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sábado, 26 de diciembre de 2015


De la Esclavitud Económica a la Libertad


Por Raphael T. Waters, D. Ph, L. Ph. Ph. C.

Tomado de:
 http://www.cfnews.org/page10/page27/waters_slavery_economic_freedom.html
Traducido del inglés por Roberto Hope


From Slavery to Economic Freedom es una obra inédita del Dr. Raphael Waters, que merece ser considerada. Fue completada en el 2005; trata la cuestión económica desde una perspectiva tomista del cuerpo político y del bien común


“... el ocio es necesario tanto para el desarrollo de la virtud como para el desempeño de las virtudes políticas.” Aristóteles, Política, capítulo VII.

FASE A: EL PROBLEMA

I.  La Naturaleza del Capitalismo

El término ´capítalismo´ es uno de los términos más confusos en la lengua. Por esta razón se ha hecho notar que el Papa Pio XI, en su encíclica “El Orden Social” de plano evitó el uso del término.

Mientras unos lo han explicado como el uso del dinero, de los bienes o de los servicios con el objeto de conseguir un rendimiento monetario, otros lo explican como un orden económico en el cual los trabajadores son empleados por propietarios ricos que disfrutan del producto del trabajo del obrero. En consecuencia, concluyen que es un sistema de explotación, una gran injusticia. [1]

Sin embargo, con el propósito de arrojar alguna luz sobre este tema, necesitamos primero adquirir cierta comprensión de la naturaleza del cuerpo económico. La medida, en el orden práctico, es el fin,[2] y en el caso del orden social, el fin es el bien común.[3] Así:

Hay cierta semejanza entre el cuerpo humano y el cuerpo económico en cuanto a que ambos constituyen el puntal que soporta la estructura básica de la vida del hombre y de la sociedad. Pues, así como un estado saludable del cuerpo humano es una condición que permite que operen las funciones más elevadas, de igual modo el cuerpo económico no funciona bien si no se dispone del tiempo libre necesario para desarrollar las actividades más elevadas del hombre. Por otra parte, si el orden económico está saludable, se puede ahorrar tiempo y esfuerzo ― ganar ocio ― permitiendo al hombre atender los bienes más elevados en el cuerpo cultural. [4]

II. El bien común del cuerpo económico.

Los hombres trabajan en grupos por lograr el bien común, el cual se define como el bien del todo y el bien de las partes. Es pues un bien inmaterial, ya que tiene que ser compartido por cada uno y por todos. En el orden económico, el bien que se busca mediante la colaboración de personas que intercambian bienes y servicios, es tiempo para el ocio, o sea el ahorrar tiempo y esfuerzo. Por ejemplo, Juan, que cultiva papas, intercambia con Pablo, que es zapatero, dos bolsas de papas por un par de zapatos. Cada uno obtiene del acto de intercambio exactamente lo que aportó.  Sin embargo, se dan el uno al otro un regalo gratuito, habiendo ahorrádose tiempo y esfuerzo al producir el uno, la mercancía que necesita el otro.

El hombre tiene un fuerte deseo natural de ahorrarse tiempo y esfuerzo. Por ejemplo, si hay un lote vacío en la esquina de una calle, los peatones tomarán un atajo caminando en diagonal a través del lote en lugar de dar vuelta en la esquina. Aun cuando el término “competir” significa “buscar juntos”, ahora se usa para significar “oposición”, de esa manera pasando por alto el verdadero proceso económico. Pues lo que estamos buscando juntos, por medio de una actividad cooperadora, es el bien común, tiempo de ocio.[5] Nos ahorramos esfuerzo el uno al otro.

Mientras más gente haya que lleve a cabo actos de intercambio, mayor esfuerzo deberíamos poder ahorrar. Si algunos fabrican pantalones, otros refrigeradores, calculadoras, acorazados o rascacielos o cultivan alimentos, habrá un tremendo ahorro de esfuerzo conforme se llevan a cabo actos de intercambio en el mercado, o sea en los bancos.

