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by Tejji

lunes, 22 de febrero de 2016

Devastación de la Europa Católica

Algunas Causas y Consecuencias de la Revolución Protestante

(última de siete partes) 

Por el Hermano David Mary, MICM, terc.

Tomado de: http://catholicism.org/the-devastation-of-catholic-europe-some-causes-and-consequences-of-the-protestant-revolt.html
Traducido del inglés por Roberto Hope

Escocia

Para Escocia, la revolución protestante no se manifestó hasta después de la muerte de su recio dirigente católico, el Rey Jaime V. Hasta el momento de su muerte, Jaime resistió con éxito todos los empeños de su tío, Enrique VIII de llevarlo a la nueva religión. Jaime, católico leal, fue celoso promotor de la corrección de los abusos eclesiásticos en la Iglesia, y enemigo tenaz de la herejía. 103

No obstante, para 1535, se habían formado en Escocia dos bandos opuestos ― uno de ellos incluía a muchos nobles, a la reina madre ― Margarita Tudor, hermana de Enrique ― y a muchos descontentos, súbditos del reino, que secretamente apoyaban las maquinaciones de Enrique VIII y el avance del nuevo orden, mientras que en el otro estaba el rey, la jerarquía de la Igesia, varios nobles católicos y la gran masa del pueblo escocés, que era católico.

Entre los súbditos leales al rey y a la Iglesia estaba un tal David Beaton. Habiendo sido nombrado Cardenal Primado de Escocia en 1538, por la autoridad del Papa Pablo III, Beaton demostró ser un apoyo valioso al Rey Jaime en resistir los errores descabellados de la época.

Enrique trató en vano de desbaratar la alianza de Jaime con Beaton. Dos veces envió Enrique emisarios apremiándole a que siguiera su ejemplo de usurpar la supremacía de la Iglesia en sus dominios. Luego de ver sus intrigas frustradas y resistidas por el Rey y el Cardenal, Enrique recurrió a la violencia. En 1542 se desató una guerra entre Inglaterra y Escocia, y el Rey Jaime murió poco tiempo después de que las fuerzas escocesas fueran derrotadas en la frontera norte de Inglaterra.

El Conde de Arran, Jaime Hamilton, fue entonces declarado regente de Escocia por algunos nobles escoceses que habían vendido sus lealtades a Enrique. La heredera del trono, María Reyna de Escocia, tenía apenas una semana de haber nacido cuando murió su padre; por esa razón se autorizó que Hamilton gobernara durante la minoría de edad de ella.

El Cardenal Beaton fue enviado a prisión por el nuevo gobernante, que abiertamente favorecía las nuevas doctrinas (el luteranismo en esa época). Enrique VIII ideó un plan para que Hamilton arreglara un matrimonio entre María y Eduardo VI, hijo de Enrique. El pueblo escocés descubrió la propuesta alianza con Inglaterra y, en protesta, sacó a Beaton de prisión y forzó a Hamilton a que renovara su lealtad al Papa.

Con el Cardenal Beaton ahora libre para advertir al país del peligro inminente proveniente del sur, Enrique VIII incitó abiertamente un complot para quitar a Beaton de la escena. En 1546, el Cardenal Beaton fue martirizado por su fe y su patria, en la Catedral de San Andrés, por nobles apóstatas de la familia Leslie. 104

Luego se desató en Escocia una guerra civil, e Inglaterra lanzó una invasión en 1547. Con la ayuda de los franceses,  en 1550, Escocia pudo expulsar a Inglaterra de su territorio. Creciendo el número de nobles en el bando de Enrique, y siendo el pueblo gobernado por una regente extranjera, María de Guisa (habiendo sido Hamilton expulsado), no pasó mucho tiempo para que la revolución estallara sobre Escocia.

En 1555, el sacerdote apóstata, Juan Knox  ―buen amigo y discípulo de Juan Calvino, pasó a Escocia y predicó en Edimburgo impunemente contra la antigua fe. Dos años más tarde, los nobles protestantes formaron el grupo de los “Señores de la Congregación”. Este grupo fue una liga quasi-militar empeñada en promover un protestantismo tipo inglés en los territorios gobernados por estos hombres, ambiciosos de poder. 105

En 1559, a consecuencia de la instigación producida por las diatribas de Knox contra la Iglesia, templos y monasterios comenzaron a ser atacados y saqueados. Al año siguiente, Inglaterra (siendo ya gobernada por la Reina Isabel) invadió Escocia por tierra y por mar en apoyo de los “Señores de la Congregación”. 106 La profanación y destrucción de iglesias y abadías siguió extendiéndose, y María de Guisa, la reina regente, murió. Ya habiendo alcanzado la mayoría de edad, María Reina de Escocia, tomó de Francia las riendas del gobierno.

En agosto de 1560, se reunió un parlamento en Escocia, con los “Señores de la Congregación” haciéndose cargo de él, y estando Juan Knox presente como mentor religioso. 107 Este parlamento no había recibido autorización de la nueva reina para reunirse.

Knox propuso y el parlamento aceptó una “Confesión de Fe” protestante, sustituyendo la doctrina y disciplina católica con el calvinismo. Se promulgaron tres estatutos: 1) se abolían las jurisdicciones papal y episcopal, 2) todos los actos anteriores que fueran contrarios al calvinismo quedaban derogados, y 3) se declaraba ilegal la misa bajo pena de confiscación y cárcel y, de ser necesario, de exilio y aun de muerte. (Knox declaró públicamente que “una misa era para él más temible que 10,000 hombres armados”)

El Libro de Disciplina y el Libro de Orden Común, que encarnaban las opiniones de Knox, se hicieron ley para la nueva religión, como lo estableció el Parlamento. Todos los sacramentos, excepto el bautismo y una “cena” calvinista se declararon abolidos. La jurisdicción episcopal fue reemplazada por un consistorio de presbíteros (de ahí el nombre de Iglesia Presbiteriana), auxiliada por ancianos y diáconos. Las propiedades de la Iglesia fueron declaradas confiscadas; y aun cuando Knox había decretado que la propiedad pasara a la nueva “Kirk” Presbiteriana, los nobles se enriquecieron rápidamente con el botín. “Como en Inglaterra, con la avaricia del rey tirano, también en Escocia con la codicia de la nobleza mercenaria, deseosos de apropiarse de la riqueza acumulada de la Iglesia, consumaron una obra que aun los historiadores protestantes han descrito como una revolución más que una reforma” 109

Irlanda

Aunque Irlanda nunca capituló en la Revuelta Protestamte contra la Iglesia de Cristo, vale la pena echar una mirada a su sufrimiento durante este período, a fin de ilustrar el odio demoníaco que los revolucionarios tenían hacia los católicos y la Única Fe Verdadera.

