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lunes, 25 de enero de 2016

La Devastación de la Europa Católica

Algunas Causas y Consecuencias de la Revolución Protestante

(cuarta de siete partes)

Por el Hermano David Mary, MICM, terc.

Tomado de: http://catholicism.org/the-devastation-of-catholic-europe-some-causes-and-consequences-of-the-protestant-revolt.html
Traducido del inglés por Roberto Hope
uinto

Quinto Concilio de Letrán

La última oportunidad vino en la forma del Decimooctavo Concilio Ecuménico de la Iglesia Católica ― el Quinto Concilio de Letrán. Ese Concilio, presidido por el Papa Julio II del 1512 al 1513 y por el Papa León X hasta su conclusión en 1517, trató muchas cuestiones importantes que la Iglesia enfrentaba. Éstas, enumeradas en ningún particular orden de importancia, fueron: convocar a una Cruzada para defender a Europa de los turcos que la estaban invadiendo por el Oriente (este llamado a una cruzada cayó en oídos sordos en Europa, principalmente por las luchas intestinas entre los príncipes cristianos, y por la forma como los gobernantes veían al Papado ― como cualquier otro principado temporal); poner a Francia en interdicto por haber convocado a un concilio cismático en Pisa (ese concilio luego fue repudiado por sus adherentes, y fueron absueltos más tarde); condenar la “Sanción Pragmática de Bourges” y exigir su abolición en Francia; llamar a una reforma de la Iglesia ― prohibiendo los beneficios comendatorios, castigando a los eclesiásticos blasfemos, incontinentes, negligentes y simoníacos, y restringiendo los ingresos de la iglesia a fines seculares. El concilio permitió “Montañas de Piedad”, una agencia de préstamos establecida para los pobres, su principal razón era contrarrestar las prácticas usureras que estaban floreciendo en una era de mammonismo; y reiterar la doctrina de que sólo el Papa tiene el derecho y la autoridad de convocar, prorrogar, o disolver un concilio.

Los llamados a reforma quedaron como letra muerta, ya que no se hicieron cumplir. Tragicamente, el pluralismo, los beneficios comendatorios y el otorgamiento de dignidades eclesiásticas a niños siguieron siendo la costumbre. En cuanto a la Sanción Pragmática, Francisco I, Rey de Francia, en una reunión con el Papa León X, la abolió, pero a un costo muy alto para la Iglesia ― se le dio al Rey el derecho de nombrar a los ocupantes de todas las sedes episcopales, abadías, y prioratos; el clero francés fue gravado con impuestos, y otras concesiones pertenecientes a la jurisdicción eclesiástica fueron otorgadas al gobernante francés, asegurando de esa manera la influencia real sobre la Iglesia en Francia. 48 De ese momento en adelante, el Rey de Francia tuvo poca tentación de rebelarse, “pues ya había recibido todo lo que el Rey Enrique Octavo de Inglaterra y otros príncipes habían esperado ganar" [mediante su rechazo del Papado]

La Revuelta Comienza en Alemania

El poder espiritual de los papas había decaído gradualmente, y su autoridad había perdido la mayor parte de su influencia. Alemania, en una dieta pública, se había declarado independiente del Papa, y hasta príncipes de menor importancia en Europa desacataban o menospreciaban los estruendos provenientes del Vaticano.50 Esencialmente, así era la actitud alemana hacia la Iglesia a principios del Siglo XVI. Pues el emperador Maximiliano, siendo fiel a las tradiciones de Alemania desde los días de Federico Barbarroja, había puesto las bases para la revuelta en el Sacro Imperio Romano. Un historiador comenta:

“Debemos mencionar un hecho determinante que señala el final de la operación de ese proceso de desarrollo que hemos venido observando como característico de los cambios en la sociedad y en la civilización medieval: a saber, la instauración del Derecho Romano como la norma legal aceptada en todo el Imperio, bajo Maximiliano I, ... Esto tuvo el efecto de detener y cristalizar una estructura social que había estado sujeta a repetidos cambios sin revolución, de manera tal que era más probable que los cambios futuros tomaran formas radicales y revolucionarias.”51

Estos cambios radicales y revolucionarios estaban por manifestarse. Todo lo que se necesitaba era una chispa que encendiera las llamas de la apostasía. Esa chispa llegó en la forma de una predicación de indulgencias para la construcción de una basílica en Roma dedicada a San Pedro. Los príncipes alemanes se enfurecieron en grande.

