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sábado, 26 de marzo de 2016

Un Enjuiciamiento Histórico

Reseña del libro La Profezia Finale, de Antonio Socci

(primera de tres partes)
por Christopher A. Ferrara

Tomado de : http://www.cfnews.org/page10/page104/socci_indictment_of_francis.html
Traducido del inglés por Roberto Hope

Introducción

Una y otra vez, el intelectual público italiano, y católico, Antonio Socci, ha sacudido a los católicos 'convencionales' con un desenmascaramiento explosivo que confirma el diagnóstico de la actual crisis de la Iglesia que se hace en los círculos 'tradicionalistas' y 'Fatimistas'. A diferencia de tantos de sus colegas comentaristas católicos, Socci no se tienta el corazón al publicar lo que la honestidad intelectual exige con respecto a nuestra situación actual. De ahí su Cuarto Secreto de Fátima, que exhibió directamente a la luz pública ― de donde simplemente no desaparecerá ― la evidencia masiva que existe sobre la falta de una revelación completa del Tercer Secreto por parte del Vaticano. De igual manera, su Non é Francesco (juego de palabras del título de una canción popular italiana), valientemente confronta el desastre del pontificado actual, aun si uno pusiera reparos con respecto a los dudosos argumentos de Socci contra la validez de la elección del Cardenal Bergoglio (como aparentemente el mismo Socci lo ha hecho posteriormente).

Ahora llega La Profezia Finale, que consiste principalmente en una carta abierta a Francisco luego de un repaso introductorio de las apariciones marianas aprobadas y de otras profesías, especialmente del Mensaje de Fátima y del completo Tercer Secreto, que convergen unos con otros en  “calificar a nuestro tiempo como una época de inflexión de proporciones casi apocalípticas.”

Como el libro ha sido publicado hasta ahora sólo en italiano, y pudiera jamás ver una edición inglesa ― las traducciónes aquí contenidas son mías ― lo que parece ser apropiado en este caso es una reseña del libro, consistente más bien en un repaso del texto más que una mera descripción sumaria. Lo que eleva este trabajo al nivel de un documento histórico es la carta abierta a Francisco. Aquí encontramos un texto bajo el cual caldea una furia apenas oculta pero plenamente justificada sobre los efectos perniciosos de lo que Socci ha dado en llamar 'Bergoglianismo' ― una mezcla de piedad popular, ideología izquierdista, desdén a la adhesión estricta a las doctrinas y disciplinas de la Iglesia, y culto a la personalidad, fomentado y sustentado por unos medios masivos de comunicación que se deleitan con un Papa que, dice Socci, parece haberse “empeñado en atacar a la Iglesia” en vez de defenderla contra quienes la atacan.

El título de la carta abierta, 'Una Responsabilidad Terrible ante Dios' establece el tono de lo que viene a ser un cáustico enjuiciamiento del pontificado entero, el cual, precisamente por razón de su manifiesta hostilidad hacia la Tradición, goza de la “insoportable adulación de los medios, sobre todo los laicistas y enemigos de Jesucristo, que propagan con respecto a Usted un verdadero culto a la personalidad” (p. 92)

Francisco, dice Socci, está promoviendo el error de un cristianismo 'puro' (citando a Andreas Hoffer), un tipo de 'supercristianismo' que pretende ser “más bueno que hasta el mismo Jesús porque sostiene que 'ya no basta con amar al pecador.... Es necesario amar hasta el mismo pecado'." (p. 98). No sin razón el irónicamente intitulado 'Sínodo de la Familia' ha sido ampliamente denigrado como el “Sínodo contra la Familia” y [en inglés, mediante un juego de palabras] el “Sin Nod” (asentimiento al pecado) . De hecho, mientras escribo estas líneas, el mundo católico espera con temor una 'Exhortación Apostólica' de 200 páginas, que pudiera llegar a hacer lo que el Sínodo no llegó a aprobar a pesar de la descarada manipulación de Francisco y de sus feroces denuncias contra los 'rigoristas' y fariseos' de entre los Padres del Sínodo: la admisión de los adúlteros públicos a la Sagrada Comunión y una mayor 'aceptación' de aquéllos que viven en concubinato y aun a las 'uniones homosexuales'.