Cuando comenzó la revuelta en Inglaterra, Irlanda era un país conquistado, con soldados ingleses ocupando su territorio. Gracias a eso, Enrique VIII pudo imponer en 1541, sobre un parlamento complaciente, la Ley de Supremacía.  Inmediatemente después, tuvo lugar una gran profanación y destrucción de las más venerables reliquias católicas de Irlanda. Los santuarios y las tumbas de los Santos Patricio, Brígida y Columba de Iona, fueron profanadas y saqueadas, y las reliquias sagradas lanzadas al viento. La guarnición Inglesa en Athlone saqueó y arrasó la Catedral de Clonmacnoise.

En el curso de los siguientes 200 años, todos los monasterios y casas religiosas (unas 550 en número) fueron saqueadas y destruidas en todo el país; sus tierras fueron confiscadas, y las iglesias y edificios conventuales fueron secularizados y destruidos. Las iglesias parroquiales y las iglesis catedrales también fueron confiscadas, y los edificios y los ingresos fueron aplicados a los fines del credo herético. “Se instituyó una persecución religiosa de ferocidad sin precedente que siguió, con pocas y breves interrupciones, por más de dos siglos. Sacerdotes y religiosos fueron enviados al exilio o condenados a muerte; toda manifestación pública de la Fe Católica era suprimida; los santuarios y los emblemas religiosos fueron destruidos o removidos; los días de fiesta católicos fueron secularizados; se prohibía vestir el habito religioso en público; la celebración de la misa, aun en privado se declaró ofensa criminal. Quienes se rehusaron a conformarse a la secta herética fueron molestados, pauperizados y degradados mediante una serie de leyes y un sistema de administración que se han ganado una notoriedad singular en la historia del mundo". Así escribe el historiador Lecky: “La simple profesión de la fe católica excluía a un hombre de toda forma de poder político y municipal, de casi todo medio de adquirir riqueza, conocimientos, dignidad o influencia. Lo sometía al mismo tiempo a impuestos excesivos y opresivos, privándole del derecho de legar su propiedad y de gobernar a su familia a su gusto, le daba poder a cualquier protestante que tuviera una enemistad con él, de injuriarlo y molestarlo de mil maneras; en una palabra a una condición poco mejor que la de servidumbre absoluta.”

La ferocidad y crueldad implacables que caracterizó a las conquistas de Irlanda por los Tudor y los Puritanos, durante las cuales unas dos terceras partes de la población fue segada por la hambruna y la espada 111, y la opresión, el pillaje y la persecución que las siguieron tomaron mucha de su intensidad, del odio y del fanatismo religioso. 112

Epílogo:

Mientras la Revolución arrolló una gran parte de Europa con su avance, hubieron aquellos países donde el protestantismo nunca logró posicionarse ― específicamente España e Italia.

En España, la Iglesia era fuerte y el estado estaba gobernado por recios dirigentes católicos ― Carlos V y Felipe II. Por su empeño y mediante la labor de una Inquisición efectiva, la Revolución nunca llegó a figurar.

Asímismo en Italia, la Inquisición Romana y la lealtad del pueblo al Papa hizo que los protestantes lograran muy pocas incursiones con las cuales pudieran incitar a los hombres a una revolución.

Aun cuando este artículo no se ocupará de la Reforma Católica, la cual tuvo lugar poco después de que comenzara la protestante, pueden decirse algunas palabras acerca de sus causas y sus efectos.

Puede considerarse que la Reforma Católica comenzó en 1527 con el notorio Saqueo de Roma, que tuvo lugar a finales de mayo de ese año. Generalmente se reconoce que Roma fue castigada por Dios por la laxitud de su moral, sus lujos y la gran falta de determinación para corregir los varios y diversos abusos que se habían acrecentado a través de los años. Habían crecido a tal grado, es decir, que imponían una camisa de fuerza que impedía la misión primaria de la Iglesia,

Sin ir a gran detalle sobre las causas del Saqueo de Roma, bastará decir que el Ejército Imperial de Carlos V, que entonces ocupaba Italia debido a guerras con Francia e Italia, se abrió paso a la ciudad de Roma buscando hacer pillaje. Facciones luteranas y diversas otras anti-católicas dentro del ejército “medio enloquecidas del deseo de oro y con odio a la Iglesia Católica, se arremolinaron sobre los muros de la ciudad y comenzaron la matanza y quemazón. Saquearon la sacra capital de la cristiandad con la crueldad más despiadada que cualquiera que la historia hubiera jamás registrado ... Roma quedó enteramente en ruinas” 113 Para cuando terminó, miles de personas habían sido muertas, altares e iglesias habían sido profanadas, objetos sagrados habían sido robados, y el papa había sido hecho prisionero. Una breve reaparición de la peste negra devastó a aquéllos que habían cometido los actos perversos.

Así, de este castigo de Roma y del aprisionamiento por un tiempo del Papa Clemente VII, comenzaría la Reforma Católica. Un papa con deseo de reformar, Pablo III, fue electo en 1534, mismo año en que San Ignacio de Loyola comenzara la Compañía de Jesús. Once años más tarde, en Trento, el más famoso concilio ecuménico de la Iglesia comenzó la larga y ardua tarea de codificar la Fe Católica y de restablecer una fuerte disciplina en los asuntos eclesiásticos. 114 Esta reforma, a eso verdadera, mostraría al mundo que la Iglesia Católica es la divinamente instituida Iglesia de Cristo.

Sin embargo, tan fuerte como se hizo cuando emergió de las cenizas de la Reforma, jamás habría de volver a recuperar todo lo que perdió en términos de prominencia e influencia en el mundo. Sí, seguiría tan fuerte como siempre en su empeño de convertir paganos, judíos, herejes, cismáticos e infieles a la Una Iglesia Verdadera fuera de la cual no hay salvación, pero su influencia sobre las mentes y corazones de la sociedad jamás habría de alcanzar el lugar que en justicia le corresponde.

