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jueves, 9 de enero de 2014

50 años de Sacrosanctum Concilium y lo que el Concilio ha producido

La Destrucción del Rito Romano

Traducido por Roberto Hope de la version inglesa publicada en Internet por Rorate Caeli:
http://rorate-caeli.blogspot.com/2013/12/50-years-of-sacrosanctum-concilium-and.html

En la celebración del quinquagésimo aniversario de la promulgación de la Constitución sobre la Liturgia Divina (Sacrosanctum Concilium), del Segundo Concilio Ecuménico del Vaticano, presentamos aquí el epílogo del libro El Rito Romano Antiguo y Nuevo, por Don Pietro Leone Monselice, pseudónimo que utiliza un sacerdote que celebra exclusivamente la misa tradicio­nal en una diócesis de alguna parte de Italia. Si fuera él un sacerdote que favoreciera la ordenación de mujeres no tendría necesidad de temer represalias, pero sucede que es un sacerdote que defiende la obvia y clara superioridad del Rito Romano Tradicional, y si es castigado por eso, no será él quien lo sufra, sino aquellos fieles a quienes actualmente sirve, quienes podrían quedar privados de esas misas con regularidad. Esa triste y pequeña abe­rración es sólo un ejemplo del nuevo y bizarro mundo fundado (a sabiendas o no) por los Padres del Vaticano II cuando (a sabiendas o no) le solicitaron a Pablo VI que “reformara” el Rito Romano.
Epílogo
Causas y efectos de la Destrucción del Rito Romano
A fin de comprender mejor la destrucción de la antigua liturgia, terminaremos este ensayo con una breve mirada a sus efectos y sus causas. Primero expondremos sus efectos y luego sus causas. Procederemos en este orden, porque aquéllos son más evidentes que éstas y, una vez que hayamos establecido los efectos, nos ayudarán a identificar las causas. Vere­mos primero los efectos en el Nuevo Rito y luego en la Iglesia misma.
A. Efectos del Novus Ordo Missae
El propio Cardenal Ratzinger, en su prefacio a “Reforma de la Liturgia Romana” por Monse­ñor Klaus Gamber, calificó al nuevo rito como una 'patraña' [1], y en la siguiente oración una ´falsificación' [2]. Mons.. Gamber la llamó un 'tumor'[3]. Apoyándonos principalmente en el material que hemos presentado en este ensayo, procedemos a identificar los cinco principa­les defectos del Nuev Rito[4].
1. Se tergiversa la Fe:
Hemos mostrado cómo la Nueva Misa se representa como una cena; cómo se desdibujan la Per­sona y la Divinidad de Jesús; cómo se minimizan el pecado, el Juicio Final, el Infierno, el Demo­nio, la imitación de Cristo y la vida ascética. La Fe ya no se presenta como la Verdad última [5], ni la vida de la Fe como una lucha espiritual contra los poderes de las tinieblas, ni como un asunto de vida eterna o muerte eterna.
En vez de hacerlo así, la Fe se presenta como una colección de narraciones edificantes, y la vida de la Fe como un compromiso a una cierta meta futura e indefinida. Términos nebulo­sos tales como 'pueblo de Dios', 'comunidad' [6], y 'solidaridad' reemplazan a aquéllos como Iglesia y Caridad, y hasta la Persona de Dios Padre y la de Jesucristo son transformados en conceptos vagos y abstractos.
2. El Culto a Dios se pone en riesgo
La Nueva Misa ya no manifiesta las más profundas Verdades de la Fe: La Presencia del Señor en la Eucaristía, su Muerte en la Cruz del Calvario; ya no responde a las necesidades más profundas del corazón humano: el deseo de ser amado por Dios con un amor perfecto, para recibir a Dios mismo adentro del alma; amar a Dios con todo el ser, para ofrecerse uno enteramente a Él.
