lunes, 30 de mayo de 2016

Amoris laetitia

Primeras Reflexiones acerca de un documento catastrófico — Amoris laetitia

Tomado de http://www.cfnews.org/page88/files/7d8edade9700c31473df93d12f2c34dc-566.html
Traducido del inglés por Roberto Hope

Excelente, concisa y amplia respuesta del Profesor Roberto de Mattei publicada por Rorate Caeli.

Que conste que yo he leído todos los documentos que condujeron a los sínodos de 2014 y de 2015 así como la Exhortación Amoris laetitia de Francisco — por farragosos y tediosos que hayan sido. El comentario de De Mattei va al grano. - J. Vennari

La Exhortación Post Sinodal Amoris laetitia: Reflexiones iniciales acerca de un documento catastrófico

Por Roberto de Mattei

Con la Exhortación Apostólica Amoris laetitia publicada el 8 de Abril [de 2016], el Papa Francisco ha dado oficialmente su opinión sobre cuestiones morales maritales que llevan discutiéndose ya dos años.

En el Consistorio del 20 y 21 de febrero de 2014, Francisco había confiado al Cardenal Kasper la tarea de introducir el debate sobre este tema. La tesis del Cardenal Kasper, según la cual la Iglesia debe cambiar su praxis matrimonial, conformaba el leitmotiv de los dos Sínodos de la Familia, del 2014 y del 2015, y ahora constituye la base de la Exhortación del Papa Francisco.

En el curso de estos dos años, ilustres cardenales, obispos, teólogos y filósofos han participado en el debate para demostrar que debe haber una íntima coherencia entre la doctrina de la iglesia y su praxis. De hecho, el cuidado pastoral debe basarse en la doctrina dogmática y moral. “¡No puede haber cuidado pastoral que esté en disonancia con las verdades y la moral de la Iglesia, que contraste con sus leyes y no esté orientado a alcanzar el ideal de la vida cristiana!” reveló el Cardenal Velasio De Paolis, en su discurso de apertura del Tribunal Eclesiástico de Umbria el 27 de marzo de 2014.

En las semanas que precedieron a la Exhortación post-sinodal se intensificaron las intervenciones de cardenales y obispos dirigidas al Papa, con el objetivo de evitar la promulgación de un documento repleto de errores, revelado por el gran número de enmiendas que la Congregación para la Doctrina de la Fe le hizo al borrador original. Francisco no se arredró y parece haberle encargado la corrección final de la Exhortación, o por lo menos algunos de sus pasajes clave, a alguno de sus teólogos de confianza, quienes trataron de re-interpretar a Santo Tomás a la luz de la dialéctica hegeliana.

De esto ha emergido un texto que no es ambiguo, sino claro — en su vaguedad. La teología de la praxis de hecho excluye toda afirmación doctrinal, dejando a la historia la conformación de los actos y de la conducta humana. Para esto, como lo afirma Francisco, “es comprensible” en la cuestión crucial de los divorciados y vueltos a casar, “que ni el Sínodo ni esta Exhortación podía esperarse que diera un nuevo conjunto de reglas generales, de naturaleza canónica y aplicable a todos los casos” (N° 300). Si estuviéramos convencidos de que los cristianos, en su conducta, no necesitan conformarse a principios absolutos, sino escuchar “los signos de los tiempos” sería contradictorio formular reglas de cualquier clase.

Todos estaban esperando la respuesta a una cuestión básica: ¿pueden aquéllos que, después de un primer matrimonio, se han vuelto a casar por lo civil, recibir el Sacramento de la Eucaristía? La Iglesia siempre ha respondido a esta pregunta con un no categórico. Los divorciados y vueltos a casar no pueden recibir la comunión porque su condición de vida contradice objetivamente la verdad natural y cristiana sobre el matrimonio (“la unión de amor entre Cristo y la Iglesia, significada y actualizada en la Eucaristía”. Familiaris Consortio 84)

La respuesta de la Exhortación post-sinodal es, en cambio, sobre la línea general de — no, pero “en ciertos casos” — sí (N° 305 y nota al calce 351). Los divorciados y vueltos a casar — dice la Exhortación —  de hecho deben ser “integrados” no excluidos (299). Su integración “puede expresarse en distintos servicios eclesiales, lo que necesariamente requiere discernir cuáles de las diversas formas de exclusión que se practican actualmente en el marco litúrgico, pastoral, educacional e institucional, pueden superarse” (N° 299) sin excluir la disciplina sacramental (N° 399).

Lo que es obvio es esto: la prohibición para los divorciados y vueltos a casar de recibir la comunión ya deja de ser absoluta. El Papa no autoriza, como regla general, la comunión para los divorciados, pero tampoco la prohíbe.

En una entrevista con Il Foglio del 15 de marzo de 2014, el Cardenal Caffarra enfatizó, en contra de Kasper: “Aquí se está tocando la doctrina. Inevitablemente. Puede decirse que no es así, pero, al contrario, así es. Se introduce una práctica que, a largo plazo, determinará, no sólo para los cristianos, esta idea: no hay matrimonio que sea absolutamente indisoluble. Y esto, sin duda, va en contra de la voluntad de Dios. Absolutamente no hay duda de eso.” 

Para la teología de la praxis, las reglas no cuentan, sólo los casos concretos. Y lo que no es posible en lo abstracto es posible en lo concreto. Sin embargo, como bien lo observó el Cardenal Burke: “Si la Iglesia permitiera la recepción de los sacramentos (aunque fuera en un solo caso) a una persona que se halla en una unión irregular, significaría que, o el matrimonio no es indisoluble y por lo tanto la persona no está viviendo en un estado de adulterio, o la Sagrada Comunión no es comunión con el cuerpo y la sangre de Cristo que, por el contrario, requiere la disposición correcta, o sea la contrición por el pecado grave y una firma resolución de no más pecar.” (Entrevista con Alessandro Gnocchi, Il Foglio 14 de octubre de 2014).

Además, la excepción está destinada a convertirse en la regla, ya que los criterios para recibir la comunión se dejan en Amoris laetitia al “discernimiento personal” de los individuos. Este discernimiento tiene lugar mediante una “conversación con el sacerdote, en el fuero interno” (N° 300) “caso por caso”. Sin embargo ¿qué pastores de almas se atreverán a prohibir la recepción de la Eucaristía, si según el documento “el Evangelio mismo nos pide no juzgar ni condenar" (N° 308) y si es necesario “integrar a todos” (N° 297) y “[apreciar] los elementos constructivos en aquellas situaciones que aún no, o ya no, corresponden con las enseñanzas [de la Iglesia] sobre el matrimonio” (N° 292)?

Los pastores que deseen referirse a los mandamientos de la Iglesia no se arriesgarían a actuar — según la Exhortación — "como árbitros de la gracia sino como facilitadores” (N° 310). “Por esta razón, un pastor no puede sentir que basta simplemente con aplicar las leyes morales a aquéllos que viven en situaciones “irregulares”, como si fueran piedras que lanzar a las vidas de la gente. Esto indicaría el corazón cerrado de alguien que se esconde tras las enseñanzas de la Iglesia, sentándose en la silla de Moisés y juzgando, a veces con superioridad y superficialidad, los casos difíciles y las familias heridas.”

Este lenguaje sin precedentes, más duro que la dureza del corazón que reprocha a “los árbitros de la gracia” es el rasgo distintivo de Amoris laetitia, que no coincidentalmente, el Cardenal Schoenborn definió como un “evento lingüístico” en una conferencia de prensa del 8 de abril. “Mi gran alegría por este documento” dijo el Cardenal vienés, radica en el hecho de que “coherentemente va más allá de una división artificial, exterior, nítida entre regular e irregular”. El lenguaje, como siempre, expresa contenido. Las situaciones que la Exhortación post-sinodal define como “las así llamadas irregulares” son aquéllas de adulterio público y cohabitación extramarital. Para Amoris laetitia, "cumplen el ideal del matrimonio cristiano aun haciéndolo de una manera parcial y análoga” (N° 292). “En virtud de formas de condicionamiento y factores mitigantes, es posible que en una situación objetiva de pecado — que pudiera no ser subjetivamente culpable o no enteramente culpable — una persona puede estar viviendo en la gracia de Dios, puede amar y puede también crecer en la vida de la gracia y de la caridad, recibiendo la ayuda de la Iglesia hacia este fin (N° 305).”en ciertos casos, esto puede incluir la ayuda de los sacramentos” (Nota 351)

Según a moral católica, las circunstancias, que comprenden un contexto en el cual se lleva a cabo una acción, no pueden modificar la naturaleza moral de los actos, haciendo de esa manera recta y justa una acción intrínsecamente mala. La doctrina de la moral absoluta y del intrincese malum es neutralizada por Amoris laetitia, que está conformada por la “nueva moral” condenada por Pío XII en múltiples documentos y por Juan Pablo II en Veritatis splendor. La ética situacional permite que las circunstancias y, en último análisis, la conciencia subjetiva del hombre, determinen lo que es bueno y lo que es malo; la unión sexual extramarital no la considera intrínsecamente mala, sino que, en cuanto a que es un acto de amor, es evaluable de acuerdo con las circunstancias. Más generalmente, para la ética situacional el mal no existe en sí mismo, al igual que el pecado mortal no existe. El equiparamiento de la gente que vive en estado de gracia (las situaciones regulares) y la que vive en situación de pecado permanente (situaciones irregulares) no es solo lingüística: parece haberse sometido a la teoría luterana de simul iustus et peccator, condenada por el decreto de justificación del Concilio de Trento (Denziguer-H, Nos 1551-1583).