III. El hombre, por naturaleza es propietario[6]

Dado que “no puede haber coordinación si no hay subordinación”, alguien debe ser responsable como dueño o, al menos, hacerse cargo de cada empresa.[7] Sin embargo, hay diferentes clases de propiedad, las cuales pueden reducirse a dos: privada (incluyendo la propiedad por acciones) y estatal.[8]

Está muy claro que los hombres y las mujeres, ya sea de manera individual o como propietarios de acciones, deben ser los dueños verdaderos de la propiedad. Sin embargo, igual que cada hombre, por ser racional, ríe, habla, es un animal social, político, científico, económico, artístico y religioso, de igual manera está naturalmente inclinado a ser dueño de  propiedad privada, pues la propiedad es necesaria para el hombre, ya sea:

  1. individualmente, por sus tendencias necesarias, su deseo de libertad y su dignidad como persona, o,
  2. socialmente,  por el bien de la paz y el orden, para evitar animosidades y para lograr eficiencia. [9]

IV. El estado patológico del cuerpo económico

Si  deberia haber más tiempo libre disponible conforme aumenta la población ¿por qué hay tantos que carecen de propiedad privada y difícilmente pueden librarse del trabajo pesado y fastidioso, ambas de las cuales condiciones fueron explotadas por Carlos Marx?

Una investigación de la historia de la humanidad pudiera ser muy reveladora. Encontramos, por ejemplo, que en la Inglaterra del Siglo XV, un hombre necesitaba trabajar 2 1/2 días a la semana para ganarse la vida. Utilizo a Gran Bretaña como ejemplo, pues los mejores registros se conservan ahí. En otras partes, las guerras y varias insurrecciones han ocasionado la destrucción de registros antiguos de los asuntos humanos.

Debe recalcarse que, en el pasado, la gente gozaba de mucho más tiempo libre que el que nosotros gozamos hoy en día. Roman de Fauvel explica que:

“Una actividad que ocupe un tercio de la vida del hombre debe ser significativa culturalmente. Aun cuando las condiciones variaron entre países y siglos, el calendario cristiano antes mandaba 52 domingos de descanso obligatorio más, del siglo XII en adelante, por lo menos 40 fiestas de guardar dedicadas a los santos. A estos días feriados podrían agregárseles un número ilimitado de fiestas de las iglesias locales, promediando más de 30, rasultando un número asombroso de 126 días al año en los cuales no se permitía trabajar. Los ingleses agregaron la celebración del día de San Suitino... La gente de Canterbury honraba con día de fiesta no sólo a Santo Tomás Becket, sino también a los santos Albano, Dunstán, Eteldreda y Eduardo el Confesor. Las universidades tenían sus propios días de fiesta de guardar: en Montpellier en el Siglo XIV había setenta y siete fiestas de guardar, más los domingos, sumaban 133 días de fiesta. Además, muchas fiestas no se limitaban a durar sólo 24 horas”.[10]

Es significativo enterarse de que:
Cobbett, en su Historia de la Reforma Protestante, ha hecho un estudio exhaustivo precisamente de esta cuestión, de la situación material y económica de la gente de Inglaterra antes y a partir de la Reforma. Dice: “todo muestra que Inglaterra era entonces un país en el que abundaban los hombres de verdadera riqueza... Se alimentaban en gran abundancia. Todos, conforme a su rango, tenían todo lo que conducía a hacer la mente y la vida fácil y feliz.”[11]

Pearce hace una comparación:
“No hay sinecuras naturales. La renta es la fuente natural de los ingresos comunales. En este sentido, el sistema feudal era más una economía de intercambo que lo que es la nuestra. En esos días, antes de que hubiera surgido el estado centralizado, el gobierno era en gran medida gobierno local, y quienes recibían rentas rendían a la gente servicios de una naturaleza pública comunal, por ejemplo, la defensa pública, la educación, el culto, el cuidado de los enfermos, la administración de las leyes, las escuelas, las universidades, las pensiones para los ancianos y las viudas, el costeo de los estudios de los jóvenes, las dotes para matrimonio etc. Pero hemos cambiado esas fruslerías. Ahora, la renta es una sinecura perfecta, eso es, el dominio sobre el esfuerzo (valor), sin rendir exerción alguna, la usura capitalizable. Es un derecho sin deberes, propiedad sin responsabilidad: esa contradicción llamada ingreso valuable ― un ingeso que puede ser comprado y vendido”.[12]

En caso de que uno pudiera suponer que se descuidan otras necesidades humanas, considérese lo siguiente:
“Su atención a la higiene puede mostrarse mejor mediante una consideración de los hospitales... Esas generaciones nos dieron una lección erradicando la lepra, la cual había sido tan general como la tuberculosis lo es ahora (a la fecha en que eso se escribió)..." Acerca de ”el hospital eregido en Tanierre, en Francia, en 1293 ...por Margarita de Borgoña, hermana de San Luis... un arquitecto moderno dice:

“Era un hospital admirable en todo sentido, y es dudoso que lo superemos hoy en día. La sala de enfermos estaba aislada de los demás edificios; tenía la ventaja, que nosotros perdemos con frecuencia, de no ser de más de un solo piso, y se le daba a cada paciente más espacio que el que ahora podemos permitirnos darles.

