Impide Fuentes Indeseables


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by Tejji

domingo, 20 de noviembre de 2016

Ésta no fue una elección. Fue una revolución.

por Daniel Greenfield

Tomado de http://www.radicalpress.com/?p=10363
Traducido del inglés por Roberto Hope

Es medianoche en América. El día anterior, cincuenta millones de americanos se levantaron ante la gran rueda de hierro que los había estado triturando y se le opusieron. Se pararon ahí aun cuando los medios de comunicación les decían que era inútil. Tomaron su puesto aun cuando las clases lenguaraces se reían y se mofaban de ellos.

Eran padres que ya no podían alimentar a sus familias. Eran madres que no podían pagar el cuidado de la salud. Eran trabajadores cuyos empleos habían sido vendidos a países extranjeros. Eran hijos que no veían un futuro para ellos. Eran hijas temerosas de ser asesinadas por los 'menores sin acompañante' que inundaban sus comunidades. Respiraron profundamente y se opusieron.

Levantaron sus brazos y la gran rueda de hierro se detuvo.

La Gran Pared Azul se derrumbó. Los estados imposibles cayeron uno tras otro. Ohio, Pennsylvania, Iowa. La clase trabajadora blanca, que había sido desdeñada y pisoteada por tanto tiempo, se puso de pie. Se levantó ante sus opresores, y el resto de la nación se levantó con ellos.

Se rebelaron contra la exportación de sus empleos al extranjero en tanto que sus ciudades se llenaban de inmigrantes que obtenían todo mientras que ellos no obtenían nada. Se rebelaron contra un sistema en el cual podían ser enviados a la cárcel por una minucia mientras que las elites podían violar la ley y aun así lanzarse a una contienda electoral por la presidencia. Se rebelaron contra el que se les amenazara con que tenían que cuidarse de lo que decían. Se rebelaron contra el ser considerados en desacato por querer trabajar para ganarse la vida y sostener a sus familias.

Lucharon y ganaron.

Esto no fue un voto. Fue un levantamiento. Como la gente ordinaria que derribó el Muro de Berlín, derribaron algo contranatural que se había levantado ante ellos. Y conforme lo veían caer, se maravillaron de lo débil y frágil que había sido siempre. Y cuánto más fuertes eran ellos de lo que jamás habían sabido.

¿Quién era esta gente? Eran la escoria y los habitantes del territorio sobre el que los aviones sólo pasan volando. No tenían títulos de bachillerato y jamás habían puesto un pie en un Starbucks. Eran la clase trabajadora blanca. No hablaban con propiedad ni pensaban bien. Tenían las ideas erróneas, vestían la ropa incorrecta, y tenían la ridícula idea de que todavía eran importantes.

Estaban equivocados en todo. ¿Inmigración ilegal? Todos sabían que había llegado para quedarse. ¿Black Lives Matter? [movimiento activista de los negros americanos contra el racismo sistémico] Es el nuevo movimiento de derechos civiles. ¿Manufactura? Tan extinta como el pájaro dodo. ¿Prohibir la entrada a musulmanes? ¿Qué clase de fanático piensa siquiera en eso?  El amor gana, el matrimonio pierde. El futuro pertenece al metro-sexual urbano y a su página de Internet, no al individuo que tenía un puesto bien pagado antes de que éste fuera llevado a China o a México.

No podían cambiar nada. Mil políticos y comentaristas habían hablado de hacerlos que se adaptaran al futuro inevitable. En vez de eso se treparon en sus camionetas pick-up y fueron a votar.

Y lo cambiaron todo.

Barack Hussein Obama se jactaba de que había cambiado a América. Mil millones de reglamentaciones, un millón de inmigrantes, cien mil mentiras y ya dejó de ser la América de Usted. Era la de él.

Fue un John F. Kennedy y un Franklin D. Roosevelt envueltos en una sola persona. Nos dijo que su versión de la historia era la correcta y que era inevitable.

Y votaron y lo rebasaron. Pasaron por delante de él y no lo escucharon. Tuvo que venir a hacer campaña a donde todavía se aferran a sus armas y a sus biblias. Vino a implorar por su legado.

