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lunes, 15 de febrero de 2016

Devastación de la Europa Católica

Algunas Causas y Consecuencias de la Revolución Protestante

(sexta de siete partes)

Por el Hermano David Mary, MICM, terc.

Tomado de: http://catholicism.org/the-devastation-of-catholic-europe-some-causes-and-consequences-of-the-protestant-revolt.html
Traducido del inglés por Roberto Hope

El Cisma de Inglaterra


En Inglaterra, la revuelta contra la Iglesia golpeó de manera muy fuerte. En ninguna parte habría de producir el protestantismo un desastre más grande. Este desastre no se produjo tanto por la diseminación de doctrinas falsas como por la corona haber arrancádole por fuerza la iglesia a Roma. Una nueva iglesia nacional surgió a la existencia, y el camino para construir la Iglesia Anglicana ocasionó un tremendo costo en vidas y en propiedades.

Como lo habíamos visto en otra parte, la intromisión del poder civil en los asuntos de la Iglesia había llegado a tal grado que mucho del alto clero de Inglaterra se había alejado de la Santa Sede y se había puesto al servicio del rey. Así mísmo, el reconocimiento general de la Primacía del Papa había menguado en la mente de muchos ― gobernantes al igual que gobernados. Bajo esas circunstancias, era sólo cuestión de tiempo para que la persona indicada llegara a escena y se aprovechara de la deteriorada situación. Para Inglaterra, esa persona fue Enrique Tudor ― el Octavo de Inglaterra.

Todo el mérito o demérito de haber causado la separación de Inglaterra de la Iglesia Católica le pertenece justamente a Enrique VIII. Él fue el verdadero padre de la Reforma Inglesa, la cual fue peculiarmente obra suya, amoldada de acuerdo con su voluntad real, y hecha según su imagen y semejanza. Este hecho es indiscutible. De no ser por él, no hubiera habido un cisma y consecuentemente tampoco la Reforma en Inglaterra ― o por lo menos no entonces.

Enrique VIII llegó al poder en el año 1509, ocho años antes de que Alemania iniciara la revolución. Le tomó muy poco tiempo después de eso para separar a Inglaterra de la Iglesia Una y Verdadera. Después de 1515, Enrique se había vuelto absolutista en asuntos políticos, arrancando una obediencia ciega tanto de nobles como de clérigos.90 Y a tono con el espíritu prevaleciente de los tiempos, Enrique también comenzó a albergar una actitud de desafío hacia el Santo Padre.

El proceso de separación comenzó cuando Enrique trató de divorciarse de su esposa, Catalina de Aragón, con la que ya llevaba 17 años de casado, con el pretexto de que su matrimonio era inválido debido a un impedimento de afinidad. Catalína era la viuda de Arturo, el hermano de Enrique, quien había muerto antes de que el matrimonio se hubiera consumado. El papa Julio, por ese motivo, había concedido una dispensa que permitía a Catalina casarse con Enrique. Enrique puso en cuestionamiento esa dispensa. Por lo tanto el Papa Clemente VII nombró a una comisión que investigara las circunstancias del caso. Esto fue en 1528. En 1529, se llevó a cabo una audiencia formal en Inglaterra. Todos menos uno de los obispos presentes estaban a favor del divorcio. El único disidente era el Obispo Juan Fisher de Rochester. El Cardenal Wolsey, que constituía la mitad de la comisión de dos miembros, pidió un veredicto inmediato sobre el caso; sin embargo, el Cardenal Campeggio, legado del Papa, suspendió la audiencia hasta el otoño. La Reina Catalina, viendo la obvia parcialidad que surgía de la audiencia apeló al Papa, por lo que el Papa no tuvo otra opción que la de atraer el caso a Roma para llegar a una decisión. La decisión en este caso no se hizo pública hasta julio de 1533, cuatro años más tarde.

