domingo, 5 de junio de 2016

Nationalist Doctrine

Nationalist Doctrine

(extracted from “Jefes the excellent book by Henri Massis, published by Editorial Sol y Luna, p. 69  
Taken from http://lascadenasdeobligado.blogspot.mx/
Translated from the Spanish by Roberto Hope

Main doctrinal principles ― pressingly necessary in our country nowadays ― which inspired the nationalist policy of the great leader, Antonio Oliveira Salazar (1889-1970) who ruled Portugal from 1926 to1968.

“This is the most honest, most judicious and most measured dictatorship in Europe.” Jacques Bainville. February 1938.

Clear and vigorous principles required Salazar to transform Portugal  morally; country which had fallen into the most resounding state of corruption, in this manner beginning its admirable material and patriotic resurgence.

Oh! simple principles: “We did not ask so great a thing ― wrote Mr. Salazar ― sense and notion of fatherland and of national solidarity, family, social unit par excellence; authority and hierarchy; spiritual value of life and due respect for the human person; duty to work; superiority of virtue; sacred character of religious sentiments, this is the essential of what is necessary for the mental and moral formation of the new state.” And Salazar adds: “We are, then, against all types of internationalism, against communism, against socialism, against libertarian unionism, against all that diminishes, divides and dissolves the family; against class struggle; against the godless and the stateless; against the slavery of labor; against the purely materialistic notion of life; against force as origin of law. We are against all of the great heresies of our time, the more so because we have never had proof of a single place on earth where liberty to spread such heresies has been a source of blessings. When such liberty is granted to the barbarians of our modern age, it serves not but to undermine the foundations of our civilization.”

Mr. Salazar is, then, anti-liberal, anti-democratic, anti-parliamentary, to the extent to which he understands, taking into consideration, things, realities, evidence manifested by the social and political life of all times. That is why he never lets go the opportunity to denounce the myths which rebel themselves against vital necessities.

"No matter how dear the care for our people may be to us or how sound defenders of its continuous rising in the material and moral order we may be; that does not obligate us in any way to believe that the origin of power lies in the masses, or that government can be an endeavor of the multitudes and not of an elite, upon which the duty to lead the community and to sacrifice itself on its behalf is incumbent. To wish to guarantee the liberties which are essential to social life and to human dignity itself, does not entail the obligation to consider liberty as the element upon which any political construction should be erected. Liberalism has ended up falling into the following sophism: There is no liberty against liberty. But in harmony with the essence of man and life's realities, we say: Only against the common good is it that liberty does not exist."

"Subordination of all interests to the interests of the whole, this is the spirit that inspires the reforms introduced by the new Portuguese regime" (as cited by E. Schreiber in “El Portugal de Salazar”): “Instead of making everything depend on the individual taken by himself as in the liberal regime, our organization, says Mr. Salazar, is founded on the realities of a new society where the individual does not exist except to the extent of, and as regards, his membership in natural groups (families, professional organizations, unions and corporations, territorial communes), and in this role she recognizes rights. Said in other terms, for the new state, there are no abstract rights of man, there are concrete rights of men. These rights limit the rights of the state and we accept such limitation. Thus, there are liberties we consider fair and useful, but precisely because we want to keep them, we defend the notion of the authority necessary for their safeguarding."

But these ideas, it may be said, are the ones propagated by the political doctrine of Charles Maurras; all DeMaistre, all La Tour du Pin, all Fustel as well as the social teachings of the great encyclicals are there!  Yes, these ideas are ours, but here you see them applied by a man who rules, incarnated in an actual experience, inscribed into living history.  Their effectiveness, their success, prove to us that they were not abstractions, daughters of the spirit of the system, but “available realities” of which a nation under our eyes profits from to be born again.

¿Es usted marxista?

¿Es usted marxista?

Por Joseph Sobran (1946-2010)
(Columna publicada originalmente por United Press Syndicate el 28 de abril de 1998)
Traducido del inglés por Roberto Hope

Para mi horror, consternación y pena, un prominente erudito shakespearano se refirió recientemente a los “neo-marxistas” que abundan en los departamentos de letras inglesas de nuestras universidades. No estaba criticando a esos letrados; por el contrario, los llamó “hombres y mujeres de la más alta independencia de criterio”

Es curioso cómo puede eximirse uno mismo de los crímenes del marxismo, simplemente agregando el prefijo “neo”. A un neo-nazi no se le considera generalmente que lleve una forma de vida más elevada que la de un nazi común y corriente de los de antes, pero un neo-marxista supuestamente no tiene relación alguna con los personajes que dieron al mundo el gulag, los campos de re-educación, y los extensos cementerios clandestinos de Siberia, China y Camboya,

Lo que es peor, al Marx original se le está honrando con una elegante nueva edición del Manifiesto Comunista, que ya ha cumplido 150 años. De manera que Marx es bueno y los neo-marxistas también. Fueron sólo aquéllos que gobernaron países en nombre de Marx los que fueron malos ¿ve usted?  Lenin, Stalin, Mao, Castro, Pol Pot y el resto de esos bárbaros “traicionaron” a Marx.

¿Habrá algo en las ideas de Marx que las hace especialmente susceptibles a “traición”? Esta es la pregunta que se supone que usted no debe hacer, pues la respuesta es tan obvia. Cuando una idea es “traicionada” cada vez que es puesta en práctica, la falla no está solamente en quienes la ponen en práctica.

Nunca ha habido un régimen comunista que sea humano.

El marxismo es inheretemente totalitario. No le reconoce límites morales al estado. Es la ideología más conveniente para quienes aspiran a ser tiranos; también conserva su atractivo ante los intelectuales, que han probado ser igualmente hábiles para racionalizar los abusos de poder y exculparse a sí mismos.

Si los tiranos hubieran realmente “traicionado” a Marx, habría usted esperado que los marxistas de hueso colorado hubieran estado velando nerviosamente contra los déspotas pseudo-marxistas. Pero nunca lo están. Siempre están dispuestos a dar su confianza a todo nuevo gobernante que obre en el santo nombre del marxismo.

