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jueves, 18 de enero de 2018

 ¿Tierra de los Hombres Libres? 

Una Perpectiva Católica sobre la Historia Norteamericana


Por Charles A. Coulombe


Tomado de la introduction al libro 'Puritan's Empire',  por Charles Coulombe
Traducido del inglés por Roberto Hope


 Parte 4 y final


África

La parte del África más cercana a América, el África Occidental, es naturalmente la que tendría la conexión más cercana con el Nuevo Mundo, a través de la trata de esclavos. Dividida entre pueblos innecesariamente en guerra tales como los Ashanti, Fanet, Dahomey y Benin,   la costa del África Occidental era sin embargo una rica fuente de oro. 

En 1471, los portugueses llegaron a lo que pronto llamaron la Costa de Oro (el Ghana de nuestros días) y en 1482 construyeron ahí el Castillo Elmina, el primero de cuatro fuertes locales diseñados para impedir que otros europeos comerciaran en la región. De este depósito esperaban enviar el oro a Europa en vez de hacerlo por la mahometana África del Norte. En esa ocasión en particular, estaba presente un manino italiano llamado Cristóbal Colón

Los pequeños estados locales tenían otra costumbre interesante. Peleando continuamente como lo hacían, capturaban muchos prisioneros. A éstos vendían como esclavos, generalmente a los estados musulmanes del Norte, y particularmente a aquéllos en el Sudán. Pero, por supuesto, el cambio de dirección del flujo del oro de estos países redujo su capacidad para comprar esclavos. Por suerte para los reyezuelos costeños, el descubrimiento del Nuevo Mundo pronto habría de proveer una salida completamente nueva para su mercancía.


Asia

Pero ¿qué hubo del Asia, del rutilante Lejano Oriente que los portugueses habían esperado llegar por mar navegando hacia el oriente y Colón navegando hacia el poniente? En el Siglo XIII Marco Polo había llegado a la corte del Khublai Khan, gobernante mongol de China. De entonces en adelante, el comercio y la comunicación por tierra entre Europa y China creció por cerca de un siglo, tiempo durante el cual se establecieron diócesis católicas. Siendo extranjeros ellos mismos, los emperadores mongoles de China fueron amigables con los europeos. 

Pero en 1368, fueron expulsados del país y la nativa dinastía Ming asumió el trono. China, expansionista bajo los Ming, resolvió convertirse en una potencia marítima. De 1407 a 1431, el almirante Cheng Ho navegó las aguas del Océano Índico. Visitó puertos del Africa Oriental y de Arabia y redujo al vasallaje a muchos de los países del Sureste de Asia. Esto fue el principio de la masiva emigración china a esas regiones, de las cuales la posterior emigración a nuestra Costa Occidental fue, con el tiempo, un resultado. 

Pero los emperadores posteriores no consolidaron las conquistas de Cheng Ho. Además, los intereses navales de China yacían hacia el sur y el oeste, no el este, donde merodeaban los fieros piratas japoneses. Aun cuando, como se insinúa arriba, algunos chinos pudieron haber llegado al nuevo mundo en una época u otra, la China de 1492 no estaba interesada en lo que hubíera más  allá del Japón.

Japón mismo, en un estado de guerra civil produjo como marinos sólo piratas que estaban únicamente interesados en capturar naves chinas, desalentando de esa manera el interés chino en dirección suya, causando que voltearan hacia el oeste. El resto del Asia Oriental estaba demasiado dividido para preocuparse de lo que pudiera haber más allá del horizonte oriental. Si los occidentales estaban interesados en Asia y no podían desplazar a los turcos del control de las tradicionales rutas terrestres,entonces tenían que encontrar ellos mismos una ruta marítima.


Conclusión

Esta, pues, era la situación del mundo el 3 de afosto de 1492 cuando Cristóbal Colón y su minúscula flota de tres carabelas se hicieron a la mar en el Puerto de Palos. Ellos no se daban cuenta, ni tampoco ningún otro humano sobre el planeta, pero el mundo  estaba por iniciar una gran revolución. Esas tres pequeñas naves, la Niña, la Pinta y la Santa María llevaban como carga el futuro del mundo, la civilización de la Cristiandad y la fe católica. No sólo las Américas habrían de recibir estos beneficios, como resultado de ese viaje, sino Asia y África también, pues los esfuerzos portugueses para no quedarse atrás de España ,os llevó a proseguir más ávidamente en dirección al Este: Además, la primera piedra de nuestro propio país fue plantada ese día de verano en España.

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