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domingo, 26 de julio de 2015

Pablo IV y los Herejes de su Época

Por Roberto de Mattei
Corrispondenza Romana
18 de febrero de 2015

Traducido al español por Roberto Hope, de la traducción al inglés hecha por Francesca Romana


El cónclave que se inició el 30 de noviembre de 1549, después de la muerte de Pablo III, fue ciertamente uno de los más dramáticos en la historia de a Iglesia.  El cardenal inglés, Reginaldo Pole (1500-1558) se señalaba por la mayoría como el gran favorito. Ya se le había preparado la vestimenta pontifical y ya le había mostrado a alguien su discurso de agradecimiento. El 5 de diciembre a Pole sólo le faltaba un voto para conseguir la tiara pontificia, cuando el cardenal Juan Pedro Carafa se levantó, y al frente de la asombrada asamblea lo acusó públicamente de herejía, reprochándole, entre otras cosas, el que haya apoyado la doble justificación cripto-luterana que habia sido rechazada por el Concilio de Trento en 1547. Carafa era conocido por su integridad doctrinal y su vida piadosa. El apoyo a Pole se colapsó y, luego de largas disputas, el 7 de febrero de 1550 el Cardenal Juan del Monte fue electo, tomando el nombre de Julio III (1487-1555).

La acusación de herajía que fue lanzada por primera vez contra un cardenal en un cónclave, reflejaba las divisiones que había entre católicos ante el protestantismo (cfr. Paolo Simoncelli, The Case of Reginald Pole, Heresy and Holiness in 16th Century Polemics, Editions of History and Literature, Roma, 1977). Entre los años 30 y los 60 del Siglo XVI, se habían propagado tendencias heréticas en el mundo eclesiástico romano y el partido de los “Spirituali” había surgido, representado por figuras ambiguas como los Cardenales Reginaldo Pole, Gaspar Contanni (1483-1542) y Juan Morone (1509-1580):  Ellos cultivaban un cristianismo irenista y querían proponer la reconciliación del luteranismo con la estructura institucional de la Iglesia Romana.

Pole había formado un círculo heterodoxo en Viterbo; Morone, cuando era obispo de Modena, entre 1543 y 1545, había escogido predicadores, todos los cuales fueron posteriormente sometidos a proceso por herejía. Las actas de los procesos inquisitoriales del Cardenal Morone (1557- 1567), de Pedro Carnesecch, (1557-1567) y de Víctor Soranzo, (1550-1558) (todos ellos parte del círculo de los “Spirituali”), hechas publicas por el Instituto Histórico Italiano de la Era Moderna y Contemporánea y por los Archivos Secretos del Vaticano entre 1981 y 2004, revelan cuán denso había llegado a ser este entramado de complicidad  – aunque combatido vigorosamente por dos hombres, ambos destinados a llegar a Papas, Juan Pedro Carafa, el futuro Pablo IV y Miguel Ghislieri, el futuro Pio V. Ambos estaban convencidos de que los “Spirituali” eran, en realidad, cripto-luteranos.

Juan Pedro Carafa, junto con Cayetano de Thiene (San Cayetano) habían fundado la orden de los Teatinos, y habían sido seleccionados por Adriano VI para colaborar en la reforma universal de la Iglesia, interrumpida por la muerte prematura del Obispo de Utrecht. Le debemos la institución del Santo Oficio de la Inquisición Romana principalmente al Cardenal Carafa. La Bula Licet ab Initio del 21 de julio de 1542, con la cual Pablo III había instituido este organismo, de conformidad con la sugerencia de Carafa, fue una declaración de guerra contra la herejía. Había aquéllos que querían continuar esta guerra hasta la extirpación de todo error y aquéllos otros que la querían terminar por lograr la paz religiosa.

A la muerte de Julio III, en el cónclave de 1555, los dos partidos chocaron nuevamente y el 23 de mayo de 1555, el Cardenal Juan Pedro Carafa fue elegido Papa, superando por un pelito al Cardenal Morone. Tenía entonces 79 años y tomó el nombre de Pablo IV. Fue un Papa sin miramientos, que tenía como sus principales objetivos el combate a las herejías y la verdadera reforma de la Iglesia. Combatió la simonía, impuso la residencia de los obispos en sus propias diócesis, restableció la disciplina monástica. Impartió un ímpetu vigoroso al Tribunal de la Inquisición e instituyó el Índice de Libros Prohibidos. Su mano derecha era un humilde fraile dominico, Miguel Ghisleri, a quien nombró obispo de Nepi y Sutri (1556), cardenal (1557) y Gran Inquisidor de por vida (1558), abriéndole así el camino al Papado.