Se desalienta el hacer genuflexiones, el arrodillarse y el silencio; la introspección se hace casi imposible por el ruido constante y por la interacción del celebrante con los fieles, todo lo cual expresa no otra cosa que la celebración de la comunidad por ella misma
3. Se Aleja a los Fieles
Con la Fe y la Misa vaciados de su contenido (hablando subjetivamente) no queda incentivo para asistir a misa, excepto para los devotos. Para los demás, la asistencia se vuelve sim­plemente un asunto de convencionalismo, o de costumbre, o de interés meramente cultural. Situación similar ocurre con relación al matrimonio sacramental y al bautismo. La caída en la asistencia a la Misa conforme al nuevo rito representa una etapa intermedia en su vía de extin­ción[7].
4. Se Reducen las Gracias
Se reducen las gracias porque se dicen menos misas, porque las oraciones en estas misas son más escasas, y porque la devoción con que se dicen estas oraciones es menor.
Hay menos misas debido a la multitud de concelebraciones, en las que, dado que Jesucristo Nuestro Señor es el principal celebrante de la misa, sólo será una misa la celebrada, no importando cuánto sea el número de concelebrantes que participe [8].
Además, debido a que fueron eliminadas muchas de las oraciones que se dicen en la Misa del Rito Antiguo, habrá muchas menos gracias; también por esta razón, menos gracias son recibidas por aquél que pide menos. Como ejemplos tomamos la supresión de las oraciones que preparan para una devota Sagrada Comunión, todas las oraciones a Santa María Virgen, a los papas, a los mártires, y a los santos apóstoles Pedro y Pablo, como se dice arriba. Como un ejemplo particularmente atroz tenemos la supresión de la oración a San Miguel Arcángel al teminar la misa rezada. ¿Cuántos millones de oraciones diarias por sacerdotes y fieles para restringir la acción de Satanás han sido silenciadas por esa supresión? ¿Cómo puede, cualquiera que tenga Fe, no entender el incremento del mal en el mundo a la luz de esto[9]?
Finalmente, la disposición que tienen, tanto el celebrante como aquéllos que asisten a misa, determinan la cantidad de gracias recibidas para la Iglesia, para aquéllos por quienes se ofre­ce la misa y para los que están presentes. El nuevo Rito conduce menos a la devoción, de manera que la cantidad de estas gracias será menor.
5. Dios es Deshonrado
La consecuencia más grave del Nuevo Rito es, sin embargo, el deshonor de Dios. Ésta es la consecuencia más grave, ya que la gloria de Dios es el fin primario de todas las cosas, y por­que la gloria dada a Dios por la Santa Misa es la gloria más grande que hay.
En este ensayo, hemos analizado el Nuevo Rito en términos de su protestantismo y su antro­pocentrismo. Su protestantismo consiste esencialmente en su negación de la naturaleza sacrificial de la Santa Misa; su antropocentrismo está relacionado con su falta de respeto a la Divinidad del Señor.
Para expresar estos dos factores en la síntesis más breve posible, pudiéramos decir que el Nuevo Rito deshonra a Nuestro Señor Jesucristo tanto en Su Humanidad, de la cual Su sacri­ficio es lo más sublime, como en Su Divinidad.
Observamos que la significación última de toda cosa está determinada por su relación con Dios. Concluimos que la significación última del Nuevo Rito es ésta: que deshonra a Dios en la Persona de Nuestro Señor Jesucristo.
La iconostasis del silencio ha sido desmantelada. El Señor es llamado en una lengua vulgar, con palabras compuestas por sus enemigos [10]. Su Presencia es ignorada, Su Persona es degradada. Se le maneja torpemente, si cae no pasa nada [11]. Se le coloca en mesas que no han sido bendecidas, separado de Sus amigos [12], Sus paramentos han sido reducidos[13]. Él, el Rey de Reyes, en estado de inmolación, es colocado en vasijas vulgares y primitivas. Mien­tras la gente, permaneciendo parada o sentada, cree estar escuchando un mero cuento, Él está sien­do Crucificado y muerto ante sus ojos. Es elevado arriba de sus cabezas: “He aquí el Cordero de Dios” y la gente se queda parada y mirando. Les es entregado: Él, Dios Todopo­deroso, su Creador y su Bien Supremo, es colocado en sus sucias manos. Lo reciben en sus corazones ensombrecidos, Lo sacuden de sus manos, lo estrujan inadvertidamente, se lo lle­van a casa. Es consignado a su capricho y a su malicia [14].
