lunes, 17 de marzo de 2014

La Fe en Europa. II

LA FE EN EUROPA

PARTE II
Paso ahora a la segunda parte de esta conferencia, en la cual trato de analizar las razones para el tan extraordinario colapso en la fe y la moral que he descrito.
CONCILIO VATICANO II
Si nos preguntáramos cuál es la causa del derrumbe de la fe y de la moral en todo el mundo en los últimos cincuenta años, yo argumentaría que no hay una causa única. Son muchas las causas. La vida se ha vuelto demasiado cómoda y segura. La televisión, el Internet, y la pornografía constituyen otra razón. La mentlidad científica, que afirma predominar sobre la fe es otra razón más. Y uno podría preparar un ensayo completo sobre cada una de estas razones. Pero en esta conferencia quisiera concentrarme en una causa que, más que cualquiera otra, ha´producido un colapso en la fe. Específicamente el Concilio Vaticano II.
{Nota: el siguiente párrafo fue agregado por el autor durante su presentación y luego añadido al texto]
La opinión que voy a estar exponiendo es, sin duda alguna, controversial, pues hay muchos que todavía creen que el Concilio fue algo bueno, y que estuvo bien abrir la Iglesia al mundo, no obstante la situación que he descrito en la parte primera. También hay muchos otros que creen que no podría haber habido nada malo en el Concilio, ya que creen que ese Concilio fue inspirado por el Espíritu Santo; yo trataré este asunto más adelante, Pudiera agregar que recuerdo bien cómo mi padre, que era un católico devoto, siguió creyendo por muchos años que algún bien habría de salir del Concilio, y a mí sólo me quedaba contestarle con la frase del Evangelio que dice que por sus frutos los conoceréis. La paradoja es, entonces, que el Concilio, que debía haber sido algo bueno, si fuera uno a juzgar por lo que ocurría en la mayoría de los concilios anteriores, resultó ser exactamente lo opuesto
El Concilio Vaticano II fue inaugurado el 11 de octubre de 1962. Recuerdo muy bien este acontecimiento. Creo que puedo decir que soy el último de la generación que recuerda cómo era la vida bajo el Papa Pío XII y antes del concilio. Comparo a Pio XII con el emperador romano Marco Aurelio, quien fue el último emperador romano que mantuvo intacto el imperio antes de que las hordas bárbaras del Este gradualmente lo hicieran resquebrajar. Marco Aurelio fue un gran emperador, pero cometió el error de no haber nombrado a alguien adecuado para sucederlo, y Pío XII cometió el mismo error. [Nota del autor: Se cree sobradamente que el Cardenal Siri era el candidato a sucesor favorecido por Pío XII, pero quizás Pío XII no había nombrado suficientes cardenales de calibre semejante. Por otro lado hay cierta evidencia que señala que tuvo lugar cierta irregularidad en el cónclave de 1958. Ciertamente fue una gran sorpresa que Juan XXIII hubiera sido electo, debido a su avanzada edad.] Aun cuando Pío XII fue papa durante 20 años, desde 1939 hasta 1959, sólo llevó a cabo dos consistorios para nombrar nuevos cardenales, uno en 1946 y el otro en 1953.
Examinemos ahora lo que tuvo lugar en el Segundo Concilio Vaticano. La cuestión crucial al inicio del Concilio era la conformación de las diez comisiones conciliares. La Curia Romana había preparado su lista de cardenales que apoyaban la enseñanza tradicional de la Iglesia. Mientras tanto, los obispos liberales de Alemania, Austria, Suiza, Bélgica, Holanda y Francia, y sus aliados de todo el mundo, preparaban su contra-lista de candidatos liberales. El que organizaba al grupo liberal era el Cardenal Frings, arzobispo de Colonia. Me habría gustado conocerlo, pero desafortunadamente no pude hacerlo, a pesar de que yo vivía a 5 minutos, caminando, de la Catedral de Colonia, que puede verse en el anuncio de la plática de esta noche. Pero él había sufrido un infarto y no estaba disponible. Sin embargo, sí conocí al liberal cardenal Belga, Suenens, en 1975 y me gustaría narrarles la conversación que tuve con él, a fin de darles una idea de su manera de pensar. Le dije: “Su Eminencia, estoy muy preocupado de que en el presente haya tan pocas vocaciones al sacerdocio.” Me miró y entendió exactamente lo que yo quería decir pues era un hombre muy inteligente, y me respondió: “Le voy a poner en contacto con una muy buena casa pentecostalista.” Yo también entendí exactamente lo que quería decir. No sólo no le preocupaba la falta de vocaciones sino que no quería que hubiera vocaciones.
Después del Concilio, todos los 11 obispos de Belgica cerraron sus seminarios y dejaron solamente una casa de estudios. Por muchos años el número de nuevos seminaristas ha sido menos de 10. En 2010 y 2011 hubo cinco nuevos candidatos aun cuando antes del Concilio había habido cientos de nuevos seminaristas cada año en Bélgica. De 1988 en adelante un considerable número de jóvenes que querían hacerse sacerdotes pasaron a Holanda para ser preparados allá, porque en Bélgica eran activamente disuadidos. El resultado es que en muy poco tiempo ya casi no van a quedar sacerdotes. Cuando llegué a la Universidad Católica de Lovaina en 1972, cada orden religiosa tenía su casa de estudios en la ciudad. Los jesuitas tenían dos casas y los franciscanos tres. En una ciudad de 60,000 habitantes uno tenía la opción, de entre más de cien misas, a cuál ir en domingo, y muchos sacerdotes decían misa en forma privada. Hoy en día quedan como diez misas en toda la ciudad.
Ahora bien, en el Concilio Vaticano, más del 50% de los candidatos elegidos para integrar las comisiones pertenecían al grupo liberal. Esto es algo que nunca antes había pasado en la historia de la Iglesia. En el Primer Concilio Vaticano en 1870, había habido un grupo que se oponía a la declaración de la infalibilidad papal, pero este grupo llegaba a sólo el 20% de los obispos. La dominancia de los obispos liberales en las comisiones del Concilio Vaticano II llevó a que se emitieran documentos llenos de ideas liberales y acarreó la ola de destrucción que siguió al Concilio, como voy ahora a demostrar.
El joven Padre Ratzinger había sido el asesor liberal del Cardenal Frings en el Concilio. Pero en una entrevista por radio en 1969 declaró que la Iglesia estaba pasando por una era semejante a la Revolución Francesa y que estaba luchando contra una fuerza que trataba de aniquilarla de manera definitiva. El 27 de junio de 1972, en el noveno aniversario de su coronación, el Papa Pablo VI declaró que el humo de Satanás había entrado en la Iglesia por alguna grieta.
Ahora bien, si uno desea destruir a la Iglesia Católica desde adentro, la primera y mejor manera de hacerlo es destruyendo el corazón de la Iglesia, o sea el Santo Sacrificio de la Misa, y eso es precisamente lo que tuvo lugar en el Segundo Concilio Vaticano. Veamos lo que pasó:
La tarea del Concilio era la de examinar los textos de las constituciones y decretos que habían sido preparados con antelación, enmendarlos y luego someterlos a voto. Estos textos o esquemas habían sido preparados durante un período de tres años y cinco meses anterior al Concilio. Se habían preparado 20 textos. En julio de 1962, siete de ellos se enviaron a los obispos de todo el mundo. Los 17 obispos de Holanda se reunieron en ‘s Hertogenbosch (incidentalmente en el edificio donde yo más tarde enseñé filsofía durante diez años) y decidieron que no les gustaban los primeros 4 textos: Pero les gustó el 5° sobre la lturgia y sugirieron que fuera el que se tratara en primer lugar en el Concilio
Luego pidieron al dominico belga, Padre Schillebeeckx, que escribiera un comentario sobre el texto. El Padre Schillebeeckx (nacido en 1914 y muerto en 2009) era el teólogo oficial de la jerarquía holandesa y profesor de teología en la Universidad Católica de Nymegen, donde yo enseñé filosofía durante cinco años. Recuerdo haber visto al P. Schillebeeckx viajando en bicicleta por las calles de la ciudad. El P Schillebeeckx cayó fuertemente bajo la influencia de la fenomenología, y notablemente bajo la influencia del ateo Heidegger, quien nació en 1889 y murió en 1976, probablemente el filósofo más grande del Siglo XX. Schillebeeckx había estudiado en París, donde conoció a representantes del movimiento de la Nueva Teología, que incluían a Marie-Dominique Chenu e Yves Congar. También estudió al teólogo protestante Karl Barth. Schillebeeckx fue muy influyente en el Concilio, pues redactaba discursos para el Cardenal Alfrink de Holanda, y ejerció una importante influencia en el Capítulo III de Lumen Gentium, sobre la colegialidad de los obispos, que restringe la autoridad del Papa. En el período post-conciliar apoyaba la abolición de la obligación del celibato para el clero. En 1974 publicó “Jesús, Un Experimento en Cristología”, en el cual de hecho negaba la resurrección como un hecho histórico. En obras posteriores defendía la idea de que la ordenación en el sacerdocio católico no se deriva de la sucesión apostólica.
Este P. Schillebeeckx, pues, fue quien propuso que los primeros cuatro textos que iba a examinar el Concilio fueran vueltos a redactarse por completo, y escribió un comentario anónimo apoyando el quinto, sobre la liturgia, que había sido preparado por un gran número de obispos alemanes, holandeses y austriacos El comentario del P. Schillebeeckx fue traducido al latín, al francés y al inglés y distribuido entre los Padres Conciliares conforme iban llegando a Roma. El resultado fue que el texto o esquema sobre la liturgia fue el primero que se trató en el Concilio.
La Constitución de la Sagrada Liturgia fue aprobada finalmente en la segunda sesión del Concilio. Veamos ahora lo que decía. No puedo citar el texto completo y por lo tanto he elegido algunos pasajes significativos.
§25 “. Revísense cuanto antes los libros litúrgicos, valiéndose de peritos y consultando a Obispos de diversas regiones del mundo.
§30 “.Para promover la participación activa [en la liturgia] se fomentarán las aclamaciones del pueblo, las respuestas, la salmodia, las antífonas, los cantos y también las acciones o gestos y posturas corporales.
§31 “En la revisión de los libros litúrgicos, téngase muy en cuenta que en las rúbricas esté prevista también la participación de los fieles.
§33 menciona que el sacerdote “preside la asamblea”
§34 En esta modificación de la liturgia “Los ritos deben resplandecer con noble sencillez; deben ser breves, claros, evitando las repeticiones inútiles, adaptados a la capacidad de los fieles y, en general, no deben tener necesidad de muchas explicaciones.”
§ (1) “..debe haber lectura de la Sagrada Escritura, más abundante, más variada y más apropiada. ”
(2) El carácter del sermón “es una proclamación de las maravillas obradas por Dios en la historia de la salvación...”, lo cual yo parafrasearía diciendo que esto significa que no debe haber sermones sobre el pecado o el infierno.
§35 (4) “Foméntense las celebraciones sagradas de la palabra de Dios en las vísperas de las fiestas más solemnes, en algunas ferias de Adviento y Cuaresma y los domingos y días festivos, sobre todo en los lugares donde no haya sacerdotes, en cuyo caso debe dirigir la celebración un diácono u otro delegado por el Obispo.”
§36 “Ya que el uso de la lengua materna, sea en la misa, en la administración de los sacramentos, u ptras partes de la liturgia pueden frecuentemente ser de gran ventaja para el pueblo, los límites de su empleo pueden extenderse... Queda a la autoridad eclesiástica territorial ... decidir si y en qué medida ha de usarse la lengua vernácula...”
§37 “ La Iglesia no pretende imponer una rígida uniformidad.... ni siquiera en la Liturgia: por el contrario, respeta y promueve el genio y las cualidades peculiares de las distintas razas y pueblos. Estudia con simpatía y, si puede, conserva integro lo que en las costumbres de los pueblos encuentra que no esté indisolublemente vinculado a supersticiones y errores, y aun a veces lo acepta en la misma Liturgia, con tal que se pueda armonizar con el verdadero y auténtico espíritu litúrgico."
§ 38 “Al revisar los libros litúrgicos.... se admitirán variaciones y adaptaciones legítimas a los diversos grupos, regiones, pueblos, especialmente en las misiones...”
§ 40 “Sin embargo, en ciertos lugares y circunstancias, urge una adaptación más profunda de la Liturgia...La competente autoridad eclesiástica territorial, ... considerará con solicitud y prudencia los elementos que se pueden tomar de las tradiciones y genio de cada pueblo para incorporarlos al culto divino....”
§50 “... suprímanse aquellas cosas menos útiles [de la misa] que, con el correr del tiempo, se han duplicado o añadido..”
§ 53 “Restablézcase la «oración común» o de los fieles ..... principalmente los domingos y fiestas de precepto, para que con la participación del pueblo se hagan súplicas por la santa Iglesia, por los gobernantes, por los que sufren cualquier necesidad, por todos los hombres y por la salvación del mundo entero.”
§ 57 “el Concilio decidió ampliar la facultad de concelebrar...”
§ 58 “ Elabórese el nuevo rito de la concelebración ...”
Me gustaría agregar que el 7 de noviembre de 1962, el Papa Juan XXIII también dijo un discurso en el cual se declaró favorable al uso del lenguaje vernáculo en la misa. Entre otras cosas dijo: “La vida cristiana no es una colección de costumbres antiguas.”
Con base en los textos que he citado no es de sorprenderse que tuvieran lugar experimentos en la liturgia, ya que fueron autorizados expresamente por el Segundo Concilio Vaticano. Recuerdo haber visto en el periódico, alrededor de 1966, una foto de un sacerdote jesuita en Holanda, que decidió decir misa sin vestiduras en un escritorio de oficina. Todos los experimentos y adaptaciones que han tenido lugar y siguen teniendo lugar en la misa moderna tienen un fundamento firme en los documentos del Segundo Concilio Vaticano.
Debemos tener presente que la misa moderna promulgada por el Papa Pablo VI en 1969 simplemente es la puesta en práctica de las instrucciones trazadas por el Segundo Concilio Vaticano. También es importante saber que esta misa moderna es idéntica al servicio de comunión anglicano, palabra por palabra, excepto por las palabras de la consagración. En otras palabras el Concilio Vaticano estableció normas que hacían posible redactar una misa ecuménica que pudiera ser dicha por un ministro protestante con excepción de las palabras de la consagración. Esta misa moderna se dice de frente al pueblo y está expuesta a una larga serie de abusos. Cuando menos, es una dilución de la misa tradicional, y la esencia de la misa, específicamente el Sacrificio, ha sido atenuada por completo. En el mejor de los casos, la misa moderna es una pálida sombra de la misa tradicional y no proporciona el mismo grado de gracias que tan seriamente necesitan los católicos en el mundo moderno. [Nota del Autor: Algunos de los cambios están planteados meramente de manera implícita. Por ejemplo, el Concilio no prescribió que el latín fuera abolido en todo el mundo. Pero prescribió que se introdujera la “oración de los fieles”, que difícilmente puede decirse en latín y por consiguiente llevó inevitablemente a la abolición del uso del latín].
