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lunes, 22 de mayo de 2017

Una Historia de las Revoluciones y sus Consecuencias para la Familia


Por Roberto de Mattei, ex-profesor de la Universidad Europea de Roma y fundador de la Fundación Lepanto


Conferencia dictada el 18 de mayo de 2017 ante el Cuarto Foro de Roma por la Vida, organizado por Voice of The Family


Traducido del inglés por Roberto Hope, de la versión traducida del italiano al inglés por Brandan Young que fue publicada en
http://voiceofthefamily.com/roberto-de-mattei-a-history-of-revolutions-and-their-effects-on-the-family/


Apreciamos lo bueno cuando lo perdemos. Si no queremos perderlo, debemos entonces apreciarlo por lo que que tiene de valioso.


La familia es algo bueno que estamos perdiendo. Ésta es la realidad obvia de la que debemos partir. La familia en Europa y en Occidente está pasando por una profunda crisis. Los sociólogos relativistas no  quieren hablar de una crisis, porque la palabra contiene, según ellos, un juicio moral sobre el fenómeno analizado. Hablan en lugar de ello, de una transformación de los patrones de familia o de una evolución de formas de familia. Pero también estas palabras contienen un juicio moral. Según la perspectiva relativista, todo lo que tiene lugar en la historia y en la sociedad es bueno. El bien absoluto se representa como cambio; el mal como estabilidad y permanencia en el ser. La moral relativista está fundada en una cosmología evolucionaria, que pretende ser científica sin serlo. El evolucionismo es una filosofía falsa que se sustenta en una ciencia falsa, y al mismo tiempo es una pseudo ciencia que está basada en una elección filosófica errada  Debido a eso, un discurso sobre la familia, como todo discurso, debe comenzar con una definición de los términos y conceptos sobre los cuales se quiere hablar.


La familia es una verdadera sociedad moral y jurídica, fundada en el matrimonio que tiene como propósito la transmisión de la vida y la crianza de los hijos. La procreación de los hijos es el fin primario al cual el matrimonio está ordenado por la naturaleza, desde su mismo origen. El origen de la familia y del matrimonio se encuentra en la naturaleza humana. El niño no nace por su propia voluntad y no es autónomo. La ley del nacimiento y crianza del hijo es la dependencia. La dependencia es la ley de la humanidad reunida en sociedad. Todo depende de algo, nada se determina por sí mismo. El principio de causalidad rige el universo.  Esta regla pertenece a los primeros e indemostrables principios que Aristóteles captó de la realidad [1]. Este principio presupone la primera primacía filosófica  del ser, contra la cual la cultura moderna opone la primacía del volver, que es la negación de toda realidad inmutable y permanente.


La Familia en la Historia.
La familia es una sociedad cuyo fin primario es transmitir la vida y criar a los hijos. Por ser la fuente de vida y de nuevas relaciones humanas, constituye la célula fundamental e irreemplazable de la sociedad. Todos los filósofos y pensadores políticos clásicos lo han afirmado, y la historia lo ha confirmado. Mucho antes de que apareciera el cristianismo, en la antigua Roma la familia era la célula de la civitas, y el matrimonio garantizaba la estabilidad social, constituyendo, según la definición precisa de Cicerón, el seminarium rei publicae [2], el semillero de la sociedad, que nace y se expande de la familia.


El cristianismo elevó el matrimonio a un sacramento, y cuando cayó el Imperio Romano, aplastado por los bárbaros, la única entidad que sobrevivió y constituyó la base de la sociedad que de ahí nació fue la familia. El nacimiento de las naciones europeas, de los albores de los años mil, coincidió con el desarrollo de la institución de la familia. La misma etimología de la palabra 'nación', que viene de natus, además, no se refiere a una 'elección' sino al nacimiento, e indica un conjunto de hombres que tienen un origen común y un lazo sanguíneo. El territorio en el cual se ejercían diversas autoridades en la sociedad medieval — refiriéndose a la cabeza de la familia, al barón feudal o al rey — se llamaba en documentos  uniformemente la patria, el dominio del padre [3].


Tal concepción de la familia, que sobrevivió hasta la Revolución Francesa y más, está fundada en la idea de que el hombre nace dentro de una condición histórica que tiene límites insuperables, empezando con la muerte, que existe una naturaleza objetiva e inmutable: que esta naturaleza tiene su origen en Dios, Creador del orden del universo. La Iglesia Católica, en sus enseñanzas, siempre ha confirmado esta concepción del hombre y de la sociedad [4].


Muchos documentos de la Iglesia en los últimos dos siglos reiteran esta enseñanza, pero los más amplios y mejor enunciados son las encíclicas Arcanum, de León XIII del 10 de febrero de 1880 [5], y Casti connubii de Pío XI, del 31 de diciembre de 1930 [6]. Esta enseñanza habría de ser luego re-confirmada en muchos documentos de Pío XII y en la exhortación apostólica Familiaris consortio de Juan Pablo II del 22 de noviembre de 1981 [7].


