Impide Fuentes Indeseables


IP Address
by Tejji

domingo, 19 de junio de 2016

El Hombre al que Siguen Odiando


Por Joseph Sobran (1946-2010)

http://www.sobran.com/columns/1999-2001/991202.shtml
Traducido del inglés por Roberto Hope


El mundo desde hace mucho tiempo ha perdonado a Julio César. Nadie hoy en día considera irritante a Cicerón. Pocos de nosotros resentimos a Alejandro el Magno o a su tutor, Aristóteles.

No. Hay sólo un hombre del mundo antiguo que sigue siendo odiado después de dos milenios: Jesucristo.

Esto por sí mismo no prueba la divinidad de Cristo, pero si demuestra que sus palabras y su ejemplo no han perdido su actualidad. Siguen teniendo un poder sorprendente de provocar odio, así como adoración.

Por supuesto, el odio a Cristo trata de ser dirigido a objetivos laterales: San Pablo, la Iglesia “institucional” o, más vagamente, la “religión organizada” (como si la religión estuviera bien si fuera una actividad solitaria). El cliché de quienes odian a Cristo, lo cual incluye a muchos teólogos “liberales,” es que fue un “gran maestro de moral” que “jamás se atribuyó divinidad,” pero cuyo “simple mensaje de amor” fue “corrompido” por sus seguidores.

Pero ¿por qué podría alguien querer que fuese crucificado un hombre por predicar un mensaje inocuo de benevolencia? Jesús fue acusado de blasfemia por haber declarado ser igual que el Padre: “Yo y el Padre somos uno.” “Ningún hombre llega al Padre sino por mi.” Y si estas aseveraciones no fueran verdaderas, el cargo de blasfemia habría estado plenamente justificado.

No sólo lo vio la gente después de su Resurrección; muchos de ellos murieron torturados por haber dado testimonio de Él. Los mártires fueron los principales “medios” humanos del cristianismo en su infancia, impresionando profundamente y finalmente convirtiendo a otros. Cristo fue “revelado” al mundo antiguo mediante el amor valeroso de sus mejores discípulos.

Otros “medios” incluyeron los cuatro evangelios, de Mateo, Marco, Lucas y Juan, así como las epístolas de Pablo y de otros apóstoles. Cada evangelio ve a Jesús desde un ángulo ligeramente diferente, pero todos los cuatro (junto con las epístolas) pintan al mismo hombre reconocible. Como lo observa Thomas Cahill en su libro Desire of the Everlasting Hills: The World Before and After Jesus [Deseo de los Montes Perdurables: El Mundo antes y después de Jesús] (editado en ingles por Nan A. Talese/Doubleday), esto hace a Jesús una figura única en la literatura mundial: nunca tantos autores han logrado transmitir la misma impresión del mismo ser humano una y otra vez.

Además, estos autores no eran profesionales refinados ni genios literarios. Sin embargo, lograron algo más allá de los poderes de titanes de la literatura tales como Homero, Dante, Shakespeare y Milton: Pintaron a un personaje que rezuma santidad.

Cahill continúa: “Lo que especialmente ― desde un punto de vista literario ― hace a los evangelios obras como ninguna otra es que son acerca de un ser humano bueno. Como lo sabe cualquier escritor, una criatura así es todo si no imposible de capturar en la página, y hay extremadamente pocos personajes en toda la literatura que sean a la vez buenos y memorables.” Los evangelistas, como se ve, tuvieron éxito donde casi todos los demás han fracasado. A los ojos de un escritor, esta proeza es un milagro poco menor que el de resucitar un muerto.

¡Amén! En los poemas épicos Paraíso Perdido y Paraíso Recobrado, por ejemplo, Milton notoriamente pintó a Satanás más vívido que a Dios y que a Cristo. Esto llevó al poeta William Blake a observar que Milton “era del partido del Diablo sin saberlo.” Sea como fuere, la literatura mundial dibuja a muchos villanos convincentes pero a pocos santos convincentes,. Y ningún santo literario ha jamás dicho palabras con el impacto perdurable de las enseñanzas de Jesús.

A los ojos de un escritor, como lo diría Cahill, el puro poder de las sentencias de Jesús (que el poeta Tennyson llamó “el mayor de sus milagros”) son casi suficientes para probar su atribución divina. Los milagros físicos pudieran ser fingidos, no así estos milagros verbales. Sin embargo, aparentemente Él nunca las puso por escrito: las dijo oralmente, con frecuencia de manera improvisada, confiando en que se propagarían por su poder inherente.

La mayoría de los autores se sienten halagados si sus palabras simplemente son recordadas. Pero las palabras de Jesús, espiritualmente demandantes ― que condenan hasta el sólo mirar con lujuria a una mujer ― son llevadas en el corazón de muchos aún después de 2000 años, no obstante que las conocemos de traducciones de traducciones. (Jesús hablaba arameo, pero los evangelios fueron escritos en griego.)

