jueves, 9 de enero de 2014

La Destrucción del Rito Romano

50 años de Sacrosanctum Concilium y lo que el Concilio ha producido

La Destrucción del Rito Romano

Traducido por Roberto Hope de la version inglesa publicada en Internet por Rorate Caeli:
http://rorate-caeli.blogspot.com/2013/12/50-years-of-sacrosanctum-concilium-and.html

En la celebración del quinquagésimo aniversario de la promulgación de la Constitución sobre la Liturgia Divina (Sacrosanctum Concilium), del Segundo Concilio Ecuménico del Vaticano, presentamos aquí el epílogo del libro El Rito Romano Antiguo y Nuevo, por Don Pietro Leone Monselice, pseudónimo que utiliza un sacerdote que celebra exclusivamente la misa tradicio­nal en una diócesis de alguna parte de Italia. Si fuera él un sacerdote que favoreciera la ordenación de mujeres no tendría necesidad de temer represalias, pero sucede que es un sacerdote que defiende la obvia y clara superioridad del Rito Romano Tradicional, y si es castigado por eso, no será él quien lo sufra, sino aquellos fieles a quienes actualmente sirve, quienes podrían quedar privados de esas misas con regularidad. Esa triste y pequeña abe­rración es sólo un ejemplo del nuevo y bizarro mundo fundado (a sabiendas o no) por los Padres del Vaticano II cuando (a sabiendas o no) le solicitaron a Pablo VI que “reformara” el Rito Romano.
Epílogo
Causas y efectos de la Destrucción del Rito Romano
A fin de comprender mejor la destrucción de la antigua liturgia, terminaremos este ensayo con una breve mirada a sus efectos y sus causas. Primero expondremos sus efectos y luego sus causas. Procederemos en este orden, porque aquéllos son más evidentes que éstas y, una vez que hayamos establecido los efectos, nos ayudarán a identificar las causas. Vere­mos primero los efectos en el Nuevo Rito y luego en la Iglesia misma.
A. Efectos del Novus Ordo Missae
El propio Cardenal Ratzinger, en su prefacio a “Reforma de la Liturgia Romana” por Monse­ñor Klaus Gamber, calificó al nuevo rito como una 'patraña' [1], y en la siguiente oración una ´falsificación' [2]. Mons.. Gamber la llamó un 'tumor'[3]. Apoyándonos principalmente en el material que hemos presentado en este ensayo, procedemos a identificar los cinco principa­les defectos del Nuev Rito[4].
1. Se tergiversa la Fe:
Hemos mostrado cómo la Nueva Misa se representa como una cena; cómo se desdibujan la Per­sona y la Divinidad de Jesús; cómo se minimizan el pecado, el Juicio Final, el Infierno, el Demo­nio, la imitación de Cristo y la vida ascética. La Fe ya no se presenta como la Verdad última [5], ni la vida de la Fe como una lucha espiritual contra los poderes de las tinieblas, ni como un asunto de vida eterna o muerte eterna.
En vez de hacerlo así, la Fe se presenta como una colección de narraciones edificantes, y la vida de la Fe como un compromiso a una cierta meta futura e indefinida. Términos nebulo­sos tales como 'pueblo de Dios', 'comunidad' [6], y 'solidaridad' reemplazan a aquéllos como Iglesia y Caridad, y hasta la Persona de Dios Padre y la de Jesucristo son transformados en conceptos vagos y abstractos.
2. El Culto a Dios se pone en riesgo
La Nueva Misa ya no manifiesta las más profundas Verdades de la Fe: La Presencia del Señor en la Eucaristía, su Muerte en la Cruz del Calvario; ya no responde a las necesidades más profundas del corazón humano: el deseo de ser amado por Dios con un amor perfecto, para recibir a Dios mismo adentro del alma; amar a Dios con todo el ser, para ofrecerse uno enteramente a Él.
Se desalienta el hacer genuflexiones, el arrodillarse y el silencio; la introspección se hace casi imposible por el ruido constante y por la interacción del celebrante con los fieles, todo lo cual expresa no otra cosa que la celebración de la comunidad por ella misma
3. Se Aleja a los Fieles
Con la Fe y la Misa vaciados de su contenido (hablando subjetivamente) no queda incentivo para asistir a misa, excepto para los devotos. Para los demás, la asistencia se vuelve sim­plemente un asunto de convencionalismo, o de costumbre, o de interés meramente cultural. Situación similar ocurre con relación al matrimonio sacramental y al bautismo. La caída en la asistencia a la Misa conforme al nuevo rito representa una etapa intermedia en su vía de extin­ción[7].
4. Se Reducen las Gracias
Se reducen las gracias porque se dicen menos misas, porque las oraciones en estas misas son más escasas, y porque la devoción con que se dicen estas oraciones es menor.
Hay menos misas debido a la multitud de concelebraciones, en las que, dado que Jesucristo Nuestro Señor es el principal celebrante de la misa, sólo será una misa la celebrada, no importando cuánto sea el número de concelebrantes que participe [8].
Además, debido a que fueron eliminadas muchas de las oraciones que se dicen en la Misa del Rito Antiguo, habrá muchas menos gracias; también por esta razón, menos gracias son recibidas por aquél que pide menos. Como ejemplos tomamos la supresión de las oraciones que preparan para una devota Sagrada Comunión, todas las oraciones a Santa María Virgen, a los papas, a los mártires, y a los santos apóstoles Pedro y Pablo, como se dice arriba. Como un ejemplo particularmente atroz tenemos la supresión de la oración a San Miguel Arcángel al teminar la misa rezada. ¿Cuántos millones de oraciones diarias por sacerdotes y fieles para restringir la acción de Satanás han sido silenciadas por esa supresión? ¿Cómo puede, cualquiera que tenga Fe, no entender el incremento del mal en el mundo a la luz de esto[9]?
Finalmente, la disposición que tienen, tanto el celebrante como aquéllos que asisten a misa, determinan la cantidad de gracias recibidas para la Iglesia, para aquéllos por quienes se ofre­ce la misa y para los que están presentes. El nuevo Rito conduce menos a la devoción, de manera que la cantidad de estas gracias será menor.
5. Dios es Deshonrado
La consecuencia más grave del Nuevo Rito es, sin embargo, el deshonor de Dios. Ésta es la consecuencia más grave, ya que la gloria de Dios es el fin primario de todas las cosas, y por­que la gloria dada a Dios por la Santa Misa es la gloria más grande que hay.
En este ensayo, hemos analizado el Nuevo Rito en términos de su protestantismo y su antro­pocentrismo. Su protestantismo consiste esencialmente en su negación de la naturaleza sacrificial de la Santa Misa; su antropocentrismo está relacionado con su falta de respeto a la Divinidad del Señor.
Para expresar estos dos factores en la síntesis más breve posible, pudiéramos decir que el Nuevo Rito deshonra a Nuestro Señor Jesucristo tanto en Su Humanidad, de la cual Su sacri­ficio es lo más sublime, como en Su Divinidad.
Observamos que la significación última de toda cosa está determinada por su relación con Dios. Concluimos que la significación última del Nuevo Rito es ésta: que deshonra a Dios en la Persona de Nuestro Señor Jesucristo.
La iconostasis del silencio ha sido desmantelada. El Señor es llamado en una lengua vulgar, con palabras compuestas por sus enemigos [10]. Su Presencia es ignorada, Su Persona es degradada. Se le maneja torpemente, si cae no pasa nada [11]. Se le coloca en mesas que no han sido bendecidas, separado de Sus amigos [12], Sus paramentos han sido reducidos[13]. Él, el Rey de Reyes, en estado de inmolación, es colocado en vasijas vulgares y primitivas. Mien­tras la gente, permaneciendo parada o sentada, cree estar escuchando un mero cuento, Él está sien­do Crucificado y muerto ante sus ojos. Es elevado arriba de sus cabezas: “He aquí el Cordero de Dios” y la gente se queda parada y mirando. Les es entregado: Él, Dios Todopo­deroso, su Creador y su Bien Supremo, es colocado en sus sucias manos. Lo reciben en sus corazones ensombrecidos, Lo sacuden de sus manos, lo estrujan inadvertidamente, se lo lle­van a casa. Es consignado a su capricho y a su malicia [14].
Entonces Pilato salió otra vez (18:29), y les dijo: Mirad, os lo traigo fuera, para que enten­dáis que ningún delito hallo en él. Y salió Jesús, llevando la corona de espinas y el manto de púr­pura. Y Pilato les dijo: ¡He aquí el hombre![15]
B. Efectos de la Destrucción del Rito Romano en la Iglesia
Hemos visto cómo el nuevo rito es protestantizante y antropocéntrico, y cómo tergiversa la Fe. Como tal, está informado de un espíritu de ambigüedad que favorece doctrina que no es católi­ca: es a-católica. Este espíritu no es otro que el espíritu del Modernismo, en esa forma como se ha infiltrado en la Iglesia actual, desde la época del Segundo Concilio Vaticano en adelante. Este espiritu informa no sólo la liturgia, sino también muchas de las enseñanzas de la jerarquía, especial­mente en el área del catecismo y en muchas de sus accciones, especialmente el 'Ecumenis­mo'. Constituye el espíritu del mundo disfrazado como un Nuevo Catolicismo, que comenzó destruyendo ese gran edificio que es el Antiguo Rito Romano, y pasó a destruir un mundo entero.