Entonces Pilato salió otra vez (18:29), y les dijo: Mirad, os lo traigo fuera, para que enten­dáis que ningún delito hallo en él. Y salió Jesús, llevando la corona de espinas y el manto de púr­pura. Y Pilato les dijo: ¡He aquí el hombre![15]
B. Efectos de la Destrucción del Rito Romano en la Iglesia
Hemos visto cómo el nuevo rito es protestantizante y antropocéntrico, y cómo tergiversa la Fe. Como tal, está informado de un espíritu de ambigüedad que favorece doctrina que no es católi­ca: es a-católica. Este espíritu no es otro que el espíritu del Modernismo, en esa forma como se ha infiltrado en la Iglesia actual, desde la época del Segundo Concilio Vaticano en adelante. Este espiritu informa no sólo la liturgia, sino también muchas de las enseñanzas de la jerarquía, especial­mente en el área del catecismo y en muchas de sus accciones, especialmente el 'Ecumenis­mo'. Constituye el espíritu del mundo disfrazado como un Nuevo Catolicismo, que comenzó destruyendo ese gran edificio que es el Antiguo Rito Romano, y pasó a destruir un mundo entero.
¿Dónde está el conocimiento de la Fe en los laicos, o aun en el clero? ¿Dónde está el senti­do del año litúrgico? ¿Dónde el espiritu de adoración a Dios, el sentido de lo Sagrado o de misterio, el espíritu de santificación, de sacrificio, de abnegación; no se diga de martirio? ¿Dónde está el sentido de la Justicia Divina[16], de jerarquía, de disciplina, y de orden? ¿Dón­de quedaron la entereza, la modestia, la pureza, el respeto, y aun los buenos modales? ¿Dónde están las familias con hijos numerosos? ¿Dónde los ojos inocentes de los niños? ¿Dónde los actos de mortificacón de los niños pequeños? ¿Dónde las flores ofrecidas a la Virgen María en el mes de mayo? ¿Dónde están los jóvenes de las fotografías preparatora­nas en blanco y negro de generaciones pasadas viendo con mirada serena y firme a sus familias? ¿Dónde está la identidad católica? ¿Dónde está el sensus católicus: el verdadero sentido de lo que es ser católico?[17]
Si fuésemos a preguntarnos si es el modernismo de la liturgia, el de la doctrina o el de las accio­nes el que ha jugado el mayor papel en la destrucción de todo el mundo católico u Orbis Catolicus; entonces deberemos contestar que es la liturgia, pues lo que uno reza determina lo que uno cree (de acuerdo con el principio de lex orandi, lex credendi[18]), y lo que uno cree determina lo que uno hace. En una palabra, las aguas han sido contaminadas en su fuente.
La Santa Misa constituye el corazón de las virtudes teologales de Fe, Esperanza y Caridad: Fe en la Santísima Trinidad, en la encarnación, en el Sacrificio del Calvario para la redención de la humanidad, en el Santísimo Sacramento del Altar, y en la Santa Comunión – inclusive, en efecto, hace presentes estos mismos misterios; se ofrece en la esperanza de alcanzar la vida eterna, y confiere la Santa Comunión en los fieles como prenda de esa esperanza, hace pre­sente el amor sacrificial de Dios por los hombres y hace posible el amor sacrificial del hombre por Dios.
Cuando esos misterios sagrados se expresan con pujanza y claridad, fortalecen la Fe[19], la Esperanza y la Caridad de todos los presentes, inclusive hasta el punto del martirio. Cuando, en cambio, son expresados con tal ambigüedad que favorece la herejía, entonces entorpe­cen el crecimiento de estas virtudes, las alejan e incluso las destruyen[20]
Esto es especialmente cierto del sacerdote, quien está envuelto más íntimamente en los sagrados misterios: Es él quien los hace presentes. Si la liturgia que celebra cada día se que­da corta de la Verdad, también pasará así con sus creencias, su enseñanza[21], y sus accio­nes[22]. Pero esto también aplica a los fieles, aunque en menor grado, porque es la Misa: lo que experimentan y aprenden en la Misa (sea esto todos los días, cada domingo o sólo oca­sionalmente) es lo que determina su catolicidad.
