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by Tejji

lunes, 27 de noviembre de 2017

Descubriendo al Verdadero Cristóbal Colón

 Parte 2  



Por Solange Hertz (RIP)
(Artículo tomado de un capítulo de su libro On the Contrary)


Tomado de: https://www.tumblarhouse.com/lounge/column/discovering-columbus
Traducido del inglés por Roberto Hope


El explorador desconocido
Sean sus antecedentes los que hayan sido, Colón el hombre está todavía por descubrirse. No estamos ciertos siquiera de dónde yace enterrado. Tanto España como la República Dominicana dicen tener sus restos, y es posible que Cuba e Italia también posean algunos incompletos. La disputa empezó en 1506 en Valladolid, donde se dice que murió, y sigue hasta ahora. Se espera que un estudio reciente de la composición genética de unas muestras de hueso disponibles arroje alguna luz sobre la cuestión. Otro acertijo es la firma piramidal extraordinaria de 12 caracteres, si se deriva de la cábala o no.


Algunos historiadores, como Samuel Eliot Morison le han asignado significación religiosa a la firma. Una de las teorías más recientes propuesta por un ingeniero aeroespacial de nombre Arne Molander, es que indica el mapa de las tres islas del caribe donde primero desembarcó Colón. Todas estas cuestiones y muchas siguen sin respuesta.


Con relación a su origen, la mejor conjetura es negativa: no era italiano. A juzgar por su primer matrimonio con una dama de la aristocrática familia portuguesa Perestrellos, o por la facilidad con que se movía entre la nobleza de este mundo, es en primer lugar difícil de creer que haya sido el hijo de un pobre tejedor genovés. Además, si nació en Génova, no mostró una particular lealtad hacia esa ciudad, pues en 1476 de hecho peleó contra ella del lado portugués. Nunca escribió en italiano. Era competente en latín y hebreo así como en griego, pero su lengua vernácula preferida fue siempre el español, y usaba la forma española de su nombre, Cristóbal Colón, y no la forma italiana, Cristóforo Colombo.


Lo que no se sabe de él sigue excediendo lo que se sabe de cierto. De hecho, el grado anormal de ofuscación que lo envuelve sugiere que mucha de ella era así deliberadamente planeado, no sólo por sus enemigos, sino quizás alguna por él mismo, y luego por su hijo Fernando. Los motivos sólo pueden suponerse. Explorar a Colón es una incursión en un mundo lleno de enigmas, contradicciones, huecos y repentinas caídas al vacío. Quien pretenda conocer con certeza mucho más del descubridor de América por sólo eso demuestra su ignorancia. Luego de cinco siglos, Colón mismo sigue sin ser descubierto.   


¿Fue Colón un santo?
No sabemos cómo era Colón de aspecto. Aunque quedaron escritas varias descripciones de él, entre ellas una del famoso converso Fray Bartolomé de las Casas, quien lo acompañó en uno de sus viajes y después fue nombrado Consejero de Indias, no poseemos un retrato contemporáneo de él. Se produjeron muchos después de su muerte, pero entre éstos, en pocos tiene un parecido con algún otro.


El que se considera más auténtico es un grabado sobre madera que fue reproducido en Basilea en 1575, en una obra biográfica escrita por el Arzobispo de Nocera. Habiendo sido declarado por la Real Academia de Historia de Madrid en 1862 como la más antigua imagen que existe de Colón, se cree que fue copiada de un retrato original pintado después de su segundo viaje a América. Este grabado concuerda perfectamente con una descripción de Colón dada por el coadjutor con quien se alojó en Palacios: “El Almirante llegó a Castilla. Su vestido era de la misma orden como se vestían los monjes de San Francisco y de una forma algo semejante a los hábitos de la Orden y con el cordón de San Francisco alrededor de la cintura por devoción.” (Por “monjes” el coadjutor se estaba refiriendo a los frailes de la Observancia Estricta.)


Innecesario es decirlo, esta imagen de Colón como Terciario Franciscano es difícilmente la proyectada por sus detractores y aun por sus biógrafos normales. Sin embargo, el Colón revelado por aquéllos que lo conocieron personalmente se parece mucho al hombre reflejado en el grabado..Su hijo Fernando dice, “De las cosas religiosas era tan observante que de hecho, al pronunciar su oficio canónico completo, podría pensarse que era un religioso profeso y era un tal enemigo de los juramentos que jamás lo oí jurar, y cuando estaba más enojado, su reprimenda era decir “Te doy a Dios ¿por qué has dicho o hecho esto?” Y si algo escribía nunca comenzaba sin antes escribir estas palabras: 'Jesus cum Maria sit nobis in via'” (que Jesús con María nos acompañen en el camino.)


Las Casas escribió de él: “Era avispado y animado en su hablar ... convincente y grandilocuente en sus negocios; era moderadamente grave; afable con los extraños; dulce y de buen humor con los de casa... de conversación discreta y de esa manera diestro para ganarse la amabilidad de todos los que lo veían. Finalmente, su persona y sus venerables modales delataba una persona de alto estado, con autoridad y merecedor de toda reverencia; era sobrio y moderado en el comer, beber, vestir y calzar... En cuestiones de religión cristiana, sin duda era católico y de gran devoción...


Ayunaba de la manera más estricta cuando lo ordenaba la Iglesia... se confesaba con frecuencia y recibía la Comunión ... muy devoto de Nuestra Señora y del Padre Seráfico San Francisco: parecía estar muy agradecido con Dios por los beneficios recibidos a manos divinas, de modo que era casi un proverbio que pronunciaba cada hora, que Dios le había favorecido mucho, como a David. Cuando se le traía oro u objetos preciosos, entraba a su capilla y decía: “Agradezcamos al Señor que nos hizo lograr descubrir tanta riqueza.”


