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lunes, 18 de enero de 2016

La Devastación de la Europa Católica

Algunas Causas y Consecuencias de la Revolución Protestante

(tercera de siete partes)

Por el Hermano David Mary, MICM, terc.

Tomado de: http://catholicism.org/the-devastation-of-catholic-europe-some-causes-and-consequences-of-the-protestant-revolt.html
Traducido del inglés por Roberto Hope

Ockhamismo y Lutero

Martín Lutero fue alumno de Gabriel Biel (1425-1495), un reconocido pofesor de nominalismo en el Siglo XV. En el prefacio del segundo tomo de Las Obras de Lutero, Melanchton escribe así: "Lutero podía citar de memoria a Biel y d'Ailly casi palabra por palabra. Estaba profundamente versado en los escritos de Ockham. Consideraba a éste superior a Tomás y a Escoto."24

Tomando un punto del Ockamismo, el de la separación de la gracia y la naturaleza, podemos mostrar cómo usa Lutero esto para comenzar su nueva religión. Los Ockhamistas decían que: No es la gracia santificante la que por su naturaleza nos hace agradables a Dios, sino más bien es la aceptación libre que Dios hace de nosotros lo que le complace. Hablando estrictamente, no es porque un hombre esté en estado de gracia el que sea agradable a Dios; es exclusivamente porque es aceptado así por Dios. De ahí sigue que la Gracia Santificante es una marca sin importancia designada por Dios para distinguir a quien Él acepta de otros. La Gracia misma no nos da ni Su favor ni Su amistad. En consecuencia no es la Gracia Divina la que nos hace dignos de la vida eterna. Somos merecedores de la vida eterna exclusivamente porque Dios nos acepta.25 

Sin negar la existencia de la Gracia Santificante y las virtudes infusas, los Ockhamistas minimizaban su necesidad y enfatizaban repetidamente que todo dependía de la aceptación de nosotros por Dios. Lutero llevó esto un paso más allá.¡Afirmó que Dios nos acepta aún sin gozar de la Gracia Santificante! Somos declarados amigos de Dios por medio de un “arreglo extrínseco”. Este arreglo proviene de la justicia de Cristo, o sea una justicia que no es nuestra. Según Lutero, Dios considera justo al pecador en virtud de la justicia de Cristo, pero el pecador sigue siendo pecador. El pecado no es eliminado, pero Dios considera justo al pecador porque la justicia de Dios se le imputa a él.26

Aunado a este error, Lutero adoptó otro principio Ockhamista, el de la exaltación de la razón del individuo (recordemos que los Ockhamistas trataban al universo como una colección de cosas individuales), y desarrolló un sistema puramente individualista de relación con Cristo. Ya no tenía el hombre que ganarse la salvación “en comunión” ¡ahora habría de tener a Cristo como su “salvador personal”.!

La enseñanza católica insiste, no en la separación de lo sobrenatural y lo natural, sino en su distinción y conexión. Para la Iglesia Católica no hay una contradicción inevitable entre la Gracia invisible y las organizaciones visibles, entre la libertad interior y la potencia exterior, entre el mundo sobrenatural y el universo material. El reino de Dios entre nosotros consiste, esencial y principalmente en la sociedad sobrenatural de la Iglesia Católica y secundatiamente y como consecuencia de la influencia de la Iglesia Católica, en la organización de la vida social, política y económica, de los estados, de acuerdo con el Plan Divino de orden. 27

Luego, toda actividad externa del hombre, que surja de una naturaleza que se prive de la Vida Sobrenatural y se sujete a los dictados de un gobernante, que debe verse a sí mismo, no como cristiano, sino como gobernante, es enteramente naturalista. Por este individualismo y esta separación, se abre el camino hacia el Naturalismo y el Liberalismo modernos. Así, la vida del ciudadano es separada.y dividida de la vida del cristiano. Como consecuencia de esto, cada estado protestante, después de la Paz de Westfalia de 1648, expresó este ideal separatista organizando su forma nacional de religión como un departamento de estado [¿Nos recuerda esto lo que ocurrió en Oriente en los anteriores seiscientos años?]” 28