“La ventilación mediante las grandes ventanas y los ventiladores en el techo era excelente; estaba vivamente iluminada, y el arreglo de la galería resguardaba a los pacientes de la luz que encandila y de los chiflones de las ventanas, y proveía una forma fácil de supervisión, en tanto que la división lograda mediante muros divisorios sin techo aislaba a los enfermos y evitaba la depresión que proviene de ver a otros dolientes.

“Tenía, además, grande contraste con las tristes salas de hospital de nuestros días. El techo abovedado era sumamente bello, la madera estaba ricamente labrada, y las grandes ventanas arriba de los altares estaban repletas de vidrios de colores. En conjunto, era uno de los mejores ejemplos de la mejor época de la arquitectura gótica.”{13]

Es asombroso enterarse de que, no obstante que el año 1495 es considerado el apogeo del desarrollo económico de Inglaterra, sin embargo, en un lapso de unos cien años, más o menos, tuvieron que introducir la Poor Law. Esto ocurrió por las sublevaciones ocasionadas por hombres sin escrúpulos que desechaban las restricciones religiosas, y por la llegada de la peste negra, que mataba a los hombres más fuertes.

Se podría argüir que en esa época los hombres tenían menos necesidades y deseo de cosas, y en cambio ahora éstas han aumentado considerablemente, como por ejemplo, televisores, automóviles, computadoras, hornos de microondas, etc. Digamos que los bienes que deseamos poseer han aumentado 100 veces. Pero nuestra capacidad de producción ha aumentado 1000 veces. De ser cierto esto, entonces ¿por qué no tenemos mayor ahorro de tiempo y esfuerzo? Mucha gente tiene ahora que aceptar más de un empleo para sostener una familia. El marido y la mujer están forzados a salir a trabajar aun cuando, siquiera para el uso apropiado de la división del trabajo, sería mejor que la mujer pudiera quedarse en casa, en vez de verse forzada a salir de su hogar como sucede con muchas madres hoy en día.

FASE B: LA CAUSA DEL PROBLEMA

V. Dos capitalismos

Volvamos a nuestro concepto de capitalismo, por el cual los hombres invierten dinero, bienes y servicios para obtener un rendimiento o ganancia por lo que aportan. He observado autores, conferencistas y profesores que parecen no cuestionar lo que se hace con el dinero. En otras palabras ¿cuál es el fin del acto de invertir?

Hay dos maneras como uno puede invertir su dinero, o dos fines que pueden buscarse: producción o anti-producción. Consideremos los siguentes ejemplos:

Primero: Supongamos que yo quiero comenzar un servicio de taxis. Primero necesito;

  • un automóvil, que cuesta, digamos, $20,000; yo debería esperar ganar interés sobre esto.
  • luego, requiero de un permiso que, pronto me entero, se expiden sobre bases limitadas a un costo de aproximadamente $25. Por otro lado, existen algunas cifras que indican el actual valor de mercado de un permiso para taxi:
    • En los 70´s el promedio en las ciudades norteamericanas: $70,000.
    • A fines de los 80's, $140,000 en Toronto.
    • Recientemente se reportó que en Nueva York un permiso cuesta alrededor de $200,000.
Los propietarios de taxis naturalmente esperan ganar un interés también sobre esta cifra. En efecto, los propietarios estarían pagando para participar en un monopolio.

Segundo: Durante la Segunda Guerra Mundial, la nuez moscada, un articulo simple, estuvo monopolizado.

Tercero: Los fabricantes de vidrio en Australia, diez organizaciones, fueron reducidas a una sola.

Cuarto: Supongamos que yo quisiera fabricar ositos de peluche de tres cabezas. Si nadie más quiere hacerlos ¡puedo volverme un monopolio! Pero ¿qué hay de malo en eso?. Seguro, si nadie más quiere hacerlos, yo no debería ser obligado a detener la producción. No es un acto anti-social el que yo quiera seguir produciéndolos.

Pero, si yo invierto dinero para hacer que alguien deje de fabricarlos, eso sí sería un acto anti-social y por lo tanto un acto inmoral. El gobierno, guardian del bien común, tiene una grave obligación de hacer ilegales tales inversiones.

