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miércoles, 26 de marzo de 2014

La meditación protestante del Papa Francisco sobre Nuestra Señora

¿Puede Nuestra Señora haber pensado, “Mentiras! he sido engañada!”?

Por John Vennary

Traducido por Roberto Hope 

del artículo publicado en la página Web de Catholic Family News:
http://www.cfnews.org/page88/files/051719b1c386102f78e4a615712b748e-170.html

El Papa Francisco dijo una homilía el viernes 20 de diciembre, en la cual da la impresión de que la Crucifixión de Nuestro Señor fue algo que tomó por sorpresa a Nuestra Señora, y que ella pudo haber estado inclinada a pensar que la promesa que le había hecho el Ángel habían sido 'mentiras' y que había sido 'engañada'. Presentaremos primero el texto del Papa Francisco, tomado del Sevicio de Noticias del Vaticano y luego daremos la respuesta católica.

“La Madre de Jesús ha sido el ícono perfecto del silencio,” dijo el Papa. “Desde el anuncio de su excepcional maternidad hasta el Calvario.” “Pienso, meditó Francisco en cuántas veces ha guardado silencio y cuántas veces no ha dicho aquello que sentía para custodiar el misterio de la relación con su Hijo”, hasta el silencio más crudo, “al pie de la Cruz.” El Evangelio no nos dice nada: si ella dijo o no una palabra … Estaba en silencio, pero dentro de su corazón, ¡cuántas cosas diría al Señor! ‘Tú, aquel día – esto es lo que hemos leído – me has dicho que será grande; tú me has dicho que le habrías dado el Trono de David, su padre, que habría reinado por siempre ¡y ahora lo veo allí!’. ¡La Virgen era humana! Y quizás tenía ganas de decir: ‘¡Mentiras! ¡He sido engañada!’: Juan Pablo II decía esto, hablando de la Virgen en aquel momento. Pero Ella, con el silencio, ha cubierto el misterio que no comprendía y con este silencio ha dejado que este misterio pudiese crecer y florecer en la esperanza”.[1] El Papa Francisco ha sido ciertamente objeto de noticias, pues continuamente pronuncia confusas expresiones que dejan anodadados a los católicos de todo el mundo. El enunciado de arriba es ciertamente uno de los más desconcertantes.

El Papa Francisco, contendiendo que Nuestra Señora estaba probablemente confundida por el drama de la Crucifixión, promueve, de hecho, una concepción protestante de la Virgen María, que enfatiza su “humanidad” por encima de los exaltados dones singulares que recibió como Madre de Dios. Se haya él dado cuenta o no, esas expresiones del Papa Francisco son, en efecto, una deshonor a Nuestra Señora, y el primero que lo habría afirmado así es San Alfonso María de Ligorio.

Reina de los Mártires
En Las Glorias de María, uno de los más grandes tratados de nuestra Bendita Madre, San Alfonso explica que la comprensión que ella tuvo de las profesías del Viejo Testamento sobrepasaba la comprensión de los mismos profetas. Citando a santos y a maestros, San Alfonso escribe que la Virgen María, aun antes de ser Madre de Nuestro Señor, sabía “cuánto habría de sufrir el Verbo Encarnado por la salvación de los hombres”

San Alfonso explica que esta comprensión profunda del sufrimiento de Nuestro Señor fue uno de los grandes sufrimientos de su vida, pues cuando iba a dar a luz a Nuestro Señor, cuando amamantaba y calentaba al bebé Jesús en sus brazos, estaba consciente de la muerte que le esperaba, y esta espada atravesaba continuamente su Corazón Inmaculado.

San Alfonso enseña que Nuestra Señora fue la “Reina de los Mártires” como lo recitamos en la Letanía, pues su martirio fue más prolongado y mayor que el de todos los demás mártires. En pocas palabras, la Pasión y Crucifixión de Nuestro Señor no tomó a Nuestra Señora por sorpresa, como parece sugerir el Papa Francisco, ni malinterpretó las Escrituras pensando que el “reino” habría de ser un glorioso resurgimiento del Reino Davídico.

Una “Continuidad” de Confusión
Lo más triste de todo esto es que el Papa Francisco aluda a las palabras del Papa Juan Pablo II para sustentar su meditación. En este sentido Francisco no miente. En el nuevo Via Crucis, compuesto por Juan Pablo II, leemos lo siguiente en la cuarta Estación, “Jesús se Encuentra con su Madre Dolorosa.”  La meditación contiene una mirada al pasado, al momento de la Anunciación, y un relato de la profesía del Ángel con relación a Nuestro Señor “...y el Señor Dios le dará a Él el trono de su padre David, y Él reinará para siempre sobre la casa de Jacob, y su reino no tendrá fin.”