Quisiera agregar como nota personal lo siguiente: Siendo aún quinceañero, recuerdo haber pensado, cuando se publicó la Consitución sobre la Liturgia, que en vez de hacernos oir misa en la lengua vernácula habría sido mejor elevar los estándares educativos a manera de que todos pudieran seguir la misa en latín. No hay nada utópico en eso, ya que hasta hace no más de 200 años, la gente común de Irlanda tenía bastante buen dominio del latín.
Cuando se planteó la propuesta en el Concilio de que a la gente se le debería dar la libertad de asistir a Misa en un día distinto del domingo, recuerdo haber pensado que hubiera sido bueno el obligar a la gente a oir misa en domingo y además en algún otro día de la semana que cada quien eligiera, a fin de contrarrestar la influencia del mundo moderno. Pero todas las propuestas hechas en el Concilio condujeron a una reducción en los estándares.
Debemos estar muy agradecidos con el Papa Benedicto XVI por haber restablecido el honor a la Misa Tridentina. Sin embargom necesita señalarse que la forma en que hizo esto revela una inversión en la correcta escala de valores. A la Misa Tridentina en el Motu Proprio se le refiere como la forma extraordinaria de la liturgia y a la misa de Pablo XVI se le refiere como la forma ordinaria. En realidad es a la Misa Tridentina a la que se le debiera referirir como la forma ordinaria pues es la antiquísima forma de la misa, que contiene partes que vienen desde los inicios de la Iglesia.
Con el motu proprio nos hallamos, consecuentemente, muy lejos de la restauración de la Misa Tridentina. La razón es que cualquier restauración que se hiciera de la Misa Tridentina, la misa tradicional de la Iglesia, implicaría un rechazo del Segundo Concilio Vaticano, y de hecho, al presente, todos los católicos tradicionales rechazan el Concilio Vaticano Segundo, pues rechazan las normas trazadas por el Concilio.
Surge, pues, la pregunta de si los católicos deben rechazar el Concilio Vaticano Segundo. Esta es una cuestión de la que los tradicionalistas rehuyen; erróneamente en mi opinión. La primera respuesta a esta pregunta consiste en señalar que el Concilio Vaticano II no fue un concilio dogmático.
En su discurso inaugural el 11 de octubre de 1962, el Papa Juan XXIII declaró claramente que el Concilio habría de ser de carácter pastoral, con la intención de utilizar nuevos métodos para propagar la fe católica. Por consiguiente, nada hay obligatorio en los documentos del Concilio.
Como ya vimos, el Concilio fue copado por los obispos liberales y sus documentos han sido calificados, correctamente, como bombas de tiempo, las cuales explotaron tan pronto como el Concilio terminó.
En segundo lugar está la pregunta de si el Espíritu Santo guió al Concilio Vaticano II. El 25 de noviembre de 1962, en su cumpleaños número 81, el Papa Juan XXIII les dirigió unas palabras a los estudiantes del Colegio Propaganda Fide en Roma y les dijo que él estaba convencido de que Dios estaba guiando al Concilio. Eso, por supuesto, implica que él no consideraba que fuera un dogma el que el Espíritu Santo estuviera de hecho guiando al Concilio. My reflexión personal es que, despues de todo, el Espíritu Santo es santo, y por consiguiente sólo está presente cuando lo que busca un concilio es la santidad. Pero el objetivo declarado de este concilio no fue la santidad sino el aggiornamento, palabra italiana que significa modernización; o sea alinear a la Iglesia con el mundo moderno, que no es lo mismo que buscar la santidad. No puede ser el caso de que, documentos llenos de ideas liberales pudieran ser obligatorios para los católicos.
El Papa Benedicto XVI estaba profundamente consciente del problema de armonizar el Concilio Vaticano II con lo que enseñaba la Iglesia antes del Concilio. Como cardenal, admitió que Gaudium et Spes, la Constitución Pastoral de la Iglesia en el Mundo Moderno, fue un anti-syllabus, que significa que fue una contradicción directa con el Syllabus de Errores que publicó el Papa Pio IX en 1864. Yo argumentaría que es una postura peligrosa para los católicos el decir que aceptan el Concilio Vaticano II con excepción de esos pasajes que contradicen la enseñanza católica tradicional. Hay tantos pasajes que contradicen la enseñanza católica tradicional que yo arguiría que es de la mayor importancia rechazar por completo el Concilio Vaticano II y considerarlo igual como pasó con el Segundo Concilio de Éfeso, del año 449, que posteriormente fue repudiado por el Concilio de Calcedonia en el año 451. [Nota del editor: El autor corrigió posteriormente esta afirmación, reconociendo que una mejor analogía sería utilizando el Segundo Concilio de Constantinopla, que fue un concilio ecuménido válido, pero que fue tan perjudicial para la vida de la Iglesia que finalmente fue desdeñado y olvidado.] Los católicos en general están ignorantes de lo que realmente dijo el Segundo Concilio Vaticano. Necesitan conocer lo que dijo el Concilio y lo que está mal en él y por qué es incompatible con la fe y ésta es una tarea importante de educación.
Hemos examinado brevemente cómo el Segundo Concilio Vaticano trazó normas para diluir la parte más importante de la vda católica. En esta ponencia, me limitaré a sólo otro más, pero vital, vicio del Concilio Vaticano II, específicamente su clara implicación de que no es necesario ser católico para alcanzar la salvación. Examinemos, pues, el Decreto sobre Ecumenismo. Cito:
§3 ”...por causa de las varias discrepancias existentes entre ellos [refiriénddose a otros cristianos] y la Iglesia católica... se interponen a la plena comunión eclesiástica no pocos obstáculos, a veces muy graves, que el movimiento ecumenista trata de superar”....”Es más: de entre el conjunto de elementos o bienes con que la Iglesia se edifica y vive, algunos, o mejor, muchísimos y muy importantes pueden encontrarse fuera del recinto visible de la Iglesia católica:”....”Los hermanos separados practican no pocos actos de culto de la religión cristiana, los cuales...son aptos para dejar abierto el acceso a la comunión de la salvación.“ “[estas] Iglesias y comunidades separadas... no están desprovistas de sentido y de valor en el misterio de la salvación, porque el Espíritu de Cristo [lo que sea que eso signifique] no ha rehusado servirse de ellas como medios de salvación..“
§4 “Por 'movimiento ecuménico' se entiende el conjunto de actividades y de empresas que...se suscitan y se ordenan a favorecer la unidad de los cristianos.” ...”Tales son... 'el diálogo' entablado entre peritos y técnicos en reuniones de cristianos de las diversas Iglesias o comunidades....Por medio de este diálogo, todos adquieren un conocimiento más auténtico y un aprecio más justo de la doctrina y de la vida de cada comunión”... y...participan en la oración unánime.” ”...para que poco a poco por esta vía, superados todos los obstáculos que impiden la perfecta comunión eclesiástica, todos los cristianos se congreguen en una única celebración de la Eucaristía, en orden a la unidad de la una y única Iglesia”...
§8 “En ciertas circunstancias especiales, como sucede cuando se ordenan oraciones "por la unidad", y en las asambleas ecumenistas es lícito, más aún, es de desear que los católicos se unan en la oración con los hermanos separados.”.. “Sin embargo, no es lícito considerar la comunicación en las funciones sagradas como medio que indiscriminadamente pueda usarse para restablecer la unidad de los cristianos. Esta comunicación depende, sobre todo, de dos principios: de la significación de la unidad de la Iglesia y de la participación en los medios de la gracia.”
Lo primero que uno observa acerca del decreto sobre el ecumenismo es que las diversas denominaciones han de mantener un diálogo sobre una base de igualdad. Ya no aparece la cuestión de la conversión. Esa no fue ciertamente la actitud de Cristo ante ls fariseos. Él no dialogó con ellos, sino que los llamó raza de víboras. San Pablo no se puso a establecer un diálogo ecuménico a fin de adquirir una mejor comprensión de los judíos en Grecia y en el Asia Menor.
El resultado de 50 años de ecumenismo no ha sido la utópica irrealidad propuesta por el Concilio; el resultado del diálogo ecuménico ha sido que muchos católicos han perdido la fe. Recuerdo a un muchacho en mi clase de la escuela que decidió hacerse protestante. También recuerdo muy bien en 1966 cuando mis padres decidieron que debían asistir a una reunión ecuménica al aire libre, en gran medida contra sus deseos, pero porque eso se había decidido en el Concilio Vaticano II. Llovía fuertemente y estuvimos parados afuera con nuestros paraguas y rezamos un Padre Nuestro con los protestantes. También nos dieron sermones un sacerdote católico y un ministro protestante, y al terminar, mi hermana comentó que el del ministro protestante había sido mucho mejor sermón que el del sacerdote católico.
Yo menciono estas anécdotas sólo para dar una idea de la atmósfera enteramente cambiada que surgió después del Concilio. Pero el punto realmente importante, la revolución, consiste en el hecho de que el Segundo Concilio Vaticano declara abiertamente que uno puede permanecer fuera de la Iglesia Católica y aun asi alcanzar la salvación. El Cardenal Ratzinger escribió en varios de sus libros que era innecesario para los judíos convertirse a la Iglesia Católica para lograr su salvación. Juan Pablo II besó el Korán, que niega que Dios tenga un hijo y niega que Cristo haya muerto en la Cruz. El Papa Benedicto participó en un servicio judío en la sinagoga de Colonia y también oró viendo en dirección a la Meca, con un clérigo musulmán, en la mesquita azul de Istambul. El 27 de octubre de 1986 Juan Pablo II oró con más de 100 representantes de diferentes religiones en Asís. Éstos son los frutos del Segundo Concilio Vaticano, que declaró, en contradicción con todas las enseñanzas anteriores de la Iglesia, que la salvación puede alcanzarse fuera de la Iglesia Católica no sólo en casos de excepción, sino como regla general. Esto es una blasfemia y la mayor de todas las herejías, pues significa que fue totalmente innecesario que Cristo muriera en la Cruz.
Este punto lo entendía bien el teólogo jesuita alemán Karl Rahner, quien inventó una teoría para resolver el problema. Tuve la fortuna de ver a Karl Rahner en1971 en el University College de Dublín, donde yo estudiaba. Él entendía el inglés, pero sólo hablaba en alemán; hasta donde yo podía ver, se consideraba a sí mismo enormemente importante. Tenía un secretario jesuita que tradujo su conferenca al inglés. Después de su conferencia contestó preguntas y yo recuerdo que una monja le hizo una pregunta a la que respondió en alemán: “Le escribí al Papa una carta en latín acerca de esa pregunta la semena pasada”
Karl Rahner nació en Friburgo en Breisgau, en Alemania, en 1904 y murió en Innsbruck, Austria, en 1984. Su doctorado fue rechazado porque se puso demasiado bajo la influencia de Heidegger, quien por un tiempo había sido jesuita, hasta que abandonó la Iglesia Católica. Rahner solía hablar de Heidegger como maestro suyo y Heidegger en su vejez solía visitar regularmente a Rahner en Friburgo. Antes del Segundo Concilio Vaticano Rahner trabajó con Yves Congar, Henri de Lubac y Marie-Dominique Chenu, quienes estaban asociados con el movimiento de la Nueva Teología, partes de la cual habían sido condenadas por el Papa Pío XII en su encíclica Humani Generis. En 1962 fue informado Rahner por sus superiores que se hallaba bajo pre-censura porque sus puntos de vista no eran ortodoxos. Rahner, como Schillebeeckx, negaba que la Resurrección haya sido un hecho histórico en tiempo y lugar, como la muerte de Jesús. Rahner también rechazaba el concepto de la transsubstanciación en la Sagrada Eucaristía y propuso reemplazarlo con el de “transfinalización”, teoría que fue luego condenada por el Papa Pablo VI en su encíclica Misterium Fidei de 1965. Sin embargo, en 1962, el Papa Juan XXIII había decidido nombrar a Rahner como experto en el Segundo Concilio Vaticano. Rahner fue uno de los siete teólogos que colaboraron en Lumen Gentium, la Constitución Dogmatica de la Iglesia.
La receptividad del Concilio hacia otras tradiciones religiosas puede relacionarse con las nociones de Rahner de renovación de la Iglesia, la revelación salvífica universal de Dios y su deseo de apoyar y alentar el movimiento ecuménico. Rahner no creía que pudiera haber cosa tal como un ser humano sin gracia. Para él la gracia es un elemento constitutivo de la existencia humana. Rahner es famoso por su teoría de un cristianismo anónimo, que es la teoría de que la gente que nunca ha oído hablar del evangelio puede salvarse por Cristo. Hasta sostenía que los Cristianos pueden aprender de otras religiones y del humanismo ateo porque la gracia de Dios opera en ellos. La presencia de Cristo en otras religiones opera en y a través de su espíritu. Rahner y Hans Urs von Balthasar también sostenían la opinión de que el infierno está vacío. Ahora es gracias a su teoría del cristianismo anónimo que Rahner podía mantener que hizo sentido para Cristo el morir en la Cruz, ya que Cristo ganó la gracia para que todos se salvaran, ya que todos poseen esta gracia, hasta gente que jamás ha oído de Cristo o que lo rechaza, y consecuentemente uno puede salvarse fuera de la Iglesia sin dificultad alguna y sin necesidad de conversión.
Uno podría hacerse la pregunta de por qué el Papa Juan XXIII habrá invitado a teólogos bien conocidos por su heteroodoxia a participar como expertos en el Concilio Vaticano II. Es cláro que tan atrás como 1925, el papa Pío XI consideró deseable el remover al Padre Roncalli de Roma. Las razones precisas no están claras, pero fue enviado como visitador y luego como delegado apostólico a Bulgaria donde se pensaba que no podría hacer daño. En 1935 fue nombrado delegado apostólico a Turquía y Grecia, otra vez países que casi no tienen católicos. Su gran promoción vino cuando el Papa Pío XII lo designó al elevado cargo diplomático de nuncio en París. Juan XXIII sin duda sufría de un ingenuo optimismo. En la sesión de apertura del Concilio dió un discurso en el que dijo:
Consideramos que debemos disociarnos enteramente de los profetas de calamidades, que continuamente predicen lo peor... en la prerspectiva de ellos, la sociedad contemporánea es nada más que ruina y calamidades, y comparada con los siglos pasados nuestra era muestra nada más que deterioro...”
En relación con los errores del mundo moderno anunció que él consideraba más oportuno aplicar misericordia más que rigor, y que la Iglesia debería mostrar la fuerza de su doctrina más que condenar los errores. En este aspecto fue en contra de la tradición de la Iglesia que desde sus principios había siempre condenado las herejías y excomulgado a aquéllos que las profesaban,