La Reforma logró dos males infaustos, uno mortal, que fue su separación de la Iglesia Romana de un gran número de príncipes con sus súbditos, y el otro contagioso, que fue el de enfriar más y más la devoción del resto de los príncipes hacia la Sede Papal. Éstos últimos siguieron adorando a Jesucristo en la Eucaristía, siguieron creyendo en la libre voluntad y el purgatorio, siguieron declarándose y manifestándose, en todo lo que no ofendiera su orgullo, hijos amorosos de Cristo y del Papa; pero, actuando como hijos no muy afectuosos, lo expulsaron de sus estados y repelieron a la Iglesia, forzándola a confinarse al santuario invisible de sus dogmas. No proclamaron como Lutero que la Iglesia era invisible, pero la privaron de su visibilidad, apenas permitiéndole las formas sensibles del culto exterior. La iglesia es visible no sólo en la confesión explícita de sus dogmas y en el uso de sus sacramentos, sino también en aquello que constituye la esencia de su visibilidad, la sujeción al Pontífice, Vicario de Jesucristo. Él preside sobre todo hombre católico en el complemento de su individualidad, o sea en su razón. Ahora bien, como la vida social es la vida del hombre, precisamente porque es racional, el Vicario de Cristo no puede gobernar a todo hombre sin tocar, con su autoridad, a la sociedad civil, en la cual existe el complemento del hombre. Los príncipes expulsaron al Papa de esta sociedad, lo confinaron a la Iglesia, y aun cuando a sí mismos se llamaban católicos y cristianísimos, el ateísmo político deshonró la administración de sus estados. Del ateísmo político al religioso [no habría] más que un paso...115

Hasta que el Pontificado Civil no se establezca en el mundo, hasta que el mundo nuevamente reconozca la autoridad divina del Vicario de Jesucristo y se someta a esa autoridad, seguirá descarriado como el hijo pródigo, destinado a alimentar los cerdos de los réprobos.


Notas:
101 Summary of Catholic History, p. 197. 
102 Ibid., pág. 198. 
103 "Scotland", Rt. Rev. Oswald David Hunter-Blair, OSB, MA, Catholic Encyclopedia, Vol. XIII, pág. 622. 
104 "Beaton", Rt. Rev. David Hunter-Blair, OSB, MA, Catholic Encyclopedia, Vol II, pág. 373. 
105 Summary of Catholic History, pág. 203. 
106 "Scotland", pág. 619. 
107 Summary of Catholic History, pág. 204. 
108 "John Knox", Rt. Rev. David Hunter-Blair, OSB, MA, Catholic Encyclopedia, Vol. VIII, pág. 683. 
109 "Scotland", pág. 619. 
110 Framework of a Christian State, págs. 647-648. 
111 La población de Irlanda [antes de las persecuciones] se estimaba generalmente de unos 2 millones. Según un censo levantado en 1659, la población era de 500,091. 
112 Ibid., pág. 89. 
113 Philip II, William Thomas Walsh, TAN Books, págs. 13-14. 
114 Traemos a la atención del lector que la palabra codificar significa "reducir a un código," o "poner en forma sistemática, especialmente por escrito." Ya que la Fe Católica es la misma Fe que había sido confiada por Jesucristo a sus Apóstoles, enseñada, a su vez por ellos, y diseminada por todo el mundo por la Iglesia, no es necesario decir que lo que se hizo en Trento fue una reducción en papel de ciertos dogmas que siempre se habían creído; ni el Concilio de Trento, ni ningún otro concilio ecuménico podía "inventar," "descubrir" o "crear," doctrina. La frase "codificando la Fe Católica," significa el plasmado de la revelación en un lenguaje específico que condenaba la herejía peculiar de la época (el protestantismo). 
115 History of Boniface VIII, pág. 445. 
116 Our Glorious Popes, pág. 90. 

lunes, 15 de febrero de 2016

Devastación de la Europa Católica

Algunas Causas y Consecuencias de la Revolución Protestante

(sexta de siete partes)

Por el Hermano David Mary, MICM, terc.

Tomado de: http://catholicism.org/the-devastation-of-catholic-europe-some-causes-and-consequences-of-the-protestant-revolt.html
Traducido del inglés por Roberto Hope

El Cisma de Inglaterra


En Inglaterra, la revuelta contra la Iglesia golpeó de manera muy fuerte. En ninguna parte habría de producir el protestantismo un desastre más grande. Este desastre no se produjo tanto por la diseminación de doctrinas falsas como por la corona haber arrancádole por fuerza la iglesia a Roma. Una nueva iglesia nacional surgió a la existencia, y el camino para construir la Iglesia Anglicana ocasionó un tremendo costo en vidas y en propiedades.

Como lo habíamos visto en otra parte, la intromisión del poder civil en los asuntos de la Iglesia había llegado a tal grado que mucho del alto clero de Inglaterra se había alejado de la Santa Sede y se había puesto al servicio del rey. Así mísmo, el reconocimiento general de la Primacía del Papa había menguado en la mente de muchos ― gobernantes al igual que gobernados. Bajo esas circunstancias, era sólo cuestión de tiempo para que la persona indicada llegara a escena y se aprovechara de la deteriorada situación. Para Inglaterra, esa persona fue Enrique Tudor ― el Octavo de Inglaterra.

Todo el mérito o demérito de haber causado la separación de Inglaterra de la Iglesia Católica le pertenece justamente a Enrique VIII. Él fue el verdadero padre de la Reforma Inglesa, la cual fue peculiarmente obra suya, amoldada de acuerdo con su voluntad real, y hecha según su imagen y semejanza. Este hecho es indiscutible. De no ser por él, no hubiera habido un cisma y consecuentemente tampoco la Reforma en Inglaterra ― o por lo menos no entonces.

Enrique VIII llegó al poder en el año 1509, ocho años antes de que Alemania iniciara la revolución. Le tomó muy poco tiempo después de eso para separar a Inglaterra de la Iglesia Una y Verdadera. Después de 1515, Enrique se había vuelto absolutista en asuntos políticos, arrancando una obediencia ciega tanto de nobles como de clérigos.90 Y a tono con el espíritu prevaleciente de los tiempos, Enrique también comenzó a albergar una actitud de desafío hacia el Santo Padre.

