Impide Vampirestat

lunes, 17 de marzo de 2014

LA FE EN EUROPA

PARTE II
Paso ahora a la segunda parte de esta conferencia, en la cual trato de analizar las razones para el tan extraordinario colapso en la fe y la moral que he descrito.
CONCILIO VATICANO II
Si nos preguntáramos cuál es la causa del derrumbe de la fe y de la moral en todo el mundo en los últimos cincuenta años, yo argumentaría que no hay una causa única. Son muchas las causas. La vida se ha vuelto demasiado cómoda y segura. La televisión, el Internet, y la pornografía constituyen otra razón. La mentlidad científica, que afirma predominar sobre la fe es otra razón más. Y uno podría preparar un ensayo completo sobre cada una de estas razones. Pero en esta conferencia quisiera concentrarme en una causa que, más que cualquiera otra, ha´producido un colapso en la fe. Específicamente el Concilio Vaticano II.
{Nota: el siguiente párrafo fue agregado por el autor durante su presentación y luego añadido al texto]
La opinión que voy a estar exponiendo es, sin duda alguna, controversial, pues hay muchos que todavía creen que el Concilio fue algo bueno, y que estuvo bien abrir la Iglesia al mundo, no obstante la situación que he descrito en la parte primera. También hay muchos otros que creen que no podría haber habido nada malo en el Concilio, ya que creen que ese Concilio fue inspirado por el Espíritu Santo; yo trataré este asunto más adelante, Pudiera agregar que recuerdo bien cómo mi padre, que era un católico devoto, siguió creyendo por muchos años que algún bien habría de salir del Concilio, y a mí sólo me quedaba contestarle con la frase del Evangelio que dice que por sus frutos los conoceréis. La paradoja es, entonces, que el Concilio, que debía haber sido algo bueno, si fuera uno a juzgar por lo que ocurría en la mayoría de los concilios anteriores, resultó ser exactamente lo opuesto
El Concilio Vaticano II fue inaugurado el 11 de octubre de 1962. Recuerdo muy bien este acontecimiento. Creo que puedo decir que soy el último de la generación que recuerda cómo era la vida bajo el Papa Pío XII y antes del concilio. Comparo a Pio XII con el emperador romano Marco Aurelio, quien fue el último emperador romano que mantuvo intacto el imperio antes de que las hordas bárbaras del Este gradualmente lo hicieran resquebrajar. Marco Aurelio fue un gran emperador, pero cometió el error de no haber nombrado a alguien adecuado para sucederlo, y Pío XII cometió el mismo error. [Nota del autor: Se cree sobradamente que el Cardenal Siri era el candidato a sucesor favorecido por Pío XII, pero quizás Pío XII no había nombrado suficientes cardenales de calibre semejante. Por otro lado hay cierta evidencia que señala que tuvo lugar cierta irregularidad en el cónclave de 1958. Ciertamente fue una gran sorpresa que Juan XXIII hubiera sido electo, debido a su avanzada edad.] Aun cuando Pío XII fue papa durante 20 años, desde 1939 hasta 1959, sólo llevó a cabo dos consistorios para nombrar nuevos cardenales, uno en 1946 y el otro en 1953.
Examinemos ahora lo que tuvo lugar en el Segundo Concilio Vaticano. La cuestión crucial al inicio del Concilio era la conformación de las diez comisiones conciliares. La Curia Romana había preparado su lista de cardenales que apoyaban la enseñanza tradicional de la Iglesia. Mientras tanto, los obispos liberales de Alemania, Austria, Suiza, Bélgica, Holanda y Francia, y sus aliados de todo el mundo, preparaban su contra-lista de candidatos liberales. El que organizaba al grupo liberal era el Cardenal Frings, arzobispo de Colonia. Me habría gustado conocerlo, pero desafortunadamente no pude hacerlo, a pesar de que yo vivía a 5 minutos, caminando, de la Catedral de Colonia, que puede verse en el anuncio de la plática de esta noche. Pero él había sufrido un infarto y no estaba disponible. Sin embargo, sí conocí al liberal cardenal Belga, Suenens, en 1975 y me gustaría narrarles la conversación que tuve con él, a fin de darles una idea de su manera de pensar. Le dije: “Su Eminencia, estoy muy preocupado de que en el presente haya tan pocas vocaciones al sacerdocio.” Me miró y entendió exactamente lo que yo quería decir pues era un hombre muy inteligente, y me respondió: “Le voy a poner en contacto con una muy buena casa pentecostalista.” Yo también entendí exactamente lo que quería decir. No sólo no le preocupaba la falta de vocaciones sino que no quería que hubiera vocaciones.
Después del Concilio, todos los 11 obispos de Belgica cerraron sus seminarios y dejaron solamente una casa de estudios. Por muchos años el número de nuevos seminaristas ha sido menos de 10. En 2010 y 2011 hubo cinco nuevos candidatos aun cuando antes del Concilio había habido cientos de nuevos seminaristas cada año en Bélgica. De 1988 en adelante un considerable número de jóvenes que querían hacerse sacerdotes pasaron a Holanda para ser preparados allá, porque en Bélgica eran activamente disuadidos. El resultado es que en muy poco tiempo ya casi no van a quedar sacerdotes. Cuando llegué a la Universidad Católica de Lovaina en 1972, cada orden religiosa tenía su casa de estudios en la ciudad. Los jesuitas tenían dos casas y los franciscanos tres. En una ciudad de 60,000 habitantes uno tenía la opción, de entre más de cien misas, a cuál ir en domingo, y muchos sacerdotes decían misa en forma privada. Hoy en día quedan como diez misas en toda la ciudad.