En suma, arguye Socci, Francisco se ha afanado en la “abolición del enemigo externo y la fabricación de un enemigo interno” ― no los Modernistas, sino los defensores de la Fe en toda su integridad, de quienes Francisco habitualmente se mofa y ridiculiza como 'rigoristas' y 'fundamentalistas' (p. 99). Soccí denuncia que en medio de la 'dictadura del relativismo' que lamentaba Benedicto XVI, que “ahora se ha consolidado en Occidente,” los católicos que se le oponen son apaleados y marginados desde la cima más alta de la Iglesia: por Usted [énfasis añadido aquí y en el resto el artículo]

Sin embargo, con la Iglesia encarando un giro de carácter apocalíptico en el campo de lo espiritual, a Francisco se le ocurre publicar una encíclica sobre ecología, que aborda “la separación de los desperdicios y el abuso de las botellas de plástico y de los aparatos de aire acondicionado.” Socci pregunta; “¿Está Usted seguro de que ésta es la respuesta que el Vicario de Cristo debe dar a una crisis espiritual verdaderamente apocalíptica...?"

Socci exhibe una lista de detalles para su denuncia, bajo una serie de encabezados que representan diversos aspectos del programa Bergogliano.


Confusión Bergogliana

Bajo el encabezado 'Confusión', Socci hace notar la naturaleza sin precedentes del 'Jubileo de la Misericordia,' "el primer jubileo en la Historia de la Iglesia que no incluye la memoria de la vida terrena de Jesús... [y] celebra solamente un acontecimiento de la Iglesia: los cincuenta años desde el Concilio Vaticano Segundo." (p. 108).

La misericordia, dice Socci, “no fue inventada en el 2013,” pero este suceso ― con sus miles de “puertas de la misericordia” y sin requisitos claros para la obtención de indulgencia plenaria, parece insinuar (citando a Sandro Magister) “la cancelación total del pecado, ya sin señal alguna de la remisión de la pena consecuente. La palabra 'pena' es otra de las palabras que se han desvanecido" (p. 113). Hasta el llamado al arrepentimiento y a la conversión es “hecha a un lado porque Usted ― como lo ha dicho públicamente ― no quiere convertir a nadie y considera el proselitismo una insensatez.”

Socci cita la homilía de Francisco del 8 de diciembre del 2015, en la cual declara que es malo afirmar acerca de Dios “que los pecadores son condenados por Su Juicio, sin preferir decir, en vez de eso, que son perdonados por su misericordia.” La impresión es que Dios “ha perdonado todo 'a priori' y que ni siquiera es necesario enmendar la vida de uno.” Socci observa que Nuestro Señor Mismo lamentaba este 'terrible auto-engaño' en una locución interior narrada por Santa Brígida de Suecia, en la cual Él le dice que la fundamentación de la Iglesia en la Fe ha sido minada porque “todos creen en mí y predican la misericordia, pero nadie predica y cree que Yo Soy el juez justo... Yo no dejaré el menor pecado sin castigo, ni el menor bien sin recompensa.”

Socci pregunta: “Pero ¿por qué ha tomado este giro su pontificado?” El resto de la carta abierta presenta la evidencia de lo que considera que es la respuesta a esa pregunta, y esta respuesta no podría ser más explosiva:

“...en vez de combatir los errores (y algunos de los que yerran) se ha puesto Usted a combatir la Iglesia... Le recordaría que la Iglesia es la esposa de Cristo por la cual Él fue crucificado, y el siervo que ha recibido del Rey la encomienda de defender pro tempore a Su esposa no puede humillarla en la plaza pública, tratándola como un niño malcriado... Es necesario arrodillarse ante el Señor, no ante la prensa.” (pp. 119-120)

Sínodo de Subversión.