La Exhortación post-sinodal es mucho peor que el reporte del Cardenal Kasper, contra el cual justamente se han dirigido muchas críticas en libros, artículos y entrevistas. El Cardenal Kasper había planteado algunas preguntas; la Exhortación Amoris laetitia ofrece una respuesta: abran la puerta a los divorciados y vueltos a casar, canonicen la ética situacional e inicien un proceso de normalización de toda cohabitación de hecho.

Considerando que el nuevo documento pertenece al Magisterio ordinario no infalible, es de esperarse que sea objeto de una crítica analítica y profunda por teólogos y pastores de la Iglesia, bajo ninguna ilusión de aplicarle “la hermenéutica de la continuidad”.

Si el texto es catastrófico, aún más catastrófico es el hecho de que haya sido firmado por el Vicario de Cristo. A pesar de eso, para aquéllos que aman a Cristo y a su Iglesia, ésta es una buena razón para hablar y no quedarse callados. Por lo tanto, hagamos nuestras las valientes palabras del obispo Atanasio Schneider:

“Non possumus” no aceptaré un discurso ofuscado ni una puerta trasera hábilmente disfrazada para dejar pasar una profanación de los sacramentos del matrimonio y de la eucaristía. Asímismo, no aceptaré una burla al sexto mandamiento de la Ley de Dios. Prefiero ser ridiculizado y perseguido antes que aceptar textos ambiguos y métodos insinceros. Prefiero la cristalina “imagen de Cristo Verdad, y no la imagen de la zorra engalanada con piedras preciosas” (San Ireneo), pues yo sé a quién le he creido”, “Scio, Cui credidi” (2 Tim 1: 12)

domingo, 15 de mayo de 2016

Pondera bien.

Pondera bien.

Por Tomás Moro
Traducido dei Inglés por Roberto Hope
Pondera bien que, de noche y de día
Cuando en afán de procurar y ahitar
Nuestro solaz, deleite y diversión,
Dulce melodía o exquisito manjar,
La muerte avanza muda, sagaz, con discreción
Está a la mano, nos soprenderá a todos,
Quién sabe cuándo, dónde o de qué modo.

Cuando las tentaciones arrisquen de tu alma la muerte
Piensa en Su pasión y Su amargo dolor,
Piensa en Su angustia mortal en la Cruz
En la sangre de Cristo que Sus venas manan
Piensa en Su corazón, todo partido en dos
Piensa que todo esto fue por tu redención
No se pierda aquéllo que Él a tal precio adquirió.

miércoles, 11 de mayo de 2016

Ten recommendations to survive a calamitous Pope

Ten recommendations to survive a calamitous Pope

By Francisco José Soler Gil
Taken from http://info-caotica.blogspot.mx/2014/11/diez-consejos-para-sobrevivir-un-papa.html
Translated from the Spanish by Roberto Hope

Oh, but... can a Catholic think a Pope can be calamitous? Yes, of course. But should not a good Catholic believe that it is the Holy Spirit who acts behind a Pope's election? Evidently not. Maybe to that effect, it will suffice to remember the answer given to his questioner, professor August Everding, by the then Cardinal Ratzinger in a famous interview granted in 1997. Professor Everding had asked the cardinal if he really believed that the Holy Spirit intervenes in the election of the Pope. Ratzinger's answer was simple and clarifying, as usual: «I would say no in the sense that the Holy Spirit should decide in each and every case since there are too many proofs against this contention; there are too many [Popes] regarding whom it is totally evident that the Holy Spirit could not have elected them. But that He, in the long run, does not let things get out of hand; that, to put it this way, He gives us a long rope, as a good educator, allows us plenty of freedom, but He does not let it rip entirely. To this, I would say yes. Hence we should understand this in a much wider sense, and not that He says: You have to vote for this candidate. But possibly allows only that which does not entirely destroy the whole thing».

Now although a Catholic takes for granted that no Pope can end up destroying the entire Church, history shows us that in the matter of pontiffs there have been of all kinds: good, regular, bad, solemnly bad and calamitous.

When can we say a Pope is calamitous? Of course for that, it is not enough that the Pope should hold false opinions on this or that topic. A Pope, as any other man, must necessarily be ignorant of many subjects and hold erroneous convictions on just as many topics. Hence, it may happen that a Pope bent on talking about a stamp or coin collections, may hold crass errors on the value or dating of certain stamps or coins. Expressing opinions on matters other than his field of competence, a Pope is more likely than not to err. Just like you or I, dear reader. Hence, if a Pope should show a certain propensity to make public his opinions on the art of pigeon training, ecology, economy or astronomy, the Catholic specialist on such subject matters should do well to patiently endure the senseless occurrences of the Roman pontiff on subjects which evidently are foreign to his dignity. The specialist may, of course, lament the possible errors, and more generally, the lack of prudence which some declarations may manifest. But an imprudent or loquacious Pope is not for that matter a calamitous Pope.

It is or it may be, on the contrary, the one who with words or deeds causes damage to the Church's legacy of faith, temporarily obscuring aspects of God's image or of man's image that the Church has the duty to guard, transmit and deepen.

¿But can such a case happen? Well, it has happened many times indeed in the history of the Church. When Pope Liberius (fourth century) ― the first Pope not to be canonized ― yielding to strong Arian pressures, accepted an ambiguous position with respect to this heresy, leaving the defenders of the Trinitarian dogma, such as Saint Athanasius, in the lurch; when Pope Anastasius II (fifth century) flirted with the holders of the Acacian schism; when Pope John XXII (fourteenth century) taught that the just's access to God does not occur until the Last Judgment; when the Popes of the period known as the «Great Western Schism» (fourteenth and fifteenth centuries) used to excommunicate each other; when Pope Leo X (sixteenth century) not only did intend to finance his luxuries from the sale of indulgences but also to defend theoretically his power to do so, and so forth and so on, a part of the legacy of faith was obscured for a greater or lesser period of time for their deeds or omissions, generating in this manner moments of enormous internal tension in the Church. The Popes responsible for such situations can properly be called «calamitous».

The question is, then, what can be done in times of a calamitous Pope? What attitude is convenient to adopt in such times? Well, since publishing lists of tips to attain happiness, to control cholesterol, to become more positive, to stop smoking and to get slim are now in vogue, I will allow myself to propose my readers a series of tips to survive a calamitous Pope without ceasing to be Catholic. Needless to say, it is not an exhaustive list, but it may nevertheless turn out to be useful. Let us begin:

(1) Keep calm:

In moments of anxiety, hysteria is very human, but it does not help resolve anything. Composure, then, as only in tranquility can one make decisions that are convenient in each case, and avoid utterances and actions which one may have to regret afterward.

(2) Read good books on the history of the Church or the history of the papacy.

Accustomed to a series of great Popes, living during a calamitous Pope may become traumatic if one does not get to put it in context. To read good treatises on the history of the Church and the history of the papacy helps to better evaluate the present situation. Above all, because these books show us other cases ― numerous unfortunately for such is the way of human nature ― in which the waters of the Roman fountain came out murky. The Church suffers such infirmities but does not sink because of them. That is how it has happened in the past, and we expect to happen again in the present and in the future.

