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lunes, 11 de enero de 2016

La Devastación de la Europa Católica

Algunas Causas y Consecuencias de la Revolución Protestante

(segunda de siete partes)

Por el Hermano David Mary, MICM, terc.

Tomado de: http://catholicism.org/the-devastation-of-catholic-europe-some-causes-and-consequences-of-the-protestant-revolt.html
Traducido del inglés por Roberto Hope

El Papa Bonifacio VIII

Un gran punto de inflexión en la historia de la Iglesia y del mundo ocurrió después de la muerte de uno de nuestros papas más gloriosos ― Bonifacio VIII; quien reinó como sumo Pontífice de 1294 a 1303. Como escribe la hermana Catherine Clarke, M.I.C.M.: "No hay un papa en toda la historia de la Iglesia a quien los hombres hayan desplegado mayor esfuerzo por desfigurar, deshonrar y vituperar que el noble y heróico Papa Bonifacio VIII.”9 ¿Y por qué es esto? El Papa Bonifacio luchó por preservar “sin inteferencia los derechos de la Iglesia y de la Santa Sede, no solamente en el santuario de la Iglesia, sino también en el corazón de la sociedad civil.”10 “Con cada respiro de su corazón sacerdotal probó todo esfuerzo de su mente, tan extraordinariamente dotada, todo ruego, toda diplomacia, toda benevolencia, toda paciencia, toda censura, todo anatema, toda excomunión que estuvieran a su alcance para detener la oleada de la revolución”

En esto sabemos que Bonifacio fracasó. El poderosamente malvado rey de Francia, Felipe IV (apodado El Hermoso) fue instrumento de la caída de Bonifacio (y del Papado). Para detener la creciente usurpación de los derechos y de las propiedades de la Iglesia por Felipe en Francia, el Papa Bonifacio convocó a un concilio en Roma, del cual surgió el famoso documento, Unam Sanctam: Como hemos visto, esta bula reiteraba la enseñanza de la Iglesia con respecto a su autoridad espiritual y temporal y lo importante que es esta autoridad para “toda creatura humana”. Debido a este documento y su expedición, Felipe el Hermoso fabricó acusaciones descabelladas contra Bonifacio, pidió la remoción de este “falso” papa, y envió a sus lacayos a Roma a que lo depusieran. ¡Y esto es exactamente lo que ocurrió! Bonifacio fue literalmente arrastrado de su trono y golpeado en la cara con el guante de hierro del sacrílego invasor. Bonifacio murió 35 días más tarde como resultado del abuso a que fue sometido por los lacayos de Felipe. Un testigo de este trágico acontecimiento, el Cardenal que luego fue electo Papa Benedicto XI, escribió en una bula lo siguiente: “Un soberano Pontífice ha sido ultrajado; y, con su esposo cautivo, la Iglesia misma ha quedado cautiva. ¿Dónde en adelante poder hallar un lugar seguro? ¿Qué santuario será respetado después de la violación de el del Romano Pontífice? ¡Oh, crimen inexpiable!" Como resultado de su defensa del Papa Bonifacio, un mes más tarde, Benedicto XI murió envenenado. 12

¿Por qué se le dió este trato a Benedicto XI? y ya que viene al caso ¿por qué la tergiversación histórica de la verdad con respecto a Bonifacio VIII? Dom Tosti nos da una explicación:
"Pues cuando un hombre llega a ser identificado con una teoría de tal manera que una guerra contra la teoría significa una guerra contra aquél que la defiende, ha de ser que el alma de este hombre es capaz de comprenderla, que puede defenderla solo. De ahí que los odios contra Bonifacio han sobrevivido. Y siempre que la mano del poderoso ataca a la Iglesia en sus derechos, desentierra de la tumba las cenizas de esa alma magnánima a fin de execrarlas."13

