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domingo, 27 de marzo de 2016

Un Enjuiciamiento Histórico

Reseña del libro La Profezia Finale, de Antonio Socci

(segunda de tres partes)
por Christopher A. Ferrara

Tomado de : http://www.cfnews.org/page10/page104/socci_indictment_of_francis.html
Traducido del inglés por Roberto Hope


¿Un Papa a quien no le Gustan los Católicos?

El enjuiciamiento que hace Socci procede luego con el encabezado 'Ataque contra la Fe', una referencia a los enemigos internos de la Iglesia desde el Concilio Vaticano II, cuya subversión ha sido lamentada (demasiado poco y demasiado tarde) por todos los papas desde el Concilio, incluyendo a Benedicto XVI. Fue Benedicto quien (durante la misa para la apertura del cónclave que lo eligió) declaró que ahora el tener ”una fe clara y cierta” es denunciado como 'fundamentalismo'. Citando ese testimonio, Socci lanza una serie de guantes a los pies de Francisco:

“Le invito, Padre Bergoglio, a que vuelva a leer con atención estas palabras, porque describen dramaticamente lo que está ocurriendo durante su pontificado. De hecho, es precisamente Usted, Santo Padre, quien acusa de padecer 'fundamentalismo' a aquéllos que tienen una fe clara y cierta y dan testimonio de su fidelidad a la doctrina católica."

"Usted curiosamente está convencido de que el peligro para la Iglesia de estos días son los cristianos fervientes y aquellos pastores que defenden el Credo Católico.. En su encíclica Evangelii gaudium, ataca usted a 'algunos que sueñan con una doctrina monolítica' y a aquéllos que 'utilizan un lenguaje enteramente ortodoxo.'

“¿debemos entonces preferir a aquéllos que son llevados acá y allá por cualquier ideología y utilizan lenguaje herético? Evidentemente sí, viendo que ellos nunca son atacados por Usted.

“Cualquier día que uno escoja, encontrará casi siempre que Usted, en su discurso, ataca a aquéllos que Usted llama 'rigoristas', 'rígidos', o sea, gente de fe ferviente a quienes Usted identifica con los 'escribas y fariseos'.” (pp. 153-155)

Socci no tiene pelos en la lengua cuando se refiere a la bien conocido táctica de Francisco de recurrir a una falsa antítesis entre la misericordia y el rigor doctrinal, al citar uno de los innumerables discursos en los cuales Francisco declara que los llamados 'doctores de la ley', que conocen bien la doctrina, se separan de la misericordia de Dios. “Pero Usted, Santo Padre,” dice Socci:

“debería superar su resentimiento personal hacia aquéllos que han estudiado; debería saber que, en el horizonte cristiano, es totalmente absurdo el oponer la misericordia a la Verdad, pues ambas están encarnadas en el mismo Jesucristo. Por lo tanto, es falso oponer la doctrina a la pastoral, porque eso equivaldría a oponer el Logos (doctrina) al Buen Pastor (la Verdad hecha carne): Jesús es el Logos (la Verdad hecha carne) y al mismo tiempo, el Buen Pastor.” (p.159)

Socci también señala el justamente infame discurso de Francisco atacando la oposición conservadora, dado al cierre del Sínodo de 2016, en el cual tronó contra los prelados que habían resistido el que el previamente redactado y heterodoxo Instrumentum Laboris les fuese impuesto a fuerzas como 'informe final del Sínodo'. Como lo declaró Francisco en esa arenga, sus oponentes tenían:

  • “... corazones cerrados que con frecuencia se esconden detrás de las enseñanzas de la Iglesia, o detrás de buenas intenciones, para sentarse en la silla de Moisés, a veces con superficialidad y superioridad, a  juzgar casos difíciles y familias heridas.”
  • “Los verdaderos defensores de la doctrina no son aquéllos que defienden la letra sino el espíritu, no la idea, sino al hombre, no la fórmula, sino el amor gratuito de Dios y su perdón”


Vemos aquí el enésimo ejemplo del gusto de Francisco por las falsas antítesis: la letra versus el 'espíritu' de la doctrina; la idea versus el hombre; la 'fórmula' versus el amor de Dios y su perdón. Pero no hay oposición alguna entre estos conceptos; de hecho, son inseparables.

Socci está bastante harto de este tipo de sofismas modernistas, y dispara con ambos cañones:

“Haciendo eso ¿no cree Usted que ha descalificado a sus predecesores y a todo el Magisterio de la Iglesia, con el propósito de afirmar su concepto estrictamente personal de la misericordia, distinto de la doctrina de la Iglesia?”

“Evidentemente, aun Jesús habría sido, según Usted, un doctrinario, rigorista y que defiende la idea en vez del hombre?”

“En efecto ― aplicando el criterio de Usted ― tendríamos que decir que Jesús no habría sido admitido a un seminario durante su pontificado porque fue el más fundamentalista de todos; de hecho, no sólo estaba seguro de la verdad, sino que se proclamó a sí mismo la Verdad hecha carne ('Yo soy el camino, la verdad y la vida' Jn 14,6)”

¿Divorcio católico?