Ahora bien, en el Concilio Vaticano, más del 50% de los candidatos elegidos para integrar las comisiones pertenecían al grupo liberal. Esto es algo que nunca antes había pasado en la historia de la Iglesia. En el Primer Concilio Vaticano en 1870, había habido un grupo que se oponía a la declaración de la infalibilidad papal, pero este grupo llegaba a sólo el 20% de los obispos. La dominancia de los obispos liberales en las comisiones del Concilio Vaticano II llevó a que se emitieran documentos llenos de ideas liberales y acarreó la ola de destrucción que siguió al Concilio, como voy ahora a demostrar.
El joven Padre Ratzinger había sido el asesor liberal del Cardenal Frings en el Concilio. Pero en una entrevista por radio en 1969 declaró que la Iglesia estaba pasando por una era semejante a la Revolución Francesa y que estaba luchando contra una fuerza que trataba de aniquilarla de manera definitiva. El 27 de junio de 1972, en el noveno aniversario de su coronación, el Papa Pablo VI declaró que el humo de Satanás había entrado en la Iglesia por alguna grieta.
Ahora bien, si uno desea destruir a la Iglesia Católica desde adentro, la primera y mejor manera de hacerlo es destruyendo el corazón de la Iglesia, o sea el Santo Sacrificio de la Misa, y eso es precisamente lo que tuvo lugar en el Segundo Concilio Vaticano. Veamos lo que pasó:
La tarea del Concilio era la de examinar los textos de las constituciones y decretos que habían sido preparados con antelación, enmendarlos y luego someterlos a voto. Estos textos o esquemas habían sido preparados durante un período de tres años y cinco meses anterior al Concilio. Se habían preparado 20 textos. En julio de 1962, siete de ellos se enviaron a los obispos de todo el mundo. Los 17 obispos de Holanda se reunieron en ‘s Hertogenbosch (incidentalmente en el edificio donde yo más tarde enseñé filsofía durante diez años) y decidieron que no les gustaban los primeros 4 textos: Pero les gustó el 5° sobre la lturgia y sugirieron que fuera el que se tratara en primer lugar en el Concilio
Luego pidieron al dominico belga, Padre Schillebeeckx, que escribiera un comentario sobre el texto. El Padre Schillebeeckx (nacido en 1914 y muerto en 2009) era el teólogo oficial de la jerarquía holandesa y profesor de teología en la Universidad Católica de Nymegen, donde yo enseñé filosofía durante cinco años. Recuerdo haber visto al P. Schillebeeckx viajando en bicicleta por las calles de la ciudad. El P Schillebeeckx cayó fuertemente bajo la influencia de la fenomenología, y notablemente bajo la influencia del ateo Heidegger, quien nació en 1889 y murió en 1976, probablemente el filósofo más grande del Siglo XX. Schillebeeckx había estudiado en París, donde conoció a representantes del movimiento de la Nueva Teología, que incluían a Marie-Dominique Chenu e Yves Congar. También estudió al teólogo protestante Karl Barth. Schillebeeckx fue muy influyente en el Concilio, pues redactaba discursos para el Cardenal Alfrink de Holanda, y ejerció una importante influencia en el Capítulo III de Lumen Gentium, sobre la colegialidad de los obispos, que restringe la autoridad del Papa. En el período post-conciliar apoyaba la abolición de la obligación del celibato para el clero. En 1974 publicó “Jesús, Un Experimento en Cristología”, en el cual de hecho negaba la resurrección como un hecho histórico. En obras posteriores defendía la idea de que la ordenación en el sacerdocio católico no se deriva de la sucesión apostólica.
Este P. Schillebeeckx, pues, fue quien propuso que los primeros cuatro textos que iba a examinar el Concilio fueran vueltos a redactarse por completo, y escribió un comentario anónimo apoyando el quinto, sobre la liturgia, que había sido preparado por un gran número de obispos alemanes, holandeses y austriacos El comentario del P. Schillebeeckx fue traducido al latín, al francés y al inglés y distribuido entre los Padres Conciliares conforme iban llegando a Roma. El resultado fue que el texto o esquema sobre la liturgia fue el primero que se trató en el Concilio.
La Constitución de la Sagrada Liturgia fue aprobada finalmente en la segunda sesión del Concilio. Veamos ahora lo que decía. No puedo citar el texto completo y por lo tanto he elegido algunos pasajes significativos.
§25 “. Revísense cuanto antes los libros litúrgicos, valiéndose de peritos y consultando a Obispos de diversas regiones del mundo.
§30 “.Para promover la participación activa [en la liturgia] se fomentarán las aclamaciones del pueblo, las respuestas, la salmodia, las antífonas, los cantos y también las acciones o gestos y posturas corporales.
§31 “En la revisión de los libros litúrgicos, téngase muy en cuenta que en las rúbricas esté prevista también la participación de los fieles.
§33 menciona que el sacerdote “preside la asamblea”
§34 En esta modificación de la liturgia “Los ritos deben resplandecer con noble sencillez; deben ser breves, claros, evitando las repeticiones inútiles, adaptados a la capacidad de los fieles y, en general, no deben tener necesidad de muchas explicaciones.”
§ (1) “..debe haber lectura de la Sagrada Escritura, más abundante, más variada y más apropiada. ”
(2) El carácter del sermón “es una proclamación de las maravillas obradas por Dios en la historia de la salvación...”, lo cual yo parafrasearía diciendo que esto significa que no debe haber sermones sobre el pecado o el infierno.
§35 (4) “Foméntense las celebraciones sagradas de la palabra de Dios en las vísperas de las fiestas más solemnes, en algunas ferias de Adviento y Cuaresma y los domingos y días festivos, sobre todo en los lugares donde no haya sacerdotes, en cuyo caso debe dirigir la celebración un diácono u otro delegado por el Obispo.”