¿Dónde está el conocimiento de la Fe en los laicos, o aun en el clero? ¿Dónde está el senti­do del año litúrgico? ¿Dónde el espiritu de adoración a Dios, el sentido de lo Sagrado o de misterio, el espíritu de santificación, de sacrificio, de abnegación; no se diga de martirio? ¿Dónde está el sentido de la Justicia Divina[16], de jerarquía, de disciplina, y de orden? ¿Dón­de quedaron la entereza, la modestia, la pureza, el respeto, y aun los buenos modales? ¿Dónde están las familias con hijos numerosos? ¿Dónde los ojos inocentes de los niños? ¿Dónde los actos de mortificacón de los niños pequeños? ¿Dónde las flores ofrecidas a la Virgen María en el mes de mayo? ¿Dónde están los jóvenes de las fotografías preparatora­nas en blanco y negro de generaciones pasadas viendo con mirada serena y firme a sus familias? ¿Dónde está la identidad católica? ¿Dónde está el sensus católicus: el verdadero sentido de lo que es ser católico?[17]
Si fuésemos a preguntarnos si es el modernismo de la liturgia, el de la doctrina o el de las accio­nes el que ha jugado el mayor papel en la destrucción de todo el mundo católico u Orbis Catolicus; entonces deberemos contestar que es la liturgia, pues lo que uno reza determina lo que uno cree (de acuerdo con el principio de lex orandi, lex credendi[18]), y lo que uno cree determina lo que uno hace. En una palabra, las aguas han sido contaminadas en su fuente.
La Santa Misa constituye el corazón de las virtudes teologales de Fe, Esperanza y Caridad: Fe en la Santísima Trinidad, en la encarnación, en el Sacrificio del Calvario para la redención de la humanidad, en el Santísimo Sacramento del Altar, y en la Santa Comunión – inclusive, en efecto, hace presentes estos mismos misterios; se ofrece en la esperanza de alcanzar la vida eterna, y confiere la Santa Comunión en los fieles como prenda de esa esperanza, hace pre­sente el amor sacrificial de Dios por los hombres y hace posible el amor sacrificial del hombre por Dios.
Cuando esos misterios sagrados se expresan con pujanza y claridad, fortalecen la Fe[19], la Esperanza y la Caridad de todos los presentes, inclusive hasta el punto del martirio. Cuando, en cambio, son expresados con tal ambigüedad que favorece la herejía, entonces entorpe­cen el crecimiento de estas virtudes, las alejan e incluso las destruyen[20]
Esto es especialmente cierto del sacerdote, quien está envuelto más íntimamente en los sagrados misterios: Es él quien los hace presentes. Si la liturgia que celebra cada día se que­da corta de la Verdad, también pasará así con sus creencias, su enseñanza[21], y sus accio­nes[22]. Pero esto también aplica a los fieles, aunque en menor grado, porque es la Misa: lo que experimentan y aprenden en la Misa (sea esto todos los días, cada domingo o sólo oca­sionalmente) es lo que determina su catolicidad.
Eso es para la Iglesia visible, pero ¿qué diremos de la iglesia invisible? ¿Cuántas almas se han perdido o no han alcanzado ese grado de gloria en el Cielo que Dios les ha preparado para toda la eternidad? Todo eso como resultado del modernismo del nuevo rito, del aleja­miento que produce en los fieles y de su reducción de la gracia santificante,
En una palabra, el nuevo rito ha obstruido y frustrado los propósitos mismos de la Iglesia, que son la santificación del hombre y la Gloria de Dios.
La Santa Misa es el medio por el cual Nuestro Señor Jesucristo, fuente de toda Verdad y santidad, entra en este mundo; el medio por el cual la Palabra, el Esplendor del Padre, des­ciende de su trono real, y pasando por un infinito de espacio y tiempo [23] rasga el tejido de este mundo, transitorio y finito. Pero su luz ha sido atenuada en su misma fuente y ahora alumbra con menor brillo en nuestra doliente humanidad caída.
C. Las Causas de la Destrucción
Hemos presentado la destrucción del Rito Latino en términos de protestantismo y antropo­centrismo, y, en un último análisis, subjetivismo. Subjetivismo que, a su vez, deriva de las perfecciones y libre voluntad de la creatura, que le hace posible adorarse a sí misma en lugar de a Dios.
Hemos aludido a la posibilidad de que los francmasones hayan sido instrumentales en la Reforma Litúrgica.
Esto en el nivel humano pero ¿qué hay del nivel espiritual? Hemos afirmado que el signifi­cado final del Nuevo Rito y por consecuencia también de la destrucción del Antiguo, es que deshonra a Nuestro Señor Jesucristo. Nuestra pregunta es, entonces: ¿Quién puede haber deseado deshonrarlo de esta manera?
Si vemos por un momento la historia del Universo, hay un ser que ha estado interesado en deshonrarlo, y esto desde el mismo principio del tiempo: un ser que se rehusó a adorarle cuan­do, según los Padres de la Iglesia, le fue presentada una imagen de Él antes de su encarna­ción, antes de la creación del hombre; un ser que lo acometió en la hora de su Pasión y Muer­te; un ser que tiene la intención de destruir a todos aquéllos que fueron hechos a Su imagen y semejanza, especialmente a los miembros de su Cuerpo Místico, la Iglesia.
Y por este deshonor de nuestro Señor Jesucristo, en particular en la liturgia, nos referimos a la 'décima característica del espíritu diabólico' en esa obra clásica sobre demoniología, 'El Discernimiento de los Espíritus' por el Padre Scaramelli, S.J. (1687-1752): “La décima carac­terística es el alejamiento de Cristo Jesús y de Su imitación. Como prueba de esto, basta recordar la gran aversión hacia la Persona del Redentor por parte de los falsos contemplati­vos y de los herejes en los que el espíritu diabólico triunfa: aquéllos prohibiendo la medita­ción acerca de Él y éstos impidiendo su adoración y veneración”
Si el objetivo principal del demonio es Nuestro Señor Jesucristo en Persona, su segundo obje­tivo, como acabamos de hacerlo notar, es su Cuerpo Místico, la Iglesia. Hemos medita­do en la sección anterior sobre el daño causado a la Santa Madre Iglesia.
La hipótesis de que la reforma litúrgica en un nivel espiritual representa un ataque del demo­nio contra nuestro Señor Jesucristo se corrobora por los siguientes factores:
i) las profecías sobre la creación del Nuevo Rito que citamos al final de la Parte I de este ensayo: aquélla del apóstata Canónigo Roca, siendo ciertamente de inspiración diabólica, y aquélla del Cardenal Billot, que asocia la creación de la nueva liturgia con el demonio.
ii) la supresión de las lecturas sobre el demonio y la oración a San Miguel Arcángel que se dice al teminar la misa rezada en el Rito Antiguo.
iii) la naturaleza universal de esa destrucción, desencadenada, como lo ha sido, en el mundo entero.
iv) la naturaleza sistemática de la destrucción, que siguió un programa en todos los frentes, relacionada con todo aspecto del Rito, hasta en los detalles más pequeños; un programa implementado gradual pero implacablemente por una serie de personas, durante un perí­odo de tiempo considerable, con la precisión, los esfuerzos concertados y todos los rigo­res de una campaña militar.
v) la despiadada violencia de la destrucción, su lógica fría e implacable, y su odio y despre­cio por todo lo sagrado, como ya lo hemos observado arriba con respecto a la destrucción de los altares y de los reclinatorios ante el altar para comulgar.
vi) el hecho de que, tomados en conjunto, estos actos de destrucción son un acto de sober­bia y de sacrilegio que no tiene paralelo en la historia de la Iglesia.
vii) la audacia del Espítiru Maligno, si en efecto fue la fuerza instigadora que estuvo detrás de estos acontecimientos, como si hubiera tomado posesión de los actores principales de este drama sin ellos darse cuenta, incluyendo a la más alta autoridad de esta tierra: para destruir el Rito Romano, crear uno nuevo, e imponerlo irrebatiblemente sobre toda la humanidad.
Como sea que esto haya sido, su causa final, por pasmoso que suene, es Dios mismo. Él ha permitido la destrucción de la liturgia para Sus propios e insondeables propósitos, que podrí­amos suponer que es castigar a la Iglesia por males de extrema gravedad. ¿Son éstas las perversidades, podríamos preguntaremos, que según las revelaciones de Fátima, habrían de ser castigadas en este mundo con una pena que sería visible, física y de duración limitada: por las guerras del siglo pasado? ¿Perversidades que, por continuar, serían castigadas ahora con una pena que es invisible, espititual y eterna?
Una cosa es cierta, sin embargo. Dios no permite el mal a menos que sea para un bien mayor, tal como la glorificación de Su Justicia y la purificación de Sus elegidos.
Y sin embargo no es papel de un católico el descorazonarse o lamentarse; de manera que en vez de mortificarnos por el triste legado del pasado, concluyamos este estudio dando gracias a Dios de que por la sabiduría y el valor del [hoy abdicado] Supremo Pontífice, Benedicto XVI, el Anti­guo Rito esté por fin retornando, después de 40 años de permanecer relegado en el desier­to[24], y rezando por que este rito (junto con sus ritos paralelos), que aportó los cimientos de la Cris­tian­dad Católica en todo país y en todo continente en el mundo, y que, cuando fue supri­mido, la hizo caer, pueda, con su regreso, restaurar esa grande y santa civilización a su anti­guo esplendor, por la salvación de innumerables almas y para la gloria de la Santísima e Indi­visa Trinidad.
Así sea.
Notas
[1] citado en la Introducción del libro
[2] Verfälschung