Con el tiempo, la filosofía de Ockham llevó al racionalismo de René Descartes y de Godofredo Leibniz; encontraría su conclusión lógica en el panteísmo de Baruch Espinosa, y contribuiría grandemente al surgimiento del materialismo social (el capitalismo moderno) como fue formulado por Juan Locke, David Hume y Augusto Comte. Además, sabemos que Juan Locke se convirtió en una gran influencia en el pensamiento de “gigantes” de la filosofía tales como Adán Smith y Juan Stuart Mill en Inglaterra, así como de Voltaire y Juan Jacobo Rousseau en Francia.29

El efecto que tuvo el nominalismo sobre el sentido común fue devastador, Por ejemplo, en el campo de la ciencia, “la manera antigua de observación de sentido común fue abandonada en favor de un planteamiento muy diferente. Aun cuando pudiera parecer extraño decir esto, la ciencia física se hizo menos 'empírica': fue liberada no solamente de las teorías físicas aristotélicas sino también de la idea de sentido común de un método de observación que había tendido a prevalecer entre los físicos anteriores."

Es interesante notar que Ockham ha sido llamado “el primer protestante” por su actitud hacia la Iglesia y el orden establecido por ésta. Él negaba el derecho de los papas de ejercer un poder temporal, o de interferir de modo alguno en los asuntos del estado. Era partidario de un absolutismo secular.31

El Concilio de Contanza y le Herejía Conciliar

Otro paso hacia el precipicio de la Reforma se dió en 1414 cuando el Décimosexto Concilio Ecuménico de la historia de la Iglesia Católica fue convocado en Constanza, ciudad en la costa del Lago de Constanza en el sur de Alemania.32

Por voluntad del Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Segismundo, el anti-papa Juan XXII citó al concilio con el propósito expreso de re-establecer el papado bajo una sola cabeza, la suya. Conforme procedió el concilio, los tres que se atribuían estar ocupando el trono papal renunciaron de acuerdo con los deseos del concilio, y fue electo un nuevo papa, Martín V (su coronación fue el 21 de noviembre de 1417), terminando de esa manera el Gran Cisma de Occidente.

El concilio también trató el tema de las enseñanzas heréticas de Juan Wyclif. Más de 260 puntos de lo que enseñaba Wyclif fueron censurados como heréticos; se ordenó que todos sus escritos fueran quemados, y su cadáver fue condenado a ser exhumado y echado fuera del camposanto. Juan Wyclif (1324-1384), nominalista, y sus seguidores ― los Lolardos ― atacaban el dogma de la transubstanciación; atacaban la institución divina de la jerarquía de la Iglesia, y negaban la autoridad de la Iglesia Católica. Para suplantar la autoridad magisterial de la Iglesia, Wyclif sostenía que la biblia constituía la única regla de fe (esta idea fue originada con él.) Él y sus seguidores arguían que la Iglesia no podía tener posesiones temporales y que era lícito que los reyes y los príncipes privaran a la Iglesia de lo que ésta poseía de manera ilícita. Y los lolardos enseñaban que la validez de los sacramentos era afectada por lo pecadores que fueran los ministros ― se negaban a distinguir el carácter oficial del carácter personal del sacerdocio.33 El discípulo de Wyclif Juan Hus, fue juzgado hereje por el Concilio, condenado y quemado en la hoguera.