§36 “Ya que el uso de la lengua materna, sea en la misa, en la administración de los sacramentos, u ptras partes de la liturgia pueden frecuentemente ser de gran ventaja para el pueblo, los límites de su empleo pueden extenderse... Queda a la autoridad eclesiástica territorial ... decidir si y en qué medida ha de usarse la lengua vernácula...”
§37 “ La Iglesia no pretende imponer una rígida uniformidad.... ni siquiera en la Liturgia: por el contrario, respeta y promueve el genio y las cualidades peculiares de las distintas razas y pueblos. Estudia con simpatía y, si puede, conserva integro lo que en las costumbres de los pueblos encuentra que no esté indisolublemente vinculado a supersticiones y errores, y aun a veces lo acepta en la misma Liturgia, con tal que se pueda armonizar con el verdadero y auténtico espíritu litúrgico."
§ 38 “Al revisar los libros litúrgicos.... se admitirán variaciones y adaptaciones legítimas a los diversos grupos, regiones, pueblos, especialmente en las misiones...”
§ 40 “Sin embargo, en ciertos lugares y circunstancias, urge una adaptación más profunda de la Liturgia...La competente autoridad eclesiástica territorial, ... considerará con solicitud y prudencia los elementos que se pueden tomar de las tradiciones y genio de cada pueblo para incorporarlos al culto divino....”
§50 “... suprímanse aquellas cosas menos útiles [de la misa] que, con el correr del tiempo, se han duplicado o añadido..”
§ 53 “Restablézcase la «oración común» o de los fieles ..... principalmente los domingos y fiestas de precepto, para que con la participación del pueblo se hagan súplicas por la santa Iglesia, por los gobernantes, por los que sufren cualquier necesidad, por todos los hombres y por la salvación del mundo entero.”
§ 57 “el Concilio decidió ampliar la facultad de concelebrar...”
§ 58 “ Elabórese el nuevo rito de la concelebración ...”
Me gustaría agregar que el 7 de noviembre de 1962, el Papa Juan XXIII también dijo un discurso en el cual se declaró favorable al uso del lenguaje vernáculo en la misa. Entre otras cosas dijo: “La vida cristiana no es una colección de costumbres antiguas.”
Con base en los textos que he citado no es de sorprenderse que tuvieran lugar experimentos en la liturgia, ya que fueron autorizados expresamente por el Segundo Concilio Vaticano. Recuerdo haber visto en el periódico, alrededor de 1966, una foto de un sacerdote jesuita en Holanda, que decidió decir misa sin vestiduras en un escritorio de oficina. Todos los experimentos y adaptaciones que han tenido lugar y siguen teniendo lugar en la misa moderna tienen un fundamento firme en los documentos del Segundo Concilio Vaticano.
Debemos tener presente que la misa moderna promulgada por el Papa Pablo VI en 1969 simplemente es la puesta en práctica de las instrucciones trazadas por el Segundo Concilio Vaticano. También es importante saber que esta misa moderna es idéntica al servicio de comunión anglicano, palabra por palabra, excepto por las palabras de la consagración. En otras palabras el Concilio Vaticano estableció normas que hacían posible redactar una misa ecuménica que pudiera ser dicha por un ministro protestante con excepción de las palabras de la consagración. Esta misa moderna se dice de frente al pueblo y está expuesta a una larga serie de abusos. Cuando menos, es una dilución de la misa tradicional, y la esencia de la misa, específicamente el Sacrificio, ha sido atenuada por completo. En el mejor de los casos, la misa moderna es una pálida sombra de la misa tradicional y no proporciona el mismo grado de gracias que tan seriamente necesitan los católicos en el mundo moderno. [Nota del Autor: Algunos de los cambios están planteados meramente de manera implícita. Por ejemplo, el Concilio no prescribió que el latín fuera abolido en todo el mundo. Pero prescribió que se introdujera la “oración de los fieles”, que difícilmente puede decirse en latín y por consiguiente llevó inevitablemente a la abolición del uso del latín].
Quisiera agregar como nota personal lo siguiente: Siendo aún quinceañero, recuerdo haber pensado, cuando se publicó la Consitución sobre la Liturgia, que en vez de hacernos oir misa en la lengua vernácula habría sido mejor elevar los estándares educativos a manera de que todos pudieran seguir la misa en latín. No hay nada utópico en eso, ya que hasta hace no más de 200 años, la gente común de Irlanda tenía bastante buen dominio del latín.
Cuando se planteó la propuesta en el Concilio de que a la gente se le debería dar la libertad de asistir a Misa en un día distinto del domingo, recuerdo haber pensado que hubiera sido bueno el obligar a la gente a oir misa en domingo y además en algún otro día de la semana que cada quien eligiera, a fin de contrarrestar la influencia del mundo moderno. Pero todas las propuestas hechas en el Concilio condujeron a una reducción en los estándares.
Debemos estar muy agradecidos con el Papa Benedicto XVI por haber restablecido el honor a la Misa Tridentina. Sin embargom necesita señalarse que la forma en que hizo esto revela una inversión en la correcta escala de valores. A la Misa Tridentina en el Motu Proprio se le refiere como la forma extraordinaria de la liturgia y a la misa de Pablo XVI se le refiere como la forma ordinaria. En realidad es a la Misa Tridentina a la que se le debiera referirir como la forma ordinaria pues es la antiquísima forma de la misa, que contiene partes que vienen desde los inicios de la Iglesia.
Con el motu proprio nos hallamos, consecuentemente, muy lejos de la restauración de la Misa Tridentina. La razón es que cualquier restauración que se hiciera de la Misa Tridentina, la misa tradicional de la Iglesia, implicaría un rechazo del Segundo Concilio Vaticano, y de hecho, al presente, todos los católicos tradicionales rechazan el Concilio Vaticano Segundo, pues rechazan las normas trazadas por el Concilio.
