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lunes, 3 de noviembre de 2014

Democracia, Tiranía y la Situación Actual

  
Tomado de:
www.catholicworldreport.com/Item/3298/democracy_tyranny_and_the_current_situation.aspx
del 8 de agosto de 2014

Traducido del inglés por Roberto Hope

Por James V. Schall, S.J.

“Lo cierto es que los mayores crímenes son causados por excesos y no por necesidad. No es para evitar pasar frío que los hombres se hacen tiranos...” — Aristóteles, Política, II, 1266 b14-15

“¿Cuál es el fin de un gobierno? .... Con base en lo que observamos que nuestro gobierno está haciendo, tenemos que concluir que: el verdadero fin del gobierno es dar a la gente la vida sexual que le plazca, con un mínimo de inconvenientes. ¿Quieres copular sin que nazca un bebé? No hay problema, te daremos anticonceptivos gratis. Quisiste hacer el acto sexual, te embarazaste y no quieres el bebé? Eso es un inconveniente. Te pagamos el aborto. ¿Quieres copular con alguien con quien no estás casado? ¿Tu cónyuge y tus hijos son un inconveniente? Te daremos el divorcio sin responsabilidad. ¿quieres copular con una persona de tu mismo sexo y quieres tener un bebé? Eso es verdaderamente inconveniente. Re-estructuraremos el sistema legal y subsidiaremos la tecnología que haga posible conseguir todos los bebés que quieras sin la inconveniencia de tener que lidiar con el otro padre del bebé.”  — Jennifer Roback Morse, The Ruth Institute, 3 de agosto de 2014..
I.
Aristóteles describió las varias configuraciones que pueden encontrarse entre los estados civiles para describir el objetivo de su gobierno, y las instituciones o divisiones de poder ideadas para promoverlo. Los redujo a tres tipos generales —monarquía, aristocracia y democracia — y sus respectivas corrupciones — tiranía, oligarquía y demagogia. Además, tenemos varios tipos de “regímenes mixtos” que buscan combinar las tres formas básicas para contrarrestar los elementos inadecuados de las otras formas. Así: una monarquía, aun cuando tenía la ventaja de la singularidad de propósito en un gobernante virtuoso, no daba la oportunidad a los demás ciudadanos de participar en el gobierno. Era posible contrarrestar este defecto, por ejemplo, dando la posibilidad de la elección del gobernante por el populacho general. Esta elección también limitaba al monarca/presidente/canciller, de modo que no era absoluto, pero de todos modos tenía libertad para decidir y actuar.

Para Aristóteles, todos los buenos regímenes gobernaban para el bien de todos; todos los malos regímenes gobernaban para el bien del principio de gobernar, mas no para todos. El bien común no significaba un cierto tipo de colectividad, todas cuyas partes fueran gobernadas por las autoridades. Más bien significaba un orden que permitiera que los propósitos de los individuos y de los grupos fueran tal como ellos mismos los concebían, y no que los individuos y los grupos fueran meros funcionarios del estado, actuando como una mente maestra para perseguir los propósitos de éste.

La construcción de la legislatura, del ejecutivo y de la judicatura estaba diseñada para llevar a cabo más efectivamente los fines del régimen, fueran éstos buenos o malos. Aristóteles también observó que, además de los principios de gobernar de acuerdo con números, de uno-pocos-muchos, cada régimen tenía también un fin inteligible. El tirano gobernaba para sí mismo; la oligarquía usualmente gobernaba para ganar dinero, y la democracia gobernaba a favor de las clases más pobres para que obtuvieran una libertad que no tenía otro propósito que aquél que el individuo deseaba. Los fundadores de los Estados Unidos estaban muy familiarizados con este antecedente del pensamiento político griego y romano.

El término moderno “democracia” y el uso griego original del mismo término no son idénticos. Esta diferencia causa una confusión considerable. El término moderno se ha convertido en una descripción encubierta del “estado ideal”, algo que debe ser impuesto a todo mundo si ellos mismos no lo eligen.  Casi todo régimen gusta de ser llamado “democrático”, sin importar cuál sea su configuración. Todos los estados deben conformarse a este modelo democrático. No debe dejarse lugar para regímenes buenos que no sean “democráticos”, Democracia significa gobierno de la mayoría, “derechos” individuales (no de la comunidad), poder ubicado en un cuerpo gobernante central, libertad para hacer lo que se quiera, y el apoyo del gobierno a esta libertad aleatoria. No se admite ninguna ley o propósito superior. Nada se permite en el sector público que no se conforme con las leyes establecidas por el estado, cambiables en sí mismas, Tal estado se concibe a sí mismo cual si fuera el “reino de Dios” sin Dios.