La Supresión de la Autoridad Temporal

Algunos pontífices han sido perseguidos y torturados por la fe; la furia de la gente o la tiranía de reyes cristianos han hecho a otros pontífices sufrir la tribulación y las penas del exilio; ninguno de ellos había sido previamente juzgado y condenado. El primero que fue puesto a esta triste prueba fue Bonifacio. El primero y el segundo en persecución y en sangre obtuvieron la palma del martirio y fueron subidos al cielo desde el trono que ocupaban. Bonifacio no halló siquiera compasión en su ignominia; descendió de su trono y con él el Pontificado, o mejor dicho fue arrastrado de ahí y conducido al Sanedrín de letrados y sofistas, para forzarlo, como a Jesucristo, a decir lo que es la verdad. Hubo un tiempo en que toda clase de creyentes en el Evangelio se detenían reverentemente a las puertas de la Iglesia y no se atrevían a preguntar hasta dónde se extendían sus límites, cuál era el libro de sus derechos ni de qué temple era el cetro que llevaba en su mano. Pero muerto Bonifacio, no sólo meramente entraron en el santuario de Dios, sino más bién lo invadieron, y se abalanzaron sobre la Iglesia para demostrarle que los límites de su heredad ya no eran los límites de la tierra, sino precisamente aquéllos que los hombres le marcarían a voluntad, que su código de leyes se había hecho obsoleto, impotente y carecía de luz y de valor, excepto el derivado de la voluntad de los hombres; en fin, este cetro de cuyo toque las sociedades humanas habían sido constituidas y que había levantado o hecho caer el trono de cien reyes, era sólo espiritual, puramente espiritual.14

Y así, el Poder Temporal de la Iglesia, o el Pontificado Civil, como lo describe Dom Tosti, “salió de aquel templo en el cual una doble unidad ligaba a la gente; la unidad de fe, que sigue uniéndola y siempre seguirá uniéndola, y esa unidad de confianza filial con la cual la gente encomienda al Pontificado la dirección de sus destinos civiles. Lo que hizo Felipe contra Bonifacio echó a la Iglesia fuera de los estados civiles y la hizo invisible; con eso dejaba de existir en el templo de la justicia civil.”15. Después de haber sido expulsados, como ciudadanos del estado, del imperio civil de la Iglesia Romana, los creyentes quedaron miserablemente confundidos. “Comenzó a faltarles la caridad, que es la unión de los corazones; la fe, que es la unión de las almas, y después acabó faltándoles el orden civil, que es la unión social.”

Reemplazar la influencia cristiana de las leyes civiles de Europa fue la creciente influencia de los legistas y juristas franceses, quienes abogaban por el derecho romano como el tipo predominante de derecho. Estas ideas anticuadas convencieron a rey y príncipe por igual, que ellos estaban destinados a gobernar a la manera de los emperadores romanos, responsables ante nadie de la moralidad de sus actos. Una mortal manifestación de esta “nueva” ley fue un aumento en el despotismo de los diversos gobernantes que la abrazaron.

Aún mayor decadencia y confusión en las mentes de los hombres fue auxiliada por dos acontecimientos que aparecieron inminentes en el escenario europeo del Siglo XIV ― el “Cautiverio Babilónico” (1308 ― 1377) y el Gran Cisma de Occidente (1378 ― 1417)

El Cautiverio Babilónico 17

Durante setenta años, el papado existió para el beneficio de nada más que una sola nación ― Francia, tiempo en el que siete papas tomaron residencia en ese país, en un poblado llamado Avignon. Aquí, cayeron bajo el total dominio de los reyes de Francia. Como resultado, las diversas naciones de la Cristiandad se hicieron más y mas nacionalistas en su actitud hacia la Iglesia, y la lealtad al Papa de los príncipes cristianos de Europa se volvió más de nombre que de hecho.

El Gran Cisma de Occidente

En 1377, la estadía papal en Avignon terminó cuando Santa Catarina de Siena pudo convencer al Papa Gregorio XI de volver con la Corte Papal a Roma. El Papa murió al año siguiente, y lo que sucedió durante los siguientes 40 años erosionó aún mas el prestigio y la prominencia papal en los corazones y mentes de los cristianos.