La ideología que tuvo más éxito en el siglo XX niega todo elemento divino en el hombre y en el universo, que amerite modestia por parte del estado. Eso significó que se acabó la vida privada. La gente era castigada por sus pensamientos ― aun por pensamientos que todavía no manifestaban, pero que los gobernantes marxistas podían predecir que esa gente iría a tener en virtud de la clase social a la que pertenecían. (El socialismo “científico” no necesitaba esperar a que realmente hubieran cometido esos “crímenes”, ni siquiera los “crímenes” de pensamiento,)

Ya quedan pocos marxistas de corazón, y no muchos “neo-marxistas”. Pero el estilo marxista ha dejado su huella en la política liberal de Occidente, especialmente en el campo de los “derechos civiles”. La peculiaridad de los “derechos civiles” y su legislación respectiva (por ejemplo aquélla contra los “crímenes de odio”) es que criminalizan los motivos en vez de los actos.

Lo peculiar de estas leyes radica en esto: Usted gozará de los derechos tradicionales de propiedad y de asociación, siempre y cuando no los ejerza con motivos prohibidos. Usted puede emplear o rehusarse a emplear a quien usted quiera, siempre y cuando la raza o el sexo del candidato a empleo no sean su consideración principal.

Pero ya que quienes “discriminan” en las formas vedadas nunca van a admitir sus motivos verdaderos, el estado sólo puede juzgar sus motivos por los resultados que observe, o  sea por patrones estadísticos. De la misma manera, la única forma que uno puede evitar ser acusado de “discriminación” es asegurándose de emplear un número suficiente de “mujeres y minorías”, aun cuando tenga uno que pasar por alto a algunos varones blancos que uno considere más adecuados por sus méritos.

En otras palabras, la única forma de evitar ser acusado de discriminar es discriminando.

Los conservadores que aún piensan que se pueden tener “derechos civiles” sin que el gobierno establezca cuotas se engañan a sí mismos. Esos “derechos civiles” son esencialmente diferentes de los derechos civiles como se les concebía antiguamente, pues lejos de constituir límites sobre lo que puede hacer el estado, autorizan nuevas potestades de intrusión al estado.

Tarde o temprano, ambos, el ciudadano y el estado, deben apoyarse en cuotas como evidencia de cumplimiento, o prescribirlas como “remedio”.

Le debemos a Marx la suposición general de que todo es asunto del estado, y que aun la privacidad es algo que puede existir sólo por gracia del permiso un tanto sospechoso del estado.

Puede decirse que una idea ha triunfado cuando la gente ya deja de percatarse de que existe una alternativa a ella. Como el personaje de Moliere, que descubre haber estado hablando en prosa, sin saberlo, durante 40 años, muchos de nuestros políticos han estado practicando el marxismo toda su vida sin darse cuenta de ello.

miércoles, 1 de junio de 2016

¿Qué se Propone Monseñor Ganswein?

¿Qué se Propone Monseñor Ganswein?

Por Christopher A. Ferrara

30 de mayo de 2016
Tomado de: http://www.fatimaperspectives.com/sv/perspective861.asp
Traducido del inglés por Roberto Hope

Durante su reciente presentación del libro Beyond the Crisis in the Church: The Pontificate of Benedict XVI, Monseñor Georg Ganswein, quien sirve como secretario personal del “Papa Emérito” Benedicto XVI, de manera inexplicable y muy misteriosa dio mayor profundidad, y consecuentemente un nuevo ímpetu, a la idea de que la renuncia de Benedicto al papado estuvo matizada por una “nueva concepción del papado", según la cual Benedicto retuvo para sí un aspecto pasivo del oficio petrino, pasándole el ejercicio activo a Francisco.

En el curso de la presentación del libro, Ganswein hizo comentarios que de seguro reflejan la percepción del propio Benedicto sobre la situación, incluyendo el significado preciso del texto de la renuncia, fraseado cuidadosamente para referirse al “ministerio del Obispo de Roma, sucesor de San Pedro”. Es inconcebible que Ganswein meramente hubiera expresado su propia opinión del asunto sin haberlo antes consultado con Benedicto.

Según Ganswein, aun cuando “no hay dos Papas” como resultado de la renuncia, hay no obstante “un estado en cierta forma excepcional así querido por el cielo” conforme al cual "el ministerio papal dejó de ser lo que había sido antes...” Benedicto más bien “lo ha transformado profunda y perdurablemente” en forma tal que “no ha abandonado el oficio de Pedro [sino que] ha innoovado este cargo” de modo que es “de hecho un ministerio ampliado — con un miembro activo [Francisco] y un miembro contemplativo [Benedicto].”

Antonio Socci observa que sólo hay dos conclusiones posibles : una que no tiene sentido y la otra de una gran significación trascendental. La primera conclusión, como lo expresa Socci, es que Benedicto ha creado “un punto de inflexión trascendental que de hecho entraña una mutación radical del papado, que ahora se ha convertido en un órgano colegiado (pero esto es imposible según la doctrina católica).” Ciertamente es imposible y por lo tanto el traerlo a colación resulta absurdo. No importa lo que Benedicto piense haber hecho; ningún Papa tiene la potestad para cambiar la naturaleza de un oficio establecido a perpetuidad por Dios Encarnado. O sea, ningún Papa tiene el poder de alterar la constitución divina de la Iglesia. Como hasta Juan Pablo II lo dijo cuando estaba por someterse a una cirugía mayor: “Tiene Usted que curarme, pues no hay lugar para un papa emérito”.

La otra conclusión, dice Socci, es que “este discurso [el de Ganswein] trae a luz la 'nulidad' de la renuncia de Benedicto XVI.” De hecho, si la renuncia de Benedicto al papado se basaba en la premisa de esta falsa opinión, de que seguiría como un 'miembro contemplativo' de un oficio petrino 'ampliado' en virtud de una innovación que él mismo recién había originado, entonces ¿cómo podría no ponerse en duda la validez de esa renuncia matizada? ¿No es que Benedicto sigue considerándose a sí mismo en cierto sentido Papa? Y de ser así ¿cómo puede decirse que él ha renunciado al papado de manera inequívoca?

Ciertamente, como lo comentó Ganswein: “Por esta razón, Benedicto no ha renunciado ni a su nombre ni a la túnica blanca. Por esta razón, el apelativo correcto con el cual él se refiere a sí mismo, aun ahora, es el de  'Santidad', y por esta razón, además, no se retiró a algún monasterio remoto, sino que permaneció dentro del Vaticano...”

