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domingo, 21 de diciembre de 2014

Cristianismo, Socialismo, Comunismo


Ha habido mucha discusión recientemente sobre la “deuda que el Cristianismo tiene” – y de su compatibilidad – con las ideas y la praxis de la revolución socialista, y hasta del comunismo. Muchos, aun en la Iglesia Católica, creen que compartimos algunos de los ideales de la revolución socialista, pues a ellos les parece que el comunismo, el socialismo y el Cristianismo están todos a favor de los pobres. Además de este error, que es de lo más desafortunado, la falacia opuesta también se ha vuelto popular en las mentes de muchos, específicamente que los capitalistas y los proponentes de la economía de mercados libres, odian a los pobres.

Pero el testimonio histórico del comunismo nos narra un relato muy diferente. He trabajado con los países de la antigua Unión Soviética durante más de 20 años, y he visto lo que el comunismo causa en los pueblos y en las naciones. El flagelo de la revolución socialista alrededor del mundo nos dio 6 millones de personas muertas en Ucrania por hambrunas provocadas artificialmente, como lo documenta El Libro Negro del Comunismo; 20 millones de víctimas en la URSS, 65 millones en China; un millón en Vietnam; dos millones en Corea del Norte; otros 2 milloes en Cambodia; un millón más en el resto de Europa Oriental, 150,000 en Iberoamérica; 1.7 millones en Áfriica; 1.5 millones en Afghanistán, y por medio del movimiento comunista internacional y partes relacionadas, como 100,000 víctimas más en diversos países. Esta cuenta de cadáveres llega a unos 100 millones de víctimas en el mundo entero. El comunismo destruyó completamente la economía, el tejido social, y la cultura política de docenas de países. Ahuecó a la intelligentsia, arruinó toda economía en la que “floreció” cabalmente la semilla del socialismo, y abrogó los derechos fundamentales y las libertades individuales de las naciones que subyugó. Claramente, el mandamiento judeocristiano “No matarás” no está entre las enseñanzas doctrinales del comunismo y de la revolución socialista. Es difícil creer que la revolución socialista – a diferencia del nazismo – siga encontrando promotores y defensores en Occidente.


Mundabor

Sobre el Cristianismo, el Socialismo y el Comunismo

Por el Reverendo Padre Marcel Guarnizo

tomado de: mundabor.wordpress.com/2014/02/09/stellar-father-guarnizo-on-communism-socialism-and-christianity/
5 de febrero de 2014

Traducido del inglés por Roberto Hope

La compatibilidad del cristianismo y su preocupación legítima por los pobres nada le debe a los gobiernos violentos e inhumanos que han sido creados por la revolución socialista. Ningún sistema en la historia de la humanidad ha producido mayor pobreza y miseria que el comunismo.

Con mayor enemigo jamás se ha topado la Iglesia como con la revolución comunista. Durante el Siglo 20, cientos de miles de sacerdotes y religiosos fueron enviados a realizar trabajos forzados en campos de concentración, o simplemente fueron ejecutados.  Se implantaron planes quinquenales para abolir la religión, y ningún verdadero creyente estaba en momento alguno a salvo en esos países.  ¿Qué doctrina social de la Iglesia se derivó jamás de esa locura?  El comunismo y la revolución socialista no son sólo la antítesis del cristianismo. También son incompatibles con las sociedades libres, justas y democráticas.

Una discusión contra las “maravillas” de la revolución socialista puede resolverse simplemente recordando a la gente que, para evitar que el pueblo huyera del paraíso artificial de la “igualdad social” creado por los comunistas se necesitaban muros de ladrillo y cemento vigiladas por soldados armados.  Como lo observó Milton Friedman, “...la prueba más sólida del fracaso del socialismo está en la caída del muro de Berlín.”

Tampoco se requiere de una apología compleja para explicar por qué no hay una diferencia sustancial entre socialismo y comunismo.  El comunismo, como lo documentó el escritor norteamericano Whittaker Chambers, no es otra cosa que el socialismo con garras. Teóricamente, los dos sistemas comparten los mismos ideales y el mismo marco filosófico. El comunismo simplemente lleva al socialismo a sus lógicas últimas consecuencias.
La diferencia entre los dos quedó bien captada en un chiste que leí alguna vez:  Los comunistas sólo te disparan a la cabeza, mientras que los socialistas te hacen sufrir la vida entera.