No estando satisfechos con su elección de Urbano VI como siguiente papa, varios cardenales abandonaron Roma para elegir otro papa, Clemente VII, que procedió a tomar residencia en Avignon. Europa quedó dividida en cuanto a cuál de los dos era el papa legítimo. Francia, España y Escocia se alinearon con el sucesor establecido en Avignon, mientras que Alemania, Italia, Inglaterra y Flandes reconocían a Roma. ¡Cual si este mal no hubiera sido bastante, un tercer pretendiente al papado ― Alejandro V ― fue coronado en Pisa, Italia! Ya no era posible saber a qué pastores obedecer, y la confusión se hizo tal, que hasta los instintos de los santos fallaron (Santa Coleta y San Vicente Ferrer por nombrar sólo dos).

La Peste Negra (1346-1353)

A mediados del Siglo XIV, la Peste Negra arrasó a Europa y Asia, llevándose 25 millones de almas y cargando consigo una mayor parte del sacerdocio católico.

La Peste Negra convirtió a la Cristiandad en una casa enlutada y tuvo terribles resultados de todo tipo: el peor de ellos habiendo sido el que los sacerdotes se hicieron tan escasos, que con gran facilidad se ordenaban malos sacerdotes, que toda la filosofía y la moralidad cristiana cayeron en desprecio... La Peste Negra decimó al sacerdocio, dejando apenas suficientes sacerdotes y haciendo que fueran admitidos al sacerdocio a un buen número que habría sido mejor no haberlos ordenado. 18

En su libro sobre Santa Liduvina de Schiedam, el autor J.K. Huysmans escribe de esa época:
Era el desorden más absoluto, y la Cristiandad jamás había sido reducida a un caos tal. Dios consintió en demostrar el origen divino de Su Iglesia mediante el desorden y la infamia de Sus criaturas: ninguna institución humana hubiera podido resistir tales sacudidas. Fue como si Satanás hubiera movilizado a sus legiones y las puertas del infierno se hubieran abierto: la tierra pertenecía al Espíritu del Mal, quien asedió a la Iglesia, atacándola sin respiro, reuniendo a todas sus fuerzas para desbancarla...

La gente estaba oprimida con lo que oían y lo que veían; clamaban justicia y consolación entre todos estos males, pero no oían respuesta a sus plegarias. Se acogieron a la Iglesia sin mejor resultado. Su fe fue sacudida y en su simpleza decían que el representante de Cristo en la tierra ya había perdido sus poderes divinos pues él ya no podía salvarlos. Comenzaron a dudar de la misión de los sucesores de San Pedro; ya no podían creer en ellos, los veían tan humanos y tan débiles. 19

La Edad de la Fe estaba llegando a su fin.

Con el regreso de los papas de Avignon había cambiado el carácter del Papado. El Papa ahora gobernaba más en la capacidad de un príncipe civil en vez de hacerlo en la forma de un celoso defensor de la fe e incansable apóstol para la salvación de las almas. Como resultado de ello, surgieron abusos en la Iglesia debidos al mal uso de la riqueza eclesiástica por estos hombres de carácter mundano que estaban sentados en el trono papal. Entre estos abusos pueden enumerarse varios: pluralismo ― la posesión simultánea de varios beneficios por un mismo hombre; nepotismo ― favoritismo en beneficio de parientes, particularmente mediante el obsequio de dignidades y cargos lucrativos para ellos; se predicaban “indulgencias” con demasiada frecuencia; abusando de la sagrada prerrogativa de la Iglesia, los puestos más altos y más ricos de la Iglesia ahora quedaban monopolizados por la nobleza ― muchos de ellos carecían de verdadera vocación al sacerdocio o a la vida religiosa, o la preparación necesaria; algunos prelados recibían ricos beneficios, en tanto que había numerosos sacerdotes que apenas tenían lo suficiente para vivir; la educación clerical se hizo deficiente ― los sacerdotes no recibían la preparación debida; y los monasterios y conventos más ricos se estaban convirtiendo en círculos sociales para los ricos y famosos; la vida religiosa comunitaria se hizo laxa. 20