No ofrezco una respuesta acerca de cómo esta total novedad afecta la renuncia de Benedicto al papado. Eso es algo que la Historia tendrá que juzgar — si de veras hay algo que juzgar. Yo solamente planteo otra pregunta: ¿Por qué es ahora cuando Monseñor Ganswein está empujando este punto, habiendo ya transcurrido tres años de tumultuoso pontificado del Papa Francisco? Muy seguramente estas observaciones fueron bien ponderadas con anterioridad. De manera que ¿que es lo que él se propone?

Una pista puede encontrarse en la asombrosa referencia que hizo Ganswein a la perfidia que se obró en el cónclave del 2005, durante el cual la llamada “mafia de San Gallen”, que incluye a los infames cardenales Daneels y Kasper, tramaron la elección del Cardenal Bergoglio. Sorprendentemente, Ganswein se refiere a este acontecimiento como un simple hecho histórico, notando que el cónclave del 2005 entrañó “una lucha dramática entre el partido ´Sal de la Tierra' [de orientación Ratzingeriana], que gira alrededor de los cardenales López Trujillo, Ruini, Rouco Varela y Medina, y el 'grupo San Gallen', que gira alrededor de los cardenales Daneels, Martini, Silvestrini y Murphy-O'Connor...”

Ganswein luego vincula la lucha en el cónclave con dos hechos reveladores: Primero, la homilia del Cardenal Ratzinger al inicio del cónclave, en la cual censuró “la dictadura del relativismo, que no reconoce nada definitivo y considera como medida última el propio yo y la voluntad propia.” Segundo, la petición del Papa Benedicto a los fieles, inmediatamente después de su inesperada elección, de que rezaran por él para que no fuera a “huir por miedo a los lobos.”

Esto es ciertamente muy extraordinario. A fin de cuentas, los comentarios de Ganswein implican que el papado de Benedicto estuvo siendo atacado por fuerzas malignas de principio a fin. Deja eso claro cuando ridiculiza la idea de que algo tan trivial como “Vatileaks” haya forzado a Benedicto a abandonar su cargo: “Ese escándalo era demasiado pequeño como para provocar algo de tal envergadura, y algo mucho mayor [motivó] la medida de importancia histórica milenaria, cuidadosamente ponderada, que Benedicto tomó.

Hágase las conjeturas que Usted quiera. Pero no subestime el significado de los comentarios de Ganswein en medio de lo que claramente es el papado más perturbador de que se tenga memoria en la Iglesia: ése del sucesor de Benedicto, en circunstancias misteriosas sin precedentes.

lunes, 30 de mayo de 2016

Amoris laetitia

Primeras Reflexiones acerca de un documento catastrófico — Amoris laetitia

Tomado de http://www.cfnews.org/page88/files/7d8edade9700c31473df93d12f2c34dc-566.html
Traducido del inglés por Roberto Hope

Excelente, concisa y amplia respuesta del Profesor Roberto de Mattei publicada por Rorate Caeli.

Que conste que yo he leído todos los documentos que condujeron a los sínodos de 2014 y de 2015 así como la Exhortación Amoris laetitia de Francisco — por farragosos y tediosos que hayan sido. El comentario de De Mattei va al grano. - J. Vennari

La Exhortación Post Sinodal Amoris laetitia: Reflexiones iniciales acerca de un documento catastrófico

Por Roberto de Mattei

Con la Exhortación Apostólica Amoris laetitia publicada el 8 de Abril [de 2016], el Papa Francisco ha dado oficialmente su opinión sobre cuestiones morales maritales que llevan discutiéndose ya dos años.

En el Consistorio del 20 y 21 de febrero de 2014, Francisco había confiado al Cardenal Kasper la tarea de introducir el debate sobre este tema. La tesis del Cardenal Kasper, según la cual la Iglesia debe cambiar su praxis matrimonial, conformaba el leitmotiv de los dos Sínodos de la Familia, del 2014 y del 2015, y ahora constituye la base de la Exhortación del Papa Francisco.

En el curso de estos dos años, ilustres cardenales, obispos, teólogos y filósofos han participado en el debate para demostrar que debe haber una íntima coherencia entre la doctrina de la iglesia y su praxis. De hecho, el cuidado pastoral debe basarse en la doctrina dogmática y moral. “¡No puede haber cuidado pastoral que esté en disonancia con las verdades y la moral de la Iglesia, que contraste con sus leyes y no esté orientado a alcanzar el ideal de la vida cristiana!” reveló el Cardenal Velasio De Paolis, en su discurso de apertura del Tribunal Eclesiástico de Umbria el 27 de marzo de 2014.

En las semanas que precedieron a la Exhortación post-sinodal se intensificaron las intervenciones de cardenales y obispos dirigidas al Papa, con el objetivo de evitar la promulgación de un documento repleto de errores, revelado por el gran número de enmiendas que la Congregación para la Doctrina de la Fe le hizo al borrador original. Francisco no se arredró y parece haberle encargado la corrección final de la Exhortación, o por lo menos algunos de sus pasajes clave, a alguno de sus teólogos de confianza, quienes trataron de re-interpretar a Santo Tomás a la luz de la dialéctica hegeliana.

De esto ha emergido un texto que no es ambiguo, sino claro — en su vaguedad. La teología de la praxis de hecho excluye toda afirmación doctrinal, dejando a la historia la conformación de los actos y de la conducta humana. Para esto, como lo afirma Francisco, “es comprensible” en la cuestión crucial de los divorciados y vueltos a casar, “que ni el Sínodo ni esta Exhortación podía esperarse que diera un nuevo conjunto de reglas generales, de naturaleza canónica y aplicable a todos los casos” (N° 300). Si estuviéramos convencidos de que los cristianos, en su conducta, no necesitan conformarse a principios absolutos, sino escuchar “los signos de los tiempos” sería contradictorio formular reglas de cualquier clase.

Todos estaban esperando la respuesta a una cuestión básica: ¿pueden aquéllos que, después de un primer matrimonio, se han vuelto a casar por lo civil, recibir el Sacramento de la Eucaristía? La Iglesia siempre ha respondido a esta pregunta con un no categórico. Los divorciados y vueltos a casar no pueden recibir la comunión porque su condición de vida contradice objetivamente la verdad natural y cristiana sobre el matrimonio (“la unión de amor entre Cristo y la Iglesia, significada y actualizada en la Eucaristía”. Familiaris Consortio 84)

La respuesta de la Exhortación post-sinodal es, en cambio, sobre la línea general de — no, pero “en ciertos casos” — sí (N° 305 y nota al calce 351). Los divorciados y vueltos a casar — dice la Exhortación —  de hecho deben ser “integrados” no excluidos (299). Su integración “puede expresarse en distintos servicios eclesiales, lo que necesariamente requiere discernir cuáles de las diversas formas de exclusión que se practican actualmente en el marco litúrgico, pastoral, educacional e institucional, pueden superarse” (N° 299) sin excluir la disciplina sacramental (N° 399).