[3] en la versión francesa del libro puede leerse (p.:95) : “Où sont les éveques qui auront le courage de faire disparaitre cette tumeur ...qui est la théologie moderniste implantée dans le tissu de la célébration des saints mystères?”: “¿Dónde están los obispos que sean lo suficientemente valientes para remover este tumor canceroso, que es la teología modernista implantada en el tejido de la celebración de los santos misterios?”
[4] A la luz de estos defectos, es claramente imposible para nosotros atribuirle un valor igual a los dos ritos; esto es en un sentido irrestricto. Podemos de hecho asignarles igual valor sólo en cuanto a que ambos hacen presente el Sacrificio del Calvario (con la salvedad expresada en el Breve Examen Crítico del Novus Ordo Missae, de los Cardenales Alfredo Ottaviani y Antonio Bacci)
[5] Nos referimos en relación con esto a la remoción de 'la fe verdadera' por la cual murió San Fidel de Sig­maringen (in verae fidei propagatione); de la conquista de las herejías en la fiesta de San Ireneo (verita­te doctrinae expugnaret haereses); de la oración por la vuelta a la unidad de la Iglesia y por la salvación de aquéllos que están en el error, en la fiestas de San Roberto Bellarmino y de San Pedro Canisio; y la supresión de las oraciones por la conversión de los herejes y cismáticos en las oraciones solemnes del Viernes Santo: las oraciones más antiguas del Rito Romano, que provienen de los tiempos de las primeras persecuciones (WHH p.29)
[6] con sus limitaciones en el espacio y en el tiempo
[7] El nuevo rito no tiene la suficiente vitalidad para resistir (ver The Devastated Vineyard [El Viñedo Devas­tado] cap 8 p.73). En efecto incluso para mantener la atención de los fieles por un corto tiempo requiere de 'animadores' que recurren a elementos que son propios de otras formas de actos públicos, como son los espectáculos televisivos o la danza, para llenar el vacío. El Rito Antiguo, en contraste, tiene esta vitalidad: ha durado dos milenios y, a pesar de todos los esfuerzos de sus enemigos para destruirlo, está (al momento en que esto se escribe) volviendo inexorablemente. En relación con esto, citamos a ‘la Révolution liturgique’ por Jean Vaquié (Diffusion de la Pensée Francaise, Paris 1971, p.45): « Les antiques architectes de la messe traditionnelle l’ont construite pour durer. Elle est concue dans un esprit de stabilité et de vérité. La nouvelle messe, au contraire, est concue dans un esprit d’apostasie et de tolérance. Elle est transformable. Elle capte le vent et se laisse entrainer par lui. Il est évident que l’orage éclatant dans le ciel de l’Eglise, la messe de Paul VI sera entrainée contre les récifs. La logique de son pluralisme le brisera. Au contraire, la vieille messe traditionnelle résistera encore une fois aux assauts, parce qu’elle est faite pour cela»: “Los antiguos arquitectos de la misa tradicional la construye­ron para que durara. Está concebida en un espíritu de estabilidad y de verdad. La nueva misa, por el contrario, está concebida en un espíritu de apostasía y de tolerancia. Es transformable. Navega como le sopla el viento y se deja llevar por él. Es obvio que cuando reviente la tormenta en el cielo de la Igle­sia, la misa de Pablo VI será lanzada contra los arrecifes. La lógica de su pluralismo la hará añicos. Por el contrario, la Antigua Misa Tradicional va a resistir los ataques una vez más, porque fue hecha para eso.
[8] ver L’Eucharistie, salut du monde II ch.3.II.1, P. Joseph de Sainte-Marie OCD, Editions du Cèdre DMM.
[9] viene a nuestra mente la visión del Papa León XIII de demonios confabulándose contra la Iglesia, que le llevó a componer la oración que se agrega al final de la misa rezada en el Rito Antiguo.
[10] ver el libro, Parte 1 2 (iii) sobre las palabras de la consagración que fueron modificadas siguiendo el ejemplo de los Reformadores
[11] ver el libro, Parte I 3 sobre las indicaciones acerca de lo que se debe hacer cuando se cae la Hostia
[12] ver el libro, Parte I 3 sobre la eliminación de las reliquias
[13] ver el libro, Parte 1 8 sobre la remoción de los frontales del altar y de los manteles, y la Parte I 4 sobre la reducción de las vestimentas.
[14] ver el libro, Parte I 3 (nota)
[15] Jn. 19:4-5
[16] En tándem con la reducción del sentido de Justicia Divina y de sacrificio observamos una tendencia dentro de la Iglesia hacia el pacifismo y hacia la abolición de la pena capital, y, como lo lamenta el [aho­ra abdicado] Santo Padre Benedicto XVI en su libro Luce nel Mondo, la renuencia, en las décadas recien­tes, a castigar las ofensas criminales perpetradas por clérigos.
[17] claramente hay enclaves en los que aún sobreviven estos elementos, pero estamos hablando del fenó­meno en términos universales.
[18] Hemos citado las palabras del Padre Nocent, de que el nuevo leccionario iría a cambiar la teología y la espiritualidad católica; el Padre Braga afirmaba que el Nuevo Rito alteraría la “realidad doctrinal”, intro­duciría “una nueva formulación de la teología eucarística” (Il propium di Sanctis p. 419) y tendría un efecto transformador en la catequesis (Il nuovo, p. 274) WHH p 396
[19] Monseñor Gamber observa: 'El Rito Romano es al presente la roca donde rompen las olas de la falta de fe. Los innovadores lo saben bien: eso explica su ciego odio contra la 'Misa Tridentina'. Su preserva­ción no es asunto de estética sino de la vida de la Iglesia: Der Ritus romanus ist gegenwaertig der Fels in der Brandung des Unglaubens. Das wissen die Neuerer sehr gut. Darum auch der blinde Hasz gegen die ‘Tridentinische Messe’. Ihre Erhaltung ist keine Frage der Aesthetik, sondern des Lebens der Kirche.’ (Una Voce Korrespondenz 5, 1976, p.301). Con relación a esto, mencionamos también la observación de Pablo VI en Paul VI Secret (op. Cit): ‘Cette messe dite de St. Pie V, comme on la voit à Econe, devient le symbole de la condamnation du Concile': Esta Misa, llamada la Misa de San Pío V, como se le ve en Econe; está convirtiéndose en un símbolo de la condenación el Concilio.
[20] Una de las razones por las cuales la Iglesia considera peligroso para los fieles el asistir a liturgias no católicas, y por lo tanto los desanima a hacerlo, es que esto puede llevar a una pérdida de la fe. El nue­vo rito, católico en cierto sentido pero protestante en otro, representa un peligro a un grado eminente. Con relación a la destrucción de la fe citamos las palabras memorables del Cardenal Journet: 'La liturgia y el catecismo (de hoy en día) son las dos quijadas de las pinzas con las que están arrancando la fe de los corazones de nuestros niños: “La liturgie et la catechèse (d’aujourd’hui) sont les deux machoirs de la tenaille avec laquelle on arrache la foi du coeur de nos enfants.’ Lucien Méroz l’Obéissance dans l’Eglise (Claude Martingay, Genève). El Padre Bruckberger O.P., director de la película Les Carmelites de Com­piègne va más allá y escribe (en La Révélation de Jésus Christ) 'Aquéllo de que estamos siendo testigos bajo el pretexto de una renovación litúrgica es la apostasía de la fe católica': 'Ce à quoi nous assistons sous prétexte de renouvellement liturgique c’est l’apostasie organisée de la foi catholique’. En relación con esto, nos referimos a un pasaje en Les Institutions Liturgiques de Dom Prosper Guéranger (Paris 1878, pp. 388-407, esp. 398) en donde el autor explica que todos los herejes siempre han comenzado su labor de destrucción atacando la liturgia. 'Todo sectario que quiere introducir una nueva doctrina se topa necesariamente con la presencia de la liturgia que es la Tradición en su máximo grado de poten­cia... En efecto, ¿cómo se han establecido y mantenido entre las masas el luteranismo, el calvinismo y el anglicanismo? Para lograrlo, todo lo que fue necesario hacer fue sustituir con nuevos libros y nuevas fórmulas a los antiguos, y todo quedó consumado.'
[21] esto es de particular relevancia para los obispos y aquéllos responsables de la composición de docu­mentos oficiales de la Iglesia.
[22] En particular hacemos notar que, si es emasculada la acción central de un sacerdote, que, como lo declara dogmáticamente el Concilio de Trento, es la celebración de la Santa Misa, entonces eso tam­bién le ocurrirá al sacerdote. (Lo mismo es aplicable, en menor grado, a la doctrina). Las consecuen­cias, que son de una naturaleza moral, se han mostrado a la vista en los años recientes.
[23] ver Iota Unum s.266
[24] ciertamente un grave castigo de Dios para la Iglesia por maldades indecibles. Nos referimos a “el tiem­po en que el sacrificio continuo será quitado”: “a tempore cum oblatum fuerit juge sacrificium” (Daniel 12,11) como lo interpretaba el Cardenal Billot (La Parousie, op. Cit. p.47 de la versión alemana) : “Gemeint ist also das Opfer unserer Altaere, die hl.Meszfeier, die in diesen Tagen ueberall geaechtet, ueberall untersagt sein und die – abgesehen von jenen hl. Meszopfern, die in den Katakomben, im Dun­keln und Verborgenen gefeiert werden – ueberall unterbrochen sein wird”: A lo que se está refiriendo es al sacrificio en nuestros altares, la celabración de la Misa, que en estos días será despreciado y prohibi­do, y que, con la excepción de esas misas que serán celebradas en las catacumbas, en la obscuridad y en secreto, se interrumpirá en todas partes.”

