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lunes, 1 de febrero de 2016

La Devastación de la Europa Católica

Algunas Causas y Consecuencias de la Revolución Protestante

(quinta de siete partes)

Por el Hermano David Mary, MICM, terc.

Tomado de: http://catholicism.org/the-devastation-of-catholic-europe-some-causes-and-consequences-of-the-protestant-revolt.html
Traducido del inglés por Roberto Hope

Suiza

La revuelta germana se extendió hacia el sur a Suiza bajo la forma del zwiglianismo (por Ulrico Zwinglio, un sacerdote apóstata) en los años 1520s. El zwinglianismo era un tipo de protestantismo más radical que el de Lutero en que Zwinglio manifestaba un espíritu mucho más racionalista, que bordeaba en el panteísmo: “Todo es Dios, todo lo que existe es Dios, y nada existe que no sea Dios”. Además, Zwinglio era un gran iconoclasta.70

En Zurich en 1521, el cabildo de la ciudad protegió a Zwinglio de las autoridades eclesiásticas y le permitió predicar su ponzoña al populacho. Para 1525, luego de que el cabildo hubiera dado su aprobación oficial a Zwinglio, todo signo externo de catolicidad había sido destruido. La misa había sido reemplazada por una forma “más pura de adoración ― el altar desapareció y algunas simples mesas cubiertas con el pan y el vino sacramentales tomaron su lugar, y una multitud de ansiosos comunicantes se reunía alrededor de ellas.”71

La revolución suiza se hizo más radical y fue más absoluta que la alemana; sin embargo, “en todas partes su progreso se distinguía por disenciones, conmociones civiles, rapiña, violencia y derramamiento de sangre. Y así como la alemana, debía también su establecimiento a la intromisión de las autoridaes civiles. Sin ésta, ninguna de las revoluciones hubiera tenido ni consistencia ni permanencia.” 72.

De Zurich, el veneno se extendió hacia Berna, donde sobrepasó por mucho a su preceptor en celo y fanatismo religioso, y Berna tomó la batuta en todos los asuntos religioso-políticos del país. Allí se celebró un concilio zwingliano en 1528, en el cual se adoptaron diez artículos de la nueva fe. Luego, la nueva fe fue impuesta a la fuerza sobre toda la población del cantón (Suiza está formada por cantones o distritos). Se abolió la misa, se demolieron los altares, se quemaron las imágenes, se les permitió a los sacerdotes casarse y se obligó a los religiosos que dejaran sus conventos. Esta nueva religón, establecida por ley, causó mucha violencia, sacrilegio, y rapiña en todo el cantón bernés.

La vieja religión Católica fue suprimida de manera tiránica. Para hacer cumplir la nueva religión, se enviaron desde Berna comisionados a todas las comunidades del cantón, con instrucciones de dirigirse a la gente y emplear todo esfuerzo para inducirlos a abrazar el nuevo evangelio. Luego de que predicaban, la cuestión se sometía a voto popular. (Se permitía que participaran muchachos de 14 años.) Si la mayoría se iba por la nueva religión, la minoría era obligada a abandonar la vieja religión; públicamente se declaraba abolida la misa en todo el pueblo. Si, por el contrario, la mayoría votaba por seguir con la vieja religión, (como frecuentemente era el caso), la minoría protestante conservaba la libertad de practicar la suya. Aun si algún pueblo votaba unánimemente por seguir practicando el catolicismo, sus sacerdotes eran desterrados y ¡en su lugar se ponían predicadores protestantes!  Todo esto se hacía cumplir por la autoridad civil. 73

Agréguese a la tiranía de los protestantes la nota de hipocresía: “La [tiranía] del partido protestante era superada sólo por su total inconsistencia. Los gloriosos privilegios del juicio privado, de libertad de conciencia y de prensa, estaban siempre en sus labios, y sin embargo ¡temerariamente las pisoteaban todas ellas! Cada quien podía intepretar la biblia por sí solo y sin embargo quien osara interpretarla diferentemente de como lo hacían sus excelencias los consejeros municipales de Berna, era castigado como enemigo del gobierno,” 74

En 1535, se hizo conocer la revolución en Ginebra, principalmene por las intrigas de Berna. Como resultado, las iglesias católicas fueron confiscadas luego de haber sido antes pintarrajeadas sacrílegamente y desecradas; el clero católico era perseguido y forzado a huir de la ciudad; casi la mitad de la población fue obligada a emigrar para poder alcanzar paz y libertad de conciencia para ellos mismos, y luego de que se iban, sus propiedades eran confiscadas y en castigo por haber osado dejar la ciudad, eran privados de sus derechos. En 1536, la Reforma fue establecida en Ginebra por el gran consejo municipal y hecha cumplir con las espadas y bayonetas del ejército.