Lo que es obvio es esto: la prohibición para los divorciados y vueltos a casar de recibir la comunión ya deja de ser absoluta. El Papa no autoriza, como regla general, la comunión para los divorciados, pero tampoco la prohíbe.

En una entrevista con Il Foglio del 15 de marzo de 2014, el Cardenal Caffarra enfatizó, en contra de Kasper: “Aquí se está tocando la doctrina. Inevitablemente. Puede decirse que no es así, pero, al contrario, así es. Se introduce una práctica que, a largo plazo, determinará, no sólo para los cristianos, esta idea: no hay matrimonio que sea absolutamente indisoluble. Y esto, sin duda, va en contra de la voluntad de Dios. Absolutamente no hay duda de eso.” 

Para la teología de la praxis, las reglas no cuentan, sólo los casos concretos. Y lo que no es posible en lo abstracto es posible en lo concreto. Sin embargo, como bien lo observó el Cardenal Burke: “Si la Iglesia permitiera la recepción de los sacramentos (aunque fuera en un solo caso) a una persona que se halla en una unión irregular, significaría que, o el matrimonio no es indisoluble y por lo tanto la persona no está viviendo en un estado de adulterio, o la Sagrada Comunión no es comunión con el cuerpo y la sangre de Cristo que, por el contrario, requiere la disposición correcta, o sea la contrición por el pecado grave y una firma resolución de no más pecar.” (Entrevista con Alessandro Gnocchi, Il Foglio 14 de octubre de 2014).

Además, la excepción está destinada a convertirse en la regla, ya que los criterios para recibir la comunión se dejan en Amoris laetitia al “discernimiento personal” de los individuos. Este discernimiento tiene lugar mediante una “conversación con el sacerdote, en el fuero interno” (N° 300) “caso por caso”. Sin embargo ¿qué pastores de almas se atreverán a prohibir la recepción de la Eucaristía, si según el documento “el Evangelio mismo nos pide no juzgar ni condenar" (N° 308) y si es necesario “integrar a todos” (N° 297) y “[apreciar] los elementos constructivos en aquellas situaciones que aún no, o ya no, corresponden con las enseñanzas [de la Iglesia] sobre el matrimonio” (N° 292)?

Los pastores que deseen referirse a los mandamientos de la Iglesia no se arriesgarían a actuar — según la Exhortación — "como árbitros de la gracia sino como facilitadores” (N° 310). “Por esta razón, un pastor no puede sentir que basta simplemente con aplicar las leyes morales a aquéllos que viven en situaciones “irregulares”, como si fueran piedras que lanzar a las vidas de la gente. Esto indicaría el corazón cerrado de alguien que se esconde tras las enseñanzas de la Iglesia, sentándose en la silla de Moisés y juzgando, a veces con superioridad y superficialidad, los casos difíciles y las familias heridas.”

Este lenguaje sin precedentes, más duro que la dureza del corazón que reprocha a “los árbitros de la gracia” es el rasgo distintivo de Amoris laetitia, que no coincidentalmente, el Cardenal Schoenborn definió como un “evento lingüístico” en una conferencia de prensa del 8 de abril. “Mi gran alegría por este documento” dijo el Cardenal vienés, radica en el hecho de que “coherentemente va más allá de una división artificial, exterior, nítida entre regular e irregular”. El lenguaje, como siempre, expresa contenido. Las situaciones que la Exhortación post-sinodal define como “las así llamadas irregulares” son aquéllas de adulterio público y cohabitación extramarital. Para Amoris laetitia, "cumplen el ideal del matrimonio cristiano aun haciéndolo de una manera parcial y análoga” (N° 292). “En virtud de formas de condicionamiento y factores mitigantes, es posible que en una situación objetiva de pecado — que pudiera no ser subjetivamente culpable o no enteramente culpable — una persona puede estar viviendo en la gracia de Dios, puede amar y puede también crecer en la vida de la gracia y de la caridad, recibiendo la ayuda de la Iglesia hacia este fin (N° 305).”en ciertos casos, esto puede incluir la ayuda de los sacramentos” (Nota 351)

Según a moral católica, las circunstancias, que comprenden un contexto en el cual se lleva a cabo una acción, no pueden modificar la naturaleza moral de los actos, haciendo de esa manera recta y justa una acción intrínsecamente mala. La doctrina de la moral absoluta y del intrincese malum es neutralizada por Amoris laetitia, que está conformada por la “nueva moral” condenada por Pío XII en múltiples documentos y por Juan Pablo II en Veritatis splendor. La ética situacional permite que las circunstancias y, en último análisis, la conciencia subjetiva del hombre, determinen lo que es bueno y lo que es malo; la unión sexual extramarital no la considera intrínsecamente mala, sino que, en cuanto a que es un acto de amor, es evaluable de acuerdo con las circunstancias. Más generalmente, para la ética situacional el mal no existe en sí mismo, al igual que el pecado mortal no existe. El equiparamiento de la gente que vive en estado de gracia (las situaciones regulares) y la que vive en situación de pecado permanente (situaciones irregulares) no es solo lingüística: parece haberse sometido a la teoría luterana de simul iustus et peccator, condenada por el decreto de justificación del Concilio de Trento (Denziguer-H, Nos 1551-1583).

La Exhortación post-sinodal es mucho peor que el reporte del Cardenal Kasper, contra el cual justamente se han dirigido muchas críticas en libros, artículos y entrevistas. El Cardenal Kasper había planteado algunas preguntas; la Exhortación Amoris laetitia ofrece una respuesta: abran la puerta a los divorciados y vueltos a casar, canonicen la ética situacional e inicien un proceso de normalización de toda cohabitación de hecho.

Considerando que el nuevo documento pertenece al Magisterio ordinario no infalible, es de esperarse que sea objeto de una crítica analítica y profunda por teólogos y pastores de la Iglesia, bajo ninguna ilusión de aplicarle “la hermenéutica de la continuidad”.