“Era el más celoso guardián del honor de Dios: ansioso de convertir a los pueblos y de ver la semilla y la fe de Jesucristo esparcirse por todas partes, y entretenía especialmente en la esperanza de que Dios lo haría merecedor de ayudarle a recuperar el Santo Sepulcro, y en esta devoción y la confianza que tenía en Dios le ayudaría en el descubrimiento de este mundo que había prometido, le regó a la Reina Isabel que gastara la riqueza ganada como resultado del descubrimiento en recuperar la tierra y la casa sagrada de jerusalén, lo cual la reina hizo.


La Propuesta Canonización
En su mayoría aun los católicos no están enterados de que en una época Roma estaba considerando seriamente la posibilidad de canonizar a Colón. El principal promotor de esta causa fue el Papa Pío IX, quien como joven sacerdote sirviendo como Delegado Apostólico en Chile, fue el primero de los Vicarios de Cristo que hayan puesto pie en el Nuevo Mundo. Estaba tan convencido de la misión divina de Colón, que como uno de sus primeros deberes de su pontificado ordenó la compilación de una biografía oficial, del cúmulo de fuentes católicas, que contrarrestara las caricaturas seculares del descubridor que prevalecían entonces. Su elección para este trabajo cayó en el Conde Antonio Roselly de Lorgues, un francés de ascendencia italiana que ya había hecho un inicio con La Croix dans les Deux Mondes.


Esta nueva biografía fue acogida con tal entusiasmo cuando se publicó en 1856, que para 1877 el autor fue designado formalmente postulante de la causa del Terciario Franciscano Cristóbal Colón mediante cartas patentes del Superior General Franciscano, Padre Bernardin. En esta capacidad, de Lorgues recibió 910 cartas públicas y 80 privadas, de Cardenales, Obispos, Metropolitanos, y Delegados Apostólicos de todo el mundo urgiendo el Postulatum, cartas depositadas posteriormente en los archivos Franciscanos en Roma. Un partidario ardiente fue el futuro Cardenal Pie de Poitiers, que por otra parte se le conoce por reprobar a Pio IX por su anterior liberalismo


En una Breve elogiando a de Lorgues, ese Papa habló de Colón como uno que, 'inflamado con su celo por la fe católica, se resolvió a descubrir un nuevo mundo emprendiendo la más osada de las navegaciones, no con el propósito de agregar nuevos territorios al Reino de España, sino para poner a nuevos pueblos bajo el reinado de Cristo’, en otras palabras, la Iglesia. La causa de la canonización cobró ímpetu, lo cual fue muy comentado entre sesiones del Primer Concilio Vaticano y mantenido ante el público por Civilta Catolica y toda la prensa católica.


Se Unen a la Batalla
Al paso de estos acontecimientos, sin embargo, se llevó a cabo, desafortunadamente, una campaña que asegurara que no llegaran a nada. Durante medio siglo se había lidiado una batalla entre las fuerzas de Cristo Rey, con el Papa y el Conde a su cabeza, y los del racionalismo humanista, encabezados por un ex-sacerdote Barnabita llamado Angelo Sanguineti. De Lorgues resueltamente mantenía que nadie que no creyera en lo sobrenatural puede comenzar a entender a Colón: “Que los librepensadores sean informados de que la superioridad de Cristóbal Colón fue principalmente el resultado de sus virtudes católicas. Juzgarlo conforme al espíritu del mundo, con las pretensiones y prejuicios de nuestra época, es tanto un error como una injusticia. Hemos por lo tanto presentado al Revelador del Globo como era verdaderamente, y no como lo pintan los biógrafos que son enemigos del mismo principio que hizo su grandeza y gloria” [10]


Hasta que de Lorgues escribió, aun en italia la única obra disponible al público en general había sido la vieja biografía escrita por Washington Irving y publicada en 1928, que había sido traducida, abreviada y adaptada por Sanguinetti, cuyas inclinaciones positivistas masónicas eran bien conocidas. Aun cuando Irving mismo era un erudito honesto y consciente, no era católico, y desafortunadamente sus investigaciones en España fueron llevadas a cabo con la ayuda de historiadores prejuiciados, como Don Martín Fernández de Navarrete. Leer a Irving y a de Lorgues junto es preguntarse en ciertas partes si están escribiendo del mismo hombre.


Difamación calculada
Críticos como Sanguineti fueron prontos para seguir la corriente de un ministro protestante llamado William Patterson, quien publicitó la idea de que Colón no era de personal importancia, dado que con el surgimiento del conocimiento científico, América habría de ser descubierta por alguien en el curso natural de los acontecimientos. Desechaban como fantasía la inspiración divina del descubrimiento, optando por desconsiderar cualquier evidencia en contrario. Por ejemplo, el académico de Yale, Edward Gaylord Bourne dejó anotaciones marginales que, a la luz de su propia experiencia náutica, discrepaban de las opiniones de Aeneas Sylvius, Pierre d'Aitly y Marco Polo, la mismas autoridades a quienes se les da el crédito de haberlo inspirado. En cuanto a la correspondencia con el Dr. Toscanelli, Bourne creía que las cartas podrían haber sido falsas expresamente para darle al viaje de Colón el carácter de un experimento científico razonado y la dignidad y el patrocinio de un gran sabio. [11]


La difamación sistemática del explorador fue dirigida particularmente a excluir la posibilidad de una inspiración sobrenatural. Aun durante su vida fue acusado de codicia, de traficar con carne humana, de vanagloria, malos manejos, felonía, sacrilegio y traición, así de furiosa fue la oposición contra él. La junta en Salamanca, ante la cual presentó su teoría aun lo habían sospechado de herejía. Tales acusaciones, sin embargo, siempre acababan evaporándose ante la evidencia. El cargo de esclavizar y explotar a los indios, tan popular con sus detractores modernos, radica mayormente en los pecados cometidos por quienes llegaron después que él. Él y sus parientes jamás tuvieron esclavos, En una ocasión, Colón hasta se rehusó la insistente petición de un cacique indio que querían que llevara a un representante de su corte de regreso con él a España.