Armar un caso en contra del socialismo y del comunismo parecería enteramente innecesario dado el testimonio de la historia. Pero sí es necesario, pues, como se ve, la ideología comunista sigue enmarañando las mentes de Occidente y de muchos de sus dirigentes. Quizás la afirmación que hizo Whittaker Chambers cuando decidió defeccionar de su servicio a la Unión Soviética, de que había elegido unirse “..al lado perdedor” no se ha resuelto por completo. Muchos creen que la caída de la Unión Soviética ya probó que Chambers estaba equivocado, pero yo arguyo que Chambers comprendió, quizás con mayor claridad que la mayoría, la naturaleza duradera e insidiosa de la revolución socialista en Occidente. Me parece que la gran victoria parcial de Occidente contra la Unión Soviética está lejos de ser definitiva.  Aun cuando el Imperio Soviético ha caído, el Occidente permanece en una batalla cultural igualmente poderosa que los propios arquitectos de la revolución socialista previeron.

La Táctica de Gramsci: Hegemonía Cultural
La revolución socialista en Occidente ha sido grandemente  influida por las tácticas del comunista italiano Gramsci. Escribiendo en los años 30, Gramsci reconoció que la cultura de Occidente, y en particular la Iglesia Católica, presentaban robustos obstáculos contra un asalto económico y político en Europa.  Gramsci proponía que la toma de las instituciones culturales – la consecución de una hegemonía cultural-- era el necesario primer paso para la eventual conquista de las estructuras políticas y económicas de una sociedad libre.

Esta estrategia significa que los socialistas deben afanarse sin cansancio por la toma de las universidades y de la educación, de los medios, de las iglesias, y de las demás estructuras culturales intermedias del mundo libre.  Él pensaba que la erosión de los cimientos culturales habría de debilitar las defensas naturales de una sociedad libre y que esto habría de abrir paso a los objetivos económicos y políticos de la revolución socialista.

Me atrevo a proponer que la “hegemonía cultural” de la revolución socialista está creciendo a un paso alarmante en Occidente.  La creciente pérdida de terreno en nuestra cultura en favor de socialismo y de sus aliados está creando una creciente amenaza a las libertades políticas y económicas de América y de las democracias occidentales

Por lo tanto, me parece que la guerra entre el mundo libre y la revolución socialista está muy lejos de definirse.  Los errores del comunismo son legión, y Occidente no debe echarse a dormir, pues la lucha está lejos de terminar.

Los Errores del Comunismo

1.  El Error Concerniente a la Naturaleza del Hombre
El comunismo parte no de un error económico sino de uno antropológico. Los  efectos económicos y políticos del sistema comunista no son más que síntomas de un error previo, un error sobre la naturaleza del hombre.

El economista político y escritor francés del siglo XIX, Federico Bastiat plantea claramente este punto.  Según Bastiat, el socialismo ve al hombre como una mera materia prima, a ser dispuesto por, a ser moldeado por, el Estado omnisapiente,  En su libro, La Arrogancia Fatal: Los Errores del Socialismo, el economista Friedrich Von Hayek lanza un ataque semejante contra los socialistas y su “estado omnisapiente.”  Hayek demostró la impotencia del socialismo para conducir una economía.

El hombre es sólo materia:
Esta visión materialista del hombre es el primer y más hondo error de la revolución socialista.  La visión materialista del hombre es lo que justifica la insistencia de los comunistas de que pueden legítimamente hacer lo que sea necesario para lograr su utopía. Debemos ser transformados por el estado a su imagen y semejanza.

La visión materialista ignora la auténtica dignidad del hombre y la auténtica naturaleza de la persona humana — su racionalidad y su libre voluntad.  Los órdenes sociales artificiales diseñados por los socialistas están enteramente desprovistos de la debida comprensión del hombre y de la clase de ser que el hombre es.

Bastiat dice que los socialistas “... parten de la idea de que la sociedad es contraria a la naturaleza; idean estratagemas a las cuales puedan someter la humanidad; pierden de vista que la humanidad tiene en ella misma su fuerza motivadora; consideran al hombre como materia prima base; se proponen a impartirle movimiento y voluntad, sentimiento y vida; se ponen ellos mismos aparte, inmensamente arriba de la raza humana — éstas son las prácticas comunes de los planificadores sociales. Los planes difieren; los planificadores son todos iguales.”