Si el texto es catastrófico, aún más catastrófico es el hecho de que haya sido firmado por el Vicario de Cristo. A pesar de eso, para aquéllos que aman a Cristo y a su Iglesia, ésta es una buena razón para hablar y no quedarse callados. Por lo tanto, hagamos nuestras las valientes palabras del obispo Atanasio Schneider:

“Non possumus” no aceptaré un discurso ofuscado ni una puerta trasera hábilmente disfrazada para dejar pasar una profanación de los sacramentos del matrimonio y de la eucaristía. Asímismo, no aceptaré una burla al sexto mandamiento de la Ley de Dios. Prefiero ser ridiculizado y perseguido antes que aceptar textos ambiguos y métodos insinceros. Prefiero la cristalina “imagen de Cristo Verdad, y no la imagen de la zorra engalanada con piedras preciosas” (San Ireneo), pues yo sé a quién le he creido”,Scio, Cui credidi” (2 Tim 1: 12)

domingo, 15 de mayo de 2016

Pondera bien.

Pondera bien.

Por Tomás Moro
Traducido dei Inglés por Roberto Hope
Pondera bien que, de noche y de día
Cuando en afán de procurar y ahitar
Nuestro solaz, deleite y diversión,
Dulce melodía o exquisito manjar,
La muerte avanza muda, sagaz, con discreción
Está a la mano, nos soprenderá a todos,
Quién sabe cuándo, dónde o de qué modo.

Cuando las tentaciones arrisquen de tu alma la muerte
Piensa en Su pasión y Su amargo dolor,
Piensa en Su angustia mortal en la Cruz
En la sangre de Cristo que Sus venas manan
Piensa en Su corazón, todo partido en dos
Piensa que todo esto fue por tu redención
No se pierda aquéllo que Él a tal precio adquirió.

miércoles, 11 de mayo de 2016

Ten recommendations to survive a calamitous Pope

Ten recommendations to survive a calamitous Pope

By Francisco José Soler Gil
Taken from http://info-caotica.blogspot.mx/2014/11/diez-consejos-para-sobrevivir-un-papa.html
Translated from the Spanish by Roberto Hope

Oh, but... can a Catholic think a Pope can be calamitous? Yes, of course. But should not a good Catholic believe that it is the Holy Spirit who acts behind a Pope's election? Evidently not. Maybe to that effect, it will suffice to remember the answer given to his questioner, professor August Everding, by the then Cardinal Ratzinger in a famous interview granted in 1997. Professor Everding had asked the cardinal if he really believed that the Holy Spirit intervenes in the election of the Pope. Ratzinger's answer was simple and clarifying, as usual: «I would say no in the sense that the Holy Spirit should decide in each and every case since there are too many proofs against this contention; there are too many [Popes] regarding whom it is totally evident that the Holy Spirit could not have elected them. But that He, in the long run, does not let things get out of hand; that, to put it this way, He gives us a long rope, as a good educator, allows us plenty of freedom, but He does not let it rip entirely. To this, I would say yes. Hence we should understand this in a much wider sense, and not that He says: You have to vote for this candidate. But possibly allows only that which does not entirely destroy the whole thing».

Now although a Catholic takes for granted that no Pope can end up destroying the entire Church, history shows us that in the matter of pontiffs there have been of all kinds: good, regular, bad, solemnly bad and calamitous.

When can we say a Pope is calamitous? Of course for that, it is not enough that the Pope should hold false opinions on this or that topic. A Pope, as any other man, must necessarily be ignorant of many subjects and hold erroneous convictions on just as many topics. Hence, it may happen that a Pope bent on talking about a stamp or coin collections, may hold crass errors on the value or dating of certain stamps or coins. Expressing opinions on matters other than his field of competence, a Pope is more likely than not to err. Just like you or I, dear reader. Hence, if a Pope should show a certain propensity to make public his opinions on the art of pigeon training, ecology, economy or astronomy, the Catholic specialist on such subject matters should do well to patiently endure the senseless occurrences of the Roman pontiff on subjects which evidently are foreign to his dignity. The specialist may, of course, lament the possible errors, and more generally, the lack of prudence which some declarations may manifest. But an imprudent or loquacious Pope is not for that matter a calamitous Pope.

It is or it may be, on the contrary, the one who with words or deeds causes damage to the Church's legacy of faith, temporarily obscuring aspects of God's image or of man's image that the Church has the duty to guard, transmit and deepen.

¿But can such a case happen? Well, it has happened many times indeed in the history of the Church. When Pope Liberius (fourth century) ― the first Pope not to be canonized ― yielding to strong Arian pressures, accepted an ambiguous position with respect to this heresy, leaving the defenders of the Trinitarian dogma, such as Saint Athanasius, in the lurch; when Pope Anastasius II (fifth century) flirted with the holders of the Acacian schism; when Pope John XXII (fourteenth century) taught that the just's access to God does not occur until the Last Judgment; when the Popes of the period known as the «Great Western Schism» (fourteenth and fifteenth centuries) used to excommunicate each other; when Pope Leo X (sixteenth century) not only did intend to finance his luxuries from the sale of indulgences but also to defend theoretically his power to do so, and so forth and so on, a part of the legacy of faith was obscured for a greater or lesser period of time for their deeds or omissions, generating in this manner moments of enormous internal tension in the Church. The Popes responsible for such situations can properly be called «calamitous».

The question is, then, what can be done in times of a calamitous Pope? What attitude is convenient to adopt in such times? Well, since publishing lists of tips to attain happiness, to control cholesterol, to become more positive, to stop smoking and to get slim are now in vogue, I will allow myself to propose my readers a series of tips to survive a calamitous Pope without ceasing to be Catholic. Needless to say, it is not an exhaustive list, but it may nevertheless turn out to be useful. Let us begin:

(1) Keep calm:

In moments of anxiety, hysteria is very human, but it does not help resolve anything. Composure, then, as only in tranquility can one make decisions that are convenient in each case, and avoid utterances and actions which one may have to regret afterward.

(2) Read good books on the history of the Church or the history of the papacy.

Accustomed to a series of great Popes, living during a calamitous Pope may become traumatic if one does not get to put it in context. To read good treatises on the history of the Church and the history of the papacy helps to better evaluate the present situation. Above all, because these books show us other cases ― numerous unfortunately for such is the way of human nature ― in which the waters of the Roman fountain came out murky. The Church suffers such infirmities but does not sink because of them. That is how it has happened in the past, and we expect to happen again in the present and in the future.