(3) Not let be carried out by apocalyptic discourse

Suffering the ravages of a calamitous pontificate, some people tend to take them as signs of the imminent end of times. This is an idea that emerges always in such circumstances: apocalyptic texts motivated by similar evils can be read in medieval authors. But that fact precisely should serve us as a warning. There is no great sense in interpreting each storm as though it were already the final tribulation. The end of times will come when it has to come and it is not for us to inquire neither the date nor the hour. Ours is to fight the battle of our time, but the global view belongs to Other.

(4) Not keep silent nor look the other way.

During a calamitous pontificate, the defect contrary to adopting the attitude of apocalyptic prophet consists of minimizing the events, keeping silent before the abuses and looking the other way. Some justify this attitude recalling the image of the good sons who covered Noah's nakedness. But what is certain is that there is no way of correcting the course of a ship if the stray is not decried. In addition, Scripture has for that situation an example which is more appropriate than Noah's: the strong but just reproaches of Apostle Paul to Pontiff Peter, when the latter let himself be carried by human respect. This scene from the Acts of the Apostles is there for us to learn to distinguish loyalty from the complicity of silence. The Church is not a party in which the president always has to receive unconditional applause. Nor is it a sect in which the leader must be acclaimed in all cases. The Pope is not the leader of a sect, but a servant of the Gospel and of the Church; a free and human servant, who, as such may on occasion adopt reprehensible attitudes or decisions. And reprehensible attitudes and decisions must be reprehended.

(5) Do not generalize

The bad example (of cowardice, of careerism, etc.) of some of the bishops or cardinals during a calamitous pontificate should not lead us to disqualify in general all bishops or cardinals, or clergy as a whole. Each one is responsible for his own words, acts, and omissions. But the hierarchical structure of the Church was instituted by her Founder, for which reason, in spite of all criticism, it should be respected. Nor should the protest against a calamitous Pope be extended to all of his utterances and actions. Only those in which he deviates from the millennial doctrine of the Church, or those in which he sets a course which may compromise aspects thereof. And the judgment on these questions should not be based on particular occurrences, opinions or tastes. The teaching of the Church is summarized in her Catechism. On that where a Pope deviates from the Catechism, he should be reprehended, On the rest, not.

(6) Do not collaborate with initiatives that give greater glory to the calamitous pontiff.

If a calamitous Pope were to ask for help to carry out good works, he must be listened to. But other initiatives, such as multitudinous gatherings to make him appear as a popular pontiff should be ignored. In the case of a calamitous Pope, acclamation is uncalled for, since based on it, he could feel supported to deviate the barque of Peter still further. It is not valid to argue that the applause is not for the particular pontiff but for Peter, as the consequence of such applause will be taken advantage of not by Peter but by the calamitous pontiff for his own particular ends.

(7) Do not follow the Pope in what departs from the legacy of the Church.

Should a Pope teach doctrines or try to impose practices that do not correspond with the perennial teaching of the Church, synthesized in the Catechism, he should not be supported or obeyed in his attempt. This means, for instance, that priests and bishops have the obligation to insist on the traditional doctrine and practice, rooted in the deposit of faith, even at the expense of exposing themselves to punishment. Likewise, laypeople should insist on teaching the traditional doctrine and practices in their area of influence. In no case, whether on account of blind obedience or for fear of reprisal, would it be acceptable to contribute to the spreading of heterodoxy or heteropraxis.

(8) Do not support collaborationist dioceses economically.

If a Pope were to teach doctrines or try to impose practices that do not correspond with the perennial teaching of the Church, synthesized in the Catechism, pastors of the dioceses should serve as retaining walls. But history shows that bishops do not always react with enough energy in the face of these threats. Even worse, they sometimes support, for whatever motives, the intentions of the calamitous pontiff. The lay Christian who resides in a diocese ruled by such a pastor should withdraw all economic support to his local church while the situation persists. Of course, this does not apply to assistance directed to works of charity, but it does to all other economic support. And this also applies to any other type of collaboration with the diocese, for instance, voluntary work or holding institutional office.

(9) Do not support any schism.

In the face of a calamitous Pope, the temptation for a radical rupture may arise. This temptation should be resisted. A Catholic has the duty to lessen the negative effects of a bad pontificate within the Church, but without tearing the Church apart or breaking away from the Church. This means, for instance, that if his resistance to adopt given theses or given practices should bring the penalty of ex-communication on him, he should not for that reason advocate a new schism or support one of the existing ones. It is necessary to maintain oneself Catholic under all circumstances.

(10) Pray

The Church´s permanence and salvation do not ultimately depend on us, but on Him who wanted it and founded it for our benefit. At times of anxiety, it is necessary to pray, pray, pray, for the Master to wake up and calm the storm. This advice has been placed last on the list, not because it is the least, but because it is the most important of all. Since in the end, everything reduces to our really believing that the Church is supported by a God who loves her and that will not let her be destroyed. Let us pray, then, for the conversion of nefarious pontiffs, and for any calamitous pontificate to be followed by others of restoration and peace. Many dry branches will have been torn away in the storm, but those which have remained bound to Christ will again flourish. May this last be also said of ourselves.

domingo, 3 de abril de 2016

Un Enjuiciamiento Histórico. 3

Un Enjuiciamiento Histórico

Reseña del libro La Profezia Finale, de Antonio Socci


(última de tres partes)

por Christopher A. Ferrara

Tomado de : http://www.cfnews.org/page10/page104/socci_indictment_of_francis.html
Traducido del inglés por Roberto Hope


El asunto de los Franciscanos de la Inmaculada

Socci luego trata del caso de la brutal persecución contra los Frailes Franciscanos de la Inmaculada (FFI), desmembrados y destruidos por el 'comisionado apostólico' nombrado personalmente por Francisco, sin que jamás se les diera una razón concreta a las víctimas. Aquí Socci recuerda las pasmosas observaciones hechas por Francisco durante una reunión con algunos de los miembros de la ya destrozada FFI, en la cual admite que él aprobó la destrucción de la FFI, pero, a la vez, que la FFI ha sufrido persecución por 'el demonio', por razón de su devoción a María! ¿A qué demonio se estaría refiriendo Francisco? Socci se queja de que:

“su verdadero 'crimen' (de los FFI) es el de ser auténticos cristianos, fervientes en la Fe, aquéllos a quienes Usted describe como 'fundamentalistas' y que en realidad sólo están viviendo el Evangelio auténtico. Querido Padre, dé marcha atrás a una decisión por la cual algún día Dios habrá de pedirle cuentas... Usted tiene a muchos que lo adulan, pero pocos entre sus aficionados rezan por Usted, de seguro muy pocos ruegan por Usted tanto como los Frailes Franciscanos de la Inmaculada”

Una Amorío con los Luteranos

Luego de observar que Francisco no muestra preocupación alguna por los enemigos internos de la Iglesia, quienes, como lo advirtió San Pío X, se afanan en minar los fundamentos de la fe, Socci elabora cómo, por el contrario, Francisco parece tener poca consideración a las diferencias doctrinales entre el catolicismo y las varias formas de protestantismo.

Bajo el encabezado 'En Casa de Lutero', Socci recuerda la escandalosa aparición de Francisco en una iglesia luterana en Roma para participar en un servicio dominical, durante el cual divagó como diez minutos para contestar una pregunta de una mujer, sobre por qué un luterano no puede recibir la Sagrada Comunión. En ese proceso, caracterizó el dogma católico de la transubstanciación como una mera 'interpretación' que difiere de la perspectiiva luterana; al final, más bien evasivamente, acabó sugiriéndole a la mujer que “hable con el Señor” acerca de si debe recibir la comunión de un sacerdote católico ― un acto sacrílego. “No me atrevo a decir más” dijo Francisco habiendo ya dicho más de lo necesario.

Recalcando el odio venenoso de Lutero hacia la misa, Socci le pregunta a Francisco: “¿cómo es posible no perturbarse?” (p.193). “El diálogo con los luteranos,” escribe Socci, debe entrañar “claridad recíproca, no arrojar a los espinos el núcleo de la Fe Católica.” (p. 194). Aquí Socci cita lo que quizás sea el comentario más atroz que Francisco haya hecho jamás. En esa ocasión Francisco les dijo a los luteranos:

“La elección final será definitiva ¿Y qué será la pregunta que el Señor nos haga ese día: ¿Fuiste a Misa? ¿Tuviste una buena catequesis? No, las preguntas serán acerca de los pobres, porque la pobreza está al centro del Evangelio”

Socci le recuerda a Francisco lo que un niño bien formado entendería: el valor infinito de la Eucaristía, la adoración Eucarística y su recepción digna, en comparación aun con una montaña de buenas obras para los pobres.

