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miércoles, 3 de enero de 2018

 ¿Tierra de los Hombres Libres? 

Una Perpectiva Católica sobre la Historia Norteamericana


Por Charles A. Coulombe

Tomado de la introduction al libro 'Puritan's Empire',  por Charles Coulombe
Traducido del inglés por Roberto Hope


Nota del traductor: utilizo las palabras América o o Estados Unidos, o Americanos, para referirme a los Estados Unidos de Norte América o a sus ciudadanos, y escribo Puritano o Puritanismo con mayúscula para distinguir el sentido de la palabra que identifica una religión y la visión del mundo que ésta conlleva, del que identifica una actitud de rigurosidad moral exagerada u ostentosa.

Parte I

Vivimos en la que ha sido, desde 1945 por lo menos, la nación más importante y más poderosa del mundo. Las tendencias, sean éstas políticas o sociales, que comienzan en los Estados Unidos pronto se extienden alrededor del mundo. Pero si esto es un motivo de orgullo para los americanos, también es una gran responsabilidad. Para los católicos americanos, la responsabilidad se vuelve todavía mayor. En el primer caso, hay la necesidad de asegurar que que este gran poder sea una fuerza para el bien, en el segundo, está la necesidad adicional de extender la fe católica en nuestra patria — de esa manera apoyándola por todo el mundo.

La historia es la clave para entender a los hombres — sean naciones, familias o individuos. Sin contar con su historial de trabajo nos es imposible evaluar a un candidato a empleo; sin genealogía, no podemos decir mucho de cómo es ahora una familia dada. De manera semejante, sin una comprensión firme de la historia de una nación, no podemos entender su presente. En el caso de América, tantas de sus actuales políticas se basan en factores arraigados tan profundamente en nuestra historia, que sin una buena comprensión de esos factores, el presente es simplemente incomprensible. Sin embargo, La historia es probablemente la materia que peor se nos enseña (debido en parte a algunos de estos factores. 

Debido a otro de estos factores, la poca de ella que se imparte a los estudiantes, más que como historia seria, se presenta en la forma de una mitología nacional, inútil para entender o para propósito alguno fuera del auto-elogio (con episodios tales como el de George Washington y el cerezo, o el del Motín del Té en Boston), a los que se les da más atención en vez de a las causas y las fuerzas que los produjeron.

Para los católicos, la historia tiene además un propósito más elevado. Para ellos, la historia es el desarrollo de la Voluntad de Dios en el tiempo, así como de los intentos del hombre de conformarse a ella o de resistirla. Como lo señala el gran Dom Gueranguer, autor del monumental Año Litúrgico:
"Para el cristiano no hay una historia puramente humana [ya que] el hombre ha sido llamado divinamente al estado sobrenatural. Este estado es la meta y las crónicas del genero humano deben, por consecuencia, mostrar las señales de la vida sobrenatural. Por lo tanto, el historiador católico puede descansar en la orientación que da la Iglesia, que siempre va delante de él como una columna de luz e ilumina divinamente todos sus pensamientos. El cristiano sabe que una fuerte ligazón une a la Iglesia con el Hijo de Dios hecho hombre; el cristiano sabe que la Iglesia tiene la garantía de la promesa de Cristo contra todo error en sus enseñanzas y en la conducta general de la sociedad cristiana, y que el Espíritu Santo anima y guía a la Iglesia. Es en ella, pues, donde encontrará la regla para juzgar. El verdadero cristiano no se sorprende de la debilidad de los clérigos o de sus abusos temporales. porque sabe que Dios  ha decidido tolerar la cizaña en sus campos hasta el momento de la cosecha. Pero sabe dónde se manifiestan la dirección del espíritu y el instinto divino de la Iglesia. Los recibe y los acepta, los profesa valientemente y los aplica en su narración de la historia. Por lo tanto, nunca lps traiciona, nunca los sacrifica, considera bueno lo que la Iglesia juzga que es bueno y malo lo que la Iglesia juzga ser malo. No le importa el sarcasmo o el clamor de los cobardes de vista corta. Otros historiadores observarán neciamente sólo el lado político de los hechos, y por lo tanto descenderán al punto de vista pagano. Pero el historiador cristiano permanecerá firme porque tiene la certeza inicial de que no está equivocado [sabe que] Cristo está en el centro de la historia [esto es por lo qué] no debe temer condenar las miles de calumnias que han hecho de la historia una enorme conspiración contra la verdad. Es necesario estar preparado para luchar; si uno no es lo valiente para hacerlo, entonces debe abstenerse de escribir historia” (Gueranger El Sentido Cristiano de la Historia)

El buen bnedictino nos da una segunda premisa importante:
"La suprema desgracia del historiador cristiano sería tomar las ideas de su época como criterio de evaluación y aplicarlas para juzgar el pasado. [De esta manera los no cristianos] logran arrastrar a los cristianos a sus sistemas, y se regocijan del progreso que han logrado de imponer su lenguaje y ss ideas." (Ibid.)
Su adhesión a estos principios ha producido historiadores tan grandes como Hilaire Belloc, Bernard Fay, William Thomas Walsh y Christopher Hollis, por no decir el propio Dom Gueranguer. Pero los historiadores católicos americanos se han abstenido de explorar su propia historia nacional con estos principios, prefiriendo en vez de ello adoptar el análisis de sus colegas no católicos, excepto cuando tratan de temas católicos (y a veces ni en esos). Es fácil de ver por qué.