(3) Not let be carried out by apocalyptic discourse

Suffering the ravages of a calamitous pontificate, some people tend to take them as signs of the imminent end of times. This is an idea that emerges always in such circumstances: apocalyptic texts motivated by similar evils can be read in medieval authors. But that fact precisely should serve us as a warning. There is no great sense in interpreting each storm as though it were already the final tribulation. The end of times will come when it has to come and it is not for us to inquire neither the date nor the hour. Ours is to fight the battle of our time, but the global view belongs to Other.

(4) Not keep silent nor look the other way.

During a calamitous pontificate, the defect contrary to adopting the attitude of apocalyptic prophet consists of minimizing the events, keeping silent before the abuses and looking the other way. Some justify this attitude recalling the image of the good sons who covered Noah's nakedness. But what is certain is that there is no way of correcting the course of a ship if the stray is not decried. In addition, Scripture has for that situation an example which is more appropriate than Noah's: the strong but just reproaches of Apostle Paul to Pontiff Peter, when the latter let himself be carried by human respect. This scene from the Acts of the Apostles is there for us to learn to distinguish loyalty from the complicity of silence. The Church is not a party in which the president always has to receive unconditional applause. Nor is it a sect in which the leader must be acclaimed in all cases. The Pope is not the leader of a sect, but a servant of the Gospel and of the Church; a free and human servant, who, as such may on occasion adopt reprehensible attitudes or decisions. And reprehensible attitudes and decisions must be reprehended.

(5) Do not generalize

The bad example (of cowardice, of careerism, etc.) of some of the bishops or cardinals during a calamitous pontificate should not lead us to disqualify in general all bishops or cardinals, or clergy as a whole. Each one is responsible for his own words, acts, and omissions. But the hierarchical structure of the Church was instituted by her Founder, for which reason, in spite of all criticism, it should be respected. Nor should the protest against a calamitous Pope be extended to all of his utterances and actions. Only those in which he deviates from the millennial doctrine of the Church, or those in which he sets a course which may compromise aspects thereof. And the judgment on these questions should not be based on particular occurrences, opinions or tastes. The teaching of the Church is summarized in her Catechism. On that where a Pope deviates from the Catechism, he should be reprehended, On the rest, not.

(6) Do not collaborate with initiatives that give greater glory to the calamitous pontiff.

If a calamitous Pope were to ask for help to carry out good works, he must be listened to. But other initiatives, such as multitudinous gatherings to make him appear as a popular pontiff should be ignored. In the case of a calamitous Pope, acclamation is uncalled for, since based on it, he could feel supported to deviate the barque of Peter still further. It is not valid to argue that the applause is not for the particular pontiff but for Peter, as the consequence of such applause will be taken advantage of not by Peter but by the calamitous pontiff for his own particular ends.

(7) Do not follow the Pope in what departs from the legacy of the Church.

Should a Pope teach doctrines or try to impose practices that do not correspond with the perennial teaching of the Church, synthesized in the Catechism, he should not be supported or obeyed in his attempt. This means, for instance, that priests and bishops have the obligation to insist on the traditional doctrine and practice, rooted in the deposit of faith, even at the expense of exposing themselves to punishment. Likewise, laypeople should insist on teaching the traditional doctrine and practices in their area of influence. In no case, whether on account of blind obedience or for fear of reprisal, would it be acceptable to contribute to the spreading of heterodoxy or heteropraxis.

(8) Do not support collaborationist dioceses economically.

If a Pope were to teach doctrines or try to impose practices that do not correspond with the perennial teaching of the Church, synthesized in the Catechism, pastors of the dioceses should serve as retaining walls. But history shows that bishops do not always react with enough energy in the face of these threats. Even worse, they sometimes support, for whatever motives, the intentions of the calamitous pontiff. The lay Christian who resides in a diocese ruled by such a pastor should withdraw all economic support to his local church while the situation persists. Of course, this does not apply to assistance directed to works of charity, but it does to all other economic support. And this also applies to any other type of collaboration with the diocese, for instance, voluntary work or holding institutional office.

(9) Do not support any schism.

In the face of a calamitous Pope, the temptation for a radical rupture may arise. This temptation should be resisted. A Catholic has the duty to lessen the negative effects of a bad pontificate within the Church, but without tearing the Church apart or breaking away from the Church. This means, for instance, that if his resistance to adopt given theses or given practices should bring the penalty of ex-communication on him, he should not for that reason advocate a new schism or support one of the existing ones. It is necessary to maintain oneself Catholic under all circumstances.

(10) Pray

The Church´s permanence and salvation do not ultimately depend on us, but on Him who wanted it and founded it for our benefit. At times of anxiety, it is necessary to pray, pray, pray, for the Master to wake up and calm the storm. This advice has been placed last on the list, not because it is the least, but because it is the most important of all. Since in the end, everything reduces to our really believing that the Church is supported by a God who loves her and that will not let her be destroyed. Let us pray, then, for the conversion of nefarious pontiffs, and for any calamitous pontificate to be followed by others of restoration and peace. Many dry branches will have been torn away in the storm, but those which have remained bound to Christ will again flourish. May this last be also said of ourselves.

domingo, 3 de abril de 2016

Un Enjuiciamiento Histórico. 3

Un Enjuiciamiento Histórico

Reseña del libro La Profezia Finale, de Antonio Socci


(última de tres partes)

por Christopher A. Ferrara

Tomado de : http://www.cfnews.org/page10/page104/socci_indictment_of_francis.html
Traducido del inglés por Roberto Hope


El asunto de los Franciscanos de la Inmaculada

Socci luego trata del caso de la brutal persecución contra los Frailes Franciscanos de la Inmaculada (FFI), desmembrados y destruidos por el 'comisionado apostólico' nombrado personalmente por Francisco, sin que jamás se les diera una razón concreta a las víctimas. Aquí Socci recuerda las pasmosas observaciones hechas por Francisco durante una reunión con algunos de los miembros de la ya destrozada FFI, en la cual admite que él aprobó la destrucción de la FFI, pero, a la vez, que la FFI ha sufrido persecución por 'el demonio', por razón de su devoción a María! ¿A qué demonio se estaría refiriendo Francisco? Socci se queja de que:

“su verdadero 'crimen' (de los FFI) es el de ser auténticos cristianos, fervientes en la Fe, aquéllos a quienes Usted describe como 'fundamentalistas' y que en realidad sólo están viviendo el Evangelio auténtico. Querido Padre, dé marcha atrás a una decisión por la cual algún día Dios habrá de pedirle cuentas... Usted tiene a muchos que lo adulan, pero pocos entre sus aficionados rezan por Usted, de seguro muy pocos ruegan por Usted tanto como los Frailes Franciscanos de la Inmaculada”

Una Amorío con los Luteranos

Luego de observar que Francisco no muestra preocupación alguna por los enemigos internos de la Iglesia, quienes, como lo advirtió San Pío X, se afanan en minar los fundamentos de la fe, Socci elabora cómo, por el contrario, Francisco parece tener poca consideración a las diferencias doctrinales entre el catolicismo y las varias formas de protestantismo.