“Pero en vez de ello Usted, Padre Bergoglio, parece afirmar que lo que cuenta son los méritos humanitarios que logremos mediante nuestro activismo, mediante nuestro 'servicio' a los pobres. Esto parecería ser una idea pelagiana. Pero ― repito ― lo más asombroso es que Usted contraponga [una falsa antítesis más] el ´servir a los pobres' con la misa, lo cual la reduce a algo superfluo (junto con la catequesis)”. (p. 197)

Citando el famso dicho del Padre Pío de que “Sería mejor quedarse sin el sol que sin la Santa Misa”, Socci confronta a Francsco con "las implicaciones de sus propias palabras y hechos durante los últimos tres años, incluyendo su curioso rechazo a hincarse ante el Santísimo Sacramento”

“Permítame sincerarme con Usted, Padre Bergoglio, de que de la totalidad de sus palabras y expresiones, le da a uno la impresión de que Usted tiene algún problema con la Sagrada Eucaristía, y de que usted realmente no alcanza a comprender su valor ni su realidad."

“Hay tantos datos y hechos que hacen surgir esta duda. La más evidente es su decisión de no hincarse ante el Sacramento durante la Consagración de la Misa, ni enfrente del sagrario, ni durante la adoración Eucarística (además, no participa en la procesión de Corpus Christi, en la cual sus predecesores, hincándose, siempre participaban)” (p. 200)

Y sin embargo, observa Socci, Francisco no tuvo problema para arrodillarse cuando, como Arzobispo de Buenos Aires, se hincó para recibir “la imposición de manos en la convención de los pentecostales en el Estadio Luna Park... Basta con decir que su intermitente dolor de rodillas, que parece presentarse sólo ante el Sacratísimo Sacramento, más allá de parecer un tanto bizarro, no parecería ser una explicación razonable.” (p201)

¿Un Joachimista Inconsciente?

Esta extraña actitud hacia la Sagrada Eucaristía lleva a Socci a plantear este reto a Francisco en relación con su aparente afecto por el Protestantismo:

“Tiene uno la impresón de que detrás de su apertura particular al mundo protestante y detrás de su hostilidad hacia la estructura de la Iglesia ― o sea a la iglesia visible y su doctrina, que superarían si escucharan al Espíritu Santo ― titilea un tipo de 'Iglesia del espíritu', anhelada en ciertas afirmaciones que hizo en la reunión con los pentecostalistas en Caserta en julio de 2014...Como si la Iglesia Católica, con su estructura doctrinal y su jerarquía, fuera de alguna manera a desbancarse a sí misma en forma semejante a como la Antigua Alianza dio paso a la Nueva Alianza (y aquél que postergue defender la doctrina será ... como los antiguos escribas y fariseos)” (pp. 204-205).

Aquí Socci lanza la apabullante acusación de que Francisco exhibe un “tipo de Joachimismo mitigado inconsciente” ― en referencia a Joachim de Fiore, el alucinado 'visionario' del Siglo XII que imaginó una venidera nueva era del Espíritu Santo que desplazaría aun el Nuevo Testamento.

¿Un nuevo Honorio?

El enjuiciamiento que hace Socci alcanza su clímax con la insinuación de que Francisco, siendo un Papa que promueve sus propias ideas, “puede seguir el camino de otro Papa que hizo lo mismo: Honorio (que reinó de 625 a 628) quien fue anatematizado de manera póstuma por un concilio ecuménico ― sentencia confirmada por su propio sucesor, León II ― por colaborar y auxiliar en la propagación de la herejía 'monotelita´" (que niega la voluntad humana de Cristo.) Soccí lanza contra Francisco la misma condenación que León II lanzó contra Honorio: “Aquéllos que incitaron a contender contra la pureza de la tradición apostólica, a su muerte ciertamente recibieron condenación eterna, [incluyendo] a Honorio quienes, en vez de sofocar la llama de la herejía, como corresponde a su autoridad apostólica, la avivaron con su negligencia.”

Haciendo Honores a Dictadores

Socci se acerca al final del enjuiciamiento con una caldeada crónica de la visita de Francisco a Cuba, en la cual nada dijo acerca de la tiranía bajo la cual sufre el pueblo, en tanto que condenó al 'Dios dinero' de los países capitalistas. A diferencia de Juan Pablo II y Benedicto XVI, quienes exigieron la liberación de presos y se reunieron con Fidel Castro en terreno neutral (Juan Pablo) o lo recibieron en la nunciatura apostólica de la Habana (Benedicto), Francisco no puso exigencias al régimen de Castro, sea al de Fidel o al de su hermano Raúl, y condujo un verdadero peregrinaje a la casa de Fidel, donde el sanguinario dictador recibió al papa en audiencia.

Socci expresa un desagrado enteramente apropiado por la aceptación de un regalo de Raúl, de un crucifijo supuestamente labrado de la madera de remos de botes de 'refugiados' del Mediterráneo ― en donde no participan botes de remo. Sin embargo, Francisco desdeñó los 100,000 refugiados que se han ahogado tratando de huir del estado-prisión comunista de los hermanos Castro. Socci concluye: “Éstos son los tiranos a quienes Usted ha rendido honores y quienes le han dado a usted el regalo de sus ´migrantes´'. (p. 214)

La Falacia de “Fronteras Abiertas”

El enjuiciamiento prosigue con el encabezado 'Murallas', bajo el cual Socci desmantela la insistencia demagógica de Francisco en “una apertura indiscriminada de fronteras que desestabilizaría pueblos, estados y sistemas.”

Socci señala que no sólo Santo Tomás sino la Biblia misma defienden el uso de 'murallas' para proteger la integridad de las naciones y los pueblos contra la invasión de influencias malignas ― los propios muros del Vaticano son un ejemplo de esto ― y que la frontera nacional moderna no es un 'muro' que deba denunciarse como no cristiano.

Socci le pregunta a Francisco: “¿Es posible que Usted no perciba un fenómeno tan macroscópico como el fracaso de la asimilación? ¿Y puede Usted no ver el insolucionado problema que el Islam tiene con la violencia, como lo explicó Benedicto XVI en Regensburg?” (p. 217)

La Recapitulación

El enjuiciamiento termina con el encabezado 'Los Pobres', en el cual Socci, hijo de un minero, lamenta de 'inaceptable' la constante insistencia sobre los pobres, porque lo hace de una manera ideológica, demagógica y sociológica. Pero la Iglesia no sueña con instrumentalizar a los pobres, haciendo de ellos una categoría ideológico-teológica como la teología de la liberación argentina de la cual emerge...”

Resumiendo su enjuiciamiento entero, Socci dice: “La primera pobreza de los pueblos es no conocer a Cristo.. Éste es el problema, Santo Padre. Es necesario anunciar a los hombres al único que puede salvarlos, porque esto es lo que verdaderamente cuenta, como incansablemente lo predica Jesús: 'De qué le sirve al hombre ganar el mundo si al final pierde su alma?'...”

"De manera que debe Usted dar reversa a toda la orientación de su papado: Así, en lugar de ocuparse de separar la basura, defienda Usted la sana doctrina Católica contra los ataques del mundo y el modernismo; en vez de sonar la alarma obsesivamente sobre el clima, aperciba a la humanidad sobre la amenaza que pende, de una condenación eterna; en vez de una encíclica sobre la suerte de los gusanos y pequeños reptiles, escriba una sobre los cristianos que son perseguidos y del odio del mundo a nuestro Salvador...”

“Como lo dijo Vittorio Messori al entonces Cardenal Ratzinger: 'Sin una visión del misterio de la Iglesia que sea también sobrenatural y no sólo sociológica, la misma cristología pierde su referencia a Dios: una estructura puramente humana acaba correspondiendo a un proyecto humano. El Evangelio se convierte en el Proyecto Jesús, el proyecto de liberación social u otros proyectos históricos... que lucen religiosos sólo en apariencia, pero ateos en sustancia...” (p.224).

Las palabras finales de este documento verdaderamente histórico son el llamado personal a Francisco a que cambie de rumbo antes de que sea demasiado tarde. “No tenga miedo de desilusionar al mundo, que hasta ahora le ha aplaudido entusiastamente... El único temor que hay que tener es el de decepcionar a Dios...”