El Ataque a la Familia
El ataque más violento que jamás ha sufrido la familia en Occidente fue con la Revolución Cultural de 1968, una revolución contra la familia llevada cabo en nombre de la liberación sexual. Pero el odio a la familia caracteriza a todas las sectas heréticas que han surgido a lo largo de la historia y constituye un elemento de apoyo, aunque no siempre uno explícito, de esa Revolución que por más de cinco siglos ha acometido contra la Iglesia y la civilización cristiana.


El acto de procreación es el objeto del odio anticristiano, porque éste afirma que el hombre tiene un fin que lo sobrepasa. La negación de la procreación pone de cabeza a la moral cristiana y afirma un principio metafísico gnóstico: el acto sexual es el fin último del hombre, encerrado en su propia inmanencia.


En la época medieval, una de las sectas más notorias fue la de los Hermanos del Libre Espíritu. Sus adherentes estaban convencidos de haber llegado a tan absoluta perfección que eran incapaces de pecar: “De hecho, uno puede estar tan unido a Dios que ya no peca, independientemente de lo que uno haga.” [9] El centro focal de la ideología del Espíritu Libre no era Dios, sino el hombre divinizado que se ha liberado del sentimiento del pecado personal y se pone al centro de la creación.


En el Siglo XV, los taboritas, una secta pre-luterana, predicaba, como los Hermanos del Libre Espíritu, el retorno a un estado adánico, que se expresaba en el nudismo y la promiscuidad sexual. Basándose en la afirmación de Cristo referente a prostitutas y publicanos (Mateo 21:31) declaraban que los castos no merecían entrar al Reino Mesiánico. El nudismo asumía un valor de “liberación” de todos los frenos de la ley y de la moral: el mismo valor que el “amor libre” tiene en nuestros días. La persona “espiritual” se libera de toda limitación moral: su voluntad lo identifica con la de Dios y el pecado pierde para él todo significado.


Antinomianismo luterano.
Pero el proceso de disolución de la familia tuvo su primer momento decisivo en la Revolución Protestante. En Wittenberg, ciudad donde el 31 de octubre de 1517 Martín Lutero clavó sus famosas tesis en la puerta de la catedral, la Revolución religiosa estalló con toda su virulencia. Mientras Lutero era “protegido” por el elector Federico el Sabio, en el castillo de Wartburgo, sus seguidores pusieron en práctica, al extremo, sus ideas. Entre ellos estaba el padre Andrés Bodenstein (Karlstadt: circa 1480-1541) quien el día de Navidad de 1521 celebró en ropa civil la primera misa evengélica de la Reforma, omitiendo la elevación de la Hostia y toda referencia al sacrificio [10], y también Juan Schneider, conocido también como Agricola (1494-1566), quien proclamó la abolición de la antigua ley mosaica. Martín Lutero combatió a Agricola y acuñó el término “Antinomiano” para describir la negación del nomos, la ley moral. Agricola, sin embargo era su discípulo, quien llevó a cumplimiento el principio luterano de sola fide. Lutero había dicho, de hecho, que el hombre, corrupto totalmente por el pecado, es incapaz de cumplir la ley, y puede ser salvado sólo por la fe, sin las buenas obras. La sentencia pecca fortiter, crede fortius [11] resume la teología moral de Lutero. Lo que cuenta no es el pecado, el cual es inevitable,sino la confianza en la misericordia de Dios, que el pecador debe tener antes, durante y después del pecado. Para los antinomianos, como para los gnósticos de los primeros siglos, el hombre espiritual es incapaz de pecar. Dios actúa en él, y toda acción, buena o mala, se vuelve una acción divina.


Uno pudiera decir que Agricola fue una figura marginal en la Revolución Protestante, pero no puede uno decir lo mismo del Anabaptismo, que es una de las expresiones más famosas de la llamada “ala izquierda” de la Reforma Protestante. Los anabaptistas no se limitaban a expresar ideas antinomianas, las practicaron en los años 1534-35 en Münster [12], la Nueva Jerusalem del Apocalipsis, donde el sastre holandés Juan Bockelson, mejor conocido como Juan de Leiden (1509-1536) llegó al poder, y el tapicero Bernardo Knipperdolling (circa 1500-1536) fue nombrado burgomaestre.