Pero América dijo 'No'

Cincuenta millones de americanos lo repudiaron. Repudiaron a los Obamas y a los Clintons. Desdeñaron a las celebridades. No pusieron atención a los medios de comunicación. Votaron porque creyeron en lo imposible. Y su dedicación hizo que lo imposible sucediera.

Se les había dicho a los americanos que no se podían construir muros y que las fábricas no podían abrirse. Que los tratados no podían 'des-firmarse' y que las guerras no podían ganarse. Era imposible prohibir a terroristas musulmanes que entraran a América, o deportar a los extranjeros ilegales que habían convertido pueblos y ciudades en territorios de bandas criminales.

Todo eso era imposible. Y cincuenta millones de americanos hicieron lo imposible. Pusieron al mundo de cabeza.

Es medianoche en América. CNN está llorando. MSNBC está haciendo rabieta, ABC lo llama un berrinche, NBC lo condena. No se suponía que pasara. La misma maquinaria que aplastó al pueblo americano durante dos términos presidenciales seguidos, la masa de corporaciones gubernamentales y fundaciones que manejaban este país, estaba preparada para ganar.

En vez de eso, la gente se levantó frente a la máquina. La bloquearon con sus cuerpos. Fueron a votar aun cuando las encuestas les decían que era inútil. Enviaron por correo sus votos como ausentes aun mientras Hillary Clinton planeaba sus fuegos artificiales para celebrar su victoria. Vieron las fábricas vacías y las granjas desoladas. Viajaron temprano en el frío. Se formaron en fila. Regresaron a casa a sus hijos para decirles que habían hecho lo mejor para su futuro. Le apostaron a América y ganaron.

Ganaron contra toda probabilidad y ganaron admirablemente.

Estaban cansados de ObamaCare. Estaban cansados del desempleo. Estaban cansados de que se les mintiera. Estaban cansados de ver a sus hijos volver en ataúdes de ir a proteger a algún país musulmán. Estaban cansados de ser llamados racistas y homófobos. Estaban cansados de ver a su América desaparecer.

Y se alzaron y contraatacaron. Ésta era su última esperanza. Su última oportunidad de ser escuchados.

En el Internet pueden verse videos de las diez formas como John Oliver destruyó a Donald Trump. De cómo Samantha Bee quebró el Internet burlándose de los que apoyaban a Donald Trump. Tres minutos de Stephen Colbert hablando de lo estúpido que es Donald Trump, Vean a Madonna maldecir a quienes apoyaban a Trump. Vean a Katy Perry. Vean a Miley Cyrus. Vean a Robert Downey Jr. Vean a Beyoncé hacer campaña con Hillary, Vean. Clic.

Vean a cincuenta millones de americanos recuperar a su país.

Los medios estuvieron todo el tiempo equivocados acerca de la elección. Esto no se trataba de personalidades. Esto era acerca de lo impersonal. Era acerca de unos cincuenta millones de personas contraatacando, cuyos nombres nadie sabrá, excepto algún servidor digital. Era acerca de la mujer sin hogar que cuidaba la estrella de Trump. Era acerca de aquéllos que el Partido Demócrata perdió en Ohio y Pennsylvania, que buscaban a alguien que los representara. Era acerca de los trabajadores sindicalizados que aparentaban asentir cuando sus organizadores les indicaban cómo debían votar, pero que se rehusaron a vender su futuro.

Nadie jamás entrevistará a todos aquellos hombres y mujeres. Jamás les veremos sus caras. Pero ellos son nosotros y nosotros somos ellos. Vinieron en ayuda de una nación en peligro. Hicieron lo que los americanos siempre han hecho. Hicieron lo imposible.

América es una nación de imposibilidades. Existimos porque nuestros antecesores no aceptaban un 'No' por respuesta. No de reyes o tiranos. No de las elites que les decían que era imposible hacerse.

El día en que dejemos de ser capaces de lograr lo imposible es el día en que América dejará de existir.

Hoy no es ese día. Hoy, cincuenta millones de americanos hicieron lo imposible.

Ya pasó la medianoche. Ha llegado un nuevo día. Y todo está por cambiar.

Daniel Greenfield, un Fellow Shillman de Periodismo, miembro del Freedom Center, es un escritor neoyorkino que se enfoca en el Islam radical.