El proceso de separación comenzó cuando Enrique trató de divorciarse de su esposa, Catalina de Aragón, con la que ya llevaba 17 años de casado, con el pretexto de que su matrimonio era inválido debido a un impedimento de afinidad. Catalína era la viuda de Arturo, el hermano de Enrique, quien había muerto antes de que el matrimonio se hubiera consumado. El papa Julio, por ese motivo, había concedido una dispensa que permitía a Catalina casarse con Enrique. Enrique puso en cuestionamiento esa dispensa. Por lo tanto el Papa Clemente VII nombró a una comisión que investigara las circunstancias del caso. Esto fue en 1528. En 1529, se llevó a cabo una audiencia formal en Inglaterra. Todos menos uno de los obispos presentes estaban a favor del divorcio. El único disidente era el Obispo Juan Fisher de Rochester. El Cardenal Wolsey, que constituía la mitad de la comisión de dos miembros, pidió un veredicto inmediato sobre el caso; sin embargo, el Cardenal Campeggio, legado del Papa, suspendió la audiencia hasta el otoño. La Reina Catalina, viendo la obvia parcialidad que surgía de la audiencia apeló al Papa, por lo que el Papa no tuvo otra opción que la de atraer el caso a Roma para llegar a una decisión. La decisión en este caso no se hizo pública hasta julio de 1533, cuatro años más tarde.

Antes de que ese plazo terminara, sin embargo, Enrique comenzó a tomar medidas para separar a su país de la Iglesia. Tomás Moro, un laico, reemplazó al Cardenal Wolsey como canciller de Inglaterra, señal para muchos de que resultarían actividades anticlericales por parte del rey. Esto resultó ser cierto. En octubre de 1529 se instituyó un “Parlamento de Reforma”, del cual salió legislación ideada para restringir la libertad de la Iglesia en Inglaterra y poner toda su autoridad en las manos de un solo hombre ― Enrique VIII. Aun cuando el parlamento no fue escogido por el propio Enrique, fue muy complaciente con sus deseos.91 El parlamento comenzó con unas leyes levemente anti-clericales, que atacaban abusos eclesiásticos genuinos que todo mundo censuraba. Esta legislación incluyó la Ley Testamentaria [Probate Act], la Ley Mortuoria [Mortuories Act] y la Ley de Pluralidades [Pluralities Act], ésta última denunciando la pluralidad de beneficios, la no residencia de los beneficios y la actividad mundana de los clérigos. Estos fueron sólo presagios de los motivos verdaderos del Parlamento, ya que estas últimas leyes atacaban abusos que el mismo Enrique había condonado anteriormente. Depués de todo ¡él mismo había prodigado varios beneficios a sus ministros clérigos, especialmente al Cardenal Wolsey!

Luego siguió la restauración del Estatuto de Provisores [Statute of Provisors] anulando los nombramientos papales sin el consentimiento real. El objeto de esta ley era obvio ― la autoridad de la Iglesia no podía cruzar los límites nacionales sin la anuencia de Enrique. Las verdaderas intenciones de Enrique se hacían muy aparentes. Propuso a los obispos de Inglaterra que, para evitar cualquier dificultad que surgiera de la violación de este estatuto, tales como prestar juramento de obediencia a la Santa Sede (estos eran votos que se acostumbraba que hicieran los candidatos a altos puestos en la Iglesia), declararan públicamente: 1) “Reconocemos que Su Majestad es el protector especial y el único y supremo jefe de la Iglesia y clero de Inglaterra” y 2) “el cuidado de las almas será confiado a Su Majestad”. A la siguiente convocación del clero, estas propuestas fueron secundadas, pero con una enmienda rescatante añadida por el Obispo Juan Fisher ― “en la medida en que lo permite la ley de Cristo”

El paso de la revolución inglesa se aceleró cuando en enero de 1532 el Parlamento votó por la Ley de Amortización [Mortmain Act] que restringía los derechos de propiedad de los clerigos y reducía las primicias papales.93 Tomás Moro entonces renunció como canciller, previendo la intención hostil de la nueva legislación.

15 de mayo de 1532 ― el clero de Inglaterra subordina las cortes católicas a revisión secular, terminando de esa manera toda jurisdicción independiente del estamento eclesiástico. (Esta independencia fue la causa por la cual Santo Tomás Becket había sido martirizado en 1165.)

Agosto de 1532 ― Tomás Cramner fue nombrado Arzobispo de Canterbury y el Papa Clemente VII aceptó su nombramiento como una última concesión para evitar la rebelión de Enrique.

En el siguiente enero, Enrique intercambió votos matrimoniales secretamente con Ana Bolena, que llevaba en su seno a la hija de él, Isabel.

30 de marzo de 1533 ― Cramner hizo su juramento de obediencia al Papa, pero sólo después de haber afirmado que “Aun cuando hoy juro ser obediente a la Sede de Roma, sin embargo, sólo lo haré de dientes a afuera y no con mi mente y corazón internos, ni tengo la intención de cumplir mi promesa con el Papa que está ausente...” 94 (¡Esto muestra la completa hipocresía en el carácter de uno de los llamados grandes reformadores!)

Abril de 1533 ― el Parlamento de Enrique aprobó una ley que restringía las apelaciones a Roma ― esto fue el resurgimiento del antiguo Estatuto de Praemunire que había aparecido por primera vez en el Siglo XIV bajo el reinado del rebelde gobernante inglés ― Eduardo III.

El 23 de mayo de 1533, Cramner pronunció nulo e inválido el matrimonio de Enrique con Catalina, y válida la unión con Ana Bolena.

En julio del mismo año, Roma decidió en contra de la petición de anulación de Enrique, declaró ilícita su unión con Ana, e ilegítimos todos los posibles hijos. Sin embargo, el Papa se esperó al año sigueinte para ratificar su decisión públicamente. Se especula que esperaba que Enrique no siguiera adelante con el cisma.

En repudio de la decisión Papal, el Parlamento aprobó entonces la Ley de Sucesión en abril de 1534, que invalidaba el matrimonio de Enrique con Catalina y declaraba a Isabel legítima y heredera al trono. Los Santos Tomás Moro y Juan Fisher se rehusaron a hacer juramento de conformidad con esta ley, y entonces fueron mandados a prisión por alta traición. (Tomás Moro había reconocido el derecho del Parlamento de designar un heredero al trono, pero se rehusó a aceptar la sutoridad del Parlamento de pronunciarse sobre la validez de un matrimonio. Esto está muy lejos de lo que el hombre moderno permite al estado en estos asuntos)

Y finalmente, en noviembre de 1534, el parlamento dio su sanción a la Ley de Supremacía: “Sea promulgada por la autoridad de este parlamento que el rey, nuestro soberano señor, sus herederos y sucesores, reyes de estos dominios, sean considerados, aceptados y reputados como la única cabeza suprema en la Tierra, de la Iglesia de Inglaterra, llamada Anglicana Ecclesia,” con la autoridad de “visitar, reprimir, reparar, registrar, ordenar, corregir, restringir y enmendar” cuanto “por cualquier forma de autoridad o jurisdicción espiritual deba ser reformado; ... no obstante todo uso o costumbre, ley extranjera o autoridad extranjera.”95 Un juramento de supremacía que la acompañaba exigía a los súbditos “jurar lealtad, fidelidad, y obediencia sólo a Su Majestad, el Rey... y no a ningún poder extranjero.”96

En enero y febrero de 1535, Enrique asumió su nuevo título de cabeza suprema de la iglesia y de la jerarquía inglesa, renunció explicitamente a la institución divina del papado. La consumación del cisma ya era total.