Surge, pues, la pregunta de si los católicos deben rechazar el Concilio Vaticano Segundo. Esta es una cuestión de la que los tradicionalistas rehuyen; erróneamente en mi opinión. La primera respuesta a esta pregunta consiste en señalar que el Concilio Vaticano II no fue un concilio dogmático.
En su discurso inaugural el 11 de octubre de 1962, el Papa Juan XXIII declaró claramente que el Concilio habría de ser de carácter pastoral, con la intención de utilizar nuevos métodos para propagar la fe católica. Por consiguiente, nada hay obligatorio en los documentos del Concilio.
Como ya vimos, el Concilio fue copado por los obispos liberales y sus documentos han sido calificados, correctamente, como bombas de tiempo, las cuales explotaron tan pronto como el Concilio terminó.
En segundo lugar está la pregunta de si el Espíritu Santo guió al Concilio Vaticano II. El 25 de noviembre de 1962, en su cumpleaños número 81, el Papa Juan XXIII les dirigió unas palabras a los estudiantes del Colegio Propaganda Fide en Roma y les dijo que él estaba convencido de que Dios estaba guiando al Concilio. Eso, por supuesto, implica que él no consideraba que fuera un dogma el que el Espíritu Santo estuviera de hecho guiando al Concilio. My reflexión personal es que, despues de todo, el Espíritu Santo es santo, y por consiguiente sólo está presente cuando lo que busca un concilio es la santidad. Pero el objetivo declarado de este concilio no fue la santidad sino el aggiornamento, palabra italiana que significa modernización; o sea alinear a la Iglesia con el mundo moderno, que no es lo mismo que buscar la santidad. No puede ser el caso de que, documentos llenos de ideas liberales pudieran ser obligatorios para los católicos.
El Papa Benedicto XVI estaba profundamente consciente del problema de armonizar el Concilio Vaticano II con lo que enseñaba la Iglesia antes del Concilio. Como cardenal, admitió que Gaudium et Spes, la Constitución Pastoral de la Iglesia en el Mundo Moderno, fue un anti-syllabus, que significa que fue una contradicción directa con el Syllabus de Errores que publicó el Papa Pio IX en 1864. Yo argumentaría que es una postura peligrosa para los católicos el decir que aceptan el Concilio Vaticano II con excepción de esos pasajes que contradicen la enseñanza católica tradicional. Hay tantos pasajes que contradicen la enseñanza católica tradicional que yo arguiría que es de la mayor importancia rechazar por completo el Concilio Vaticano II y considerarlo igual como pasó con el Segundo Concilio de Éfeso, del año 449, que posteriormente fue repudiado por el Concilio de Calcedonia en el año 451. [Nota del editor: El autor corrigió posteriormente esta afirmación, reconociendo que una mejor analogía sería utilizando el Segundo Concilio de Constantinopla, que fue un concilio ecuménido válido, pero que fue tan perjudicial para la vida de la Iglesia que finalmente fue desdeñado y olvidado.] Los católicos en general están ignorantes de lo que realmente dijo el Segundo Concilio Vaticano. Necesitan conocer lo que dijo el Concilio y lo que está mal en él y por qué es incompatible con la fe y ésta es una tarea importante de educación.
Hemos examinado brevemente cómo el Segundo Concilio Vaticano trazó normas para diluir la parte más importante de la vda católica. En esta ponencia, me limitaré a sólo otro más, pero vital, vicio del Concilio Vaticano II, específicamente su clara implicación de que no es necesario ser católico para alcanzar la salvación. Examinemos, pues, el Decreto sobre Ecumenismo. Cito:
§3 ”...por causa de las varias discrepancias existentes entre ellos [refiriénddose a otros cristianos] y la Iglesia católica... se interponen a la plena comunión eclesiástica no pocos obstáculos, a veces muy graves, que el movimiento ecumenista trata de superar”....”Es más: de entre el conjunto de elementos o bienes con que la Iglesia se edifica y vive, algunos, o mejor, muchísimos y muy importantes pueden encontrarse fuera del recinto visible de la Iglesia católica:”....”Los hermanos separados practican no pocos actos de culto de la religión cristiana, los cuales...son aptos para dejar abierto el acceso a la comunión de la salvación.“ “[estas] Iglesias y comunidades separadas... no están desprovistas de sentido y de valor en el misterio de la salvación, porque el Espíritu de Cristo [lo que sea que eso signifique] no ha rehusado servirse de ellas como medios de salvación..“
§4 “Por 'movimiento ecuménico' se entiende el conjunto de actividades y de empresas que...se suscitan y se ordenan a favorecer la unidad de los cristianos.” ...”Tales son... 'el diálogo' entablado entre peritos y técnicos en reuniones de cristianos de las diversas Iglesias o comunidades....Por medio de este diálogo, todos adquieren un conocimiento más auténtico y un aprecio más justo de la doctrina y de la vida de cada comunión”... y...participan en la oración unánime.” ”...para que poco a poco por esta vía, superados todos los obstáculos que impiden la perfecta comunión eclesiástica, todos los cristianos se congreguen en una única celebración de la Eucaristía, en orden a la unidad de la una y única Iglesia”...
§8 “En ciertas circunstancias especiales, como sucede cuando se ordenan oraciones "por la unidad", y en las asambleas ecumenistas es lícito, más aún, es de desear que los católicos se unan en la oración con los hermanos separados.”.. “Sin embargo, no es lícito considerar la comunicación en las funciones sagradas como medio que indiscriminadamente pueda usarse para restablecer la unidad de los cristianos. Esta comunicación depende, sobre todo, de dos principios: de la significación de la unidad de la Iglesia y de la participación en los medios de la gracia.”