Dom Tosti comenta sobre las consecuencias de las enseñanzas de Wyclif, “El germen prolífico de tanta ruina está en el Triálogo, la principal obra de Wyclif. En ese libro introduce como disputando a la Verdad, símbolo de lo bueno, el Error, símbolo de la mala teología, y la Ciencia, que es la figura del mismo Wyclif. Aquí está el trono erigido a la razón del individuo, y el primero en sentarse en él es Wyclif, lugar que le legó más tarde a Lutero...”34. Para los gobernantes de la Cristiandad, esta “razón individual” “había alcanzado una infalibilidad que podía al mismo tiempo garantizarles su defensa contra la importuna supervisión del Sacerdocio Supremo, y contra el escrutinio impertinente del pueblo... Por esto fue que Lutero halló favorecimiento en las cortes de Alemania, ya que generosamente utilizaba esta razón con los príncipes;... La herejía de Lutero infectó primero a los príncipes, y luego al pueblo.”35

Sin embargo, aun terminando el Gran Cisma de Occidente y tratando las ideas erróneas de Wycif y Hus con efectividad, el Concilio de Constanza sembró la semilla de una más letal manifestación de la intervención del estado en los asuntos de la Iglesia. De la 3a a la 5a sesión del Concilio (o sea del 26 de marzo al 5 de abril de 1415) se hizo el intento de establecer la autoridad del Concilio en la declaración de 5 artículos conocidos con el nombre de “Artículos de Constanza”. De estos cinco artículos, dos merecen una consideración primaria. El Artículo 2 declaraba que: “en todo lo pertinente a la fe, la extinción del Cisma y la reforma en su cabeza y miembros, todo cristiano, hasta el mismo Papa, está obligado a obedecerlo" [al Concilio] y el Artículo 3; "que en caso de rehusarse a obedecer al Concilio todos los cristianos recalcitrantes (y aun el Papa) están sujetos a castigo eclesiástico, y en caso de necesidad a otras sanciones (civiles).”36 En palabras llanas, esto estaba afirmando que el Concilio, independientemente del Papa, era el depositario final de la autoridad eclesiástica suprema ― ¡el Concilio, no el Papa, era supremo en materia de fe y de moral! Esta idea llegó a conocerse como la “Herejía Conciliar”. (Su origen es atribuido generalmente a Pedro dAilly, canciller de la Universidad de París, otro nominalista.)

Del lado de la Iglesia, el Papa Martín V declaró que no podía haber apelación de un papa a un concilio, y el Papa Pío II condenó formalmente este error en 1459. Mientras tanto, sin embargo, un tal Juan Le Charlier de Gerson, obispo francés y estudioso de D'Ailly, escribió extensamente en apoyo de la herejía, y sus opiniones fueron recibidas ampliamente en Francia. Gersón había escrito cierta vez que “Los Artículos de Constanza eran dogmas y deberían grabarse en piedra en todas las iglesias.” 37 Los Artículos de Constanza “tranquilizaban la conciencia de los reyes franceses tantas veces como la autoridad papal les importunaba o les parecía excesiva,”38 "Para ellos, el Concilio de Constancia los libraba de la autoridad inmediata del papa, quien podía errar y ser emplazado como parte ante el Concilio.”39

El Concilio de Florencia y la Sanción Pragmática

Como resultado de esta forma de pensar por parte de los franceses y de otros también, en la sesión 35 del Concilio fue promulgado un decreto conocido como Frequens, según el cual debería celebrarse un concilio ecuménico cada diez años, más o menos. El concilio habría de volverse una institución permanente indispensable ― un tipo de parlamento religioso que se reuniría a intervalos regulares. ¡La monarquía papal dejaría de serlo; daría lugar a una oligarquía constitucional incluyendo entre sus miembros a embajadores de los gobernantes católicos!

En esencia, los reyes y príncipes trataban de liberarse de la interferencia papal. Por supuesto, el papa no aceptaría estos decretos del Concilio, pero era incapaz (o sea demasiado débil) de hacer algo al respecto. Así pues, de momento el papa transigió y convocó a un concilio en Pavia para 1423 y luego nuevamante para 1431 en Basilea, Suiza, en conformidad con este infame decreto. Martín V murió en 1431 y lo sucedió Eugenio IV. En Basilea comenzó a germinar una disputa con respecto a la identidad de quién gobernaría la Iglesia ― papa o concilio. En la primera sesión pública, Eugenio IV expidió una Bula disolviendo el Concilio, pero el Concilio siguó reuniéndose. En su tercera sesión, el Concilio ordenó al papa que retirara su Bula de disolución y que se presentara en Basilea dentro del término de tres meses. Transigiendo, el papa retiró todos sus manifiestos contra el Concilio de Basilea.