Aquí uso el término en el sentido griego – o sea, un gobierno de los muchos que no tiene más principio interno de gobierno que la libertad de hacer lo que uno quiera. Obviamente, un gobierno compuesto de gente que puede hacer cada uno lo que quiera, puede, como lo dio a entender Hobbes, hacer lo que él mismo quiera. Además, la democracia es un régimen de los pobres, que obran a través del gobierno por la redistribución de los bienes sin darse mucha cuenta de cómo se producen. El gobierno en un régimen democrático asi, es concebido como un facilitador para el logro de estos fines distribucionistas y de libre opción. En la práctica es de este caos de elección ilimitada de donde emana la retórica del “dirigente del pueblo”, como lo llama Aristóteles.

Las democracias parecen tender naturalmente a la tiranía en dos sentidos. Necesiten elegir a un dirigente listo cuyo propósito interior es el bien como él lo percibe. Gradual o rápidamente aprende, mediante la combinación de adulación y coerción, a sujetar y disciplinar al pueblo hacia sus fines propios. Como dijo Aristóteles, le gente no se hace tirana para aislarse del frío. Tienen planes grandiosos para salvar al pueblo de sus enemigos. También existe aquéllo de la “tiranía democrática”. La libertad sin límites o principios se aboca a suprimir toda crítica de ella misma o de sus modos. El pueblo no son ciudadanos que se gobiernen a sí mismos. Son objetos del estado que son gobernados para su propio bien. La famosa ley de Rousseau de que todos deben ser forzados a obedecer porque sólo se están obedeciendo a ellos mismos es la esencia y justificación de la tiranía democrática.
II.
Aristóteles no comenzó su pensamiento político con un hombre misterioso e imaginario en su estado natural. Sabía que dondequiera que los hombres aparecían en la historia se organizaban de distintas maneras. Entonces se preguntó, en base a su observación ¿qué es lo que todos los regímenes tienen en común? ¿cómo y por qué difieren entre sí? ¿hay un régimen “mejor” o uno “peor” o algo intermedio? Aristóteles estaba bien consciente de que la descripción legal o constitucional de un régimen no necesariamente correspondía al orden interno de las almas o de los ciudadanos. De hecho, si algún día nos encontráramos con un régimen en el cual las acciones de los ciudadanos correspondieran exactamente con lo que establecieron las autoridades gobernantes, estaríamos más probablemente en una tiranía que en un régimen de gente normal y falible.

Describir con exactitud un régimen es, bajo normas objetivas, frecuentemente una tarea peligrosa. A los regímenes y a quienes les sacan provecho, rara vez les gusta conocer la verdad acerca de si mismos. Si hay una sospecha de que su forma y actuación para gobernar no son legítimas, sus críticos son acusados de ser desleales o traidores al régimen existente. Sin embargo, es una tarea necesaria describir con exactitud el régimen en que vivimos. ¿Cómo acometer esta descripción? Aristóteles entendía que la sociedad civil está constituida por muchas entidades – familias, tribus, aldeas, religiones y organizaciones. La noción moderna del estado, de Hobbes, Locke y Rousseau – que el estado es una organización compuesta de individuos separados en contraposición con el estado – es extraña a Aristóteles. En la tradición de Aristóteles, la sociedad humana está formada por muchas comunidades menores, cada una con su propia legitimidad, orden, y objetivos, ninguno de los cuales es formulado por el estado. El estado no las “crea” sino, cuando mucho, las reconoce y proporciona un orden en el cual puedan florecer. El estado es la entidad que promueve el orden a las demás comunidades. Ellas no dependen del estado para ser lo que son.