La Filosofía Moderna de Ockham

Junto con estas tragedias que cayeron sobre el papado y los fieles, creció un movimiento en el campo de la filosofía que habría de establecer la base de todo pensamiento moderno. Esta filosofía ganó un gran número de adherentes mientras que la philosophia perennis representada en el escolasticismo de Santo Tomás de Aquino era ignorada. Esta nueva manera de ver el mundo fue llamada “Nominalismo” u Ockhamismo, en reconocimiento a Guillermo de Ockham (1280-1349), la persona con quien se asocia su codificación. El nominalismo como filosofía “constituyó la cuña que se clavó entre la teología y la filosofía y que resquebrajó la síntesis que había sido lograda en el siglo XIII” 21 por los filósofos tomistas. La filosofía nominalista habría de contribuir a formar el cimiento de todas aquellas filosofías de “subjetivismo” que han llegado hasta nuestros tiempos.

La filosofía de la Iglesia, tal como fue perfeccionada por el tomismo enseña que mediante el conocimiento de conceptos universales, el hombre puede lograr un conocimiento de la realidad objetiva del mundo ― de las cosas visibles y de las invisibles. Los Universales le ayudan a entender la naturaleza de las cosas, y le ayudan a ver el orden y la unidad que está presente en el mundo.

El objeto captado por medio de un concepto universal es llamado universal porque ha sido concebido como algo que es común a muchas cosas, algo que es o puede ser atribuido a muchas cosas en nuestros juicios, algo que se concibe como común a todos los miembros de una clase. ¿Qué es este algo? Es una realidad que está presente en cosas individuales del sentido, que ayudan a constituir la esencia o realidad de esas cosas. 22

En oposición a esto, el nominalismo niega que los universales tengan algo que ver con la naturaleza o esencia de las cosas.

Según el nominalismo, el universal como tal no es una realidad, ni siquiera es una idea: es simplemente un nombre (de ahí el título de nominalismo), un mero término. Este término (por ejemplo hombre) nada real tiene que le corresponda excepto individuos (Juan, Jaime, Tomás), y nada mental tiene que corresponda a él, excepto nuestras percepciones de individuos reales o nuestra imaginación, imágenes de individuos que anteriormente hemos percibido.

Al negar la realidad de los universales, el nominalismo afirma que las ideas que uno tiene de un objeto es sólo una colección de experiencias individuales que uno ha tenido con ese objeto. Consecuentemente, las naturalezas o esencias de las cosas del mundo se vuelven subjetivas, y la idea que uno tiene de la naturaleza de un árbol, por ejemplo, puede o puede no ser la misma que la idea que alguien más tiene de ese mismo árbol. La realidad objetiva deja de existir ― todo lo que ahora existe son las realidades individuales que tiene cada persona que vive en el mundo.

Como habremos de ver, la mentalidad nominalista habría de tener un gran efecto sobre el pensamiento de Martín Lutero y de otros “reformadores” protestantes del siglo siguiente.

(Continuará)

Notas:
9   Our Glorious Popes p. 75.

10  Ibid. p. 80.
11  Ibid. p. 80.
12  History of Pope Boniface VIII, p. 405
13  Ibid.
14  Ibid. p. 435.
15  Ibid. p. 443.
16  Ibid. p. 443.
17  El Cautiverio de Babilonia porque la duración de la residencia Papal en Avignon fue casi la misma que la de los judíos en Babilonia. 
18  Chaucer, G.K. Chesterton, pp. 40, 56. 
19  St. Lydwine of Schiedam, J.K. Huysmans, 1923, TAN Books, page 21. 
20  The Jesuits in History, M.P. Harney, S.J., pp. 6-16. 
21  History of Philosophy, Copleston, S.J., , Vol. III, p. 11. 
22  The Science of Logic, P. Coffey, PhD., 1938, p.10. 


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