como una realidad transformable, en cambio continuo. La fría rigidez empezó a ser contrastada con la calidez y fluidez de la vida: llevando a la realidad la teoría de Antonio Gramsci (1891-1937): la primacía de la praxis sobre la teoría, de la vida sobre la verdad, de la experiencia sobre la doctrina como muchos lo están afirmando en el campo teológico.


No llegamos a la Exhortación Amoris laetitia (2016) del Papa Francisco en un solo día. Se necesitaron cincuenta años, pero las raíces están ahí, en el Segundo Concilio Vaticano. Y el Concilio no hizo nada excepto buscar un compromiso entre la doctrina de la Iglesia y las teorías anti-cristianas de la Revolución Cultural moderna. Hoy lo que está en juego no es sólo la institución de la familia, sino la existencia de una ley moral absoluta e inmutable. Cuatro cardenales han visto esto claramente y le han pedido al Papa Francisco que confirme con claridad el carácter absoluto, universal y obligatorio de las leyes natural y Divina, Si uno permite la transgresión de la moral en un punto, el edificio entero se colapsa. Si la moral se colapsa, De Sade, Reich y los Antinomianos de todos los siglos triunfarán.


Meditar en el modelo divino de la familia
En los últimos 50 años, la crisis de la familia ha asumido dimensiones espantosas. Esta crisis está fundada en la idea de que sólo en la sexualización de la sociedad podrá el proceso revolucionario encontrar su plenitud. Lo que hace la situación más grave es que los ataques a la familia no son sólo externos, sino que vienen desde adentro de la Iglesia. El remedio está indicado en la encíclica Casti connubi de Pío XI: meditar en la idea divina de la familia y el matrimonio, y vivir de conformidad con este modelo.

Meditar en el modelo divino de la familia significa contemplar las verdades que regulan el universo: derrocando la tesis según la cual la praxis genera la teoría, restableciendo la primacía de la doctrina, o sea la primacía Platónico-Aristoteliano-Tomística de la contemplación sobre la acción, viviendo de conformidad con esta verdad. Y contra los nuevos antinomianos, que están esparcidos en toda la Iglesia Católica, debemos recordar que el Magisterio de la Iglesia acoge ya sea toda la Tradición, teológica y moral o no acoge nada de ella.


La tradición incluye la interpretación correcta de la Sagrada Escritura, y la Sagrada Escritura y la Tradición constituyen las dos fuentes de la Revelación de Cristo, de la cual ni una iota puede ser cambiada (Mateo 5, 18), porque todo lo creado cambia pero Dios es siempre igual: Sus palabras no pasarán. Su ley no cambia. Esta ley está grabada en nuestro corazón y debemos pedir a Dios que nuestras palabras sean siempre un eco, débil pero fiel, de Sus propias palabras.


Por encima de todo es necesario que estemos convencidos de que la Tradición es un principio vital, en tanto que el proceso revolucionario está orientado y no puede otra cosa que orientarse hacia su autodestrucción. La negación de la procreación conduce a la extinción biológica, la negación de la crianza de los hijos, de la educación, que constituye el pasar adelante todos los valores tradicionales, lleva a la muerte. Hoy en día Europa está muriendo no sólo porque está matando a sus propios hijos con el aborto y la contra-concepción, sino porque es incapaz de transmitir, de pasar a aquéllos que sí nacen, los valores que desaparecen día con día.


En su libro Dialéctica de la Naturaleza (1883). Engels proclamó el principio: “todo lo que llega a ser merece perecer”; la muerte, no la vida, es para él el secreto del universo. La muerte de la humanidad constituye, según Igor Safarevic el corazón y la meta del socialismo [42]. Sade expresó el mismo pensamiento, celebrando el homicidio y el suicidio. La sexualización de la sociedad es la muerte de la sociedad.


La familia, por el contrario, contiene vida en sí misma. La vida  física contenida en las cunas se multiplica, y la vida espíritual expresada por padres e hijos unidos en oración a Dios que puede hacerlo todo.


En Fátima, Nuestra Señora anunció que Rusia difundiría sus errores en el mundo. El post-Trotzkyismo anarco-libertario que domina hoy en día en Occidente y el post-Stalinismo nacionalista que se ha afirmado en la Rusia de Putin tienen la misma matriz ideológica. El mensaje de Fátima es un mensaje contra toda forma de ideología Gnóstica igualitaria, como el socialismo de los siglos veinte y veintiuno.


La última aparición de Fátima del 13 de octubre de 1917, aquélla de la Sagrada Familia, constituye en este sentido un manifiesto que resume todos nuestros principios y que se opone a todos los errores de nuestro tiempo


Notas:
[1] Aristóteles, Metafísica, lib. I.
[2]  Cicerón, De Officiis, I, 54.
[3] Franz Funck-Brentano, L’Ancien Régime, Fayard, Paris 1926, pp. 12-14.
[4] Moines de Solesmes (bajo la dirección de), Le mariage,Textes du magistère romain, Desclée de Brouwer, Paris 1956
[5] León XIII, Enc.  Arcanum divinae Sapientiae Consilium de febrero 10, 1880, en ASS, 12 (1879-1880), pp. 385-402.
[6] Pio XI, Casti connubii. Enc.  del 31 diciembre 1930 en A.A.S. 1930, pp 539-590.
 [7] Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Familiaris consortio de Noviembre 22, 1981 en aS(1981), pp. 81-191. 
[8] Plinio Correa de Oliveira, Rivoluzione e Contro-Rivoluzione, tr. it. Sugarco, Milano 2009.
[9] Ilarino da Milano, Eresie medievali, Maggioli, Rimini 1983, p. 26-27.
[10] George H., Williams, The Radical Reformation, Westminster Press, Philadelphia 1962, p. 40.
[11] “Sed un pecador y pecad atrevidamente, pero creed y regocijaos en Cristo aún más atrevidamente” (Carta a Melanchton de Agosto 1, 1521, en Luther’s Works, vol. 48, Letters, Fortress Press, Philadelphia 1975, p. 282),
[12] Cfr.  Ernest Belfort Bax, Rise and Fall de the Anabaptist, Sonneschein, London 1903; C. G. H. Williams, The Radical Reformation, cit., pp. 362-388.
[13] Acerca de Niclaes and la Family de Amor ver:  Serge Hutin, Les disciples anglais de Jacob Boehme, Denoel, Paris 1960, pp. 58-61; G. H. Williams, The Radical Reformation, pp. 477-482 J. Dietz Moss, “Godded with God”, Hendryck Niclaes and His Family of Love, The American Philosophical Society, Philadelphia 1981; Alistair Hamilton, The Family de Love, The Attic Press, Greenwood (S. C.) 1981.
[14] Cf. Christopher Hill, The World Turned Upside Down, Penguin, London 1991, passim; A. L. Morton, The world of the ranters. Religious radicalism in the English Revolution, Lawrence and Wishart, London 1979 (1970); J. Friedmann, Blasphemy, Immorality and Anarchy. The ranters and the English Revolution, Ohio University Press, London 1987.
[15] An Act against several Atheistical, Blasphemous and Execrables Opinions, derogatory to the honor de God, and destructive to human Society, en Acts and Ordinancy de the Interregnum, ed. by C. H. Firth and  R. S. Rait, Stationery Office, London 1911, pp. 409-412.
[16] François Vernet, Condorments, DTC, vol. III,1 (1938), pp. 815-816.
[17]A. F. de Sade, Français, encore un effort si vous voulez etre républicains, en La Philosophie dans le boudoir, Gallimard, Paris 1976, pp. 187-267.
[18] Sade, op. cit. , p. 188.
[19] Sade op. cit. , p. 190.
[20]  Sade, op. cit. , p. 229.
[21] Sade, op. cit. , p. 221
[22] S ade , op. cit., p. 239.
[23]  Sade,  L’histoire de Juliette (1797) en Oeuvres complètes,Cercle du Livre Precieux, Paris 1967, vol. 9, p. 569.
[24] Erik Kuehnelt-Leddihn, Leftism Revisited. From de Sade and Marx to Hitler and PolPot, Regnery, Washington 1991, p. 67
[25] Ver François Ost, Sade et la loi, Odile Jacob, Paris 2005
[26] Xavier Martin, Nature humaine et révolución française, du siècle des lumières au Code Napoléon, Dominique Martin Morin, Poitiers 2002
[27] Ver Letters to Lenin de Inessa Armand and Aleksandra Kollontaj of March 1917 en V. I. Lenin, Opere complete, tr. It., vol. 35, Editori Runiti, Roma 1952, pp. 210-212.
 [28] Cfr.  Giovanni Codevilla, Dalla Rivoluzione bolscevica alla Federazione Russa, Franco Angeli, Roma 1996.
[29] Leon Trotzkji, Problems of everyday life, Monad Press, New York 1986, p. 37
[30] https://www.marxists.org/archive/kollonta/1920/communism-family.htm
[31] Gregory Carleton,The Sexual Revolution in Russia Pittsburgh, University de Pittsburgh Press, 2005
[32] See Rodolfo de Mattei, Dalla sodomia allaì omosessualità. Storia di una normalizzazione, Solfanelli, Chieti 2016.
[33] Cfr. Rolf Wiggershaus, Die Frankfurter Schule. Geschichte. TheoretischeEntwicklung. PolitischeBedeutung, Carl HanserVerlag, München-Wien 1986; Martin Jay The dialectical imagination. A History of the Frankfurt School and the Institute de Social Research, 1923-1950, Little, Brown and Co. Boston 1973.
[34] Wilhelm Reich, The Sexual Revolution, Peter Nevill- Vision Press, London 1951, p. 163.
[35] Vera Schmidt. Rapporto sull’asilo sperimentale di Mosca, Andromeda 2016.  Sobre psicoanalysis en la Union Soviética, ver Martin A. Miller, Freud and the Bolsheviks, New Haven, Yale University Press, 1998, and Alexander Etkind, Eros of the impossible: the history de psychoanalysis en Russia, Westview Press, Oxford, 1997
 [36] Reich, The Sexual Revolution, p. 241
[37]  Leo Trotzkj, The Revoluton betrayed (1936), Dover Publications, New York 2004.
[38] Thibaud Colin, Le mariage gay. Les enjeux d’une revendication, Eyrolles, Paris 2005, p. 97.
[39] Ver Il primo schema sulla famiglia e sul matrimonio, del Concilio Vaticano II, ed. by R. de Mattei, Edizioni Fiducia, Roma 2015.
[40] Ver R. de Mattei, Il Concilio Vaticano II. Una storia mai scritta, Lindau, Torino 2011, pp. 203-210.
[41] Frederick Engels, Dialectics of Nature, Progress Publishers, Moscow, 1976, pp. 37-38
[42] Igor Chafarévitch, Le  phénomène socialiste, Editions du Seuil, Paris 1977, p. 323

