viernes, 13 de mayo de 2022

Francmasonería, Naturalismo y Purga Antisemita

 La Francmasonería, el Naturalismo y la Purga Antisemita

Tomado de: http://jcrao.freeshell.org/FreemasonryNaturalism.html

Traducido del inglés por Roberto Hope

"Ah, los perversos masones", comentó un bloguero anónimo en respuesta a la noticia de que Michael Matt tenía programada una plática para hablar de los peligros de ese movimiento en una conferencia del Roman Forum en la Ciudad de Nueva York el pasado noviembre. "vejetes de setenta y cinco años portando gorras estrafalarias, aterrorizando. Sin duda están tramando dominar el mundo en noches de jugada al pinacle en la YMCA ¡Qué ridiculez!" (leer la respuesta al anuncio que hizo nuestro amigo Josephus de la reunión 'Catholics on the Global Auction Block' (Católicos en la Subasta Global) en el sitio de Internet de la Cornell Society for a Good Time)

¿Por qué traer este asunto a colación meses después de que la conferencia ya ha sido tragada por el moderno hoyo de memoria, hondo y malo. que devora la mayoría de los acontecimientos de nuestra era obsesionada con las cosas del momento? Por dos razones, ambas significativas, una de ellas reconfortante para los creyentes, la otra, en extremo inquietante.

La primera y reconfortante razón de volver a visitar la conferencia de noviembre es una declaración fechada al principio de este mes, hecha por el Obispo Gianfranco Girotti; Regente de la Penitenciaría Apostólica. El pronunciamiento del Obispo Girotti nos recuerda que la forma como Roma entiende la masonería no es tan trivial como la del despreocupado bloguero. El Obispo ahí reitera el más reciente comentario del Vaticano sobre el tema, que se encuentra en un documento emitido por el entonces Cardenal Ratzinger en 1983. Ahí puede uno leer que "el juicio negativo con respecto a las organizaciones masónicas ... permanece sin cambio porque sus principios siempre han sido considerados irreconciliables con las enseñanzas de la Iglesia" y que, en consecuencia, afiliarse a ellas sigue estando prohibido", y bajo pena de pecado grave. (Zenith Press, 5 de marzo de 2007). Cada de vez en cuando, Roma re-emerge de su somnolencia dogmática y "locuta" realmente, enseñando a aquéllos de nosotros que estamos tentados a desesperar sobre las colapsantes defensas de la Verdad eterna, de que la causa del Padre de las Mentira es verdaderamente una causa finita. Cuando esto sucede hay júbilo entre los fieles, tanto en el cielo como en la tierra.

Es importante hacer notar que el rechazo autorizado que la Iglesia hace ahora a la masonería y a la afiliación a las logias masónicas, al igual que en el siglo dieciocho, nada tiene que ver con una objeción doctrinal a la obstinación de jugar a las cartas ya tarde en la noche, por vejetes que portan gorros emplumados, en centros sociales protestantes que ostentan las mejores piscinas de natación de la localidad. Tampoco la plática de Michael Matt del pasado noviembre se extendió impúdicamente sobre el estado de conciencia o la aptitud conspiratoria personal de masones individuales, estén éstos ya cerca de pasar a la otra vida o todavía estén jóvenes. El elemento esencial en la persistente condenación de la masonería por la Iglesia es el naturalismo anti-católico que siempre ha representado. Éste lo encuentra uno en las logias tanto en su forma deísta - en la cual Dios crea el mundo y luego se retira amablemente a pasar una chochez inofensiva en las Bahamas - o en su presentación atea militante - en la que la influencia de la Divinidad sobre la vida secular,  intelectual, política y social se expulsa enteramente de toda existencia. Y fue este interés en el principio básico, lo que ocupó al Sr Matt, quien se lamentó de un ambiente del siglo veintiuno tan moldeado por conceptos naturalistas que ha convertido a la mayoría de los católicos en soldados de infantería que luchan por todo lo que los masones tradicionalmente han apoyado, sin siquiera darse cuenta de ello.