El juramento de supremacía se hacía cumplir so pena de muerte. Por rehusarse a hacer este juramento, los santos cartujos Juan Houghton, Roberto Lawrence y Agustín Webster junto con el monje San Ricardo Reynolds, fueron condenados a muerte. San Juan Fisher fue martirizado el 22 de junio, y Santo Tomás Moro el 6 de julio. El Papa Pablo III excomulgó a Enrique el 30 de abril, y pidió que fuera depuesto. Sin embargo ningún príncipe o rey salió al paso a hacer cumplir la bula,

Entonces, ya con todas las legalidades apartadas del camino, Enrique y compañía comenzaron lo que la historia conoce como el Gran Pillaje; entre 1536 y 1540, la corona expropió y suprimió 645 monasterios, 90 colegios y 110 hospitales (¡el valor de las propiedades monacales representaba en esos tiempos un tercio de la riqueza en tierras de Inglaterra!)

Conforme estas propiedades pasaban a manos de Enrique, salían nuevamente como regalos a sus amigos y partidarios, y como sobornos a sus enemigos potenciales. Muchas de ellas fueron también dilapidadas por Enrique en lujos. A la muerte de Enrique, en 1547, casi dos terceras partes de la riqueza mal habida de la corona había sido distribuida entre 1600 partidarios y cofrades ladrones, creando de esa manera una clase terrateniente con un fuerte interés creado de que la Reforma permaneciera.97 Esta nueva plutocracia poseía un destacado poder económico que le permitía primero controlar el parlamento y con el tiempo restringir el poder de la corona. Para finales del reino de Isabel en 1603, una nueva oligarquía estaba apoderándose del país.98 La cantidad de propiedades robadas a la Iglesia totalizaba más de dos millones de acres. 99.

Algunos infames individuos reunieron grandes fortunas y de ellas enorme poder al término del Gran Pillaje ― Guillermo Cecil, Tomás Cromwell, Juan Dudley y Eduardo Seymour, por nombrar algunos. Estos mercaderes del poder establecieron el curso de la futura Inglaterra Protestante para cientos de años después.

Otro resultado del Gran Pillaje fue que la gran mayoría de los 6,500 monjes y frailes y 1500 monjas fueron mandados a la calle a haberselas con sus propios recursos. Aparte de estos 8,000, otros 92,000 dependientes de los monasterios ― los ancianos, los huérfanos, los enfermos, fueron arrojados sobre las espaldas de la sociedad, Como consecuencia de ello, se promulgaron las primeras Leyes de Pobres en Inglaterra, en un intento de lidiar con un creciente problema social.

En lo que concierne a la doctrina, Enrique extirpaba toda novedad que apareciera (excepto, por supuesto, sus propias novedades relacionadas con la primacía e infalibilidad del Papa). 100 Mantuvo intacta la misa ― la creencia en la divina presencia y en la transubstanciación, el celibato de los sacerdotes, y los siete sacramentos. Fue sólo después de su muerte, en 1547, cuando tomaron asiento las novedades luterana y calvinista. Éstas fueron traídas durante el reinado de Eduardo VI, por el Duque de Somerset y el Arzobispo Cramner inyectando veneno en un cuerpo ya cismático. El primer “Libro de Oración Común” ["Book of Common Prayer"] apareció en 1548, y fue impuesto sobre el pueblo en junio de 1549.

El 31 de enero de 1550, el Parlamento votó por una nueva forma de consagración de arzobispos, obispos, sacerdotes y diáconos, llamado el Ordinal. Tuvo un principio endeble, modificándose en 1552; fue suprimido por la reina católica, María Tudor, y readoptado finalmente por Isabel I en 1559. Tuvo el efecto de invalidar todas las ordenaciones anglicanas posteriores, pues estaba ideado deliberadamente para destruir toda idea de un sacerdocio sacrificatorio. “En intención, y hasta el siglo XVII también en forma, era defectuoso e incapaz de perpetuar la sucesión apostólica del episcopado y las órdenes sagradas."

Cranmer introdujo un segundo “Libro de Oración Común” en 1550 que era más zwingliano que luterano. Todos los vestigios de la misa desaparecieron junto con los ritos que tenían reminiscencia de sacrificio. Mesas reemplazaron a los altares y todas la vestiduras, excepto el sobrepelliz, fueron prohibidas. Todos los sacramenteos se declararon ilegales y se instituyeron dos sacramentos ― el bautismo, y la “cena”, mediante una Ley de Uniformidad aprobada por el Parlamento en 1552.

Para completar la nueva iglesia, aparecieron “42 artículos” en junio de 1553, que representaban la enseñanza oficial de la Iglesia Anglicana, que para entonces ya llevaba 18 años de existir. Estos artículos presentaban un delicado balance entre el luteranismo y el calvinismo.

(Continuará)

Notas:
89  History of Protestant Revolt, Vol. II, pág. 60. 
90  Outline History of the Church by Centuries, pág. 556. 
91  Summary of Catholic History, pág. 188. 
92  Ibid., pág. 188. 
93  Las primicias son "los primeros frutos, o el primer ingreso en el año de un beneficio eclesiastico, que se paga a lal Curia Papa."— Catholic Encyclopedia, Vol. I, pág. 537 
94  The Rise and Growth of the Anglican Schism, Rev. Nicolas Sander, TAN Edition, pág. 89. 
95  Summary of Catholic History, pág. 190. 
96  Ibid., pág. 190. 
97  The Beginning of the English Reformation, Hugh Ross Williamson, Sheed and Ward, págs. 55-56. 
98  Summary of Catholic History, pág. 193. 
99  History of Protestant Reformation in England and Ireland, pág. xii. 
100 Como la Primacía del Papa y la Infallibilidad Papal no se habían definido antes del Concilio Vaticano I, Enrique no estaba negando enseñanzas de fide definita de la Iglesia. Sin embargo, al negar estas doctrinas, sí negaba articulos de Fe que siempre se habían creído universalmente ― y que por lo tanto pueden ser llamados de fide catholica. Fuera de esto, Enrique se oponia fuertemente a las nuevas doctrinas que estaban surgiendo en Europa en esos tiempos. Antes de este cisma, el Papa le habia impuesto el título de "Defensor de la Fe" por su labor de defender a la Iglesia y sus enseñanzas contra las herejías de entonces. Por supuesto nada de esto le imputa virtud alguna a él, pues fue culpable de un asalto directo contra el Cuerpo Místico de Cristo; simplemente sirve para aclarar el dato histórico de que Enrique no adoptó las herejías de los otros "reformadores." 

lunes, 1 de febrero de 2016

La Devastación de la Europa Católica

Algunas Causas y Consecuencias de la Revolución Protestante

(quinta de siete partes)

Por el Hermano David Mary, MICM, terc.