Münster se convirtió en una clase de “ciudad sagrada” para los “hijos de Jacob” que tenían que ayudar a Dios a establecer Su reinado castigando a los “hijos de Esaú”. En una atmósfera de terror, la posesión privada de dinero fue abolida, y se adoptaron medidas dirigidas a instituir la posesión colectiva de los bienes y la poligamia obligatoria. Para simbolizar la ruptura con el pasado, todos los libros de la ciudad, con excepción de la Biblia, fueron llevados a la plaza frente a la catedral y quemados en una hoguera.  Orgías de la peor licencia sexual se presentaban como “bautismo de fuego” que tenía que sustituir al de agua. Juan de Leiden se convirtió en el rey de la “ciudad santa”, en tanto que Knipperdolling, armado con una pesada espada administraba “justicia” decapitando a los recalcitrantes.


La comunidad anabaptista fue reprimida con el hierro y la espada de católicos y luteranos unidos, pero la utopía no desapareció. El protestantismo “moderado” rechaza los métodos extremistas y violentos de los anabaptistas de Münster como una herejía. Sin embargo, lo que se refuta no es la sustancia de la doctrina, sino el trágico fracaso de la experiencia. Münster sigue siendo para muchos protestantes un sueño traicionado, de manera análoga como la Ciudad de París lo fue para los socialistas del Siglo XIX.


Poco después de 1540, en Emden, un centro de Frisia del este, comenzó otra secta anabaptista, la de los “familistas”, fundada por Enrique Niclaes (circa 1502 -1580) [13]. Reunió alrededor suyo a una comunidad, bajo el nombre de Familia charitatis (familia de amor, Huis der Liefde), organizada clandestinamente en la cual se profesaba un panteísmo ecuménico y se practicaba la compartición de los bienes y el amor libre. Niclaes basaba esto en el principio de que la unión mística con Dios significaba la identificación absoluta de la creatura con el Creador, y por este principio metafísico deducía que el pecado no podía existir en los corazones de los regenerados. Se consideraba a sí mismo ser el tercer y último gran profeta, después de Moisés y Jesús. Su misión consistía en revelar la plenitud del amor, la obra del Espíritu.


En Inglaterra la misma visión del mundo fue expresada en las sectas panteístas y libertinas que en el Siglo XVII representaba la extrema izquierda puritana y era conocida como los “ranters”. Contra los ranters, los libertinos y los “blasfemos” el Parlamento Inglés promulgó la famosa 'Blasphemy Act' el 9 de agosto de 1650, por la cual, todos los que sostuvieran que los actos de “homicidio, adulterio, incesto, y sodomía” no eran pecaminosos sino sancionados por Dios mismo, incurrirían en la furia de la ley [15].


La promiscuidad sexual, el nudismo, y el amor libre se volvió en estas sectas, un ritual fundamental. Gracias a su iluminación interna, decían que el hombre se vuelve deificado y recupera la integridad adánica, o sea el estado de inocencia disfrutado por Adán y Eva antes de la caída. En este sentido, la promiscuidad sexual y el compartir mujeres es un punto fundamental de la doctrina anabaptista, como lo observó el teólogo Francisco Vernet [16].


La Revolución Francesa
La utopía pan-sexualista también acompañó al proceso revolucionario en 1789, cuando pasó del nivel religioso al nivel político. El día fatídico de la Revolución Francesa es el 14 de julio de 1789, día en que cayó la Bastilla, fortaleza que los revolucionarios creían que estaba hasta el tope de presos políticos, pero que en vez de ello albergaba sólo a siete criminales comunes, entre los cuales se encontraba el Marqués Alfonso-Francisco de Sade (1740- 1814).


El Marqués de Sade es conocido como el autor de novelas pornográficas, y su nombre está asociado con la perversión sexual. En realidad era un “filósofo” que luego de haber sido liberado, participó activamente en la Revolución. El 1 de julio de 1790 se hizo “ciudadano activo” de la sección Jacobina de la Plaza Vendôme, que pasó a la historia como la “plaza de las Picas” El 3 de septiembre de 1792, mientras comenzaban las famosas “masacres de septiembre”, fue nombrado secretario y un año más tarde, presidente de la sección. El ciudadano Sade compuso numerosos escritos políticos durante la Revolución, de los cuales el más famoso se llama Français, encore un effort si vous voulez etre républicains. (Francés, un esfuerzo adicional si queréis ser republicano) [17]. En este texto invitaba al pueblo francés a poner en práctica todos los principios de 1789, y extirpar las raíces del cristianismo. “Ustedes tienen el hacha en sus manos, den el golpe final al árbol de la superstición” [18] “Europa, espera liberarte del cetro y del Altar” [19]. La ideología es la de 1789. Se reconoce la libertad de conciencia y la de prensa, específicamente para conceder toda libertad de acción. Si todo puede decirse, todo puede permitirse.