Antes de que ese plazo terminara, sin embargo, Enrique comenzó a tomar medidas para separar a su país de la Iglesia. Tomás Moro, un laico, reemplazó al Cardenal Wolsey como canciller de Inglaterra, señal para muchos de que resultarían actividades anticlericales por parte del rey. Esto resultó ser cierto. En octubre de 1529 se instituyó un “Parlamento de Reforma”, del cual salió legislación ideada para restringir la libertad de la Iglesia en Inglaterra y poner toda su autoridad en las manos de un solo hombre ― Enrique VIII. Aun cuando el parlamento no fue escogido por el propio Enrique, fue muy complaciente con sus deseos.91 El parlamento comenzó con unas leyes levemente anti-clericales, que atacaban abusos eclesiásticos genuinos que todo mundo censuraba. Esta legislación incluyó la Ley Testamentaria [Probate Act], la Ley Mortuoria [Mortuories Act] y la Ley de Pluralidades [Pluralities Act], ésta última denunciando la pluralidad de beneficios, la no residencia de los beneficios y la actividad mundana de los clérigos. Estos fueron sólo presagios de los motivos verdaderos del Parlamento, ya que estas últimas leyes atacaban abusos que el mismo Enrique había condonado anteriormente. Depués de todo ¡él mismo había prodigado varios beneficios a sus ministros clérigos, especialmente al Cardenal Wolsey!

Luego siguió la restauración del Estatuto de Provisores [Statute of Provisors] anulando los nombramientos papales sin el consentimiento real. El objeto de esta ley era obvio ― la autoridad de la Iglesia no podía cruzar los límites nacionales sin la anuencia de Enrique. Las verdaderas intenciones de Enrique se hacían muy aparentes. Propuso a los obispos de Inglaterra que, para evitar cualquier dificultad que surgiera de la violación de este estatuto, tales como prestar juramento de obediencia a la Santa Sede (estos eran votos que se acostumbraba que hicieran los candidatos a altos puestos en la Iglesia), declararan públicamente: 1) “Reconocemos que Su Majestad es el protector especial y el único y supremo jefe de la Iglesia y clero de Inglaterra” y 2) “el cuidado de las almas será confiado a Su Majestad”. A la siguiente convocación del clero, estas propuestas fueron secundadas, pero con una enmienda rescatante añadida por el Obispo Juan Fisher ― “en la medida en que lo permite la ley de Cristo”

El paso de la revolución inglesa se aceleró cuando en enero de 1532 el Parlamento votó por la Ley de Amortización [Mortmain Act] que restringía los derechos de propiedad de los clerigos y reducía las primicias papales.93 Tomás Moro entonces renunció como canciller, previendo la intención hostil de la nueva legislación.

15 de mayo de 1532 ― el clero de Inglaterra subordina las cortes católicas a revisión secular, terminando de esa manera toda jurisdicción independiente del estamento eclesiástico. (Esta independencia fue la causa por la cual Santo Tomás Becket había sido martirizado en 1165.)

Agosto de 1532 ― Tomás Cramner fue nombrado Arzobispo de Canterbury y el Papa Clemente VII aceptó su nombramiento como una última concesión para evitar la rebelión de Enrique.

En el siguiente enero, Enrique intercambió votos matrimoniales secretamente con Ana Bolena, que llevaba en su seno a la hija de él, Isabel.

30 de marzo de 1533 ― Cramner hizo su juramento de obediencia al Papa, pero sólo después de haber afirmado que “Aun cuando hoy juro ser obediente a la Sede de Roma, sin embargo, sólo lo haré de dientes a afuera y no con mi mente y corazón internos, ni tengo la intención de cumplir mi promesa con el Papa que está ausente...” 94 (¡Esto muestra la completa hipocresía en el carácter de uno de los llamados grandes reformadores!)

Abril de 1533 ― el Parlamento de Enrique aprobó una ley que restringía las apelaciones a Roma ― esto fue el resurgimiento del antiguo Estatuto de Praemunire que había aparecido por primera vez en el Siglo XIV bajo el reinado del rebelde gobernante inglés ― Eduardo III.

El 23 de mayo de 1533, Cramner pronunció nulo e inválido el matrimonio de Enrique con Catalina, y válida la unión con Ana Bolena.

En julio del mismo año, Roma decidió en contra de la petición de anulación de Enrique, declaró ilícita su unión con Ana, e ilegítimos todos los posibles hijos. Sin embargo, el Papa se esperó al año sigueinte para ratificar su decisión públicamente. Se especula que esperaba que Enrique no siguiera adelante con el cisma.