Es cierto que siguió la práctica aceptada en su época de consentir la esclavización de prisioneros de guerra y de los rebeldes irreconciliables, en interés de la seguridad común. Aun así, cuando tres años después de la conquista llegaron por primera vez a España barcos cargados de indios, Isabel prohibió absolutamente su venta. Cuando Colón después de su tercer viaje les dio un indio como sirviente a cada uno de sus hombres, Isabel ordenó que los regresaran con un indignado '¿Quién autorizó a mi almirante a disponer de mis súbditos de esa manera?' Y ahí quedó el asunto en lo que a ella y a Colón concernía.


Inmoralidad retrospectiva
La calumnia que dañó irreparablemente su reputación nunca fue enunciada durante su vida, sino sólo 72 años después de su muerte. Esta fue su presunto amor con Beatriz Enríquez de Arana en Córdoba, entrañando la supuesta ilegitimidad de su segundo hijo, Fernando, dado a luz por ella. A pesar del hecho de que no se sabe de ningún contemporáneo suyo que haya jamás planteado esta cuestión, ni siquiera sus peores enemigos; esta supuesta falta de virtud probó ser al salaz chisme que capturó la atención pública. Fue aceptado sin cuestionarlo por Washington Irving, y lo han imitado casi todos los demás biógrafos, de Von Humboldt en adelante.


Como lo señaló de Lorgues, un affair de coeur en sí mismo no es un impedimento irremediable para respeto universal, ni por cierto para la canonización. Santos que erraron en esa dirección han sido posteriormente elevados a la santidad. En este caso, sin embargo, la incriminación es absolutamente falsa. Se contrapone con un historial impecable de castidad en un hombre expuesto a los peligros más grandes para esta virtud, virtud que aun sus contemporáneos más hostiles jamás le acusaron de infringir. Está basada casi enteramente en el hecho de que no se ha encontrado registro alguno de su matrimonio con ella, y que la redacción del testamento de Colón, que se refiere a Beatriz meramente como 'madre de Don Fernando, mi hijo', y que ordena a Diego, su hijo mayor por su difunta primera esposa, que vea que Beatriz 'pueda vivir apropiadamente como alguien a quien yo debo tanto, ya que esto pesa mucho en mi corazón. No es propio decir la razón aquí' A este último testamento añadió su firma acostumbrada: Christo-ferens, portador de Cristo.


Es significativo que este alegato hiciera su aparición una vez que se hubo extinguido la línea de descendencia masculina de Colón, y en un litigio. Colón había especificado que entre sus herederos no se reconociera descendiente ilegítimo alguno, y que en tal eventualidad, la sucesión pasara a la línea femenina. Por esta razón el hijo bastardo de Luis Colón trató de establecer su reclamo invocando la ilegitimidad de Fernando como precedente. Siendo incapaz de presentar un solo documento o un testigo confiable, perdió e caso. En 1792, otra demanda legal, de parte de Don Mariano Colón y Larriatequy, fue presentada contra el titular de la sucesión; pero aquí otra vez el juez, Don Pérez de Castro, calificó a la imputación de 'falsa, calumniosa y sin sustento.' poniendo fin al asunto, por lo menos en lo legal.


El historiador real Antonio Herrera escribió categóricamente de Colón, 'Se casó con Felipa Moniz de Perestrello' (a quien había conocido en la misa diaria en Lisboa), 'y de ella había tenido a Diego Colón. Después de la muerte de su primera esposa, se casó con una segunda, llamada Beatriz, de la ciudad de Córdoba, de quien tuvo a Fernando, un hidalgo virtuoso altamente letrado,' Lo mismo dicen con los hechos  otros historiadores. Hay además un escrito autógrafo de Colón dirigido a la Corte en el cual se lamenta de que debido a sus exploraciones 'dejó a su esposa y a sus hijos'


La simple explicación
Sin meterme a detalles, nótese que la ausencia de un registro de matrimonio nada prueba por sí mismo. Además, antes del Concilio de Trento no se exigía estrictamente, aun los matrimonios clandestinos ante un sacerdote se reconocían como válidos. En todo caso, una unión ilícita difícilmente habría sido tolerada por la familia de Beatriz, los orgullosos Arana, con quienes Colón siempre se mantuvo en los mejores términos. Uno de sus miembros, Pedro, marchó bajo su estandarte, y otro, Diego, fue gobernador de su colonia en Haití. Menos aún podía tal amorío haberse llevado bajo los ojos de Isabel en Córdoba, ciudad cuya moral ella mantenía bajo la vigilancia más estricta. Ni habría retenido al joven Fernando como paje de su propio hijo, el Príncipe Juan, de haber habido la menor sombra de duda acerca de su reputación.


El misterioso 'descargo de conciencia' de Colón al redactar su testamento fue explicado hace mucho tiempo por el conde Baldassare Colombo de Cuccaro, de la rama italiana de la familia. Buscando información de primera mano de la familia de Beatriz en 1590, encontró que Beatriz, forzada a criar sola a su hijo Fernando durante las forzosas ausencias de Colón, había tenido que hacerse cargo también de Diego. Además había gastado casi toda su pequeña fortuna cubriendo gastos de su primera expedición, por lo cual fue reembolsada sólo parcialmente a la muerte de Colón. [12] Esta es la deuda que pesaba sobre la conciencia de Colón y no irregularidad alguna en su relación con ella.


La razón de la frase 'no es propio decir la razón aquí' fue el hecho de que después de la muerte de Isabel, el Rey Fernando no mostró inclinación alguna por pagar la suma debida. Ni entonces ni después, los Cuccaro consideraron la noción de la ilegitimidad de Fernando, pero la falsedad no se dejó morir, especialmente en Italia, donde el sacerdote dominico Giustiani, que fue el primero en difundir el salterio políglota vernacular, la propagó asiduamente. Volvió a aparecer en un escrito dirigido a la Academia Real de Turín por el conde Galeani Napione, quien aparentemente de manera deliberada suprimió la evidencia de Cuccaro. Un sacerdote genovés de nombre Spotorno, quien instruyó al P. Sanguineti también hizo suya la historia.