De Sade enumeró los siguientes como logros revolucionarios: la blasfemia, el robo, el homicidio y todo tipo de perversión sexual, incesto, violación, sodomía: “Nunca la sensualidad ha sido considerada criminal según los Sabios de la tierra. Todos los filósofos saben bien que sólo han sido los impostores cristianos quienes la han convertido en un crimen” [20]. Se imagina erigir lugares en todas las poblaciones donde: “todos los sexos, todas las edades, todas las creaturas se entreguen a sus deseos sin trabas, y la subordinación absoluta a esos deseos irrestrictos constituirá la regla para el individuo, y el menor rechazo será castigado absolutamente por aquél que lo hubiera intentado” [21]


Uno puede libremente dar rienda suelta a sus impulsos y deseos, incluyendo copular con animales, ya que no hay una diferencia cualitativa entre el hombre y los animales: todos nacen, se reproducen y mueren. Para Sade, la vida no es otra cosa que la materia en movimiento. La muerte es nada más que una “transmutación” en cuyo fundamento está “el movimiento perpetuo, esa es la verdadera esencia de la materia” [22].


De Sade no meramente propone el placer como el objetivo último del individuo, sino va más allá. Quiere convencernos de que el vicio es virtud, que el horror es bello y que el tormento es un placer. En este sentido, su visión del mundo es satánica. El demonio al principio parece un ángel de luz a ser adorado, pero alcanzará su triunfo final cuando sea adorado en todo su horror, haciéndonos creer que los sufrimientos en el infierno son la cúspide del placer. Esta es la filosofía que subyace en los 120 días de Sodoma, donde hombres y mujeres, viejos y niños pequeños, madres y sus hijos, padres y sus hijas, deciden practicar incesto, violación, coprofagia, necrofilia y todo tipo de aberraciones.


Toda diferencia sexual es anulada. La aspiración suprema es abolir toda diferencia y desigualdad a fin de llevar a la sociedad a un caos primordial. Noirceul, un personaje de L'histoire de Juliette dice: “Quiero casarme dos veces el mismo día. A las diez de la mañana, vestido como mujer, deseo casarme con un hombre; a las doce, vestido como hombre, deseo casarme con un homosexual vestido de mujer” [23]. Toda la teoría de género está contenida en estas palabras.


De Sade pasó los últimos años de su vida en un manicomio. Su lúcida insensatez lo hizo un profeta de la Revolución. Erick Kuehnelt-Leddin lo define como el santo patrón de todos los movimientos de izquierda” [24] Los últimos dos siglos han visto sus planes realizarse en un alto grado. Aquéllo que todavía no ha ocurrido es, puede ser, parte de nuestro futuro. Tiene el mérito, a ojos nuestros, de no haber dejado oculto ninguno de los objetivos de la Revolución [25]


En tanto que, con De Sade, se teorizaba el pansexualismo revolucionario, la Revolución Francesa en 1791, con la introducción del divorcio inició un proceso de reforma radical de la institución de la familia, que el Código Napoleónico habría de extender a todo el continente [26]

El socialismo utópico de De Sade y de Carlos Fourier (1772- 1837), quien en su Phalanstere argüía en favor de la libertad desinhibida de las pasiones para alcanzar el punto más alto de la evolución social, fueron luego sobrepasados por el llamado “Socialismo Científico” de Carlos Marx (1818-1863) y Federico Engels (1820-1895).


El etnólogo norteamericano Luis Enrique Morgan (1818-1881), partiendo de las relaciones familiares que existían entre los indios Iroquois de Norte América, concibió una historia fantástica de la familia, rastreando los orígenes en una multitud primitiva, en la cual las relaciones sexuales eran enteramente promiscuas y no sujetas a regla alguna. Marx y Engels se suscribieron entusiastamente a esta concepción materialista, que confirmaba las teorías Darwinianas. El panfleto de Engels sobre El Origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado (1884), es un ataque a las instituciones fundamentales de la sociedad, para provocar la utópica “sociedad sin clases” que es la muy totalmente igualitaria sociedad, sin propiedad privada, sin Estado, sin Dios.


La Revolución Rusa
La Revolución Rusa llevó a la Revolución Francesa a su término. En el carro sellado que en abril de 1917 llevó de regreso a Petrogrado a los “revolucionarios profesionales”, con Lenin, Zinoviev y Radek viajaba también Inessa Armand (1874-1920), miembro del Comité Ejecutivo del Partido Bolchevique, fundadora de “Zhenotdell”, el departamento de mujeres del partido. Mujer que gozaba de la absoluta confianza de Lenin, de quien era amante. Murió del cólera en 1920 y tuvo el honor de ser enterrada en el “Cementerio Rojo” bajo los muros del Kremlin con los principales protagonistas de la Revolución. Su nombre es menos conocido que el de Alejandra Kollontaj (1872-1952), pero su influencia sobre Lenin fue quizás mayor [27]. Inessa Armand y Alejandra Kollontaj abogaban públicamente por el amor libre y lucharon por la introducción del divorcio y del aborto en Rusia. Estaban convencidas de que la liberación sexual era una premisa necesaria para ocasionar la sociedad socialista. El 17 de diciembre de 1917, pocas semanas después de que los Bolcheviques hubieran tomado el poder, se introdujo el divorcio y, en 1920, se legalizó el aborto; fue la primera vez en el mundo que el procedimiento estaba disponible sin restricción alguna; la prostitución y la homosexualidad fueron des-criminalizados en 1922 [28]. Trotzky escribió en 1923 “El primer período destructivo en la vida de la familia está lejos de concluir. El proceso de desintegración sigue a toda marcha.”