Sin embargo, su transigencia le hizo poco bien al Papa, pues el Concilio había sido copado por el Cardenal radical Luis Allemand. Allemand, encabezando la facción revolucionaria, depuso a Eugenio IV como herético y cismático y procedió a elegir al Duque de Saboya como el siguiente (anti-) papa, Félix V. (Justo antes de este hecho fue cuando Eugenio IV había disuelto el Concilio de Basilea y lo había transferido a Ferrara. Ferrara procedió a declarar todos los actos futuros de Basilea nulos e inválidos. Más tarde, Ferrara fue transferido a Florencia en 1439, de donde derivó su nombre el Decimoséptimo Concilio Ecuménico de la Iglesia.) El cisma de Occidente no había muerto todavía.

En 1438, unos delegados del papa se reunieron con el clero francés para reunir apoyo en favor de Eugenio IV. Todavía otra transigencia fue hecha por el papa por la cual el clero francés prometió lealtad continua al Papa a costo de que el Papa aceptara muchas de las reformas acordadas en Basilea, con ciertas modificaciones. El Rey Carlos VI de Francia emitió un decreto llamado la Sanción Pragmática, mediante el cual aceptó este acuerdo entre Francia y el Papa. La Sanción contenía lo siguiente: 1) el Concilio era supremo en materia de fe y de moral, 2) se celebrarían concilios generales periódicamente y 3) se le ponían límites a las reservas papales y exigencias de tributo. “Como la ley se registró en el Parlamento Francés, el Parlamento obtuvo el derecho de interferir en los asuntos internos de la Iglesia.” 41

La soberanía temporal del Papa le había sido prácticamente despojada, y ahora su autoridad espiritual estaba siendo tocada por la misma nación que había provocado la usurpación de aquélla ― Francia, la Hija Primogénita de la Iglesia, Alemania seguiría a Francia con su propia versión de la Sanción Pragmática en 1439.

Uno de los aspectos positivos del Concilio de Florencia fue la unión temporal de las Iglesias Griegas con Roma. Luego de mucho debate y discusiones, la delegación griega, consistente en 700 griegos, el Emperador de Bizancio y el Patriarca de Constantinopla, admitieron el 6 de julio de 1439, la existencia del purgatorio, el que el Espíritu Santo procede del Padre y del hijo, y reconocieron también la supremacía del Papa. Este reconocimiento por los griegos ayudó a restaurar en la Cristiandad, una rehabilitación temporal del hecho que el Papa era la autoridad eclesiástica principal en la Iglesia. El creciente cisma (de Occidente) fue evitado y nueve años más tarde Félix V se sometió al verdadero pontífice,

Trágicamente para los griegos que regresaron a casa después de haber firmado el Acta de Reunión, se encontraron al llegar con reproches acérrimos y la decidida oposición del clero y del pueblo de Bizancio. Y antes de que pudiera lograrse el decreto oficial de aceptación, Constantinopla cayó en manos de los turcos, y el nuevo patriarca, designado por el sultán, repudió el acuerdo.

El Renacimiento  (1450— 1527) 

El paso siguiente hacia la Reforma Protestante tuvo lugar comenzando a mediados del Siglo XV con el advenimiento de esos fenómenos sociales conocidos como el Renacimiento. Con la apariencia de un “florecimiento” del estudio y del conocimiento clásicos, mucho del Renacimiento no fue otra cosa que la revitalización de antiguas filosofías y culturas paganas para reemplazar a la moribunda civilización y forma de vida cristianas de Europa.