“Querido Papa Francisco: sea Usted uno de nuestros pastores verdaderos en el camino hacia Cristo, con el Papa Benedicto que le asista con oración y consejo; auxilie también a la Iglesia, desconcertada y confundida, a que recobre el camino hacia su Salvador y de esa manera vuelva a encender la luz que permita a la humanidad no perderse en el abismo de la violencia. Que todos los santos en el cielo oren por esto...”

Francisco le Unta Mantequilla.

Poco después de la publicación de La Profezia Finale, Socci recibió una carta manuscrita de nada menos que el propio Francisco. Dirigida a “Querido hermano”, la carta no era diferente de la llamada telefónica que Francisco había hecho a Mario Palmaro, el fallecido coautor de otra mordaz crítica del pontificado. intitulada 'No nos Gusta este Papa'. La médula de la carta y de la llamada telefónica fue la misma: “Aprecio su crítica de mi persona.”

Puede perdonársele a uno por pensar que un politico eclesial tan sagaz como Francisco pudiera haber tenido en mente recurrir a un poco de adulación a sus críticos más efectivos y más ampliamente leídos. Pero la carta a Socci (así como la llamada telefónica a Palmaro) acaba con toda insinuación de que los 'tradicionalistas' ofenden la fe cuando publican una fuerte crítica de este Papa. El propio Francisco zanja esa discusión.

En todo caso, Socci, no sin conmoverse por esta atención personal del Supremo Pontífice, no ha dado un solo paso atrás en su enjuiciamiento. Su columna más reciente (a la fecha en que escribo esto) lamenta el enorme daño que la 'nueva Iglesia' de Bergoglio está causando “a la Iglesia de todos los tiempos,” que amenaza ser “más devastadora que Lutero.”

Para terminar, debe uno preguntarse: ¿dónde están los prelados que, viendo sin duda lo que Socci ve, se atrevan a unirse a él ― y a los laicos preocupados de todo el mundo ― para oponerse a la vertiginosa ola de 'Bergoglianismo', un fenómeno como ningún otro que jamás se haya visto anteriormente en los anales del papado.

Lea o no lea usted italiano, adquiera este libro. Sera usted dueño de un pedazo de historia. Y que Dios bendiga y proteja a su valiente autor.

domingo, 27 de marzo de 2016

Un Enjuiciamiento Histórico. 2

Un Enjuiciamiento Histórico

Reseña del libro La Profezia Finale, de Antonio Socci

(segunda de tres partes)
por Christopher A. Ferrara

Tomado de : http://www.cfnews.org/page10/page104/socci_indictment_of_francis.html
Traducido del inglés por Roberto Hope


¿Un Papa a quien no le Gustan los Católicos?

El enjuiciamiento que hace Socci procede luego con el encabezado 'Ataque contra la Fe', una referencia a los enemigos internos de la Iglesia desde el Concilio Vaticano II, cuya subversión ha sido lamentada (demasiado poco y demasiado tarde) por todos los papas desde el Concilio, incluyendo a Benedicto XVI. Fue Benedicto quien (durante la misa para la apertura del cónclave que lo eligió) declaró que ahora el tener ”una fe clara y cierta” es denunciado como 'fundamentalismo'. Citando ese testimonio, Socci lanza una serie de guantes a los pies de Francisco:

“Le invito, Padre Bergoglio, a que vuelva a leer con atención estas palabras, porque describen dramaticamente lo que está ocurriendo durante su pontificado. De hecho, es precisamente Usted, Santo Padre, quien acusa de padecer 'fundamentalismo' a aquéllos que tienen una fe clara y cierta y dan testimonio de su fidelidad a la doctrina católica."

"Usted curiosamente está convencido de que el peligro para la Iglesia de estos días son los cristianos fervientes y aquellos pastores que defenden el Credo Católico.. En su encíclica Evangelii gaudium, ataca usted a 'algunos que sueñan con una doctrina monolítica' y a aquéllos que 'utilizan un lenguaje enteramente ortodoxo.'”

“¿debemos entonces preferir a aquéllos que son llevados acá y allá por cualquier ideología y utilizan lenguaje herético? Evidentemente sí, viendo que ellos nunca son atacados por Usted.”

“Cualquier día que uno escoja, encontrará casi siempre que Usted, en su discurso, ataca a aquéllos que Usted llama 'rigoristas', 'rígidos', o sea, gente de fe ferviente a quienes Usted identifica con los 'escribas y fariseos'.” (pp. 153-155)

Socci no tiene pelos en la lengua cuando se refiere a la bien conocido táctica de Francisco de recurrir a una falsa antítesis entre la misericordia y el rigor doctrinal, al citar uno de los innumerables discursos en los cuales Francisco declara que los llamados 'doctores de la ley', que conocen bien la doctrina, se separan de la misericordia de Dios. “Pero Usted, Santo Padre,” dice Socci:

“debería superar su resentimiento personal hacia aquéllos que han estudiado; debería saber que, en el horizonte cristiano, es totalmente absurdo el oponer la misericordia a la Verdad, pues ambas están encarnadas en el mismo Jesucristo. Por lo tanto, es falso oponer la doctrina a la pastoral, porque eso equivaldría a oponer el Logos (doctrina) al Buen Pastor (la Verdad hecha carne): Jesús es el Logos (la Verdad hecha carne) y al mismo tiempo, el Buen Pastor.” (p.159)

Socci también señala el justamente infame discurso de Francisco atacando la oposición conservadora, dado al cierre del Sínodo de 2016, en el cual tronó contra los prelados que habían resistido el que el previamente redactado y heterodoxo Instrumentum Laboris les fuese impuesto a fuerzas como 'informe final del Sínodo'. Como lo declaró Francisco en esa arenga, sus oponentes tenían:

  • “... corazones cerrados que con frecuencia se esconden detrás de las enseñanzas de la Iglesia, o detrás de buenas intenciones, para sentarse en la silla de Moisés, a veces con superficialidad y superioridad, a  juzgar casos difíciles y familias heridas.”
  • “Los verdaderos defensores de la doctrina no son aquéllos que defienden la letra sino el espíritu, no la idea, sino al hombre, no la fórmula, sino el amor gratuito de Dios y su perdón”


Vemos aquí el enésimo ejemplo del gusto de Francisco por las falsas antítesis: la letra versus el 'espíritu' de la doctrina; la idea versus el hombre; la 'fórmula' versus el amor de Dios y su perdón. Pero no hay oposición alguna entre estos conceptos; de hecho, son inseparables.

Socci está bastante harto de este tipo de sofismas modernistas, y dispara con ambos cañones:

“Haciendo eso ¿no cree Usted que ha descalificado a sus predecesores y a todo el Magisterio de la Iglesia, con el propósito de afirmar su concepto estrictamente personal de la misericordia, distinto de la doctrina de la Iglesia?”

“Evidentemente, aun Jesús habría sido, según Usted, un doctrinario, rigorista y que defiende la idea en vez del hombre?”

“En efecto ― aplicando el criterio de Usted ― tendríamos que decir que Jesús no habría sido admitido a un seminario durante su pontificado porque fue el más fundamentalista de todos; de hecho, no sólo estaba seguro de la verdad, sino que se proclamó a sí mismo la Verdad hecha carne ('Yo soy el camino, la verdad y la vida' Jn 14,6)”

¿Divorcio católico?

Siguiente en la lista, bajo el encabezado ´Nulidad', está el ataque sorpresa que lanzó Francisco contra el proceso para determinar la nulidad matrimonial, que Francisco agilizó con nuevos cánones redactados en forma semi-secreta y sin consultar a ningún dicasterio competente del Vaticano. El efecto neto de los dos motu proprios que introdujeron estas 'reformas', Mitis Iudex Jesus (para la Iglesia de Occidente) y Mitis et Misericors (para la Iglelsia de Oriente) es, dice Socci, “un total vuelco a la perspectiva: ya no la defensa del sacramento por encima de todo (para la salvación de las almas). Sino más bien el facilitamiento y la rapidez para lograr la anulación.” (p.168)

Socci observa la curiosa insistencia de Francisco en la noción del 'fracaso marital' en el sentido de un resquebrajamiento en las relaciones, que él parece equiparar con un motivo de anulación (inexistencia original) del matrimonio. Pero, como lo observa Socci acertadamente, “hay muchos matrimonios fracasados que son perfectamente válidos” en tanto que “hay muchos matrimonios 'nulos' (que nunca lo han sido desde su inicio) que no son fracasados” en términos de relaciones personales (p. 169). Lo que Francisco ha hecho con sus 'reformas' dice Socci es autorizar la “imposición de una sentencia de nulidad como terapia para las parejas en crisis,” produciendo lo que muchos comentaristas han llamado 'divorcio católico'.