En repudio de la decisión Papal, el Parlamento aprobó entonces la Ley de Sucesión en abril de 1534, que invalidaba el matrimonio de Enrique con Catalina y declaraba a Isabel legítima y heredera al trono. Los Santos Tomás Moro y Juan Fisher se rehusaron a hacer juramento de conformidad con esta ley, y entonces fueron mandados a prisión por alta traición. (Tomás Moro había reconocido el derecho del Parlamento de designar un heredero al trono, pero se rehusó a aceptar la sutoridad del Parlamento de pronunciarse sobre la validez de un matrimonio. Esto está muy lejos de lo que el hombre moderno permite al estado en estos asuntos)

Y finalmente, en noviembre de 1534, el parlamento dio su sanción a la Ley de Supremacía: “Sea promulgada por la autoridad de este parlamento que el rey, nuestro soberano señor, sus herederos y sucesores, reyes de estos dominios, sean considerados, aceptados y reputados como la única cabeza suprema en la Tierra, de la Iglesia de Inglaterra, llamada Anglicana Ecclesia,” con la autoridad de “visitar, reprimir, reparar, registrar, ordenar, corregir, restringir y enmendar” cuanto “por cualquier forma de autoridad o jurisdicción espiritual deba ser reformado; ... no obstante todo uso o costumbre, ley extranjera o autoridad extranjera.”95 Un juramento de supremacía que la acompañaba exigía a los súbditos “jurar lealtad, fidelidad, y obediencia sólo a Su Majestad, el Rey... y no a ningún poder extranjero.”96

En enero y febrero de 1535, Enrique asumió su nuevo título de cabeza suprema de la iglesia y de la jerarquía inglesa, renunció explicitamente a la institución divina del papado. La consumación del cisma ya era total.

El juramento de supremacía se hacía cumplir so pena de muerte. Por rehusarse a hacer este juramento, los santos cartujos Juan Houghton, Roberto Lawrence y Agustín Webster junto con el monje San Ricardo Reynolds, fueron condenados a muerte. San Juan Fisher fue martirizado el 22 de junio, y Santo Tomás Moro el 6 de julio. El Papa Pablo III excomulgó a Enrique el 30 de abril, y pidió que fuera depuesto. Sin embargo ningún príncipe o rey salió al paso a hacer cumplir la bula,

Entonces, ya con todas las legalidades apartadas del camino, Enrique y compañía comenzaron lo que la historia conoce como el Gran Pillaje; entre 1536 y 1540, la corona expropió y suprimió 645 monasterios, 90 colegios y 110 hospitales (¡el valor de las propiedades monacales representaba en esos tiempos un tercio de la riqueza en tierras de Inglaterra!)

Conforme estas propiedades pasaban a manos de Enrique, salían nuevamente como regalos a sus amigos y partidarios, y como sobornos a sus enemigos potenciales. Muchas de ellas fueron también dilapidadas por Enrique en lujos. A la muerte de Enrique, en 1547, casi dos terceras partes de la riqueza mal habida de la corona había sido distribuida entre 1600 partidarios y cofrades ladrones, creando de esa manera una clase terrateniente con un fuerte interés creado de que la Reforma permaneciera.97 Esta nueva plutocracia poseía un destacado poder económico que le permitía primero controlar el parlamento y con el tiempo restringir el poder de la corona. Para finales del reino de Isabel en 1603, una nueva oligarquía estaba apoderándose del país.98 La cantidad de propiedades robadas a la Iglesia totalizaba más de dos millones de acres. 99.

Algunos infames individuos reunieron grandes fortunas y de ellas enorme poder al término del Gran Pillaje ― Guillermo Cecil, Tomás Cromwell, Juan Dudley y Eduardo Seymour, por nombrar algunos. Estos mercaderes del poder establecieron el curso de la futura Inglaterra Protestante para cientos de años después.

Otro resultado del Gran Pillaje fue que la gran mayoría de los 6,500 monjes y frailes y 1500 monjas fueron mandados a la calle a haberselas con sus propios recursos. Aparte de estos 8,000, otros 92,000 dependientes de los monasterios ― los ancianos, los huérfanos, los enfermos, fueron arrojados sobre las espaldas de la sociedad, Como consecuencia de ello, se promulgaron las primeras Leyes de Pobres en Inglaterra, en un intento de lidiar con un creciente problema social.