Aun habiendo sido transmitidas a nosotros de manera tan indirecta, esas palabras se han propagado como ningunas otras en la historia, porque tanta gente las ha hallado ser verdaderas y convincentes. La durabilidad de esas palabras es tanto más impactante cuando se considera que siempre han estado fuera de moda, ya que el mundo secular pasa de una a otra de sus sucesivas modas, usos y novedades.

¡Cristo es el Señor!

El Credo Conciliar de la Iglesia del Hombre


Por Louie Verrecchio

Tomado de: https://harvestingthefruit.com/the-conciliar-creed-of-the-church-of-man/
Traducido del inglés por Roberto Hope

En su Audiencia General del 28 de octubre de 2015, Jorge Mario Bergoglio, también conocido como Papa Francisco, dictó la que pudiera ser considerada una concisa 'Profesión de Fe' de la Religión Mundial Única de la Roma Apóstata; llamémosla el Credo Conciliar de la Iglesia del Hombre.

Por cierto, Francisco no es el primer obispo vestido de blanco en abrazar la Iglesia del Hombre que emergió después del Concilio Vaticano II, y sus principios antropocéntricos, pero él ha sido su más audaz evangelista hasta ahora.

Como tal, es más bien franco (por lo menos para los que tienen oídos para oír) en su deseo de sonsacar a las almas ingenuas para alejarlas de la Roma Eterna y de la Santa Madre que nutre a sus hijos de esperanza celestial,  y de darles a cambio los confines sofocantes de una religión terrenal que ofrece poco más que tiernos sentimientos fugaces, nacidos de puro sentimentalismo.

En este punto, examinemos este Credo Conciliar de la Iglesia del Hombre a través de los ojos de un así llamado “tradicionalista”, también conocido como católico.

Citando el quincuagésimo aniversario de Nostra Aetate – la Declaración sobre la Relación de la Iglesia Católica con las Religiones no Cristianas –del Concilio Vaticano II,  Francisco abrió su discurso así:

El Segundo Concilio Vaticano fue un tiempo extraordinario de reflexión, diálogo y oración, que buscaba renovar la mirada de la Iglesia Católica sobre ella misma y sobre el mundo. Una lectura de los signos de los tiempos con la mira hacia una actualización orientada en una doble fidelidad: fidelidad a la tradición eclesial y fidelidad a la historia de los hombres y mujeres de nuestro tiempo.

Uno observa con gratitud la claridad con la que Francisco habla del propósito para el cual se convocó al Concilio; renovar la mirada de la Iglesia Católica sobre ella misma y sobre el mundo.

Antes que nada, sea dicho que la Iglesia nunca ha sido llamada a mirar sobre sí misma o sobre el mundo; ¡más bien, está llamada a ver hacia Cristo para cooperar con Él en la redención del mundo!

Dicho eso, Francisco dice algo de verdad.

A diferencia de los veinte anteriores concilios ecuménicos de la Iglesia, el Vaticano II nada tuvo que ver, en absoluto, con su misión real; la de responder a cuestiones doctrinales de honda importancia, y mucho menos la de tratar de evitar cualquier tipo de crisis eclesial. En vez de ello, el Concilio fue convocado para “poner al día” a la Iglesia conforme a las exigencias del hombre moderno.

Esta puesta al día, según Francisco, se llevó a cabo no en fidelidad a su Fundador y Cabeza, Cristo Rey, ni de la misión que Ël le dio, sino más bien a “los hombres y mujeres de nuestro tiempo”

¡Por supuesto! De dientes para afuera mencionó la “tradición eclesial” pero, seamos claros: La auténtica tradición eclesial está siempre y en todo lugar ordenada a la cristianización de todo el mundo para la salvación de las almas, o sea bautizando a todas las naciones, enseñándoles a observar todo aquéllo que Jesús mandó.

Como Francisco pasó a aclarar, sin embargo, no es ésta la misión de la Iglesia del Hombre, la cual él gobierna; más bien es la de promover la Religión Mundial Única de la Roma Apóstata.

Tomando de Nostra Aetate, Francisco habla de los siguientes puntos “siempre actuales”.

La creciente interdependenca de los pueblos ... la búsqueda humana del significado de la vida, del sufrimiento, de la muerte, cuestiones que siempre acompañan nuestro viaje ,,, religiones en busca de Dios o del Absoluto, dentro de nuestras diversas etnicidades y culturas.

Como para pasar por alto cualesquier cuestiones que lógicamente pudieran surgir concernientes a los peligrosos errores que permean a todas las religiones no católicas, habló de la “mirada benévola y atenta de la Iglesia” hacia estas religiones, repitiendo con el Concilio, “ella nada rechaza de lo que es bello y verdadero en ellas.”

Tocando ahora uno de los principales principios del Credo Conciliar de la Iglesia del Hombre, cita  Nostra Aetate. diciendo:

La Iglesia considera con estimación a los creyentes de todas las religiones, apreciando su entrega espiritual y moral.

¿Qué más claro puede decirse?

El centro primario de la Roma Apóstata y de la Iglesia del Hombre es el hombre mismo, es al hombre a quien esta iglesia prodiga con estimación

En contraste, la Santa Madre Iglesia se centra en Cristo Rey como su foco primario. Como tal, su “mirada benévola y atenta” y su estimación es siempre y en todas partes dirigida hacia Él, y no, como Francisco orgullosamente profesa en nombre de la Iglesia del Hombre, a todas las religiones del mundo, sin distinción alguna.