“Los rapaces príncipes de Alemania, que deseaban gobernar de manera suprema tanto la Iglesia como el Estado, eran particularmente sensibles al tema de que saliera dinero de Alemania para la Santa Sede, no obstante lo ancestral que hubiera sido la costumbre que anteriormente lo había autorizado, o lo razonables que fueran los motivos por los cuales esa costumbre se hubiera originado”

De modo que no se molestaron demasiado cuando Martín Lutero, un monje agustino, empezó su ataque contra la indulgencia y contra los diversos males que veía presentes en la Iglesia. Maximiliano, enemigo declarado del Papa, “lejos de oponerse a los primeros ataques de Lutero contra las indulgencias, ve con agrado el espíritu y agudeza de éste, declara que merece protección, y trata a sus adversarios con desprecio y burla.” 53 Maximiliano recomendará a Lutero a su segundo de a bordo ― Federico, Elector de Sajonia ― con estas palabras: “pudiera llegar un momento en que podríamos necesitar de él.”54 “Había poca necesidad de recomendarlo, pues Federico ya era patrono y protector (de Lutero) y ya había tomado partido abiertamente en favor de él, prohibiendo al fraile dominico Tetzel predicar la indulgencia dentro de los límites de Sajonia.”55

El 1° de noviembre de 1517, Lutero clavó sus 95 tesis en la puerta de la iglesia en Wittenburg, “apelando con mucho tacto a las pasiones del pueblo alemán, y a sus viejos prejuicios contra la Santa sede en la cuestión de dinero.” La Revuelta había dado comienzo.

Al año siguiente, Maximiliano inauguró una dieta en Augsburgo con varios de los príncipes y dirigentes alemanes, para quejarse de la venta de indulgencias y otros desórdenes eclesiásticos. Maximiliano utilizó esta dieta para “humillar al Pontífice y obligarlo a retractarse de algunas de sus exigencias exorbitantes”56 relacionadas con la indulgencia y la orden del Papa de que Lutero compareciera en Roma. Maximiliano no permitiría a la Iglesia que ejerciera su autoridad exigiendo a Lutero que respondiera por sus actividades. Así pues, Lutero seguiría difundiendo su herejía impunemente.

El historiador alemán Menzel nos proporciona la clave de todos los movimientos de Lutero y de las razones por las cuales fueron considerados favorablemente por muchos de los príncipes de Alemania. Dice que Lutero “albergaba una reverencia casi bíblica por los ungidos del Señor, con cuya ayuda esperaba lograr reformar la Iglesia.”57 Contrariamente a la creencia popular de entonces, Lutero era fiel a la doctrina del derecho divino de los reyes y consecuentemente opuesto a las ideas modernas de libertad popular ¡de las cuales ha sido generalmente considerado paladín!58 “Nunca hubo una mayor falsa concepción que aquélla que sostiene que Lutero era partidario de la libertad popular... [Lutero] confiaba para su éxito, no en el pueblo, sino en el brazo fuerte de los príncipes; y éstos últimos amablemente secundaban sus posturas, las cuales obraban tan evidentemente en ventaja de ellos mismos.” 59