El socialismo y el comunismo son fundamentalmente opuestos al cristianismo, pues ningún cristiano puede afirmar que el hombre es mera materia.  El materialismo es el exacto opuesto de la más básica afirmación filosófica y teológica del cristianismo, específicamente que el hombre consta de cuerpo y espíritu.

Whittaker Chambers identificó la esencia del revolucionario radical, del comunista, del socialista; del progresista radical, con una palabra: cambio. Chambers dice: “el corazón revolucionario del comunismo ... es una simple afirmación de Karl Marx ... es necesario cambiar al mundo... El lazo que los une a través de las fronteras de las naciones, de las barreras del lenguaje y de las diferencias de clase y de educación, desafiando a la religión, a la moral, a la verdad, a la ley, y la debilidad del cuerpo y la dejadez de la mente es una simple convicción:  Es necesario cambiar al mundo.”

2.  Error Concerniente a la Relación del Hombre con el Estado
El primer error fundamental lleva al segundo error fatal:  el socialismo pervierte la relación apropiada entre el hombre y el estado.

Si el hombre no es más que materia que necesita ser moldeada y transformada a voluntad del estado, entonces, de hecho, el hombre está enteramente al servicio del estado.  En esta concepción, el hombre nace para servir al estado desde la cuna hasta la tumba.  La doctrina social católica sostiene una visión diametralmente opuesta: el estado existe para servir al hombre

3.  El Error Concerniente a la Propiedad privada
El comunismo, aun para el lector aficionado de esa doctrina considera que la propiedad privada es un gran mal para la sociedad. Ya que esa es la teoría, el despojar de su tierra a millones de personas y enviar a la muerte a un número incontable de más millones, por el simple hecho de tener más que otros, ha sido la práctica común de los regímenes comunistas.

La Iglesia Católica siempre ha considerado a la propiedad privada como un gran bien para la sociedad y ha defendido el derecho del hombre a tener propiedad privada como algo fundamentalmente bueno y compatible con la naturaleza, la libertad y la dignidad del hombre.  La iglesia también reconoce a la propiedad privada como un derecho absolutamente necesario para el debido orden y funcionamiento de las sociedades libres.  El respeto a los derechos de propiedad privada del prójimo es fundacional de la doctrina judeocristiana.  La abolición de la propiedad privada bajo el comunismo viola el gran mandamiento: “No hurtarás.”

Esta desconsideración de los derechos de propiedad privada sigue hasta nuestros días.  En 2008, la presidente de la Argentina, la socialista Cristina Kirchner, expropió $29,000 millones de los ahorros privados para el retiro de los trabajadores argentinos, para utilizarlos en lo que el Telegraph de Londres describió como una alcancía de fondeo de sus estratagemas socialistas.  El Wall Street Journal caracterizó la medida de Kirchner como “romper el cochinito del sistema de pensiones privado de la nación.”  No hurtarás, Cristina.

La cultura de la envidia alentada por la lucha de clases viola un mandamiento más, el décimo:  “No codiciarás las cosas ajenas”.  Promover la codicia, y la disposición para despojar a aquéllos que tienen más, es fundamentalmente anti-cristiano.

4. El Error Concerniente a la Función del Gobierno
El comunismo y el socialismo pervierten la función propia del gobierno.  Si el hombre es sólo una pieza inerte de materia y está completamente sometido al estado, entonces es claramente incapaz de crear nada que valga la pena en la sociedad, utilizando su ingenio, su emprendedurismo, sus habilidades y sus esfuerzos, con sus éxitos y fracasos.  Por consecuencia el estado, en vez de proteger el marco en el que el hombre y sus asociaciones puedan florecer, ha de convertirse en un ingeniero social, para cambiar al hombre y moldearlo a sus ideales utópicos.  El estado procede a crear artificialmente las condiciones y relaciones particulares que requiere la ideología para alcanzar las metas utópicas de igualdad y felicidad para todos.  Pero el papel apropiado del estado no es hacernos felices de acuerdo con sus propios objetivos perversos.

Dado que esto no se logra fácilmente, dado que el hombre es libre y busca la felicidad bajo sus propios términos, es necesario ejercer mucha coerción. Esto no es sólo coerción como la ejercía el Ejército Rojo, sino coerción de procedimiento, coerción mediante sanciones e impuestos, mediante el uso de poderes gubernamentales para forzar a los que no cumplen a cumplir.  Todo esto es totalmente incompatible con el cristianismo y con una sociedad libre.