Los hombres están produciendo bienes y servicios todos los días; productos agrícolas y productos manufacturados se derraman en los mercados. Esto merece el nombre de capitalismo normal. Pero al momento en que yo invierto para parar a otro de manera que yo pueda arrinconar el mercado, eso debería llamarse capitalismo espúreo o mórbido.

Esta práctica era conocida en el mundo antigüo. Ha sido explicada de manera brillante por Henry Pearce en los pasados 60 años.[14] Observense los casos registrados por Aristóteles:

Tales [15] estaba siendo ridiculizado por ser filósofo. Siendo él bastante ingenioso para leer las estrellas y predecir el clima futuro, dedujo que el siguiente verano traería una cosecha abundante de aceitunas. Entonces puso depósitos en todas las prensas de aceituna locales. Aristóteles escribe que Tales ganó mucho dinero porque los cultivadores de aceitunas tenían que venir con él luego de que había subido el precio por el uso de las prensas. Así le dió una lección a la gente.

Aristóteles también narró que:
“Hubo un hombre en Sicilia que, teniendo dinero que le había sido depositado, compró todo el hierro de las minas de hierro y luego, cuando los mercaderes venían de sus diversos mercados a comprar, él era el único vendedor, y sin subir mucho el precio ganó el 200 porciento.”[16]

Siglos más tarde,  en el XIII, Santo Tomás de Aquino explica el principio, informándonos que un hombre puede adelantarse a un espectáculo para prepararles el camino a sus amigos que vienen detrás de él. Pero si él se adelanta para impedirles entrar, comete un grave acto anti-social. Por lo tanto, es un acto malo. Es muy claro en el contexto, que Santo Tomás está refiriéndose a asuntos de propiedad y cuestiones de negocios. [17]

Por consiguiente, hay dos maneras de invertir el dinero;
― una manera que es por el bien de la producción de bienes y servicios y otra que es anti productiva.

Si yo invierto para impedir que alguien produzca, esa es una inversión anti-productiva, pues estoy interfiriendo en el proceso de intercambio, y de esa manera apropiándome del tiempo y el esfuerzo de otros que tienen que trabajar más duro para alcanzar el mismo tiempo de ocio que yo.

Algunos ejemplos de acaparar un producto en la sociedad moderna:

  • En Ottawa, Canadá, me enteré cuando vivía allí, que toda la tierra que rodeaba la ciudad era propiedad de seis compañías. 
  • También fui informado por el secretario de la unión de taxistas, que todos los taxis eran propiedad de tres compañías y una de ellas había gastado una gran cantidad de dinero tratando de apoderarse de las otras dos.
  • También en Canadá, tres diferentes investigaciones han demostrado que Canadá es propiedad de unas trescientos cincuenta familias. 
  • Sospecho, de algunas lecturas casuales, que los Estados Unidos son propiedad de unas 2,000 familias.

No es de extrañarse que Henry George haya intitulado una de sus obras Progreso y Pobreza, en el cual demuestra que con el progreso viene la pobreza. Marshall McLuhan dijo que la afluencia genera pobreza. Pues los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres. Parece que la principal causa subyacente es la inversión anti-productiva. Únase esto al desbalance económico que está desarrollándose en nuestras poblaciones, y puede verse que vamos en camino hacia grandes dificultades.

Lo siguiente puede utilizarse para fines anti-productivos: adquisiciones y fusiones de compañías; la creación artificial de escaseces, la publicidad, los sobornos, los convenios de calendarización del mercadeo, los artículos de promoción y demás. En breve, no hay razón por la cual uno no debiera ganarse la vida ― hasta con un monopolio ― pero no se puede hacer un acto inmoral a fin de establecer un monopolio o sea impidiendo o entorpeciendo a otro que se gane la vida.

VI: Resultados de la inversión anti-productiva

Éstos son algunos de los efectos de esa práctica perniciosa:
Primero, una injusta distribución de la riqueza. Los medios de producción acaban concentrándose en las manos de menos y menos ciudadanos.
Segundo, más y más de los llamados programas sociales acaban siendo establecidos por el gobierno bajo presión del pueblo. Así, se aloja más y mas control en manos del gobierno conforme vamos creando el Estado de Bienestar; éste es un paso que nos acerca más al Estado Absolutista: la sociedad socialista. No es necesario recalcar que estas instituciones son contrarias a la ley moral natural.

Tercero, el hombre poco a poco pierde su libertad

Cuarto, inflación

Quinto se desencadena la imposición de mayores contribuciones.