lunes, 30 de mayo de 2016

Amoris laetitia

Primeras Reflexiones acerca de un documento catastrófico — Amoris laetitia

Tomado de http://www.cfnews.org/page88/files/7d8edade9700c31473df93d12f2c34dc-566.html
Traducido del inglés por Roberto Hope

Excelente, concisa y amplia respuesta del Profesor Roberto de Mattei publicada por Rorate Caeli.

Que conste que yo he leído todos los documentos que condujeron a los sínodos de 2014 y de 2015 así como la Exhortación Amoris laetitia de Francisco — por farragosos y tediosos que hayan sido. El comentario de De Mattei va al grano. - J. Vennari

La Exhortación Post Sinodal Amoris laetitia: Reflexiones iniciales acerca de un documento catastrófico

Por Roberto de Mattei

Con la Exhortación Apostólica Amoris laetitia publicada el 8 de Abril [de 2016], el Papa Francisco ha dado oficialmente su opinión sobre cuestiones morales maritales que llevan discutiéndose ya dos años.

En el Consistorio del 20 y 21 de febrero de 2014, Francisco había confiado al Cardenal Kasper la tarea de introducir el debate sobre este tema. La tesis del Cardenal Kasper, según la cual la Iglesia debe cambiar su praxis matrimonial, conformaba el leitmotiv de los dos Sínodos de la Familia, del 2014 y del 2015, y ahora constituye la base de la Exhortación del Papa Francisco.

En el curso de estos dos años, ilustres cardenales, obispos, teólogos y filósofos han participado en el debate para demostrar que debe haber una íntima coherencia entre la doctrina de la iglesia y su praxis. De hecho, el cuidado pastoral debe basarse en la doctrina dogmática y moral. “¡No puede haber cuidado pastoral que esté en disonancia con las verdades y la moral de la Iglesia, que contraste con sus leyes y no esté orientado a alcanzar el ideal de la vida cristiana!” reveló el Cardenal Velasio De Paolis, en su discurso de apertura del Tribunal Eclesiástico de Umbria el 27 de marzo de 2014.

En las semanas que precedieron a la Exhortación post-sinodal se intensificaron las intervenciones de cardenales y obispos dirigidas al Papa, con el objetivo de evitar la promulgación de un documento repleto de errores, revelado por el gran número de enmiendas que la Congregación para la Doctrina de la Fe le hizo al borrador original. Francisco no se arredró y parece haberle encargado la corrección final de la Exhortación, o por lo menos algunos de sus pasajes clave, a alguno de sus teólogos de confianza, quienes trataron de re-interpretar a Santo Tomás a la luz de la dialéctica hegeliana.

De esto ha emergido un texto que no es ambiguo, sino claro — en su vaguedad. La teología de la praxis de hecho excluye toda afirmación doctrinal, dejando a la historia la conformación de los actos y de la conducta humana. Para esto, como lo afirma Francisco, “es comprensible” en la cuestión crucial de los divorciados y vueltos a casar, “que ni el Sínodo ni esta Exhortación podía esperarse que diera un nuevo conjunto de reglas generales, de naturaleza canónica y aplicable a todos los casos” (N° 300). Si estuviéramos convencidos de que los cristianos, en su conducta, no necesitan conformarse a principios absolutos, sino escuchar “los signos de los tiempos” sería contradictorio formular reglas de cualquier clase.

Todos estaban esperando la respuesta a una cuestión básica: ¿pueden aquéllos que, después de un primer matrimonio, se han vuelto a casar por lo civil, recibir el Sacramento de la Eucaristía? La Iglesia siempre ha respondido a esta pregunta con un no categórico. Los divorciados y vueltos a casar no pueden recibir la comunión porque su condición de vida contradice objetivamente la verdad natural y cristiana sobre el matrimonio (“la unión de amor entre Cristo y la Iglesia, significada y actualizada en la Eucaristía”. Familiaris Consortio 84)

La respuesta de la Exhortación post-sinodal es, en cambio, sobre la línea general de — no, pero “en ciertos casos” — sí (N° 305 y nota al calce 351). Los divorciados y vueltos a casar — dice la Exhortación —  de hecho deben ser “integrados” no excluidos (299). Su integración “puede expresarse en distintos servicios eclesiales, lo que necesariamente requiere discernir cuáles de las diversas formas de exclusión que se practican actualmente en el marco litúrgico, pastoral, educacional e institucional, pueden superarse” (N° 299) sin excluir la disciplina sacramental (N° 399).

Lo que es obvio es esto: la prohibición para los divorciados y vueltos a casar de recibir la comunión ya deja de ser absoluta. El Papa no autoriza, como regla general, la comunión para los divorciados, pero tampoco la prohíbe.

En una entrevista con Il Foglio del 15 de marzo de 2014, el Cardenal Caffarra enfatizó, en contra de Kasper: “Aquí se está tocando la doctrina. Inevitablemente. Puede decirse que no es así, pero, al contrario, así es. Se introduce una práctica que, a largo plazo, determinará, no sólo para los cristianos, esta idea: no hay matrimonio que sea absolutamente indisoluble. Y esto, sin duda, va en contra de la voluntad de Dios. Absolutamente no hay duda de eso.” 

Para la teología de la praxis, las reglas no cuentan, sólo los casos concretos. Y lo que no es posible en lo abstracto es posible en lo concreto. Sin embargo, como bien lo observó el Cardenal Burke: “Si la Iglesia permitiera la recepción de los sacramentos (aunque fuera en un solo caso) a una persona que se halla en una unión irregular, significaría que, o el matrimonio no es indisoluble y por lo tanto la persona no está viviendo en un estado de adulterio, o la Sagrada Comunión no es comunión con el cuerpo y la sangre de Cristo que, por el contrario, requiere la disposición correcta, o sea la contrición por el pecado grave y una firma resolución de no más pecar.” (Entrevista con Alessandro Gnocchi, Il Foglio 14 de octubre de 2014).