Tomado de: http://catholicism.org/the-devastation-of-catholic-europe-some-causes-and-consequences-of-the-protestant-revolt.html
Traducido del inglés por Roberto Hope

Suiza

La revuelta germana se extendió hacia el sur a Suiza bajo la forma del zwiglianismo (por Ulrico Zwinglio, un sacerdote apóstata) en los años 1520s. El zwinglianismo era un tipo de protestantismo más radical que el de Lutero en que Zwinglio manifestaba un espíritu mucho más racionalista, que bordeaba en el panteísmo: “Todo es Dios, todo lo que existe es Dios, y nada existe que no sea Dios”. Además, Zwinglio era un gran iconoclasta.70

En Zurich en 1521, el cabildo de la ciudad protegió a Zwinglio de las autoridades eclesiásticas y le permitió predicar su ponzoña al populacho. Para 1525, luego de que el cabildo hubiera dado su aprobación oficial a Zwinglio, todo signo externo de catolicidad había sido destruido. La misa había sido reemplazada por una forma “más pura de adoración ― el altar desapareció y algunas simples mesas cubiertas con el pan y el vino sacramentales tomaron su lugar, y una multitud de ansiosos comunicantes se reunía alrededor de ellas.”71

La revolución suiza se hizo más radical y fue más absoluta que la alemana; sin embargo, “en todas partes su progreso se distinguía por disenciones, conmociones civiles, rapiña, violencia y derramamiento de sangre. Y así como la alemana, debía también su establecimiento a la intromisión de las autoridaes civiles. Sin ésta, ninguna de las revoluciones hubiera tenido ni consistencia ni permanencia.” 72.

De Zurich, el veneno se extendió hacia Berna, donde sobrepasó por mucho a su preceptor en celo y fanatismo religioso, y Berna tomó la batuta en todos los asuntos religioso-políticos del país. Allí se celebró un concilio zwingliano en 1528, en el cual se adoptaron diez artículos de la nueva fe. Luego, la nueva fe fue impuesta a la fuerza sobre toda la población del cantón (Suiza está formada por cantones o distritos). Se abolió la misa, se demolieron los altares, se quemaron las imágenes, se les permitió a los sacerdotes casarse y se obligó a los religiosos que dejaran sus conventos. Esta nueva religón, establecida por ley, causó mucha violencia, sacrilegio, y rapiña en todo el cantón bernés.

La vieja religión Católica fue suprimida de manera tiránica. Para hacer cumplir la nueva religión, se enviaron desde Berna comisionados a todas las comunidades del cantón, con instrucciones de dirigirse a la gente y emplear todo esfuerzo para inducirlos a abrazar el nuevo evangelio. Luego de que predicaban, la cuestión se sometía a voto popular. (Se permitía que participaran muchachos de 14 años.) Si la mayoría se iba por la nueva religión, la minoría era obligada a abandonar la vieja religión; públicamente se declaraba abolida la misa en todo el pueblo. Si, por el contrario, la mayoría votaba por seguir con la vieja religión, (como frecuentemente era el caso), la minoría protestante conservaba la libertad de practicar la suya. Aun si algún pueblo votaba unánimemente por seguir practicando el catolicismo, sus sacerdotes eran desterrados y ¡en su lugar se ponían predicadores protestantes!  Todo esto se hacía cumplir por la autoridad civil. 73

Agréguese a la tiranía de los protestantes la nota de hipocresía: “La [tiranía] del partido protestante era superada sólo por su total inconsistencia. Los gloriosos privilegios del juicio privado, de libertad de conciencia y de prensa, estaban siempre en sus labios, y sin embargo ¡temerariamente las pisoteaban todas ellas! Cada quien podía intepretar la biblia por sí solo y sin embargo quien osara interpretarla diferentemente de como lo hacían sus excelencias los consejeros municipales de Berna, era castigado como enemigo del gobierno,” 74

En 1535, se hizo conocer la revolución en Ginebra, principalmene por las intrigas de Berna. Como resultado, las iglesias católicas fueron confiscadas luego de haber sido antes pintarrajeadas sacrílegamente y desecradas; el clero católico era perseguido y forzado a huir de la ciudad; casi la mitad de la población fue obligada a emigrar para poder alcanzar paz y libertad de conciencia para ellos mismos, y luego de que se iban, sus propiedades eran confiscadas y en castigo por haber osado dejar la ciudad, eran privados de sus derechos. En 1536, la Reforma fue establecida en Ginebra por el gran consejo municipal y hecha cumplir con las espadas y bayonetas del ejército.

Fue cinco años más tarde cuando Juan Calvino (1509-1564) un sacerdote apóstata, llegó a la ciudad y comenzó a consolidar el sistema calvinista. Este sistema absorbió al zwinglianismo y realizó una comunidad ideal de elites predestinadas. El calvinismo construyó sobre el luteranismo existente ― la justificación sólo por la fe, la negación de la gracia santificante, la biblia como única regla de fe. Añádase a esto la predestinación absoluta ― con independencia de sus actos, el hombre está predestinado al cielo o al infierno. La libre voluntad no existe.

Como en el luteranismo, la doctrina calvinista prácticamente identificaba a la iglesia y el estado como una sola entidad; sin embargo, a diferencia de los luteranos, los calvinistas propugnaban el dominio de la Iglesia sobre el estado, o sea una teocracia, en la cual una sola entidad gobierna tanto las cosas espirituales como las temporales. Algunos historiadores erróneamente señalan que esto es lo que la Iglesia Católica enseña. Parecen olvidar que la Iglesia Romana reconoce dos cuerpos distintos dotados de autoridad propia y no una única organización.

Es interesante notar que las pretensiones teocráticas de Calvino estaban basadas en “un intenso individualismo derivado de la certidumbre de ser de los elegidos y del deber del individuo de cooperar para llevar a cabo el propósito divino contra un mundo pecador y hostil.” 