5. El Error Concerniente a la Función de la Ley
El comunismo y el socialismo pervierten la función propia de la ley.  El imperio de la ley bajo los comunistas y sus compañeros de viaje ya no es un marco útil en el cual el hombre pueda obrar libremente para alcanzar sus fines y sus metas.  Ya no es una luz para la mente, una obra de la razón diseñada para ayudar a ordenar la vida política y social, prohibiendo las cosas que atacan a una sociedad libre y justa. Para el comunista, la ley se vuelve un mero instrumento de coerción para doblegar y forzar a los ciudadanos a someterse a la visión pervertida de quienes gobiernan la sociedad.

Bastiat lo expresó de la siguiente manera:  “Los socialistas quieren ejercer pillaje “legal” ... quieren hacer de la ley su propia arma."

6. El Error Concerniente a la Caridad Cristiana
El comunismo y el socialismo hacen guerra contra la caridad cristiana.
La revolución socialista depende de la llamada lucha de clases.  Esta guerra artificial, en sus múltiples formas — los dueños de los medios de producción contra los obreros, los ricos contra los pobres, los terratenientes contra los peones — es la máquina que conduce a la sociedad hacia las metas del socialismo, hacia la sociedad perfectamente igualitaria.  El principio de la lucha de clases es plena y enteramente contrario al cristianismo.

La lucha de clases, la lucha de razas, la lucha de géneros, la lucha intergeneracional — y todas las demás rúbricas nuevas usadas para dividir a los ciudadanos unos de otros — son intrínsecamente contrarios al Evangelio cristiano.  Los socialistas usan todos ellos para erosionar los cimientos de la civilización occidental.  Las tácticas socialistas pugnan por atizar las flamas del odio, de la discordia y del resentimiento en la sociedad.  Buscan crear una “cultura de la envidia” y de la desconfianza. Así dañan permanentemente el tejido social y la armonía en la sociedad.  La envidia, “virtud” socialista, es considerada pecado capital en la doctrina de la iglesia.  El socialismo, con su lucha de clases, no podría ser más incompatible con la enseñanza de la Iglesia de que la caridad y la justicia son grandes fuerzas de unión en la sociedad.

7.  Errores Concernientes a la Familia y a las Instituciones Sociales
El comunismo y el socialismo son enemigos de la familia y de aquellas organizaciones que funcionan como estructuras intermedias entre el estado y el individuo en la sociedad. Quienquiera que haya vivido bajo el comunismo no necesita que se le explique algo tan obvio.  Sin vacilación los comunistas separaban a los hijos de sus familias, los indoctrinaban sin misericordia y hacían de la elección de su oficio o trabajo simplemente un asunto para ser decidido por algún burócrata comunista.  Elogiaban y premiaban a los hijos que denunciaban a sus padres por apartarse de la doctrina y de los dictados del partido.  Esto es una intromisión ilegítima en los derechos de los padres.  La doctrina social católica siempre ha mantenido que son los padres y no el estado, los educadores primarios de sus hijos.

La Iglesia sostiene el principio de la subsidiariedad, que enseña que a las estructuras intermedias entre el estado y los ciudadanos se les debe permitir la libertad de desempeñar sus funciones propias en la sociedad.  Estas asociaciones constituyen un amortiguador natural entre el estado y el individuo.  El principio de subsidiaridad protege a las asociaciones, a la familia y al individuo contra aquéllos que promueven un gobierno sin límites y su afán de poder.

El asalto actual del Departamento de Salud y Servicios Humanos del gobierno de Obama contra las instituciones católicas de salud no debería asombrar a nadie.  El estado socialista necesita eliminar a sus mayores competidores para conseguir mayor control.  El estado, ya que está tratando de controlar el sector de la salud, que constituye una sexta parte de la economía de los Estados Unidos, busca desplazar a la Iglesia Católica y a sus instituciones mediadoras.  El estado ha estado recurriendo a usar violencia en procedimientos a fin de forzarlos a someterse o renunciar a su derecho de servir a los pobres y a los enfermos. Sométete o quítate del camino.  ¡Así es como se ocupan de los pobres!

