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lunes, 3 de agosto de 2015

Los Americanos Compran el Programa Marxista de Planificación Familiar

El plan de diez puntos de Marx y Engels para imponer el Comunismo incluye medidas drásticas contra la familia, que muchos americanos apoyan hoy en día.


por Paul Klengor

Traducido del inglés por Roberto Hope


Si nunca ha usted leído el “Manifiesto Comunista” de Karl Marx y Friedrich Engels, publicado en 1848, debería leerlo, especialmente ahora, Por cierto, leer esta horrorosa diatriba contra la naturaleza humana puede ser confuso, y no se diga insatisfactorio y enteramente inedificante. ¿Qué quieren decir los autores, por ejemplo, cuando claman, “¡Abolición de la familia!” Hasta los más radicales se inflaman ante esta infame propuesta de los comunistas.

Lo que Marx y Engels quisieron decir con abolición es cuestión debatible, la cual detallo en mi libro “Takedown: From Communists to Progressives, How the Left has Sabotaged Family and Marriage.”  (“Desmantelamiento. Cómo la Izquierda ha Saboteado la Familia y el Matrimonio.”) En él trato extensamente los puntos de vista intranquilizadores  que expresan los fundadores del  comunismo sobre la familia, el matrimonio, la sexualidad y demás.

Ellos son solamente una escala en una larga lista de izquierdistas, tales como Robert Owen, Charles Fournier, Vladimir Lenin, Leon Trotsky, Alexandra Kollontai, Margaret Sanger, Margaret Meade, Wilhelm Reich, Herbert Marcuse, Betty Friedan, Kate Millett, los Bolcheviques, la Escuela de Frankfurt de marxistas culturales, Mao Tse Tung, diversos radicales de los sesentas, desde Bill Ayers y Bernardine Dohm hasta Mark Rudd y Tom Hayden, pasando por grupos contemporáneos, como la campaña Beyond Marriage y varios activistas pro matrimonio homosexual —todos sólo para comenzar— que se han dedicado a transformar fundamentalmente el matrimonio y la familia natural, tradicional y bíblica.

Aun cuando varían en sus creencias, todos se ponen de punta ante la idea de un Dios o creador absoluto que ha establecido eternamente normas para el matrimonio de un hombre con una mujer y para la familia.  Los comunistas de hoy en día, en lugares tales como People's World, en la página de internet del Partido Comunista de los EUA, y aun en lugares que alguna vez fueron militantes anti-homosexuales, como la Cuba de Castro, están acogiendo el matrimonio homosexual como el vehículo largamente esperado que habían buscado por siglos para re-conformar, re-definir, y desmantelar el matrimonio natural-tradicional-bíblico —y para atacar a la religión y a los creyentes. Están fuera de sí en una mezcla de perplejidad y gozo de ver que la cultura general está finalmente con ellos ¡por fin! en uno de sus numerosos esfuerzos por re-definir la familia y el matrimonio.

Esto no significa, desde luego, que vaya usted a encontrar apoyo por el matrimonio homosexual en los escritos de Max y Engels. Por favor ¡no sea bobo! Ningún grupo de radicales a lo largo de los 2000 años del Occidente Judeo Cristiano jamás contempló eso. La mera fugaz contemplación, la mera noción momantánea, la más efímera fantasía de un hombre casándose legalmente con otro hombre (con una extendida aceptación cultural) en los años 1850s o los 1950's o tan recientemente como los 1980s y 1990s habrían sido objeto de mofa, como algo necio e incomprensible.

El odio de Marx y Engels hacia la familia
No obstante, a lo largo del camino que empujó a la civilización hasta este punto históricamente extremo, algunas fuerzas influyentes surgieron en la extrema izquierda que no pueden y no deben ser desdeñadas. Entre ciertos elementos había un radicalismo sexual pronunciado que podría decirse que ayudaron a pavimentar el camino, o por lo menos abrieron la brecha,  Unos de esos elementos fueron los neo-marxistas de la Escuela de Frankfurt, que tuvieron un impacto especialmente fuerte en las universidades americanas, particularmente en los años 60s.

Pero eso habría de venir más tarde, un siglo después de Marx y Engels. Para este artículo confinémonos a Marx y Engels. No puedo reiterar aquí lo que necesita muchas páginas para detallarse, pero, en pocas palabras, Marx y Engels no eran grandes fanáticos del matrimonio y la familia. “Bendito es quien no tiene familia", le escribió Marx a Engels, en lo que en el mejor de los casos estaba bromeando, (chistoso ¿no?)