Aquí también, como en el Luteranismo, que le adscribía un valor meramente terrenal y naturalista a la actividad terrenal, el calvinismo sostenía esta separación de la gracia y la naturaleza. Calvino, sin embargo, añadió incentivos poderosos a la observancia de este valor naturalista y a la búsqueda de la riqueza. “Él enseñaba que la energía en el trabajo y el éxito en los negocios eran prueba de que uno había sido elegido para ser salvado, una clara indicación de que el acto puramente interior de fe ― la confianza en Cristo, había sido llevado a cabo correctamente, y que por otra parte la falta de ambición por las ganancias y el pobre éxito eran prueba de la condenación eterna. Consecuentemente, la acción política y los tratos de negocios, en vez de estar [motivados por una caridad sobrenatural hacia el prójimo, se] dejaban al consejo del juicio privado, o sea, inevitablemente a lo que indicaba el interés propio. De esa manera, el individualismo en la religión preparó el camino para el individualismo y el separatismo en la actividad política y económica.

En Ginebra, Juan Calvino aniquiló los últimos vestigios de sentimiento católico; la ciudad revirtió hacia el antiguo testamento; en el bautismo se imponían nombres de patriarcas, y los nombres de los santos se erradicaron del calendario, dejando en blanco los días del año. Se observaba sólo el sábado en un espíritu de legalismo judío. 77

Calvino fundó la Academia, conocida más tarde como la Universidad de Ginebra, que se convirtió en el nuevo Santo Oficio de esta 'Roma Protestante', el seminario central, núcleo misional, y centro de conocimientos del movimiento calvinista en Europa.78 La Academia sirvió como la Meca del calvinismo de otros países ― los hugonotes en francia, los neerlandeses reformados en holanda, los presbiterianos en Escocia y los puritanos en Inglaterra y en la Nueva Inglaterra.

La Revolución Escandinava

La Reforma se apersonó en los países católicos de Dinamarca, Suecia y Noruega pronto después de haber producido sus efectos nocivos en Alemania.

Dinamarca

El voluntarioso e inescrupuloso gobernante de Dinamarca, el Rey Christian II, que estaba imbuído del mismo espíritu que había motivado a sus pares, los príncipes 'católicos' de Alemania, comenzó su ataque a los derechos de la Iglesia en 1519. Durante los siguientes cuatro años, colocó cinco clérigos en la sede arzobispal primada, sólo uno de los cuales recibió confirmación papal, y promulgó nuevos edictos regulando la propiedad eclesial y sujetando la jurisdicción episcopal a la corona. Junto con esta intromisión en los asuntos de la iglesia, Christian II laboró por lograr sus ideas absolutistas en el campo de la política. Trató de lograr esto resolviéndose a hacer valer su supremacía real en toda la Union de Kalmar. (Los países de Islandia, Noruega, Suecia, Finlandia y Dinamarca estaban unidos bajo el dominio de los daneses en virtud de este tratado). También deseaba destruir todo el poder que detentaban los nobles de su propio país. Falló en ambos intentos, y por ello causó su expulsión de Dinamarca en 1523. Un efecto de las políticas de Christian fue una guerra de Suecia contra la Unión de Kalmar.

Los nobles de Dinamarca pusieron en el poder al tío de Christian, Federico de Schleswig-Holstein. Federico era un luterano secreto, y en violación a su juramento de coronación, de apoyar a la Iglesia y suprimir la herejía, inició una revuelta en serio contra la Iglesia. En 1526 salió del clóset, por asi decirlo, con su luteranismo, y el siguiente año en la Dieta de Odense, promulgó la infame Ordenanza de Odense. Esa ordenanza 1) transfirió la confirmación de obispos de la Santa Sede a la corona, 2) permitió el matrimonio de los clérigos, 3) otorgó igual protección real a los sacerdotes católicos y a los predicadores luteranos, y 4) proclamó la absoluta libertad de conciencia.79 Esta ley, en efecto, colocó a la iglesia danesa en cisma. “Cuando murió Federico I en 1533, no cabía lugar a duda de que la corte era luterana; los obispos, serviles cismáticos, pero la gran mayoría del populacho era católico.” 80

Después de la muerte de Federico, la población católica se unió en apoyo del Conde Cristóbal de Oldenburgo, quien pudo retener el trono por dos años. Sin embargo, los poderosos nobles, con la ayuda de los suecos (para entonces ya había ocurrido la revolución en Suecia), capturaron Copenhague, sede del poder en 1536 y pusieron a Christian III, hijo luterano de Francisco, en el trono. Bajo el reinado de Christian III, Dinamarca perdió su catolicidad. El rey hizo arrestar a todos los obispos el 20 de agosto de 1536. Se les ofreció su libertad y una pequeña pensión a condición de renunciar a sus sedes episcopales y a sus tesorerías en favor del rey, y de prometer no ofrecer más resistencia al cambio religioso. Todos aceptaron menos uno, el Obispo Ronnnow de Roskilde. Él habría de morir en prisión ocho años más tarde. 81

Al año siguiente, Christian III invitó al brazo derecho de Lutero, Juan Bugenhagen, a supervisar el establecimiento del sistema luterano en Dinamarca. Después de esto, los sacerdotes que se rehusaban a introducir la nueva religión eran privados de sus parroquias. Como algunos clérigos y laicos seguían oponiéndose a la nueva religión, se promulgaron leyes más estrictas en 1544 y 1546. Toda la propiedad eclesiástica que quedaba fue confiscada; todos los sacerdotes católicos fueron enviados al exilio bajo pena de muerte si regresaban, y todos los laicos católicos fueron privados de su derecho de desempeñar cargos públicos y de transmitir propiedades a sus herederos. Habremos de ver las mismas medidas represivas ser promulgadas por Enrique VIII e Isabel I en Inglaterra e Irlanda.