Para el verdadero seguidor de Cristo, o sea para el ciudadano de la Roma Eterna, no puede expresarse “aprecio” por la “entrega espiritual y moral” de aquellos hombres que rechazan a Nuestro Bendito Señor. Hacer eso no sólo sería una grave ofensa contra Cristo, lo cual tendría que ser nuestra preocupación primaria, sino que también consignaría a todos los que así se entregan, a la muerte eterna. ¡Cómo osaríamos hacerlo!

Francisco continúa:

La Iglesia, abierta al diálogo con todos, es al mismo tiempo fiel a las verdades en que ella cree, comenzando con la verdad de que la salvación que se ofrece a todos tiene su origen en Jesús, el Único Salvador, y que el Espíritu Santo está obrando, como fuente de paz y amor.

No se dejen arrullar por el indebido uso de frases familiares robadas de la tradición Católica, más bien céntrense en el mensaje medular que se está transmitiendo, que es esencialmente éste:
Jesucristo y la Santa Iglesia Católica, Su Cuerpo Místico, no es tanto el único camino de salvación fuera del cual nadie se salva, en lugar de ello, la salvación simplemente tiene su “origen” en Jesucristo.

Esta es una distinción clave, una que permite a aquéllos que viven en la Iglesia del Hombre afirmar que la salvación puede ser alcanzada por aquéllos que rechazan la fe católica a favor de alguna comunidad religiosa que esté claramente fuera de la Iglesia,

Esto queda perfectamente claro en el Decreto sobre Ecumenismo del Concilio Vaticano II, Unitatis Redintegratio, que dice, acerca de las “Iglesias y Comunidades Separadas”, o sea de las comunidades heréticas y cismáticas, demasiado numerosas para enumerar.

Pues el espíritu de Cristo no se ha abstenido de usarlas como medios de salvación que derivan su eficacia de la misma plenitud de gracia y de verdad confiada a la Iglesia.

De nuevo aquí, no se dejen ustedes arrullar hacia la complacencia por el calificativo “que derivan su eficacia de la misma plenitud de gracia y de verdad confiada a la Iglesia”

Estas comunidades no tienen eficacia alguna,  como comunidades, con respecto a la salvación.

Aun así, el mensaje del Concilio se ha hecho perfectamente claro desde entonces, en el comportamiento de los clérigos, aun de los cargos más elevados; la Iglesia Católica se percibe ahora sólo como una comunidad de salvación entre muchas otras a las que uno pudiera pertenecer.

Los Capitanes de la Nueva Iglesia se sienten justificados en mantener esta falsedad porque no están dispuestos a ir más allá que decir, como lo proclamó Francisco, que la salvación tiene su origen en Jesús, lo cual es muy diferente a profesar que la salvación sólo puede alcanzarse en Cristo Jesús y por consiguiente en Su Cuerpo Místico que está presente aquí en la tierra, la Iglesia Católica.

Los modernistas son en verdad muy sutiles, pero es reduciendo a Nuestro Señor a “origen de salvación” como se convencen a sí mismos y a otros de que el camino a la salvación no está confinado a su Cuerpo Místico.

En todo caso, Francisco no se contenta con hablar sólo de los bautizados más bien parece decir que todos los hombres están destinados al mismo final. cuando cita “el origen común y el destino común de la humanidad”.

¿Comparten los pecadores un mismo destino con los mártires y los santos?

¡Ciertamente que no!

Dicho eso, para verdaderamente entender la mente de Francisco y el Credo Conciliar de la Iglesia del Hombre, que él profesa con candor, debemos tener presente el hecho de que aquéllos que viven en la Iglesia del Hombre no están preocupados por la salvación de las almas; éste es un interés del católico que ellos ya dejaron de compartir.

Vean ustedes, la Religión Mundial Única de la Roma Apóstata ve la salvación como algo ya dado; y por lo tanto se ocupa sólo de inquietudes meramente temporales

Escuchemos a Francisco una vez más:

El Concilio, con la Declaración Nostra Aetate, ha indicado el camino: “Sí” a redescubrir las raíces judías del cristianismo; “no” a toda forma de anti-semitismo, de culpar a los judíos por todo mal, de discriminación o de persecución derivada de ello. Conocimiento, respeto y estimación de uno al otro son el camino. En verdad, si esto aplica en particular a las relaciones con los judíos, aplica también de la misma manera a las relaciones con otras religiones.

Vaya,pero si se expresa tanta perspicacia hasta en la menor de las palabras para aquéllos que se afanen en escudriñar todas las cosas a través de un cristal católico.

Nótese que Francisco proclama como camino el “conocimiento, respeto y estimación” de todas las religiones, hasta aquéllas que de plano rechazan a Cristo.

Mis amigos, dándose cuenta o no, Francisco está afirmando llanamente lo que todo católico digno del nombre ha reconocido desde hace mucho tiempo ― para la Roma apóstata ¡Jesucristo ya dejó de ser el Camino para llegar al Padre! ¡Ha sido reemplazado rudamente por esfuerzos terrenales dirigidos a glorificar al hombre!