Bajo el encabezado 'En Casa de Lutero', Socci recuerda la escandalosa aparición de Francisco en una iglesia luterana en Roma para participar en un servicio dominical, durante el cual divagó como diez minutos para contestar una pregunta de una mujer, sobre por qué un luterano no puede recibir la Sagrada Comunión. En ese proceso, caracterizó el dogma católico de la transubstanciación como una mera 'interpretación' que difiere de la perspectiiva luterana; al final, más bien evasivamente, acabó sugiriéndole a la mujer que “hable con el Señor” acerca de si debe recibir la comunión de un sacerdote católico ― un acto sacrílego. “No me atrevo a decir más” dijo Francisco habiendo ya dicho más de lo necesario.

Recalcando el odio venenoso de Lutero hacia la misa, Socci le pregunta a Francisco: “¿cómo es posible no perturbarse?” (p.193). “El diálogo con los luteranos,” escribe Socci, debe entrañar “claridad recíproca, no arrojar a los espinos el núcleo de la Fe Católica.” (p. 194). Aquí Socci cita lo que quizás sea el comentario más atroz que Francisco haya hecho jamás. En esa ocasión Francisco les dijo a los luteranos:

“La elección final será definitiva ¿Y qué será la pregunta que el Señor nos haga ese día: ¿Fuiste a Misa? ¿Tuviste una buena catequesis? No, las preguntas serán acerca de los pobres, porque la pobreza está al centro del Evangelio”

Socci le recuerda a Francisco lo que un niño bien formado entendería: el valor infinito de la Eucaristía, la adoración Eucarística y su recepción digna, en comparación aun con una montaña de buenas obras para los pobres.

“Pero en vez de ello Usted, Padre Bergoglio, parece afirmar que lo que cuenta son los méritos humanitarios que logremos mediante nuestro activismo, mediante nuestro 'servicio' a los pobres. Esto parecería ser una idea pelagiana. Pero ― repito ― lo más asombroso es que Usted contraponga [una falsa antítesis más] el ´servir a los pobres' con la misa, lo cual la reduce a algo superfluo (junto con la catequesis)”. (p. 197)

Citando el famso dicho del Padre Pío de que “Sería mejor quedarse sin el sol que sin la Santa Misa”, Socci confronta a Francsco con "las implicaciones de sus propias palabras y hechos durante los últimos tres años, incluyendo su curioso rechazo a hincarse ante el Santísimo Sacramento”

“Permítame sincerarme con Usted, Padre Bergoglio, de que de la totalidad de sus palabras y expresiones, le da a uno la impresión de que Usted tiene algún problema con la Sagrada Eucaristía, y de que usted realmente no alcanza a comprender su valor ni su realidad."

“Hay tantos datos y hechos que hacen surgir esta duda. La más evidente es su decisión de no hincarse ante el Sacramento durante la Consagración de la Misa, ni enfrente del sagrario, ni durante la adoración Eucarística (además, no participa en la procesión de Corpus Christi, en la cual sus predecesores, hincándose, siempre participaban)” (p. 200)

Y sin embargo, observa Socci, Francisco no tuvo problema para arrodillarse cuando, como Arzobispo de Buenos Aires, se hincó para recibir “la imposición de manos en la convención de los pentecostales en el Estadio Luna Park... Basta con decir que su intermitente dolor de rodillas, que parece presentarse sólo ante el Sacratísimo Sacramento, más allá de parecer un tanto bizarro, no parecería ser una explicación razonable.” (p201)

¿Un Joachimista Inconsciente?

Esta extraña actitud hacia la Sagrada Eucaristía lleva a Socci a plantear este reto a Francisco en relación con su aparente afecto por el Protestantismo:

“Tiene uno la impresón de que detrás de su apertura particular al mundo protestante y detrás de su hostilidad hacia la estructura de la Iglesia ― o sea a la iglesia visible y su doctrina, que superarían si escucharan al Espíritu Santo ― titilea un tipo de 'Iglesia del espíritu', anhelada en ciertas afirmaciones que hizo en la reunión con los pentecostalistas en Caserta en julio de 2014...Como si la Iglesia Católica, con su estructura doctrinal y su jerarquía, fuera de alguna manera a desbancarse a sí misma en forma semejante a como la Antigua Alianza dio paso a la Nueva Alianza (y aquél que postergue defender la doctrina será ... como los antiguos escribas y fariseos)” (pp. 204-205).

Aquí Socci lanza la apabullante acusación de que Francisco exhibe un “tipo de Joachimismo mitigado inconsciente” ― en referencia a Joachim de Fiore, el alucinado 'visionario' del Siglo XII que imaginó una venidera nueva era del Espíritu Santo que desplazaría aun el Nuevo Testamento.

¿Un nuevo Honorio?

El enjuiciamiento que hace Socci alcanza su clímax con la insinuación de que Francisco, siendo un Papa que promueve sus propias ideas, “puede seguir el camino de otro Papa que hizo lo mismo: Honorio (que reinó de 625 a 628) quien fue anatematizado de manera póstuma por un concilio ecuménico ― sentencia confirmada por su propio sucesor, León II ― por colaborar y auxiliar en la propagación de la herejía 'monotelita´" (que niega la voluntad humana de Cristo.) Soccí lanza contra Francisco la misma condenación que León II lanzó contra Honorio: “Aquéllos que incitaron a contender contra la pureza de la tradición apostólica, a su muerte ciertamente recibieron condenación eterna, [incluyendo] a Honorio quienes, en vez de sofocar la llama de la herejía, como corresponde a su autoridad apostólica, la avivaron con su negligencia.”