Lo primero que uno observa acerca del decreto sobre el ecumenismo es que las diversas denominaciones han de mantener un diálogo sobre una base de igualdad. Ya no aparece la cuestión de la conversión. Esa no fue ciertamente la actitud de Cristo ante ls fariseos. Él no dialogó con ellos, sino que los llamó raza de víboras. San Pablo no se puso a establecer un diálogo ecuménico a fin de adquirir una mejor comprensión de los judíos en Grecia y en el Asia Menor.
El resultado de 50 años de ecumenismo no ha sido la utópica irrealidad propuesta por el Concilio; el resultado del diálogo ecuménico ha sido que muchos católicos han perdido la fe. Recuerdo a un muchacho en mi clase de la escuela que decidió hacerse protestante. También recuerdo muy bien en 1966 cuando mis padres decidieron que debían asistir a una reunión ecuménica al aire libre, en gran medida contra sus deseos, pero porque eso se había decidido en el Concilio Vaticano II. Llovía fuertemente y estuvimos parados afuera con nuestros paraguas y rezamos un Padre Nuestro con los protestantes. También nos dieron sermones un sacerdote católico y un ministro protestante, y al terminar, mi hermana comentó que el del ministro protestante había sido mucho mejor sermón que el del sacerdote católico.
Yo menciono estas anécdotas sólo para dar una idea de la atmósfera enteramente cambiada que surgió después del Concilio. Pero el punto realmente importante, la revolución, consiste en el hecho de que el Segundo Concilio Vaticano declara abiertamente que uno puede permanecer fuera de la Iglesia Católica y aun asi alcanzar la salvación. El Cardenal Ratzinger escribió en varios de sus libros que era innecesario para los judíos convertirse a la Iglesia Católica para lograr su salvación. Juan Pablo II besó el Korán, que niega que Dios tenga un hijo y niega que Cristo haya muerto en la Cruz. El Papa Benedicto participó en un servicio judío en la sinagoga de Colonia y también oró viendo en dirección a la Meca, con un clérigo musulmán, en la mesquita azul de Istambul. El 27 de octubre de 1986 Juan Pablo II oró con más de 100 representantes de diferentes religiones en Asís. Éstos son los frutos del Segundo Concilio Vaticano, que declaró, en contradicción con todas las enseñanzas anteriores de la Iglesia, que la salvación puede alcanzarse fuera de la Iglesia Católica no sólo en casos de excepción, sino como regla general. Esto es una blasfemia y la mayor de todas las herejías, pues significa que fue totalmente innecesario que Cristo muriera en la Cruz.
Este punto lo entendía bien el teólogo jesuita alemán Karl Rahner, quien inventó una teoría para resolver el problema. Tuve la fortuna de ver a Karl Rahner en1971 en el University College de Dublín, donde yo estudiaba. Él entendía el inglés, pero sólo hablaba en alemán; hasta donde yo podía ver, se consideraba a sí mismo enormemente importante. Tenía un secretario jesuita que tradujo su conferenca al inglés. Después de su conferencia contestó preguntas y yo recuerdo que una monja le hizo una pregunta a la que respondió en alemán: “Le escribí al Papa una carta en latín acerca de esa pregunta la semena pasada”
Karl Rahner nació en Friburgo en Breisgau, en Alemania, en 1904 y murió en Innsbruck, Austria, en 1984. Su doctorado fue rechazado porque se puso demasiado bajo la influencia de Heidegger, quien por un tiempo había sido jesuita, hasta que abandonó la Iglesia Católica. Rahner solía hablar de Heidegger como maestro suyo y Heidegger en su vejez solía visitar regularmente a Rahner en Friburgo. Antes del Segundo Concilio Vaticano Rahner trabajó con Yves Congar, Henri de Lubac y Marie-Dominique Chenu, quienes estaban asociados con el movimiento de la Nueva Teología, partes de la cual habían sido condenadas por el Papa Pío XII en su encíclica Humani Generis. En 1962 fue informado Rahner por sus superiores que se hallaba bajo pre-censura porque sus puntos de vista no eran ortodoxos. Rahner, como Schillebeeckx, negaba que la Resurrección haya sido un hecho histórico en tiempo y lugar, como la muerte de Jesús. Rahner también rechazaba el concepto de la transsubstanciación en la Sagrada Eucaristía y propuso reemplazarlo con el de “transfinalización”, teoría que fue luego condenada por el Papa Pablo VI en su encíclica Misterium Fidei de 1965. Sin embargo, en 1962, el Papa Juan XXIII había decidido nombrar a Rahner como experto en el Segundo Concilio Vaticano. Rahner fue uno de los siete teólogos que colaboraron en Lumen Gentium, la Constitución Dogmatica de la Iglesia.
La receptividad del Concilio hacia otras tradiciones religiosas puede relacionarse con las nociones de Rahner de renovación de la Iglesia, la revelación salvífica universal de Dios y su deseo de apoyar y alentar el movimiento ecuménico. Rahner no creía que pudiera haber cosa tal como un ser humano sin gracia. Para él la gracia es un elemento constitutivo de la existencia humana. Rahner es famoso por su teoría de un cristianismo anónimo, que es la teoría de que la gente que nunca ha oído hablar del evangelio puede salvarse por Cristo. Hasta sostenía que los Cristianos pueden aprender de otras religiones y del humanismo ateo porque la gracia de Dios opera en ellos. La presencia de Cristo en otras religiones opera en y a través de su espíritu. Rahner y Hans Urs von Balthasar también sostenían la opinión de que el infierno está vacío. Ahora es gracias a su teoría del cristianismo anónimo que Rahner podía mantener que hizo sentido para Cristo el morir en la Cruz, ya que Cristo ganó la gracia para que todos se salvaran, ya que todos poseen esta gracia, hasta gente que jamás ha oído de Cristo o que lo rechaza, y consecuentemente uno puede salvarse fuera de la Iglesia sin dificultad alguna y sin necesidad de conversión.