Aquéllos que verdaderamente creen que Jesucristo es el Camino no pueden sino contener su “respeto y estimación” por aquellas religiones que rechazan a Cristo.

Una vez más, me veo obligado a reiterar que la Iglesia del Hombre no se preocupa de la misión que Cristo dio a Su Iglesia. Francisco deja esto perfectamente claro cuando dice:

El diálogo que necesitamos [entre todas las religiones del mundo] no puede sino estar abierto y ser respetuoso, y de esa manera probar ser fructífero. El respecto mutuo es la condición y, al mismo tiempo, es el objetivo del diálogo interreligioso: respetar el derecho de los demás a la vida, a su integridad física, a las libertades fundamentales, explícitamente a la libertad de conciencia, de pensamiento, y de religión.

¿Cuál es el objetivo?

Ciertamente no es la salvación de las almas; tampoco es el alcanzar la verdad ni la vida, sino simplemente el “respeto” humano ordenado sobre un falso “derecho” a la “libertad de conciencia, de pensamiento, de expresión y de religión.”

Continuando, el Papa Francisco se extiende con algún detalle sobre la misión terrenal de la Iglesia del Hombre diciendo:

El mundo, viéndonos a los creyentes, nos exhorta a cooperar entre nosotros y con los hombres y mujeres de buena voluntad que no profesan religión alguna, pidiéndonos respuestas efectivas respecto a numerosas cuestiones: paz, hambre, la pobreza que afecta a millones de personas, la crisis ambiental, la violencia, especialmente aquélla cometida en nombre de la religión, la corrupción, la decadencia moral, la crisis de la familia. de la economía, de las finanzas,y especialmente de esperanza.

Para Francisco, “creyentes” son no sólo los cristianos, sino los judíos, los musulmanes, así como otros que dicen practicar cualquier tipo de “religión”. Esto se hace claro conforme continúa:

Nosotros los creyentes no tenemos recetas para resolver estos problemas, pero tenemos un gran recurso: la oración. Los creyentes rezamos. Debemos rezar. La oración es nuestro tesoro, de la cual obtenemos conforme a nuestras respectivas tradiciones, la petición de los dones a los que aspira la humanidad.

No dejen engañarse por el llamado a la oración.

Como lo deja claro la abominación que tuvo lugar en los jardines del Vaticano en Junio de 2014 por orden de Francisco, no toda oración es recta. (Para aquéllos que pudieran haberlo olvidado, un clérigo musulmán entonó una oración del Corán que pide a Alá que conceda la victoria sobre los infieles.)

Por un lado, uno pudiera ser movido a enojarse ante estas palabras.  ¿Cómo puede este hombre, adorado por muchos en todo el mundo como el “Papa del Pueblo”, declarar que la Iglesia no tiene “una receta” para los problemas del mundo?

¡Es una atrocidad!

Por otra parte, debe reconocerse que Francisco está siendo enteramente franco, y eso sorprendentemente, si sólo estamos dispuestos a escuchar.

Nos está diciendo lo que cree. Está recitando, no la fe de la Iglesia, sino el Credo Conciliar de la Iglesia del Hombre. Además, está diciendo la verdad ― ¡la iglesia que él desea construir encima y contra la Iglesia de Cristo no tiene una cura para la condición humana!

Lo más que Francisco puede ofrecer, por lo tanto, es una invitación para unírsele enfocándose en el hombre, en su supuesta “dignidad” y sus “derechos”, haciendo del hombre un ídolo, y su condición temporal la preocupación predominante de la vida.

Es una invitación muy distinta de la de San Pedro (y de sus fieles sucesores) que exhortaba a los enemigos del Señor:   Haced penitencia y sed bautizados cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo, por la remisión de sus pecados.Y habréis de recibir el don del Espíritu Santo (Hechos 2;38)

Con cada día que pasa, parece ser, está haciéndose más y más difícil para los hombres de buena voluntad y de inteligencia moderada negar que Roma ha caído de hecho en apostasía, y el cabecilla de la manada en este momento es Francisco.

En conclusión, propongo una predicción basada en las siguientes palabras dichas por Francisco durante su audiencia:

Ha habido tantos acontecimientos, iniciativas, relaciones institucionales o personales con las religiones no cristianas en estos últimos 50 años, que es difícil recordarlos todos. Un acontecimiento particularmente significativo fue la reunión en Asís el 27 de octubre de 1986. Fue deseada y promovido por San Juan Pablo II... La llama encendida en Asís se ha esparcido por todo el mundo y es un signo permanente de esperanza.

Antes de que pase a lo obvio, observe cómo la flama del Espíritu Santo que vino a la Iglesia en Pentecostés, la verdadera e inextinguible señal de “esperanza” para la humanidad como se imparte en el bautismo, ha sido corrompida al servicio de la Religión Mundial Única de la Roma Apóstata.

¡Es engañosa y repugnante!