Además, la excepción está destinada a convertirse en la regla, ya que los criterios para recibir la comunión se dejan en Amoris laetitia al “discernimiento personal” de los individuos. Este discernimiento tiene lugar mediante una “conversación con el sacerdote, en el fuero interno” (N° 300) “caso por caso”. Sin embargo ¿qué pastores de almas se atreverán a prohibir la recepción de la Eucaristía, si según el documento “el Evangelio mismo nos pide no juzgar ni condenar" (N° 308) y si es necesario “integrar a todos” (N° 297) y “[apreciar] los elementos constructivos en aquellas situaciones que aún no, o ya no, corresponden con las enseñanzas [de la Iglesia] sobre el matrimonio” (N° 292)?

Los pastores que deseen referirse a los mandamientos de la Iglesia no se arriesgarían a actuar — según la Exhortación — "como árbitros de la gracia sino como facilitadores” (N° 310). “Por esta razón, un pastor no puede sentir que basta simplemente con aplicar las leyes morales a aquéllos que viven en situaciones “irregulares”, como si fueran piedras que lanzar a las vidas de la gente. Esto indicaría el corazón cerrado de alguien que se esconde tras las enseñanzas de la Iglesia, sentándose en la silla de Moisés y juzgando, a veces con superioridad y superficialidad, los casos difíciles y las familias heridas.”

Este lenguaje sin precedentes, más duro que la dureza del corazón que reprocha a “los árbitros de la gracia” es el rasgo distintivo de Amoris laetitia, que no coincidentalmente, el Cardenal Schoenborn definió como un “evento lingüístico” en una conferencia de prensa del 8 de abril. “Mi gran alegría por este documento” dijo el Cardenal vienés, radica en el hecho de que “coherentemente va más allá de una división artificial, exterior, nítida entre regular e irregular”. El lenguaje, como siempre, expresa contenido. Las situaciones que la Exhortación post-sinodal define como “las así llamadas irregulares” son aquéllas de adulterio público y cohabitación extramarital. Para Amoris laetitia, "cumplen el ideal del matrimonio cristiano aun haciéndolo de una manera parcial y análoga” (N° 292). “En virtud de formas de condicionamiento y factores mitigantes, es posible que en una situación objetiva de pecado — que pudiera no ser subjetivamente culpable o no enteramente culpable — una persona puede estar viviendo en la gracia de Dios, puede amar y puede también crecer en la vida de la gracia y de la caridad, recibiendo la ayuda de la Iglesia hacia este fin (N° 305).”en ciertos casos, esto puede incluir la ayuda de los sacramentos” (Nota 351)

Según a moral católica, las circunstancias, que comprenden un contexto en el cual se lleva a cabo una acción, no pueden modificar la naturaleza moral de los actos, haciendo de esa manera recta y justa una acción intrínsecamente mala. La doctrina de la moral absoluta y del intrincese malum es neutralizada por Amoris laetitia, que está conformada por la “nueva moral” condenada por Pío XII en múltiples documentos y por Juan Pablo II en Veritatis splendor. La ética situacional permite que las circunstancias y, en último análisis, la conciencia subjetiva del hombre, determinen lo que es bueno y lo que es malo; la unión sexual extramarital no la considera intrínsecamente mala, sino que, en cuanto a que es un acto de amor, es evaluable de acuerdo con las circunstancias. Más generalmente, para la ética situacional el mal no existe en sí mismo, al igual que el pecado mortal no existe. El equiparamiento de la gente que vive en estado de gracia (las situaciones regulares) y la que vive en situación de pecado permanente (situaciones irregulares) no es solo lingüística: parece haberse sometido a la teoría luterana de simul iustus et peccator, condenada por el decreto de justificación del Concilio de Trento (Denziguer-H, Nos 1551-1583).

La Exhortación post-sinodal es mucho peor que el reporte del Cardenal Kasper, contra el cual justamente se han dirigido muchas críticas en libros, artículos y entrevistas. El Cardenal Kasper había planteado algunas preguntas; la Exhortación Amoris laetitia ofrece una respuesta: abran la puerta a los divorciados y vueltos a casar, canonicen la ética situacional e inicien un proceso de normalización de toda cohabitación de hecho.

Considerando que el nuevo documento pertenece al Magisterio ordinario no infalible, es de esperarse que sea objeto de una crítica analítica y profunda por teólogos y pastores de la Iglesia, bajo ninguna ilusión de aplicarle “la hermenéutica de la continuidad”.

Si el texto es catastrófico, aún más catastrófico es el hecho de que haya sido firmado por el Vicario de Cristo. A pesar de eso, para aquéllos que aman a Cristo y a su Iglesia, ésta es una buena razón para hablar y no quedarse callados. Por lo tanto, hagamos nuestras las valientes palabras del obispo Atanasio Schneider:

“Non possumus” no aceptaré un discurso ofuscado ni una puerta trasera hábilmente disfrazada para dejar pasar una profanación de los sacramentos del matrimonio y de la eucaristía. Asímismo, no aceptaré una burla al sexto mandamiento de la Ley de Dios. Prefiero ser ridiculizado y perseguido antes que aceptar textos ambiguos y métodos insinceros. Prefiero la cristalina “imagen de Cristo Verdad, y no la imagen de la zorra engalanada con piedras preciosas” (San Ireneo), pues yo sé a quién le he creido”,Scio, Cui credidi” (2 Tim 1: 12)

domingo, 13 de septiembre de 2015

Del Concilio Vaticano Segundo al Sínodo:

Del Concilio Vaticano Segundo al Sínodo:

Las Enseñanzas de Michael Davies.


Por Roberto de Mattei


Tomado de:  rorate-caeli.blogspot.com/2015/07/exclusive-for-rorate-michael-davies.html
Traducido al español por Roberto Hope, partiendo de una traducción del italiano al inglés por Francesca Romana.

Se celebró una misa de réquiem por el alma de Michael Davies en la Iglesia de la Asunción de Nuestra Señora, en Londres, el viernes 10 de julio de 2015. Después de la misa, Roberto de Mattei, Profesor de Historia Moderna y de Historia Cristiana de la Universidad Europea de Roma, dictó una conferencia intitulada 'Del Concilio Vaticano Segundo al Sínodo de la Familia: Las Enseñanzas de Michael Davies”

Queridos Amigos:

Es para mí un honor y un placer venir aquí a hablarles acerca de la obra de Michael Davies, a quien conocí personalmente y considero uno de los pocos defensores verdaderos de la fe católica en el Siglo XX.

Sus libros precedieron a los de Romano Amerio 1, y a los de Monseñor Gherardini 2; y mi Historia del Segundo Concilio Vaticano está endeudada con ellos. 3

En el primer párrafo de su libro “Cramner's Godly Order” [El Orden Religioso de Cramner”] (publicado en 1976), Michael Davies escribió que la Iglesia estaba pasando por "la mayor crisis desde la Reforma Protestante; muy posiblemente la mayor desde la herejía arriana”. Para Davies, esta crisis tiene sus raíces más recientes en el Concilio Vaticano Segundo, al cual dedicó un tomo entero, el segundo de su memorable trilogía, 'The Liturgical Revolution' (La Revolución en la Liturgia)

Volvió al Concilio Vaticano Segundo con otro libro importante, "The Second Vatican Council and Religious Liberty" 5. Los problemas relacionados con la liturgia y la libertad religiosa parecen, a primera vista, estar alejados el uno del otro, pero en realidad tienen un origen común en el Concilio Vaticano Segundo y sus consecuencias.

En esta conferencia me estaré enfocando en el aspecto fundamental de la obra del Sr. Davies; específicamente en su contribución al conocimiento del Vaticano Segundo y lo que ha pasado después.

La convocación de Concilio Vaticano Segundo

El 9 de octubre de 1958 murió el Papa Pío XII. El 25 de enero de 1959, sólo tres meses después de haber sido electo al trono papal, el nuevo Papa, Juan XXIII, anunció la convocación al Segundo Concilio Vaticano.