Siguiente en la lista, bajo el encabezado ´Nulidad', está el ataque sorpresa que lanzó Francisco contra el proceso para determinar la nulidad matrimonial, que Francisco agilizó con nuevos cánones redactados en forma semi-secreta y sin consultar a ningún dicasterio competente del Vaticano. El efecto neto de los dos motu proprios que introdujeron estas 'reformas', Mitis Iudex Jesus (para la Iglesia de Occidente) y Mitis et Misericors (para la Iglelsia de Oriente) es, dice Socci, “un total vuelco a la perspectiva: ya no la defensa del sacramento por encima de todo (para la salvación de las almas). Sino más bien el facilitamiento y la rapidez para lograr la anulación.” (p.168)

Socci observa la curiosa insistencia de Francisco en la noción del 'fracaso marital' en el sentido de un resquebrajamiento en las relaciones, que él parece equiparar con un motivo de anulación (inexistencia original) del matrimonio. Pero, como lo observa Socci acertadamente, “hay muchos matrimonios fracasados que son perfectamente válidos” en tanto que “hay muchos matrimonios 'nulos' (que nunca lo han sido desde su inicio) que no son fracasados” en términos de relaciones personales (p. 169). Lo que Francisco ha hecho con sus 'reformas' dice Socci es autorizar la “imposición de una sentencia de nulidad como terapia para las parejas en crisis,” produciendo lo que muchos comentaristas han llamado 'divorcio católico'.

El resultado neto, concluye Socci, es “una verdadera revolución en la historia de la Iglesia.” Y la ironía suprema de esto es que ni siquiera el Cardenal Kasper la pidió; más bien, en el Consistorio de Febrero de 2014, rechazó precisamente “la hipótesis de una generosa ampliación del procedimiento para la nulidad matrimonial” porque “crearía la peligrosa impresión de que la Iglesia está procediendo de una manera deshonesta para conceder lo que en realidad son divorcios.” (p.171)

Increíblemente, pues, Francisco ha superado al mismo Kasper en su ataque a las bases del Sacramento del Santo Matrimonio. Como lo he observado en otra parte, Francisco en su mismo motu proprio admite el peligro de lo que ha hecho: “No se me escapa, sin embargo, cuánto un juicio abreviado pueda poner en riesgo el principio de la indisolubilidad del matrimonio;...”

Volviendo nuevamente al tema de Fátima, Socci nos recuerda que la Hermana Lucía le advirtió al Cardenal Caffarra en una carta al prelado que “El conflicto final entre el Señor y el reino de Satanás será sobre el matrimonio y la familia.” Socci aquí le pide a Francisco que deshaga esta imprevisora reforma: “Fervientemente espero que Usted rescinda todo esto. Tan pronto como sea posible.”

Las Consecuencias de la Liberalización

Llegando al climax de su largo enjuiciamiento, Socci, bajo el encabezado 'Un Saldo Catastrófico' suelta una bomba tras otra al evaluar el argumento de que Francisco está simplemente tratando de atraer almas a través de mitigar el supuesto rigor de la Iglesia. Basta solamente con recitar las observaciones explosivas de Socci:

“Nadie jamás ha sostenido que para atraer a la gente al Evangelio sea necesario desconocer o abolir el Evangelio”

“De los muchos santos y grandes papas que han evangelizado pueblos y continentes enteros, ninguno lo ha hecho jamás diluyendo o adulterando la doctrina de la Fe.”

“Debemos ser la sal de la tierra y la sal cauteriza las heridas. Como la verdad, debemos elegir: o con Él o contra Él. O salvación o perdición.”

"Cuando una confesión religiosa baja la barra para acomodarse a las costumbres mundanas o para atraer miembros decreta su propio suicidio.” (pp. 177-179)

Socci cita el estudio de un renombrado sociólogo, cuyas cifras confirman que las confesiones religiosas cristianas que se liberalizan declinan inmediatemente, mientras que aquéllas que mantienen o vuelven a sus tradiciones prosperan, y que esto es precisamente lo que ha sucedido en la Iglesia Católica liberalizada de la época post-Vaticano II.

En relación con esto, Socci le presenta a Francisco “datos fuertemente negativos con relación a Usted personalmente” demostrando que el tan cacareado 'Efecto Francisco' ha significado realmente una constante caída de participantes en las audiencias papales, a pesar de la “siempre más poderosa máquina de propaganda planetaria que diariamente elogia y exalta su más mínimo gesto, mitologizándolo más que cualquier estrella.” De hecho, observa, a pesar del mito de que Benedicto era “un frío profesor alemán, de quien la gente se sentía distante, en realidad la gente era atraída mucho más por Benedicto XVI,” cuyos discursos en audiencias gozaban de mucha mayor asistencia. Y aun cuando, en contraste con Francisco, los medios eran uniformemente hostiles a Benedicto, “evidentemente el pueblo cristiano, aun cuando bombardeado por los medios, reconocía el acento auténtico que su corazón esperaba.” (pp. 180-181)

En resumen, Socci concluye:

“Evidentemente, su mensaje no sólo no atrae a los distantes, sino aun causa que los que están cerca de Usted huyan... Usted se dirige, en lugar de a ellos, a la elite que lo ha aclamado, sintiéndose confirmada en sus convicciones laicistas. Su personalidad personal ha crecido en exceso. Le llaman el 'efecto Bergoglio', creyendo que el aplauso interesado de los no creyentes y la adulación de los medios llenará las iglesias nuevamente.”

“En vez de eso, cifras en mano, podemos decir que para la Iglesia, el efecto Bergoglio ha sido contraproducente. El contenido de su magisterio ha alejado a la gente de la práctica de la religión, más que atraerla a ella.” (pp. 181-182)

(Continuará)

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