miércoles, 8 de enero de 2014

El Papa de Martini

El Papa de Martini

por John Vennary
Traducido por Roberto Hope del artículo publicado
en la página de Catholic Family News en Internet : http://www.cfnews.org/page88/files/065837621bedf51d45b91a5e75699ef5-174.html

Italia Elogia al Liberal Cardinal Martini, quien quería que la Iglesia Católica Cambiara”
Ese fue el encabezado del Boston Globe del 4 de septiembre de 2012, a la muerte del Carde­nal Carlo María Martini. La prensa mundial se hizo una sola voz elogiando al antiguo arzobis­po de Milán, visto alguna vez como posible contendiente al papado.
Como usualmente es el caso, la prensa adoraba a Martini, no por su apego a la Fe Católica de todos los tiempos, sino por el gusto que tenía por desafiarla.
Los medios encomiaban a Martini como “un pensador con la mente abierta” que “tocaba un acorde original en los asuntos de la iglesia.” [1]
¿Cuáles eran algunas de las ideas radicales de Martini?
En su última entrevista, que Martini solicitó que no fuera publicada hasta después de su muer­te, Martini dijo que la Iglesia Católica está “atrasada 200 años.”
Martini dijo, además, “Nuestra cultura se ha hecho vieja, nuestras iglesias y nuestras casas religiosas son grandes y están vacías, el aparato burocrático de la Iglesia crece y nuestros ritos y nuestro atuendo son pomposos.”
Martini exhortaba a abrir la recepción de la Eucaristía a los católicos divorciados y vueltos a casar, aconsejando contra lo que él llamaba “discriminación”.
En su libro Conversación Nocturna con el Cardenal Martini, publicado en 2010, Martini insis­te, “No se puede hacer a Dios un Dios Católico. Dios está más allá de todas las barreras y fronteras que le intentemos crear.” [3]
En el mismo libro, hablando del diálogo con los no-católicos, el Cardenal Martini dijo que, una vez que hablas con franqueza con miembros de varias otras religiones, “Hasta vas a estar contento de que la otra persona sea protestante o musulmana.”[4]
Martini reconocía que el disentimiento de Humanae Vitae que manifestaron los obispos alemanes y austriacos, “apunta en una dirección que podríamos promover hoy en día.” [5]
Martini proponía un enfoque más colegiado y sinodal al gobierno de la Iglesia. [6]
En el 2007, “cuando la Misa Tridentina del Siglo XVI fue introducida como una opción para las iglesias católicas romanas, Martini dijo que se rehusaría a celebrarla.” [7]
No obstante eso, en el primer aniversario de la muerte del Cardenal, el Papa Francisco alabó a Martini como “un padre para la Iglesia entera”
Francisco prosiguió, llamando a Martini una figura “profética” y “un hombre de discernimiento y paz” [8]
De modo semejante, en su abyecta entrevista con el ateo editor de La Reppublica, Eugenio Scalfari, Francisco se refirió al Cardenal Martini como “alguien que me es muy querido y tam­bién lo es a Usted.”[9]
Los comentadores optimistas aducen que “debemos leer a Francisco a través de Benedicto.” Eso puede ser cierto en parte. Pero parecería ser más exacto, sin embargo, “leer a Francis­co a través de Martini,” ya que Francisco parece estar siguiendo el programa progresista deli­neado por el radical cardenal italiano.
La página web Chiesa, de Sandro Magister, identifica a Francisco como el “Papa de Martini”, y un sueño hecho realidad para el ala progresista de la Iglesia post-Conciliar. [10]
En la misma línea, Hans Küng no tiene más que elogios para el más reciente documento del Papa Francisco, señalando, “En su Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, el Papa Fran­cisco habla claramente a favor de una reforma de la Iglesia a todos los niveles'. Él específica­mente aboga por reformas estructurales concretamente una descentralización hacia las dió­cesis y comunidades locales, una reforma de la función del papado, la elevación del laicado contra un clericalismo excesivo; está a favor de una presencia más efectiva de las mujeres en la iglesia, sobre todo en los cuerpos que toman decisiones. Y claramente se pronuncia a favor del ecumenismo y del diálogo inter-religioso, especialmente con el judaísmo y con el Islam.” [11]
Todas estas causas radicales, y otras más, fueron abanderadas por el Cardenal Carlo María Martini.
Cuando consideramos algunas de las palabras y acciones del Papa Francisco, no podemos sino observar que sigue la trayectoria del Cardenal Martini. No es poca cosa el que en el Cónclave de 2005, que eligió a Ratzinger al papado, el Cardenal Bergoglio no sólo era el contendiente principal, sino que “los votos de los que apoyaban a Martini, junto con otros más, convergieron en ese entonces precisamente en Bergoglio. Ocho años después, en mar­zo de 2013, fueron nuevamente los “martinianos” quienes apoyaron la elección de Bergoglio como papa. Esta vez con éxito”.[12]
Bergoglio ha sido considerado por mucho tiempo como el “candidato de Martini” que habría de convertirse en el “Papa de Martini”. Así fue que el editor del National Catholic Reporter, Thomas C. Fox, publicó el encabezado elogioso: “El sueño del Cardenal Martini: La Iglesia de Francisco”. [13]
Convergencia de Martini y Bergoglio
Tres áreas iniciales en las que el Papa Francisco parece hacer eco de Martini son su trata­miento de la homosexualidad, su afirmación de que Dios no debe ser considerado un “Dios Católico”, y la actual discusión de la posibilidad de permitir que los católicos divorciados y vueltos a casar reciban la Eucaristía.
Hay más temas de convergencia que serán tratados el mes próximo junto con otra similitud entre Bergoglio y Martini: ambos, de cuándo en cuándo, emiten declaraciones con las cuales un católico tradicional no estaría en desacuerdo.
Por ahora, sin embargo, nos enfocaremos en los tres puntos antes mencionados.
Homosexualidad
En Conversaciones Nocturnas, el Cardenal Martini dice, “Sé que hay parejas de homosexua­les que son gente tenida en alto y con espíritu público. Nunca se me ha preguntado, y nunca se me ocurriría, juzgarlas.”[14]
De manera semejante, el Papa Francisco dijo a reporteros en su vuelo de regreso de Río de Janeiro, “Si alguien es 'gay' y busca al Señor y tiene buena voluntad ¿quién soy yo para juz­garlo?” [15]
Cualquier moralista católico notará inmediatamente que la pregunta está siendo respondida a la inversa. “Mi” opinión personal sobre la disposición subjetiva de una persona no debe venir primero en la discusón, sino más bien la moralidad objetiva del acto. Tanto Bergoglio como Martini dan una falsa impresión de la enseñanza moral católica al empezar con lo subjetivo, en vez de con lo objetivo.
Ninguno de nuestros dos clérigos comienza manifestando que los actos homosexuales son intrínsicamente perversos; que no hay conjuntos de circunstancias que pudieran jamás jus­tificar los actos homosexuales; que el acto con personas del mismo sexo es una grave falta contra la naturaleza, grave pecado contra Dios, pecado mortal que lleva el alma al infierno por toda la eternidad si no se arrepiente de él, y que es uno de los cuatro pecados que cla­man venganza al Cielo.
Una vez que el orden objetivo ha sido establecido, podemos pasar a lo subjetivo. ¿Qué hay del alma que sufre estas tentaciones y trata de vencerlas? En tal caso, cualquiera que esté combatiendo la tentación de un pecado grave tiene derecho a nuestras oraciones y nuestro apoyo para ayudarle a sobreponerse a una inclinación inmoral. La cuestión de la homosexua­lidad puede ser explicada sin insertarse “uno mismo” en ella: “Jamás se me ocurriría juzgar­los”; “¿quién soy yo para juzgar?”
Más aún, estas declaraciones de “¿quién soy yo para juzgar?” lo hacen caer en manos de los enemigos de la Iglesia, que constantemente arguyen que el catolicismo es demesuradamen­te “moralista” en contra de los homosexuales.