Ahora bien, yo sí quiero darle al despreocupado bloguero su debido reconocimiento. Quizás él deseaba ignorar todo el tema de la francmasonería y de los masones porque en verdad ha quedado decepcionado del argumento tan trillado de que ellos son responsables de la sistemática puesta en marcha de cada uno de los acontecimientos maléficos ocurridos en la sociedad occidental (ahora global) desde principios de los 1700s. Debo confesar que si esa fuera la única razón de su frívolo comentario, yo podría entender su exasperación inicial. Yo tampoco creo aquellas afirmaciones de una total responsabilidad masónica. Mi lectura de la historia me convence de que ha habido demasiados factores que juegan papeles que se intersectan en la creación de nuestra desafortunada era, para ver en ello simplemente el producto del desenvolvimiento exitoso de un plan anti-católico supremamente bien elaborado.

¿Significa eso que no observo una lógica en el desarrollo de la sociedad moderna? Por el contrario, me parece que la modernidad ha tenido un desarrollo altamente lógico, debido tanto al carácter y la consistencia de su principio fundamental naturalista como a la influencia de una inteligencie sobrehumana y diabólica para extraer el potencial de malignidad de ese principio. Pero no creo que este progreso lógico se deba todo a la labor consciente de seres humanos por sí mismos. Eso implicaría una comprensión demasiado racionalista de la historia; una atribución de demasiada influencia sobre la acción humana motivada inteligentemente, y no suficiente a las estupideces y a las pasiones que muchas veces parecerían hacer enteramente fútiles hasta las más sublimes doctrinas y las articulaciones ideológicas más brillantemente perversas.-- si, dijéramos, no hubiere un Dios y un demonio que las aprovechara para su ventaja. Me parece que aun muchos de los entusiastas arquitectos de la modernidad han actuado muchas veces de manera muy ilógica y con propósitos contrapuestos unos con otros. Además, sus objetivos peligrosos algunas veces han sido mucho mejor implementados por católicos ignorantes o indiferentes a los mensajes centrales de su fe, incluyendo a algunos que sinceramente pero erróneamente creían estar actuando vigorosamente en lucha con el naturalismo. De ese hecho me percaté a un nivel muy simple el día que un creyente militante ordenó a sus hijos pequeños que pasaran toda la tarde viendo programas de televisión abominablemente anti-cristianos, para él tener suficiente tiempo libre para convencerme de que los males modernos surgieron de solamente de círculos masónicos organizados. No tengo tiempo en este breve artículo para dar ejemplos más serios de las muchas dicotomías del pensamiento, planificación y acción humanos que han jugado un papel en el desarrollo de la moderna sociedad naturalista, pero a cualquiera que estuviera interesado en explorar este campo de confusión terrena lo dirigiría a que leyera mi libro Removing the Blindfold o a los artículos sobre temas del siglo dieciocho al veinte que pueden hallarse en mi sitio de Internet www.jcrao.freeshell.org

No obstante eso, nada del anterior descargo de responsabilidad altera el hecho de que el naturalismo de la Francmasonería es siempre y en todas partes tan irreconciliable con la fe, como el entonces Cardenal Ratzinger y el Obispo Girotti lo han observado. Tampoco disminuye su papel en la historia como una fuerza conspiratoria activa, una que ha contribuido mucho a la creación de nuestra patria anti-católica global. Mi propia obra me ha hecho muy consciente del importante papel que han jugado las logias masónicas en la  conformación de la mentalidad de un número de los llamados Padres Fundadores de los Estados Unidos, de las etapas iniciales de la Revolución Francesa, del Risorgimento y la vida del liberal Reino de Italia, de prácticamente la totalidad de la América Hispánica del siglo diecinueve y principios del veinte, y de la política en muchas otras épocas y lugares.

Lejos de ser meramente un tema esotérico de discusión en círculos católicos, limitados y paranoicos, el estudio del carácter y las consecuencias de la masonería son parte integral del trabajo de innumerables estudiosos laicos. Para quienquiera que esté interesado en esos importantes trabajos, basta leer "The Third Republic From Its Origins to the Great War: 1871-1914" (Cambridge University Press, 1984) por Jean-Marie Mayeur y Madeleine Rebérioux (La Tercera República, de sus Orígenes a la Gran Guerra: 1871-1914). Lo que es más, basta con leer solamente la prensa italiana de los años 1980s y 1990s, en la cual las fechorías de los masones en toda esfera de la vida, política, social y aun religiosa, eran temas de discusión cotidiana y fueron instrumentales en la caída de la así llamada Primera República. El tratar esta clara influencia como una "ridiculez" ilustra la repetición inconsciente del bloguero despreocupado, de una de las entradas en el dolorosamente miope American Dictionary of Received Ideas. Francamente, alguien que quiera descartar de la crónica histórica el impacto masónico, pudiera igualmente descartar como cuentos de comadres la noción de la significancia de los maniqueos y los franciscanos o de los jesuitas y los jansenistas, y aun quizás también de la existencia del 'Jesús Histórico'.