Eso es para la Iglesia visible, pero ¿qué diremos de la iglesia invisible? ¿Cuántas almas se han perdido o no han alcanzado ese grado de gloria en el Cielo que Dios les ha preparado para toda la eternidad? Todo eso como resultado del modernismo del nuevo rito, del aleja­miento que produce en los fieles y de su reducción de la gracia santificante,
En una palabra, el nuevo rito ha obstruido y frustrado los propósitos mismos de la Iglesia, que son la santificación del hombre y la Gloria de Dios.
La Santa Misa es el medio por el cual Nuestro Señor Jesucristo, fuente de toda Verdad y santidad, entra en este mundo; el medio por el cual la Palabra, el Esplendor del Padre, des­ciende de su trono real, y pasando por un infinito de espacio y tiempo [23] rasga el tejido de este mundo, transitorio y finito. Pero su luz ha sido atenuada en su misma fuente y ahora alumbra con menor brillo en nuestra doliente humanidad caída.
C. Las Causas de la Destrucción
Hemos presentado la destrucción del Rito Latino en términos de protestantismo y antropo­centrismo, y, en un último análisis, subjetivismo. Subjetivismo que, a su vez, deriva de las perfecciones y libre voluntad de la creatura, que le hace posible adorarse a sí misma en lugar de a Dios.
Hemos aludido a la posibilidad de que los francmasones hayan sido instrumentales en la Reforma Litúrgica.
Esto en el nivel humano pero ¿qué hay del nivel espiritual? Hemos afirmado que el signifi­cado final del Nuevo Rito y por consecuencia también de la destrucción del Antiguo, es que deshonra a Nuestro Señor Jesucristo. Nuestra pregunta es, entonces: ¿Quién puede haber deseado deshonrarlo de esta manera?
Si vemos por un momento la historia del Universo, hay un ser que ha estado interesado en deshonrarlo, y esto desde el mismo principio del tiempo: un ser que se rehusó a adorarle cuan­do, según los Padres de la Iglesia, le fue presentada una imagen de Él antes de su encarna­ción, antes de la creación del hombre; un ser que lo acometió en la hora de su Pasión y Muer­te; un ser que tiene la intención de destruir a todos aquéllos que fueron hechos a Su imagen y semejanza, especialmente a los miembros de su Cuerpo Místico, la Iglesia.
Y por este deshonor de nuestro Señor Jesucristo, en particular en la liturgia, nos referimos a la 'décima característica del espíritu diabólico' en esa obra clásica sobre demoniología, 'El Discernimiento de los Espíritus' por el Padre Scaramelli, S.J. (1687-1752): “La décima carac­terística es el alejamiento de Cristo Jesús y de Su imitación. Como prueba de esto, basta recordar la gran aversión hacia la Persona del Redentor por parte de los falsos contemplati­vos y de los herejes en los que el espíritu diabólico triunfa: aquéllos prohibiendo la medita­ción acerca de Él y éstos impidiendo su adoración y veneración”
Si el objetivo principal del demonio es Nuestro Señor Jesucristo en Persona, su segundo obje­tivo, como acabamos de hacerlo notar, es su Cuerpo Místico, la Iglesia. Hemos medita­do en la sección anterior sobre el daño causado a la Santa Madre Iglesia.
La hipótesis de que la reforma litúrgica en un nivel espiritual representa un ataque del demo­nio contra nuestro Señor Jesucristo se corrobora por los siguientes factores:
i) las profecías sobre la creación del Nuevo Rito que citamos al final de la Parte I de este ensayo: aquélla del apóstata Canónigo Roca, siendo ciertamente de inspiración diabólica, y aquélla del Cardenal Billot, que asocia la creación de la nueva liturgia con el demonio.
ii) la supresión de las lecturas sobre el demonio y la oración a San Miguel Arcángel que se dice al teminar la misa rezada en el Rito Antiguo.
iii) la naturaleza universal de esa destrucción, desencadenada, como lo ha sido, en el mundo entero.