Davies rememora el Vaticano II comenzando desde su convocación, utilizando las palabras del Cardenal Pietro Sforza Pallavicino (1607-1667), historiador del Concilio de Trento, citadas por el Cardenal Manning “...convocar a un Concilio General, excepto cuando es exigido absolutamente por necesidad, es tentar a Dios”.6

Esto no es lo que pensaban algunos cardenales conservadores, pues desde el momento en que fue electo Juan XXIII, lo alentaron a convocar un concilio ecuménico. El Concilio Vaticano Primero había sido interrumpido bruscamente por la guerra Franco Prusiana de 1870, y estos cardenales imaginaron que su reanudación – en sus intenciones – iría a culminar con la redacción de un “Syllabus” de los errores contemporáneos. Contaban con el apoyo de Monsegnor Domenico Tardini, considerando que ellos habían impuesto en Juan XXIII el nombramiento de Tardini como cardenal como condición para su elección al papado.

La inesperada muerte de Monseñor Tardini el 30 de julio de 1961, estando aún en curso la fase preparatoria del concilio, echó a tierra esos planes. Los cardenales conservadores también sobreestimaron el poder de la Curia Romana y subestimaron el poder de sus adversarios, que estaban formando un partido poderoso y bien organizado. En su libro “The Rhine Flows into the Tiber” (El Rhin Desemboca en el Tíber), el Padre Ralph Wiltgen fue el primero en revelar la existencia de esta organizada estructura. En mi libro sobre el Concilio reporté nuevos elementos basados en las memorias de algunos de los protagonistas y en algunos documentos de archivo que han salido a la luz en años recientes.

En junio de 1962, cuando los siete primeros esquemas de las constituciones conciliares (que habían sido elaboradas por diez comités durante tres años bajo la supervisión del Cardenal Alfredo Ottaviani fueron sometidos al Papa. Juan XXIII seguía convencido de que el concilio iría a ser clausurado en Diciembre. El Papa aprobó los esquemas preparatorios, y en julio, tres meses antes de la inauguración, ordenó que fueran enviados a todos los Padres Conciliares, como base para las discusiones en las congregaciones generales. El Concilio Vaticano Segundo fue inaugurado en la Basílica de San Pedro el 11 de octubre de 1962.

En toda Revolución, el momento decisivo es el primer acto, pues contiene en él las semillas para su futuro desarrollo, La historia completa de la Revolución Francesa, por ejemplo, se halla en los dos primeros meses, de junio y julio de 1789, cuando tuvo lugar el coup d' etat procesal: la transformación de los Estados Generales en Asamblea Constituyente. De igual manera, en el Concilio Vaticano II ocurrió un decisivo golpe de estado jurídico en la primera semana, que Davies resaltó muy bien, definiéndolo como una “blitzkrieg”, una guerra relámpago. El Profesor Paolo Pasqualucci, un filósofo de la legislación italiana, dedicó recientemente un pequeño tomo a lo que definió como el “bandidaje procesal” de los primeros días del Concilio.

El partido progresista, con una primera blitzkrieg, consiguió el re-mezclado de los votos para conformar las comisiones, y con una segunda lograron monopolizar las comisiones, insertando en ellas a sus hombres – junto con unos simpatizantes.  Desde el mero inicio del Concilio, el Rhin había comenzado a desembocar en el Tíber.

Otra alteración significativa de los procedimientos fue la “nueva” regla que declaraba que bastaba con un mínimo de cinco miembros en cada comisión para aprobar cualquier enmienda. Una interesante coincidencia – hace notar Davies – fue que el grupo de Padres de los Paísees de Europa Central tenían no menos que cinco de sus representantes en cada comisión,  A los periti (expertos) también se les dió la oportunidad de hablar durante los debates, por lo menos en algunas ocasiones. Michael Davies, siguiendo al Padre Wiltgen, hace notar eso por buena razón, el Vaticano II fue definido como “el Concilio de los periti”. Los periti – descritos por Davies como “las tropas de choque de las fuerzas liberales”9 – tuvieron una influencia increíble: mucha, mucha más influencia que la que tuvieron la mayor parte de los Padres del Concilio.

Son precisamente esos periti los que deben llevarse el crédito de la que quizás fue la victoria más resonante en la sala conciliar: el rechazo de todos los esquemas preparatorios – los cuales eran perfectamente ortodoxos, se conformaban con la doctrina de la Iglesia y habían sido el fruto diligente de 871 expertos. Había tomado dos años el completar esos valiosos esquemas que la asamblea conciliar echó literalmente al cesto de la basura – mediante un procedimiento irregular – careciendo de las requeridas dos terceras partes de los votos. El Obispo William Adrian, de Nashville Tennessee, escribió en términos nada ambiguos, que los peritos se habían empapado de los perniciosos errores de Teilhard de Chardin y de la ética situacional – errores que en su análisis final destruyen la fe, la moral, y toda autoridad establecida. “Estos teólogos liberales coparon el concilio como medio para descatolizar a la Iglesia Católica haciéndolo pasar como un medio para sólo des–romanizarla."

El Cardenal Heenan no vaciló en decir que el concilio de Juan XXIII “proporcionó una excusa para rechazar tanto de la Doctrina Católica que él aceptaba de todo corazón”. La organización, perfectamente eficiente, de los padres del Rhin les hizo posible llegar a Roma de una manera semejante a la de un partido [político] con políticas muy precisas a seguir y objetivos claros a alcanzar. En cambio, el resto de los padres conciliares llegaron a Roma como simples “católicos”, sin siquiera saber la razón exacta de su convocación. El Cardenal Heenan explica cómo la mayoría de los obispos ingleses y americanos llegaron a Roma sin siquiera saber lo que estaba por pasar y, principalmente, desconociendo cómo la “ecumania” así llamada por Heenan, había infectado a sus colegas europeos. Los obispos alemanes, en particular, habían hecho del ecumenismo prácticamente una religión. Heenan afirmaba que Juan XXIII había visto al Concilio como un “safari episcopal”. Pero, antes de que terminara la primera sesión (el Papa Juan) debe de haber pensado de su Concilio menos como un safari que como un sitio.

Al día siguiente de la inauguración del Concilio, Juan XXIII, como el Dr. Frankenstein, se percató que le había dado vida a una creatura – el Concilio – que ya no podía controlar. Cuando murió el 3 de junio de 1963, el concilio ya estaba firmemente en manos de los progresistas.

A fin de asegurarse de dominar el Concilio completamente, los padres del Rhin tenían que asegurarse de que los procedimietnos se alteraran de manera que la influencia de la Curia Romana se debilitara, lo cual el nuevo papa, Pablo VI hizo sin recelo, nombrando a cuatro cardenales como “moderadores”, quienes serían responsables de “dirigir las actividades del Concilio y determinar la secuencia con que los tópicos serían discutidos en las reuniones de trabajo”12. Cuando se dieron a conocer los nombres de los cuatro cardenales (que incluía a Dopfner, Lercaro y Suenens) quedó muy clara la dirección que habría de tomar el Concilio. En la tercera sesión, cuando se formó el Coetus Intarnationalis Patrum, ya era demasiado tarde para resistir el avance de los progresistas. Los liberales y los periti ya tenían el monopolio absoluto del Concilio.

Textos ambiguos y bombas de tiempo

Otra victoria para los progresistas – y quizás la más devastadora de todas – fue la de haber insertado en los textos conciliares lo que Michael Davies, tomando de la expresión de Monseñor Lefebvre, definió con un simbolismo elocuente como “bombas de tiempo”13. Estas bombas habrían de ser activadas por los periti después del Concilio, luego de que ya hubieran tomado el control de las comisiones para la implantación de los textos. Estas “bombas de tiempo” consistieron en:

  1. Pasajes ambiguos insertados por los Padres y los periti que debilitaron la doctrina tradicional al abandonar el lenguage tradicional; 
  2. Omisiones, a veces más peligrosas que las frases heterodoxas; 
  3. Frases ambiguas que parecerían favorecer o por lo menos parecerían ser compatibles con una interpretación no católica de los textos. En pocas palabras, eran fórmulas que podían ser interpretadas tanto en un sentido católico tradicional como en un sentido liberal.

Las concesiones pesentes en los textos también eran debidas – si no prevalentemente – a la “ecumanía” la manía ecuménica, “casi una religión de ecumenismo” segun el Cardenal Heenan14 – que estaba en el mismo aire que se respiraba en la sala conciliar.  Monsegnor Luigi Carli, Obispo de Segni, acabó quejándose de que a fin de evitar perjudicar al ecumenismo, no se podía más hablar de la Santísima Virgen, ya nadie podía ser llamado hereje, la expresión – la Iglesia Millitante – ya no podía usarse más y ya no podía uno referirse a los poderes de la Iglesia Católica.