Ahora, mi predicción:

No puede haber duda de que Francisco pronto habrá de anunciar su intención de convocar a Asís IV, y las abominaciones que uno pudiera esperar que tengan lugar ahí serán nada menos que espeluznantes.

Aun cuando algunos pudieran ver esto como malas noticias, yo me inclino a verlo como buenas noticias, porque habrá una nueva ocasión para que todos puedan atestiguar la única bendición que tiene por ofrecer este desastroso pontificado; específicamente, evidencia incontrovertible que da fe, tanto de la magnitud de la crisis de la Iglesia de hoy, como del hecho innegable de que entre los hombres no hay mayor peligro para las almas que transitan en la tierra en estos momentos que un tal Jorge Mario Bergoglio.

jueves, 16 de junio de 2016

Concerning the fair salary

By Father Julio Meinvielle (1905-1973)
Extracted from "Concepción Católica de la Economía"
Translated from the Spanish by Roberto Hope

Before all, it must be remembered that the right to a fair salary is one of the most sacred rights of workers. Listen how Apostle Saint James speaks (V,1-6):

  1. Now listen, you rich people, weep and wail because of the misery that is coming on you.
  2. Your wealth has rotted, and moths have eaten your clothes.
  3. Your gold and silver are corroded. Their corrosion will testify against you and eat your flesh like fire. You have hoarded wealth in the last days. 
  4. Look! The wages you failed to pay the workers who mowed your fields are crying out against you. The cries of the harvesters have reached the ears of the Lord Almighty
  5. You have lived on earth in luxury and self-indulgence. You have fattened yourselves in the day of slaughter.
  6. You have condemned and murdered the innocent one, who was not opposing you.

This is how the Apostles used to talk condemning exploitation of the poor; no one should be startled, then, of hearing words of strong condemnation of the capitalist monster which has become inebriated and gets drunk with the sweat of the day laborer.

What should be understood by a fair salary owed to the worker? Or better put: what is the minimum salary which cannot be reduced under any circumstances without committing a grave injustice?

Leo XIII and Pius XI have answered this question in a form so thorough that it does not allow adding anything new in this regard.

Labor ― especially that of a worker or of an employee ― is the exercise of a man´s activity directed to the acquisition of those things that are necessary for the diverse uses of life, and mainly for self-preservation.

The man who offers his labor for hire lives off his labor: he has the right to a human existence; even more so: he has the right to a human and Christian existence. He cannot be used as a machine or as merchandise or as a pack donkey or simply as an elegant animal. Therefore, if he works, i.e. if he employs his strength in things belonging to another man, he has the right to receive from the latter the resources that are necessary for him to lead a human life, one worthy of man.

Note that the salary needed to support a family is owed to every laborer as minimum salary, even if he is single, because that is the human salary owed to every man. If he does not marry is a matter concerning only him. The employer owes him the human salary, which is not less than the salary needed to support a family.

A human life: but it is not human life that which gets not more than what is strictly necessary for daily sustenance, one which cannot save to provide for future needs. Hence, a fair salary demands more than what is strictly necessary for the daily sustenance of the family. This is why Pius XI said that “it helps the common good that workers and employees get to accumulate little by little a modest capital by saving some portion of their salary once they have covered the necessary expenses.

The minimum fair salary includes, additionally, a human and a Christian treatment. Human treatment: “and for this reason, it must be ensured that the daily work does not extend to a number of hours greater than what strength normally permits. The length of resting periods should be determined by considering the different kinds of work, the circumstances of time and location and the health of the workers themselves” (Leo XIII)

Human treatment:  By this, we understand that the division of labor such as that imposed by “Taylorization” should be condemned. It is not tolerable that a man be subjected to the automatic repetition of the same movements, just as a machine, without letting him use his own initiative. Man is not, as Taylor imagined and asserted, a man-ox. He has the right to human nobility.

In addition to human, Christian treatment. Because as the worker has been ransomed by Christ, and is loved by Christ in a special way, as He once was a worker too, he has the right to be considered as a Christian and that every facility be given for him to fulfill his religious duties and to sanctify the days of the Lord.

The minimum salary explained above should not be denied in any case or for any reason, even if it is authorized by civil legislation. “If at any time it should happen ― says Leo XIII ― that a worker, moved by necessity or for fear of a greater evil, should be forced to accept a harsher condition against his will because his boss or contractor imposes it absolutely; that would be tantamount to exercising violence, and violence demands justice”(Leo XIII). With the current level of unemployment, there is no dearth of employers who exploit the scarce demand for labor, by unjustly compensating low the workers' labor. If an enterprise lacks resources to pay the worker his due salary, it cannot demand of him an ordinary amount of work. It can only demand the amount of work it is able to compensate. If it diminishes the salary below what is fair, in equal proportion it should reduce the amount of work demanded.

Up to here, we have tried to determine quickly the minimum wage below which, compensation may not be reduced without incurring in a baneful violation of strict justice.