Solange Hertz, quizás la primera escritora católica en apliar principios católicos a la historia de América llega a una conclusión incómoda:
"La historia de los Estados Unidos muestra cómo todo gobierno católico, fuera inglés, francés o español, fue desplazado gradualmente, en un continente regado liberalmente con la sangre de mártires venidos de todas partes de Europa, que plantaron ahí la Cruz de Cristo por vez primera y que no buscaron otro fin que el de consolidar la posesión pacífica por Él."
Éste no es un resumen agradable. Pero es la convicción del autor, que un examen sincero de los hechos en la historia de los Estados Unidos confirmarán lo sostenido por la Sra. Hertz. Pues América, hasta ahora, no es realmente una nación. Es de hecho una religión — la del Americanismo, descrita así por el Dr. John Rao:
“El Americanismo es una religión que dos principales elementos del alma Americana — el Puritanismo secularizado y el conservadurismo anglo-sajón — han ayudado a desarrollar. El Americanismo es una religión que adora a los Estados Unidos como la encarnación de la visión Puritana secularizada del paraíso. Es una religión que adora simultáneamente la unidad insulsa, materialista, multi-usos que surge del afán anglo-sajón de estabilidad, y la integración. El Americanismo es una religión evangélica que desea que el resto del mundo se convierta a sus doctrinas” (Americanism, p. 3)
Como religión revelada, el catolicismo debe sostener un monopolio de la verdad, no puede ser tolerante con el error; de las religiones falsas, el Americanismo, siendo una fe rival, debe inevitablemente ser un opositor al catolicismo. Como opina además el Dr. Rao, 
“es y siempre ha sido un peligro para la Iglesia de Roma. Ciertamente, la amenaza que representa al catolicismo ha de ser la más apremiante que se ha experimentado en los recientes siglos de revolución” (Loc. Cit)
Dicho todo esto, debe señalarse que oponerse a la religión del Americanismo no es lo mismo que ser desleal al país. En todo caso, la búsqueda de los ideales religiosos Americanistas ha envuelto a este país en innumerables disputas foráneas y domésticas, cualquiera de las cuales pudo fácilmente habernos destruido. Además, para un residente católico en un país que no es católico, un deseo de convertir a su nación para que abandone este error, es patriotismo verdadero, de manera semejante como el deseo de un converso, de ver a sus padres aceptar la verdad de la fe, es una pieza clave de su amor a ellos. 

Es vital, por lo tanto, para los católicos, especialmente los católicos jóvenes, adquirir una comprensión de la historia de su país. Para ejercer su patriotismo, deben afanarse por la conversión de los Estados Unidos; para hacer esto de manera efectiva, deben entender las fuerzas y los hechos que hicieron surgir no sólo la religión del Americanismo y al país mismo, sino también a la clase de catolicismo que en 300 años fracasó tan terriblemente en llevar a cabo esta conversión.

Una de las notas más excitantes y positivas de nuestra historia, sin embargo, es que los continentes americanos han proveído de un lugar donde las culturas nativas y las europeas, las africanas y las asiáticas se han mezclado y de las cuales surgió un espíritu vital. En esas regiones, evangelizadas debidamente, los resultados han sido extraordinarios. Dos modelos han sido propuestos para esta mezcla, el católico, en el cual los elementos que lo constituyen preservan su integridad al mismo tiempo que se enriquecen unos a otros, y el Americanista, en el cual se busca que el resultado final sea crear una conformidad basada en el mínimo común denominador: el dinero.

Con este libro, esperamos que se dará un comienzo hacia una visión católica de la historia americana. Obviaamente, un tema tan vasto no puede explorarse adecuadamente en el pequeño espacio del que disponemos. Pero lo que puede hacerse (y lo que este autor espera haber logrado) es re-interpretar los episodios más conocidos de nuestra historia de acuerdo con la fe, y señalar detalles menos conocidos que darán una prueba factual de lo verdadero de esta intepretación. 

Desafortunadamente, tan pobre ha sido mucha de la educación normal en las décadas recientes, que muchos nombres, lugares y fechas que no hace mucho tiempo eran del conocimiento general, habrán sido olvidados. Por lo tanto, para un mejor resultado, este libro debe ser usado junto con una enciclopedia. Los nombres y lugares que aparecen escritos en letra cursiva pueden entonces ser consultados para adquirir mayor conocimiento.

El autor no pretende haber escrito la última palabra sobre este asunto. No es una tarea cualquiera el revertir cinco siglos de tergiversación y mentiras descaradas. Pero si el presente trabajo inspira a otras, más diestras, manos a prestar sus plumas a esta obra, habrá tenido éxito..

En todo caso, será útil antes de comenzar nuestra estudio mirar hacia los continentes de Europa, América y África en la víspera del gran descubrimiento que los acercaría a todos ellos.


(Continuará)}
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