“La Reforma se redujo a una mera cuestión de denigrante avaricia y ambición mundana por parte de los príncipes; y Lutero, el archi-reformador, el valeroso adversario del Papa, y cacareado paladín de la libertad ¡es rebajado a la posición de mero instrumento, agachado y servil, de hombres rapaces y sin principios, que procuraban sólo sus propios intereses y que deseaban imponerlo sobre sus súbditos con su poder supremo sobre Iglesia y Estado! Al sacudirse el yugo de Roma, al pueblo alemán le fue atado otro infnitamente más irritante a su pescuezo, y ha tenido que aguantarlo desde entonces!”60

Como consecuencia, la Iglesia perdió todas sus propiedades en aquellos distritos alemanes que apostataron. “La riqueza de la Iglesia, que hasta entonces había sido el patrimonio de los pobres; todas las instituciones eclesiásticas, incluyendo hospitales, escuelas, casas de asilo, etc. Pasaron a manos de los reyes y príncipes y de los magistrados de los pueblos.” 61 Para ver qué papel tan importante jugaron la codicia y la avaricia en la continuación de la revuelta en Alemania, considérese esto: En 1530 y en 1535, se hicieron dos intentos por reformadores conciliadores y la Iglesia, por reconciliar a los Protestantes con la Iglesia Católica. “Los teólogos católicos insistieron en dos puntos: que los sacerdotes casados abandonaran a sus mujeres, y que los príncipes protestantes restituyeran a la Iglesia los bienes de que se habían apoderado. La primera de las condiciones probablemente se habría cumplido; pero, como lo observa Erasmo 'los príncipes luteranos nada querían oir de restitución.' (Erasmo Ep. P 998)”62. Así, la revuelta alemana continuó, no por “la pureza de una doctrina, o la propagación de la luz, el triunfo de un credo, o el mejoramiento de la moral, sino por los intereses miserables y profanos de este mundo.” 63

La nueva organización de la administración de la iglesia establecida entonces en Alemania, y el papel que jugaron los príncipes, es descrito por Menzel:

"Todo el sistema de la iglesia fue simplificado. Los obispados secuestrados fueron administrados provisionalmente y los asuntos de la iglesia luterana fueron controlados por comisionados seleccionados de entre los reformadores y por consejos nombrados por los príncipes, Lutero promulgando incesantemente la doctrina del derecho de los soberanos temporales a decidir cuestiones eclesiásticas. Su intención era la creación de un contrapeso a la autoridad eclesiástica, y probablemente estaba lejos de imaginar que la religión pudiera con el tiempo ser privada de su dignidad y libertad por el despotismo temporal. La autoridad episcopal pasó enteramente a manos de los príncipes." 64

Litúrgicamente, Lutero preservó ciertas características de la Misa para evitar excitar oposición entre la gente común, pero daba instrucciones privadas a sus ministros de que cambiaran la intención de las palabras de la consagración, de ahí en adelante pronunciadas meramente como una narración. Lutero confesó: “Si yo logro acabar con la misa, habré conquistado por completo al Papa.”65

Los nuevos servicios luteranos variaban de distrito en distrito, pero en la mayoría se omitía el ofertorio, el canon se decía en voz alta, y la comunión era enfatizada como la parte más esencial de la Misa. Las oraciones y la vestimenta de los ministros dependía de la localidad. Como los nobles y los burgueses se habían apoderado de la mayor parte de los bienes de la Iglesia, el ritual luterano era necesariamente sombrío.

Desde 1525, el protestantismo emanó de Sajonia para incorporarse en los distritos de Hesse (en 1527), Nassau (1528), Prusia (1525), Brandenburgo (1539), Brunswick (1545), Mecklenburgo (1548), y partes de Wurtemberg en el sur (1545). A la muerte de Lutero, la mayor parte de los estados alemanes del norte se habían vuelto luteranos, y sus enseñanzas estaban siendo introducidas en el sur, que en otros aspectos seguía siendo católico...