Quizás el peor daño fue hecho por el sabio protestante Alejandro de Humboldt, quien le dió gran credibilidad al 'romance’ del descubridor excusándolo y realzándolo. Este hombre de ciencia también sostenía la noción de que Colón nunca supo lo que había descubierto, a pesar del propio testimonio escrito por Colón al efecto, de que había descubierto todo un nuevo mundo, y que otro océano yacía detrás de Panamá. La reputación de Humboldt era tal, sin embargo, que la mayoría de los estudiosos modernos aceptaron sus opiniones como un hecho, sin atreverse a cuestionarlas. De ahí en adelante fue meramente cuestión de decir las mismas mentiras con la suficiente frecuencia para establecerlas como verdad.


La causa frustrada
Cuando apareció la venenosa obra de Sanguineti, La Canonización de Cristóbal Colón, su protector, el Arzobispo Metropolitano de Génova, presunto lugar de nacimiento de Colón, les prohibió a los eclesiásticos discutir la cuestión bajo pena de suspensión, de manera que no se pudieron refutar las calumnias contenidas en el libro. Al mismo tiempo, una monumental edición definitiva, que canonizaba las mentiras acerca de Colón, fue publicada en Barcelona bajo la dirección de José María Asensio. Muchas de sus falsedades, aceptadas luego por historiadores americanos como Justin Winsor y Henry Harrise, han sido resucitadas para el quinto centenario.


Jurando aplastar a toda costa la canonización, Sanguineti luego se jactó: '¡Yo, con un soplido, reventé esa burbuja de jabón!' El primero de muchos que planteó ante el público secular, sin someterlo a la autoridad de la Iglesia, lo que  era un asunto puramente eclesiástico, demostró ser un verdadero precursor del torvo 'espíritu del Vaticano II'. Con la ayuda de dos masones, el parisino Macaya d'Avezac y el miembro de la Academia Española, César Fernández Duro, tuvo éxito en denigrar así a Colón en la prensa pública que la iglesia llegó a considerar prudente suspender los esfuerzos, como sucede ahora en el caso de Isabel.


Esto a pesar del hecho de que en general los fieles habían aceptado la santidad de Colón sin poner reparos. En los propios dientes de la oposición, el 16 de julio de 1892, el sucesor de Pío IX, León XIII declaró en una carta pontificia que Colón había en verdad actuado por la Iglesia: Columbus noster est. ¡Colón es nuestro! De conformidad con los propios deseos expresos de Colón, el Papa ordenó decir oraciones litúrgicas para dar gracias en honor de la Santísima Trinidad en la celebración del cuarto centenario del Descubrimiento. También ordenó dar 'Todos los honores posibles' al descubridor. Toda nación cristiana tomó parte en el reconocimiento universal de Colón, con la excepción de Francia, cuyo episcopado ya estaba bajo el poder de la masonería.


De ahí el mismo frío silencio que había rodeado a Melanie Calvet, de La Salette, gradualmente comenzó a rodear a Colón. Su causa languideció. Aun cuando de Lorgues, culpable cuando mucho de alguna exageración ocasional y de algunos errores honestos, vivió hasta los 92 años, y con el tiempo publicó ocho tomos de cuidadosa y documentada refutación, su obra fue descartada como “no histórica”. Cuando a la vuelta del siglo el historiador americano Richard Clarke indagó en Roma con relación a su libro Old and New Lights on Columbus (Viejas y Nuevas Luces sobre Colón), se le dijo: 'La Sagrada Congregación de los Ritos no puede tratar la causa de Cristóbal Colón hasta que los procesos diocesanos estén concluidos, y éstos hasta ahora no han sido iniciados.' Ahí quedó el asunto. Hoy en día, hasta al santo patrón de Colón, San Cristóbal ha desaparecido del calendario.


Con poca dificultad para hallar una explicación, el Conde de Lorgues escribió poco antes de su muerte en 1898: “La Providencia quiso que el más grande acontecimiento en la tierra, el descubrimiento del Nuevo Mundo, fuera llevado a efecto por un santo, y que después de casi tres siglos de desatención y error, en el pontificado del primer papa que hubiera cruzado el Atlántico, se haya por fin revelado a los ojos de las naciones cristianas el verdadero carácter del hombre criado para la obra más vasta del genio humano y de la divina misericordia. Pero en tanto la rehabilitación histórica ordenada por el inmortal Pío IX implicaba la glorificación del catolicismo, fue considerado insoportable para el orgullo de los librepensadores, a los enemigos de la Iglesia a los negadores de lo sobrenatural, que le niegan a terminantemente Dios el derecho de intervenir en los asuntos de aquí abajo'

(Continuará)
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lunes, 20 de noviembre de 2017

Descubriendo al Verdadero Cristóbal Colón


 Parte 1  



Por Solange Hertz (RIP)
(Artículo tomado de un capítulo de su libro On the Contrary)


Traducido del inglés por Roberto Hope


Retorno de la Leyenda Negra.
Este año de Nuestro Señor 1992, quinto centenario del descubrimiento de América por Cristóbal Colón, se tropieza con una Leyenda Negra demostrablemente renovada en vigor y propósito. Conforme se acerca el día del aniversario, la añeja hispanofobia, tan apreciada por los enemigos de Cristo Rey toma un nuevo atractivo. Ya el Jueves Santo del 28 de marzo de 1991, cediendo ante presiones sin precedente desde afuera de la Iglesia, Roma suspendió el proceso de beatificación de la Reina Isabel, que había comenzado en 1972 y estaba llegando a una conclusión favorable. Conforme los escritos difamatorios de Colón condenando el que haya abierto los continentes americanos a la despiadada explotación española, llegan a un crescendo en los medios, nuestro preciado 12 de octubre parece producir más controversia que celebración.