El resultado neto, concluye Socci, es “una verdadera revolución en la historia de la Iglesia.” Y la ironía suprema de esto es que ni siquiera el Cardenal Kasper la pidió; más bien, en el Consistorio de Febrero de 2014, rechazó precisamente “la hipótesis de una generosa ampliación del procedimiento para la nulidad matrimonial” porque “crearía la peligrosa impresión de que la Iglesia está procediendo de una manera deshonesta para conceder lo que en realidad son divorcios.” (p.171)

Increíblemente, pues, Francisco ha superado al mismo Kasper en su ataque a las bases del Sacramento del Santo Matrimonio. Como lo he observado en otra parte, Francisco en su mismo motu proprio admite el peligro de lo que ha hecho: “No se me escapa, sin embargo, cuánto un juicio abreviado pueda poner en riesgo el principio de la indisolubilidad del matrimonio;...”

Volviendo nuevamente al tema de Fátima, Socci nos recuerda que la Hermana Lucía le advirtió al Cardenal Caffarra en una carta al prelado que “El conflicto final entre el Señor y el reino de Satanás será sobre el matrimonio y la familia.” Socci aquí le pide a Francisco que deshaga esta imprevisora reforma: “Fervientemente espero que Usted rescinda todo esto. Tan pronto como sea posible.”

Las Consecuencias de la Liberalización

Llegando al climax de su largo enjuiciamiento, Socci, bajo el encabezado 'Un Saldo Catastrófico' suelta una bomba tras otra al evaluar el argumento de que Francisco está simplemente tratando de atraer almas a través de mitigar el supuesto rigor de la Iglesia. Basta solamente con recitar las observaciones explosivas de Socci:

“Nadie jamás ha sostenido que para atraer a la gente al Evangelio sea necesario desconocer o abolir el Evangelio”

“De los muchos santos y grandes papas que han evangelizado pueblos y continentes enteros, ninguno lo ha hecho jamás diluyendo o adulterando la doctrina de la Fe.”

“Debemos ser la sal de la tierra y la sal cauteriza las heridas. Como la verdad, debemos elegir: o con Él o contra Él. O salvación o perdición.”

"Cuando una confesión religiosa baja la barra para acomodarse a las costumbres mundanas o para atraer miembros decreta su propio suicidio.” (pp. 177-179)

Socci cita el estudio de un renombrado sociólogo, cuyas cifras confirman que las confesiones religiosas cristianas que se liberalizan declinan inmediatemente, mientras que aquéllas que mantienen o vuelven a sus tradiciones prosperan, y que esto es precisamente lo que ha sucedido en la Iglesia Católica liberalizada de la época post-Vaticano II.

En relación con esto, Socci le presenta a Francisco “datos fuertemente negativos con relación a Usted personalmente” demostrando que el tan cacareado 'Efecto Francisco' ha significado realmente una constante caída de participantes en las audiencias papales, a pesar de la “siempre más poderosa máquina de propaganda planetaria que diariamente elogia y exalta su más mínimo gesto, mitologizándolo más que cualquier estrella.” De hecho, observa, a pesar del mito de que Benedicto era “un frío profesor alemán, de quien la gente se sentía distante, en realidad la gente era atraída mucho más por Benedicto XVI,” cuyos discursos en audiencias gozaban de mucha mayor asistencia. Y aun cuando, en contraste con Francisco, los medios eran uniformemente hostiles a Benedicto, “evidentemente el pueblo cristiano, aun cuando bombardeado por los medios, reconocía el acento auténtico que su corazón esperaba.” (pp. 180-181)

En resumen, Socci concluye:

“Evidentemente, su mensaje no sólo no atrae a los distantes, sino aun causa que los que están cerca de Usted huyan... Usted se dirige, en lugar de a ellos, a la elite que lo ha aclamado, sintiéndose confirmada en sus convicciones laicistas. Su personalidad personal ha crecido en exceso. Le llaman el 'efecto Bergoglio', creyendo que el aplauso interesado de los no creyentes y la adulación de los medios llenará las iglesias nuevamente.”

“En vez de eso, cifras en mano, podemos decir que para la Iglesia, el efecto Bergoglio ha sido contraproducente. El contenido de su magisterio ha alejado a la gente de la práctica de la religión, más que atraerla a ella.” (pp. 181-182)

(Continuará)

sábado, 26 de marzo de 2016

Un Enjuiciamiento Histórico. 1

Un Enjuiciamiento Histórico

Reseña del libro La Profezia Finale, de Antonio Socci

(primera de tres partes)
por Christopher A. Ferrara

Tomado de : http://www.cfnews.org/page10/page104/socci_indictment_of_francis.html
Traducido del inglés por Roberto Hope

Introducción

Una y otra vez, el intelectual público italiano, y católico, Antonio Socci, ha sacudido a los católicos 'convencionales' con un desenmascaramiento explosivo que confirma el diagnóstico de la actual crisis de la Iglesia que se hace en los círculos 'tradicionalistas' y 'Fatimistas'. A diferencia de tantos de sus colegas comentaristas católicos, Socci no se tienta el corazón al publicar lo que la honestidad intelectual exige con respecto a nuestra situación actual. De ahí su Cuarto Secreto de Fátima, que exhibió directamente a la luz pública ― de donde simplemente no desaparecerá ― la evidencia masiva que existe sobre la falta de una revelación completa del Tercer Secreto por parte del Vaticano. De igual manera, su Non é Francesco (juego de palabras del título de una canción popular italiana), valientemente confronta el desastre del pontificado actual, aun si uno pusiera reparos con respecto a los dudosos argumentos de Socci contra la validez de la elección del Cardenal Bergoglio (como aparentemente el mismo Socci lo ha hecho posteriormente).

Ahora llega La Profezia Finale, que consiste principalmente en una carta abierta a Francisco luego de un repaso introductorio de las apariciones marianas aprobadas y de otras profesías, especialmente del Mensaje de Fátima y del completo Tercer Secreto, que convergen unos con otros en  “calificar a nuestro tiempo como una época de inflexión de proporciones casi apocalípticas.”

Como el libro ha sido publicado hasta ahora sólo en italiano, y pudiera jamás ver una edición inglesa ― las traducciónes aquí contenidas son mías ― lo que parece ser apropiado en este caso es una reseña del libro, consistente más bien en un repaso del texto más que una mera descripción sumaria. Lo que eleva este trabajo al nivel de un documento histórico es la carta abierta a Francisco. Aquí encontramos un texto bajo el cual caldea una furia apenas oculta pero plenamente justificada sobre los efectos perniciosos de lo que Socci ha dado en llamar 'Bergoglianismo' ― una mezcla de piedad popular, ideología izquierdista, desdén a la adhesión estricta a las doctrinas y disciplinas de la Iglesia, y culto a la personalidad, fomentado y sustentado por unos medios masivos de comunicación que se deleitan con un Papa que, dice Socci, parece haberse “empeñado en atacar a la Iglesia” en vez de defenderla contra quienes la atacan.

El título de la carta abierta, 'Una Responsabilidad Terrible ante Dios' establece el tono de lo que viene a ser un cáustico enjuiciamiento del pontificado entero, el cual, precisamente por razón de su manifiesta hostilidad hacia la Tradición, goza de la “insoportable adulación de los medios, sobre todo los laicistas y enemigos de Jesucristo, que propagan con respecto a Usted un verdadero culto a la personalidad” (p. 92)

Francisco, dice Socci, está promoviendo el error de un cristianismo 'puro' (citando a Andreas Hoffer), un tipo de 'supercristianismo' que pretende ser “más bueno que hasta el mismo Jesús porque sostiene que 'ya no basta con amar al pecador.... Es necesario amar hasta el mismo pecado'." (p. 98). No sin razón el irónicamente intitulado 'Sínodo de la Familia' ha sido ampliamente denigrado como el “Sínodo contra la Familia” y [en inglés, mediante un juego de palabras] el “Sin Nod” (asentimiento al pecado) . De hecho, mientras escribo estas líneas, el mundo católico espera con temor una 'Exhortación Apostólica' de 200 páginas, que pudiera llegar a hacer lo que el Sínodo no llegó a aprobar a pesar de la descarada manipulación de Francisco y de sus feroces denuncias contra los 'rigoristas' y fariseos' de entre los Padres del Sínodo: la admisión de los adúlteros públicos a la Sagrada Comunión y una mayor 'aceptación' de aquéllos que viven en concubinato y aun a las 'uniones homosexuales'.