Buenas noches, Sra.Clinton

(Una Campaña de Nacimiento Parcial ha Quedado Enterrada)

Por Michael Matt

Tomado de: http://remnantnewspaper.com/web/index.php/articles/item/2865-goodnight-mrs-clinton-a-partial-birth-campaign
Traducido del inglés por Roberto Hope

Bien, me imagino que la Sra. Clinton ahora ya sabe lo que se siente ser abortada cuando se está a punto de nacer.

Sin embargo, siempre desde que yo era niño me ha parecido que la emoción de la victoria no es, ni por mucho, tan poderosa como la agonía de la derrota. Si la Sra. Clinton hubiera logrado la victoria anoche, hoy sería el día más sombrío de la historia. El futuro habría sido peor que nefasto para un pueblo que intencionalmente habría elevado [a la presidencia] a una radical, inmoral y corrupta mujer que odia las leyes de Dios, defiende el asesinato de bebés y se afana con gran celo por la destrucción de la familia.

De haber sido elegida, ese resultado habría hablado mucho más de nosotros que de ella. Nos habríamos exhibido como un pueblo desalmado y sin corazón, despreciable y más allá de toda esperanza.

Demasiado estaba en juego. Mucha de nuestra labor aquí en The Remnant, por ejemplo, habría sido definida como criminal en los próximos cuatro años. Nuestra preferencia por proveer escolarización a nuestros hijos en nuestra propia casa se habría vuelto ilegal en la aldea que la Sra, Clinton tenía en mente. Hasta nuestra posibilidad de movernos libremente habría sido socavada por la Sra. Clinton, quien había prometido expandir a miembros de 'grupos de odio' la lista de gente a la que no se le permite abordar vuelos comerciales hacia el interior o hacia el exterior de los Estados Unidos. (Como 'líder de un grupo de odio', según nos califica el infame Southern Poverty Law Center, no le es difícil a quien esto escribe imaginarse con cuánto entusiasmo la Presidente Hillary habría aplicado la legislación anti-crímenes de odio contra la América Cristiana)

Por lo tanto, sí, como todo mundo, estamos todavía tratando de procesar la noticia de esta sorpresiva derrota, verdaderamente formidable (si Trump revoca la Enmienda Johnson [que a partir de 1954 prohibe a ciertas organizaciones exentas de impuestos, que apoyen o se opongan a candidatos a cargos políticos ― N. del Tr.] hasta podría la Iglesia Católica en este país volverse nuevamente relevante). Hay mucho que aprender de lo que vimos acontecer anoche, no el menor de lo cual es que la gran prensa, lejos de poseer omni-sapiencia, de hecho son ideólogos que no tienen idea de lo que pasa, y a quienes nunca se les debe volver a tener confianza.

Independientemente de lo que pase con una presidencia de Trump, ya sabemos que un porcentaje sustancial del pueblo americano no está fuera de toda esperanza ― que todavía tiene suficiente sentido Cristiano para reconocer y rechazar lo demoníaco cuando lo ve. Y ¿qué es lo que debemos sacar de todo esto? Que los demonios no son invencibles. De hecho, anoche les salió el tiro por la culata gracias a un 'bufón' de quien se habían burlado inmisericordemente durante 18 meses y quien decidió ser el primer político en décadas en darle una voz nuevamente a los americanos que temen a Dios ― una concesión comparativamente pequeña que, no obstante, redujo a lágrimas amargas y a un silencio estupefacto a la mitad izquierda de este país.

Donald Trump se las ingenió para librar de los grilletes a los Americanos pro-vida, pro-Dios y pro-familia, provocando que los demonios se desbandaran frente a ellos como cucarachas. Y así como muchos de nosotros votamos por Donald Trump para detener a Hillary Clinton, ahora podemos celebrar sin reparos la aplastante derrota que nuestro voto infirió a los todopoderosos: George Soros, el Papa Francisco, Planned Parenthood, la prensa principal, Hollywood, las Naciones Unidas, la Unión Europea y el resto de los fanáticos del Nuevo Orden Mundial.