Después de 1530, este conglomerado de iglesias de estado carecía de una doctrina oficial. La Confesión de Augsburgo trató de codificar en 21 artículos un credo oficial luterano. Esto, sin embargo no detuvo las innumerables diferencias de opinión en la doctrina que pronto surgieron entre varias iglesias rebeldes. Cada nueva secta protestante tenía sus propias ideas acerca de lo que Cristo enseñó. Menos y menos estaban de acuerdo con Lutero, conforme pasaba el tiempo, y para 1546 ¡Lutero era esencialmente el último luterano que quedaba!67

Antes de pasar a describir la Revuelta en el resto de Europa, oigamos al propio Lutero comentar acerca de los resultados morales de su “gloriosa” Reforma. “Todo está al revés, el mundo se hace peor cada día por esta enseñanza, y la miseria de esto es que los hombres hoy en día son más codiciosos, más duros de corazon, más corruptos, más licenciosos, y más malvados que lo que eran anteriormente bajo el Papado... Nuestros evangelistas son ahora siete veces más malvados que lo que eran antes. En proporción, conforme oímos el evangelio, robamos, mentimos, engañamos, nos atracamos, nos embriagamos, y cometemos toda clase de crímenes. Si un demonio ha sido arrojado de nosotros, otros siete han tomado su lugar, a juzgar por la conducta de los príncipes, señores, nobles, burgueses y campesinos, sus actos completamente desvergonzados, y su indiferencia hacia Dios y a Sus amenazas.. Bajo el Papado, los hombres eran caritativos, y daban liberalmente; pero ahora bajo el evangelio todo mundo despeluca a su prójimo, y cada uno quiere tenerlo todo para sí mismo. Y mientras más se predica el evangelio, más hondo los hombre se sumergen en avaricia, orgullo y ostentación.

En otro de sus escritos, Lutero nos dice en su libro Charlas de Sobremesa: “Algo no menos asombroso y escandaloso, es ver que desde que la doctrina pura del evangelio ha sido sacada a la luz (!) el mundo va cada día de mal en peor... Los nobles y los campesinos han llegado a tal tono, que se jactan y proclaman sin escrúpulos, que sólo tienen que dejarse predicar; pero que preferirían ser enteramente liberados de la palabra de Dios, y que no darían un bledo por todos los sermones juntos. ¿Y cómo habremos de culparlos cuado ni siquiera toman en consideración el mundo futuro? Viven tal como es su creencia: son y siguen siendo puercos: viven como puercos y mueren como verdaderos puercos” 69

(continuará)

Notas:

48  Historia de los Papas, Von Pastor. 
49  Summary of Catholic History, pág. 177. 
50  History of the House of Austria, Coxe, Vol. I, pág. 297. 
51  The Monumenta Germaniae Historica, W.T.M. Gamble, págs. 54- 55. 
52  History of the Protestant Revolt, Vol. I, pág. 142. 
53  History of the House of Austria, Vol. I, pág. 387. 
54  History of the Popes, Leopold Ranke, Vol. I, 1878, pág. 65. 
55  History of the Protestant Revolt, pág. 143. 
56  History of Germany, Wolfgang Mezel, Bohn's Edition, Vol. II, pág. 226. 
57  Ibid., pág. 233. 
58  History of the Protestant Revolt, pág. 144. 
59  Ibid., pág. 144 
60  History of the Protestant Revolt, pág. 146. 
61  Framework of a Christian State, pág. 94. 
62  History of the Protestant Revolt, págs. 152-153. 
63  Melancthon, citado por el historiador Audin — como aparece en History of the Protestant Revolt, pág. 151.
64  History of Germany, Vol. II, pág. 249. 
65  Summary of Catholic History, pág. 154. 
66  Ibid., pág. 154. 
67  Summary of Catholic History, pág. 156. 
68  Citado por el historiador alemán Döllinger de los escritos de Lutero cercanos al final de su vida. Este extracto puede encontrarse en History of the Protestant Revolt, Vol. I, pág. 260. 
69  Table Talk (Charlas de Sobremesa), Martín Lutero, Super. I, Epist. Corinth., Chapter 15. Extraído de History of Protestant Revolt, págs. 257-258. 

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