Para Bergoglio, la observación más caritativa que podemos hacer es que es un hombre de declaraciones descuidadas, un hecho reconocido ahora por cualquier persona que piense con claridad (aun los que no son católicos).
Para Martini, sin embargo, su “jamás se me ocurriría juzgarlos” es un sutil embate, que des­carga en su intento de minar la doctrina católica contra la homosexualidad.
Esto resulta obvio cuando leemos los comentarios de Martini sobre la homosexualidad, con­tenidos en Conversaciones Nocturnas, que citaremos completos:
Después de decir “jamás se me ocurriría juzgarlos,” Martini dice, además, “La Biblia juzga la homosexualidad con palabras duras. El trasfondo de esta práctica problemática en el mundo antiguo, cuando los hombres utilizaban niños y amantes varones junto con sus familias. Ale­jandro el Grande es un ejemplo famoso. La Biblia quiere proteger a la familia, el espacio de la mujer y los hijos.”
Obsérvese lo que hizo Martini: Nada dice de lo objetivamente pecaminoso del acto, sino que arguye que la Biblia habla en contra de la homosexualidad sólo como un tipo de injusticia contra la mujer y los hijos de un hombre que comete actos homosexuales. Nuevamente, la moralidad es trasladada de un plano que se centra en Dios a uno en el terreno de lo humano. Y ¿qué hay de los homosexuales que no están casados? ¿es permisible para ellos la homo­sexualidad, ya que no invade el “espacio” de nadie?
Martini prosigue: “En la Iglesia Ortodoxa es considerada una abominación. En la Iglesia Pro­testante se trata más liberalmente; hasta tiene parejas de homosexuales en su clero, a las que se les permite ejercer su ministerio siempre y cuando no promuevan la homosexuali­dad. Estamos al tanto de las pruebas cruciales que sobre esta materia pasa la Iglesia Angli­cana. En el judaísmo, los ortodoxos prohíben severamente la homosexualidad; en el judaís­mo reformado también hay sinagogas particulares para los homosexuales.”
Una vez más, Martini traslada el énfasis, de la naturaleza objetiva del acto a un sondeo de cómo las religiones no católicas encaran el tema, lo cual carece de valor para esta discusión. Martini hace hincapié, más en un planteamiento ecuménico y colegial que en uno que descan­se en la verdad objetiva y en la moralidad católica tradicional.
Martini continúa: “Estamos buscando nuestro camino entre esta diversidad. Las inquietudes más profundas de las Sagradas Escrituras, sin embargo, son la protección de la familia y un espacio saludable para los hijos – algo que ahora se ve en las parejas de homosexuales.”
¿Qué ha hecho Martini? Poner en el lugar equivocado el énfasis primario, de la relación del alma del homosexual con Dios a su relación con su mujer y su familia; algo importante pero secundario. También cae en el discurso, supuestamente positivo, de que las parejas de homo­sexuales proveen un “espacio saludable para los niños”
Además insinúa, por la forma como estructura su argumento, que la Iglesia Católica debe tomar en cuenta las diversas actitudes de las religiones falsas para construir su propia ense­ñanza sobre este asunto, para “buscar su camino entre esta diversidad”, implicando que todos estos “diversos” puntos de vista tienen algún valor.
Martini sigue: “Como resultado, me estoy inclinando hacia una jerarquía de valores en estos asuntos y básicamente no hacia una igualdad. Ya he dicho más de lo que debía haber dicho. Procedamos juntos, respetuosamente, por caminos diferentes, pero no debemos llegar a los golpes por causa de esos caminos diferentes. Ya he mencionado los límites señalados por la Biblia.” [16]
Sin embargo, según lo encuadra Martini, los límites “bíblicos” parecen sólo proscribir la homo­sexualidad a hombres que sean maridos y padres.
Esta parece ser la táctica normal de Martini. No dice que una cierta enseñanza de la Iglesia esté equivocada, pero tampoco dice que sea la correcta. Luego desangra a muerte el tema con un montón de verborrea que encamina al lector hacia una postura liberal.
El Cardenal Martini prosigue, hablando de la compasión que el clérigo debe tener hacia cual­quiera que esté luchando con esta “orientación sexual.” Hasta aquí va bien. Pero luego rela­ta de un joven que conoció cuya homosexualidad le era “una carga” al joven, que le haciá “sentirse avergonzado.”
Curiosamente, Martini no habla de la lucha del joven en términos de un pecado que debe ser vencido, sino simplemente que debemos “ayudarle”. Y, como el psicólogo en quien el joven finalmente confió, “debemos prestarle un oído que escuche y le dé aliento.” [17] Martini nunca deja en claro si este joven estaba tratando de librarse de la práctica homosexual, o simple­mente aprendiendo a aceptar su orientación. Esto lo deja abierto. En ningún momento se refiere a los actos homosexuales como pecaminosos.
Éste no es el único caso en el que el antiguo Arzobispo de Milán propuso ideas perturbado­ras relacionadas con la homosexualidad.
En su libro de 2012, Credere e Conoscere (Fe y Conocimiento), el Cardenal Martini demarca su propio curso con relación a las uniones civiles de homosexuales. “Estoy en desacuerdo con las posturas de aquéllos en la Iglesia que objetan las uniones civiles,” dice Martini. “No está mal que, en vez del sexo casual entre hombres, dos personas tengan cierta estabilidad” y que “el estado pueda reconocerlas.”
Escribiendo en la época en que se publicó el libro, John Henry Westen advirtió, “El Cardenal Martini dice que hasta puede entender (pero no necesariamente aprobar) los desfiles del “orgullo gay”. Él dice estar de acuerdo con la promoción que la Iglesia hace del matrimonio tradicional para la estabilidad de la especie humana; sin embargo, agrega: 'no es correcto expresar discriminación alguna contra otros tipos de uniones'. “ [18]
Cuando tales declaraciones, viniendo de un hombre altamente reverenciado por los moder­nos jesuitas como un erudito y heróico caudillo ¿es de asombrarse que los jesuitas de hoy en día estén plagados de homosexualidad en el sacerdocio? ¿que las preparatorias y universi­dades jesuitas [de los Estados Unidos] sean amigables hacia los homosexuales? ¿que el apodo que se les da ahora a los presidentes de preparatorias jesuitas sea el de “Dueños de Galerías,” mismo apodo que se les da a los homosexuales?[19] [en los Estados Unidos].
Y la mayor cuestión de todas ¿por qué habría un Católico de pensamiento recto elogiar públi­camente al Cardenal Martini como una “figura profética” y un “Padre para la Iglesia entera”?
Dios “no es Católico”
Otro punto perturbador de intersección de Martini con Bergoglio es su declaración de que “Dios no es Católico”.
Como se citó anteriormente, en Conversaciones Nocturnas Martini asevera que “No puedes hacer de Dios un Dios Católico. Dios está más allá de todas las barreras y fronteras que nosotros queramos crearle.” [20]
En forma parecida, el Papa Francisco dijo en su entrevista con La Reppublica “Yo creo en Dios; no en un Dios Católico; Dios existe y yo creo en Jesucristo, su encarnación. Jesús es mi maestro y mi pastor, pero Dios, el Padre, Abba, es la luz y el Creador.” [21]
¿“No puedes hacer un Dios Católico”?
En días más cuerdos de la Iglesia, un niño de ocho años reprobaría el examen para su Pri­mera Comunión con sólo decir eso.
Es difícil descifrar lo que los prelados quisieron dar a entender con tales declaraciones, pero podemos intentar hacer un esclarecimiento educado, a la luz de la orientación ecuménica del presente. Los prelados inclinados al modernismo, tales como Martini y Bergoglio, argüirían que es triunfalista el afirmar que la Iglesia Católica es la única y verdadera Iglesia. ¿Quizás habrán ya evolucionado al punto en el que consideran triunfalista el sostener que Dios es un Dios Católico o, para expresarlo de mejor manera, que el único Dios verdadero es el Dios del catolicismo?