Fue cinco años más tarde cuando Juan Calvino (1509-1564) un sacerdote apóstata, llegó a la ciudad y comenzó a consolidar el sistema calvinista. Este sistema absorbió al zwinglianismo y realizó una comunidad ideal de elites predestinadas. El calvinismo construyó sobre el luteranismo existente ― la justificación sólo por la fe, la negación de la gracia santificante, la biblia como única regla de fe. Añádase a esto la predestinación absoluta ― con independencia de sus actos, el hombre está predestinado al cielo o al infierno. La libre voluntad no existe.

Como en el luteranismo, la doctrina calvinista prácticamente identificaba a la iglesia y el estado como una sola entidad; sin embargo, a diferencia de los luteranos, los calvinistas propugnaban el dominio de la Iglesia sobre el estado, o sea una teocracia, en la cual una sola entidad gobierna tanto las cosas espirituales como las temporales. Algunos historiadores erróneamente señalan que esto es lo que la Iglesia Católica enseña. Parecen olvidar que la Iglesia Romana reconoce dos cuerpos distintos dotados de autoridad propia y no una única organización.

Es interesante notar que las pretensiones teocráticas de Calvino estaban basadas en “un intenso individualismo derivado de la certidumbre de ser de los elegidos y del deber del individuo de cooperar para llevar a cabo el propósito divino contra un mundo pecador y hostil.” 

Aquí también, como en el Luteranismo, que le adscribía un valor meramente terrenal y naturalista a la actividad terrenal, el calvinismo sostenía esta separación de la gracia y la naturaleza. Calvino, sin embargo, añadió incentivos poderosos a la observancia de este valor naturalista y a la búsqueda de la riqueza. “Él enseñaba que la energía en el trabajo y el éxito en los negocios eran prueba de que uno había sido elegido para ser salvado, una clara indicación de que el acto puramente interior de fe ― la confianza en Cristo, había sido llevado a cabo correctamente, y que por otra parte la falta de ambición por las ganancias y el pobre éxito eran prueba de la condenación eterna. Consecuentemente, la acción política y los tratos de negocios, en vez de estar [motivados por una caridad sobrenatural hacia el prójimo, se] dejaban al consejo del juicio privado, o sea, inevitablemente a lo que indicaba el interés propio. De esa manera, el individualismo en la religión preparó el camino para el individualismo y el separatismo en la actividad política y económica.

En Ginebra, Juan Calvino aniquiló los últimos vestigios de sentimiento católico; la ciudad revirtió hacia el antiguo testamento; en el bautismo se imponían nombres de patriarcas, y los nombres de los santos se erradicaron del calendario, dejando en blanco los días del año. Se observaba sólo el sábado en un espíritu de legalismo judío. 77

Calvino fundó la Academia, conocida más tarde como la Universidad de Ginebra, que se convirtió en el nuevo Santo Oficio de esta 'Roma Protestante', el seminario central, núcleo misional, y centro de conocimientos del movimiento calvinista en Europa.78 La Academia sirvió como la Meca del calvinismo de otros países ― los hugonotes en francia, los neerlandeses reformados en holanda, los presbiterianos en Escocia y los puritanos en Inglaterra y en la Nueva Inglaterra.

La Revolución Escandinava

La Reforma se apersonó en los países católicos de Dinamarca, Suecia y Noruega pronto después de haber producido sus efectos nocivos en Alemania.

Dinamarca

El voluntarioso e inescrupuloso gobernante de Dinamarca, el Rey Christian II, que estaba imbuído del mismo espíritu que había motivado a sus pares, los príncipes 'católicos' de Alemania, comenzó su ataque a los derechos de la Iglesia en 1519. Durante los siguientes cuatro años, colocó cinco clérigos en la sede arzobispal primada, sólo uno de los cuales recibió confirmación papal, y promulgó nuevos edictos regulando la propiedad eclesial y sujetando la jurisdicción episcopal a la corona. Junto con esta intromisión en los asuntos de la iglesia, Christian II laboró por lograr sus ideas absolutistas en el campo de la política. Trató de lograr esto resolviéndose a hacer valer su supremacía real en toda la Union de Kalmar. (Los países de Islandia, Noruega, Suecia, Finlandia y Dinamarca estaban unidos bajo el dominio de los daneses en virtud de este tratado). También deseaba destruir todo el poder que detentaban los nobles de su propio país. Falló en ambos intentos, y por ello causó su expulsión de Dinamarca en 1523. Un efecto de las políticas de Christian fue una guerra de Suecia contra la Unión de Kalmar.