Kollontaj escribió en 1920, en el segundo número de la revista Komunistka: “En lugar de la familia individual y egoísta se desarrollará una gran familia universal de trabajadores, en la cual todos los trabajadores, hombres y mujeres, serán sobre todo camaradas. Esto es como serán las relaciones entre hombres y mujeres en la sociedad comunista. Estas nuevas relaciones lograrán para la humanidad todos los gozos del amor desconocidos en la sociedad comercial, de un amor que sea libre y esté basado en la verdadera igualdad social de las partes. (...) La bandera roja de la revolución social que ondea sobre Rusia y está ahora siendo izada en otros países del mundo proclama el acercamiento del cielo a la tierra al cual la humanidad ha estado aspirando por siglos”. [30]


En Rusia y Alemania, en los 1920's y 1930's, se formuló la transición de la Revolución Política a la Revolución Sexual [31]. En 1922, se tuvo una reunión en el Instituto Marx-Engels de Moscú, dirigida por David Ryazanov (1870-1938), para examinar el concepto de la Revolución Cultural, o Revolución total que implicaría al hombre mismo, su naturaleza, sus costumbres, su ser más profundo.


El Instituto Marx-Engels de Moscú estaba relacionado con instituciones análogas nacidas en esos mismos años. En 1919, el doctor Magnus Hirschfeld (1868-1935) fundó el Institut für Sexualwissenschaft (Instituto pro Sexología) con el objetivo de “normalizar” la homosexualidad [32]. En 1921 Hirschfeld organizó el Primer Congreso por la Reforma Sexual que llevó a la formación de la Liga Mundial por la Reforma Sexual, una liga para coordinar el conocimiento acerca de la intensificación de la actividad sexual. Grigory Batkis, director del Instituto pro Higiene Sexual de Moscú, encabezó la delegación soviética a la Primera Conferencia de la Liga Mundial pro Libertad Sexual.

En 1923, Félix Weil (1898-1975) financió la Erste Marxistische Arbeitswoche (Primera Semana de Trabajo Marxista) en el pueblo alemán de Limenau. El éxito de este evento lo llevó a fundar el Institut für Socialforschung [33] (Instituto para la Investigación Social) en la Universidad de Frankfurt, dirigido de 1930 a 1958 por Max Horkheimer. El instituto de Frankfurt, que fue el origen de la Escuela Marxista-Hegeliana de Frankfurt, colaboró con el Instituto de Moscú en la publicación de las obras de Marx y Engels.


En 1929 los dirigentes políticos soviéticos invitaron a un estudiante de Freud, el psicoanalista austriaco Guillermo Reich (1897-1957) a dar una serie de conferencias que llevaron a la publicación en Moscú de su escrito “Materialismo Dialéctico y Psicoanálisis” que constituye el texto fundacional del llamado “marxofreudismo”. En ésta y sus obras posteriores, Reich presentaba a la familia como la  institución social represiva por excelencia, y afirmaba que el núcleo de la felicidad es la sexualidad. Para él es necesaria la abolición de la familia así como la revolución de una negación del sexo a una afirmación del sexo.


Reich, quien dedica la segunda parte de La Revolución Sexual a La Lucha por la Nueva Vida en la Unión Soviética, fue un gran admirador de la escuela de párvulos de Vera Schmidt (1889-1937), creada en el centro de Moscú en 1921, donde los niños pequeños eran iniciados en la masturbación y la excitación sexual temprana [35]. Afirma que “su trabajo era enteramente en la dirección de afirmar la sexulidad del infante” [36]. Trotzky apoyaba la labor de Vera Schmidt y las ideas de Guillermo Reich. La Revolución Sexual de Reich era una parte esencial de la Revolución Permanente de Trotzky.