Se Requiere de una Defensa Unida
Vemos que el estado comunista y el socialista buscan incesantemente atenuar las libertades económicas, políticas y culturales de todos y cada uno de los ciudadanos.  Por lo tanto, los errores comunistas relacionados con la naturaleza del hombre y su relación con el estado proveen de una motivación imperiosa a todo lo largo del espectro político anticomunista. Todos aquéllos que se dediquen a la promoción de la libertad deberían buscar alcanzar el objetivo común de derrotar al creciente poder del estado.  A los simpatizantes del partido libertario les convendría defender los derechos de la Iglesia Católica en su lucha actual contra el Obamacare, pues al hacer eso, pugnarían por mantener una malla de seguridad que protegería a una gran parte de la sociedad y de los individuos.  Esta lucha no es de doctrina, sino de libertad para todos.  Hay una necesidad estratégica de unidad entre los conservadores, los libertarios y los liberales clásicos, en este momento crítico en el que la libertad para todos está siendo amenazada por el estado.  Seguir perdiendo libertades culturales es lo que permite, como lo previó Gramsci, la creciente pérdida de libertades económica y política.

Bastiat, al ilustrar la necesidad de defender el orden social, pedía una fusión de la debida defensa de las libertades económica y política de la sociedad.  Las libertades económica, cultural y social florecen y decaen juntas, y deben ser defendidas como una sola.  Los conservadores sociales deben percatarse de que si perdemos libertades económicas perderemos más libertades políticas y culturales y por lo tanto, la economía importa verdaderamente.  Pero los libertarios y otros deberían ver que, restringiendo nuestra libertad cultural, el gobierno está incrementando su posibilidad de restringir nuestra libertad cultural.

Bastiat, en su época, también llamó a la unidad contra los enemigos comunes de la libertad. Hablando de los defensores de las conclusiones correctas en el campo de la economía y los defensores de la virtud, de la religión y de la ética en la sociedad, explicaba:  “Estos dos sistemas de ética, en vez de recurrir a su mutua recriminación, deberían trabajar juntos para atacar el mal por ambos polos.”

Esta pesadilla del comunismo recurre en parte debido a nuestra ineficacia para, desde un aspecto teórico, atacar y desmantelar las mentiras de la revolución socialista en Occidente. Si esto no se hace bien, sobre una base fundamentalmente filosófica, volveremos a ser asaltados por nuevos propagandistas, quienes — reconociendo los fracasos pasados del comunismo en la práctica — afirmarán otra vez que la teoría es sensata y que por lo tanto el experimento humano de la revolución socialista debe volver a intentarse de nuevo. Pero los seres humanos no somos sujetos apropiados para la experimentación en aras de ideologías políticas.  Debemos por lo tanto enseñar que esa teoría está errada y es mortal. Moralmente no podemos permitirnos más cadáveres para poder demostrar que los efectos son devastadores en la práctica.

En este momento se necesita una defensa sólida y unida por todos los defensores de la libertad

Justicia a los Pobres
En un plano práctico, el primer deber del cristiano, antes de lanzarse a la arena de la política social ante los pobres, no son las buenas intenciones o un corazón amoroso hacia los pobres.  El primer requisito necesario en justicia es la competencia. La política social hacia los pobres exige una teoría económica sólida.  Una mala teoría política lleva sólo a cometer más errores en la práctica que dañarán a los pobres.

Las buenas intenciones por sí solas no lo hacen a uno competente en política económica o social.  El tener simplemente un corazón amoroso por los pobres no da al doctor la autorización moral para hacerles cirugía.  El cirujano debe ser competente antes de tomar su bisturí.  Una condenación fácil del capitalismo y del libre mercado es desatinada y empíricamente incorrecta.  Esta clase de incompetencia en teoría económica ha perjudicado y está perjudicando a los pobres.  [Francisco puede considerar esto y darse cuenta de su importancia...]

Los creyentes también deben hacer distinciones claras con relación a la acción.  Hay una diferencia entre alimentar a los pobres y reducir la pobreza en sí misma. Ésta última requiere de la creación de riqueza económica. Ayudar a los pobres es una obra de misericordia corporal en la Iglesia Católica y es bueno el que se ejercite libremente.  Pero alimentar a los pobres es muy diferente de reducir la pobreza.  Si alimentamos al pobre pordiosero de la esquina, seguirá igual de pobre aunque se acabe el pan que le ofrecemos. La ayuda alimentaria a los pobres no construye redes económicas ni actividad económica que sea capaz de atenuar la pobreza.