Sexto, finalmente, algún gobierno poderoso tiene que tomar el control con el fin de desenredar el entuerto. Alemania fue un ejemplo de esto después de la Primera Guerra Mundial. Ésta es una oportunidad para los despiadados, los fuertes y los astutos para apoderarse del orden social.

No hay duda de que las consecuencias de esta perversa práctica ― el capitalismo espúreo ― debe cargar con la culpa por muchos de nuestros males económicos y sociales. Vemos a los ricos hacerse más ricos y a los pobres hacerse más pobres. Pero podría argumentarse que los pobres están mucho mejor ahora que la gente de, digamos, el siglo XIX. Sí, pero si se hicieran las comparaciones apropiadas, deberían estar mucho mejor que lo que están.

FASE C: ¿HAY UNA SOLUCIÖN?

VII: ¿Hay una solución?

El estado del bienestar, sin duda, ha salvado a muchos de la pobreza extrema. Pero eso no parece estar funcionando muy bien que digamos. Muchos, por ejemplo, reciben ahora alimento, medicinas, habitación y escuela de fuentes gubernamentales ― pero ¿a qué precio? ― ¡pérdida de su libertad!

Aquí podríamos considerar algunas soluciones;
Primera solución, socialismo:
Algunos han argüido que, ya que al hombre no se le puede confiar el tener propiedad, la solución obvia es quitar el derecho de propiedad al pueblo y que sea el gobierno el único propietario.

Aristóteles hizo un espléndido análisis de esta solución e igualmente lo han hecho otros, revelando su naturaleza errónea.[20] Tres argumentos principales contra el socialismo son:

  1. La función del gobierno es gobernar, no sustituir a sus ciudadanos.
  2. Lo que pueda hacerse por el nivel más bajo no debe hacerse por el más alto (principio de subsidiariedad)
  3. Un paso hacia la dependencia es un paso que aleja de la independencia, es decir, de la libertad.

Aun cuando argumentamos contra la idea de la propiedad del estado, debemos percatarnos de que el gobierno debe ser propietario de ciertos bienes, por ejemplo los bienes públicos que sirven al bien común. Éstos son los instrumentos del bien común, tales como los edificios gubernamentales, los parques, los carros de policía, las escuelas militares, los barcos de guerra, etc. Pero vemos que éstos son casos excepcionales ― bienes públicos que favorecen al bien común ― y que el socialismo no es la solución verdadera. El socialismo sólo puede quitar libertad.

Segunda solución:
Deberíamos tener educación concerniente a la verdadera naturaleza del hombre, de la sociedad y del bien común, ya que, debiera notarse cuidadosamete que la función del gobierno es principalmente educativa, o sea, el señalarle al pueblo lo que estamos haciendo mal si nos apartamos de buscar el bien común. A los ciudadanos debe decírseles lo que se están privando por no preservar ese fin social.

Es función del gobierno quitar los impedimentos al bien común. Compárese esto con lo siguiente:

  • un médico no sana a su paciente. Él quita lo que esté evitando que el paciente pueda sanar solo.
  • un maestro no produce entendiminento en la mente del alumno. El maestro quita los obstáculos que impiden al estudiante captar lo que le está siendo enseñado.
  • un director de orquesta no produce la armonía. Ésta se logra por los músicos, tocando en forma colectiva, mientras el director quita los obstáculos que impiden la armonía.
  • un gerente no construye autos; él coordina, etc.


De manera semejante, el gobierno, empleando los instrumentos apropiados, debe quitar los obstáculos para que la ciudadanía trabaje para el bien común ― que es el tiempo libre, el ahorro de tiempo y esfuerzo.

El gobierno puede hacer leyes que le ayuden en su tarea de guiar al pueblo, y puede usar con sabiduría su facultad de imponer contribuciones.

Si se quitaran los impedimentos, los hombres y mujeres podrían ganarse la vida sin temer perder lo que han construido; y la gran brecha que vemos ahora entre aquéllos que tienen propiedades y los que no, podría reducirse drásticamente. [21] Entonces no existiría la carga sobre la sociedad de tener que cuidar de los pobres. Todos podrían tener cuidado de sí mismos.

Además, es mi opinión personal que sería posible establecer una semana de trabajo de un solo día. Las contribuciones absurdas se eliminarían y podríamos reducir el número de dependencias gubernamentales encabezadas por gente muy altamente remunerada. Así, podríamos evitar el costo de un ejército de contadores, impuestos adicionales y otras cargas para la sociedad.