Como toda Revolución, también la Bolchevique experimentó una dialéctica interna. Las dos tendencias fueron la de Stalin, quien no cediendo en el Terror, a fin de mantenerse en el poder, fue forzado a moderar el radicalismo revolucionario, y la otra fue la de Trotsky, quien acusó a Stalin de haber traicionado la Revolución [37]. La derrota de Trotsky marcó el final de la Revolución Sexual en Rusia, pero el posterior fracaso del Stalinismo en los cincuentas vio la victoria del Trotzkyismo, que se afirmó en el mundo con la “Revolución del 68”


Las ideas de Reich, renegadas por Stalin, se extendieron en Occidente y se encontraron con las de la Escuela de Frankfurt, cuyos representantes habrían de ocupar posiciones clave en importantes universidades norteamericanas, como Harvard, Berkeley y San Diego. Herbert Marcuse (1898-1979), investigador del Instituto Horkheimer, en sus exitosos libros 'Eros y Civilización' (1955) y 'El Hombre Unidimensional' (1964) reducía la naturaleza humana, al igual que Reich, a la libre complacencia de los impulsos sexuales. Estas ideas fincaron las bases de la Revolución cultural que no transigían con las anteriores, pero conducían a algo peor: las lágrimas de una generación que no sólo perdió sus propios cuerpos sino sus almas. La del 68 fue más devastadora que todas las Revoluciones precedentes porque atacó a la familia y transformó la vida diaria de la sociedad occidental. Hoy en día ha caído la dimensión utópica del 68, y el Relativismo postmoderno ha quedado como su herencia, expresado por intelectuales como Miguel Foucault (1929-1984). Foucault teorizó la importancia del pensamiento de De Sade en su Histoire de la folie (1961) (Historia de la Locura) y en Les Mots et les choses (1966) (El Orden de las Cosas). Su pensamiento, según Thibaud Collin, “constituye la fundación conceptual del lobby gay” [38].


Bajo la influencia de Foucault, la norteamericana Judith Butler fue uno de los primeros autores en desarrollar la “teoría del género” que constituye la última frontera de las ideologías post-modernas. El materialismo evolucionario sigue siendo la filosofía subjetiva que ve al hombre como material mutable, sin una naturaleza propia, que puede ser moldeada a voluntad de acuerdo con los deseos y la voluntad de cualquiera. El horizonte final es el descrito por De Sade y Reich.


El Segundo concilio Vaticano y sus Consecuencias
Una sola fuerza habría podido parar este proceso de disolución moral: la Iglesia Católica. Pero entre 1962 y 1965, la Iglesia Católica también, conoció su propia revolución. Fue el Segundo Concilio Vaticano.


En la víspera del Concilio convocado por Juan XXIII, los mejores teólogos católicos habían compilado un excelente esquema sobre la familia, que fue aprobado por el Papa y presentado en el aula conciliar [39].Este esquema confirmaba con claridad, el fin del matrimonio y el deber de la familia en el mundo moderno, condenando los errores que se habían extendido en el campo de la moral. Pero pocas semanas después del inicio del Concilio, los esquemas presentados por la Comisión Preparatoria fueron desechados por los obispos y teólogos de la Europa Central, la llamada “Alliance européene” [40]. Todo fue rehecho desde el principio y el esquema sobre la familia fue sustituido por un nuevo documento de trabajo. El texto, que acabó siendo Gaudium et Spes estaba dedicado al mundo contemporáneo y estaba interesado en entablar un diálogo con él, en lugar de reafirmar la doctrina de la Iglesia contra él. El nacimiento y educación de los hijos fue puesto en un plano secundario, después de la necesidad del amor entre los cónyuges. Estas necesidades, o impulsos y deseos, según algunos teólogos, no podían encerrarse en una jaula jurídica, pero podían justificar la anticoncepción y la cohabitación extramarital. La idea de la naturaleza fue sustituida por una de la persona como una realidad transformable, en cambio continuo. La fría rigidez empezó a ser contrastada con la calidez y fluidez de la vida: llevando a la realidad la teoría de Antonio Gramsci (1891-1937): la primacía de la praxis sobre la teoría, de la vida sobre la verdad, de la experiencia sobre la doctrina como muchos lo están afirmando en el campo teológico.


No llegamos a la Exhortación Amoris laetitia (2016) del Papa Francisco en un solo día. Se necesitaron cincuenta años, pero las raíces están ahí, en el Segundo Concilio Vaticano. Y el Concilio no hizo nada excepto buscar un compromiso entre la doctrina de la Iglesia y las teorías anti-cristianas de la Revolución Cultural moderna. Hoy lo que está en juego no es sólo la institución de la familia, sino la existencia de una ley moral absoluta e inmutable. Cuatro cardenales han visto esto claramente y le han pedido al Papa Francisco que confirme con claridad el carácter absoluto, universal y obligatorio de las leyes natural y Divina, Si uno permite la transgresión de la moral en un punto, el edificio entero se colapsa. Si la moral se colapsa, De Sade, Reich y los Antinomianos de todos los siglos triunfarán.