Sin embargo, el optimismo ingenuo de Juan XXIII era típico de su tiempo. Este optimismo comenzó con la Revolución Industrial en el Siglo 18, cuando el progreso material y científico llevó a gente no pensante a olvidar que el progreso material no conduce al progreso moral. El optimismo de la era se refleja mejor en la filosofía del Alemán Hegel (que nació en 1769 y murió en 1831), el más grande filósofo del siglo 19, quien creía que la marcha de la historia es la marcha de la humanidad hacia Dios. Se refleja en la filosofía de Augusto Comte (que nació en 1798 y murió en 1857) quien creía que la tercera y última era, la era positivista o científica en la historia humana, comenzaba en sus tiempos. Se refleja en la filosofía utópica de Karl Marx (que nació en 1818 y murió en 1883) quien también creía que la era final en la historia habría llegado cuando el capitalismo fuera finalmente derrotado y todos viviéramos en un paraíso comunista. Está reflejado en la ingenua filosofía de Teilhard de Chardin (que nació en 1881 y murió en 1955) quien negaba el pecado original y creía que la humanidad estaba evolucionando hacia Dios, a quien llamaba el punto omega. Esta es la era cuando el Presidente Kennedy anunció “Vamos a la luna”.
Hoy en día es difícil transmitir el optimismo extraordinario de los 60's.  Mucha gente creía que el Concilio Vaticano daría entrada a una nueva era del Espíritu Santo, cuando ya no se hablaría más del pecado, sino solamente del amor. No había nada nuevo en este optimismo ingenuo. En los primeros años del Siglo 13, Amalrico de Bena ya enseñaba en la Universidad de París que quien permaneciera en el amor de Dios no podría cometer pecado alguno, y sus seguidores enseñaban que él había sido el fundador de la nueva era del Espíritu Santo, que no hay infierno y que todos, tarde o temprano, iríamos al cielo,
Juan XXIII parece haber sufrido de este ingenuo optimismo. Creía, como Sócates, que saber lo que es correcto es hacer lo que es correcto. Unos cuantos días antes de la clausura de la primera sesión del Concilio Vaticano II, el teólogo suizo Hans Küng (nacido en 1928) fue invitado a hablar en Pánel de Prensa de los Obispos de los EUA. En su discurso, mencionó que, cuando en privado se la preguntó a Juan XXIII por qué había convocado un concilio, se había acercado a la ventana, la había abbierto y había dicho: “Dejemos que entre un poco de aire fresco en la Iglesia .”
Como varios otros seguidores de la Nueva Teología, Hans Küng fue llamado personalmente por Juan XXIII para actuar como experto en el Concilio Vaticano II. Fue esta acción lo que lanzó al Teólogo Suizo a los grandes vientos de la publicidad mundial. Luego de ser elegido, Hans Küng se habría de convertir en una de las grandes, si no es que la más grande, estrella del pensamiento conciliar. Fue este voto de confianza de Juan XXIII lo que impulsó hacia adelante la carrera teológica de Küng en la Universidad de Tübingen. Así pues, la fama de Küng se debe en gran parte a Juan XXIII. Küng escribió su tesis doctoral acerca del teólogo protestante suizo Karl Barth. Küng fue el primer teólogo católico del siglo veinte que negara la infalibilidad del papa, y como resultado se le quitó el derecho de enseñar teoología católica. En 1988, publicó un libro intitulado Morir con Dignidad, en el cual él trata de justificar la eutanasia. No obstante eso, Küng nunca ha sido excomulgado y el 26 de septiembre de 2005, el Papa Benedicto lo invitó a una plática cordial en el Vaticano. Esto no es para sorprenderse, pues había sido a instancias de Küng que Joseph Ratzinger fue también nombrado profesor de teología dogmática en la Universidad de Tübingen.
La repercusión inmediata del Concilio Vaticano II fue que muchos sacerdotes optaron por no vestir ropa que los distinguiera como tales, contraviniendo así el canon 669 §1 del Código de Derecho Canónico. Muy pronto, gran número de ellos olvidaron sus votos de celibato. El concilio había dicho que la Iglesia necesitaba ser modernizada y adaptarse al mundo moderno, que la Misa necesitaba urgentemente ser modernizada y que la salvación podía encontrarse fuera de la Iglesia Católica. Muy pronto la gente sacó sus propias conclusiones, específicamente que la enseñanza moral de la Iglesia había dejado de ser tan estricta com lo había sido antes. El número de personas que iba a confesarse y a misa los domingos comenzó a caer.
El gran cambio vino en 1968. Hasta entonces la Iglesia había enseñado que el acto sexual fuera del matrimonio era un pecado mortal, y la gran mayoría de los católicos jóvenes habían tratado seriamente de mantenerse castos antes del matrimonio. Pero en 1968 esta actitud cambió por completo. La rebelión contra la autoridad que se propagó por todas las universidades de Europa en ese año no fue tanto una rebelión contra la autoridad como una revolución sexual. De esa época comenzó a aceptarse ampliamente que la actividad sexual extramarital era algo natural y hasta deseable. En esa época se llamaba sexo premarital, pero desde entonces sólo algunas veces conduce al matrimonio y se ha convertido muy frecuentamente en el rechazo del matrimonio y la aceptación de la cohabitación. Era considerado irrealista que la gente joven no practicara el sexo, y la Iglesia tuvo culpa en esto, pues la Iglesia abolió la abstinencia de carne en viernes, el ayuno antes de la Santa Comunión, el ayuno durante la Cuaresma y todo el concepto de penitencia y de tomar la Cruz; todo esto en el nombre del Segundo Concilio Vaticano. La abolición de la penitencia y de la disciplina trajo también, sin duda, las dificultades que muchos sacerdotes experimentaron de mantener sus votos de celibato.
Yo creo que uno podría describir con exactitud el colapso de la obediencia al sexto mandamiento en 1968 como algo comparable con la caída del Muro de Berlín en 1989. Una vez que el sexto mandamiento ya dejó de ser considerado obligatorio bajo pena de pecado mortal, todo el edificio moral de la Iglesia gradualmente se fue colapsando. Una vez que el auto-control necesario para observar el sexto mandamiento se ha perdido, la vida de gracia se pierde, y toda la capacidad de vivir una vida de amor a Dios y al prójimo se pierde con ella. Citaré tan sólo dos de los numerosos pasajes en las epísolas de San Pablo:
1 Cor. 6:9: No os engañéis: Ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se acuestan con varones entrarán al Reino de Dios.
Efesios 5:5: Pues de esto podeis estar seguros: Ninguna persona inmoral, impura o avariciosa – tal persona es un idólatra – habrá de heredar el reino de Cristo y de Dios.
Creo que podría decirse que la abolición práctica del sexto mandamiento ha llevado a la destrucción de la familia en Europa, como en todos lados, y ha conducido al colapso de la fe. Pero el Segundo Concilio Vaticano es enteramente responsable de esta situación. Si se me pidiera que resumiera el Segundo Concilio Vaticano en sólo una oración, creo que diría que fue un intento de quitar la Cruz al cristianismo; en otras palabras, quitar la misma esencia del cristianismo; un intento de producir una cómoda forma moderna de cristianismo: no el cristianismo de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, sino un cristianismo con la Resurrección pero sin la Pasión y Muerte en la Cruz.
Otro aspecto de la misma realidad fue ocasionado por el filósofo francés Jacques Maritain (nacido en 1882 y muerto en 1973). Maritain nació en una familia liberal protestante. Estudió en la Sorbona de París, donde conoció a su futura esposa Raissa, una judía rusa. Tenían tal pesimismo de la vida que en 1901 hcieron el voto de suicidarse juntos si no fueran capaces de encontrar un significado a la vida en el lapso de un año. Sin embargo en menos de un año hallaron el sentido de la vida asistiendo a las conferencias del gran filósofo judío francés Henri Bergson (nacido en 1859 y muerto en 1941).
Ahora bien, Bergson tiene una teoría que habría de hacer un gran impacto en Maritain. Él cree que hay dos tipos de religión, que los llama religión estática y religión dinámica. Religión estática es lo que él considera ser la religión primitiva. En la religión primitiva hay un dios que prohibe ciertos actos y que castiga a aquéllos que desobedecen. Se inventa la vida después de la muerte para permitir al dios primitivo castigar a aquéllos que desobedecen. El dios primitivo está también ahí para que el hombre pueda rezarle pidiéndole ayuda para sus necesidades
La esencia de la religión dinámica, en cambio, es el misticismo. El misticismo no es sólo un movimiento hacia la vida de Dios, sino un movimiento por el cual la vida divina se le comunica a la humanidad, como es el caso del misticismo de los grandes místicos cristianos. Dios es amor y el objeto del amor y desea la transformación del hombre por el amor. En 1907 Maritain descubrió los escritos de Santo Tomás de Aquino y llegó a convertirse en uno de los principales tomistas del siglo 20. Pero nunca perdió la actitud hacia le religión que había aprendido de Bergson. Tuvo una carrera muy distinguida. De 1945 a 1948 fue el embajador francés a la Santa Sede y luego enseño en Princeton. Él defendía los derechos naturales, tal como los sostuvieron el filósofo inglés Locke, la Declaración de Independencia de los Estados Unidos y la Revolución Francesa. Él es el autor de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas de 1948.
Maritain fue un pensador liberal que favorecía un estado democrático pluralista, y apoyó a los comunistas en la guerra civil española de 1936-1939. Él argumentaba que la autoridad viene del pueblo, no de Dios, en contra de las palabras que dijo Cristo a Poncio Pilatos. En 1936 Maritain publicó un libro intitulado Humanismo Integral en el cual abogaba por una democracia liberal y se oponía a la idea de que cualquier religión tuviera una posición privilegiada en la sociedad. También propone una teoría naturalista de lo que es bueno y lo que es malo, o sea, una teoría que omite a Dios. Durante los años cincuenta del siglo pasado el pensamiento de Maritain estuvo cerca de ser condenado por su naturalismo, pero evitó el ser condenado gracias al apoyo de su antiguo amigo Giovanni Battista Montini, el futuro Papa Pablo VI, que en ese entonces era secretario sustituto de Estado. Mientras Maritain fue embajador en el Vaticano, solía ver a Montini dos veces a la semana en promedio, y con frecuencia cenaban juntos.
En el segundo consistorio que tuvo en 1953, el Papa Pio XII se rehusó a hacer cardenal a Montini, ya que había sido la cabeza no oficial de la facción católica liberal bajo Mussolini y había basado sus ideas en el humanismo integralde Maritain. Irónicamente, aunque Montini era un liberal moderado, si Pío XII lo hubiera hecho cardenal, el Concilio Vaticano II probablemente nunca hubiera tenido lugar. Pero después de que se hubo hecho papa, Pablo VI dedicó a Maritain su “Mensaje a los Hombres del Pensamiento y de la Ciencia” presentado el 8 de diciembre de 1965, en la clausura del Concilio Ecuménico Vaticano II. También lo abrazó públicamente en la Plaza de San Pedro. Él declaró abiertamente “Soy un discípulo de Maritain. Lo llamo mi maestro”. En su encíclica Populorum Progresso (1967) Pablo VI defendió el “humanismo verdadero” y citó a Maritain como su fuente. El 30 de junio de 1968 el Papa Pablo VI leyó su solemne profesión del “Credo del Pueblo de Dios” en la Plaza de San Pedro en Roma. Pablo VI sólo hizo cambios mínimos al borrador preparado por Maritain.
Este es el antecedente de la revolución que ha ocurrido en la presentación de la fe católica desde el Concilio Vaticano II. Hasta entonces, se entendía perfectamente que Dios premia el bien y castiga a los malos, como se declara claramente en el Nuevo Testamento. Debemos, por lo tanto, temer el castigo de Dios. “El temor de Dios es el el comienzo de la sabiduría”, como lo dice el Salmo 111, verso 10, y el mismo verso se halla en el Libro de la Sabiduría 9:10. San Agustín había dicho claramente que una de las razones por las que debe haber vida después de la muerte es para que Dios pueda premiar el bien y castigar el mal, y esta opinión había sido adoptada hasta por el gran filósofo alemán, no-cristiano, Immanuel Kant. Sin embargo desde el Segundo Concilio Vaticano fue propagada la opinión de Bergson, de que no debemos considerar a Dios como un Dios castigador, y debemo sólo hablar de amor. Arriba cité el párrafo 35 de la Constitucuón sobre la Liturgia Sagrada que dice que el sermón de la misa "debe ser uno de proclamación de las maravillosas obras de Dios en la Historia de la Salvación...”
Este nuevo enfoque para proclamar el evangelio está basado en una nueva visión del hombre ques es enteramente falsa; específicamente la del filósofo francés Juan Jacobo Rousseau (nacido en 1712 y muerto en 1778), quien inspiró el comunismo moderno. Rousseau avanzó la idea de que la naturaleza humana es esencialmente buena, y que sólo fue la introducción de la propiedad privada lo que causó que se hiciera mala. Pero Aristóteles señaló en el capítulo final de su Etica a Nicómaco, o sea la final de diez libros sobre ética, que los tratados de ética están bien y son buenos para unos pocos jóvenes de mente noble, pero que la gran mayoría de la humanidad necesita leyes respaldadas por sanciones, precisamente porque la naturaleza humana no es naturalmente buena. De hecho una ley sin sanción de plano no es ley. Pero precisamente es esta visión del hombre, de que tiene una naturaleza caída y la necesidad de leyes respaldadas por sanciones, lo que está negado implícitamente por el Concilio Vaticano II.
Trataré de resumir diciendo que el deterioro de la fe en Europa y la destrucción de la moral que ha venido con ello durante los últimos cincuenta años tiene muchas causas, como lo mencioné arriba. De hecho, jamás ha sido fácil ser católico, y las fuerzas de oposición al catolicismo en la sociedad de hoy son mayores que nunca. A menos de que estemos bien preparados, por medio de una buena educación como la que se proporciona en el Fisher More College, encontraremos que es dificil de sobrevivir. Pero la mayor dificultad con que nos topamos es la oposición dentro de la misma iglesia. Hasta el Concilio Vaticano II, el enemigo se encontraba principalmente fuera de la Iglesia, no adentro. Ahora el enemigo está bien establecido dentro de la Iglesia y podría resumir este enemigo como la tentación de quitar a la Cruz del cristianismo. “A menos de que el hombre tome su cruz y me siga, no puede ser mi discípulo” dice Cristo. Y por lo tanto debemos decir con Cristo en el Jardín de Getsemaní: “Si este cáliz no puede pasar, entonces beberé de él”, y “no se haga mi voluntad sino la vuestra”