La falta de precisión de los textos se excusaba con la orientación pastoral, no dogmática, del Concilio. Ninguna definición se autorizaba. Todo se discutía, pero nada se definía porque era un concilio pastoral. La dimensión pastoral, en sí misma accidental y secundaria con respecto a la dimensión doctrinal, resultó en realidad ser la prioridad, produciendo una revolución en el estilo, en el lenguage y en la mentalidad.

La falta de condenación del comunismo

Cada uno de los veinte concilios anteriores al Vaticano II habían sido convocados para extinguir herejías o para corregir los más grandes males de sus tiempos. El "mal más grande” del Siglo XX era ciertamente el comunismo. Su condenación habría justificado la convocación de las audiencias conciliares. Sin embargo – de manera paradójica – el comunismo fue precisamente el mal que el Concilio Vaticano II hizo todas las acrobacias que pudo para esquivar su condenación.

Hasta el Concilio Vaticano Segundo, el Magisterio de la Iglesia Católica había denunciado repetidamente al comunismo con palabras de clara condenación. Los predecesores de Juan XXIII habían condenado el comunismo declarando la total incompatibilidad entre esta ideología “intrínsecamente perversa” (Pío XII) y la Igesia Católica. En la vota de los Padres Conciliares, que llegó a Roma antes de la celebración de las audiencias, el Comunismo parecía ser el error más grave a condenar. A pesar de que más de 200 padres de 46 países diferentes habían solicitado un claro rechazo de los errores del marxismo en la Segunda sesión; a pesar de que el Coetus Internacionalis había presentado una petición que contenía exactamente diez razones por las cuales el comunismo tenía que ser condenado, informando a la asamblea que una abstención en este sentido habría entrañado un repudio del Concilio – y con razón – por su silencio sobre el comunismo, que habría sido interpretado como un signo de cobardía y complicidad – el Concilio mediante un procedimiento de votación claramente alterado, no condenó el comunismo sino buscó un diálogo con él. 15

Podemos ahora decir que las audiencias conciliares habrían sido el lugar perfecto para iniciar un juicio contra el comunismo, semejante al de Nuremberg contra el nacional socialismo; no un juicio de naturaleza penal, ni tampoco un juicio ex post de los vencedores sobre los vencidos, como fue el de Nuermberg, sino un juicio cultural y moral, ex ante, de las víctimas con respecto a los persecutores, como los así llamados disidentes ya habían comenzado a hacer.

“Cada vez que se reunía un Concilio Ecuménico – dijo el Cardenal Antonio Bacci en la sala conciliar – siempre se resolvían los grandes problemas que estaban aquejando esa época y se condenaban los errores de los tiempos. Un silencio sobre este tema, creo yo, sería una imperdonable lacuna, de hecho, un pecado colectivo. [...] Esta es una herejía teórica y práctica de nuestros días, y si el Concilio no se ocupa de ella, podrá dar la impresión de un concilio fallido.”

La constitución Gaudium et Spes, que fue el décimosexto y último documento promulgado por el Concilio Vaticano II, propuso una definición completamente novedosa de la relación entre la Iglesia y el mundo. En ella no se hizo condenación del comunismo en forma alguna.

Muchas veces en el curso de sus estudios sobre el Concilio Vaticano Segundo, Davies insistió en el hecho de que el Espíritu Santo estaba asistiendo al Concilio, aun cuando éste era pastoral, de caer en herejía: Lo que significa, si embargo, repite él, que eso no indica que el Concilio ”haya dicho todo lo que necesitaba decirse sobre cualquier tema particular, o siquiera que lo que sí dijo esté redactado de la forma más clara o más prudente.”16 La falta de condenación del comunismo es evidentemente una de esas omisiones – quizás la más grave – de la cual el Concilio Vaticano Segundo tendrá que responder ante Dios y ante la humanidad.

¿Cuál fue la razón de la falta de condenación del comunismo? Ahora sabemos que en agosto de 1962, en el pequeño pueblo francés de Metz, se celebró un acuerdo secreto entre el Cardenal Tisserant, representante del Vaticano, y el nuevo Arzobispo Ortodoxo de Yaroslav, Monseñor Nicodemus, que era agente de la KGB, – esto último como quedó documentado luego de que se abrieron los archivos de Moscú. Con base en este acuerdo, las autoridades eclesiásticas decidieron no tratar del comunismo en el Concilio. Ésta había sido la condición solicitada por el Kremlin para permitir la participación de observadores del Patriarcado de Moscú en el Concilio.

En los archivos secretos del Vaticano encontré un nota de puño y letra de Pablo VI que confirma la existencia de este acuerdo.  Otros documentos de interés particular fueron publicados por George Weigel en el segundo tomo de su impresionante biografía de Juan Pablo II. Weigel de hecho consultó fuentes tales como archivos de la KGB en la Sluzba Bezpieczentswa (SB) polaca y de la Stasi de Alemania Oriental. Los documentos confirman cómo los gobiernos comunistas y los servicios secretos de los países del este penetraron el Vaticano para favorecer sus intereses e infiltrar los rangos más altos de la jerarquía católica.

Pero esto no es suficiente para explicar la ausente condenación. En realidad, lo que aquí tenemos es una nueva teología de la historia. La encíclica de Pío XI de 1925 (Quas Primas) – su aniversario 90 cae en este año – había presentado a los católicos una teología de la historia basada en el Reinado Social de Jesucristo. La obra de Jacques Maritain, Humanismo Integral17, apareció en 1936, y fue el manifesto para una nueva filosofía de la historia y de la sociedad que presentaba la base para una evolución del pensamiento católico en el sentido opuesto de la filosofía de la historia al delineado en Quas Primas. En un análisis final, el humanismo integral abraza los principios de la revolución francesa – condenados por el Magisterio Pontificio – y se ha destinado a infiltrar masivamente, de ahí en adelante, en los ambientes católicos, todo ello para beneficio del socialismo y del “progresivismo”,

El espíritu de “ecumanía” que arrasó en el Segundo Concilio Vaticano – según Davies – fue el humanismo integral, una filosofía que, por lo menos implícitamente, niega el derecho de la Iglesia a intervenir en el orden social; en otras palabras, es la negación del Reinado Social de Jesucristo”.18 La consecuencia, – expica Davies – es que “la Iglesia debe tomar su lugar en términos iguales que las demás religiones y filosofías dentro de un mundo que ella tenía el deber no de mandar sino de servir”19 Maritain soñaba con una “hermandad universal” de la que la Iglesia tenía que ser la inspiración o la “hermana mayor”. Y para la “hermana mayor” poder ganarse a su “hermano menor” – el mundo – no debe ser intransigente ni autoritaria. Debe hacer la religión aceptable. Y para que la verdad de la fe y la moral sea aceptable, el cristianismo debe ser práctico más que dogmático.”20 Ahora se sabe bien que Pablo VI fue un admirador y discípulo de Jacques Maritain. Por esto – según Davies – el enigma de Pablo VI sólo puede entenderse en el contexto de su adhesión al humanismo integral.

En su "The Second Vatican Council and Religious Liberty” Michael Davies, contrasta la doctrina del Reinado Social de Cristo con el principio de libertad religiosa enunciado en la declaración Dignitatis Humanae. Uno de los observadores protestantes presentes en el Concilio, el teólogo Oscar Cullman, no vaciló en decir que “los textos definitivos son en su mayor parte textos de transigencia”21. Según Davies, “No hay documento del Concilio Vaticano Segundo al que sean más aplicables estos comentarios que a Dignitatis Humanae” 22

Davies con frecuencia cita a un autor que nunca debía ser olvidado, Hamish Fraser. En el número de febrero de 1976 de Approaches, Hamish Fraser afirmó que Quas Primas es ignorada por las así llamadas naciones católicas y por el clero católico. Fue, lo lamentaba él, el más grande fiasco en la historia entera de la Iglesia. Ciertamente fue un gran fiasco, una gran omisión del Concilio Vaticano Segundo. El rechazo del Reinado de Cristo está en los orígenes de un itinerario de apostasía que ha llevado a los países católicos a legalizar el aborto, la fertilización in vitro y la sodomía.