Meditar en el modelo divino de la familia
En los últimos 50 años, la crisis de la familia ha asumido dimensiones espantosas. Esta crisis está fundada en la idea de que sólo en la sexualización de la sociedad podrá el proceso revolucionario encontrar su plenitud. Lo que hace la situación más grave es que los ataques a la familia no son sólo externos, sino que vienen desde adentro de la Iglesia. El remedio está indicado en la encíclica Casti connubi de Pío XI: meditar en la idea divina de la familia y el matrimonio, y vivir de conformidad con este modelo.

Meditar en el modelo divino de la familia significa contemplar las verdades que regulan el universo: derrocando la tesis según la cual la praxis genera la teoría, restableciendo la primacía de la doctrina, o sea la primacía Platónico-Aristoteliano-Tomística de la contemplación sobre la acción, viviendo de conformidad con esta verdad. Y contra los nuevos antinomianos, que están esparcidos en toda la Iglesia Católica, debemos recordar que el Magisterio de la Iglesia acoge ya sea toda la Tradición, teológica y moral o no acoge nada de ella.


La tradición incluye la interpretación correcta de la Sagrada Escritura, y la Sagrada Escritura y la Tradición constituyen las dos fuentes de la Revelación de Cristo, de la cual ni una iota puede ser cambiada (Mateo 5, 18), porque todo lo creado cambia pero Dios es siempre igual: Sus palabras no pasarán. Su ley no cambia. Esta ley está grabada en nuestro corazón y debemos pedir a Dios que nuestras palabras sean siempre un eco, débil pero fiel, de Sus propias palabras.


Por encima de todo es necesario que estemos convencidos de que la Tradición es un principio vital, en tanto que el proceso revolucionario está orientado y no puede otra cosa que orientarse hacia su autodestrucción. La negación de la procreación conduce a la extinción biológica, la negación de la crianza de los hijos, de la educación, que constituye el pasar adelante todos los valores tradicionales, lleva a la muerte. Hoy en día Europa está muriendo no sólo porque está matando a sus propios hijos con el aborto y la contra-concepción, sino porque es incapaz de transmitir, de pasar a aquéllos que sí nacen, los valores que desaparecen día con día.


En su libro Dialéctica de la Naturaleza (1883). Engels proclamó el principio: “todo lo que llega a ser merece perecer”; la muerte, no la vida, es para él el secreto del universo. La muerte de la humanidad constituye, según Igor Safarevic el corazón y la meta del socialismo [42]. Sade expresó el mismo pensamiento, celebrando el homicidio y el suicidio. La sexualización de la sociedad es la muerte de la sociedad.


La familia, por el contrario, contiene vida en sí misma. La vida  física contenida en las cunas se multiplica, y la vida espíritual expresada por padres e hijos unidos en oración a Dios que puede hacerlo todo.


En Fátima, Nuestra Señora anunció que Rusia difundiría sus errores en el mundo. El post-Trotzkyismo anarco-libertario que domina hoy en día en Occidente y el post-Stalinismo nacionalista que se ha afirmado en la Rusia de Putin tienen la misma matriz ideológica. El mensaje de Fátima es un mensaje contra toda forma de ideología Gnóstica igualitaria, como el socialismo de los siglos veinte y veintiuno.


La última aparición de Fátima del 13 de octubre de 1917, aquélla de la Sagrada Familia, constituye en este sentido un manifiesto que resume todos nuestros principios y que se opone a todos los errores de nuestro tiempo