La declaración de Martini/Bergoglio destruye la unidad de la Revelación Divina. En última instancia, la Revelación Divina es una verdad coherente, no un desarticulado montón de fragmentos engarzados entre sí. Contrariamente a la aseveración de Martini, no somos nosotros quienes le imponemos “barreras y fronteras” a Dios, sino que es la Revelación entera que Dios enseña de Sí Mismo.
Pues ¿qué es el Dios verdadero, si no Aquél que es “omnipotente, eterno, inmenso, incom­prensible, infinito en intelecto y voluntad y en toda perfección”, Aquél que es “sustancia espi­ritual singular, totalmente simple e inmutable” junto con todos los demás atributos definidos por Vaticano I? [22]
Y¿quién es este Dios, si no el Dios Trino y Uno, Padre, Hijo y Espíritu Santo?
Y ¿quién es Jesús, si no la Segunda Persona de la Santísima Trinidad que se encarnó, murió en la Cruz para nuestra Redención y fundó una ecclesia para enseñar, gobernar santificar y ofrecer adoración al Padre en nombre de Él?
Y ¿qué es esta ecclesia, si no la unidad social establecida por Cristo para la salvación, el Cuerpo Místico de Cristo?
Y ¿cuál es el nombre de esta sola y única unidad social establecida por Cristo, fuera de la cual no hay salvación? La Iglesia Católica.
Entonces, el único Dios verdadero es el Dios del Catolicismo; o, para usar su expresión, el “Dios Católico”.
¿Por qué están tan ansiosos el Cardenal Martini y el Papa Francisco de decir a los periodis­tas que “No hay un Dios Católico”? Esto es preocupante, pues sólo aquéllos con una men­talidad no católica consideran a Dios algo distinto del Dios del Catolicismo: “Un Señor, una Fe, un Bautismo” (Eph. 4). Sólo los no católicos le rezan a un dios no católico. Y si Martini y Bergoglio no desean confundir o ser mal intepretados ¿por qué insisten en hacer declaracio­nes temerarias a la prensa mundial?
¿Es Dios un espíritu de forma libre – una 'fuerza' nebulosa – a la cual podamos imponerle cualquier forma que queramos? ¿No sería éste un encuadre Kantiano de Dios, que no parte de la realidad objetiva de Quién y Qué es Dios, sino más bien de la perspectiva subjetiva que tenemos de Él? ¿Tienen los protestantes su propio Cristo, que no fundó una Iglesia? ¿Tienen los judíos, los musulmanes y los Hindús su propio Dios, que no es Trinidad y en el cual no hay lugar para Jesucristo? ¿Es este dios no católico un tipo de deidad masónica que, supuesta­mente, está por encima de todas las religiones?
No podemos separar a Cristo de su Iglesia, como lo hacen los protestantes. No podemos separar a Cristo de la Divinidad, como lo hacen los judíos, los musulmanes, los hindús y las religiones paganas. No podemos separar a Cristo de la unidad entera de la Revelación Divi­na, la cual sólo se encuentra en Su única y verdadera ecclesia.
Entonces, afirmar que Dios no es un “Dios Católico”, da la impresión de que Dios puede ser cualquier otra cosa distinta del Dios de la Única Iglesia Verdadera, es separar a Cristo de la plenitud de la Revelación Divina. Esto no es un pequeño crimen, ya que San Juan nos amo­nesta: “Todo espíritu que separa a Jesús no es de Dios sino del Anticristo.” (1 Jn 4:3)
En efecto, la desorientación diabólica que sufre la alta jerarquía, de la cual nos previno la Her­mana Lucía de Fátima, nunca pareció más diabólica que ahora.
Comunión para los divorciados y vueltos a casar
El Cardenal Martini favorecía un nuevo trato que abriría la recepción de le Eucaristía a los católicos divorciados y vueltos a casar.
Mientras repite que “la Iglesia sostiene la indisolubilidad del matrimonio”, Martini presenta luego una historia emocional para pedir una nueva política: “Una mujer, por ejemplo, es aban­donada por su marido y encuentra a un nuevo compañero, quien se hace cargo de sus tres hijos. Este nuevo amor tiene éxito. Si a esta familia se le discrimina, no sólo es la madre apartada (de la Iglesia) sino también sus hijos. Si los padres sienten como si estuvie­ran fue­ra de la Iglesia y no experimentan su apoyo, la Iglesia perderá a la generación futura.” [23]
En primer lugar, alguien debía haberle recordado a Martini el principio moral fundamental de que no podemos hacer el mal (administrarle sacrílegamente la comunión) para alcanzar un bien.
Aunque nos conmiseremos de cualquiera que se encuentre en circunstancias difíciles, una discusión de la doctrina y la moral católica debe siempre partir de lo que es objetivamente verdadero y no de los casos difíciles. Necesitamos reafirmar los hechos de la indisolubilidad del matrimonio, la imposibilidad de cualquier autoridad humana para romper lo que Dios ha unido, y la verdad, como la manifestó Nuestro Señor Mismo, que aquéllos a quienes Dios ha unido en un matrimonio sacramental válido no pueden divorciarse y casarse nuevamente. [24] Quienquiera que haga eso “comete adulterio”, (Lc 16:18) lo cual es un pecado mortal que impide recibir la Eucaristía sin previa confesión y enmienda de vida.
Es imposible para el Cardenal Martini, o para otros clérigos, del rango que sea, cambiar la verdad sobre estos puntos.
Sin embargo, bajo el Papa Francisco, un declarado entusiasta de Martini, se habla de pronto de un todavía no especificado “nuevo trato” que pueda permitir a los divorciados y vueltos a casar a recibir la Eucaristía.
Los obispos de Alemania al presente están considerando lineamientos para permitir esta nueva práctica. Arguyen que el Papa Francisco abrió esta posibilidad en su entrevista con periodistas en el avión en que regresaba de Río de Janeiro en agosto. Los obispos también alegan que tienen la autoridad para promulgar estos nuevos lineamientos según el Evangelii Gaudium de Francisco, que, como ellos lo interpretan, señala que esos asuntos pueden decidirse localmente por las conferencias nacionales de obispos.[25]
Ya el Cardenal Kasper dijo al periódico semanal Die Zeit, que a los católicos divorciados y vueltos a casar, pronto se les permitirá recibir el Sacramento (la Eucaristía)[26]
Igualmente, el Sínodo Extraordinario de Obispos sondeará si los católicos divorciados y vuel­tos a casar podrían recibir la Comunión. El Arzobispo Lorenzo Baldisseri, recién nombrado Secretario General del Sínodo de Obispos, dijo que el asunto se discutirá “sin tabús”. Baldis­seri también dio a entender que el Sínodo podría encontrar una solución considerando la prác­tica de la Iglesia Ortodoxa, que permite volverse a casar bajo ciertas circunstancias. [27]
El jaloneo ya ha comenzado, cuando el Arzobispo Gerhard Múller, Prefecto de la Congrega­ción para la Doctrina de la Fe, del Vaticano, reafirmó la enseñanza de la Iglesia que prohíbe los sacramentos a esos católicos si no hay una previa anulación de su matrimonio. Müller señaló en un artículo del Osservatore Romano del 22 de octubre que “la plena economía sacramen­tal no puede hacerse a un lado con un 'llamado a la misericordia' ”. A pesar de eso, el anun­cio de la discusión “sin tabús” del tema en el Sínodo de octubre, apareció un mes des­pués de la declaración de Müller. [28]
El episodio entero trae a la mente el recuerdo de la Comisión sobre el Control de la Natalidad designada durante el Concilio Vaticano II, que hizo surgir las falsas esperanzas de que algo inmutable, la prohibición de la contraconcepción por la Iglesia, podría cambiarse de alguna manera. Como resultado de las opiniones vertidas en esa Comisión, los católicos comenza­ron a actuar como si la enseñanza ya se hubiera alterado, lo que los llevó a su ruina espiri­tual. Una expectativa semejante se ha establecido aquí, que predeciblemente tendrá resulta­dos semejantes. [29]
Cómo habrá de desarrollarse el asunto está por verse. Bajo el Papa Francisco y esto es algo que no está a su favor parece que todo puede suceder.