En suma, arguye Socci, Francisco se ha afanado en la “abolición del enemigo externo y la fabricación de un enemigo interno” ― no los Modernistas, sino los defensores de la Fe en toda su integridad, de quienes Francisco habitualmente se mofa y ridiculiza como 'rigoristas' y 'fundamentalistas' (p. 99). Soccí denuncia que en medio de la 'dictadura del relativismo' que lamentaba Benedicto XVI, que “ahora se ha consolidado en Occidente,” los católicos que se le oponen son apaleados y marginados desde la cima más alta de la Iglesia: por Usted [énfasis añadido aquí y en el resto el artículo]

Sin embargo, con la Iglesia encarando un giro de carácter apocalíptico en el campo de lo espiritual, a Francisco se le ocurre publicar una encíclica sobre ecología, que aborda “la separación de los desperdicios y el abuso de las botellas de plástico y de los aparatos de aire acondicionado.” Socci pregunta; “¿Está Usted seguro de que ésta es la respuesta que el Vicario de Cristo debe dar a una crisis espiritual verdaderamente apocalíptica...?"

Socci exhibe una lista de detalles para su denuncia, bajo una serie de encabezados que representan diversos aspectos del programa Bergogliano.


Confusión Bergogliana

Bajo el encabezado 'Confusión', Socci hace notar la naturaleza sin precedentes del 'Jubileo de la Misericordia,' "el primer jubileo en la Historia de la Iglesia que no incluye la memoria de la vida terrena de Jesús... [y] celebra solamente un acontecimiento de la Iglesia: los cincuenta años desde el Concilio Vaticano Segundo." (p. 108).

La misericordia, dice Socci, “no fue inventada en el 2013,” pero este suceso ― con sus miles de “puertas de la misericordia” y sin requisitos claros para la obtención de indulgencia plenaria, parece insinuar (citando a Sandro Magister) “la cancelación total del pecado, ya sin señal alguna de la remisión de la pena consecuente. La palabra 'pena' es otra de las palabras que se han desvanecido" (p. 113). Hasta el llamado al arrepentimiento y a la conversión es “hecha a un lado porque Usted ― como lo ha dicho públicamente ― no quiere convertir a nadie y considera el proselitismo una insensatez.”

Socci cita la homilía de Francisco del 8 de diciembre del 2015, en la cual declara que es malo afirmar acerca de Dios “que los pecadores son condenados por Su Juicio, sin preferir decir, en vez de eso, que son perdonados por su misericordia.” La impresión es que Dios “ha perdonado todo 'a priori' y que ni siquiera es necesario enmendar la vida de uno.” Socci observa que Nuestro Señor Mismo lamentaba este 'terrible auto-engaño' en una locución interior narrada por Santa Brígida de Suecia, en la cual Él le dice que la fundamentación de la Iglesia en la Fe ha sido minada porque “todos creen en mí y predican la misericordia, pero nadie predica y cree que Yo Soy el juez justo... Yo no dejaré el menor pecado sin castigo, ni el menor bien sin recompensa.”

Socci pregunta: “Pero ¿por qué ha tomado este giro su pontificado?” El resto de la carta abierta presenta la evidencia de lo que considera que es la respuesta a esa pregunta, y esta respuesta no podría ser más explosiva:

“...en vez de combatir los errores (y algunos de los que yerran) se ha puesto Usted a combatir la Iglesia... Le recordaría que la Iglesia es la esposa de Cristo por la cual Él fue crucificado, y el siervo que ha recibido del Rey la encomienda de defender pro tempore a Su esposa no puede humillarla en la plaza pública, tratándola como un niño malcriado... Es necesario arrodillarse ante el Señor, no ante la prensa.” (pp. 119-120)

Sínodo de Subversión.

Bajo el encabezado 'Subversión', Socci dirige su mira hacia el tempestuoso Sínodo, que correctamente describe como “un ataque mortal a la familia y al sacramento de la Eucaristía, que fue sistemáticamente ... llevado a cabo por la cúspide Vaticana”, “auxiliado con el derrocamiento del Magisterio Perenne de la Iglesia a lo largo de dos años” y fue “promovido por aquél que debiera ser el custodio y defensor de esa enseñanza” (p. 126).

Socci cita la observación hecha por el Cardenal Pell, de que el Sínodo había sido una 'guerra teológica' en la cual la indisolubilidad del matrimonio era como una bandera a ser capturada en la “batalla entre lo que queda del cristianismo en Europa y un neopaganismo agresivo. Todos los adversarios del cristianismo quieren que la Iglesia capitule en este punto.”

Pero, sigue escribiendo Socci, en tanto que Francisco “debería haber encabezado la resistencia contra las fuerzas que buscaban la capitulación de la Iglesia, en vez de ello todo mundo, cada vez con mayor evidencia y fuerza ― lo vio encabezar la facción revolucionaria” (pp. 126-127). Así, Ross Douthat, del New York Times, pudo escribir: "en este momento, el primer conspirador es el propio Papa." "No es de extrañarse, observa Socci con disgusto, que la revista Newsweek haya publicado un artículo de portada, intitulado '¿Es católico el Papa?' ― pregunta que nunca antes había sido planteada acerca de sus predecesores y ningún católico se hubiera jamás planteado, pero con Usted estamos ante un Papa que, como lo reportó un notorio diario laicista [La Repubblica], declaró literalmente ´No existe un Dios católico'.” En la misma línea, The American Spectator pintó a Francisco “sentado encima de una bola de demolición que reducía a polvo un edificio” [la torre de una iglesia] (p. 124)


¿Un Papa meteorólogo?

Bajo el encabezado 'Obsesión con el Clima' Socci contrasta la declinación apocalíptica de la fe y la moral en todo el Occidente con la obsesión inexplicable de este Papa por un supuesto 'apocalipsis climático.' La pregunta de Socci es devastadora; “En verdad necesita la Iglesia de un Papa climatológo y meteorólogo?” (p. 131). Observando que no hay “certeza científica que pruebe indisputablemente que hoy haya un cambio catastrófico en el clima y que eso sea imputable a la actividad humana” Socci declara:

“Sin embargo, Usted, Santo Padre, que siempre se mantiene frío y ajeno con relación al dogma de la Iglesia, se ha casado sin cuestionarlos con absurdos dogmas ecológicos... haciendo una profesión de fe, esculpida en roca, en esa absurda ideología climática...Es impropio y ridículo que un Papa haga del clima y del medio ambiente (a cuyo tema dedicó la primera encíclica que escribió) el núcleo de su predicación... El Señor nunca dijo 'Conviértanse y crean en el calentamiento global', sino: 'Conviértanse y crean en el Evangelio.' Y nunca ordenó 'Segreguen su basura', sino 'Vayan y bauticen a todas las naciones'.” (p.134)

La escaldante conclusión de Socci (citando una editorial escrita por Riccardo Casciolo) es que “Uno tiene la impresión de que el mensaje fundamental de la Iglesia ha cambiado: 'De salvadora de los hombres a salvadora del planeta'.”

Leones y Tigres y Osos

Bajo el encabezado 'Exhibición Preocupante', Socci denuncia "la disparatada y escandalosa exhibición de luces proyectada en la fachada de [la Basílica de] San Pedro, nada menos que el día de la Inmaculada Concepción. Con el título Fiat Lux (Hágase la Luz) la exhibición fue una burlona afrenta y una parodia del Evangelio en el cual la expresión indica el acto del Creador y luego identifica la Luz con Cristo que ha venido a iluminar la obscuridad.”

Repleta de figuras de animales pero desprovista de siquiera un indicio de simbolismo cristiano, este espectáculo representa una total inversión del mensaje del Evangelio: “el mundo proyecta su luz sobre la Iglesia que está inmersa en la obscuridad. Y en ese espectáculo la Iglesia recibe la luz del mundo” (p. 138). Y mientras las imágenes del mundo eran proyectadas sobre la basílica que se yergue en el corazón de la Iglesia, la luz sobre el nacimiento que estaba colocado en la Plaza de San Pedro, fue apagada porque “la luz del niño Jesús no debe nunca perturbar la escenificación de la nueva religión ecológica.” (p. 139)

Aquí Socci cita un sorprendentemente apropiado pasaje de las Escrituras, de la Epístola [de San Pablo] a los Romanos: “Profesando ser sabios, se hicieron necios y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles (Rom 1:22:23).” Y todavía otra evaluación devastadora más es lanzada a los pies de Francisco.