En lo que concierne a la doctrina, Enrique extirpaba toda novedad que apareciera (excepto, por supuesto, sus propias novedades relacionadas con la primacía e infalibilidad del Papa). 100 Mantuvo intacta la misa ― la creencia en la divina presencia y en la transubstanciación, el celibato de los sacerdotes, y los siete sacramentos. Fue sólo después de su muerte, en 1547, cuando tomaron asiento las novedades luterana y calvinista. Éstas fueron traídas durante el reinado de Eduardo VI, por el Duque de Somerset y el Arzobispo Cramner inyectando veneno en un cuerpo ya cismático. El primer “Libro de Oración Común” ["Book of Common Prayer"] apareció en 1548, y fue impuesto sobre el pueblo en junio de 1549.

El 31 de enero de 1550, el Parlamento votó por una nueva forma de consagración de arzobispos, obispos, sacerdotes y diáconos, llamado el Ordinal. Tuvo un principio endeble, modificándose en 1552; fue suprimido por la reina católica, María Tudor, y readoptado finalmente por Isabel I en 1559. Tuvo el efecto de invalidar todas las ordenaciones anglicanas posteriores, pues estaba ideado deliberadamente para destruir toda idea de un sacerdocio sacrificatorio. “En intención, y hasta el siglo XVII también en forma, era defectuoso e incapaz de perpetuar la sucesión apostólica del episcopado y las órdenes sagradas."

Cranmer introdujo un segundo “Libro de Oración Común” en 1550 que era más zwingliano que luterano. Todos los vestigios de la misa desaparecieron junto con los ritos que tenían reminiscencia de sacrificio. Mesas reemplazaron a los altares y todas la vestiduras, excepto el sobrepelliz, fueron prohibidas. Todos los sacramenteos se declararon ilegales y se instituyeron dos sacramentos ― el bautismo, y la “cena”, mediante una Ley de Uniformidad aprobada por el Parlamento en 1552.

Para completar la nueva iglesia, aparecieron “42 artículos” en junio de 1553, que representaban la enseñanza oficial de la Iglesia Anglicana, que para entonces ya llevaba 18 años de existir. Estos artículos presentaban un delicado balance entre el luteranismo y el calvinismo.

(Continuará)

Notas:
89  History of Protestant Revolt, Vol. II, pág. 60. 
90  Outline History of the Church by Centuries, pág. 556. 
91  Summary of Catholic History, pág. 188. 
92  Ibid., pág. 188. 
93  Las primicias son "los primeros frutos, o el primer ingreso en el año de un beneficio eclesiastico, que se paga a lal Curia Papa."— Catholic Encyclopedia, Vol. I, pág. 537 
94  The Rise and Growth of the Anglican Schism, Rev. Nicolas Sander, TAN Edition, pág. 89. 
95  Summary of Catholic History, pág. 190. 
96  Ibid., pág. 190. 
97  The Beginning of the English Reformation, Hugh Ross Williamson, Sheed and Ward, págs. 55-56. 
98  Summary of Catholic History, pág. 193. 
99  History of Protestant Reformation in England and Ireland, pág. xii. 
100 Como la Primacía del Papa y la Infallibilidad Papal no se habían definido antes del Concilio Vaticano I, Enrique no estaba negando enseñanzas de fide definita de la Iglesia. Sin embargo, al negar estas doctrinas, sí negaba articulos de Fe que siempre se habían creído universalmente ― y que por lo tanto pueden ser llamados de fide catholica. Fuera de esto, Enrique se oponia fuertemente a las nuevas doctrinas que estaban surgiendo en Europa en esos tiempos. Antes de este cisma, el Papa le habia impuesto el título de "Defensor de la Fe" por su labor de defender a la Iglesia y sus enseñanzas contra las herejías de entonces. Por supuesto nada de esto le imputa virtud alguna a él, pues fue culpable de un asalto directo contra el Cuerpo Místico de Cristo; simplemente sirve para aclarar el dato histórico de que Enrique no adoptó las herejías de los otros "reformadores." 

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