Luego de la captura de Constantinopla por los turcos en 1453 muchos eruditos griegos emigraron hacia  Italia, Francia y Alemania, trayendo consigo tesoros de arte y de literatura que habían rescatado de la ciudad caída. La repentina diseminación del conocimiento y de la cultura pagana griega, combinado con los inmorales ideales paganos, haciéndose pasar por 'humanismo' junto con una accesión sin precedente a la riqueza que fue consecuencia del descubrimiento del Nuevo Mundo y de la apertura de las rutas marítimas al Lejano Oriente, tendieron a producir un gran deterioro en la moral, especialmente entre las clases ociosas y privilegiadas. 42

Algunos de los aspectos del Renacimiento que ameritan ser notados pueden dividirse en tres categorías ― la intelectual, la política y la ecoómica.

En el campo intelectual, el escolasticismo estaba ciertamente en una condición de decadencia, no tanto por alguna debilidad inherente, sino por un nominalismo difundido muy extensamente. El Humanismo, o Racionalismo Humanista, habiendo sido abierto su camino por el nominalismo, y utilizando como base las antiguas filosofías clásicas, profesaba un retorno al “Evangelio puro” de Cristo.

El historiador católico Newman Eberhardt observa, “El Racionalismo Humanista constituía un sustituto peligroso hasta del peor escolasticismo. La fe ciega, creían algunos humanistas, absolvía a los estudiosos, de toda limitación de su libertad de pensamiento: se decían a sí mismos cristianos; pero luego podían especular como quisieran. Algunos supusieron tener licencia para criticar cualquier cosa de la Iglesia, que no correspondiera a su fe interior, y muchos suponían que todo lo que no concordara explícitamente con la Biblia no podía concernir a la fe católica. Para ellos, la teología escolástica no era más que opinión humana, de manera que algunos llegaban a insinuar que los decretos papales y conciliares en última instancia se apoyaban en ninguna otra cosa que tesis escolásticas.” Las tendencias que habían prevalecido en los 200 años anteriores de la historia de la Iglesia para ellos “Indicaban que el papado era meramente una institución humana; un gobierno susceptible a críticas libres de ataduras, y a correcciones drásticas como a cualquier otro. El anti-clericalismo, además, era un puente engañoso hacia el anti-eclesialismo: los hombres podían castigar a los clérigos sin marcar una línea a su conducta. Finalmente, demasiadas cosas podían ser insinuadas mediante proposiciones tentativas, académicas, 'como si': Por ejemplo, 'la Eucaristía sería más razonable si fuera meramente pan, aunque eso contradice la tradición'; o 'podrían proponerse razones sensatas en pro del divorcio ― si éste no estuviera prohibido por el Evangelio. Pero, ¡un momento! quizás esto no esté prohibido, pudiera ser que el 'texto original' contradiga a la bárbara y corrupta Vulgata Latina,”43

Políticemente el Maquiavelismo sacó su horrorosa cabeza conforme los monarcas de las naciones y los pequeños tiranos aplicaban muchas de las enseñanzas contenidas en Il Principe.44 El absolutismo del estado estaba creciendo; los ejércitos feudales se estaban haciendo obsoletos y su lugar estaba siendo tomado por mercenarios.

Económicamente, el Renacimiento fue simplemente un resurgimiento de la codicia. Las prohibiciones canónicas de la usura se volvieron letra muerta conforme los capitalistas fueron asentándose. Y la ganancia, y no la necesidad, estaba convirtiéndose en la regla para la distribución de la riqueza.45 El sistema de gremios, siguiendo el espíritu de los tiempos, comenzaba a perder su carácter religioso y comenzó a declinar en utilidad e influencia.46