¿Por qué no podemos establecer impuestos sobre lo que la sociedad ha producido, específicamente el valor de la tierra? Lo que ha sido creado por la sociedad debe devolverse a la sociedad.[22] Si esto se hiciera de manera justa, quizás podríamos pronto abolir el impuesto sobre nuestro esfuerzo personal

Luego si podremos darle libertad al verdadero capitalismo, o sea al capitalismo productivo, podría haber paz y prosperidad y un gran surgimiento de la búsqueda de la felicidad. Los hombres podrían entregar sus energías a la exploración del mundo, de las plantas, insectos, animales, enfermedades, a las artes, la música, y a una mejor comprensión de la persona humana y de sus implicaciones sociales.

Epílogo

Ésta es una era de anti-intelectualismo en la que tendemos a resolver muchas cuestiones con nuestros corazones y no con nuestras mentes. Por ejemplo:

Para las enfermedades venéreas malamente recomendamos condones, no castidad.
Para el crimen, indebidamente recomendamos más policía, no los Diez Mandamientos.
Lo mismo para la pobreza: erróneamente recomendamos dádivas del estado, no sanar la condición mórbida del cuerpo económico. Mucha gente moderna trata de imponernos por la fuerza soluciones inmorales, porque no pueden resolver los problemas económicos encarándose a los gobiernos. Recurren, por ejemplo, al aborto y a la eutanasia en varias formas, tales como las órdenes de “No dar reanimación cardiopulmonar”

Si no hacemos caso al error básico en el orden económico, específicamente que mediante los esfuerzos individuales de los hombres, la verdadera propiedad de toda persona humana es extremadamente difícil de alcanzar para algunos, y hasta permitimos el abuso de los poderosos y de los astutos para adquirir riqueza en cualquier manera que ellos escojan, nada tenemos que perder ― excepto quizás, sólo nuestra vida, libertad y la búsqueda de la felicidad. “El remedio para (los males) del capitalismo yace en el reconocimiento y la práctica de las obligaciones sociales que van asociados a la propiedad. Tanto el individuo como la sociedad tienen un rol positivo que jugar a fin de que el remedio sea efectivo.”[23]

Por lo tanto, debemos concluir que el sistema que llamamos 'capitalismo' no es en sí mismo una doctrina de codicia, sino que se convierte así cuando algunos ciudadanos, imbuidos con un pobre sentido de los valores y actuando con gran ignorancia, llevan a cabo actos, que van contra el bien común.



Notas:
1. Cf. Thomas Higgins, Man as Man. The Science and Art of Ethics,261;cf. Ayn Rand, Capitalism, The Unknown Ideal, New York, New American Library, 1946 (Signet BOOK), 18-19: una inútil definición derivada de las causas materiales; Johannes Messner, Social Ethics. Natural Law in the Western World.
2. D. Q. McInerny, Metaphysics, cap.14.
3. Aristóteles, Ética de Nicómaco I, cap.1; Politica, I, cap.1; Santo Tomás de Aquino, Summa Contra Gentiles, III,cap.1,2
4. Aristóteles, Ética de Nicómaco 
5. Aristóteles, Política. VII, cap. 14, 1333a, 36-1333b, 2; 1334a, 5-6; 1334a-cap.15, 1334a, 18; VIII, ch3, 1338a 6. Higgins, op. cit., 287
7. Aristóteles, Pol. II, cap.5; Santo Tomás, Summa Theologica II-II, q.66.
8. Thomas Higgins, Man as Man: The Science and Art of Ethics,283ff.; Johannes Messner, Social Ethics 9. II-II, 66, 1; Higgins, 287-288; Messner, 821-824.
10. Lynn Thorndike, The History of Medieval Europe, 333
11. James Walsh, The Thirteenth, The Greatest of Centuries, 481, cf.479.
12. Henry G. Pearce, Value, Normal and Morbid, Sydney, The Standard, Daking House, 1946, 186. 13. Walsh, op. cit.
14. H. Pearce, ibid, passim.
15. Política I, cap.11, 1259a, 5-23.
16. Ibid, 1259a, 1, 23-27
17. II-II, q.66, a.2, ad 2.
18. Higgins, op. cit., 315-316
19. Higgins parece eludirle lo anterior en su intento de ofrecer una solución a los problemas del capitalismo: op. cit., 288-290
20. Política II,cap.2ff.
21. Higgins,op.cit., 288-290.
22. Henry George, Progress and Poverty.
23. Higgins, op. cit., 288.

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