Should the employer be satisfied with this? In no way. As stated by the Code of the International Union of Social Studies of Mechelen: “The minimum salary does not fulfill the requirements for justice. Above the minimum, several main causes matter, be it for the sake of justice, of equity or of betterment. Thus, for example, greater production or greater  prosperity of the employer demand an increase in salary. Additionally, there should be a salary hierarchy, in accordance with the economic function performed. It is not fair that the work of the quarrier be paid the same as that of the electrician.

domingo, 5 de junio de 2016

Nationalist Doctrine

 
(extracted from “Jefes the excellent book by Henri Massis, published by Editorial Sol y Luna, p. 69  
Taken from http://lascadenasdeobligado.blogspot.mx/
Translated from the Spanish by Roberto Hope

Main doctrinal principles ― pressingly necessary in our country nowadays ― which inspired the nationalist policy of the great leader, Antonio Oliveira Salazar (1889-1970) who ruled Portugal from 1926 to1968.

“This is the most honest, most judicious and most measured dictatorship in Europe.” Jacques Bainville. February 1938.

Clear and vigorous principles required Salazar to transform Portugal  morally; country which had fallen into the most resounding state of corruption, in this manner beginning its admirable material and patriotic resurgence.

Oh! simple principles: “We did not ask so great a thing ― wrote Mr. Salazar ― sense and notion of fatherland and of national solidarity, family, social unit par excellence; authority and hierarchy; spiritual value of life and due respect for the human person; duty to work; superiority of virtue; sacred character of religious sentiments, this is the essential of what is necessary for the mental and moral formation of the new state.” And Salazar adds: “We are, then, against all types of internationalism, against communism, against socialism, against libertarian unionism, against all that diminishes, divides and dissolves the family; against class struggle; against the godless and the stateless; against the slavery of labor; against the purely materialistic notion of life; against force as origin of law. We are against all of the great heresies of our time, the more so because we have never had proof of a single place on earth where liberty to spread such heresies has been a source of blessings. When such liberty is granted to the barbarians of our modern age, it serves not but to undermine the foundations of our civilization.”

Mr. Salazar is, then, anti-liberal, anti-democratic, anti-parliamentary, to the extent to which he understands, taking into consideration, things, realities, evidence manifested by the social and political life of all times. That is why he never lets go the opportunity to denounce the myths which rebel themselves against vital necessities.

"No matter how dear the care for our people may be to us or how sound defenders of its continuous rising in the material and moral order we may be; that does not obligate us in any way to believe that the origin of power lies in the masses, or that government can be an endeavor of the multitudes and not of an elite, upon which the duty to lead the community and to sacrifice itself on its behalf is incumbent. To wish to guarantee the liberties which are essential to social life and to human dignity itself, does not entail the obligation to consider liberty as the element upon which any political construction should be erected. Liberalism has ended up falling into the following sophism: There is no liberty against liberty. But in harmony with the essence of man and life's realities, we say: Only against the common good is it that liberty does not exist."

"Subordination of all interests to the interests of the whole, this is the spirit that inspires the reforms introduced by the new Portuguese regime" (as cited by E. Schreiber in “El Portugal de Salazar”): “Instead of making everything depend on the individual taken by himself as in the liberal regime, our organization, says Mr. Salazar, is founded on the realities of a new society where the individual does not exist except to the extent of, and as regards, his membership in natural groups (families, professional organizations, unions and corporations, territorial communes), and in this role she recognizes rights. Said in other terms, for the new state, there are no abstract rights of man, there are concrete rights of men. These rights limit the rights of the state and we accept such limitation. Thus, there are liberties we consider fair and useful, but precisely because we want to keep them, we defend the notion of the authority necessary for their safeguarding."

But these ideas, it may be said, are the ones propagated by the political doctrine of Charles Maurras; all DeMaistre, all La Tour du Pin, all Fustel as well as the social teachings of the great encyclicals are there!  Yes, these ideas are ours, but here you see them applied by a man who rules, incarnated in an actual experience, inscribed into living history.  Their effectiveness, their success, prove to us that they were not abstractions, daughters of the spirit of the system, but “available realities” of which a nation under our eyes profits from to be born again.

¿Es usted marxista?

Por Joseph Sobran (1946-2010)
(Columna publicada originalmente por United Press Syndicate el 28 de abril de 1998)
Traducido del inglés por Roberto Hope

Para mi horror, consternación y pena, un prominente erudito shakespearano se refirió recientemente a los “neo-marxistas” que abundan en los departamentos de letras inglesas de nuestras universidades. No estaba criticando a esos letrados; por el contrario, los llamó “hombres y mujeres de la más alta independencia de criterio”

Es curioso cómo puede eximirse uno mismo de los crímenes del marxismo, simplemente agregando el prefijo “neo”. A un neo-nazi no se le considera generalmente que lleve una forma de vida más elevada que la de un nazi común y corriente de los de antes, pero un neo-marxista supuestamente no tiene relación alguna con los personajes que dieron al mundo el gulag, los campos de re-educación, y los extensos cementerios clandestinos de Siberia, China y Camboya,

Lo que es peor, al Marx original se le está honrando con una elegante nueva edición del Manifiesto Comunista, que ya ha cumplido 150 años. De manera que Marx es bueno y los neo-marxistas también. Fueron sólo aquéllos que gobernaron países en nombre de Marx los que fueron malos ¿ve usted?  Lenin, Stalin, Mao, Castro, Pol Pot y el resto de esos bárbaros “traicionaron” a Marx.