Uno podría hacerse la pregunta de por qué el Papa Juan XXIII habrá invitado a teólogos bien conocidos por su heteroodoxia a participar como expertos en el Concilio Vaticano II. Es cláro que tan atrás como 1925, el papa Pío XI consideró deseable el remover al Padre Roncalli de Roma. Las razones precisas no están claras, pero fue enviado como visitador y luego como delegado apostólico a Bulgaria donde se pensaba que no podría hacer daño. En 1935 fue nombrado delegado apostólico a Turquía y Grecia, otra vez países que casi no tienen católicos. Su gran promoción vino cuando el Papa Pío XII lo designó al elevado cargo diplomático de nuncio en París. Juan XXIII sin duda sufría de un ingenuo optimismo. En la sesión de apertura del Concilio dió un discurso en el que dijo:
Consideramos que debemos disociarnos enteramente de los profetas de calamidades, que continuamente predicen lo peor... en la prerspectiva de ellos, la sociedad contemporánea es nada más que ruina y calamidades, y comparada con los siglos pasados nuestra era muestra nada más que deterioro...”
En relación con los errores del mundo moderno anunció que él consideraba más oportuno aplicar misericordia más que rigor, y que la Iglesia debería mostrar la fuerza de su doctrina más que condenar los errores. En este aspecto fue en contra de la tradición de la Iglesia que desde sus principios había siempre condenado las herejías y excomulgado a aquéllos que las profesaban,
Sin embargo, el optimismo ingenuo de Juan XXIII era típico de su tiempo. Este optimismo comenzó con la Revolución Industrial en el Siglo 18, cuando el progreso material y científico llevó a gente no pensante a olvidar que el progreso material no conduce al progreso moral. El optimismo de la era se refleja mejor en la filosofía del Alemán Hegel (que nació en 1769 y murió en 1831), el más grande filósofo del siglo 19, quien creía que la marcha de la historia es la marcha de la humanidad hacia Dios. Se refleja en la filosofía de Augusto Comte (que nació en 1798 y murió en 1857) quien creía que la tercera y última era, la era positivista o científica en la historia humana, comenzaba en sus tiempos. Se refleja en la filosofía utópica de Karl Marx (que nació en 1818 y murió en 1883) quien también creía que la era final en la historia habría llegado cuando el capitalismo fuera finalmente derrotado y todos viviéramos en un paraíso comunista. Está reflejado en la ingenua filosofía de Teilhard de Chardin (que nació en 1881 y murió en 1955) quien negaba el pecado original y creía que la humanidad estaba evolucionando hacia Dios, a quien llamaba el punto omega. Esta es la era cuando el Presidente Kennedy anunció “Vamos a la luna”.
Hoy en día es difícil transmitir el optimismo extraordinario de los 60's.  Mucha gente creía que el Concilio Vaticano daría entrada a una nueva era del Espíritu Santo, cuando ya no se hablaría más del pecado, sino solamente del amor. No había nada nuevo en este optimismo ingenuo. En los primeros años del Siglo 13, Amalrico de Bena ya enseñaba en la Universidad de París que quien permaneciera en el amor de Dios no podría cometer pecado alguno, y sus seguidores enseñaban que él había sido el fundador de la nueva era del Espíritu Santo, que no hay infierno y que todos, tarde o temprano, iríamos al cielo,
Juan XXIII parece haber sufrido de este ingenuo optimismo. Creía, como Sócates, que saber lo que es correcto es hacer lo que es correcto. Unos cuantos días antes de la clausura de la primera sesión del Concilio Vaticano II, el teólogo suizo Hans Küng (nacido en 1928) fue invitado a hablar en Pánel de Prensa de los Obispos de los EUA. En su discurso, mencionó que, cuando en privado se la preguntó a Juan XXIII por qué había convocado un concilio, se había acercado a la ventana, la había abbierto y había dicho: “Dejemos que entre un poco de aire fresco en la Iglesia .”
Como varios otros seguidores de la Nueva Teología, Hans Küng fue llamado personalmente por Juan XXIII para actuar como experto en el Concilio Vaticano II. Fue esta acción lo que lanzó al Teólogo Suizo a los grandes vientos de la publicidad mundial. Luego de ser elegido, Hans Küng se habría de convertir en una de las grandes, si no es que la más grande, estrella del pensamiento conciliar. Fue este voto de confianza de Juan XXIII lo que impulsó hacia adelante la carrera teológica de Küng en la Universidad de Tübingen. Así pues, la fama de Küng se debe en gran parte a Juan XXIII. Küng escribió su tesis doctoral acerca del teólogo protestante suizo Karl Barth. Küng fue el primer teólogo católico del siglo veinte que negara la infalibilidad del papa, y como resultado se le quitó el derecho de enseñar teoología católica. En 1988, publicó un libro intitulado Morir con Dignidad, en el cual él trata de justificar la eutanasia. No obstante eso, Küng nunca ha sido excomulgado y el 26 de septiembre de 2005, el Papa Benedicto lo invitó a una plática cordial en el Vaticano. Esto no es para sorprenderse, pues había sido a instancias de Küng que Joseph Ratzinger fue también nombrado profesor de teología dogmática en la Universidad de Tübingen.