Su semi-sociedad final fue un libro de 1884 que fue publicado por Engels un año después de la muerte de Marx. Intitulado “El Origen de la Familia”, en su prefacio Engels aclara que el libro reflejaba las opiniones de Marx. Engels afirma ahí que Marx había querido escribir esta obra particularmente importante y había producido extractos extensos hasta su muerte, los cuales Engels había reproducido en el libro, en el grado en que le era posible. De hecho, muchas de las ideas en “El Origen de la Familia” pueden encontrarse en la primera obra de Marx y Engels, “La Ideología Germana” que no fue publicada durante sus vidas. Los estudiosos de la obra están seguros de que “El Origen de la Familia” fue esencialmente obra conjunta de los dos fundadores del marxismo, un estudioso calificándolo de “una unidad y continuidad impresionante durante cuatro décadas en los esquemas básicos de sus pensamientos.”

Ahí y en otras partes, vemos, entre otras cosas, una ofensiva fanática por abolir todo derecho a la herencia, por acabar con la educación en el hogar y la educación religiosa, por disolver la monogamia en el matrimonio, por promover la actividad sexual pre- y extra-marital, por promover y “tolerar” (como lo expresó Engels) el “desarrollo gradual del ayuntamiento sexual irrestricto” por mujeres solteras, por nacionalizar todo trabajo del hogar, por pasar a las mujeres a las fábricas, por pasar a los niños a guarderías, por separar a los niños a colectivos comunitarios, separados de sus padres naturales, y principalmente por que la sociedad y el estado sean quienes críen y eduquen a los niños.

Como lo visualizó Engels, “la familia particular deja de ser la unidad económica de la sociedad. El trabajo doméstico privado pasa a ser transformado en una industria social. El cuidado y la educación de los niños se vuelve un asunto público. La sociedad cuida de todos los niños por igual, sean éstos legítimos o no.”

El plan de diez puntos de los comunistas para erradicar a las familias:
Algunas de estas ideas ya estaban emergiendo en “El Manifiesto Comunista”. En él Marx y Engels incluyeron un estremecedor pero revelador plan para su nuevo ideal de humanidad. Aquí va en citas directas:

  • Abolición de la propiedad de la tierra y la aplicación de todas las rentas de tierra a fines públicos
  • Un pesado impuesto sobre la renta, progresivo o graduado
  • La abolición de todo derecho a herencia
  • La confiscación de toda propiedad de emigrantes y de rebeldes
  • La centralización del crédito en las manos del estado por medio de un banco nacional con capital del estado y un monopolio exclusivo
  • Centralización de los medios de comunicación y de transporte en manos del estado
  • La extensión de las fábricas e instrumentos de producción propiedad del estado, la puesta en cultivo de las tierras ociosas y el mejoramiento de la tierra de acuerdo con un plan común
  • Obligación igual para todos de trabajar.
  • Abolición gradual de toda distinción entre campo y ciudad por medio de una distribución más equitativa de la población en el campo
  • La educación gratuita de los niños en escuelas públicas

Eso es lo que el Manifiesto Comunista en verdad dice y, lo que es peor, propone no para un país sino para todo el mundo. Es, obviamente, una receta para el despotismo, como lo reconoció el propio Marx como prefacio a sus diez puntos: “Desde luego, al principio, esto no podrá llevarse a efecto, excepto por medio de intrusiones despóticas”

El marxismo no fue secuestrado por déspotas; el marxismo exige déspotas. Sólo un iluso no se daría cuenta al instante, intuitivamente, que llevar a efecto esta visión, necesariamente habría de generar masivos derramemientos de sangre. Esto es por lo que, me imagino, la mayoría de los profesores marxistas no se atreven a encargar a sus alumnos a que lean el "Manifiesto Comunista." Sus estudiantes me dicen siempre “El Manifiesto Comunista es realmente un libro bastante bueno, con buenas ideas si simplemente se toma uno el tiempo de leerlo.” Mi respuesta: "¿De veras? ¿lo has leído? pues yo sí.” Esa respuesta siempre produce una mirada perdida.

Pero regresemos al tema del matrimonio y la familia. Nótese que varios de estos diez puntos del plan de Marx y Engels impactaría directamente a la familia. Vea los puntos uno, dos, tres nueve y diez. Resaltemos y comentemos algunos de ellos:

Cómo destruye el comunismo las familias
Nótese el llamado del punto tres a extinguir “todo derecho a herencia.” Marx y Engels vieron la herencia como una amenaza que perpetuaba el papel de la familia tadicional. ¿Cómo podía una sociedad sin clases garantizar la igualdad del ingreso cuando a algunas personas por su nacimiento se les daba mayor ingreso de sus padres que a otras?