Pues ¿qué debemos pensar si el Papa Francisco elogia al renegado Cardenal Martini como un “Padre para la Iglesia Entera” y una “figura profética”? [30]
El próximo mes cubriremos otros aspectos perturbadores del Cardenal Martini, incluyendo su ecumenismo, sus desquiciantes declaraciones sobre la eutanasia y el aborto, su llamado a los católicos a que asistan a servicios religiosos no católicos, y otras observaciones de “men­talidad abierta” que lo hacen una “figura profética” para no otra cosa que una apostasía masiva
Notas:
[1] “The Man Who Never Got to be Pope Bows Out” (El Hombre que Nunca Llegó a ser Papa se Retira), Irish Times 11 de septiembre de 2002
[2] “Translated Final Interview with Martini,” (Entrevista Final con Martini traducida) National Catholic Reporter (NCR), del 4 de sep de 2012 [énfasis añadido]. John Allen de NCR explica que Martini concedio la entrevis­ta el 8 de agosto de 2012 a su correligionario jesuita el Padre George Sporschill, con quien colaboró en Conversaciones Nocturnas, y a una amiga italiana llamada Federica Radice Fossati Confalonieri. Radice dijo a los medios italianos que Martini leyó y aprobó el texto de la entrevista, con el propósito de que fuera un tipo de “testamento espiritual” a ser publicado después de su muerte. Fue publicado originalmente en el periódico italiano Corriere della Sera.
[3] “Night Conversations with Cardinal Martini, The Relevance of the Church of Tomorrow” (Conversaciones Nocturnas con el Cardenal Martini, La Relevancia de la Iglesia del Mañana), Entrevista con el Padre George Sporschill [Mahwah; Paulist Press, Traducción al inglés, 2012; el original en italiano se publicó en 2010] p 15
[4] Ibid., p. 29.
[5] Ibid., p. 93.
[6] “Martini calls for a New Council" (Martini llama a un Nuevo Concilio.... Casi), National Catholic Reporter, 11 de octubre de 1999. Ver también “The Pope´s Debt to Martini” (La Deuda del Papa con Martini), Marco Garzonio, traducción al inglés en chiesaexpressonline.it, 15 de octubre de 2013; publicado originalmente por Corriere della Sera, 11 de octubre de 2013.
[7] Cita de “Cardinal Carlo Mario Montini; Obituarios, Arzobispo de Milán que abogaba por una reforma de la Iglesia y en una época fue visto como papa potencial” Daily Telegraph, 5 de septiembre de 2013.
[8] Pope Francis Hails Cardinal Martini as ‘a Father for the whole Church’” (El Papa Francisco Elogia al Cardenal Montini como 'un Padre para la Iglesia Entera'), Catholic Herald, 2 de septiembre de 2013.
[9] “El Papa, Cómo Cambiará la Iglesia”, La Reppublica, 1° de octubre de 2013.
[10] “El Papa de Martini: El sueño hecho Realidad” Chiesa, 15 de octubre de 2013.
[11] “El texto del Papa Francisco es un llamado para la reforma de la iglesia en todos los niveles” Hans Küng, The Tablet, 29 de noviembre de 2013.
[12] “Cardinal Martini’s Dream, the church of Francis” (El sueño del Cardenal Martini, la iglesia de Francisco) Thomas C. Fox, National Catholic Reporter, 23 de octubre de 2013
[13] Ibid.
[14] Conversaciones Nocturnas, p. 98
[15] “On Gay Priests, Pope Francis Asks, ‘Who Am I to Judge?’” (Sobre los Sacerdotes Gay, el Papa Francisco pregunta ¿Quién soy yo para juzgar?), New York Times, 29 de julio de 2013.
[15] Conversaciones Nocturnas, p. 98
[17] Ibid pp 98-99
[18] “Cardinal Martini and the False Theology Promoting Homosexuality” (El Cardenal Martini y la Falsa Teología que Promueve la Homosexualidad). John Henry Westen, Lifesite News, 27 de marzo de 2012
[19] El Padre jesuita Paul Shaugnessy afirma llanamente que el problema de los recintos univeritarios amiga­bles a los homosexuales puede rastrearse al gobierno mismo de los jesuitas. Observa que algunos de los más prestigiosos puestos en las universidades jesuitas, tales como los de administrador y presidente, son ocupados generalmente por sacerdotes jesuitas extraoficialmente conocidos como “Dueños de Galerías”. Esos jesuitas, hábiles para conseguir fondos, son descritos por el Padre Shaughnessy como “sacerdotes 'gay', discretos, convincentes, bien vestidos, en sus cincuentas o tempranos sesentas.” En su artículo ¿Son católicos los jesuitas?, el Padre Shaughnessy pasa a explicar “En tanto los jesuitas viejos son notorios por su acalorada pasión anti-papa, los Propietarios de Galerías despliegan una total apatía hacia la religión en todas sus formas. Convencionalmente liberales, son favorables al uso del condón y a la ordenación de mujeres, menos como una declaración de hecho que como un dicho de moda – como puede ser el ponerse la gorra de beisbol con la visera hacia atrás... Las enseñanzas de la Iglesia, siendo en gran medida una irrelevancia, tienen una mínima importancia en la formación de la opinión de los Propietarios de Galerías, que tienden a considerar al catolicismo ortodoxo – como el boxeo y la heterosexualidad – como una de las burdas diversiones de la clase trabajadora.” “Are Jesuits Catholic?” (¿Son católicos los Jesuitas?) Paul Shaughnessy, The Weekly Standard, 3 de junio de 2002 Citado en Status Envy: The Politics of Catholic Higher Education (Envidia de Estatus: La política en la Educación Superior Católica) por Ann Hendershott, {New Brunswick: Transaction Publications, 2009], p 83
[20] Conversaciones Nocturnas, p. 15
{21] “El Papa, Cómo Cambiará la Iglesia”, La Reppublica, 1 de octubre de 2013.
[22] Vaticano I, 1870, Constitución Dogmática Dei Filius, Capítulo 1°.
[23] Entrevista Final con Martini Traducida (al Inglés) National Catholic Reporter, 4 de septiembre de 2012.
[24] La teología moral católica permite la separación de los casados por razones graves, pero no el divorcio y vuelta a casar.
[25] “German bishops eye guidelines for divorced Catholics to take Communion” (Los obispos Alemanes delibe­ran lineamientos para que los católicos divorciados puedan recibir la comunión) National Catholic Reporter, 27 de noviembre de 2013
[26] “Divorced People Soon to Receive Sacraments, says Cardinal” (Los Divorciados Pronto Podrán Recibir los Sacramentos, Dice un Cardenal) Agencia Giornalistica Italia, Dec. 12, 2013.
[27] “Church should take new approach towards question of Communion for Remarried Catholics” (La Iglesia debe tomar una nueva postura respecto a la cuestión de la Comunión para los Católicos Vueltos a Casar) Vatican Insider, Nov. 28, 2013.
[28] Desafortunadamente, en la edición impresa del número de enero de CFN surgió una anomalía que acciden­talmente suprimió parte del texto. La edición impresa dice, “.. apareció un mes después de que el episodio de Múller vuelva a la mente...” en tanto que debe ser como se reproduce aquí: “... apareció un mes des­pués de la declaración de Müller. El episodio entero trae a la mente...” Pedimos disculpas por cualquier confusión que este error haya causado.
[29] Observaré aquí, que yo creo que Francisco a final de cuentas no cambiará esta práctica de negar la Euca­ristía a los divorciados y vueltos a casar. Sin embargo, una cantidad tremenda de sacrilegio y confusión innecesaria será el resultado de la necia noción que ahora está perpetrándose, de que esta prohibición podría ser relajada. Tiendo a creer que, no importando la dirección que el Papa Francisco quisiera seguir sobre este punto, habrá un número suficiente de cardenales y obispos que aconsejen al Papa, que habrán de convencerlo de que esto es algo que no puede ser cambiado. Hasta el Arzobispo Müller, quien no puede ser tachado de conservador, reconoce que, admitir a la Eucaristía a los divorciados y vueltos a casar no puede ser permitido.
[30] Al escribir este artículo, tan brutalmente honesto, sobre el triste estado de la Iglesia actual, me veo obligado a recordar a mis lectores, que nada de esto constituye un velado intento de presentar una postura sedeva­cantista, teoría que no comparto.