iv) la naturaleza sistemática de la destrucción, que siguió un programa en todos los frentes, relacionada con todo aspecto del Rito, hasta en los detalles más pequeños; un programa implementado gradual pero implacablemente por una serie de personas, durante un perí­odo de tiempo considerable, con la precisión, los esfuerzos concertados y todos los rigo­res de una campaña militar.
v) la despiadada violencia de la destrucción, su lógica fría e implacable, y su odio y despre­cio por todo lo sagrado, como ya lo hemos observado arriba con respecto a la destrucción de los altares y de los reclinatorios ante el altar para comulgar.
vi) el hecho de que, tomados en conjunto, estos actos de destrucción son un acto de sober­bia y de sacrilegio que no tiene paralelo en la historia de la Iglesia.
vii) la audacia del Espítiru Maligno, si en efecto fue la fuerza instigadora que estuvo detrás de estos acontecimientos, como si hubiera tomado posesión de los actores principales de este drama sin ellos darse cuenta, incluyendo a la más alta autoridad de esta tierra: para destruir el Rito Romano, crear uno nuevo, e imponerlo irrebatiblemente sobre toda la humanidad.
Como sea que esto haya sido, su causa final, por pasmoso que suene, es Dios mismo. Él ha permitido la destrucción de la liturgia para Sus propios e insondeables propósitos, que podrí­amos suponer que es castigar a la Iglesia por males de extrema gravedad. ¿Son éstas las perversidades, podríamos preguntaremos, que según las revelaciones de Fátima, habrían de ser castigadas en este mundo con una pena que sería visible, física y de duración limitada: por las guerras del siglo pasado? ¿Perversidades que, por continuar, serían castigadas ahora con una pena que es invisible, espititual y eterna?
Una cosa es cierta, sin embargo. Dios no permite el mal a menos que sea para un bien mayor, tal como la glorificación de Su Justicia y la purificación de Sus elegidos.
Y sin embargo no es papel de un católico el descorazonarse o lamentarse; de manera que en vez de mortificarnos por el triste legado del pasado, concluyamos este estudio dando gracias a Dios de que por la sabiduría y el valor del [hoy abdicado] Supremo Pontífice, Benedicto XVI, el Anti­guo Rito esté por fin retornando, después de 40 años de permanecer relegado en el desier­to[24], y rezando por que este rito (junto con sus ritos paralelos), que aportó los cimientos de la Cris­tian­dad Católica en todo país y en todo continente en el mundo, y que, cuando fue supri­mido, la hizo caer, pueda, con su regreso, restaurar esa grande y santa civilización a su anti­guo esplendor, por la salvación de innumerables almas y para la gloria de la Santísima e Indi­visa Trinidad.
Así sea.
Notas
[1] citado en la Introducción del libro
[2] Verfälschung
[3] en la versión francesa del libro puede leerse (p.:95) : “Où sont les éveques qui auront le courage de faire disparaitre cette tumeur ...qui est la théologie moderniste implantée dans le tissu de la célébration des saints mystères?”: “¿Dónde están los obispos que sean lo suficientemente valientes para remover este tumor canceroso, que es la teología modernista implantada en el tejido de la celebración de los santos misterios?”