Haciendo Honores a Dictadores

Socci se acerca al final del enjuiciamiento con una caldeada crónica de la visita de Francisco a Cuba, en la cual nada dijo acerca de la tiranía bajo la cual sufre el pueblo, en tanto que condenó al 'Dios dinero' de los países capitalistas. A diferencia de Juan Pablo II y Benedicto XVI, quienes exigieron la liberación de presos y se reunieron con Fidel Castro en terreno neutral (Juan Pablo) o lo recibieron en la nunciatura apostólica de la Habana (Benedicto), Francisco no puso exigencias al régimen de Castro, sea al de Fidel o al de su hermano Raúl, y condujo un verdadero peregrinaje a la casa de Fidel, donde el sanguinario dictador recibió al papa en audiencia.

Socci expresa un desagrado enteramente apropiado por la aceptación de un regalo de Raúl, de un crucifijo supuestamente labrado de la madera de remos de botes de 'refugiados' del Mediterráneo ― en donde no participan botes de remo. Sin embargo, Francisco desdeñó los 100,000 refugiados que se han ahogado tratando de huir del estado-prisión comunista de los hermanos Castro. Socci concluye: “Éstos son los tiranos a quienes Usted ha rendido honores y quienes le han dado a usted el regalo de sus ´migrantes´'. (p. 214)

La Falacia de “Fronteras Abiertas”

El enjuiciamiento prosigue con el encabezado 'Murallas', bajo el cual Socci desmantela la insistencia demagógica de Francisco en “una apertura indiscriminada de fronteras que desestabilizaría pueblos, estados y sistemas.”

Socci señala que no sólo Santo Tomás sino la Biblia misma defienden el uso de 'murallas' para proteger la integridad de las naciones y los pueblos contra la invasión de influencias malignas ― los propios muros del Vaticano son un ejemplo de esto ― y que la frontera nacional moderna no es un 'muro' que deba denunciarse como no cristiano.

Socci le pregunta a Francisco: “¿Es posible que Usted no perciba un fenómeno tan macroscópico como el fracaso de la asimilación? ¿Y puede Usted no ver el insolucionado problema que el Islam tiene con la violencia, como lo explicó Benedicto XVI en Regensburg?” (p. 217)

La Recapitulación

El enjuiciamiento termina con el encabezado 'Los Pobres', en el cual Socci, hijo de un minero, lamenta de 'inaceptable' la constante insistencia sobre los pobres, porque lo hace de una manera ideológica, demagógica y sociológica. Pero la Iglesia no sueña con instrumentalizar a los pobres, haciendo de ellos una categoría ideológico-teológica como la teología de la liberación argentina de la cual emerge...”

Resumiendo su enjuiciamiento entero, Socci dice: “La primera pobreza de los pueblos es no conocer a Cristo.. Éste es el problema, Santo Padre. Es necesario anunciar a los hombres al único que puede salvarlos, porque esto es lo que verdaderamente cuenta, como incansablemente lo predica Jesús: 'De qué le sirve al hombre ganar el mundo si al final pierde su alma?'...”

"De manera que debe Usted dar reversa a toda la orientación de su papado: Así, en lugar de ocuparse de separar la basura, defienda Usted la sana doctrina Católica contra los ataques del mundo y el modernismo; en vez de sonar la alarma obsesivamente sobre el clima, aperciba a la humanidad sobre la amenaza que pende, de una condenación eterna; en vez de una encíclica sobre la suerte de los gusanos y pequeños reptiles, escriba una sobre los cristianos que son perseguidos y del odio del mundo a nuestro Salvador...”

“Como lo dijo Vittorio Messori al entonces Cardenal Ratzinger: 'Sin una visión del misterio de la Iglesia que sea también sobrenatural y no sólo sociológica, la misma cristología pierde su referencia a Dios: una estructura puramente humana acaba correspondiendo a un proyecto humano. El Evangelio se convierte en el Proyecto Jesús, el proyecto de liberación social u otros proyectos históricos... que lucen religiosos sólo en apariencia, pero ateos en sustancia...” (p.224).

Las palabras finales de este documento verdaderamente histórico son el llamado personal a Francisco a que cambie de rumbo antes de que sea demasiado tarde. “No tenga miedo de desilusionar al mundo, que hasta ahora le ha aplaudido entusiastamente... El único temor que hay que tener es el de decepcionar a Dios...”

“Querido Papa Francisco: sea Usted uno de nuestros pastores verdaderos en el camino hacia Cristo, con el Papa Benedicto que le asista con oración y consejo; auxilie también a la Iglesia, desconcertada y confundida, a que recobre el camino hacia su Salvador y de esa manera vuelva a encender la luz que permita a la humanidad no perderse en el abismo de la violencia. Que todos los santos en el cielo oren por esto...”

Francisco le Unta Mantequilla.

Poco después de la publicación de La Profezia Finale, Socci recibió una carta manuscrita de nada menos que el propio Francisco. Dirigida a “Querido hermano”, la carta no era diferente de la llamada telefónica que Francisco había hecho a Mario Palmaro, el fallecido coautor de otra mordaz crítica del pontificado. intitulada 'No nos Gusta este Papa'. La médula de la carta y de la llamada telefónica fue la misma: “Aprecio su crítica de mi persona.”

Puede perdonársele a uno por pensar que un politico eclesial tan sagaz como Francisco pudiera haber tenido en mente recurrir a un poco de adulación a sus críticos más efectivos y más ampliamente leídos. Pero la carta a Socci (así como la llamada telefónica a Palmaro) acaba con toda insinuación de que los 'tradicionalistas' ofenden la fe cuando publican una fuerte crítica de este Papa. El propio Francisco zanja esa discusión.

En todo caso, Socci, no sin conmoverse por esta atención personal del Supremo Pontífice, no ha dado un solo paso atrás en su enjuiciamiento. Su columna más reciente (a la fecha en que escribo esto) lamenta el enorme daño que la 'nueva Iglesia' de Bergoglio está causando “a la Iglesia de todos los tiempos,” que amenaza ser “más devastadora que Lutero.”

Para terminar, debe uno preguntarse: ¿dónde están los prelados que, viendo sin duda lo que Socci ve, se atrevan a unirse a él ― y a los laicos preocupados de todo el mundo ― para oponerse a la vertiginosa ola de 'Bergoglianismo', un fenómeno como ningún otro que jamás se haya visto anteriormente en los anales del papado.

Lea o no lea usted italiano, adquiera este libro. Sera usted dueño de un pedazo de historia. Y que Dios bendiga y proteja a su valiente autor.