Desde muy al principio, los maestros de la desinformación pusieron su atención en excitar la indignación de los jóvenes. El número del pasado diciembre del Accuracy in Academia Campus Report (Reporte sobre los Recintos Universitarios de Accuracy in Academia) llevaba un artículo de portada sobre la condenación de Colón por estudiantes radicales intitulado: “Descubra el Legado de Colón: 500 años de racismo, opresión y terreno robado.” Ya el gobierno estudiantil de la Universidad de Illinois había proclamado el último aniversario del descubrimiento como “Día de Recordación del Genocidio de la Gente de Color,” que, declaraba, "marcó el inicio de la esclavitud, el Colonialismo y otras manifestaciones de la Supremacía Blanca." Indios nativos americanos, judíos, musulmanes y hasta asiáticos han sido ahora inspirados a unirse a las filas de aquéllos que vociferan sus protestas contra la transgresión colombina de sus derechos, pasados o futuros, reales o imaginarios.


La pandilla entera parece haber encontrado un vocero en Kirkpatrick Sale, autor del popular y malicioso libro The Conquest of Paradise: Christopher Columbus and the Columbian Legacy (La Conquista del Paraíso: Cristóbal Colón y el Legado Colombino). Por lo menos da muchas citas, muy a propósito. El diario Houston Chronicle lo reporta informando a una reunión de profesores, que "el explorador fue un marinero descuidado y cruel con su tripulación. El viaje de Colón al Nuevo Mundo expandió el colonialismo europeo, la esclavitud, el capitalismo y la degradación ecológica, entre otras cosas." [1] Debe haber habido muchas otras cosas, pues el Consejo Nacional de Iglesias aprobó una resolución calificando la llegada de Colón como una invasión a ser conmemorada con duelo más que celebración.


El encabezado de un artículo por Hans Koning, autor de Columbus: His Enterprise (Colón: su Empresa), en el diario Long Island Newsday, va más lejos preguntando "¿Merece Colón un Día? El hombre fue un tirano cruel, codicioso, que llevó al suicidio masivo a los amigables indios". ¡Vaya! Según Koning, el Descubridor "mandó ahorcar a jefes indios y a asarlos a fuego lento para quebrar toda resistencia contra las fuerzas que recogían polvo de oro en los arroyos.. Hombres, mujeres y niños en la Hispaniola de Colón (hoy Haití y República Dominicana) fueron cortados en pedazos y los trozos vendidos en puestos a los soldados españoles para que alimentaran a sus perros, siendo considerada una buena política militar el dar a esos perros el gusto por los indios." [2] Hasta los católicos están comenzando a creerse estos cuentos.


Antes de que termine el año quizás sean acusados los españoles de retrasar los transplantes de órganos 500 años por interferir con la práctica de los aztecas de arrancar los corazones de donantes vivos. ¡Qué pérdida tan irreparable el que estas técnicas tan antiguas, parte del gran legado americano, no hayan sido transmitidas a la posteridad! En un artículo de antecedentes intitulado “Conmemorando 500 años de Cristianismo en las Américas," publicado por los obispos norteamericanos, leemos que "la historia ha sido estropeada por intolerancia, intransigencia, insensibilidad y crueldad... Por esos males, la Iglesia busca el perdón y la reconciliación ... Nuestra más antigua historia enseña que la evangelización nunca debe volver a estar ligada a una conquista ... Esta conmemoración del quinto centenario presenta al Cristianismo una ocasión para una reevaluación profunda de la misión de la Iglesia en el mundo."


El verdadero objetivo.
No es de sorprenderse que el artículo de los obispos termine con una cita de Hegel, algo acerca de que el buho de Minerva vuela solamente a la caída del sol, 'al término de una era'. Y ciertamente, ahora por fin el objetivo de la leyenda negra llega a la vista por completo: Esos estereotípicos personajes de la historia según Hollywood, los codiciosos frailes, el lascivo Papa Borgia, el desdeñoso Felipe II vestido de negro y plata, siguen frecuentando las cámaras de tortura de la inquisición y alardeando de los autos de fe, pero ahora se nos dice que eso no era otra cosa que la punta del iceberg. La batalla entre los anglosajones protestantes blancos, decentes, adustos, amantes de la libertad, de pelo corto, y los papistas latinos, emplumados, libertinos, de pelo largo, conducida con tanto ardor por ya dos siglos en los libros de texto, en las novelas baratas y en los escenarios del cine, ha abierto el paso a un conflicto mayor.


De repente, el villano de la Leyenda Negra ya no es sólo el español; en 1992, contra el telón de fondo de todo el solve et coagula [3] — que ahora está, por cierto, estableciendo un nuevo gobierno secularista mundial, surge el verdadero villano. Es el conjunto de la creyente, multiplicante, civilización católica, la civilización de la cual la española no fue más que la representante elegida y la punta de lanza en el nuevo mundo. En otras palabras, el objetivo de la Leyenda Negra es, fue, y sólo puede ser, la Cristiandad Católica, de cuyos ‘errores’ los obispos norteamericanos están ahora pidiendo perdón humildemente.


Informada por la vitalidad sobrenatural que le fue comunicada por la Iglesia, la Cristiandad sola produjo la civilización europea y la nutrió durante mil años. En la persona de Cristóbal Colón, la Cristiandad descubrió, es más, conquistó América para Cristo. Su sistema político ha sido desmantelado por la democracia, su vida económica envenenada por la usura, y su vida moral debilitada por el humanismo, pero la Cristiandad Católica sigue viviendo y respirando. Su cuerpo flácido, lacerado, todavía tiene que ser tomado en cuenta pues, débil como está, es, hablando humanamente, lo único que todavía es capaz de entorpecer la victoria final del Novus Ordo Seclorum. La ponzoña provocada por la memoria de Cristóbal Colón lo prueba.