El 1° de junio de 1557, Pablo IV comunicó a los cardenales, que había ordenado la encarcelación del Cardenal Morone, bajo la sospecha de herejía. Le había encargado a la Inquisición que llevara a cabo el proceso y que turnara los resultados del mismo al Sagrado Colegio Cardenalicio. Pablo IV dirigió la misma acusación contra el Cardenal Pole, quien estaba en Inglaterra y fue removido de su cargo de legado. El Cardenal Morone fue aprisionado en Castel Sant'Angelo y liberado sólo en agosto de 1559 cuando, en la víspera de su sentencia, a la muerte del Papa, recuperó su libertad y participó en el cónclave subsiguiente.

En marzo de 1559, unos meses antes de su muerte, Pablo IV publicó la Bula Cum ex Apostolato Officio, en la cual confrontó el problema de la posible herejía de un Papa (cfr Bullarum Diplomatum et Privilegiorum Sanctorum Romanum Pontificum, S. e H. Dalmezzo, Augustae Taurinorum, 1860, VI, págs. 551-556).  En él leemos “... aun el Romano Pontífice, que es el representante de Dios y de Nuestro Señor Jesucristo en la Tierra, quien tiene la plenitud del poder sobre pueblos y reinos, quien puede juzgar a todos y no ser juzgado por nadie en este mundo, puede de todos modos ser contradecido si se le halla que se ha apartado de la Fe y 'si esto ocurriera en alguna época anterior (...) a su  promoción o elevación a cardenal o a romano pontífice, se hubiera apartado de la Fe Católica o caído en alguna herejía o incurrido en cisma {entonces], la promoción o elevación, aun cuando no haya sido disputada o haya sido con el asentimiento unánime de todos los cardenales, será nula, inválida e inútil.”

Esta bula vuelve a proponer el principio canónico medioeval casi a la letra, de acuerdo con el cual el Papa no puede ser contradecido ni juzgado por nadie “nisse deprehandatur a fide devius” a menos que se aparte de la fe (Ivo de Chartres, Decretales, V, capítuo 23, col 329-330), Hay un debate sobre si la bula de Pablo IV es una decisión dogmática o un acto disciplinario, si aún sigue en vigor o si ha sido abrogada implícitamente por el Código de Derecho Canónico de 1917, si aplica al Papa que incurre en herejía antes o después de su elección, etc. No trataremos esas cuestiones. El Cum ex Apostolato Officio es todavía un documento pontifical autoritario que confirma la posibilidad de un Papa hereje, aun cuando no hace indicación del procedimiento concreto mediante el cual podría perder su pontificado.

Después de Pablo IV se eligió a un Papa político el 25 de diciembre de 1559, Pío IV  (Juan Ángel Medici de Marignano  – 1499-1565).  El 6 de enero de 1560, el nuevo pontífice ordenó la anulación del proceso contra Morone, re-instalándolo en su anterior cargo y chocando seriamente contra el Cardenal Ghislieri, a quien consideraba un fanático de la Inquisición.  El “Inquisitor major et perpetuus” fue privado de los poderes excepcionales que le habían sido conferidos por Pablo IV, y fue transferido a la diócesis secundaria de Mondovi.  Sin embargo, a la muerte de Pío IV, el 7 de enero de 1566, Miguel Ghisleri fue inesperadamente elegido Papa, tomando el nombre de Pío V.  Su pontificado fue puesto en continuidad completa con el de Pablo IV, reanudando la actividad inquisitorial nuevamente. El Cardenal Morone, quien como legado pontificio había sido encargado por Pablo III de abrir el Concilio de Trento, y al mandato de Pio IV había dirigido las últimas sesiones del mismo, obtuvo la suspensión de su sentencia.

La historia de la Iglesia, aún en épocas de sus más amargos choques internos es mucho más compleja que lo que muchos piensan.  El Concilio de Trento, que es un monumento de la Fe Católica, fue inaugurado y luego clausurado por un hombre gravemente sospechado de sostener la herejía luterana. Cuando murió en 1580, Juan Morone fue enterrado en Santa María sopra Minerva (su tumba ahora no se encuentra), la misma basílica en la cual San Pío V quería elevar un mausoleo al acusador de Morone e inició el proceso por la canonización del campeón de la ortodoxia, Juan Pedro Carafa, el Papa Pablo IV.

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