Dr. John Dudley
Profesor of Filosofía y de los Clásicos
The College of SS. Thomas More and John Fisher
Conferencia pública presentada el 4 de abril de 2013, ligeramente modificada.

El autor acepta comentarios de todo tipo, enviados a: john.dudley@fishermore.edu

domingo, 9 de marzo de 2014

La Fe en Europa. I

LA FE EN EUROPA

Conferencia dictada por el Dr. John Dudley el 4 de abril de 2013 en el Fisher More College de Fort Worth, Texas.

Fuente: http://angelqueen.org/2014/03/05/the-talk/

Traducido al español por Roberto Hope


El tema de esta noche daría material para un libro entero, pero en el tiempo que dispongo sólo puedo dar un bosquejo de algunas de las características más sorprendentes del estado actual de la fe en Europa. Me pareció mejor pintar primero un cuadro general de la situación y luego tratar de hacer un análisis de las causas de esta situación.


PARTE I
CREENCIA EN DIOS
Al hablar de la fe en Europa, la primera pregunta que debemos hacernos es probablemente ¿cuántos europeos creen que hay un Dios? La encuesta Eurobarometer del 2010, llevada a cabo por la Unión Europea, mostró que el 51% de los europeos creen que hay un Dios. Otro 26% creen que existe un espíritu o fuerza de vida, y el 20% creen que no hay un Dios ni clase alguna de espíritu o fuerza de vida. En la República Checa sólo el 16% de la población cree que hay un Dios, en Estonia el 18%, en Inglaterra el 37%. Es de notar que de los diez países donde más del 50% de la población cree en Dios, todos son países predominantemente católicos u ortodoxos. Por consiguiente, puede decirse que todos los países que fueron anteriormente protestantes son ahora países ateos. Los tres países predominantemente Ortodoxos, a saber: Rumania, Chipre y Grecia, tienen la tasa más alta en Europa de creyentes en Dios; la excepción católica entre los de mayor creencia en Dios es Malta.
Según la encuesta Eurobarometer del 2006, el 46% de los europeos piensan que “el lugar que ocupa la religión en nuestra sociedad es demasiado grande.”
En 2010 Eurobarometer descubrió que, al pedir que se escogieran tres de una lista de doce “valores”, sólo el 6% incluyó la religión entre sus tres valores principales. Los valores más importantes señalados, en orden de importancia, para los europeos son la paz, los derechos humanos, el respeto a la vida humana, la democracia, el estado de derecho, la libertad individual, la igualdad, la tolerancia, la solidaridad, la auto-realización, el respeto a otras culturas y, en último lugar, la religión
Ahora paso a la ASISTENCIA A MISA
Si queremos hablar de la fe en Europa, otro de los indicadores más obvios debe ser la asistencia a Misa los domingos. Aquí las cifras hablan por sí solas. Ha habido una caída dramática en la asistencia a Misa los domingos en los países europeos en los últimos cincuenta años. Por ejemplo, en España, el número de aquéllos que se dicen católicos y van a misa en domingo cayó del 44% en 1980 al 34% en 1990, al 30% en 1995 y al 19% en el 2005. En Alemania en 1980 el 35% de los católicos dijeron que iban a misa los domingos, en 1990 el 30%, en 1995 el 27% y en 2005 el 22%. En Holanda en 1980 el 36% de los católicos dijeron que iban a Misa los domingos, en 1990 el 30%, en 1995 el 19% y en 2005 el 7%. Además de eso el número de personas que declaran ser católicos también ha caído de manera dramática.
No hay un solo país en Europa donde la asistencia a misa los domingos haya aumentado.
Otro reflejo de la fe pudiera ser el número de sacerdotes que ha dejado su ministerio.
SACERDOTES QUE HAN DEJADO SU MINISTERIO
En 2006, 49,631 parroquias en el mundo carecían de un sacerdote residente. A pesar de que el número de católicos en el mundo casi se duplicó entre 1970 y 2008, subiendo de 653 millones a 1,166 millones, el número total de sacerdotes cayó de 419,728 a 409,166. Esto significa que la relación de fieles a sacerdotes casi se ha duplicado en los últimos 40 años.
En base a las estadísitcas que las diócesis envían al Vaticano, de 1964 a 2004, 69,063 sacerdotes dejaron su ministerio y 11,213 sacerdotes volvieron a su ministerio, haciendo un neto de 57,850 sacerdotes que dejaron su ministerio y ya no volvieron. Esto equivale a un promedio anual de 1701. El número de sacerdotes que han dejado su ministerio sigue siendo de más de mil por año. En promedio, los sacerdotes dejan su ministerio después de 13 años y esperan, en promedio, otros diez años antes de solicitar al Vaticano que los devuelva al estado laico. De aquéllos que piden dispensa de sus deberes sacerdotales, el 50.2% ya han contraído un matrimonio civil, el 14.5% están en situación de cohabitación y el 35.2% vive solo.
Un considerable número de ex-sacerdotes son aceptados por los obispos para desempeñar labores eclesiales. Tambén hay asociaciones de sacerdotes casados que ofrecen servicios sacerdotales a fieles que se hallan en una situación irregular y no pueden usar los servicios de sacerdotes legítimos. Un número de sacerdotes casados ofrecen también servicios a grupos protestantes y a otras sectas.
Si comparamos con la situación anterior al Concilio Vaticano II, podemos observar un gran cambio. De 1914 a 1962, un total de 810 sacerdotes solicitaron su laicización a la Congregación para la Doctrina de la Fe. Eso da un promedio de 17 por año, y de esas solicitudes al 61% le fue negada. Pero de 1964 a 1988 un total de 44,890 sacerdotes solicitaron su retorno al estado laico, o sea un promedio de 1870 por año, y solamente al 8% le fue negado.
El número total de Católicos en Europa es de cerca de 280 millones, comparado con sólo 77 millones en Norte América. Pero en el período de quince años entre 1985 y 2001, el número de católicos en Norte América aumentó el 20%, en tanto que en Europa subió sólo el 1%. El porcentaje de sacerdotes en este período cayó el 16% en Norte América y el 11% en Europa.
Fuera del número de sacerdotes que han dejado el sacerdocio, ha habido un número considerable de sacerdotes, tanto en Europa como en otras partes, que han llevado una vida escandalosa. Algunos han sido pedófilos, otros homosexuales, otros han procreado hijos. Uno de los casos más famosos en Europa es el del obispo Casey de la Diócesis de Galway en Irlanda, quien procreó un hijo de una mujer divorciada en 1974. Eso fue dado a conocer a la prensa en 1992 y señala el principio de la gran decadencia de la Iglesia Católica en Irlanda. Otro caso famoso en Bélgica es el de Roger Vangheluwe, obispo de Brujas, cuya renuncia fue aceptada por Roma en 2010 cuando salió a la luz que era pedófilo y que había abusado de dos de sus sobrinos a lo largo de un período de 13 años. El 25 de febrero de este año el cardenal escocés Keith O'Brien renunció y ya no asistió al cónclave en Roma luego de que fue acusado de 'actos impropios' con sacerdotes. No es necesario decir que es importante ver estos casos en perspectiva. La inmoralidad entre sacerdotes no es algo nuevo en la Iglesia Católica. Un ejemplo que viene a la mente es el del Cardenal Tomás Wolsey, el famoso cardenal de la época de Enrique VIII, que tuvo dos hijos ilegítimos. El ejemplo más famoso es el del Papa Alejandro VI, quien reinó de 1492 a 1503 y engendró 12 hijos de varias amantes. Así pues, aunque la inmoralidad no es algo nuevo, lo que ciertamente es nuevo es la mayor escala de inmoralidad entre sacerdotes, particularmente en comparación con el período desde el Concilio de Trento hasta los años sesentas del siglo pasado.
Mi tesis en este ensayo es que la caída de la fe en Europa, y de hecho también en el resto del mundo, ha llevado a la caída de las normas morales, y esto se ve de lo más claro cuando observamos la familia. Viceversa, desde luego, el resquebrajamiento de las normas morales ha correspondido a una caída en la fe.
Veamos por consiguiente a la familia. En lo que atañe a la familia, me parece que el Cristianismo tiene normas más altas que cualquier otra religión, pues el Cristianismo es la única religión que prohibe el divorcio. De hecho Cristo llegó hasta a decir que un hombre que simplemente mire a una mujer de manera lujuriosa ha cometido adulterio con ella en su corazón. Hasta los Apóstoles se sorprendieron de la severidad de Jesús en relación con el divorcio. Todas las demás religiones permiten el divorcio bajo ciertas circunstancias y por consiguiente no proporcionan el grado de protección a la familia que da el cristianismo. Permítanme, por lo tanto, comenzar mi examen de la moral de la familia con un examen del divorcio.
DIVORCIO
Hoy en día, los dos únicos países en el mundo donde el divorcio sigue estando prohibido son las Filipinas y el Estado Vaticano. Sin embargo, la aceptación del divorcio es un acontecimiento muy reciente. El origen del divorcio moderno se remonta a la época de la Reforma y comienza en las regiones calvinistas de Suiza en 1547, y Escocia aceptó al adulterio como justificación para el divorcio alrededor de 1560. El divorcio fue reconocido legalmente en el estado norteamericano de Maryland en 1701. Sin embargo, la primera aceptación del divorcio en gran escala en el mundo occidental fue llevado a efecto por la atea Revolución Francesa en 1792. Fue posteriormente vuelto ilegal durante la restauración de la monarquía en 1816. Fue introducido en Prusia en 1794. En Inglaterra, hasta 1857, el divorcio sólo se concedía mediante acto del Parlamento y por lo tanto era asequible sólo a los ricos, principalmente hombres. En la mayoría de los países católicos el divorcio no fue legalizado hasta después del Segundo Concilio Vaticano. Fue legalizado en Italia en 1870, en Portugal en 1975, en España en 1981, en Irlanda en 1996 y en Malta en 2011.
La asequibilidad del divorcio conduce siempre a tasas mucho mayores de rotura del vínculo matrimonial y lleva finalmente, como podemos verlo hoy en día, a una caída de la institución del matrimonio. En 2001, por primera vez, el número de divorcios en Bruselas excedió el número de matrimonios. Yo me crié en Irlanda, y cuando era un niño la palabra divorcio jamás se mencionaba, salvo en voz baja como un terrible mal que existía en Inglaterra. Cuando el divorcio no es accesible, la gente obviamente no piensa en él y se pone a resolver sus dificultades maritales de otra manera. Debe ser difícil para un auditorio americano aun imaginar un país civilizado donde no exista el divorcio, ya que la gente se ha vuelto tan imbuida con la idea de que el divorcio es un derecho humano. Pero en realidad lo opuesto es la verdad. Cada uno de los cónyuges tiene el derecho al amor que le prometió el otro, y los niños tienen el derecho al amor de uno al otro de sus padres. Cualquiera que se case con la idea de que si no funciona puede divorciarse, de hecho no está casándose para nada; así pues, un número muy grande de matrimonios no son válidos por esa misma razón.
Podemos decir entonces que el fracaso de los matrimonios que ha seguido a la proliferación del divorcio ha conducido a la pérdida de la fe en Europa y otras partes, ya que en la Iglesia Católica uno no puede divorciarse y volverse a casar (por lo menos sin anulación de por medio) y por consiguiente, todos los que se vuelven a casar civilmente son excluidos de la Santa Comunión y gradualmente en muchos casos, pierden la fe.
La existencia del divorcio es así el primer factor que mina la fe. Históricamente las leyes del aborto siempre han venido luego de haberse liberalizado el divorcio, y nunca ha ocurrido lo opuesto. Siempre me sorprende por esta razón que en los EUA, donde hay tan fuerte campaña para prohibir el aborto, no haya campaña alguna, de que yo esté enterado, en pro de la abolición del divorcio. Sin embargo, la accesibilidad del divorcio es la raíz de la mentalidad liberal que conduce al aborto y a numerosos otros males.
ADULTERIO
Quisiera ahora hablar del adulterio, ya que desde tiempo inmemorial se ha entendido que el adulterio es la causa principal del rompimiento del matrimonio. Se había entendido desde los tiempos más antiguos que el matrimonio debe ser protegido mediante leyes que prohíban el adulterio.