La Francmasonería ha ejercido su influjo de tres maneras. Para comenzar, su dedicación a tomar pasos medidos, conducentes a la desacralización del hombre y de la sociedad, y su refinamiento organizacional para dar a su naturalismo un aura de cortés respetabilidad, permitiéndole una entrada en los elementos elite del mundo del siglo dieciocho, que le habría sido negada a hombres proféticos rústicos más directos 

En segundo lugar, sin embargo, habiendo abierto la puerta al insensato intento naturalista de modelar la vida sin referencia a un Dios creador y redentor, los masones dieron la oportunidad a su más lógica y radical prole intelectual, a expandirse sobre el daño que ya había sido empezado. Esto ha sido delineado brillantemente por los grandes autores rusos Turgenev y Dostoievsky en 'Pades e Hijos' y 'Los Poseídos'. La adulación de la naturaleza, que los 'Padres' masones del movimiento describieron como la liberación de un obscurantismo cristiano que impide la construcción de una sociedad cada vez más progresista, basada en leyes racionales benéficas, fue utilizada por sus ´Hijos' para otros propósitos. Para ellos el enfoque en la naturaleza y en el actuar de manera natural fue fundamento para justificar ya sea un exageradamente obstinado hedonismo o la destrucción total de otros hombres y sociedades, condenadas por estar demasiado esclavizadas a creencias y costumbres 'artificiales' como para seguir siendo tratadas de modo humano alguno. Por lo tanta, estos Hijos fueron capaces de tomar medidas terroristas violentas que sus más moderados Padres habrían desechado como impensables aun cuando estos últimos habían antes moldeado el naturalismo empleado para desmantelar los muros de la Cristiandad.

Los hijos radicales se han extendido demasiado en su obcecado totalitarismo, han caído del poder, y así han dado a sus Padres naturalistas una tercera oportunidad para diseminar su mensaje e influencia sobre el asalto a la Cristiandad. Esto ha implicado la asimilación por los naturalistas más conservadores, del programa más lógico de su progenie radical y luego el empleo de sus habilidades organizacionales pragmáticas, y 'respetuosos' llamados a tomar pasos moderados, gradualistas hacia el Progreso, para transformar las instituciones políticas y sociales a su imagen de manera más eficiente que como los hombres rústicos habrían podido hacerlo por sí mismos. Este fue el perverso genio de ese liberalismo de sentido común tan cercano al corazón de la francmasonería y al de todos aquéllos influenciados por su espíritu. Esta fue la máquina bien afinada mediante la cual gente supuestamente sensata impulsó el naturalismo hasta su conclusión lógica, loca de poder y de pasión, miope y finalmente absurda,   

Pero ¿cuál es mi segunda, inquietante razón para traer la conferencia de noviembre a la memoria? El hecho de que el criticar a la francmasonería esté ahora siendo visto como prueba de simpatías anti-semitas, nazis y anti-holocausto. La protección del derecho que uno tiene de seguir siendo miembro de la raza humana parece, cada vez más y más, requerir que uno abandone todo pensamiento serio acerca del naturalismo y de aquéllos que lo promueven. ¿Por qué se nos pide pagar tal precio, y qué será de nosotros si en el largo plazo acabamos teniendo que apechugar?