Impreso en el Catholic Family News de Enero de 2014.
Una Revista mensual, Católica y Tradicional

martes, 7 de enero de 2014

La Hostilidad contra la Tradición

Esta bitácora tiene el propósito de divulgar, en idioma español, algunos escritos publicados en inglés en diversos blogs y páginas de Internet, sobre temas católicos, especialmente acerca de las causas de la actual crisis que, por haberse apartado de la Tradición como consecuencia del Segundo Concilio Vaticano, ha estado sufriendo la Iglesia Católica en las últimas décadas.

A propósito del inmisericorde, soberbio e injusto trato que la burocracia Vaticana encabezda por el humilde Papa Francisco ha dado en estos últimos meses a los Franciscanos de la Inmaculada, comenzaremos con un editorial que nos recuerda que debemos defendernos de los ataques contra la Tradición.


La Hostilidad contra la Tradición

No es Normal y Debe Oponérsele   


Traducido al español por Roberto Hope, de la traducción al inglés del
Editorial contenido en el número de enero de 2014 de Radicati nella Fede,
hecha y adaptada del original italiano por Francesca Romana, y publicada en:
http://rorate-caeli.blogspot.com/2013/12/war-on-tradition-not-normal-and-must-be.html

Sacerdotes y seminaristas: “¿Qué esperan para contraatacar?”

El Papa había esperado un cambio... pero la curia diocesana, conformada con ex del '68, no lo ha permitido.

Lo siguiente es la editorial de enero del 2014 de Radicati nella Fede:

El llamar a las armas a los sacerdotes católicos y a los seminaristas que conocen la tradición pero que no la han abrazado completamente, es especialmente importante.
Prácticamente todo se permite; más bien, todo menos la Tradición.
Después del valiente, pero al mismo tiempo tímido acto de Benedicto XVI cuando emitió su Motu Proprio del 2007, hemos sido testigos de un continuo afán por “confinar” a la Tradición fuera de la Iglesia.
El Santo Padre dijo que la Antigua Misa nunca había sido abrogada. En cierto modo, ese dicho confirmó que no podía ser abolida, puesto que la autoridad de la Iglesia sirve para conservar la Tradición como una fuente de la Revelación, tal como sirve para para conservar las Sagradas Escrituras, pero nunca puede regir sobre ellas; si rigiera sobre ellas, la autori­dad [de la Iglesia] no sería aquélla que Nuestro Señor deseaba, y tomaría la forma de autori­tarismo.
Bien entonces, después del Motu Proprio Summorum Pontificum, la diversa curia diocesana se ha afanado en un decidido esfuerzo por parar, suprimir o confinar todo intento de retornar a la gloriosa Tradición de la Iglesia, tanto en lo doctrinal como en lo litúrgico.
Esto ha sido el total boycoteo de la voluntad del Papa, la cual fue un simple acto de justicia: la Misa que la Iglesia ha celebrado durante quince siglos y que produjo santos jamás puede ser abolida.
Ni siquiera la terrible carencia de sacerdotes que hemos visto en estos últimos años, ha podido liberar a la Tradición del confinamiento que sufre. Prefieren quedarse sin sacerdotes, prefieren cerrar los templos, pero se niegan a permitir que los sacerdotes tradicionalistas celebren la Misa de siempre.
Muchos sacerdotes estaban listos para pasarse a la Tradición; muchos estaban interesados seriamente en obtener pasesión de ésa que constituye el mayor patrimonio de la Iglesia, muchos pidieron que se les enseñara a decir la Misa Antigua.
Entonces, como hacha implacable de verdugo, sobre aquéllos que con jubilosa simplicidad habían comenzado a celebrarla, cayeron procesos canónicos, remoción de sus parroquias, sutiles acusaciones de cisma, etc. Usted conoce la historia. Así ha caído un escalofrío sobre los sacerdotes, muchos de los cuales eran jóvenes que soñaban con poder acercarse al altar con un “Introibo ad altare Dei...”
¿Y qué debe decirse de los seminaristas? “Si amas a la Tradición, eres peligroso y no pue­des ser ordenado en la Iglesia, “ éste es el estribillo que repiten los superiores de los semina­rios, obedientes a sus obispos.
Un tremendo escalofrío ha caído sobre una potencial primavera para las almas; primero sobre los sacerdotes y luego sobre los fieles. El Papa había tenido esperanza de un cambio en el clima de la Iglesia, pero la vieja guardia, ahora en la curia diocesana, conformada por ex-'68s, nada ha permitido.
Los sacerdotes que aman la tradición se encierran en un silencio prudente y los seminaristas, en una “ápnea” de conciencia, para poder llegar a su deseada ordenación convencidos iluso­riamente de que las cosas habrán de cambiar una vez que sean ordenados sacerdotes.
¿Es normal todo esto? ¡En absoluto! ¡No es normal en la Iglesia!
¿Están aquellos señores que se muestran hostiles a la Tradición y que con extraños bizanti­nismos la impiden, interesados todavía en la salvación de las almas? ¿desean todavía pro­mover el cristianismo? o ¿aspiran a algo diferente? Y, de ser así ¿por qué están ocupando la Iglesia de Dios?
Han estado promoviendo una nueva religión con tibias referencias al cristianismo del pasado. Han estado bregando y gastando una enormidad de dinero con el propósito de transformar al Catolicismo en una religión adecuada para los salones literarios, gastan su tiempo en tratar de restaurar una pintura o comentar sobre un texto literario, pero se mantienen ausentes del territorio... no se sientan en el confesionario y no suben al altar todos los días, pues andan afanosamente ocupados en algún proyecto cultural.
¿Están todavía preocupados de que las almas frecuenten los sacramentos? ¿consideran todavía los sacramentos como necesarios para la salvación? o ¿están sólo ocupados en cre­ar “comunidad”, sustituyendo con estructura lo que es esencial, o sea Dios.
Esperamos con todo nuestro corazón que el año nuevo traiga dos cosas:
1. Un arrebato de valentía en todos aquellos sacerdotes y seminaristas que están sufriendo a nombre de una Iglesia que cada vez es más hostil a su propio pasado. Quisiéramos decirles a ellos “¿por qué esperan para contraatacar? Sí, contraatacar – ¡para obedecer a Dios!” con­sideren los efectos de esta Iglesia terriblemente modernizada; consideren la gran aflicción que ha producido, y obedezcan a Dios jubilosamente. Es sólo de esta forma como podrán servir a la Iglesia amorosamente, porque la Iglesia es – Tradición.
2. La enmienda de aquéllos que han desplegado tal hostilidad contra la Misa Tradicional y que la han aprisionado. Reconocemos que no todos ellos lo han hecho de mala fe. A ellos quisiéramos decirles “Déjennos tener la experiancia de la Tradición;” dennos los templos; permítannos cuidar de las almas y luego vengan con toda simplicidad y juzguen los frutos. Ustedes les han entregado templos a los cismáticos ortodoxos y han anunciado las horas de culto de los herejes protestantes. ¿Cuándo liberarán la misa de todos los tiempos del limbo en que la tienen? ¿Qué dirían sus antiguos párrocos, sus abuelos y los santos de más de 2000 años de cristianismo?
Perdónennos si les hemos hablado con tanta franqueza; no queremos ofender a nadie sino despertar su conciencia en esta situación dramática. No es hora para ser ceremoniosos.
Que el año 2014 despeje de mucha almas sinceras su turbación, por la gracia de Dios y las oraciones de muchos.