Si una sociedad abole las leyes contra el adulterio, se desprende que ya no le da valor al matrimonio. Por esta razón, es muy sorprendente que el adulterio, que había sido una ofensa criminal en todo país europeo, haya dejado de ser un crimen en todos los países. Ni siquiera se toma en consideración en los llamados 'divorcios sin cónyuge culpable', de manera que la parte que ha sido ofendida no recibe tipo alguno de compensación de la parte que causó la ofensa. Ya no se acepta que haya nada malo en cometer adulterio ni romper un matrimonio. Claramente en tal ambiente estamos muy lejos de la fe religiosa.
Así pues, el adulterio ha sido descriminalizado en Europa, en tanto que a pricipios del 2013 el adulterio era todavía una ofensa criminal en 23 estados de la unión americana. Esta es una gran diferencia que hay entre Europa y los Estados Unidos. Si vemos otros continentes, el adulterió sigue considerándose un grave crimen en numerosos países africanos y asiáticos, y en la ley sharia islámica es castigado con lapidación. En India un hombre puede ser sentenciado a hasta cinco años de prisión aunque, por extraño que parezca, una mujer no puede ser condenada.
ANTI-CONCEPCIÓN
No puedo hablar del adulterio, la causa primaria y más obvia del divorcio, sin hablar del crimen de la anti-concepción. Probablemente nada haya hecho más por la destrucción de la familia que la anti-concepción. En los tiempos anteriores a que surgiera la anti-concepción, la mujer tenía que ser muy cuidadosa de evitar contacto con hombres fuera del matrimonio, pues podía quedar embarazada. De manera semejante, los hombres tenían que temer las consecuencas de procrear un hijo ilegítimo. Más que cualquier otra cosa, el temor de un embarazo indeseado mantenía la moralidad de los hombres y de las mujeres. Al mismo tiempo, la iglesia ha enseñado claramente, que el acto sexual fuera del matrimonio es un pecado mortal.
La fácil accesibilidad de la anti-concepción ha producido una sociedad promiscua y ha llevado al adulterio a gran escala, destruyendo numerosos matrimonios de esa manera. Se ha vuelto posible a los hombres utilizar a las mujeres como meros objetos sexuales y a las mujeres utilizar a los hombres para adquirir poder. La anti-concepción ha llevado a separar al sexo del embarazo. Ha conducido a la idea de que la maternidad es algo de importancia secundaria para una mujer, poniéndolo en segundo lugar después de la carrera profesional. Ha sacado al amor del matrimonio, poniendo una barrera entre el marido y la mujer y haciendo a la mujer disponible todo el tiempo. El embarazo es visto como una amenaza y un peligro. Finalmente, cuando la anti-concepción falla, como sucede regularmente, conduce a la idea de que el aborto es un derecho, como un recurso contra la anti-concepción que no funciona. El Papa Pablo VI en su famosa encíclica Humanae Vitae de 1967, sostiene la enseñanza tradicional de la Iglesia contra la anti-concepción en términos de lo más inequívocos. La anti-concepción es un gran peligro contra la fe.
ABORTO
Habiendo hablado de la anticoncepción, pasemos al aborto.
El aborto sin restricción alguna está accesible en numerosos países de Europa, incluyendo Albania, Alemania, Bélgica, Bielorrusia, Bosnia, Croacia, Dinamarca, Eslovenia, Estonia, Grecia, Holanda, Hungría, Inglaterra, Latvia, Lituania, Macedonia, Noruega y Suecia. También está accesible en todos los demás países europeos, excepto Malta, con algunas restricciones. En Irlanda es accesible solamente cuando la vida de la madre está en peligro, pero un número considerable de mujeres irlandesas procuran el aborto en Inglaterra.
Las cifran de terminación de embarazos en Europa son más bajas en Malta, con el 1.3% e Irlanda con el 5.6%. Las cifras son mucho más altas en aquellos países donde el aborto es fácilmente accesible. Alrededor del 12% de todos los embarazos en Bélgica terminan en aborto; alrededor del 14% en Alemania, cerca del 16% en Portugal, del 19% en España; más del 20% en Francia y en Inglaterra, más del 30% en Hungría, 32% en Rumanía donde bajó del 76% que ocurría antes de 1990 o 1991, año en el que cayó la Cortina de Hierro; cerca del 45% en Rusia, donde bajó de más del 60% que prevalecía durante el período de 1960 a 2001.
Uno debe tener en cuenta que la aparente estabilidad en el número de abortos en los años recientes está falseada por el aumento en la accesibilidad de la píldora del día siguiente y de varios otros así llamados medios anti-conceptivos que en realidad producen el aborto.
El porcentaje de embarazos que terninan en aborto está influido claramente por el grado de facilidad con que puede conseguirse un aborto. Está muy claro que en el año en que se introdujeron o liberalizaron las leyes del aborto en cada país europeo, subió el número de abortos de manera muy dramática. Por ejemplo, en Italia el aborto era ilegal hasta 1978. Pero tan pronto como se permitió, la tasa de abortos creció de casi cero al 20% en un año. Este es un aumento enorme aun tomando en consideración cierto número de abortos clandestinos que ocurrían antes de su legalización.
Durante los últimos cincuenta años desde el Concilio Vaticano II, el aborto ha sido introducido en un país europeo tras otro, y Malta e Irlanda son los dos países que aún quedan donde el aborto no se permite, salvo cuando la vida de la madre está en peligro.
En comparación, no se permite el aborto en muchos de los países islámicos, tales como Irán, Egipto, Indonesia, Iraq, Siria, Afghanistán; en un número de países católicos pobres, como Filipinas, El Salvador, Colombia y Chile, y en un número de países negros africanos.
Una de las características de la vida americana que llaman la atencón al visitante europeo es la fuerza del movimiento pro-vida. Ciertamente hay movimientos pro-vida en varios países europeos, pero éstos no son nada comparables en fuerza como los de EUA. No obstante, debo aclarar, que la tasa de abortos en los Estados Unidos es, a pesar de ello, comparable a aquélla de la mayor parte de los países de Europa Occidental. Por consiguiente, yo sugeriría que la solución fundamental es que la sociedad comience a llevar una forma de vida más moral.
Yo arguiría que la mentalidad liberal aparece primero en su exigencia de la accesibilidad del aborto y luego en la exigencia del aborto mismo.
ILEGITIMIDAD
Ahora paso al tema de la ilegítimidad.
La liberalización del divorcio y el aumento resultante en el resquebrajamiento del matrimonio han llevado a otro fenómeno, la desaparición gradual del matrimonio mismo. Esto se ve con claridad en el aumento extraordinario en el nacimiento de hijos ilegítimos en todo el mundo. El número de niños nacidos fuera de matrimonio ha aumentado dramáticamente en los años recientes. En los países desarrollados, aquéllos con el menor número de casos son Corea, Japón y Grecia, con menos del 10%. Entre el 10% y el 20% de todos los niños que nacen en Suiza e Italia son ilegítimos. La cifra es de entre el 20% y el 30% en Polonia, Canadá, Malta y Lituania; entre el 30% y el 40% en Eslovaquia, Luxemburgo, España, Alemania, Irlanda, Australia, Portugal, la República Checa, los EUA, Austria y Hungría; entre el 40% y el 50% en Finlandia, Holanda, Latvia, Bélgica, el Reno Unido, Dinamarca y Nueva Zelanda; entre el 50% y el 60% en Bulgaria, Francia Eslovenia, Suecia, Noruega, México y Estonia, y el líder mundial en hijos ilegítimos es Islandia, con el 65% de todos los niños, nacidos fuera de matrimonio.
El promedio de todos los países desarrollados es del 38%. Debe hacerse notar que las parejas que viven en las llamadas “uniones civiles” son consideradas cual si fueran matrimonios para fines de estas estadísticas. Así pues, el 38% de todos los niños que nacen vienen de padres que no han hecho compromiso oficial alguno entre uno y otro. Esto significa que un considerable porcentaje de la población de los países desarrollados ya no considera al matrimonio como algo necesario para traer niños al mundo. Esta actitud es claramente incompatible con la fe, ya que la fe exige un compromiso total entre los esposos.
MATRIMONIO DEL MISMO SEXO
El ataque más reciente a la familia ha sido la introducción del llamado 'matrimonio del mismo sexo'. El pecado contra natura fue primero hecho aceptable y popularizado en las últimas décadas del Siglo XX. Ahora está volviéndose más y más difícil decir nada en público contra eso. Por ejemplo, un pastor protestante en Suecia fue condenado a una sentencia de cárcel por un sermón en el que se refirió a pasajes de la Biblia en los que la práctica es condenada como sodomía, el pecado que llevó a Dios a destruir la ciudad de Sodoma.
Llegó el momento al inicio del nuevo milenio para que los homosexuales alegaran que su relación era un matrimonio, aun cuando es precisamente lo opuesto a un matrimonio, pues falta la necesaria complementareidad del hombre y la mujer. Hoy en día hasta en escuelas católicas de Europa se les enseña a los niños que deben respetar la práctica de la homosexualidad. Sin embargo, hace poco más de cien años, el famoso dramaturgo inglés Oscar Wilde fue sentenciado en Inglaterra a dos años de trabajos forzados por el delito de crasa indecencia. Hoy, el primer ministro de Bélgica es un homosexual activo. No es que su moralidad sea inferior a la del presidente de Francia, que vive abiertamente en el Palacio del Eliseo con su concubina, o a la del primer ministro de Italia, Silvio Berlusconi, que llevaba la vida de los más decadentes de los emperadores romanos. Hasta donde estoy enterado, no ha habido hasta ahora un presidente de los EUA que haya sido homosexual o que haya vivido públicamente con su concubina.
El 'matrimonio' homosexual ha sido legalizado en 11 países hasta ahora, de los cuales 8 están en Europa. El primer país que lo llevó a cabo fue Holanda en 2001. También ha sido legalizado en partes de otros tres países. Otros 11 países están en proceso de aprobar legislación que permita el matrimonio homosexual. Debe haber poca duda de que muchos otros países seguirán el ejemplo. Sin embargo, un número de paises africanos de raza negra, tales como Nigeria y Kenia, han reaccionado fuertemente contra esto, ya que va enteramente contra su cultura, como de hecho hasta años recientes había sido contra su cultura en los países occidentales. En Uganda, la práctica homosexual se castiga con la pena de muerte en el caso de transgresores reincidentes. De manera semejante, si volteamos hacia los países islámicos, hallamos que las prácticas homosexuales son castigadas con la pena de muerte en Afghanistán y por sentencias de cárcel en Egipto, Pakistán, Uzbekistán y Malasia, donde el antiguo primer ministro Anwar Ibrahim fue puesto en prisión con base en esto.
Me parece irónico que la exigencia de matrimonio por homosexuales siga creciendo, cuando al mismo tiempo el porcentaje de parejas de novios heterosexuales que desean casarse va cayendo continuamente. Las parejas del mismo sexo parecen desear obtener la respetabilidad del matrimonio, cuando más y más parejas heterosexuales prefieren evitar el nivel de compromiso que entraña el matrimonio. Lo que tienen en común estos dos fenómenos es que el matrimonio y la familia están siendo erosionados gradualmente.
Si se me pidiera, pues, caracterizar el cambio en la moral que ha tenido lugar durante los últimos cincuenta años, yo diría en primer lugar que ha sido la destrucción de la familia como unidad básica de la sociedad.
EUTANASIA
Pero la familia no es el único campo en la que la moral ha decaído en los últimos cincuenta años. Yo argumentaría que las normas han caído en cada aspecto de moralidad. Mencionaré sólo un un ejemplo, el de la eutanasia: Holanda y Bélgica (desde el 2002) y Luxemburgo (desde el 2008) son hasta ahora los únicos países que han legalizado la eutanasia, que significa la deliberada muerte de un paciente a petición suya. En Suiza y en los estados de Oregon, Washingon y Montana de los Estados Unidos, se permite el suicidio asistido. Esto también es claramente incompatible con la fe