Este nuevo orden de los siglos, que primero echó raíces en el continente con el establecimiento de los Estados Unidos, ahora comanda satélites en todo el mundo, aun en países comunistas. El utopianismo judeo-masónico no puede soportar siquiera un recuerdo del antiguo orden de los siglos, que es el de Dios y de Cristo Rey, y menos aún conmemorarlo. El pecado imperdonable de Cristóbal Colón no fue el racismo ni la codicia del oro, como lo arguyen sus detractores. Como al español, se le declara culpable de ser un hijo leal de la Iglesia Católica, cuya causa era la suya propia. No puede perdonársele el que haya reclamado a todo un nuevo continente en nombre de Cristo Rey y plantado la Fe en sus playas trescientos años antes de que la nueva república hecha por el hombre pudiera siquiera alcanzarlas.


A su iniciativa, con la ayuda de la Beata reina española, Isabel — llamada la Católica para su honor eterno — a la conspiración utópica llamada Reforma Protestante le fue arrebatada la victoria que creía asegurada en Europa. El dominio de Cristo Rey sobre este mundo, que sus adversarios esperaban que pronto menguara hasta extinguirse, de repente se extendió más allá de todo cálculo natural. Gracias a los entusiastas españoles que sucedieron a Colón atravesando el mar, los millones de almas que se perdieron en favor del protestantismo en Europa más que se repusieron por otros millones que se convirtieron a la fe en las Américas. Hoy en día, más de la mitad de los católicos del mundo se encuentran ahí.


Grandes porciones de Europa también fueron salvadas, pues las riquezas de América hicieron posible a España poner recursos militares y políticos sin precedente al servicio de la Cristiandad. El oro americano no solamente financió la derrota del Islam en Lepanto, bajo la bandera de Nuestra Señora de Guadalupe, también proveyó de fondos para detener la difusión del protestantismo, conteniendo las ambiciones de Inglaterra y Holanda. Pudiera decirse que Colón e Isabel fueron la respuesta de Dios a la angustiosa plegaria de la Iglesia ante la floreciente Reforma.


La iglesia puso un hasta aquí
A estos dos salvadores de la Iglesia Militante, un tercero debe ser agregado: Rodrigo Borgia, otro español, quien, como Papa Alejandro VI, solemnemente ratificó los descubrimientos de Colón y formalmente extendió la soberanía de Cristo sobre el viejo mundo para incluir también al nuevo. Mediante tres bulas en mayo y septiembre de 1493, este pontífice trazó de norte a sur en el Atlántico la famosa Línea de Demarcación que dividía el nuevo hemisferio entre España y Portugal, confiando a perpetuidad su evangelización a los dos rivales.


La línea misma fue probablemente sugerida por Colón, pues es sustancialmente la línea que no tiene variación magnética, en la que su brújula señaló al norte geográfico por primera vez en la historia, estando en conjunción el polo magnético y la estrella del norte en ese punto. Debido a que había sido establecida por el Vicario de Cristo, el mismo Colón escrupulosamente la respetó en sus viajes posteriores. Sin embargo, otras naciones católicas pronto la vieron como un obstáculo importante para sus ambiciones, y las naciones protestantes, ansiosas de establecer a toda costa una cabeza de playa del otro lado del Atlántico, abiertamente se negaban a respetarla. La Bula Inter cetera fue modificada posteriormente pero nunca ha sido abrogada por autoridad apropiada alguna y supuestamente todavía rige.


“No nos sorprendería,” escribió el Arzobispo Kenrick de Baltimore, “que el derecho de dar, cual si fuera, una carta de autorización para el descubrimiento de tierras desconocidas, a una corporación nacional en una confederación cristiana, debe serle reconocido a aquél cuyo cargo le imponía el deber de esparcir el Evangelio por todas las naciones.”[4] El poder que ejerció Alejandro como cabeza suprema de la humanidad nunca ha sido definido formalmente por la Iglesia, pero se había reconocido universalmente, desde los tiempos más antiguos, que los Papas tenían el poder para disponer de tierras paganas, al igual que de reinos cristianos. El famoso mosaico del siglo VIII en la Basílica San Juan de Letrán, que muestra a San Pedro confiriendo con su mano derecha un palio al Papa León II y dándole al mismo tiempo con la izquierda un estandarte secular a Carlomagno, corroboraría lo anterior.


En su encíclica Il fermo proposito San Pío X llama a la Iglesia “guardiana y protectora de la sociedad cristiana. Ese hecho era reconocido y admitido en otros períodos de la historia; de hecho, constituía un fundamento sólido para la legislación civil... Qué excelente gobierno podría conseguirse y mantenerse en el mundo si uno pudiera ver en la práctica el ideal de la civilización cristiana! Sin embargo, admitiendo la batalla continua de la carne contra el espíritu, de la oscuridad contra la luz, de Satanás contra Dios, eso no se puede esperar, por lo menos en toda su plenitud. De ahí que se cometa pillaje en las conquistas pacíficas de la Iglesia.”


Impotentes para  hacer a un lado la Bula, estas fuerzas hostiles descargaron su furia contra su autor. Así como Colón e Isabel, Alejandro VI fue objeto de calumnia al grado de que hasta entre católicos, el mero nombre de Borgia se ha vuelto sinónimo de infamia. Esa es otra historia, como lo es la de Isabel, pero baste decir que las peores acusaciones contra la vida privada de Alejandro permanecen lejos de haber sido probadas, y no han faltado sus defensores.[5]


¿Colón qué? ¿Era griego?
No sabemos quién era Colón. Por ser un marinero hábil, descrito por sus contemporáneos como alto, rubio y de ojos azules, se le ha atribuido, entre otras, ancestría vikinga. Hay mayor evidencia, sin embargo, de que pudo haber sido un noble bizantino griego que halló refugio en Italia luego de la caída de Constantinopla ante los turcos en 1453. Posiblemente descendiente de los emperadores Paleologos, sería por consiguiente, según la tradición, de la línea de David, como nuestro Señor, los Gonzaga, y los monarcas verdaderamente cristianos. Aun cuando Colón sabía el griego, esta teoría es difícil de conciliar con su falta de familiaridad con la liturgia y las devociones populares griegas.