[4] A la luz de estos defectos, es claramente imposible para nosotros atribuirle un valor igual a los dos ritos; esto es en un sentido irrestricto. Podemos de hecho asignarles igual valor sólo en cuanto a que ambos hacen presente el Sacrificio del Calvario (con la salvedad expresada en el Breve Examen Crítico del Novus Ordo Missae, de los Cardenales Alfredo Ottaviani y Antonio Bacci)
[5] Nos referimos en relación con esto a la remoción de 'la fe verdadera' por la cual murió San Fidel de Sig­maringen (in verae fidei propagatione); de la conquista de las herejías en la fiesta de San Ireneo (verita­te doctrinae expugnaret haereses); de la oración por la vuelta a la unidad de la Iglesia y por la salvación de aquéllos que están en el error, en la fiestas de San Roberto Bellarmino y de San Pedro Canisio; y la supresión de las oraciones por la conversión de los herejes y cismáticos en las oraciones solemnes del Viernes Santo: las oraciones más antiguas del Rito Romano, que provienen de los tiempos de las primeras persecuciones (WHH p.29)
[6] con sus limitaciones en el espacio y en el tiempo
[7] El nuevo rito no tiene la suficiente vitalidad para resistir (ver The Devastated Vineyard [El Viñedo Devas­tado] cap 8 p.73). En efecto incluso para mantener la atención de los fieles por un corto tiempo requiere de 'animadores' que recurren a elementos que son propios de otras formas de actos públicos, como son los espectáculos televisivos o la danza, para llenar el vacío. El Rito Antiguo, en contraste, tiene esta vitalidad: ha durado dos milenios y, a pesar de todos los esfuerzos de sus enemigos para destruirlo, está (al momento en que esto se escribe) volviendo inexorablemente. En relación con esto, citamos a ‘la Révolution liturgique’ por Jean Vaquié (Diffusion de la Pensée Francaise, Paris 1971, p.45): « Les antiques architectes de la messe traditionnelle l’ont construite pour durer. Elle est concue dans un esprit de stabilité et de vérité. La nouvelle messe, au contraire, est concue dans un esprit d’apostasie et de tolérance. Elle est transformable. Elle capte le vent et se laisse entrainer par lui. Il est évident que l’orage éclatant dans le ciel de l’Eglise, la messe de Paul VI sera entrainée contre les récifs. La logique de son pluralisme le brisera. Au contraire, la vieille messe traditionnelle résistera encore une fois aux assauts, parce qu’elle est faite pour cela»: “Los antiguos arquitectos de la misa tradicional la construye­ron para que durara. Está concebida en un espíritu de estabilidad y de verdad. La nueva misa, por el contrario, está concebida en un espíritu de apostasía y de tolerancia. Es transformable. Navega como le sopla el viento y se deja llevar por él. Es obvio que cuando reviente la tormenta en el cielo de la Igle­sia, la misa de Pablo VI será lanzada contra los arrecifes. La lógica de su pluralismo la hará añicos. Por el contrario, la Antigua Misa Tradicional va a resistir los ataques una vez más, porque fue hecha para eso.
[8] ver L’Eucharistie, salut du monde II ch.3.II.1, P. Joseph de Sainte-Marie OCD, Editions du Cèdre DMM.
[9] viene a nuestra mente la visión del Papa León XIII de demonios confabulándose contra la Iglesia, que le llevó a componer la oración que se agrega al final de la misa rezada en el Rito Antiguo.
[10] ver el libro, Parte 1 2 (iii) sobre las palabras de la consagración que fueron modificadas siguiendo el ejemplo de los Reformadores
[11] ver el libro, Parte I 3 sobre las indicaciones acerca de lo que se debe hacer cuando se cae la Hostia
[12] ver el libro, Parte I 3 sobre la eliminación de las reliquias
[13] ver el libro, Parte 1 8 sobre la remoción de los frontales del altar y de los manteles, y la Parte I 4 sobre la reducción de las vestimentas.
[14] ver el libro, Parte I 3 (nota)
[15] Jn. 19:4-5
[16] En tándem con la reducción del sentido de Justicia Divina y de sacrificio observamos una tendencia dentro de la Iglesia hacia el pacifismo y hacia la abolición de la pena capital, y, como lo lamenta el [aho­ra abdicado] Santo Padre Benedicto XVI en su libro Luce nel Mondo, la renuencia, en las décadas recien­tes, a castigar las ofensas criminales perpetradas por clérigos.
[17] claramente hay enclaves en los que aún sobreviven estos elementos, pero estamos hablando del fenó­meno en términos universales.