Abajo, en las cloacas, hasta las ratas están desgarrando sus pequeñas pieles: Miley Cyrus tendrá que dejar el país como prometió hacerlo si Trump ganaba (que te vaya bien Miley, y cuida que, al cerrarse la puerta, no te pegue en el trasero). El Reverendo Al Sharpton también necesita un corredor de bienes raíces del extranjero, lo mismo que Whoopi Goldberg, Tom Hanks, Bruce Springsteen, Ellen y el resto de las 'elites' de colas largas y narices puntiagudas.

Hollywood está derramando lágrimas de ácido esta mañana y de ello debemos felicitar mucho a Donald Trump.

Los malos, los demonios, los pro-aborto, la facción anti-familia ― todos ellos perdieron anoche y perdieron en grande. Y ― ¡horror de los horrores! ― su derrota les fue propiciada por gente que se para frente a las clínicas abortivas recorriendo con los dedos las cuentas de su rosario, rogándole al Cielo que intervenga, pidiéndole a Nuestra Señora que dé a nuestra nación algo más de tiempo para que vuelva a sus cabales. Perdieron, en otras palabras, ante la ”gente menuda” ― gente que viaja en sus mini-mamamóviles llenas de niños, aferrada a sus biblias y a sus armas, que vive allá en esa 'canasta de deplorables' [como calificó Hillary Clinton a los partidarios de Trump] donde Dios y familia todavía son más importantes que las dádivas gubernamentales y que el derecho de asesinar bebés.

Obviamente, todo esto debe tenerse en perspectiva; fue Donald Trump quien fue electo anoche, no Santo Tomás Moro. Va a haber desencantos que provengan de la Casa Blanca de Trump. Se los aseguro. No debemos engañarnos con eso, seamos realistas. América tiene un muy, muy largo camino que recorrer si habrá de volver a sus cabales. Nuestro país está todavía en una rebelión de facto contra Dios. Aún no hemos salido del bosque, ni siquiera estamos cerca. Pero el infierno sufrió anoche un revés y nada puede cambiar esa realidad que ahora es histórica.

Por lo tanto, oremos por que el Presidente Trump pueda tomar los pasos, aunque sean pasos de bebé, para revertir los motores y cambiar el curso. Nuestras expectativas son modestas, por decir lo menos, pero no sin esperanza y ciertamente no sin una convicción firme de que la alternativa venía del mismo vientre del infierno y habría asestado un golpe de muerte a la América cristiana.

Los perdedores de ayer son ahora la mejor causa de esperanza. Esa derrota aplastante prueba que los malos, aun cuando son poderosos, no son invencibles. Puede resistírseles y hasta derrotárseles. Le guste el personaje o no, Trump ha probado fuera de toda duda, que la guerra por Dios, por la familia y por los no nacidos en este país está lejos de ser una causa perdida.

El sordo gemido que oímos a todo el largo y ancho de América nos ofrece una prueba audible de esto ― es el sonido de los dientes del demonio rechinando. Y para eso, cualesquier reservas que podamos tener acerca de nuestro presidente electo, los americanos decentes pueden levantar “un sonido de alegría al Señor” al dar un suspiro nacional de alivio,

Con cauteloso optimismo hacia el futuro, agradecemos a Dios por el milagro que fue la derrota de la pro-abortista, pro-sodomía, y anti-americana Hillary Rodham Clinton. Y agradecemos a Donald Trump por haber tomado una postura en favor de la gente buena cuya voz ha sido silenciada en este país por demasiado largo tiempo. Anoche se pronunciaron, y su recién descubierta voz fue oída en todo el mundo.

Recen por Donald Trump. Él no es católico, y por eso no tiene el beneficio de los sacramentos. Y sin embargo, todos los poderes del infierno van a aliarse contra él durante los próximos cuatro años. Él necesita de nuestras oraciones, se dé cuenta de ello o no.
Que Dios bendiga a América, y que los americanos utilicen esta tregua para ponerse de rodillas y bendecir a Dios por haber tenido misericordia de nosotros ― misericordia de la cual somos altamente inmerecederos.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Some Observations on the Major Heretics
who Created Protestantism

(Continued)
By Horacio Bonfiglioli

Taken from: http://lascadenasdeobligado.blogspot.mx/2016/08/algunas-observacionessobre-los.html
Translated from the Spanish by Roberto Hope
[Translator´s note: book page numbers quoted refer to those in the Spanish editions cited]

The hatred of Cromwell, grandson of a Jewess.