En el estado moderno, estas entidades, incluyendo la religión, dependen del estado para su existencia y definición públicas. La diferencia primaria entre el régimen en que vivimos y aquél de la tradición aristotélica es que originalmente se entendía que el estado depende de un orden correcto o de la ley natural. El hombre era por naturaleza político. El estado no era definido por su propia arbitraria voluntad ni era sujetado por ella. En otras palabras, todo régimen está sujeto a juicio aun cuando sus leyes o costumbres se determinen “libremente” y “democráticamente”, aun cuando sirva para lo que la gente “quiera”. Consecuentemente, la distinción entre regímenes malos y buenos se basa en la diferencia entre el bien y el mal en la acción humana personal. La presencia o ausencia de virtud en las almas de los ciudadanos y de sus gobernantes elegidos constituía el contexto apropiado de la cosa política.
III.
Los Estados Unidos hoy en día tienen una “constitución” pero no son “gobernados” por una constitución. Ninguna rama del gobierno se considera verdaderamente limitada por lo que dice la constitución. El ejecutivo gobierna por decreto. Él elige qué leyes hace o no hace cumplir. Las cortes deciden por la voluntad de los jueces y sus frecuentemente extrañas filosofías. La legislatura decide lo que es correcto a través de las leyes que aprueba. Aun cuando todavía pudiera haber algunos que “siguen” la constitución, en la práctica son relativamente insignificantes. En este sentido, Aristóteles es una guía mejor de lo que realmente somos que lo que son cualquiera de nuestros pensadores, comunicadores o políticos. Él entendía lo que pasaba en los regímenes políticos de seres humanos reales. Lo que describió es, en gran medida, lo que estamos viendo ante nosotros, si sólo miráramos,

El curso del país se explica ahora por una teoría de  “derechos” de lo que el estado defiende. El hombre no es por naturaleza un “animal político y social”, sino un animal solitario. La sociedad es necesaria sólo para proteger los derechos de unos individuos contra los de los demás. El estado, una entidad independiente superior y por encima de los individuos, está formado de unidades individuales que poseen “derechos”. No son ciudadanos en el sentido Aristotélico. Tienen derecho a todo. No pertenecen a nada más que a sí mismos, no a una familia, no a una asociación, no a una iglesia, no a una comunidad. El gobierno los trata como seres aislados. Estos “derechos no se derivan de la naturaleza, sino de la voluntad de un pueblo que no reconoce límite alguno a su libertad individual de hacer lo que quiera con sus vidas.

Así entonces tenemos “derechos” de abortar a millones de nuestra propia especie, de “casarnos” con alguien del mismo sexo, y de morir cuando queramos. Los “derechos” no son descripciones de lo que uno es, sino concesiones del estado de lo que un hombre puede o no puede hacer con su vida. El estado tiene poder porque los “derechos” están en conflicto. Entonces debe haber alguien que decida cuáles “derechos” son los que habrán de concederse. En última instancia, cada individuo llega a ser definido por lo que el estado le permite, no por lo que él es.

El estado gobierna a sus súbditos mediante el placer y el dolor. El estado mismo es una lucha de poder; por quién puede prometer más y controlar más. El gobernante está más allá del bien y del mal. Debe ser capaz de utilizar la adulación y la fuerza de manera efectiva. El gobernante es solitario, con pocos amigos, si los tiene. Su mayor temor es a que haya una verdad de las cosas, incluyendo los seres humanos. Esto es el por qué el verdadero enemigo del régimen actual es la aserción de que la verdad existe, que todos, incluyendo los gobernantes, están sujetos y serán juzgados por ella.

La respuesta tiránica a la verdad es una forma de “pan y circo” envuelta en una exagerada vanagloria de su desempeño, que no admite crítica alguna. La empresa política es concebida como el encargarse del cuidado de las necesidades del populacho. También hace a la gente dependiente del estado y obligada con él. El populacho es dejado en una condición de aburrimiento y pasividad, en especial acerca de las cosas postreras, que en su mayor parte se les ocultan.

Por lo tanto, las masas son poco peligro para que los gobernantes autónomos permanezcan en el poder. La educación relativista patrocinada por el estado no deja lugar para criticar al estado. Este régimen, pues, es aquél bajo el cual vivimos, como quiera que se le llame. La mayoría de la gente lo llama “democracia” fundada en “derechos”- Y si no tenemos un criterio por el cual podamos juzgar lo que es el hombre, distinto de lo que el estado impone, entonces esto es ciertamente lo que es, la clásica combinación de tiranía con democracia.

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