La repercusión inmediata del Concilio Vaticano II fue que muchos sacerdotes optaron por no vestir ropa que los distinguiera como tales, contraviniendo así el canon 669 §1 del Código de Derecho Canónico. Muy pronto, gran número de ellos olvidaron sus votos de celibato. El concilio había dicho que la Iglesia necesitaba ser modernizada y adaptarse al mundo moderno, que la Misa necesitaba urgentemente ser modernizada y que la salvación podía encontrarse fuera de la Iglesia Católica. Muy pronto la gente sacó sus propias conclusiones, específicamente que la enseñanza moral de la Iglesia había dejado de ser tan estricta com lo había sido antes. El número de personas que iba a confesarse y a misa los domingos comenzó a caer.
El gran cambio vino en 1968. Hasta entonces la Iglesia había enseñado que el acto sexual fuera del matrimonio era un pecado mortal, y la gran mayoría de los católicos jóvenes habían tratado seriamente de mantenerse castos antes del matrimonio. Pero en 1968 esta actitud cambió por completo. La rebelión contra la autoridad que se propagó por todas las universidades de Europa en ese año no fue tanto una rebelión contra la autoridad como una revolución sexual. De esa época comenzó a aceptarse ampliamente que la actividad sexual extramarital era algo natural y hasta deseable. En esa época se llamaba sexo premarital, pero desde entonces sólo algunas veces conduce al matrimonio y se ha convertido muy frecuentamente en el rechazo del matrimonio y la aceptación de la cohabitación. Era considerado irrealista que la gente joven no practicara el sexo, y la Iglesia tuvo culpa en esto, pues la Iglesia abolió la abstinencia de carne en viernes, el ayuno antes de la Santa Comunión, el ayuno durante la Cuaresma y todo el concepto de penitencia y de tomar la Cruz; todo esto en el nombre del Segundo Concilio Vaticano. La abolición de la penitencia y de la disciplina trajo también, sin duda, las dificultades que muchos sacerdotes experimentaron de mantener sus votos de celibato.
Yo creo que uno podría describir con exactitud el colapso de la obediencia al sexto mandamiento en 1968 como algo comparable con la caída del Muro de Berlín en 1989. Una vez que el sexto mandamiento ya dejó de ser considerado obligatorio bajo pena de pecado mortal, todo el edificio moral de la Iglesia gradualmente se fue colapsando. Una vez que el auto-control necesario para observar el sexto mandamiento se ha perdido, la vida de gracia se pierde, y toda la capacidad de vivir una vida de amor a Dios y al prójimo se pierde con ella. Citaré tan sólo dos de los numerosos pasajes en las epísolas de San Pablo:
1 Cor. 6:9: No os engañéis: Ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se acuestan con varones entrarán al Reino de Dios.
Efesios 5:5: Pues de esto podeis estar seguros: Ninguna persona inmoral, impura o avariciosa – tal persona es un idólatra – habrá de heredar el reino de Cristo y de Dios.
Creo que podría decirse que la abolición práctica del sexto mandamiento ha llevado a la destrucción de la familia en Europa, como en todos lados, y ha conducido al colapso de la fe. Pero el Segundo Concilio Vaticano es enteramente responsable de esta situación. Si se me pidiera que resumiera el Segundo Concilio Vaticano en sólo una oración, creo que diría que fue un intento de quitar la Cruz al cristianismo; en otras palabras, quitar la misma esencia del cristianismo; un intento de producir una cómoda forma moderna de cristianismo: no el cristianismo de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, sino un cristianismo con la Resurrección pero sin la Pasión y Muerte en la Cruz.
Otro aspecto de la misma realidad fue ocasionado por el filósofo francés Jacques Maritain (nacido en 1882 y muerto en 1973). Maritain nació en una familia liberal protestante. Estudió en la Sorbona de París, donde conoció a su futura esposa Raissa, una judía rusa. Tenían tal pesimismo de la vida que en 1901 hcieron el voto de suicidarse juntos si no fueran capaces de encontrar un significado a la vida en el lapso de un año. Sin embargo en menos de un año hallaron el sentido de la vida asistiendo a las conferencias del gran filósofo judío francés Henri Bergson (nacido en 1859 y muerto en 1941).
Ahora bien, Bergson tiene una teoría que habría de hacer un gran impacto en Maritain. Él cree que hay dos tipos de religión, que los llama religión estática y religión dinámica. Religión estática es lo que él considera ser la religión primitiva. En la religión primitiva hay un dios que prohibe ciertos actos y que castiga a aquéllos que desobedecen. Se inventa la vida después de la muerte para permitir al dios primitivo castigar a aquéllos que desobedecen. El dios primitivo está también ahí para que el hombre pueda rezarle pidiéndole ayuda para sus necesidades
La esencia de la religión dinámica, en cambio, es el misticismo. El misticismo no es sólo un movimiento hacia la vida de Dios, sino un movimiento por el cual la vida divina se le comunica a la humanidad, como es el caso del misticismo de los grandes místicos cristianos. Dios es amor y el objeto del amor y desea la transformación del hombre por el amor. En 1907 Maritain descubrió los escritos de Santo Tomás de Aquino y llegó a convertirse en uno de los principales tomistas del siglo 20. Pero nunca perdió la actitud hacia le religión que había aprendido de Bergson. Tuvo una carrera muy distinguida. De 1945 a 1948 fue el embajador francés a la Santa Sede y luego enseño en Princeton. Él defendía los derechos naturales, tal como los sostuvieron el filósofo inglés Locke, la Declaración de Independencia de los Estados Unidos y la Revolución Francesa. Él es el autor de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas de 1948.