Los nobles de Dinamarca pusieron en el poder al tío de Christian, Federico de Schleswig-Holstein. Federico era un luterano secreto, y en violación a su juramento de coronación, de apoyar a la Iglesia y suprimir la herejía, inició una revuelta en serio contra la Iglesia. En 1526 salió del clóset, por asi decirlo, con su luteranismo, y el siguiente año en la Dieta de Odense, promulgó la infame Ordenanza de Odense. Esa ordenanza 1) transfirió la confirmación de obispos de la Santa Sede a la corona, 2) permitió el matrimonio de los clérigos, 3) otorgó igual protección real a los sacerdotes católicos y a los predicadores luteranos, y 4) proclamó la absoluta libertad de conciencia.79 Esta ley, en efecto, colocó a la iglesia danesa en cisma. “Cuando murió Federico I en 1533, no cabía lugar a duda de que la corte era luterana; los obispos, serviles cismáticos, pero la gran mayoría del populacho era católico.” 80

Después de la muerte de Federico, la población católica se unió en apoyo del Conde Cristóbal de Oldenburgo, quien pudo retener el trono por dos años. Sin embargo, los poderosos nobles, con la ayuda de los suecos (para entonces ya había ocurrido la revolución en Suecia), capturaron Copenhague, sede del poder en 1536 y pusieron a Christian III, hijo luterano de Francisco, en el trono. Bajo el reinado de Christian III, Dinamarca perdió su catolicidad. El rey hizo arrestar a todos los obispos el 20 de agosto de 1536. Se les ofreció su libertad y una pequeña pensión a condición de renunciar a sus sedes episcopales y a sus tesorerías en favor del rey, y de prometer no ofrecer más resistencia al cambio religioso. Todos aceptaron menos uno, el Obispo Ronnnow de Roskilde. Él habría de morir en prisión ocho años más tarde. 81

Al año siguiente, Christian III invitó al brazo derecho de Lutero, Juan Bugenhagen, a supervisar el establecimiento del sistema luterano en Dinamarca. Después de esto, los sacerdotes que se rehusaban a introducir la nueva religión eran privados de sus parroquias. Como algunos clérigos y laicos seguían oponiéndose a la nueva religión, se promulgaron leyes más estrictas en 1544 y 1546. Toda la propiedad eclesiástica que quedaba fue confiscada; todos los sacerdotes católicos fueron enviados al exilio bajo pena de muerte si regresaban, y todos los laicos católicos fueron privados de su derecho de desempeñar cargos públicos y de transmitir propiedades a sus herederos. Habremos de ver las mismas medidas represivas ser promulgadas por Enrique VIII e Isabel I en Inglaterra e Irlanda.

Noruega

Para Noruega, que seguía bajo el dominio de Dinamarca por medio de la Unión de Kalmar, fue sólo cuestión de tiempo para que el populacho fuera infectado de luteranismo. Primero, Dinamarca privó a Noruega de sus principales pastores, desterrándolos y poniéndolos en prisión. Para 1537, privados así de sus dirigentes eclesiásticos, los noruegos cayeron a merced del gobierno danés, que de inmediato tomó medidas activas para imponer sobre ellos la nueva religión. Se aprobaron leyes por las cuales todo el clero era obligado a abrazar el luteranismo o abandonar el país, A su crédito, muchos de los monjes prefirieron el exilio a la apostasía.82

Así pues, la Reforma, que en todas partes llevaba la promesa de libertad en sus labios, dispersó la ruina sobre las expectativas sociales, materiales y políticas de Noruega, de cuyos efectos todavía no ha podido recuperarse. 83

Islandia

Islandia, también bajo el dominio de los daneses, fue forzada a abrazar el luteranismo solamente después de que un gran contingente de tropas danesas derrotara a los insurgentes católicos y matara al último obispo católico en 1550. Las leyes promulgadas en Dinamarca fueron hechas valer en Islandia y habrían de pasar más de 300 años para que un sacerdote católico obtuviera permiso de desembarcar en Islandia.84

Suecia

La historia de la Revuelta en Suecia no presenta ninguna grande excepción a las leyes generales que rigieron el movimiento en otros países. Como en Inglaterra, la obra de la Reforma fue entera y exclusivamente llevada a cabo por la corona. El hombre que la llevó a efecto fue Gustavo Vasa. Vasa llegó al poder como resultado de llevar a los suecos a la victoria en una guerra de independencia contra Dinamarca, disolviendo la Unión de Kalmar. En 1523, fue coronado rey de Suecia por aclamación popular. Tomó el nombre de Gustavo I. Desafortunadamente para Suecia, Gustavo era un luterano no declarado. Se hacía pasar por católico celoso, y mientras tanto, llevó a cabo una campaña secreta para introducir el luteranismo en Suecia. Sus instrumentos fueron dos de los discípulos 'maestros' de Lutero, los hermanos Olaf y Lorenzo Petersson, o Petri. Un historiador protestante proporciona los detalles de la hipocresía real:

El intrépido Olaus Petri se había presentado en la dieta que se celebró en Strangas en 1523, y buscó exponer los errores del papado ante los estados. Causó mucha excitación y llegó a los oídos del rey, quien llamó a Olaus y a su patrocinador, el docto y venerable Laurentius Andreae. Deben ahora explicar sus sentimientos ante él, y fue imposible para él no aprobar lo que concordaba tan bien con sus propias convicciones y ventajas, pero no se explicó abiertamente todavía por algún tiempo, temiendo que ganándose el nombre de hereje le traería la detestación de los sacerdotes y del pueblo; por lo tanto aparentaba no tomar parte en estas disputas religiosas, pero secretamente protegía las nuevas doctrinas, y para su mayor diseminación colocó a Lorenzo como doctor de teología en Upsala, a Olaus como predicador en la Iglesia Mayor de Estocolmo, y a Laurentius Andreae lo nombró su propio secretario.

Tres años más tarde, en 1527, dos obispos que se mantenían estrictamente en la fe, Pedro Sunnanwader y Magnus Knut, fueron ejecutados como traidores por rechazar la herejía que se esparcía desde la catedral de Estocolmo. (Esto fue ocho años antes del martirio de Santo Tomás Moro y de San Juan Fischer en Inglaterra,)

La Iglesia en Suecia estaba para entonces bien enterada de la nueva religión de Gustavo y de sus intenciones respecto a las propiedades de la Iglesia. En la Dieta de Westeras, celebrada a fines de 1527, se aprobó una ley por la corona, que contenía lo siguiente: 1) Las riquezas y los ingresos superfluos de los conventos deben ser aplicados al uso del reino y de la corona, y 2) la palabra “pura” de Dios debe ser predicada en las iglesias del reino.86

En una determinación distinta, llamada Westeras Ordinantia, se fijó que los obispos, diáconos, etc., debían ser nombrados por el rey sin el consejo del Papa, que el rey depusiera a los clérigos descalificados, y que en asuntos terrenales los sacerdotes debían comparecer ante tribunales temporales.87

En consecuencia, la corona y la nobleza se abalanzaron sobre la riqueza y las propiedades de la Iglesia con gran rapacidad y avaricia. La iglesia fue despojada y esclavizada.

Dos años más tarde, la Dieta de Odebro estableció formalmente la iglesia nacional con una jerarquía subordinada a la corona, y Lorenzo Petersson fue nombrado arzobispo de Upsala ― sede primada de Suecia. La dieta pedía la adopción de una liturgia en lengua vernácula y un clero  casado (la gente de Upsala se asombró y escandalizó en grande de ver al nuevo arzobispo de Upsala entrar acompañando a su esposa a la venerable catedral.)

Este año de 1529, fue el anterior al año en que se celebrara la famosa Dieta de Augsburgo en Alemania. Y sería 63 años antes de que cualquier declaración doctrinal de la nueva iglesia sueca hiciera su aparición.

Comparando a Gustavo con Enrique VIII de Inglaterra, el Arzobispo Spalding dijo, “Ambos [Enrique y Gustavo] comenzaron su reinado bien, como ídolos del pueblo, y ambos lo terminaron mal, objeto de la detestación popular. Bajo ambos reinos, había libertad popular al principio y esclavitud popular al final. Ambos se hicieron a sí mismos cabeza de la iglesia en sus respectivos reinos mediante fraude y violencia, y ambos, por y mediante esta usurpación sacrílega de la soberanía espiritual, lograron aplastar las libertades de la gente y establecer un redomado despotismo real.”88

(Continuará)

Notas:
70  Summary of Catholic History, pág. 173. 
71  History of Protestant Revolt, págs. 174-175. 
72  Ibid., pág. 168. 
73  The Protestant Reformation in Western Switzerland, Charles Louis De Haller, págs. 53-54. Esto puede leerse en The History of the Protestant Revolt, pág. 188. 
74  De Haller, págs. 58-59. 
75  Judgment of the Nations, Christopher Dawson, págs. 44-46. 
76  The Mystical Body of Christ and the Re-Organization of Society, pág. 278. Calvino fue el primero en desconocer abiertamente las leyes de la Iglesia contra la usura. (p. 75) 
77  Summary of Catholic History, pág. 175. 
78  Ibid., pág. 176. 
79  Summary of Catholic History, pág. 160. 
80  Ibid., pág. 160. 
81  Ibid., pág. 160. 
82  History of the Protestant Revolt, Vol. II, pág. 449. 
83  Ibid., pág. 450. 
84  "Iceland", Pius Wittman, PhD., Catholic Encyclopedia, Vol. VII, pág. 617. 
85  History of Sweden, Fryxell, Vol. II, págs. 117-118. 
86  History of Protestant Revolt, Vol. II, pág. 419. 
87  Ibid., pág. 419. 
88  History of Protestant Revolt, Vol. II, págs. 432-433. 

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