Noruega

Para Noruega, que seguía bajo el dominio de Dinamarca por medio de la Unión de Kalmar, fue sólo cuestión de tiempo para que el populacho fuera infectado de luteranismo. Primero, Dinamarca privó a Noruega de sus principales pastores, desterrándolos y poniéndolos en prisión. Para 1537, privados así de sus dirigentes eclesiásticos, los noruegos cayeron a merced del gobierno danés, que de inmediato tomó medidas activas para imponer sobre ellos la nueva religión. Se aprobaron leyes por las cuales todo el clero era obligado a abrazar el luteranismo o abandonar el país, A su crédito, muchos de los monjes prefirieron el exilio a la apostasía.82

Así pues, la Reforma, que en todas partes llevaba la promesa de libertad en sus labios, dispersó la ruina sobre las expectativas sociales, materiales y políticas de Noruega, de cuyos efectos todavía no ha podido recuperarse. 83

Islandia

Islandia, también bajo el dominio de los daneses, fue forzada a abrazar el luteranismo solamente después de que un gran contingente de tropas danesas derrotara a los insurgentes católicos y matara al último obispo católico en 1550. Las leyes promulgadas en Dinamarca fueron hechas valer en Islandia y habrían de pasar más de 300 años para que un sacerdote católico obtuviera permiso de desembarcar en Islandia.84

Suecia

La historia de la Revuelta en Suecia no presenta ninguna grande excepción a las leyes generales que rigieron el movimiento en otros países. Como en Inglaterra, la obra de la Reforma fue entera y exclusivamente llevada a cabo por la corona. El hombre que la llevó a efecto fue Gustavo Vasa. Vasa llegó al poder como resultado de llevar a los suecos a la victoria en una guerra de independencia contra Dinamarca, disolviendo la Unión de Kalmar. En 1523, fue coronado rey de Suecia por aclamación popular. Tomó el nombre de Gustavo I. Desafortunadamente para Suecia, Gustavo era un luterano no declarado. Se hacía pasar por católico celoso, y mientras tanto, llevó a cabo una campaña secreta para introducir el luteranismo en Suecia. Sus instrumentos fueron dos de los discípulos 'maestros' de Lutero, los hermanos Olaf y Lorenzo Petersson, o Petri. Un historiador protestante proporciona los detalles de la hipocresía real:

El intrépido Olaus Petri se había presentado en la dieta que se celebró en Strangas en 1523, y buscó exponer los errores del papado ante los estados. Causó mucha excitación y llegó a los oídos del rey, quien llamó a Olaus y a su patrocinador, el docto y venerable Laurentius Andreae. Deben ahora explicar sus sentimientos ante él, y fue imposible para él no aprobar lo que concordaba tan bien con sus propias convicciones y ventajas, pero no se explicó abiertamente todavía por algún tiempo, temiendo que ganándose el nombre de hereje le traería la detestación de los sacerdotes y del pueblo; por lo tanto aparentaba no tomar parte en estas disputas religiosas, pero secretamente protegía las nuevas doctrinas, y para su mayor diseminación colocó a Lorenzo como doctor de teología en Upsala, a Olaus como predicador en la Iglesia Mayor de Estocolmo, y a Laurentius Andreae lo nombró su propio secretario.

Tres años más tarde, en 1527, dos obispos que se mantenían estrictamente en la fe, Pedro Sunnanwader y Magnus Knut, fueron ejecutados como traidores por rechazar la herejía que se esparcía desde la catedral de Estocolmo. (Esto fue ocho años antes del martirio de Santo Tomás Moro y de San Juan Fischer en Inglaterra,)

La Iglesia en Suecia estaba para entonces bien enterada de la nueva religión de Gustavo y de sus intenciones respecto a las propiedades de la Iglesia. En la Dieta de Westeras, celebrada a fines de 1527, se aprobó una ley por la corona, que contenía lo siguiente: 1) Las riquezas y los ingresos superfluos de los conventos deben ser aplicados al uso del reino y de la corona, y 2) la palabra “pura” de Dios debe ser predicada en las iglesias del reino.86

En una determinación distinta, llamada Westeras Ordinantia, se fijó que los obispos, diáconos, etc., debían ser nombrados por el rey sin el consejo del Papa, que el rey depusiera a los clérigos descalificados, y que en asuntos terrenales los sacerdotes debían comparecer ante tribunales temporales.87

En consecuencia, la corona y la nobleza se abalanzaron sobre la riqueza y las propiedades de la Iglesia con gran rapacidad y avaricia. La iglesia fue despojada y esclavizada.

Dos años más tarde, la Dieta de Odebro estableció formalmente la iglesia nacional con una jerarquía subordinada a la corona, y Lorenzo Petersson fue nombrado arzobispo de Upsala ― sede primada de Suecia. La dieta pedía la adopción de una liturgia en lengua vernácula y un clero  casado (la gente de Upsala se asombró y escandalizó en grande de ver al nuevo arzobispo de Upsala entrar acompañando a su esposa a la venerable catedral.)

Este año de 1529, fue el anterior al año en que se celebrara la famosa Dieta de Augsburgo en Alemania. Y sería 63 años antes de que cualquier declaración doctrinal de la nueva iglesia sueca hiciera su aparición.

Comparando a Gustavo con Enrique VIII de Inglaterra, el Arzobispo Spalding dijo, “Ambos [Enrique y Gustavo] comenzaron su reinado bien, como ídolos del pueblo, y ambos lo terminaron mal, objeto de la detestación popular. Bajo ambos reinos, había libertad popular al principio y esclavitud popular al final. Ambos se hicieron a sí mismos cabeza de la iglesia en sus respectivos reinos mediante fraude y violencia, y ambos, por y mediante esta usurpación sacrílega de la soberanía espiritual, lograron aplastar las libertades de la gente y establecer un redomado despotismo real.”88

(Continuará)

Notas:
70  Summary of Catholic History, pág. 173. 
71  History of Protestant Revolt, págs. 174-175. 
72  Ibid., pág. 168. 
73  The Protestant Reformation in Western Switzerland, Charles Louis De Haller, págs. 53-54. Esto puede leerse en The History of the Protestant Revolt, pág. 188. 
74  De Haller, págs. 58-59. 
75  Judgment of the Nations, Christopher Dawson, págs. 44-46. 
76  The Mystical Body of Christ and the Re-Organization of Society, pág. 278. Calvino fue el primero en desconocer abiertamente las leyes de la Iglesia contra la usura. (p. 75) 
77  Summary of Catholic History, pág. 175. 
78  Ibid., pág. 176. 
79  Summary of Catholic History, pág. 160. 
80  Ibid., pág. 160. 
81  Ibid., pág. 160. 
82  History of the Protestant Revolt, Vol. II, pág. 449. 
83  Ibid., pág. 450. 
84  "Iceland", Pius Wittman, PhD., Catholic Encyclopedia, Vol. VII, pág. 617. 
85  History of Sweden, Fryxell, Vol. II, págs. 117-118. 
86  History of Protestant Revolt, Vol. II, pág. 419. 
87  Ibid., pág. 419. 
88  History of Protestant Revolt, Vol. II, págs. 432-433.