Diez años más tarde, en 1986, cuando el liberal Primer Ministro de Irlanda, Garrett Fitzgerald organizó un referendo que él creía que autorizaría a su gobierno a legalizar el divorcio, Hamish Fraser comentó sobre el resultado con esta palabras: “En cien años, el 26 de junio de 1986 deberá ser recordado como uno de los días más memorables en la historia de Irlanda. Pues ese día, por una abrumadora mayoría (63.5 en contra vs. 36.5 a favor) – el pueblo irlandés votó “No” en el referendo que tenía la intención de obtener su permiso de legalizar el divorcio en la República.”

Menos de treinta años después, el 22 de mayo de 2015, Irlanda introdujo una todavía más memorable fecha en su historia: el día en que el pueblo irlandés – con los mismos porcentajes – aprobó las uniones homosexuales en la República. La responsabilidad de esta apostasía viene de la orientación liberal de las autoridades eclesiásticas – tanto las irlandesas como las internacionales – basadas en Dignitatis Humanae y el espíritu del Vaticano II

El papel de los medios

En la creación del llamado “espiritu del Vaticano II” los medios – y la prensa en particular – jugaron un papel decisivo. Davies hace notar que algo semejante ya había ocurrido un siglo antes en el Concilio Vaticano I, tanto como para concluir que “la fuerza animadora detrás de las dos campañas era la misma”24. El testimonio del Cardenal Manning – que Davies reseña en el Apéndice III de su libro “El Concilio del Papa Juan” es extremadamente interesante. Según el gran cardenal, en el Vaticano I se circuló la idea de que el Concilio había rechazado las doctrinas del de Trento o les habría dado una significación más amplia, o habría re-abierto discusiones consideradas cerradas, o que se había transigido con otras religiones, o que por lo menos había adaptado al pensamiento y teología modernos la inflexibilidad dogmática de la Tradición. “Esta creencia excitó una expectativa, mezclada con esperanza, de que Roma volviéndose más comprensiva pudiera volverse más accesible, o al hacerse inconsistente podría hacerse impotente para influir sobre la razón y la voluntad del hombre” 25

En la época del Primer Concilio Vaticano, los medios querían obstruir la proclamación de la infalibilidad papal. Aquí estamos hablando de la prensa anti-católica que mantenía control alrededor del mundo. Cuando los medios habían identificado a algún obispo que se opusiera a una definición dogmática, lanzaban una campaña en su favor. Esta minoría de opositores era naturalmente exagerada por los medios. De repente, explica el Cardenal Manning; “todo el mundo se paraba para conocerlos. Gobiernos, políticos, periódicos, cismáticos, herejes, infieles, judíos, revolucionarios, como con un mismo certero instinto, se unían para elogiar y exponer la virtud, el conocimiento, la ciencia, la elocuencia, la nobleza, el heroísmo de esta oposición internacional”. Con una repetición verdaderamente Homérica, ciertos epítetos eran vinculados con ciertos nombres. Todos los que estuvieran contra Roma, eran ensalzados; todos los que estuvieran a favor de Roma eran denigrados”26

El Cardenal Manning seguía cuidadosamente lo que la prensa internacional reportaba sobre el Concilio. Cuando se le preguntó en Inglaterra ¿qué debería creerse de lo que se reportaba en los medios? decía: “Lea cuidadosamente la correspondencia de Roma que se publica en Inglaterra, crea lo opuesto y no estará lejos de la verdad”27  El Cardenal observó cuán bien preparada y organizada con anticipación estaba la campaña de medios en su ataque contra el Primer Concilio Vaticano. “Una liga de periódicos alimentados de un centro común, difundía esperanza y confianza en todos los países, de que la ciencia y la ilustración de la minoría salvaría a la Iglesia Católica de la pretensión inmoderada de Roma y de la ignorancia supersticiosa del episcopado universal."

Pero contra el Concilio Vaticano Primero – y en esto estriba la diferencia con el Segundo Concilio Vaticano – la campaña fracasó. Fracasó, dice Davies, porque Pío IX resistió como una roca inamovible, condenó los errores, y a todos aquéllos que pedían adaptar la verdad a los tiempos modernos, les respondía confirmando la claridad del concilio de Trento. A pesar de las profesías aciagas que (aun en esos tiempos) insinuaban que el dogma de la infalibilidad papal era nada menos que el último suspiro de a Iglesia, la autoridad pontificia emergió más fuerte y más vigorosa que nunca. El odio del mundo a la Iglesia quedó de manifesto, y al mismo tiempo, la naturaleza divina de la Esposa de Cristo se hizo manifiesta. Pío IX siguió el ejemplo de Cristo. La gran tempestad que le golpeó inmediatemente después del Concilio Vaticano Primero no fue otra cosa que la señal de su completa pertenencia a la Pasión de Cristo.

Muy diferente fue la suerte de los medios masivos en el Segundo Concilio Vaticano. El Padre Louis Bouyer (1913-2004) un liturgista convertido del luteranismo al catolicismo, no vaciló en afirmar: Si – como se decía – el Concilio había sido liberado de la tiranía de la Curia Romana, había sin embargo sido entregado a la dictadura de los periodistas y “particularmente a los más incompetentes e irresponsables de entre ellos” 29. Éstos casi en su totalidad fueron colaboradores de los Padres del Rhin y de los periti. Había palabras clave que los periodistas del Vaticano II utilizaban con una habilidad dramática: abriendo el diálogo con el mundo, las necesidades del mundo moderno, aggiornamento (puesta al día), pero sobre todo “el espíritu del Vaticano II”. Había, sin embargo, un lema, según Davies, que se volvió un artículo de fe: “opinión pública”. Es un hecho bien sabido que la opinión pública, que la prensa debería reflejar, es, por el contrario, hábilmente manipulada por la prensa, condicionando de esa manera su efecto en el público. Llegaron hasta a llamar la opinión pública “el magisterio moderno”, Pero no bastaba con eso. “La teoría de que Dios enseña a los obispos mediante el instrumento de la prensa liberal” fue difundida, con la aberrante conclusión de que “el periodista católico es el teólogo del presente” 30

La prensa creó su propio mito de los “héroes” conciliares tales como los cardenales Bea y Suenens o el teólogo Kung.31 Dividió a los padres conciliares en "los buenos” y "los malos”. Los buenos eran los progresistas, los malos los tradicionalistas. Los progresistas eran descritos como hombres buenos dotados de dones intelectuales sobrehumanos, envueltos en una luz romántica y cautivadora, llegando a llamar sus actos – por ejemplo cuando hablaban de ecumenismo – “sacramentales”. Sí, comenta Davies, cuando se discute el Vaticano II son “discusiones sacramentales”

Los padres conciliares conservadores eran vistos con suspicacia y descritos como hombres de la curia sin sesos. Monseñor Luigi Carli uno de los protagonistas de la resistencia conservadora era descrito como el hombre de la “voz patética”32 cuando hablaba en la sala conciliar en favor de la Primacía Petrina y contra la colegialidad de los obispos. Algunos periodistas como el corresponsal de Le Monde, Henri Fesquet, no tenía problema en pensar sus propias ideas mucho mejor que las de cualquier obispo que tuviera la temeridad de distanciarse del consenso prefabricado (por los periti y los medios masivos) que los Padres tenían que aceptar.

El papel de los medios en el Concilio fue el centro de numerosos discursos de Benedicto XVI, desde aquél famoso ante la Curia Romana del 22 de diciembre de 2013, el del 14 de febrero de 2013 al clero romano tres días después de anunciar su abdicación. Sostenía la tesis de un concilio virtual, impuesto por los medios de comunicación, que había traicionado al verdadero concilio, que quedó expresado en los documentos conclusivos de Vaticano II. Es a estos textos, distorsionados por una práctica abusiva post-conciliar, a los que debemos retornar para redescubrir la verdad del Concilio, Y, sin embargo, la renuncia de Benedicto al papado revela , en mi opinión, un reconocimiento del fracaso de esta línea hermenéutica.

De hecho, lo que es real en la era de la comunicación es lo que se comunica y la manera como se comunica. El concilio de los medios no fue menos real que el de los documentos, tanto así que podría sostenerse la tesis de que – de haber habido un concilio virtual –  fue precisamente el de los 16 documentos oficiales del Concilio que quedaron en los archivos de la Santa Sede, pero que nunca fueron absorbidos en una realidad histórica concreta. El problema de la relación entre la crisis de la fe y el Segundo Concilio Vaticano exige, en mi opinión, una respuesta no sólo a un nivel hermeneutico, sino principalmente a un nivel histórico. El problema no es la interpretación de los documentos del Concilio, sino el juzgar al Concilio como una realidad histórica. Y ésta es la valiosa contribución de Michael Davies.