Maritain fue un pensador liberal que favorecía un estado democrático pluralista, y apoyó a los comunistas en la guerra civil española de 1936-1939. Él argumentaba que la autoridad viene del pueblo, no de Dios, en contra de las palabras que dijo Cristo a Poncio Pilatos. En 1936 Maritain publicó un libro intitulado Humanismo Integral en el cual abogaba por una democracia liberal y se oponía a la idea de que cualquier religión tuviera una posición privilegiada en la sociedad. También propone una teoría naturalista de lo que es bueno y lo que es malo, o sea, una teoría que omite a Dios. Durante los años cincuenta del siglo pasado el pensamiento de Maritain estuvo cerca de ser condenado por su naturalismo, pero evitó el ser condenado gracias al apoyo de su antiguo amigo Giovanni Battista Montini, el futuro Papa Pablo VI, que en ese entonces era secretario sustituto de Estado. Mientras Maritain fue embajador en el Vaticano, solía ver a Montini dos veces a la semana en promedio, y con frecuencia cenaban juntos.
En el segundo consistorio que tuvo en 1953, el Papa Pio XII se rehusó a hacer cardenal a Montini, ya que había sido la cabeza no oficial de la facción católica liberal bajo Mussolini y había basado sus ideas en el humanismo integralde Maritain. Irónicamente, aunque Montini era un liberal moderado, si Pío XII lo hubiera hecho cardenal, el Concilio Vaticano II probablemente nunca hubiera tenido lugar. Pero después de que se hubo hecho papa, Pablo VI dedicó a Maritain su “Mensaje a los Hombres del Pensamiento y de la Ciencia” presentado el 8 de diciembre de 1965, en la clausura del Concilio Ecuménico Vaticano II. También lo abrazó públicamente en la Plaza de San Pedro. Él declaró abiertamente “Soy un discípulo de Maritain. Lo llamo mi maestro”. En su encíclica Populorum Progresso (1967) Pablo VI defendió el “humanismo verdadero” y citó a Maritain como su fuente. El 30 de junio de 1968 el Papa Pablo VI leyó su solemne profesión del “Credo del Pueblo de Dios” en la Plaza de San Pedro en Roma. Pablo VI sólo hizo cambios mínimos al borrador preparado por Maritain.
Este es el antecedente de la revolución que ha ocurrido en la presentación de la fe católica desde el Concilio Vaticano II. Hasta entonces, se entendía perfectamente que Dios premia el bien y castiga a los malos, como se declara claramente en el Nuevo Testamento. Debemos, por lo tanto, temer el castigo de Dios. “El temor de Dios es el el comienzo de la sabiduría”, como lo dice el Salmo 111, verso 10, y el mismo verso se halla en el Libro de la Sabiduría 9:10. San Agustín había dicho claramente que una de las razones por las que debe haber vida después de la muerte es para que Dios pueda premiar el bien y castigar el mal, y esta opinión había sido adoptada hasta por el gran filósofo alemán, no-cristiano, Immanuel Kant. Sin embargo desde el Segundo Concilio Vaticano fue propagada la opinión de Bergson, de que no debemos considerar a Dios como un Dios castigador, y debemo sólo hablar de amor. Arriba cité el párrafo 35 de la Constitucuón sobre la Liturgia Sagrada que dice que el sermón de la misa "debe ser uno de proclamación de las maravillosas obras de Dios en la Historia de la Salvación...”
Este nuevo enfoque para proclamar el evangelio está basado en una nueva visión del hombre ques es enteramente falsa; específicamente la del filósofo francés Juan Jacobo Rousseau (nacido en 1712 y muerto en 1778), quien inspiró el comunismo moderno. Rousseau avanzó la idea de que la naturaleza humana es esencialmente buena, y que sólo fue la introducción de la propiedad privada lo que causó que se hiciera mala. Pero Aristóteles señaló en el capítulo final de su Etica a Nicómaco, o sea la final de diez libros sobre ética, que los tratados de ética están bien y son buenos para unos pocos jóvenes de mente noble, pero que la gran mayoría de la humanidad necesita leyes respaldadas por sanciones, precisamente porque la naturaleza humana no es naturalmente buena. De hecho una ley sin sanción de plano no es ley. Pero precisamente es esta visión del hombre, de que tiene una naturaleza caída y la necesidad de leyes respaldadas por sanciones, lo que está negado implícitamente por el Concilio Vaticano II.
Trataré de resumir diciendo que el deterioro de la fe en Europa y la destrucción de la moral que ha venido con ello durante los últimos cincuenta años tiene muchas causas, como lo mencioné arriba. De hecho, jamás ha sido fácil ser católico, y las fuerzas de oposición al catolicismo en la sociedad de hoy son mayores que nunca. A menos de que estemos bien preparados, por medio de una buena educación como la que se proporciona en el Fisher More College, encontraremos que es dificil de sobrevivir. Pero la mayor dificultad con que nos topamos es la oposición dentro de la misma iglesia. Hasta el Concilio Vaticano II, el enemigo se encontraba principalmente fuera de la Iglesia, no adentro. Ahora el enemigo está bien establecido dentro de la Iglesia y podría resumir este enemigo como la tentación de quitar a la Cruz del cristianismo. “A menos de que el hombre tome su cruz y me siga, no puede ser mi discípulo” dice Cristo. Y por lo tanto debemos decir con Cristo en el Jardín de Getsemaní: “Si este cáliz no puede pasar, entonces beberé de él”, y “no se haga mi voluntad sino la vuestra”

Dr. John Dudley
Profesor of Filosofía y de los Clásicos
The College of SS. Thomas More and John Fisher
Conferencia pública presentada el 4 de abril de 2013, ligeramente modificada.

El autor acepta comentarios de todo tipo, enviados a: john.dudley@fishermore.edu

No hay comentarios:

Publicar un comentario