Un argumento más convincente sería su conocimiento de la geografía y las ciencias naturales, que era considerablemente mayor que lo que normaba en occidente. Su supuesta correspondencia con el famoso geógrafo de Florencia, Toscanelli, no le habría suministrado información útil sobre América. En su juventud, habría sido imbuido en la tradición del geógrafo del siglo II, Claudio Ptolomeo, quien no sólo sabía que la tierra era redonda, sino también sabía cómo viajar alrededor de ella. Las enseñanzas de Ptolomeo, cimentadas en Pitágoras y Aristóteles, nunca habían sido abandonadas en Bizancio. Tampoco las del gran Eratóstenes y de su seguidor, Strabo, quien en el siglo I DC declaró que era posible navegar desde España hasta las Indias, opinión en la que Colón se apoyaría fuertemente.


Estaba plenamente enterado de la tradición en el Este acerca del gran continente que yacía más allá de Gibraltar, que aparece en los escritos de Platón, Aristóteles, Theopompus, Diódoro, Pausanias y muchos otros. Su descubrimiento había sido previsto desde mucho tiempo antes, como se prueba en la profecía que Séneca incorporó en el segundo acto de su Medea: “En una época futura, llegará un día cuando el océano romperá las uniones de la naturaleza y una tierra majestuosa será revelada a los hombres. Y a ellos Tethys les revelará mundos nuevos, y ya Thule no será más el punto más lejano de las regiones habitadas.” Colón cita estas palabras en su famoso Libro de las Profecías, obra  que él compiló con la ayuda de Fray Gaspar de Gorricio de pasajes de la Escritura y de otras fuentes que él creía que predijeron su descubrimiento del nuevo mundo [7]. En una anotación a Medea, su hijo Fernando dice, “Esta profecía fue alcanzada por mi padre, el Almirante Cristóbal Colón en 1492.”


Ningún erudito hoy en día argüiría que Colón haya sido el primero en descubrir América, por divinamente inspirada que su misión hubiera sido. Su conocimiento de los antiguos por sí solo llevaría a Colón a desconocer esa idea, especialmente luego de que encontró reliquias europeas en la Isla de Guadalupe. Por cierto, se inclinaba por la noción que prevalecía en esa época, de que América era el continente en cuya tierra había estado ubicado el Jardín del Edén. Como Aristóteles y Teofrasto y sus sucesores, aceptó como históricas las crónicas de la antigua Atlantis citadas por Platón en su Critón y Timeo, que relata la derrota de los atlantianos por los atenienses y el gigantesco terremoto que duró día y medio y que hundió todo en el mar. Cuando Colón se hizo a la vela, sabía que la impenetrable extensión de algas llamada Mar de los Sargazos, ocasionada por el lodo y los bajíos con la turbulencia creada por el hundimiento de Atlantis, se habría reducido lo suficiente para entonces para permitir su paso por ella hacia el occidente.


Es improbable que él haya jamás tenido la intención de llegar a la India, pero sí es posible que haya considerado prudente ocultar su verdadero objetivo al público general. Los únicos bienes que llevaba consigo eran cuentas de vidrio baratas y tela teñida, de ninguna manera apropiadas para el variado comercio con la India. No se topó con América por accidente, y esperaba encontrar ahí nativos relativamente primitivos. Tampoco era el viaje previsto por el Almirante siquiera cercano a las 10,000 millas que habría tenido que recorrer para llegar a la India, sino apenas 3,500, aproximadamente la distancia entre las Islas Canarias y las Bahamas. La india no está mencionada en su capitulaciones finales con Isabel, que sólo especifica alguna tierra en el Atlántico, donde se lee: “....en todas las dichas tierras firmes e islas que, como dicho es, él descubriere o ganare en las dichas mares…”


O ¿era judío?
Si no griego, hay todavía más evidencia convincente de que Colón pudo haber sido de ascendencia judía. En una biografía del explorador publicada en 1939, el Profesor Salvador de Madariaga, miembro del Exeter College, fue de los primeros en explorar esta posibilidad a profundidad. Fue retomada nuevamente en 1973 por Simon Wiesenthal en La Vela de la Esperanza, La Misión Secreta de Cristóbal Colón. Estos autores argüían que Colón de hecho era un Marrano español que vivía en Italia, cuya misma firma delata una familiaridad con la cábala. Porque es sabido que aspiraba a usar la riqueza de América para liberar a Jerusalén del Islam, infieren que de hecho deseaba recobrar la Ciudad Santa para los judíos. Mucho se ha dicho del hecho de que Colón salió de España a “navegar el mar azul” en agosto de 1492, el mismo mes en que los judíos fueron expulsados de España, como si estuviese abandonando España por temor a la Inquisición.


Eso es pura especulación. Si de hecho Colón hubiese sido judío, habría sido uno converso, católico descendiente de judíos convertidos a la fe, de los que sumaban miles en la España de ese tiempo. Como tal, no habría tenido razón para temer la Inquisición o la expulsión. Esta opinión fue confirmada en 1967 por el padre Nazario Muria, agregado cultural de la embajada de Venezuela en Madrid, quien llevó a cabo una investigación de los orígenes de Colón. [8] Él creía que el nombre de pila de Colón era Juan y que realmente había nacido en Palma de Mallorca, pero que había huido de la isla cuando tenía 21 años para evadir una sentencia de muerte por haber tomado parte en una revuelta.