[18] Hemos citado las palabras del Padre Nocent, de que el nuevo leccionario iría a cambiar la teología y la espiritualidad católica; el Padre Braga afirmaba que el Nuevo Rito alteraría la “realidad doctrinal”, intro­duciría “una nueva formulación de la teología eucarística” (Il propium di Sanctis p. 419) y tendría un efecto transformador en la catequesis (Il nuovo, p. 274) WHH p 396
[19] Monseñor Gamber observa: 'El Rito Romano es al presente la roca donde rompen las olas de la falta de fe. Los innovadores lo saben bien: eso explica su ciego odio contra la 'Misa Tridentina'. Su preserva­ción no es asunto de estética sino de la vida de la Iglesia: Der Ritus romanus ist gegenwaertig der Fels in der Brandung des Unglaubens. Das wissen die Neuerer sehr gut. Darum auch der blinde Hasz gegen die ‘Tridentinische Messe’. Ihre Erhaltung ist keine Frage der Aesthetik, sondern des Lebens der Kirche.’ (Una Voce Korrespondenz 5, 1976, p.301). Con relación a esto, mencionamos también la observación de Pablo VI en Paul VI Secret (op. Cit): ‘Cette messe dite de St. Pie V, comme on la voit à Econe, devient le symbole de la condamnation du Concile': Esta Misa, llamada la Misa de San Pío V, como se le ve en Econe; está convirtiéndose en un símbolo de la condenación el Concilio.
[20] Una de las razones por las cuales la Iglesia considera peligroso para los fieles el asistir a liturgias no católicas, y por lo tanto los desanima a hacerlo, es que esto puede llevar a una pérdida de la fe. El nue­vo rito, católico en cierto sentido pero protestante en otro, representa un peligro a un grado eminente. Con relación a la destrucción de la fe citamos las palabras memorables del Cardenal Journet: 'La liturgia y el catecismo (de hoy en día) son las dos quijadas de las pinzas con las que están arrancando la fe de los corazones de nuestros niños: “La liturgie et la catechèse (d’aujourd’hui) sont les deux machoirs de la tenaille avec laquelle on arrache la foi du coeur de nos enfants.’ Lucien Méroz l’Obéissance dans l’Eglise (Claude Martingay, Genève). El Padre Bruckberger O.P., director de la película Les Carmelites de Com­piègne va más allá y escribe (en La Révélation de Jésus Christ) 'Aquéllo de que estamos siendo testigos bajo el pretexto de una renovación litúrgica es la apostasía de la fe católica': 'Ce à quoi nous assistons sous prétexte de renouvellement liturgique c’est l’apostasie organisée de la foi catholique’. En relación con esto, nos referimos a un pasaje en Les Institutions Liturgiques de Dom Prosper Guéranger (Paris 1878, pp. 388-407, esp. 398) en donde el autor explica que todos los herejes siempre han comenzado su labor de destrucción atacando la liturgia. 'Todo sectario que quiere introducir una nueva doctrina se topa necesariamente con la presencia de la liturgia que es la Tradición en su máximo grado de poten­cia... En efecto, ¿cómo se han establecido y mantenido entre las masas el luteranismo, el calvinismo y el anglicanismo? Para lograrlo, todo lo que fue necesario hacer fue sustituir con nuevos libros y nuevas fórmulas a los antiguos, y todo quedó consumado.'
[21] esto es de particular relevancia para los obispos y aquéllos responsables de la composición de docu­mentos oficiales de la Iglesia.
[22] En particular hacemos notar que, si es emasculada la acción central de un sacerdote, que, como lo declara dogmáticamente el Concilio de Trento, es la celebración de la Santa Misa, entonces eso tam­bién le ocurrirá al sacerdote. (Lo mismo es aplicable, en menor grado, a la doctrina). Las consecuen­cias, que son de una naturaleza moral, se han mostrado a la vista en los años recientes.
[23] ver Iota Unum s.266
[24] ciertamente un grave castigo de Dios para la Iglesia por maldades indecibles. Nos referimos a “el tiem­po en que el sacrificio continuo será quitado”: “a tempore cum oblatum fuerit juge sacrificium” (Daniel 12,11) como lo interpretaba el Cardenal Billot (La Parousie, op. Cit. p.47 de la versión alemana) : “Gemeint ist also das Opfer unserer Altaere, die hl.Meszfeier, die in diesen Tagen ueberall geaechtet, ueberall untersagt sein und die – abgesehen von jenen hl. Meszopfern, die in den Katakomben, im Dun­keln und Verborgenen gefeiert werden – ueberall unterbrochen sein wird”: A lo que se está refiriendo es al sacrificio en nuestros altares, la celabración de la Misa, que en estos días será despreciado y prohibi­do, y que, con la excepción de esas misas que serán celebradas en las catacumbas, en la obscuridad y en secreto, se interrumpirá en todas partes.”

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