En la siguiente parte se tratará de analizar las causas que han dado origen a este trágico estado de cosas.

lunes, 3 de marzo de 2014

¿Qué es la Filosofía Cristiana?

¿Qué es la Filosofía Cristiana?

La Dictadura del Relativismo ha lanzado un asalto furioso contra la noción básica y fundamental de la Verdad Absoluta. Desligada de la realidad, prefiriendo ficciones como el “matrimonio homosexual”, la mente moderna se ha volcado en sí misma. El contrasentido se ha vuelto lo normal. Para resistir y oponerse a esta anárquica guerra relámpago, nunca ha sido tan urgente el entender los fundamentos filosóficos, como se presentan tan claramente en este texto de una conferencia presentada en Sydney

Del artículo "What is Christian Philosophy?"

Por Peter Kalina

Publicado en el número de Junio-Julio 2012 de Christian Order
http://www.christianorder.com/features/features_2012/features_junejuly12_bonus.html


Traducido por Roberto Hope

El Padre Black, en su brillante introducción a esta serie de conferencias sobre la Civilización Cristiana, se refería a la necesidad del ocio como base de toda auténtica cultura. Su tesis siendo que: Si el hombre está totalmente preocupado con la idea de ganarse la vida, no tiene tiempo para otras ideas que deben formar el fundamento de toda civilización o cultura sólida. Para que el hombre pueda desarrollar su potencial completo, debe tener tiempo para pensar.

Debemos enfatizar de inicio, que el pensar no debe ser sólo por pensar, pues ha sido el pensar por pensar lo que en gran medida ha contribuido a la decadencia de la civilización, que observamos a diario en nuestra vida. El gran matemático y enormemente sobrevaluado filósofo, René Descartes, en su muy citado pero abominable aforismo, dijo: “Cogito ergo sum” (Pienso, luego existo). El propósito de esta conferencia es demostrar “Non 'cogito ergo sum' sed 'sum ergo cogitare possum” (no 'Pienso, luego existo' sino 'Soy, luego puedo pensar')

Cordura y Realidad: Pensar en Cosas
Si el pensar no es por pensar, entonces ¿para qué es?. Muy simplemente, el pensar es para las cosas. Pensar y cosa van juntos. No es por casualidad o capricho que en los lenguajes sajones “think y thing” o “denken y Ding” suenen de forma tan similar. Nuestra cordura depende de que nuestro pensamiento esté conectado con la realidad; o sea, lo que pensamos debe corresponder a lo que son las cosas.

El gran filósifo tomista alemán, Josef Pieper, escribió una pequeña pero muy significativa obra intitulada Musse als Fundament der abendländischen Kult (Ocio, la base de la cultura occidental) ¿Por qué se interesaría un filósofo en la cultura? ¿Qué no, la mera mención de filosofía invoca ideas de irrelevancia e inutilidad? ¿No lo pone a uno a dormir? Muy ciertamente, las filosofías modernas harán justamente eso. Pero ténganlo por seguro, si logro ponerlos a dormir esta tarde, no será gracias a la filosofía moderna.

¿Por qué puedo afirmar esto? Porque la verdadera filosofía y el pensar acerca de las cosas son esencialmente lo mismo. Si separa uno el pensamiento de las cosas, separa uno la filosofía de la realidad. ¿Qué es esta cosa llamada filosofía que me permite hacer tales afirmaciones y, para muchos oídos modernos, afirmaciones tan estrafalarias?

Farsantes Sofistas vs Amantes de la Filosofía
Veamos ahora lo que es la filosofía. La mejor manera de comenzar es viendo al mundo mismo. La palabra filosofía viene del griego philo, que significa amor, y sophia, que significa sabiduría. De ahí que la definición nominal de la filosofía sea el amor a la sabiduría. Pero ¿por qué sólo el amor a la sabiduría? Ciertamente deberíamos poder decir que la filosofía es sabiduría, y dejarlo así. Para ver por qué, tendremos que atrasar el reloj y situarnos en el siglo cuarto antes de Cristo.

En esa época deambulaban por Grecia hombres, llamados sofistas, que no sólo se consideraban ellos mismos sabios, sino que por una remuneración, estaban dispuestos a enseñarles a otros cómo hacerse tan sabios como ellos. Pero más que sabiduría, lo que ellos realmente enseñaban era cómo vivir en el mundo, las cosas correctas que decir para influir en la gente y tener éxito — lo que peyorativamente ahora se le conoce como sofisma.

Los farsantes de hoy son sus descendientes intelectuales. Oponiéndose a los sofistas, hubo un hombre que era demasiado humilde para llamarse sabio pero prefería ser conocido como un amante de la sabiduría, o sea un filósofo. Ese hombre, por supuesto, era Sócrates, el maestro de Platón que, a su vez, fue maestro de Aristóteles.

Las Cuatro Causas: Estudio de un caso
Si la filosofía es el amor a la sabiduría ¿entonces qué es la sabiduría misma? Sabiduría es el conocimiento a través de las causas más elevadas. Una mirada a las causas de la Catedral de Saint Mary's en Sydney aclarará esto:

Una de las causas de Santa María son los sillares con que está construida, pues si quitas los sillares, dejarás de tener una catedras. Pero, por supuesto, un montón de piedras no es una catedral.  Otra de las causas de Saint Mary's es el orden de los sillares o el diseño de la catedral. Por supuesto, alguien tuvo que ordenar los sillares de acuerdo con un diseño o plano. Esto requiere de otra causa, el constructor. El constructor, a su vez, no construye una catedral sólo por construir una catedral, busca ganarse la vida y sostener a su familia. El constructor principal, el Arzobispo de Sydney, quiso construir la catedral. se supone, para la mayor gloria de Dios. 

Este ejemplo de la Catedral de Saint Mary´s es una ilustración de las cuatro causas de Aristóteles:

Hay dos causas intrínsecas. En primer lugar, la causa material, de lo que algo está hecho, los sillares en el caso de la catedral; y en segundo lugar, la causa formal, aquéllo que hace a algo ser lo que es — o sea el diseño de la catedral. Además de estas dos causas intrínsecas, hay dos causas extrínsecas. La primera es la causa eficiente o el agente, o sea quién o qué da la forma a la materia, el constructor de la catedral, y la segunda es la causa final, el fin o propósito de algo, la mayor gloria de Dios en el caso de la Catedral

Hay que hacer notar que la causa final es la primera en el orden de intención y la última en el órden de ejecución. Eso significa que el primer paso en la construcción de la Catedral de Saint Mary´s es el deseo de tener una catedral. El último es la nueva y reluciente catedral.

Partes Filosóficas
Aun cuando es verdad decir que la filosofía se interesa por todo, también es cierto que la filosofía se interesa más en saber por qué son las cosas, en vez de qué son las cosas; en cambio las ciencias empíricas, la física y la química por ejemplo, se interesan más en lo que son las cosas en vez de por qué son las cosas.

La preocupación de la filosofía es con las cosas o el ser, y por qué hay algo y no nada. La raison d’être de la filosofía es el ser.

La filosofía puede dividirse en tres partes: instrumental, especulativa y práctica,

1. La parte instrumental de la filosofía es la lógica. La lógica, como la filosofía, es una ciencia. Desafortunadamente hoy en día, la palabra ciencia se utiliza sólo para designar las ciencias empíricas o experimentales. El término ciencia, sin embargo, es mucho más amplio que esto. La palabra viene del latín “scientia” que significa conocimiento en un sentido amplio, o sea conocimiento a través de las causas. La lógica es la ciencia del pensamiento. La filosofía es la ciencia del ser o de las cosas. La filosofía utiliza la lógica como un instrumento para ayudarnos a pensar correctamente acerca de las cosas. Como lo mencioné antes, la filosofía es por el interés de las cosas no por el interés de pensar.

2. La parte especulativa de la filosofía se ocupa primordialmente del ser, no del hacer. La palabra especular viene del latín “speculari”, que significa observar. En la filosofía especulativa vemos las cosas. La filosofía especulativa puede dividirse a su vez en “Física” y “Metafísica”.
En este contexto, física significa filosofía natural, no la ciencia experimental del mismo nombre. Aquí nos interesa el ser en lo concerniente a que es movible o cambiable. La física puede a su vez dividirse en “Cosmología” y “Psicología Filosófica”. La cosmología trata de cosas tales como el espacio y el tiempo, la materia y la forma, la substancia y los accidentes, las cuatro causas, etc. La psicología filosófica trata de seres que se pueden mover por sí mismos, o sea, de cosas vivientes. En cierto sentido, es la ciencia del alma porque todas las cosas vivientes, sean plantas o animales, tienen alma. Las plantas y los animales tienen almas materiales, en tanto que el hombre tiene un alma espiritual.

Metafísica, la otra parte de la filosofía especulativa, como su nombre lo indica, echa una mirada más profunda que como lo hace la física. Está dividida en Metafísica Defensiva, Ontología y Teología Natural.

La Metafísica Defensiva defiende la posibilidad de conocer el ser. Esto es muy importante en una época que niega toda objetividad del conocimiento y sostiene que no hay una verdad absoluta y que todo es relativo.

Ontología es la ciencia del ser en cuanto a ser. Aquí se examina la naturaleza de la verdad, de la bondad y de la belleza.

La teología natural trata de la causa del ser; o sea, por supuesto, de Dios.