¿Habrá algo en las ideas de Marx que las hace especialmente susceptibles a “traición”? Esta es la pregunta que se supone que usted no debe hacer, pues la respuesta es tan obvia. Cuando una idea es “traicionada” cada vez que es puesta en práctica, la falla no está solamente en quienes la ponen en práctica.

Nunca ha habido un régimen comunista que sea humano.

El marxismo es inheretemente totalitario. No le reconoce límites morales al estado. Es la ideología más conveniente para quienes aspiran a ser tiranos; también conserva su atractivo ante los intelectuales, que han probado ser igualmente hábiles para racionalizar los abusos de poder y exculparse a sí mismos.

Si los tiranos hubieran realmente “traicionado” a Marx, habría usted esperado que los marxistas de hueso colorado hubieran estado velando nerviosamente contra los déspotas pseudo-marxistas. Pero nunca lo están. Siempre están dispuestos a dar su confianza a todo nuevo gobernante que obre en el santo nombre del marxismo.

La ideología que tuvo más éxito en el siglo XX niega todo elemento divino en el hombre y en el universo, que amerite modestia por parte del estado. Eso significó que se acabó la vida privada. La gente era castigada por sus pensamientos ― aun por pensamientos que todavía no manifestaban, pero que los gobernantes marxistas podían predecir que esa gente iría a tener en virtud de la clase social a la que pertenecían. (El socialismo “científico” no necesitaba esperar a que realmente hubieran cometido esos “crímenes”, ni siquiera los “crímenes” de pensamiento,)

Ya quedan pocos marxistas de corazón, y no muchos “neo-marxistas”. Pero el estilo marxista ha dejado su huella en la política liberal de Occidente, especialmente en el campo de los “derechos civiles”. La peculiaridad de los “derechos civiles” y su legislación respectiva (por ejemplo aquélla contra los “crímenes de odio”) es que criminalizan los motivos en vez de los actos.

Lo peculiar de estas leyes radica en esto: Usted gozará de los derechos tradicionales de propiedad y de asociación, siempre y cuando no los ejerza con motivos prohibidos. Usted puede emplear o rehusarse a emplear a quien usted quiera, siempre y cuando la raza o el sexo del candidato a empleo no sean su consideración principal.

Pero ya que quienes “discriminan” en las formas vedadas nunca van a admitir sus motivos verdaderos, el estado sólo puede juzgar sus motivos por los resultados que observe, o  sea por patrones estadísticos. De la misma manera, la única forma que uno puede evitar ser acusado de “discriminación” es asegurándose de emplear un número suficiente de “mujeres y minorías”, aun cuando tenga uno que pasar por alto a algunos varones blancos que uno considere más adecuados por sus méritos.

En otras palabras, la única forma de evitar ser acusado de discriminar es discriminando.

Los conservadores que aún piensan que se pueden tener “derechos civiles” sin que el gobierno establezca cuotas se engañan a sí mismos. Esos “derechos civiles” son esencialmente diferentes de los derechos civiles como se les concebía antiguamente, pues lejos de constituir límites sobre lo que puede hacer el estado, autorizan nuevas potestades de intrusión al estado.

Tarde o temprano, ambos, el ciudadano y el estado, deben apoyarse en cuotas como evidencia de cumplimiento, o prescribirlas como “remedio”.

Le debemos a Marx la suposición general de que todo es asunto del estado, y que aun la privacidad es algo que puede existir sólo por gracia del permiso un tanto sospechoso del estado.

Puede decirse que una idea ha triunfado cuando la gente ya deja de percatarse de que existe una alternativa a ella. Como el personaje de Moliere, que descubre haber estado hablando en prosa, sin saberlo, durante 40 años, muchos de nuestros políticos han estado practicando el marxismo toda su vida sin darse cuenta de ello.

miércoles, 1 de junio de 2016

¿Qué se Propone Monseñor Ganswein?

Por Christopher A. Ferrara

30 de mayo de 2016
Tomado de: http://www.fatimaperspectives.com/sv/perspective861.asp
Traducido del inglés por Roberto Hope

Durante su reciente presentación del libro Beyond the Crisis in the Church: The Pontificate of Benedict XVI, Monseñor Georg Ganswein, quien sirve como secretario personal del “Papa Emérito” Benedicto XVI, de manera inexplicable y muy misteriosa dio mayor profundidad, y consecuentemente un nuevo ímpetu, a la idea de que la renuncia de Benedicto al papado estuvo matizada por una “nueva concepción del papado", según la cual Benedicto retuvo para sí un aspecto pasivo del oficio petrino, pasándole el ejercicio activo a Francisco.

En el curso de la presentación del libro, Ganswein hizo comentarios que de seguro reflejan la percepción del propio Benedicto sobre la situación, incluyendo el significado preciso del texto de la renuncia, fraseado cuidadosamente para referirse al “ministerio del Obispo de Roma, sucesor de San Pedro”. Es inconcebible que Ganswein meramente hubiera expresado su propia opinión del asunto sin haberlo antes consultado con Benedicto.