Bajo el encabezado 'Subversión', Socci dirige su mira hacia el tempestuoso Sínodo, que correctamente describe como “un ataque mortal a la familia y al sacramento de la Eucaristía, que fue sistemáticamente ... llevado a cabo por la cúspide Vaticana”, “auxiliado con el derrocamiento del Magisterio Perenne de la Iglesia a lo largo de dos años” y fue “promovido por aquél que debiera ser el custodio y defensor de esa enseñanza” (p. 126).

Socci cita la observación hecha por el Cardenal Pell, de que el Sínodo había sido una 'guerra teológica' en la cual la indisolubilidad del matrimonio era como una bandera a ser capturada en la “batalla entre lo que queda del cristianismo en Europa y un neopaganismo agresivo. Todos los adversarios del cristianismo quieren que la Iglesia capitule en este punto.”

Pero, sigue escribiendo Socci, en tanto que Francisco “debería haber encabezado la resistencia contra las fuerzas que buscaban la capitulación de la Iglesia, en vez de ello todo mundo, cada vez con mayor evidencia y fuerza ― lo vio encabezar la facción revolucionaria” (pp. 126-127). Así, Ross Douthat, del New York Times, pudo escribir: "en este momento, el primer conspirador es el propio Papa." "No es de extrañarse, observa Socci con disgusto, que la revista Newsweek haya publicado un artículo de portada, intitulado '¿Es católico el Papa?' ― pregunta que nunca antes había sido planteada acerca de sus predecesores y ningún católico se hubiera jamás planteado, pero con Usted estamos ante un Papa que, como lo reportó un notorio diario laicista [La Repubblica], declaró literalmente ´No existe un Dios católico'.” En la misma línea, The American Spectator pintó a Francisco “sentado encima de una bola de demolición que reducía a polvo un edificio” [la torre de una iglesia] (p. 124)


¿Un Papa meteorólogo?

Bajo el encabezado 'Obsesión con el Clima' Socci contrasta la declinación apocalíptica de la fe y la moral en todo el Occidente con la obsesión inexplicable de este Papa por un supuesto 'apocalipsis climático.' La pregunta de Socci es devastadora; “En verdad necesita la Iglesia de un Papa climatológo y meteorólogo?” (p. 131). Observando que no hay “certeza científica que pruebe indisputablemente que hoy haya un cambio catastrófico en el clima y que eso sea imputable a la actividad humana” Socci declara:

“Sin embargo, Usted, Santo Padre, que siempre se mantiene frío y ajeno con relación al dogma de la Iglesia, se ha casado sin cuestionarlos con absurdos dogmas ecológicos... haciendo una profesión de fe, esculpida en roca, en esa absurda ideología climática...Es impropio y ridículo que un Papa haga del clima y del medio ambiente (a cuyo tema dedicó la primera encíclica que escribió) el núcleo de su predicación... El Señor nunca dijo 'Conviértanse y crean en el calentamiento global', sino: 'Conviértanse y crean en el Evangelio.' Y nunca ordenó 'Segreguen su basura', sino 'Vayan y bauticen a todas las naciones'.” (p.134)

La escaldante conclusión de Socci (citando una editorial escrita por Riccardo Casciolo) es que “Uno tiene la impresión de que el mensaje fundamental de la Iglesia ha cambiado: 'De salvadora de los hombres a salvadora del planeta'.”

Leones y Tigres y Osos

Bajo el encabezado 'Exhibición Preocupante', Socci denuncia "la disparatada y escandalosa exhibición de luces proyectada en la fachada de [la Basílica de] San Pedro, nada menos que el día de la Inmaculada Concepción. Con el título Fiat Lux (Hágase la Luz) la exhibición fue una burlona afrenta y una parodia del Evangelio en el cual la expresión indica el acto del Creador y luego identifica la Luz con Cristo que ha venido a iluminar la obscuridad.”