Oliver Cromwell constituted an instance of ”the way how the Sixteenth Century's religious revolution had suddenly elevated men of the lower social classes, turning them even into millionaires”.

The Republic having been proclaimed (1646), Oliver Cromwell, who hated the mass as well as Catholic priesthood, put a price on the head of Catholic priests, the same amount would be received for killing a priest as for killing a wolf” (Candidus SI SI NO NO, Summer 2011)

“His major shortcomings were his hatred and cruelty ... and his boundless love of money...” because he “accepted fundamentally Calvinism itself, he reverenced and observed the then recent English version of the Hebraic Scripture as an infallible and exact guide ”. He would constantly and by name turn to the Lord (of the Old Testament) ... and in his trances of  angst and depression he believed to  be receiving direct communication and personal advice from Him”... a characteristically Protestant way of 'relating' to the Lord... He would tolerate Judaism and all sects to the extent they were anti-Catholic... and his purpose was to execrate the Catholic Church to its total extinction.”

 (Belloc,Cromwell, ed Juventud, p 66, 85, 88, 115). It is to be noted that his “Latinist secretary” was poet John Milton, eminently anti-Catholic and adept to polygamy, confirming the sects' proclivity to fall into the community of property and women.

The alliance of the English with the Jews was consolidated under Cromwell, sealing English history to our day. Where does this adulterous intercourse between the English and the Jews come from? Let us look at what happened to them in England in the Seventeenth Century. One of Cromwell's authentic purposes was to receive financial support from the extremely rich Jewish bankers of Amsterdam. To this effect, Rabbi Mannaseh ben Israel traveled to London in 1665, and a deal was arranged; with a respectful diplomatic but implicitly menacing treatment (with the same veiled arrogance with which Chaim Weizman treated the British Prime Minister in the first decades of the Twentieth Century, and also the Yankee presidents... obscurely alluding to the consequences of resisting Jehova and the prizes...)  Even though London and Amsterdam were united in their Hebraism, despite their being trade competitors, it is easy to understand how Menasseh, owner of the gold, was the one who imposed his conditions, and Cromwell, the one who required the gold, submissively accepted them. (James Parkes, ´History of the Jewish People'). We can be sure that, after these negotiations, English piracy, with strong Jewish financial bases, political enmity and religious aversion to Catholicism, extended its aggressions all around the world.

This Menasseh ben Israel, born in Lisbon in 1605, was the most reputed rabbi of his time, representative of orthodoxy, teacher of Spinoza's who later apostatized from his mentor's tendency, a friend of Judaizer H. Grotius and of the also Judaizer Queen Christine of Sweden... “Carried by the mystical idea that the redemption of his people would take place once it had been dispersed through all corners of the world, dared to conclude that the indigenous inhabitants of America (the Redskins) at the time of the discovery were descendants of Israel's ten lost tribes” (L.Dujovne, 'Spinoza'), anticipating another one of the 'unprecedented'  'famous revelations' of Mormon Joe Smith. And he even had the intention of traveling to America to greet the Messiah, as he intended, with his hatred of Catholicism, to have the Israelites hidden in the mountains leave their seclusion and attack the Spaniards, and expel them from the New World” (V. Risco); Cecil Roth confirms this ('The Secret Jews'...173) saying that he was about to be settled in Recife and that his intervention to have Marranos settled in Brasil was very important, and very successful, given the considerable number of Jews who settled there. In this way, he intended to complete the circle of Marrano communities around the world for the Talmudic Messiah to appear. And they are still awaiting him!

Then, “What was demanded from Cromwell ― wrote Douglas Reed in “The Controversy of Sion”, ― www.ecorevisionista.wordpress.com ― was in fact, an act of public submission to the Judaic law; not the readmission of the Jews, as they had never left England! They had been expelled in paper, but had remained in their places, and a formal legalization of that situation was required...” And this is how the beginning of the first of the three great subversive revolutions of the modern world, preceding the French and the Russian ones, took concrete form.