Según Ganswein, aun cuando “no hay dos Papas” como resultado de la renuncia, hay no obstante “un estado en cierta forma excepcional así querido por el cielo” conforme al cual "el ministerio papal dejó de ser lo que había sido antes...” Benedicto más bien “lo ha transformado profunda y perdurablemente” en forma tal que “no ha abandonado el oficio de Pedro [sino que] ha innoovado este cargo” de modo que es “de hecho un ministerio ampliado — con un miembro activo [Francisco] y un miembro contemplativo [Benedicto].”

Antonio Socci observa que sólo hay dos conclusiones posibles : una que no tiene sentido y la otra de una gran significación trascendental. La primera conclusión, como lo expresa Socci, es que Benedicto ha creado “un punto de inflexión trascendental que de hecho entraña una mutación radical del papado, que ahora se ha convertido en un órgano colegiado (pero esto es imposible según la doctrina católica).” Ciertamente es imposible y por lo tanto el traerlo a colación resulta absurdo. No importa lo que Benedicto piense haber hecho; ningún Papa tiene la potestad para cambiar la naturaleza de un oficio establecido a perpetuidad por Dios Encarnado. O sea, ningún Papa tiene el poder de alterar la constitución divina de la Iglesia. Como hasta Juan Pablo II lo dijo cuando estaba por someterse a una cirugía mayor: “Tiene Usted que curarme, pues no hay lugar para un papa emérito”.

La otra conclusión, dice Socci, es que “este discurso [el de Ganswein] trae a luz la 'nulidad' de la renuncia de Benedicto XVI.” De hecho, si la renuncia de Benedicto al papado se basaba en la premisa de esta falsa opinión, de que seguiría como un 'miembro contemplativo' de un oficio petrino 'ampliado' en virtud de una innovación que él mismo recién había originado, entonces ¿cómo podría no ponerse en duda la validez de esa renuncia matizada? ¿No es que Benedicto sigue considerándose a sí mismo en cierto sentido Papa? Y de ser así ¿cómo puede decirse que él ha renunciado al papado de manera inequívoca?

Ciertamente, como lo comentó Ganswein: “Por esta razón, Benedicto no ha renunciado ni a su nombre ni a la túnica blanca. Por esta razón, el apelativo correcto con el cual él se refiere a sí mismo, aun ahora, es el de  'Santidad', y por esta razón, además, no se retiró a algún monasterio remoto, sino que permaneció dentro del Vaticano...”

No ofrezco una respuesta acerca de cómo esta total novedad afecta la renuncia de Benedicto al papado. Eso es algo que la Historia tendrá que juzgar — si de veras hay algo que juzgar. Yo solamente planteo otra pregunta: ¿Por qué es ahora cuando Monseñor Ganswein está empujando este punto, habiendo ya transcurrido tres años de tumultuoso pontificado del Papa Francisco? Muy seguramente estas observaciones fueron bien ponderadas con anterioridad. De manera que ¿que es lo que él se propone?

Una pista puede encontrarse en la asombrosa referencia que hizo Ganswein a la perfidia que se obró en el cónclave del 2005, durante el cual la llamada “mafia de San Gallen”, que incluye a los infames cardenales Daneels y Kasper, tramaron la elección del Cardenal Bergoglio. Sorprendentemente, Ganswein se refiere a este acontecimiento como un simple hecho histórico, notando que el cónclave del 2005 entrañó “una lucha dramática entre el partido ´Sal de la Tierra' [de orientación Ratzingeriana], que gira alrededor de los cardenales López Trujillo, Ruini, Rouco Varela y Medina, y el 'grupo San Gallen', que gira alrededor de los cardenales Daneels, Martini, Silvestrini y Murphy-O'Connor...”

Ganswein luego vincula la lucha en el cónclave con dos hechos reveladores: Primero, la homilia del Cardenal Ratzinger al inicio del cónclave, en la cual censuró “la dictadura del relativismo, que no reconoce nada definitivo y considera como medida última el propio yo y la voluntad propia.” Segundo, la petición del Papa Benedicto a los fieles, inmediatamente después de su inesperada elección, de que rezaran por él para que no fuera a “huir por miedo a los lobos.”

Esto es ciertamente muy extraordinario. A fin de cuentas, los comentarios de Ganswein implican que el papado de Benedicto estuvo siendo atacado por fuerzas malignas de principio a fin. Deja eso claro cuando ridiculiza la idea de que algo tan trivial como “Vatileaks” haya forzado a Benedicto a abandonar su cargo: “Ese escándalo era demasiado pequeño como para provocar algo de tal envergadura, y algo mucho mayor [motivó] la medida de importancia histórica milenaria, cuidadosamente ponderada, que Benedicto tomó.

Hágase las conjeturas que Usted quiera. Pero no subestime el significado de los comentarios de Ganswein en medio de lo que claramente es el papado más perturbador de que se tenga memoria en la Iglesia: ése del sucesor de Benedicto, en circunstancias misteriosas sin precedentes.