La Madre Teresa se dedicaba a la empresa de alimentar y cuidar a los pobres pero no estaba en el complicado asunto de reducir la pobreza.  Esto último requiere de redes económicas, emprendeduría, creatividad de un tipo diferente, y conocimiento técnico en relación con la economía, los mercados y la política financiera.

A menos de que los pobres sean incorporados a redes económicas, siempre estarán necesitados de ayuda.  Para crear redes económicas la sociedad necesita emprendedores, tomadores de riesgos, ganancias y pérdidas y — lo más importante — empleo. Sin un empleo, un hombre pobre será siempre pobre.

Pedirle a la gente que busque empleo se ha convertido hoy en día casi en un tabú. Los bonos de comida son mucho más fáciles.  Es importante ayudar a los pobres, pero crear una dependencia sistemática para fines políticos es malvado. Al estado le encantan los repartos fáciles ya que no pagan por ellos y les traen votos.

Además, los repartos fáciles ofuscan una visión y evaluación objetva de las políticas económicas fracasadas.  Los socialistas, como lo dijo la ex primer ministro Margaret Thatcher están dilatando el inevitable desenlace final — que es “ .. quedarse sin el dinero de otra gente.”  La fachada de benevolencia puede ganar votos, pero ciertamente no ayuda a los pobres.

Muchos no alcanzan a entender que la Iglesia siempre ha enseñado lo que los empresarios saben:  Hay un gran sentido de dignidad en el trabajo.  Ya que todo hombre es un agente moral, los hombres no deben ser privados de la responsabilidad y aventura de forjarse sus propios caminos.  Cuidar de los pobres es necesario, pero aumentar intencionalmente su dependencia es inmoral y es contrario a la enseñanza del evangelio,  Es una injusticia el perpetuar arreglos económicos que priven al hombre de trabajar.

Uno podría armar más argumentos contra la tesis de que la doctrina social de la Iglesia Católica le debe algo al comunismo y sus variadas encarnaciones. Pero yo terminaré mis argumentos con la simple aseveración de que la utopía del comunismo en la cual todos los hombres serían iguales y la pobreza desaparecería, es una peligrosa ilusión inhumana. La pobreza no puede erradicarse por completo de la faz de la tierra.  Nuestro Señor mismo nos enseña que “Los pobres siempre estarán con ustedes.” Si esta profunda lección se internalizara, los regímenes de utopía letal serían mucho menos seductores

Para Verdaderamente Ayudar a los Pobres
La caridad cristiana y el emprendedurismo de libre mercado no sólo son compatibles entre sí, sino que son necesarios para ayudar verdaderamente al pobre.

La caridad cristiana pugna por el mejoramiento moral del hombre, y el progreso del prójimo por amor a él.  Para los creyentes, éstas son obras de religión, que muchos hombres y mujeres de buena voluntad llevan a cabo voluntaria y libremente.  El forzar a la gente a que haga el bien es la muerte de la virtud de la caridad, ya que la caridad debe siempre ejercerse voluntariamente.

Pero un segundo factor se necesita de igual manera para aliviar la pobreza: emprendedores y sistema de libre mercado.  Éstos ofrecen la posibilidad de una solución más grande y más duradera al problema de la pobreza.  Crear empleos e industria es un gran bien, pero reducir las posibilidades para los empresarios y el sector privado y poner una fachada de virtud al hacerlo es puro disparate.  La clase empresarial y de hombres de negocios hace más por la Iglesia y por las cuestiones vitales para la sociedad en los Estados Unidos que en cualquier otra parte del mundo.

Las dos grandes mentiras de los socialistas y los comunistas:  que son los defensores de los pobres y que son los verdaderos “cristianos” de nuestros tiempos son mitos que deberían ser desenmascarados por todos los creyentes. Pues ningún régimen ha traído más pobreza, muerte y sufrimiento a la humanidad.  La civilización ha visto claramente cómo se ve este cambio revolucionario y a todos nos convendría recordar, como lo advirtió el filósofo George Santayana — “aquéllos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo.”

Occidente ya ha tenido bastante de revolucionarios y utópicos. Es hora para ellos de callarse y también para sus adeptos, así como lo es de reconocer sus fracasos y sus crímenes.

El reverendo padre Guarnizo es un sacerdote católico romano de la diócesis de Moscú.  Es también miembro de la Mont Pelerin Society, fundado por Friedrich A. Hayek,

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