Tristemente para la Iglesia, el papado no estuvo libre de la seducción que ofrecía este “renacimiento”. “Respirando la atmósfera ponzoñosa del Renacimiento, con su lujo inmoderado y vicio pagano, [los papas] escandalizaban a Europa con su disposición de honrar a hombres cuya conducta y escritos eran indescriptiblemente asquerosos. Poderosos cardenales, cada uno apoyado por algún estado amigo, luchaban por la elección de ellos mismos al papado... Nicolás V fue al menos incauto en su tolerancia del paganismo en el Vaticano; Sixto IV fue ciertamente negligente; y los años finales del siglo [XV] llevaron al trono papal a un hombre que hacía recordar los días más obscuros de la Roma Pagana, Alejandro VI, tan perverso, como para escandalizar a la opinión pública en una era profundamente corrupta, a un grado hasta el momento no explicado¨ (History of the Popes, Pastor, Tomo V, p. 522). Los escándalos se acumulaban, hasta que muchas personas creían que los demonios habían tomado posesión de las partes principales de Roma. “47

La Revolución pronto habría de tener lugar. Hemos visto su venida desde tiempo atrás. La autoridad de la Iglesia ha sido socavada por la debilidad y transigencia de parte del papado, y una creciente audacia del estado secular ante la Esposa de Cristo se ha manifestado por reyes y príncipes que interferían con la obra de la Iglesia en la Tierra. Ambos aspectos han traído una gran pérdida de fe entre los pueblos de Europa. Entonces, seremos testigos del resultado lógico de este resquebrajamiento de la fe y de la autoridad. Sin embargo, justo antes de que ocurra lo inevitable, parece que Dios concede a Su clero (y al mundo) una última oportunidad de corregirse, antes de dejar que se desenlace la tragedia.

(continuará)

Notas:
24  Citado por Paul Vignaux en su obra en francés, Luther, Commentateur des Sentences, p. 45. 
25 Tomado de The Mystical Body of Christ and the Re-Organization of Society, por el P. Denis Fahey, pp. 271-272. 
26  Ibid., p. 272. 
27  Ibid., p. 273. 
28  Ibid., p. 275. 
29  Ibid, pp. 241-263. 
30  Copleston, p.16. El nominalismo también influenció la obra de Galileo (p. 16).
31  "William of Ockham", The Catholic Encyclopedia, Vol. XV, P. William Turner, p. 636. 
32  El Concilio no llegó a ser un concilio legítimo de la Iglesia hasta su décimacuarta sesión, que se llevó a cabo en julio de 1415. 
33  "The Lollards", F.F. Urquhart, The Catholic Encyclopedia, Vol. IX, p.334. La idea de que la pecaminisidad del ministro afecta la validez de los sacramentos fue tomada de la herejía Donatista que afligió a la Iglesia en el Siglo IV. Viene al caso también hacer notar que esta idea está presente hoy en día bajo la guisa de "sedevacantismo" aunque en forma ligeramente diistinta.
34  The History of Boniface VIII, Dom Tosti, p. 444. 
35  Ibid., pp. 444-445. 
36  "Constance, Council of", Obispo Thomas J. Shahan D.D. J.U.L., The Catholic Encyclopedia, Vol. IV, p. 289. 
37  "Gerson", Canon Louis Salembier, The Catholic Encyclopedia, Vol. VI, p. 532. 
38  The History of Boniface VIII, Dom Luis Tosti, p. 448. 
39  Ibid., p. 448. 
40  "The Council of Florence", Prof. Leon Van Der Essen, Ph.Litt.D., The Catholic Encyclopedia, Vol. VI, p. 113. 
41  "The Pragmatic Sanction", Klemens Leffler, The Catholic Encyclopedia, Vol. XII, p. 333. 
42  Framework of a Christian State, E. Cahill, S.J., p. 83. 
43  A Summary of Catholic History, Newman C. Eberhardt, C.M., pp. 9-10. 
44  Nicolás Maquiavelo (1469— 1527) 
45  Summary of Catholic History, pág 11. 
46  Framework of a Christian State, Cahill, pág 80. 
47  An Outline History of the Church by Centuries, Fr. Joseph McSorley, p. 488-489.

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