“Pero sobre todo, Padre Bergoglio [una referencia al gusto del Papa por presentarse a sí mismo de esa manera] ¿cómo es posible que no se dé cuenta ni señale otras emergencias que aquéllas del clima; ni siquiera con la misma insistencia? ¿La apostasía de pueblos enteros, de la fe en el verdadero Dios no es un drama que amerite sus llamados más ardientes? ¿La guerra contra la familia y contra la vida? ¿El abandono de Cristo y la masacre de comunidades cristianas? Parece ser que solamente el medio ambiente y otros temas de la religión de corrección política ameritan la pasión de Usted."

“Un gran intelectual francés, Alain Finkielkraut, lo ha descrito a Usted como el 'Supremo Pontífice del mundo de ideología periodística.' ¿Está él equivocado? ¿Exagera?"

“En efecto, en la Iglesia 'de Usted' parece ser que los temas de separación de la basura y del reciclado tienen precedencia sobre la tragedia de pueblos enteros que, a la vuelta de pocos años han abandonado la fe. Usted suena la alarma por el 'calentamiento global' cuando durante dos milenios la Iglesia lo había venido haciendo por el fuego del Infierno.” (p. 142)

De aquí, Socci se embarca en una exposición del Mensaje de Fátima y precisamente de sus admoniciones sobre la pérdida de las almas en el Infierno por toda la eternidad. La Señora de Fátima, escribe él, “no presentó los cálculos de los ambientalistas sobre el clima del planeta, sino hizo que los pequeños niños vieran el fuego eterno del Infierno, y les dijo con tristeza: 'Han visto el Infierno, a donde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlas, Dios desea establecer la devoción del mundo a mi Corazón Inmaculado. Muchas almas van al infierno porque no tienen a nadie que rece y haga sacrificios por ellos.' ”

Ésta, sigue diciendo Socci, “es la verdadera tragedia, Santo Padre, la perdición eterna de multitudes. No ― si me lo permite ― la pérdida de la biodiversidad, o por lo menos no para nosotros los cristianos. Sin embargo, Usted nunca habla de ello. Más bien, a veces casi induce Usted a la creencia de que todo mundo será salvado porque 'Dios no condena'.” (pp. 142-143).

Resumiendo su indisimulado desdén por la preocupación del Papa por el calentamiento global en vez de por el fuego eterno, del cual Nuestra Señora vino a advertir al mundo en Fátima, Socci escribe:

“Ante la catástrofe espiritual de la perdición eterna de multitudes, que indujo a la madre de Dios a venir seriamente a la Tierra, encuentro francamente incomprensible que se preocupe en su mayor parte ― como lo hizo en su encíclica Laudato si ― de la biodiversidad, la suerte de los gusanos y los pequeños reptiles, de los lagos, y del abuso de las botellas de plástico y del aire acondicionado.” (p. 148)

(Continuará)

lunes, 14 de marzo de 2016

The Papers of Benjamín Benavides

Los Papeles de Benjamín Benavides 

(The Papers of Benjamín Benavides)

 by Leonardo Castellani (1899 - 1981)

Absolutely, a must-read!

Book review by Rafael Castela Santos

Taken from http://casadesarto.blogspot.mx/2013/03/los-papeles-de-benjamin-benavides-de.html
Translated from the Portuguese by Roberto Hope

Homo Legens, the publisher which so relevant services has rendered to the Catholic culture in Spanish-speaking lands is elated with the publication of “Los Papeles de Benjamín Benavides” by Father Leonardo Castellani; work that appears for the first time in the neighboring nation and with the added attraction of supplementing this edition with a preface by Juan Manuel de Prada.

About Los Papeles de Benjamín Benavides I will just say that it is my favorite of the books authored by Castellani, to which I frequently return, and each time I do, I discover new matters to ponder and reflect upon. Authentic opera prima, written with noteworthy erudition, without detriment to its great ease of reading, by this distinguished Argentinian priest, dealing with that which was his favorite topic of study throughout his entire life ― the Apocalypse of Saint John.

By means of a combination of dialogues in which the central character, Don Benya or Benjamín Benavides, an extravagant Spanish Catholic sage with Sephardi Jewish roots, Castellani upholds, in a more than convincing way, that the Apocalypse is simultaneously a retrospective and a prospective book, in which the entire History of the Church is narrated or foreseen until the end of times, the which will be consummated with the Second Coming of Christ to this Earth (de fide truth which has been forgotten these days by almost all who claim to be Catholic ― Et iterum venturus est cum gloria, says the Creed.)

A more than recommended reading; a must-read!

***

To live in the future sense

By Juan Manuel de Prada
Translated from the Spanish by Roberto Hope

Five years ago, more or less, I published in this same journal an article titled “Las Gafas de Castellani” (Castellani's Spectacles), in which I narrated with delight my discovery of an Argentinian writer, Leonardo Castellani (1899-1981), whose reading had left a deep impression on me. Or perhaps it would be more appropriate to say, a deep wound: because Castellani did not only come forth as a very gifted writer, with a style somewhere between quixotic and untamed, like no other author I had read before but also transformed and upset entirely my way of looking at things, my way of living my own literary vocation and my religious faith. There are writers who, in certain situations in our life, widen our vital horizon; it so happened to me with Castellani, to whom the painful gift of looking deeper and beyond the appearance of things; and who, while still living, was condemned to ostracism. “Men who live in the present tense ― he wrote on a certain occasion ― instinctively banish into solitude him who lives in the future tense .”  Castellani lived in the midst of this rejection and solitude: rejection which on many occasions was an authentic Calvary and almost civil death.

That article which I published almost five years ago fell in the hands of a magnificent editor and one of the noblest persons I have known in my life, Carmelo López-Arias, who invited me to publish a book by Leonardo Castellani in the publishing house he works with, LibrosLibres. We titled it “Cómo sobrevivir intelectualmente al siglo XXI” (How to survive the Twenty First Century intellectually); and, surprisingly, it sold better than well, which would later allow me to publish other works by the same author: “Pluma en Ristre” (Pen at the ready) ― another selection of articles; “El Evangelio de Jesucristo” (Jesus Christ's Gospel) ― very meaty comments on the Sunday readings of the Gospel, and “El Apokalypsis de San Juan” (The Apocalypse of Saint John) ― an exegesis of the last book of the New Testament. Throughout all these years, the rescue of Leonardo Castellani has been a very important motor in my life, something that not even those people closest to me have fully understood because, in my proselytizing stubbornness, there was something of an immolation. But there are things that one does, not because he just wants to but because he knows he has to do them; and also knows that if he does not do them he will someday have to give account of it.

I now conclude this rescue work, publishing "Los Papeles de Benjamín Benavides” (Homo Legens), perhaps the most representative work of the Castellanian genius, a kind of thesis novel which partakes of Platonic dialogue, satirization of customs and even police intrigue, the main character of which, the Benjamín Benavides of the title, an evident likeness of the author himself, discusses the prophecies of the Apocalypse with a multifarious group of friends. Upon first sight, it looks like a work written haphazardly which intertwines, with an evident lack of academic unity, fabrications of an outlandish nature, but little by little from the reading emerges a captivating vision encompassing the history of humankind (and of its future life beyond this “vale of tears”). And, in moments as critical and somber as those in which we now live, especially elucidating and inspiring of hope.

In Los Papeles de Benjamín Benavides, Castellani speaks of matters around which the culture of our time has put seven padlocks; and which Christians themselves have ceased to “imagine”. But, as in some passage of the work its author notes, all true hope is supported on a pedestal which imagination provides: if we cannot conceive a concrete idea of what we expect, we tend to expel it from our mind. For quite a long time already, an effort ― silent but implacable ― is being made, consisting of withdrawing little by little all the braces on which popular imagination used to sustain its belief in a future life; and so, all outlets having been blocked, through which believers sought to conceive their ultimate destiny, hope has ended up being withered and deafened by a “swarm of prophetoids, of foretellers and praisers of progressivism and by the elation of the salvation of man by man”. But it is not necessary to look around to discover that all the promises of attaining paradise on earth, made to us by the “praisers of progressivism” have revealed themselves to be false and frustrating. In “Los Papeles de Benjamín Benavides”, Castellani, who lived in the future tense, with the sight always fixed on the eschatological horizon, gives back to us the true sense of Christian hope. Inevitably, they made him pay for it