 La cuarte Estación de Juan Pablo II continúa así:  “María escuchó estas palabras. Con frecuencia volvía a ellas en el secreto de su corazón.  Cuando se encontró con su Hijo en el Camino de la Cruz, quizás volvieron estas palabras a su mente con una fuerza particular, “Él reinará, Su Reino no tendrá fin” que le había dicho el mensajero celestial. Ahora, al ver a su hijo condenado a muerte, llevando la cruz en que habrá que morir, pudiera preguntarse a sí misma, de manera demasiado humana. “Entonces ¿cómo pueden cumplirse estas palabras? ¿de qué manera reinará sobre la casa de David? Y ¿cómo puede ser que su reino no tendrá fin?” Hablando humanamente, éstas son todas preguntas razonables. Pero María recordaba que cuando primero oyó el mensaje del ángel, había respondido, “He aquí la esclava del Señor, Hágase en mí según su palabra” [2] Aquí también, el texto da la falsa impresión de que la Pasión y Crucifixión de Jesús había sido algo que tomó a Nuestra Señora por sorpresa. Como sí en el Camino de la Cruz hubiera quedado desconcertada de cómo “Su Reino no tendrá fin” podría concordar con la realidad que tenía ante sí, de la sangrienta Pasión, antes de que Él hubiera establecido su Reino.

En cierto sentido, esta meditación pone a la Reina de los Profetas al mismo nivel que los ciegos fariseos, que no tenían idea de lo que Nuestro Señor hablaba cuando Jesús les decía que estaba estableciendo Su Reino, que es la Nueva Alianza de su Santa Iglesia Católica, comprada con Su Preciosísima Sangre. El texto de Juan Pablo dice simplemente que ella hizo un acto de fe en algo que probablemente no entendía. Las palabras del Papa Francisco simplemente aducen que María tuvo la prudencia de “permanecer callada” sobre algo que ella no entendía.

Cuánto más satisfactoria y más católica no es la enseñanza de San Alfonso de Ligorio en la cual él incorpora las enseñanzas de santos sobre este tema: “ 'La Pasión de Jesus comenzó con su nacimiento.' dice San Bernardo. Ahora bien, de la misma manera como Jesús sufrió durante toda su vida, así también María, en todas las cosas como su Hijo, padeció su martirio durante su vida entera. Uno de los significados del nombre María, nos dice San Alberto Magno, es 'mar amargo'; de ahí el texto de Jeremías es aplicable a ella. Grande como el mar es tu destrucción [Lam 2:13]. Así como el mar es extraordinariamente amargo y salado, de igual forma fue la vida de María, siempre llena de amargura, pues el pensamiento de la Pasión de su Hijo estaba siempre presente en su mente” Trágicamente en su embrollada enseñanza sobre la Virgen María, los Papas Juan Pablo II y Francisco nos dicen más de su deficiente formación teológica que lo que nos dicen acerca de Nuestra Bendita Madre.

Al contrario de la irreverente afirmación de que “en su humanidad, Nuestra Señora pudo haber pensado para sus adentros “¡Mentiras! Fui engañada”, San Alfonso, junto con maestros santos y católicos, nos asegura que Nuestra Señora estaba completamente consciente del sufrimiento que Nuestro Señor habría de padecer. Ella no estaba confundida acerca del “reino” predicho por Nuestro Señor como lo estaban los ciegos fariseos. La Pasión no la tomó por sorpresa ni la hizo dudar en forma alguna.

“María es la Reina de los Mártires” dice San Alfonso, porque su martirio duró más tiempo [la vida entera de Jesús] y fue más severo que el de todos los demás mártires.” [3]

Notas

  1. El silencio dejó crecer el misterio en la esperanza” Vatican.va, Dic. 20 de 2012
  2. El Camino de la Cruz del Papa Juan Pablo II fue publicado en L'Osservatore Romano el 13 de mayo de 2000.
  3. Para las citas, ver The Glories of Mary (Las Glorias de María, de San Alfonso María Liguori, [Liguori Publications, 2000] edición de Aniversario 250 pp. 282-298.

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