El estátus de los documentos.

Después de 50 años, la larga, interminable diatriba hermenéutica con respecto a los textos producidos por el Concilio sustancialmente no ha llegado a nada. Michael Davies, en la trifulca general del post- concilio inmediato, entendió desde el principio que “nadie, no importa el rango que tenga, puede obligarnos a aceptar una interpretación de la enseñanza moral o doctrinal contenida en un documento conciliar que esté en conflicto con la enseñanza anterior de la Iglesia”33, Davies hace referencia a Newman, quien afirmó que cuando una forma nueva no es fiel a la idea que intenta expresar de una manera mejor, tal forma nueva constituye una evolución desleal y falsa.”llamada más correctamente corrupción”,  Citando a Belarmino, el Cardenal Newman recuerda que “todos los católicos y los herejes concuerdan en dos puntos:  primero, que para un papa es posible, aun como papa y con su propia asamblea de consejeros, errar en controversias particulares sobre hechos, que dependen principalmente de información y testimonio humanos...”34

El punto débil de los documentos para M. Davies es de hecho que no siempre dicen todo lo que deberían, y de esa manera dejan abierta la puerta para una interpretación modernista de los textos. También es cierto que muchos abusos propagados después del Concilio no tienen una contraparte directa en los documentos conciliares, pero “el Concilio no puede ser exonerado de su responsabilidad por tales abusos”.  Además “el hecho de que tengan aprobación del Vaticano – agrega Davies – de ninguna manera quita el hecho de que son abusos”.35  M. Davies reflexiona de manera especial sobre Sacrosanctum Concilium, observando que la Comisión encargada de su aplicación, la así llamada Consilium, estaba formada por progresistas, con la sorprendente adición de seis observadores protestantes. En otras palabras, obseva Davies, “Los liberales habían construido la Constitución Litúrgica como un arma con la cual iniciar una revolución, y los Padres Conciliares pusieron luego esta arma en manos de los mismos hombres que la habían fraguado,"36 quienes – como lo dijo el Arzobispo R.J. Dwyer – “eran hombres o bien sin escrúpulos o bien incompetentes”

Es un hecho que el Archidiácono Pawley había reconocido, que la reforma litúrgica del Concilio no sólo concordaba con la que había hecho Cramner [en el cisma anglicano] sino que de hecho fue más allá. Es útil citar al Cardenal Heenan una vez más: "Hay una cierta justicia poética – dijo él – en la humillación de la Iglesia Católica a manos de los anarquistas de la liturgia. Los católicos solían reírse de los anglicanos por dividirse en “high” y “low”... El antiguo alarde de que la misa es la misma en todas partes y que los católicos se contentan con cualquier sacerdote que la celebre, ya dejó de ser cierto. Cuando el 7 de diciembre de 1962 los obispos votaron abrumadoramente (1922 contra 11 votos) en favor del primer capítulo de la Constitución sobre la Liturgia, no se percataron de que estaban iniciando un proceso que habría de causar confusión y amargura en toda la Iglesia después del Concilio  39

Con respecto a Scrosanctum Concilium – aunque aplica a todos los documentos – el único consuelo, que indica que el Espíritu Santo no abandonó a la Iglesia, está en el hecho de que “esta promulgación sería de carácter disciplinario, no doctrinal, y como consecuencia no tocaría la infalibilidad de la Iglesia”40

Hacia el Sínodo que está por reanudarse: Gaudium et Spes, la señal de advertencia del colapso moral.

Leer la obra del Sr. Davies puede ayudarnos a entender la crisis presente. Nos hallamos ahora ante un Sínodo de Obispos sobre la Familia que parece estar poniendo la indisolubilidad del matrimonio en tela de duda y abriéndoles la puerta a parejas homosexuales. Si el Sr. Davies viviera todavía, quizás vería sus orígenes en el abandono del esquema sobre el Matrimonio y la Familia ocurrido en el Vaticano II, que fue sustituido por algunos pasajes ambiguos en Gaudium et Spes. El Sr. Davies identificó los peligros que acechaban con Gaudium et Spes, en la inversión de los fines del matrimonio. De hecho al poner el de la procreación después del del amor conyugal, se alteró toda la moralidad católica. Davies reseña la advertencia del Superior General de los Dominicos, el Cardenal Browne ― durante una sesión conciliar ― se levantó y dijo en voz muy alta; “¡Caveatis, caveatis! Si aceptamos esta definición estaremos yendo contra toda la tradición de la Iglesia y habremos de pervertir el significado completo del matrimonio” 41.

Si el fin primario del matrimonio no es la procreación, entonces tiene su expresión más alta en el amor conyugal ― pero el amor de los esposos proviene de un acto de la voluntad, y un acto de la voluntad puede decretar su fin. Si la moralidad no está basada en la naturaleza, sino en la persona, la relación de la pareja prevalece sobre el bien objetivo de la familia.  Si se establece la primacía de las relaciones interpersonales, este principio quedará condenado a extenderse a las relaciones extra-maritales y luego, de las relaciones heterosexuales a las homosexuales.

Según el Sr. Davies, la enemistad eterna agustiniana entre la Ciudad de Dios y la Ciudad del hombre parece estar extinta en Gaudium et Spes. “Aun cuando hay afirmaciones en Gaudium et Spes que insisten en que el Reino Celestial sigue siendo el objetivo principal de la Iglesia, está fuera de toda disputa el que el documento despliega una preocupación obsesiva y extendida por el Reino Terrenal. Si la cantidad de texto dedicado a aquél se compara con el dedicado a éste, el contraste es tanto sorprendente como deprimente. Está repleto del espíritu de Humanismo Integral y de Sillonismo” 42

El legado de Michael Davies.

Los enemigos en el Sínodo [de la Familia] son los mismos que en el Vaticano II; con un factor agravante, que  es ― cuando en el Concilio las fuerzas que lo empujaron estaban en cierta forma fuera de la Iglesia, ahora están adentro, en el sentido de que ― después de 50 años de devastación ― obispos y cardenales ni siquiera ocultan su admiración por Lutero o por la ideología comunista, presentada hoy en día en términos de Teología de Eco-liberación. La mayor parte de los medios masivos está en manos de los enemigos de la Iglesia y su influencia está grabada en la opinión pública de una manera cada vez más agresiva ― con respecto a los años del Vaticano II ― que, como lo dijo el Sr. Davies, ellos mismos han creado.

Sin embargo, ahora tenemos una ventaja, A saber: teniendo atrás la experiencia del Concilio, en el cual prevalecieron de cierta forma los enemigos de la Iglesia, porque la gente buena no estaba preparada, podemos y debemos organizar una resistencia que no vuelva a pescar a los buenos católicos por sorpresa. No olvidemos, como nos lo recuerda el Cardenal Newman, que “en la época del arrianismo fue la fidelidaad de los laicos la que salvó a la Iglesia”

Pienso que el Sr. Davies habría invitado a los católicos merecedores de este calificativo ― primero y sobre todo, a tomar las armas sobrenaturales ― siendo la más importante, ciertamente, la Misa Tradicional en Latín, el gran amor del Sr. Davies, por la cual, laudablemente, 'derramó ríos de tinta' movido por un santo celo, con el cual amó y adoró lo que el Padre Faber llamó “la cosa más bella de éste lado del Cielo”.

Los medios espirituales deben ser el espíritu de los medios naturales. Éstos pueden consistir en el uso correcto y adecuado de los medios masivos (que los enemigos utilizan para servir al mundo y a su Príncipe) para defender los valores tradicionales. Debemos crear “pequeños fuertes de resistencia” para defender la Tradición y la doctrina inalterable de la Iglesia; debemos estudiar bien los límites de obediencia al Papa y al Magisterio “fluido” que nos presenta éste todos los días, siguiendo firmemente sobre esta cuestión, lo que nos enseña el gran cardenal inglés John Henry Newman, a quien el Sr. Davies admiraba, como admiraba también al Cardenal Manning 43. Sé que fue objeto de críticas por su admiración por Newman, considerado liberal por algunos tradicionalistas. La ortodoxia anti-liberal de Newman fue, sin embargo, confirmada no sólo por el Papa León XIII, quien lo hizo cardenal, sino también por San Pío X en su breve papal al obispo de Limerick del 10 de marzo de 1908. En lo que a mí toca, si yo hubiera vivido en tiempos del Concilio Vaticano I, me habría puesto del lado de Manning contra el de Newman. Pero como vivo en tiempos del Vaticano II, creo que el Cardenal Newman, en sus libros, principalmente en el dedicado a los Arrianos del siglo IV, nos ofrece armas mejores que las de Manning para combatir a los modernistas que se han apoderado del manejo de la Iglesia.