En la Teología Natural, puede encontrarse todo lo que la razón puede saber acerca de Dios: las pruebas de la existencia de Dios; la naturaleza de Dios, en cuanto a que Él es un solo ser: Ha de contrastarse con la teología sagrada y revelada en la que no sólo pueden encontrarse las verdades acerca de Dios conocidas por la razón, sino también aquellas verdades que sólo Dios podía saber y se ha dignado revelarnos. Un ejemplo primordial de esto es la doctrina de la Santísima Trinidad. La razón humana por sí sola nunca en un millón de años o en un mes de domingos podría jamás llegar al conociminento de esta doctrina, que es de lo más sublime. Lo mismo sucede con la Encarnación de Nuestro Señor y Salvador, Jesucristo.

3. La parte práctica de la filosofía se interesa primordialmente con el hacer en vez del ser. La filosofía práctica puede, a su vez, dividirse en Filosofía Moral o Ética, y Poiética. La ética trata de lo que uno debiera hacer: La poiética trata de cómo debiera uno hacer las cosas; o sea que es la filosofía del arte.

Filosofía Verdadera = Filosofía Cristiana
Dada la historia de la filosofía y de hecho la del mundo, debe ser difícil de creer que pueda haber cosa tal como una “Filosofía Cristiana.” Después de todo ¿no dijo Cicerón, el gran estadista romano, que no ha habido algún disparate que no haya sido enunciado por algún filósofo en alguna parte? Tantos filósofos, tantas filosofías ¿cómo puede simplemente haber una filosofía verdadera? Debe haber una filosofía verdadera porque la verdad es una. Las cosas o existen o no existen, la causalidad o existe o no existe. Aun si la filosofía verdadera no existiera ahora, todavía podría armarse tomando las verdades de varias filosofías falsas. La verdad no puede contradecir a la verdad y consecuentemente debe haber, y hay, una filosofía verdadera. Es la filosofía de Aristóteles, tal como fue perfeccionada por Santo Tomás de Aquino.

Pero ¿cómo podemos decir que esta filosfía verdadera es una “Filosofía Cristiana”? Después de todo, el Cristianismo ha sido revelado por Dios, y la filosofía se descubre por la razón. El cristianismo depende de la fe y de la autoridad. La fe y la autoridad no ejercen poder sobre la la filosofía. Dado que Dios es el autor de la gracia y el autor de la naturaleza, no puede haber contradicción entre las verdades del orden sobrenatural y las del orden natural. La filosofía verdadera es la “Filosofía Cristiana” porque el autor de sus verdades es Dios y como Cristo es Dios, la filosofía verdadera debe ser la filosofía de Cristo.

Comprendiendo lo Sobrenatural
También llamamos Filosofía Cristiana a la filosofía verdadera porque las verdades filosóficas nos ayudan a comprender mejor los misterios sobrenaturales. Teniendo eso en cuenta,  a diferencia de Dios Todopoderoso, nosotros jamás podremos entender completamente Sus misterios.

La filosofía nos ayuda a entender los misterios de la Santísima Trinidad y de la Encarnación al aclararnos nuestras nociones de persona y de naturaleza. Naturaleza es lo que algo es, persona es quien alguien es. ¿Quién es Cristo? La Segunda Persona de la Santísima Trinidad ¿Qué es Cristo? Dios y Hombre. En la Santísima Trinidad tenemos tres quiénes y un qué. Es la psicología filosófica la que ayuda a nuestra comprensión de estos dos grandes misterios de nuestra fe.

En el Santísimo Sacramento, bajo las apariencias del pan y del vino, tenemos el cuerpo, la sangre, el alma y la Divinidad de Nuestro Señor. Sabemos que la sustancia es Cristo y que las apariencias o accidentes son la forma, el color, el sabor, el olor, etc. del pan y del vino. Nuestra comprensión de sustancia y accidentes es la misma que la que tenía Aristóteles en el Siglo IV antes de Cristo.

Nuestra doctrina de materia y forma de los sacramentos es tomada de la cosmología. Todas las creaturas, con excepción de los ángeles están compuestas de materia primaria y forma sustancial. La materia primaria es lo que puede ser cuerpo; forma sustancial es lo que lo hace ser un cuerpo particular, o sea, una piedra, una flor, un gato o un hombre. Ahora bien, por supuesto, la materia y la forma de los sacramentos es un poco distinto de esto. Por ejemplo, en el sacramento del Bautismo, el ministro, al decir las palabras, o sea la forma, y vertir el agua, o sea la materia, lava de hecho el alma, limpiándola del pecado original.

Teología Sagrada: La medida de la Verdad
Debe también concederse que la Teología Sagrada constituye una gran ayuda para la filosofía. Esto es porque, si cualquier opinión filosófica contradice una verdad de la Teología Sagrada. Entonces sabremos que debe ser falsa. Si algún filósofo nos dice que no hay tal cosa como bien y mal, no debemos ponerle atención a sus argumentos para saber que está equivocado. Dios nos ha dado el Decálogo para que distingamos el bien del mal. Dios no puede mentir; por lo tanto ese filósofo está errado. La única razón que pudiéramos tener para escuchar sus argumentos es para señalar los errores en su pensar. Vemos que la Teología Sagrada es un correctivo negativo para la filosofía, que la preserva del error.

El Verdadero Camino entre Dos Extremos
¿Cómo, pues, difiere la “Filosofía Cristiana” de las demás filosofías? Además de la diferencia obvia de que las filosofías no cristianas están plagadas de errores. La filosofía verdadera mantiene un curso entre dos extremos: El extremo del nominalismo y el extremo del idealismo.

1. Quienes proponen el nominalismo sostienen que el único conocimiento que podemos tener es el conocimiento recibido a través de nuestro sentidos. Esto restringe nuestro conocimiento a los particulares. Aunque conozcamos al gato Micifuz, no podremos saber lo que es un gato porque sólo podemos percibir gatos individuales. No podemos saber qué es la verdad porque no podemos ver, oir, degustar, tocar u oler la verdad. Esto, por supuesto, sería insensatez pura.

2. Quienes proponen el idealismo sostienen que las únicas cosas que conocemos son nuestras ideas. Esto equivale a decir que nuestras mentes están divorciadas de la realidad; que lo que conocemos son pensamientos, no cosas. El conocer a través de los sentidos se considera ilusorio: No podemos estar seguros de que hay cosas fuera de nuestra mente y aun cuando las haya, no las podemos conocer. Una variación extrema del idealismo es el solipsismo, que afirma que la única cosa que existe es uno mismo. Un seguidor del solipsismo escribió una carta al Times de Londres quejándose del hecho de que nadie compartía las mismas opiniones que él. Si usted piensa que todo esto es insensatez está usted en terreno seguro.

La filosofía cristiana evita estos dos extremos adhiriéndose al dicho de Aristóteles de que, aunque todo conocimiento comienza por los sentidos, no acaba ahí. En el conocimiento comenzamos por percibir singulares, por ejemplo varios tipos de árboles. Observamos sus hojas, colores, crecimiento, reproducción y demás. Mediante la abstracción entendemos lo que es un árbol. Nuestra comprensión de lo que es un árbol no depende de que sea de un tamaño, forma o color en particular.

De hecho, el hombre tiene conocimientos de dos tipos: conocimiento sensitivo y conocimiento intelectual. Esto es así porque el hombre es un animal racional. Está compuesto de un cuerpo material y de un alma espiritual. Su cuerpo tiene los sentidos externos de vista, oído, tacto, gusto y olfato; los sentidos internos son sentido común, imaginación sensible, memoria sensible, e instinto. Su alma tiene la capacidad del intelecto, por la cual de los singulares sensibles puede abstraer ideas universales. Por la misma facultad, puede hacer juicios acerca de la verdad o falsedad de proposiciones individuales. Igualmente, de verdades conocidas, puede razonar para llegar a nuevas verdades. Por su conocimiento sensitivo, el hombre es como los demás animales de la creación; por su conocimiento intelectual, el hombre es como los ángeles y como Dios.

Pensar como Dios
Así entonces, regreso al título de esta conferencia, “¿Qué es la Filosofía Cristiana?”  Espero haber sido claro en explicar que la Filosofía Cristiana es la filosofía auténtica, o sea el pensamiento verdadero acerca de todo. Decir que es el pensamiento verdadero es decir que los pensamientos de uno deben conformarse con la realidad. Para contestar la pregunta de Pilatos: “¿Quid est veritas?” (¿Qué es la verdad?). La verdad es la conformidad de la mente con la realidad, de mente con cosa. Aun mejor dicho, la verdad es lo que es. El punto es que nuestras mentes deben conformarse a las cosas y no lo contrario: Pues sólo Dios hace que las cosas se conformen a Su mente. Las cosas se deteminan por la mente de Dios. Las cosas que Él ha hecho determinan nuestras mentes.

No es por nada que el antiguo catecismo preguntaba ¿Cómo sabemos que hay un Dios?  La respuesta, por supuesto, es “Sabemos que hay un Dios por las cosas que ha hecho”. Las cosas fueron hechas para llevarnos a Él. No hay creatura sin un creador: El pensar claramente de las cosas nos debería llevar al Pensador que ha traido cosas a existencia sin hacer esfuerzo alguno. El Pensador Superior que tiene un solo pensamiento, distinto — mas no separado — de Él mismo, el Verbo, engendrado desde toda la eternidad; del amor de estas Dos Personas, procediendo eternamente una Tercera Persona, el Espíritu Santo.

Agradezcamos a este Todopoderoso Dios Trino y Uno por habernos dado esta facultad de pensar acerca de las cosas, y oremos por que cada vez más conformemos nuestro pensamiento a Su pensamiento

martes, 25 de febrero de 2014

Obra de Manos Humanas

Reseña del libro “Work of Human Hands. A theological Critique of the Mass of Paul VI.” por el Padre Anthony Cekada (West Chester, Ohío, Philothea Press, 2010, 444 páginas)

por el Dr. Francisco J. Romero Carrasquillo

http://iteadthomam.blogspot.mx/2014/02/cekadas-work-of-human-hands-review-by.html? utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed: +blogspot/IBRe+(%3Ci%3EIte+ad+Thomam%3C/i%3E:+A+Blog+for+the+Restoration+of+Traditional+Catholic+Thought)

Traducido del inglés por Roberto Hope

Este libro es un valiente estudio crítico de la ideología que subyace los cambios litúrgicos que ocurrieron en el Rito Romano durante la segunda mitad del Siglo XX. Teológicamente profundo y bien documentado, puede verse como una contribución importante a la erudición católica “tradicionalista”. Monografías extensas anteriores que ha habido sobre este tema se han enfocado principalmente a criticar los cambios hechos al Ordinario de la Misa y en relatar las circunstancias históricas que condujeron a ellos. Este estudio, sin embargo, incluye no sólo una crítica de los cambios en el Propio (la parte variable), y en particular una relación sin precedentes de los cambios hechos al Leccionario, sino también un innovador análisis teológico de las influencias ideológicas que subyacen todos esos cambios. No obstante el antecedente ciertamente sedevacantista del autor, su crítica de la Nueva Misa está basada exclusivamente en una teología Católica, profunda y tradicional, y es, por lo tanto, independiente de (o por lo menos lógicamente anterior a) sus opiniones sobre el estado actual de la Sede Papal.

La obra está dividida en catorce capítulos de casi igual longitud. Después de un capítulo introductorio que cubre los motivos y el alcance de la obra, los capítulos 2 a 6 se enfocan en la historia general de los cambios litúrgicos recientes hechos al Rito Romano, exponiendo la ideología que está tras ellos. El Capítulo II se dirige al pensamiento de los sabios que encabezaron el movimiento litúrgico que llevó a cabo la reforma, con énfasis particular en Josef Jungmann y Louis Bouyer; el Capítulo 3 identifica a la Comisión Pian, anterior al concilio, y las reformas de la Semana Santa, como fases continuas en cuanto a objetivos y motivación, de la reforma litúrgica post-conciliar; y los Capítulos 5 y 6 tratan por separado las versiones de 1969 y 1970 de la Instrucción General del Misal Romano (IGMR) [1]  Luego los Capítulos 7 a 13 analizan la Misa Nueva punto por punto, desde el arte, la arquitectura, los accesorios y los ritos introductorios hasta la despedida, incluyendo tanto el Ordinario de la Misa como el Propio. El autor lo hace comparando los elementos destacados de la Nueva Misa con sus equivalentes tradicionales, y citando a miembros de la Jerarquía, a peritos y a otras autoridades para revelar los motivos que estaban detrás de los cambios particulares. El libro luego concluye con un resumen de la evidencia y una recapitulación del razonamiento expuesto. Con excepción de este resumen general al final, cada capítulo termina con un útil, aunque poco convencional, resumen, punto por punto, del contenido del capítulo, que añade contundencia y claridad al argumento general. El apéndice del libro también amerita mencionarse: ahí Cekada presenta un caso convincente para el uso del Misal de 1951 (o cualquiera anterior a 1955), en vez del misal de 1962; argumento que podría ser bien recibido por los grupos tradicionalistas que actualmente utilizan éste último.