Al sopesar estas argumentaciones debe tenerse en cuenta que el antisemitismo dirigido a la ascendencia de una persona era virtualmente desconocido en los dominios de Isabel. Su propio confesor, Talavera, era de extracción judía, así como lo eran su secretario privado, Pulgar, el canciller de la casa real, Luis de Santángel, su tesorero general, Gabriel Sánchez, y casi todos sus consejeros privados. En el viaje a América que ella patrocinó iban dos doctores judíos y el intérprete oficial. Difícilmente un español hoy en día puede estar seguro de no tener sangre judía en parte alguna de sus ancestros. La razón por la que había tantos judíos en España es que habían sido muy bienvenidos a esas tierras. Desafortunadamente, conforme aumentaba su número, así también aumentaban las tensiones entre ellos y los cristianos, pero esto era una cuestión religiosa que nada tenía que ver con la raza.


Esa violencia que estalló en Valladolid an 1470, en Córdoba en 1474 y en Sevilla en 1478, que lamentablemente llevó a Isabel a decidir su expulsión como única manera de proteger a los propios judíos de la masacre. Decretó la pena de muerte para cualquiera que los dañara en su persona o en su propiedad, y se sabe que prorrogaba la fecha de la partida cuando especiales  circunstancias así lo ameritaban. Al  adoptar esta medida, Isabel estuvo muy atrás que otros monarcas cristianos. Los judíos ya habían sido expulsados de Inglaterra más de dos siglos antes, en 1290. Francia los había expulsado en 1306 y Alemania en 1348. La primera Inquisición no fue establecida en España, sino mucho tiempo antes en Francia, en 1233. Su ejemplo eventualmente fue seguido por todas las demás naciones cristianas, no sólo católicas, sino también protestantes.


La Inquisición papal que Isabel solicitó a Roma tenía jurisdicción solamente sobre los católicos. Jamás fue dirigida hacia los judíos como tales pues, a menos de que se declarasen católicos, el Tribunal carecía de autoridad para juzgarlos. Los que se profesaban mahometanos también estaban eximidos. Se imponía castigo solamente a aquéllos encontrados culpables de profesar falsamente la fe y que nunca habían tenido necesidad de hacerlo. Aun así, las ejecuciones que realmente se llevaron a cabo fueron relativamente pocas. William Thomas Walsh señala: “A la larga, la Inquisición Española demostró ser un organismo que salvó vidas, en el sentido de que evitaba más muertes que las que causaba. No solo se libró España de las terribles guerras religiosas que costaron cientos de miles de vidas en los países donde el protestantismo logró afianzarse, sino que también se libró del terror de las cacerías de brujas, que arrebató 100,000 víctimas en Alemania y 30,000 en Gran Bretaña.”


(Continuará)
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sábado, 18 de noviembre de 2017

About Christian Progressivism

Part 5

By Father Julio Meinvielle



Translated from the Spanish by Roberto Hope

Progressivism and the Second Vatican Council

To formulate a definitive judgment on this topic it would be necessary to await the final conclusions to which the Council should arrive. Because a Council is the work of the Holy Spirit and the Spirit does not really manifest Himself other than in the conclusions to which the unanimity of the Council Fathers should arrive under the direction of the Roman Pontiff.


However, from the start, we have to say the following:
  1. The Council, in the mind of the Church, is a great act of charity of the Church itself, which seeks now to save the world and unite all men in the faith and in the charity of Christ.


  1. This great act of charity of the Church, to save the modern world from the state of spiritual poverty in which it finds itself, takes place in the precise moment in which the world, proudly gets overexcited with his scientific and technical conquests, in which it is moved to reorganize itself, rejecting God and asserting a militant atheism of a global scale, with which it does nothing but bring the ruin and destruction of the human species, because a world without God, having at its disposal an immense technical apparatus, will use it for nothing other that the destruction of man. This is why the Church intends to put this modern world in contact with the vivifying and permanent energies of the Gospel. It is the world which needs to be saved by the Church; not, as the progressivists imagine, the Church to be saved by the modern world.


  1. This great act of charity of the Church presupposes the keeping of the Truth of the Church, intact and complete because, in the Church, charity flows from Truth. The Holy Spirit proceeds from the Word who is the Truth.


  1. This great act of charity of the Church coincides with a great confusion which has been stirring the Catholic world for over 30 years and with an anxiety, not always legitimate, of making changes and attaining progress.


  1. The progressivist movement to which we have referred in the preceding talks has been operating in organized blocs all over the world, but especially in France, Belgium, Holland, and Germany, and wants to make use of the Conciliar Assembly to impose their dangerous progressivist views.


  1. Communism is not absent from this sinister purpose. In the Spring of 1963, the Cardinal Secretary of State of the Roman Pontiff has made known to the nuncio in Paris, for him, in turn, to make it known to the episcopate and to the top superiors of religious orders residing in France, of the sinister purposes of the Pax movement, which operates in Poland and is led by Piasecki, a Polish progressive Catholic; a movement which has as its purpose to spread progressivism in France, and, in this moment, to take advantage of the Conciliar Assembly to exercise dialectics among the Conciliar Fathers themselves. This Pax Communist movement has inexhaustible means to exert influence on the world communications media. With that influence, it has been able to put dialectics in practice, making the Council Fathers appear divided into two opposing camps, good and evil, progressivists and integrists, open and closed in attitude, innovators and reactionaries. In reality, in an assembly of almost 3,000 people, many are the groups and hues, and these, very flexible; so, it is not fair to divide them precisely into two, and only two, antagonistic tendencies, such as Communist dialectics demands. This has been the result of world propaganda which in that manner has made all Catholics in the World appear to be divided into two adversarial groups, of progressivists and integrists.


  1. This psychological war being waged with a display of the world propaganda apparatus has the effect of creating in many a fear complex for the fact that they may be labeled reactionary, troglodytes, narrow and integrists.


  1. Catholics should not let themselves be given a complex, but instead, should keep their faithfulness to the Magisterium of the human Cathedra, since this is the condition of the authentic fidelity to the faith in Christ.

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