Creo que la respuesta a esa pregunta es obvia. El investigar la masonería y su problema central --- su apoyo a la insensatez de tratar de entender al hombre y de construir una sociedad sin referencia al Dios creador y redentor --- es un instrumento para sacarnos de esa insana y miope obsesión por las pasiones materiales a las que el naturalismo en última instancia nos ha conducido y que ha sacralizado como principio ordenador de toda la vida humana. Esa investigación sería un medio de acabar con la amnesia histórica, filosófica y teológica. El individuo que se dedique a tal estudio descubrirá cómo la empresa naturalista ha dado cabida al saqueo material del mundo y a la destrucción de su legado cultural, bajo la rúbrica de promover una Razón, una Libertad y un Progreso basados en un cientificismo, un libertinismo y una reducción del pensamiento y de la acción a una obediencia ciega al sentimiento "sincero". Él comenzará a entender la verdadera génesis de ese Racismo que constituye el verdadero culpable que está detrás de la mentalidad genocida, así como del nacionalismo romántico que sirve también de inspiración para un sionismo que define el bien y el mal moral según sea que ayude o que perjudique la causa del Estado de Israel. Y, por último, inevitablemente habrá de comprender la verdad de que las acusaciones de anti-semitismo son una trampa fraudulenta utilizada por una de las muchas elites egoístas que han aprendido a emplear el naturalismo para alcanzar lo que sea que sus obstinados sentimientos pudieran desear, así como para censurar todos y cada uno de los intentos de exhibir sus crímenes intelectuales y materiales. Una vez que alguien ha abierto los ojos al significado final y al bizarro impacto del naturalismo, por fin podrá ver por qué los fuertes pueden condenar como algo malo la censura del lenguaje pornográfico, cuyo uso ellos favorecen, en las escuelas y, en cambio, aprueban como liberadora y buena, la prohibición del estudio de la Biblia, que ellos detestan. Y podrá reconocer cómo los católicos que tienen una misión universalista, pueden ser caricaturizados como nazis, en tanto que los miembros del Jabad-Lubavitch pueden ser bienvenidos en el Congreso a predicar libremente sobre la superioridad racial de los judíos y aun así seguirse considerando víctimas de racismo.

Los católicos en general parecen estar dispuestos a pagar el precio que les exigen quienes están actuando para destruir nuestra fe. Si no es el temor lo que les ha dictado este curso de acción, debe entonces ser precisamente la explicación de ese comportamiento que Michael Matt dio en su conferencia del pasado noviembre, de que ellos han sucumbido a la miopía y la debilidad mental producidas por la propagación y radicalización de la mentalidad naturalista masónica, que han aceptado ser sometidos a la manipulación por todos los que saben cómo utilizar tozudamente este estado de debilidad mental masiva para alcanzar sus egoístas propósitos 

Si los católicos quisieran saber a dónde los conducirá este estado de sometimiento, podrían echar una mirada a los argumentos de los revolucionarios franceses durante el juicio al Rey Luis XVI. Lo que Luis realmente había hecho o dejado de hacer, gente como Saint Just en ese entonces insistía en que carecía de toda relevancia para determinar si era inocente o culpable. Simplemente el ser rey lo hacía culpable y merecedor de la pena de muerte. Esos argumentos provenían de Juan Jacobo Rousseau, uno de los 'hijos' más radicales del naturalismo, que alegaba haberse convertido en el hombre virtuoso natural, despojándose de todo interés por las hipocresías del pasado, y viviendo sus sentimientos al grado máximo. Aquéllos que no habían tomado el camino liberador, no solamente eran inmorales; no eran siquiera humanos; no tenían derecho de existir; carecían de fundamento para apelar a la piedad o a la tolerancia de las personas humanas verdaderas. De ahí el rechazo por sus seguidores de todo juicio serio a un rey anti-naturalista y anti-humano. (Leer  Rousseau and the Republic of Virtue por Carol Blum (Cornell University Press, 1986, pp. 169-181).

Aquéllos de nuestros acusadores que apelan a ideas naturalistas comparten esa misma mentalidad. No les importa lo que el catolicismo es o no es en la realidad; o lo que los católicos verdaderamente decimos o hacemos. 'Sienten' la verdad de su postura o saben que apelar a tal sentimiento basta para justificar su comportamiento en el mundo que la francmasonería vigorosamente contribuyó a construir. Nosotros, como católicos, no compartimos ese 'sentimiento' y, en consecuencia, somos culpables y merecedores de castigo. A los ojos de un mundo que está impulsando las ideas y consecuencias del siglo dieciocho hasta su amargo fin, el catolicismo en y por sí mismo constituye un irremisible 'crimen de odio', propenso a aterrorizar, un obstáculo imperdonable para la consumación del potencial de la naturaleza y para la consecución de la libertad total y el progreso. Siempre seguirá siendo un 'crimen de odio', y siempre habremos de ser declarados culpables sin previo juicio mientras nuestra fe y mientras los que la seguimos estemos comprometidos con una verdad que va más allá de las pasiones de la naturaleza y de la tolerancia de la falsedad, al bien moral en lugar de la indiferencia al comportamiento humano, y a la identificación pública de los verdaderos enemigos de la humanidad.

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