Repleta de figuras de animales pero desprovista de siquiera un indicio de simbolismo cristiano, este espectáculo representa una total inversión del mensaje del Evangelio: “el mundo proyecta su luz sobre la Iglesia que está inmersa en la obscuridad. Y en ese espectáculo la Iglesia recibe la luz del mundo” (p. 138). Y mientras las imágenes del mundo eran proyectadas sobre la basílica que se yergue en el corazón de la Iglesia, la luz sobre el nacimiento que estaba colocado en la Plaza de San Pedro, fue apagada porque “la luz del niño Jesús no debe nunca perturbar la escenificación de la nueva religión ecológica.” (p. 139)

Aquí Socci cita un sorprendentemente apropiado pasaje de las Escrituras, de la Epístola [de San Pablo] a los Romanos: “Profesando ser sabios, se hicieron necios y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles (Rom 1:22:23).” Y todavía otra evaluación devastadora más es lanzada a los pies de Francisco.

“Pero sobre todo, Padre Bergoglio [una referencia al gusto del Papa por presentarse a sí mismo de esa manera] ¿cómo es posible que no se dé cuenta ni señale otras emergencias que aquéllas del clima; ni siquiera con la misma insistencia? ¿La apostasía de pueblos enteros, de la fe en el verdadero Dios no es un drama que amerite sus llamados más ardientes? ¿La guerra contra la familia y contra la vida? ¿El abandono de Cristo y la masacre de comunidades cristianas? Parece ser que solamente el medio ambiente y otros temas de la religión de corrección política ameritan la pasión de Usted."

“Un gran intelectual francés, Alain Finkielkraut, lo ha descrito a Usted como el 'Supremo Pontífice del mundo de ideología periodística.' ¿Está él equivocado? ¿Exagera?"

“En efecto, en la Iglesia 'de Usted' parece ser que los temas de separación de la basura y del reciclado tienen precedencia sobre la tragedia de pueblos enteros que, a la vuelta de pocos años han abandonado la fe. Usted suena la alarma por el 'calentamiento global' cuando durante dos milenios la Iglesia lo había venido haciendo por el fuego del Infierno.” (p. 142)

De aquí, Socci se embarca en una exposición del Mensaje de Fátima y precisamente de sus admoniciones sobre la pérdida de las almas en el Infierno por toda la eternidad. La Señora de Fátima, escribe él, “no presentó los cálculos de los ambientalistas sobre el clima del planeta, sino hizo que los pequeños niños vieran el fuego eterno del Infierno, y les dijo con tristeza: 'Han visto el Infierno, a donde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlas, Dios desea establecer la devoción del mundo a mi Corazón Inmaculado. Muchas almas van al infierno porque no tienen a nadie que rece y haga sacrificios por ellos.' ”

Ésta, sigue diciendo Socci, “es la verdadera tragedia, Santo Padre, la perdición eterna de multitudes. No ― si me lo permite ― la pérdida de la biodiversidad, o por lo menos no para nosotros los cristianos. Sin embargo, Usted nunca habla de ello. Más bien, a veces casi induce Usted a la creencia de que todo mundo será salvado porque 'Dios no condena'.” (pp. 142-143).

Resumiendo su indisimulado desdén por la preocupación del Papa por el calentamiento global en vez de por el fuego eterno, del cual Nuestra Señora vino a advertir al mundo en Fátima, Socci escribe:

“Ante la catástrofe espiritual de la perdición eterna de multitudes, que indujo a la madre de Dios a venir seriamente a la Tierra, encuentro francamente incomprensible que se preocupe en su mayor parte ― como lo hizo en su encíclica Laudato si ― de la biodiversidad, la suerte de los gusanos y los pequeños reptiles, de los lagos, y del abuso de las botellas de plástico y del aire acondicionado.” (p. 148)

(Continuará)

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