Notas:
[1] Aristóteles, Metafísica, lib. I.
[2]  Cicerón, De Officiis, I, 54.
[3] Franz Funck-Brentano, L’Ancien Régime, Fayard, Paris 1926, pp. 12-14.
[4] Moines de Solesmes (bajo la dirección de), Le mariage,Textes du magistère romain, Desclée de Brouwer, Paris 1956
[5] León XIII, Enc.  Arcanum divinae Sapientiae Consilium de febrero 10, 1880, en ASS, 12 (1879-1880), pp. 385-402.
[6] Pio XI, Casti connubii. Enc.  del 31 diciembre 1930 en A.A.S. 1930, pp 539-590.
 [7] Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Familiaris consortio de Noviembre 22, 1981 en aS(1981), pp. 81-191. 
[8] Plinio Correa de Oliveira, Rivoluzione e Contro-Rivoluzione, tr. it. Sugarco, Milano 2009.
[9] Ilarino da Milano, Eresie medievali, Maggioli, Rimini 1983, p. 26-27.
[10] George H., Williams, The Radical Reformation, Westminster Press, Philadelphia 1962, p. 40.
[11] “Sed un pecador y pecad atrevidamente, pero creed y regocijaos en Cristo aún más atrevidamente” (Carta a Melanchton de Agosto 1, 1521, en Luther’s Works, vol. 48, Letters, Fortress Press, Philadelphia 1975, p. 282),
[12] Cfr.  Ernest Belfort Bax, Rise and Fall de the Anabaptist, Sonneschein, London 1903; C. G. H. Williams, The Radical Reformation, cit., pp. 362-388.
[13] Acerca de Niclaes and la Family de Amor ver:  Serge Hutin, Les disciples anglais de Jacob Boehme, Denoel, Paris 1960, pp. 58-61; G. H. Williams, The Radical Reformation, pp. 477-482 J. Dietz Moss, “Godded with God”, Hendryck Niclaes and His Family of Love, The American Philosophical Society, Philadelphia 1981; Alistair Hamilton, The Family de Love, The Attic Press, Greenwood (S. C.) 1981.
[14] Cf. Christopher Hill, The World Turned Upside Down, Penguin, London 1991, passim; A. L. Morton, The world of the ranters. Religious radicalism in the English Revolution, Lawrence and Wishart, London 1979 (1970); J. Friedmann, Blasphemy, Immorality and Anarchy. The ranters and the English Revolution, Ohio University Press, London 1987.
[15] An Act against several Atheistical, Blasphemous and Execrables Opinions, derogatory to the honor de God, and destructive to human Society, en Acts and Ordinancy de the Interregnum, ed. by C. H. Firth and  R. S. Rait, Stationery Office, London 1911, pp. 409-412.
[16] François Vernet, Condorments, DTC, vol. III,1 (1938), pp. 815-816.
[17]A. F. de Sade, Français, encore un effort si vous voulez etre républicains, en La Philosophie dans le boudoir, Gallimard, Paris 1976, pp. 187-267.
[18] Sade, op. cit. , p. 188.
[19] Sade op. cit. , p. 190.
[20]  Sade, op. cit. , p. 229.
[21] Sade, op. cit. , p. 221
[22] S ade , op. cit., p. 239.
[23]  Sade,  L’histoire de Juliette (1797) en Oeuvres complètes,Cercle du Livre Precieux, Paris 1967, vol. 9, p. 569.
[24] Erik Kuehnelt-Leddihn, Leftism Revisited. From de Sade and Marx to Hitler and PolPot, Regnery, Washington 1991, p. 67
[25] Ver François Ost, Sade et la loi, Odile Jacob, Paris 2005
[26] Xavier Martin, Nature humaine et révolución française, du siècle des lumières au Code Napoléon, Dominique Martin Morin, Poitiers 2002
[27] Ver Letters to Lenin de Inessa Armand and Aleksandra Kollontaj of March 1917 en V. I. Lenin, Opere complete, tr. It., vol. 35, Editori Runiti, Roma 1952, pp. 210-212.
 [28] Cfr.  Giovanni Codevilla, Dalla Rivoluzione bolscevica alla Federazione Russa, Franco Angeli, Roma 1996.
[29] Leon Trotzkji, Problems of everyday life, Monad Press, New York 1986, p. 37
[30] https://www.marxists.org/archive/kollonta/1920/communism-family.htm
[31] Gregory Carleton,The Sexual Revolution in Russia Pittsburgh, University de Pittsburgh Press, 2005
[32] See Rodolfo de Mattei, Dalla sodomia allaì omosessualità. Storia di una normalizzazione, Solfanelli, Chieti 2016.
[33] Cfr. Rolf Wiggershaus, Die Frankfurter Schule. Geschichte. TheoretischeEntwicklung. PolitischeBedeutung, Carl HanserVerlag, München-Wien 1986; Martin Jay The dialectical imagination. A History of the Frankfurt School and the Institute de Social Research, 1923-1950, Little, Brown and Co. Boston 1973.
[34] Wilhelm Reich, The Sexual Revolution, Peter Nevill- Vision Press, London 1951, p. 163.
[35] Vera Schmidt. Rapporto sull’asilo sperimentale di Mosca, Andromeda 2016.  Sobre psicoanalysis en la Union Soviética, ver Martin A. Miller, Freud and the Bolsheviks, New Haven, Yale University Press, 1998, and Alexander Etkind, Eros of the impossible: the history de psychoanalysis en Russia, Westview Press, Oxford, 1997
 [36] Reich, The Sexual Revolution, p. 241
[37]  Leo Trotzkj, The Revoluton betrayed (1936), Dover Publications, New York 2004.
[38] Thibaud Colin, Le mariage gay. Les enjeux d’une revendication, Eyrolles, Paris 2005, p. 97.
[39] Ver Il primo schema sulla famiglia e sul matrimonio, del Concilio Vaticano II, ed. by R. de Mattei, Edizioni Fiducia, Roma 2015.
[40] Ver R. de Mattei, Il Concilio Vaticano II. Una storia mai scritta, Lindau, Torino 2011, pp. 203-210.
[41] Frederick Engels, Dialectics of Nature, Progress Publishers, Moscow, 1976, pp. 37-38
[42] Igor Chafarévitch, Le  phénomène socialiste, Editions du Seuil, Paris 1977, p. 323

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