“Cromwell was one of the first who called themselves Christians of the Old Testament... a puppet figure in the Zionist history. He forbade the celebration of Christmas day, burned the churches and murdered the priests, and for a moment was a candidate to become the Jewish Messiah! ...although King David could not be found among his ascendancy (he would have enjoyed that role) he had too attractive a qualification in his enthusiasm for the 'absolute destruction' ... his followers, of sword and Bible, would affirm, regarding his sanguinary actions, that he was fulfilling the prophecy: by restoring the Jews in England, he was taking the prescribed steps for the preparation of the Millenium... Cromwell would enjoy proclaiming “religious liberty' and the fulfillment of the prophecy while hunting down priests and the clergy to death.” (Douglas Reed).

“He considered ― wrote Belloc in 'Oliver Cromwell' (ed. Juventud page 32) ― Catholic Ireland as something the destruction of which was imperative, and with which it was not necessary to proceed with loyalty (expropriation of their lands to pay their soldiers was a roguery); English Catholics as beings unworthy of any consideration, who should be eliminated by ruining them financially”; he even installed a number of Jews in Ireland to neutralize the Catholic supremacy (Walsh 'Phillip II') extending his hatred to Spain and Italy.” Belloc goes on: Cromwell “was entirely imbued with the Calvinist spirit... Calvin's dogmas ― a stern, implacable and revengeful God, condemnation of the majority of people, a few predestined to glory (Cromwell among them), futility of the good works, perversity in pleasure,  priesthood of the laymen ― were all a pattern of his being, as was the overwhelming sensation of the superiority of his stock over the non-sanctified, 'those who ignore the law', and the certainty of his mission as the tough arm of an angry Jehovah against the weak and the loser (but not against the strong). This illusion of 'elected race' which still lives on here and there in our times, springs forth from the Hebraic Scripture in its English form... The persecutions, revenge, and crimes therein narrated had nothing symbolic for him and he would accept them reverently as true and trustworthy norms of conduct”. Note that this madness of violence persists, concealed and latent, in present day North American Calvinist, Presbyterian, Mormon,  etc., sects, to support imperialism.

Roth wrote ('The Secret Jews... ' p 175). “In the notable period of England's expansion, which coincided with Elizabeth's reign, the foreign (Jewish) tradesmen colony settled in London naturally grew”. Jewish wealth grew enormously, exactly as it had grown in Holland. During the existence of the Protectorate ... two Philo-Semitic tendencies existed: one was the religious affinity between Calvinists and Jews ... as puritanism had represented a return to the Bible, and above all, a return to the Old Testament. Many of their faithful had taken this to the last extreme... The other tendency assumed by Cromwell was a practical one, as he quickly saw the material advantages which the Jews could offer England as they had offered Holland... helping to establish the main business center of Europe... avoiding the predominance which Holland had exercised until then”. This alliance is explained considering “his boundless love of money. (Belloc, 'Oliver Cromwell') But it should be recognized that this defect frequently accompanies his kind of religion (Calvinist) which, to tell the truth, almost does not consider avarice reprehensible, as also was not considered reprehensible by those heroes of Hebraic history and legend which informed his life.

As “there were very rich crypto-jews (those that concealed their Judaism) related to nobility, their services were used by the dictator for its trade policy. Carvajal, a crypto-jew who traveled to England as the ambassador of Portugal, put at Cromwell'ss disposal a veritable army of spies and agents in all of Europe” (Vicente Risco). It is evident, then, that Judaism, just as it happened in the Second World War, was plainly belligerent, financier, spy, saboteur. fifth column, inciter...

I conclude clarifying that I proposed to set forth the essential of the investigations of great historians, disseminating them for those who cannot have access to them. I would have rather amplified what I wrote, with a semblance of other weighty characters arisen from protestant obscurity. But, regrettably, I do not count with available documentation to do it, though, in reality, nothing new of what has already been said would tell us about the spirit of Protestantism.

The misnamed Reformation, as it only deformed, was nothing other than a distortion of Christianity. Its mere essence, free examination, meaning that anyone can opine on theological or scriptural topics without having the indispensable body of knowledge, unchained all the evil passions wherever Protestantism took root.

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