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martes, 7 de enero de 2014

Introducción

Esta bitácora tiene el propósito de divulgar, en idioma español, algunos escritos publicados en inglés en diversos blogs y páginas de Internet, sobre temas católicos, especialmente acerca de las causas de la actual crisis que, por haberse apartado de la Tradición como consecuencia del Segundo Concilio Vaticano, ha estado sufriendo la Iglesia Católica en las últimas décadas.

A propósito del inmisericorde, soberbio e injusto trato que la burocracia Vaticana encabezda por el humilde Papa Francisco ha dado en estos últimos meses a los Franciscanos de la Inmaculada, comenzaremos con un editorial que nos recuerda que debemos defendernos de los ataques contra la Tradición.


La Hostilidad contra la Tradición

No es Normal y Debe Oponérsele   


Traducido al español por Roberto Hope, de la traducción al inglés del
Editorial contenido en el número de enero de 2014 de Radicati nella Fede,
hecha y adaptada del original italiano por Francesca Romana, y publicada en:
http://rorate-caeli.blogspot.com/2013/12/war-on-tradition-not-normal-and-must-be.html

Sacerdotes y seminaristas: “¿Qué esperan para contraatacar?”

El Papa había esperado un cambio... pero la curia diocesana, conformada con ex del '68, no lo ha permitido.

Lo siguiente es la editorial de enero del 2014 de Radicati nella Fede:

El llamar a las armas a los sacerdotes católicos y a los seminaristas que conocen la tradición pero que no la han abrazado completamente, es especialmente importante.
Prácticamente todo se permite; más bien, todo menos la Tradición.
Después del valiente, pero al mismo tiempo tímido acto de Benedicto XVI cuando emitió su Motu Proprio del 2007, hemos sido testigos de un continuo afán por “confinar” a la Tradición fuera de la Iglesia.
El Santo Padre dijo que la Antigua Misa nunca había sido abrogada. En cierto modo, ese dicho confirmó que no podía ser abolida, puesto que la autoridad de la Iglesia sirve para conservar la Tradición como una fuente de la Revelación, tal como sirve para para conservar las Sagradas Escrituras, pero nunca puede regir sobre ellas; si rigiera sobre ellas, la autori­dad [de la Iglesia] no sería aquélla que Nuestro Señor deseaba, y tomaría la forma de autori­tarismo.
Bien entonces, después del Motu Proprio Summorum Pontificum, la diversa curia diocesana se ha afanado en un decidido esfuerzo por parar, suprimir o confinar todo intento de retornar a la gloriosa Tradición de la Iglesia, tanto en lo doctrinal como en lo litúrgico.
Esto ha sido el total boycoteo de la voluntad del Papa, la cual fue un simple acto de justicia: la Misa que la Iglesia ha celebrado durante quince siglos y que produjo santos jamás puede ser abolida.
Ni siquiera la terrible carencia de sacerdotes que hemos visto en estos últimos años, ha podido liberar a la Tradición del confinamiento que sufre. Prefieren quedarse sin sacerdotes, prefieren cerrar los templos, pero se niegan a permitir que los sacerdotes tradicionalistas celebren la Misa de siempre.
Muchos sacerdotes estaban listos para pasarse a la Tradición; muchos estaban interesados seriamente en obtener pasesión de ésa que constituye el mayor patrimonio de la Iglesia, muchos pidieron que se les enseñara a decir la Misa Antigua.
Entonces, como hacha implacable de verdugo, sobre aquéllos que con jubilosa simplicidad habían comenzado a celebrarla, cayeron procesos canónicos, remoción de sus parroquias, sutiles acusaciones de cisma, etc. Usted conoce la historia. Así ha caído un escalofrío sobre los sacerdotes, muchos de los cuales eran jóvenes que soñaban con poder acercarse al altar con un “Introibo ad altare Dei...”
¿Y qué debe decirse de los seminaristas? “Si amas a la Tradición, eres peligroso y no pue­des ser ordenado en la Iglesia, “ éste es el estribillo que repiten los superiores de los semina­rios, obedientes a sus obispos.
Un tremendo escalofrío ha caído sobre una potencial primavera para las almas; primero sobre los sacerdotes y luego sobre los fieles. El Papa había tenido esperanza de un cambio en el clima de la Iglesia, pero la vieja guardia, ahora en la curia diocesana, conformada por ex-'68s, nada ha permitido.
Los sacerdotes que aman la tradición se encierran en un silencio prudente y los seminaristas, en una “ápnea” de conciencia, para poder llegar a su deseada ordenación convencidos iluso­riamente de que las cosas habrán de cambiar una vez que sean ordenados sacerdotes.
¿Es normal todo esto? ¡En absoluto! ¡No es normal en la Iglesia!
¿Están aquellos señores que se muestran hostiles a la Tradición y que con extraños bizanti­nismos la impiden, interesados todavía en la salvación de las almas? ¿desean todavía pro­mover el cristianismo? o ¿aspiran a algo diferente? Y, de ser así ¿por qué están ocupando la Iglesia de Dios?
Han estado promoviendo una nueva religión con tibias referencias al cristianismo del pasado. Han estado bregando y gastando una enormidad de dinero con el propósito de transformar al Catolicismo en una religión adecuada para los salones literarios, gastan su tiempo en tratar de restaurar una pintura o comentar sobre un texto literario, pero se mantienen ausentes del territorio... no se sientan en el confesionario y no suben al altar todos los días, pues andan afanosamente ocupados en algún proyecto cultural.
¿Están todavía preocupados de que las almas frecuenten los sacramentos? ¿consideran todavía los sacramentos como necesarios para la salvación? o ¿están sólo ocupados en cre­ar “comunidad”, sustituyendo con estructura lo que es esencial, o sea Dios.
Esperamos con todo nuestro corazón que el año nuevo traiga dos cosas:
1. Un arrebato de valentía en todos aquellos sacerdotes y seminaristas que están sufriendo a nombre de una Iglesia que cada vez es más hostil a su propio pasado. Quisiéramos decirles a ellos “¿por qué esperan para contraatacar? Sí, contraatacar – ¡para obedecer a Dios!” con­sideren los efectos de esta Iglesia terriblemente modernizada; consideren la gran aflicción que ha producido, y obedezcan a Dios jubilosamente. Es sólo de esta forma como podrán servir a la Iglesia amorosamente, porque la Iglesia es – Tradición.
2. La enmienda de aquéllos que han desplegado tal hostilidad contra la Misa Tradicional y que la han aprisionado. Reconocemos que no todos ellos lo han hecho de mala fe. A ellos quisiéramos decirles “Déjennos tener la experiancia de la Tradición;” dennos los templos; permítannos cuidar de las almas y luego vengan con toda simplicidad y juzguen los frutos. Ustedes les han entregado templos a los cismáticos ortodoxos y han anunciado las horas de culto de los herejes protestantes. ¿Cuándo liberarán la misa de todos los tiempos del limbo en que la tienen? ¿Qué dirían sus antiguos párrocos, sus abuelos y los santos de más de 2000 años de cristianismo?
Perdónennos si les hemos hablado con tanta franqueza; no queremos ofender a nadie sino despertar su conciencia en esta situación dramática. No es hora para ser ceremoniosos.
Que el año 2014 despeje de mucha almas sinceras su turbación, por la gracia de Dios y las oraciones de muchos.

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