Esto es irónico, dado que tanto Marx como Engels existían y operaban a costa de la herencia de Engels, que subsidiaba su trabajo, especialmente después de que Marx absorbió tanto dinero como pudo de sus propios padres, financieramente exhaustos, que quedaron amargados por la manera como él los explotó. La relación de Marx con sus padres era de plano parasítica. La madre de Marx abiertamente expresaba el deseo de que Marx dejara de escribir sobre el capital y comenzara a acumular un poco para él y su familia. No obstante ello, hicieron su recomendación de abolir todo derecho a herencia.

Por supuesto, el derecho a la herencia es parte del derecho a la propiedad privada, que Marx y Engels despreciaban. De hecho, el objetivo central del "Manifiesto Comunista” es precisamente ése. Los autores lo resumieron así: “.. la teoría de los Comunistas puede resumirse en uns sola oración: Abolición de la propiedad privada.”

El punto nueve del plan de diez puntos de Marx y Engels llamaba a “una gradual abolición de toda distinción entre ciudad y campo mediante una distribución más equitativa de la población en el campo.” Esto obvia y dolorosamente afectaba a las familias. Para los regímenes comunistas en naciones como Cambodia, esta "abolición gradual" tomó la forma de deportaciones masivas, inmediatas, de un día para otro, a punta de rifles automáticos, una acción drástica nauseabunda captada vivamente en la película The Killing Fields (Los Gritos del Silencio) de 1984.

Separar a los niños de sus padres
Otro que llevó este consejo al extremo fue Leonid Sabsovich, el principal planificador urbano bajo Lenin y Stalin. En una serie de influyentes escritos publicados por el Kremlin a finales de los años 1920s, Sabsovich abogaba por la total separación de los niños de sus padres, comenzando en los años más tiernos del desarrollo del infante. Sabsovich excoriaba a aquéllos que no estaban de acuerdo con esto: Aquéllos que veían su sugerencia de una separación total de los hijos de sus padres como algo anti-natural e indeseado eran unos cretinos anti-progresistas 'empapados en prejuicios de pequeña burguesía como los de la intelligentsia'; fanáticos intolerantes. Igualmente, como se esperaría de un izquierdista recalcitrante, abogaba por un poder absoluto del estado para aplastar a todo el que se pusiera en su camino.

Sabsovich insistía que debido a que el niño debía ser y era propiedad del estado, y no de la familia, el estado tenía el poder de obligar a los padres a pasar a sus críos a 'pueblos de niños' especialmente diseñados. Esos pueblos debían ser construidos 'a distancia de la familia.' Tales propuestas extremas para la familia de este comunista urbano se incorporarían a sus planes para crear la 'ciudad socialista ideal.'

Finalmente, y de manera breve, veamos el punto diez del gran plan de Marx y Engels: Proponían la 'educación gratuita' para todo niño en 'escuelas públicas.' Ya no más de lo que denunciaban como la 'sacrosanta correlación de padre e hijo' y 'las burradas burguesas acerca de la familia y la educación.' Sobre todo, decían Marx y Engels, “La revolución comunista es la ruptura más radical con las relaciones tradicionales; no es de extrañarse que su desarrollo implique la ruptura más radical con las ideas tradicionales.” Efectivamente, no es de extrañarse.

Entre esas ideas, en su epicentro, estaba la ruptura con el matrimonio y la familia natural, tradicional y bíblica. Tenía que ser puesta en la mira. ¡Ay! Hasta ahora, dos siglos más tarde la familia está siendo redefinida. En lo que quizás sea la ruptura más radical de todas, aquéllos que están propugnando por la redefinición no son excéntricos filósofos ateos alemanes, sentados en cafés europeos, sino americanos normales de todos los días, el Sr. y la Sra. Convencional.

Lo que no sólo están proponiendo, sino vigorosamente y con frecuencia militantemente propugnando, es la peor ruptura radical de todas —tan radical, que Marx y Engels quedarían estupefactos del mero pensamiento acerca de dónde se encuentran los Estados Unidos y Occidente hoy en día, en lo referente al matrimonio del mismo sexo. Estamos penetrando un territorio enteramente nuevo en el largo, larguísimo trayecto de la historia humana, y los irruptores actúan como si no fuera para nada la gran cosa, por el contrario, pintan a aquéllos que se oponen al matrimonio homosexual como los extremistas y, por supuesto, como azusadores al odio.

Éste es un tiempo especialmente excitante para los izquierdistas extremos. Sin duda están extasiados con su éxito, y aún mas, por sus inesperados aliados en la cultura convencional. Están genuinamente transformando la naturaleza humana. Y lo están haciendo con el apoyo inconsciente de un enorme segmento de ciudadanos que no se dan cuenta de lo que está pasando. Esto ha estado acercándose desde hace mucho tiempo.

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