Davies atribuye parte del desastre conciliar también a una falsa obediencia que muchos católicos creen deberle al Papa. Von Hildebrand afirma que, considerar inspirada por Dios toda decisión papal, y de esa manera no sujetarla a crítica alguna, plantea problemas insolubles ante los fieles en relación con la historia de la Iglesia” 44. El propio Cardenal Manning ― uno de los cardenales más ultramontanos en el Vaticano I ― dijo: “La infalibilidad no es una cualidad inherente a ninguna persona, sino una asistencia ligada a un cargo” 45 El Primer Concilio Vaticano no enseña que el carisma de la inflibilidad está siempre presente en el Vicario de Cristo, sino que simplemente no está ausente en el ejercicio de su cargo en su forma suprema, o sea, cuando el Soberano Pontífice enseña como Pastor Universal, ex cathedra, en cuestiones de fe y de moral. 46

El sínodo que está por llegar tendrá como tema la familia y todos los problemas relacionados con ella ― los que el Sr. Davies previó como consecuencia directa de Gaudium et Spes, documento en el cual se invirtieron los fines del matrimonio y se omitió una condenación clara de la contra-concepción ― en particular el divorcio y la posible comunión para los divorciados vueltos a casar. En este caso, el caso del divorcio, la Inglaterra católica está al frente y sólida en su historia de mártires. Hace quinientos años, fue un divorcio lo que causó el Cisma Anglicano. Sabemos cómo era la defección entre los miembros del clero y entre el pueblo, la cual debe ser deplorada, pero también sabemos del testimonio heróico de muchos mártires, a quienes todavía seguimos venerando, quienes oponiéndose a ese divorcio, lo pagaron con sus vidas. Ciertemente no es coincidencia que en la confusión doctrinal y moral de esa época, el primer grupo consistente en alzar la voz vino de Inglaterra. Aquí la sangre de los grandes mártires del siglo 16 ― tales como el Obispo John Fisher y Thomas More ― siguen atestiguando que el marimonio es de derecho divino y nadie, ni siquiera “la Iglesia tiene poder alguno sobre él” (Cardenal Joseph Ratzinger)

Y si esta voz sigue sin ser escuchada, debe recordarse lo que Michael Davies escribió en 1977: “nadie, cualquiera que sea su rango, puede obligarnos a aceptar una interpretación de la enseñanza doctrinal y moral contenida en un documento conciliar que esté en conflicto con la enseñanza anterior de la Iglesia”

Si llegara a imponerse en el próximo sínodo una dirección contraria a la enseñanza tradicional de la Iglesia, deberemos mantenernos fieles a la doctrina inmutable de la Iglesia, teniendo presentes las palabras de Santo Tomás Moro: “Si tengo a todos los obispos contra mí, tengo conmigo a todos los santos y doctores de la iglesia.”



Notas:
[1] Romano Amerio, Iota unum, Ricciardi, Milano-Napoli 1985, traducida a seis idiomas.
2 Mons. Brunero Gherardini, Vatican II Una Discusión muy Necesaria, Casa Mariana, Frigento 2009; Un Concilio mancato,(Un Concilio que Fracasó) Lindau, Torino 2011; Vaticano II, alla radice di un equivoco, (Vatican II, Las Raíces de una Falsa Interpretación) Lindau, Turin 2012.
3 The Second Vatican Council, An Unwritten Story (El Concilio Vaticano II, Una Historia no Escrita), Lindau, Turin 2011.
4 Pope John’s Council (El Concilio del Papa Juan), Augustine Publishing Company, Chawleigh, Chulmleigh (Devon) 1977.
5 The Second Vatican Council and Religious Liberty (El Concilio Vaticano II y la Libertad Religiosa) The Neumann Press, Long Prairie (Minnesota) 1992.
6 H. Manning, Petri Privilegium, Three Pastoral Letters to the Clergy of the Diocese (Tres Cartas Pastorales al Clero de la Diócesis), III, Londres 1871, p. 24, citado en Pope John’s Council, p. 3.
7 Ralph M. Wiltgen, The Rhine flows into the Tiber (el Rhin Desemboca en el Tíber), Hawthorn Books, London 1967.
8 Paolo Pasqualucci, Il Concilio parallelo. L’inizio anomalo del Vaticano II, (El Concilio Paralelo. El Anómalo Inicio del Vaticano II) Fede e Cultura, Verona 2014,
9 Pope John’s Council, p. 45.
10 Bishop W. Adrian, of Nashville (Tennessee), The Wanderer, 1 August and 8 August 1969, citado en Pope John’s Council, p. 44.
11J. Heenan, A Crown of Thorns (Una Corona de Espinas), Londres 1974, p. 354, citada en Pope John’s Council, p. 11.
12 Ralph M. Wiltgen, The Rhine Flows into the Tiber, p. 82, citada en Pope John’s Council, p. 34.
13 Pope John’s Council, pp. 52-78.
14 [1] J. Heenan, A Crown of Thorns, p. 339.
15 M. Davies le dedicó un capítulo entero a este espinoso y controversial tema en su libro, Pope John’s Council, con el titulo “Viraje hacia la Izquierda” (pp.139-157)
16 Ivi, p. 153.
17 Jacques Maritain, Humanisme intégral. Problèmes temporels et spirituels d’une nouvelle chrétienté (Humanismo Integral, Problemas Temporales y Espirituales de una Nueva Cristiandad), Aubier-Montaigne, Paris 1936, ora en Jacques e Raissa Maritain, Oeuvres complètes, Editions Universitaires, Fribourg 1984, vol. VI, pp. 293-642..
18 Pope John’s Council, p. 178.
19 Ivi, p. 179.
20 H. Le Caron, Le Courrier de Rome, 15 October 1975, citado en Pope John’s Council, p. 181.
21 Henri Fesquet, Le Journal du Council, H. Morel 1964, pp. 517-518, citado en Pope John’s Council, p. 56.
22 Religious Liberty, p. 174.
23 Religious Liberty, p.185.
24 Pope John’s Council, p. 264.
25 L.-J.Suenens, La Croix, 6 April 1965, citado en Pope John’s Council, p. 91.
26 Cf Pope John’s Council, App. IV, pp. 270ss.
27 Ivi, p. 273.
28 Ivi, p. 212.
29 J. H. Newman, The Development of Christian Doctrine (El Desarrollo de la Doctrina Cristiana)  Londres 1974, Ch. II, Sec. II., p. 11, citado en Pope John’s Council, p. 212.
30 Pope John’s Council, p. 214.
31Ivi, p. 226.
32 R. J. Dwyer, The Tidings, 9 July 1971, citado en Pope John’s Council, p. 226.
33 Cf Pope John’s Council, p. 242.
34 J. Heenan, A Crown of Thorns, p. 367, citado en Pope John’s Council, p. 243.
35 X. Rynne, The Second Session (La Segunda Sesión), London 1964, p . 297, citado en Pope John’s Council, p. 227.
36 M. Lefebvre, Un Eveque Parle (Un Obispo Habla), Parigi 1974, pp. 155-156, citado en Pope John’s Council, p. 67.
37 Pope John’s Council, p. 186.
38 Lead Kindly Light: The Life of John Henry Newman ((Guíame Luz Amable, La Vida del Cardenal Newman) Neumann Press, 2001
39 Ivi, p. 174.
40 H. Manning, The True Story of the Vatican Council (La Verdadera Historia del Concilio Vaticano) Londres 1877, p. 179, citado en Pope John’s Council, p. 175.
41 Cf Pope John’s Council, pp. 175-176.
42 Pope John’s Council, p. 186.
43 Lead Kindly Light: The Life of John Henry Newman  Neumann Press, 2001
44 Ivi, p. 174.
45 H. Manning, The True Story of the Vatican Council, London 1877, p. 179, citado en Pope John’s Council, p. 175.
46 Cf Pope John’s Council, pp. 175-176.