La tesis principal del libro es (A) que la Misa de Pablo VI, dicha conforme a las rúbricas prescritas como se encuentran en la Editio Typica del Misal, es gravemente irreverente y destruye la doctrina católica en las mentes de los fieles.[2] Cekada también defiende dos tesis secudarias que son corolario de la primera: La Misa de Pablo VI, dicha de conformidad con las rúbricas prescritas, representa (B) una ruptura con la tradición, y (C) una restauración espúrea de la antigua liturgia de la Iglesia. El libro puede ser visto como un argumento inductivo para sustentar estas tres tesis. Aun cuando puedo estar enteramente de acuerdo con las tesis (B) y (C), opino que la tesis (A) necesita ser matizada de manera significativa. Trataré las tesis (B) y (C) primero, luego la (A).

El autor presenta una sólida evidencia para sus tesis segunda y tercera. El fundamento teológico del argumento general de Cekada se encuentran en el Capítulo 2, una verdadera joya acerca de los motivos teológicos que están detrás de la reforma litúrgica. Ahí, Cekada muestra que los cambios tenían como propósito promover la nouvelle theologie (“nueva teología”) de gente como Pius Parsch, Romano Guardini, Josef Jungmann y Louis Bouyer. Como principios teológicos operativos de la reforma, Cekada específicamente distingue los siguientes cuatro: (1) la “Teoría de la Corrupción” litúrgica, según la cual el Rito Romano que estaba en uso a principios del Siglo 20 representaba una desviación y corrupción de los ideales litúrgicos primitivos. Como resultado, la reforma litúrgica —alega Jungmann— debe recuperar este ideal primitivo.  Jungmann de esa manera promovía un cierto tipo de resssourcement en el campo de la liturgia. (2) La concepción de “Liturgia Pastoral” de Jungmann, que abogaba por una reconfección de la Misa con el fin de satisfacer las necesidades percibidas del hombre contemporáneo — postura que también podría caracterizarse como un tipo de aggiornamento litúrgico. (3) La “Teología de la Asamblea” de Louis Bouyer, según la cual la esencia de la misa consiste en una asamblea del 'Pueblo de Dios' que, junto, celebra la reunión, con el sacerdote actuando solamente como 'presidente'  — una perspectiva protestante que elude la doctrina tradicional católica de la Misa como esencialmente un sacrificio ofrecido solo por el sacerdote a Dios, al cual el pueblo se le une.  (4) La teoría de las “Otras Presencias 'Reales'” de Bouyer, que infla la presencia de Cristo en la congregación y en la Escritura con el fin desenfatizar la fe en la Presencia Real de Cristo bajo las especies Eucarísticas  — una técnica de los reformadores que permea la Nueva Misa a la que Cekada llama 'devaluación por inflación'. En tanto ressourcement y aggiornamento caracterizan los principios de Jungmann, una fuerte motivación ecuménica está evidente en la perspectiva de Bouyer.

Cekada demuestra meticulosmente que estos principios están rigiendo en los recientes cambios litúrgicos. En los Capítulos 5 y 6, demuestra cómo la “Teología de la Asamblea” de Bouyer y su teoría de las “Otras Presencias Reales” son los temas centrales en el Nuevo Misal y en el IGMR. También demuestra que por cada cambio que supuestamente representaba un 'retorno al ideal antiguo' (cf.,  la “Teoría de la Corrupción” de Jungmann); el motivo real no fue fidelidad hacia la antigüedad, sino un deseo de abolir una rúbrica que doctrinalmente es inaceptable para el 'hombre moderno' (o para estos nuevos teólogos). De ahí la necesidad de 'modernizar' la liturgia y hacerla aceptable a las 'sensibilidades contemporáneas' (cf., “liturgia pastoral”). Tomemos, por ejemplo, la “Oración de los Fieles” u “OraciónUniversal”: esas oraciones sí existían en algunas liturgias antiguas, y con ese argumento el restablecimiento de esas oraciones en la Nueva Misa fue presentada como un retorno a la antigüedad. Sin embargo, el texto original de estas oraciones, que el Misal tradicional todavía prescribe para la Misa de los Presantificados el Viernes Santo, es enfáticamente a-ecuménica y ofensiva para el 'hombre moderno' y para la nueva teología; además, no varían. La nueva Oración Universal, por otro lado, está sistemáticamente des-cristianizada, des-espiritualizada, y des-supernaturalizada, principalmente para aplacar a los liturgistas que se quejaban de que  habían sido escritas “en dirección de una religión devota y convencional, enteramente extraña a las necesidades pastorales de hoy en día” (pág 256). Al final, aun las des-supernaturalizadas oraciones y su contenido han sido a fin de cuentas des-regularizadas y dejadas a la discreción del sacerdote, de la editora comercial que publica el misal o del comité de planeación litúrgica o director de culto. El resultado es algo que superficialmete se asemeja a una antigua oración litúrgica (cf., “Teoría de la Corrupción”) pero que fue establecida para satisfacer 'las necesidades del hombre contemporáneo' (cf., “Liturgia Pastoral”) y es, como lo expresa Gamber, “una novedad que se opone completamente a la tradición litúrgica” (pág 257).

Otro ejemplo de consideración, de esgrimir la antigüedad como excusa para imponer lo novedoso, se describe en el Capítulo 10, que trata de los cambios en el Leccionario. Aquí — arguye Cekada — a pesar de que el Nuevo Leccionario, gracias a su ciclo tri-anual contiene mayor cantidad de lecturas que el viejo Misal, mediante 'habiles selecciones' algunos textos importantes de la escritura — frecuentemente uno o dos versos en medio de una lectura del evangelio de un día de fiesta o del domingo — se incluye entre corchetes como opcional o de plano se omite por razón de su 'teología negativa'; o sea que doctrinalmente choca contra la nouvelle theologie o contra el ecumenismo. Gracias a esas omisiones, el católico promedio puede asistir a misa cada domingo durante el ciclo completo (tres años) del Leccionario y jamás oír pasajes de la escritura teológicamente 'negativos' como, por ejemplo, las admoniciones que Nuestro Señor hace con respecto al infierno; o las advertencias que hace San Pablo contra el recibir indignamente el Cuerpo de Nuestro Señor, sus enseñanzas sobre la herejía, los herejes y su desgraciado fin, o su mandato de que las mujeres sean sumisas a sus esposos, que cubran sus cabezas, y que permanezcan en silencio en la iglesia. En términos prácticos, este capítulo es quizás el más devastador para quienes defienden la reforma litúrgica, y ése por sí mismo, en mi opinión, vale el precio del todo el libro.

Ahora bien, la principal tesis de Cekada, que identifico como la (A) arriba, no está, en mi opinión, suficientemente matizada. Es cierto que hay problemas doctrinales con el nuevo Misal y con la IGMR; sin embargo, contrariamente a lo que da a entender Cekada, nada hay en el Misal ni en la IGMR que pudiera ser explícitamente identificado como herético. En las 444 páginas de la obra, Cekada nunca señala con éxito una sola proposición herética contenida en el texto de la Nueva Misa, sea en el Propio o en el Ordinario. Todos los problemas doctrinales que él señala consisten en omisiones, frases ambiguas, 'devaluación por inflación', o deficiencias en las muchas rúbricas, expresiones y gestos, que constituyen el Misal y la IGMR. En ninguna parte se niega explícitamente el dogma.

En lo que yo alcancé a ver, sólo hay dos lugares en el libro en los que Cekada trata de identificar una herejía específica que él piensa que está presente en la nueva reforma litúrgica. Una de éstas es su tratamiento de la doctrina de la IGMR de que la Misa es una re-presentación de la Última Cena. Arguye que esto se opone al dogma definido por el Concilio de Trento, de que la Misa es una re-presentación del Sacrificio en la Cruz. Sin embargo, Cekada no trata ni explica por qué estas dos nociones se contradicen una a la otra o son mutuamente incompatibles. No veo por qué, alguien que crea que la misa es en cierto sentido una representación de la Última Cena niegue necesariamente el dogma de que la Misa es una representación del sacrificio en el Calvario. Aun cuando yo no defiendo la idea de que la Misa consista en una representación de la Última Cena, yo no llegaría a tanto como afirmar que eso sea necesariamente una negación de un dogma Tridentino.  Una novedad doctrinal no entraña de ipso facto una herejía. Hay distintos niveles de error teológico — y Cekada bien lo sabe — sin embargo él no comenta sobre si los problemas doctrinales pudieran categorizarse como algo diferente de herejía.

En vez de aseverar que la Nueva Misa contiene herejías, yo más bien diría que fue claramente motivada por doctrinas novedosas, algunas de las cuales son obviamente peligrosas. Uno podría hasta decir que, en el contexto de las tendencias teológicas actuales, el Nuevo Rito puede indirectamente promover estas doctrinas novedosas, y en las mentes de la mayor parte de los fieles, estas doctrinas novedosas entrañan una negación de la fe tradicional; sin embargo, de ninguna manera significa esto que el nuevo Misal contenga proposición o gesto alguno que inherentemente implique alguna herejía.

Tomemos, por ejemplo, los cambios en las oraciones del ofertorio. Las oraciones tradicionales, al ofrecer la patena y el cáliz, resumen elocuentemente la doctrina católica del Sacrificio de la Misa, y ofrecen el pan y el vino ya bajo el aspecto de una 'Víctima Inmaculada' (Immaculatam Hostiam) que será sacrificada más adelante, haciendo de esta manera una alusión a la posterior Consagración. Las nuevas oraciones, en cambio, no hacen referencia a la Víctima ni al Sacrificio. En vez de ello, están permeados de un tono naturalista, pues hablan del ofrecimiento de (simple) pan y vino, que son considerados como obra de 'manos humanas' y que habrán de convertirse en 'pan de vida' y 'bebida espiritual'. Aquí es donde Cekada hace su segunda acusación de herejía: da a entender que el llamar el pan y el vino 'obra de manos humanas' equivale a afirmar que la materia del Sacramento de la Eucaristía consiste en labor humana, y que esto es herético. Sin embargo, de ninguna manera el Nuevo Misal afirma que la materia de la Sagrada Eucaristía sea obra de humanos. El que algunos teólogos lean el misal de esa manera es una cosa, pero que la Misa misma lo dijera explícitamente sería otra muy distinta. Una crítica más razonable de las oraciones del nuevo ofertorio sería que, aun no siendo heréticas, simplemente omiten comunicar la teología católica del Santo Sacrificio de la Misa.

De manera semejante, en el contexto de las actuales tendencias teológicas, la necesidad ecuménica de hacer la misa menos ofensiva para los protestantes, y el deseo de muchos de abandonar la teología católica de la Misa, el ahora permitido modo de recibir la comunión en la mano pudiera verse como un ataque indirecto a nuestra fe sobre la Presencia Real. No es inherentemente incorrecto o herético en sí mismo el recibir la Santa Comunión en la Mano. Hasta el antiguo De defectibus lo prescribe en ciertas situaciones irregulares. En sí mismo, este cambio sólo equivale a una omitida profesión de fe en la Presencia Real — omisión que no implica en sí misma una negación. Consecuentemente, es solamente en el contexto, y no en sí misma, el que esta nueva concesión pueda verse como doctrinalmnete problemática.  Quizás el cambio fue motivado por una teología novedosa que difiere de la teología tradicional del Sacrificio de la Misa; sin embargo, en el rito mismo no está presente negación alguna de la doctrina tradicional.

De forma interesante, Cekada también presenta dos argumentos de la invalidez de la Nueva Misa. Primero presenta el conocido argumento de 'pro multis' vs 'por todos'.  Para mi decepción, Cekada jamás discute una sola de las defensas de la traducción “por todos” esgrimidas por eruditos tales como John McCarthy y Manfred Hauke, ni siquiera hace mención del pronunciamiento del Vaticano sobre este tema. Su segundo argumento; sin embargo, es más interesante: se basa en una de las críticas incluidas en la 'Intervención de Ottaviani' relativas al requisito de intención ministerial para que una Misa sea válida. La misa tradicional no daba lugar a que el sacerdote careciera de la intención requerida de convertir el pan y el vino en el Sacratísmo Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor: Los textos dejaban claro lo que estaba sucediendo y lo que debería ser la intención del celebrante. El sacerdote que pronunciara esas palabras de manera expresiva y asertiva automáticamente tendría la intención requerida. Sin embargo, la Nueva Misa así como la IGMR presentan lo que solía llamarse la 'Consagración' como una mera “narración de la institución”, [3] de manera que el sacerdote puede pronunciar la nueva 'narración de la institución' como una simple crónica histórica de la Última Cena sin la intención de que se lleve a efecto la Transsubstanciación. Esto daría como resultado una misa inválida: “Si no hay Cuerpo, si no hay Sangre, no hay Misa” — como lo presenta dramáticamente Cekada. Ésta, en mi opinión, es una crítica teológicamente sensata de la nueva terminología 'narración de la institución'. Sin embargo, esta crítica debe atemperarse con una clarificación importante que Cekada nunca hace: este argumento sería aplicable solamente a misas individuales en las que el sacerdote careciera de la intención requerida — algo que también es posible, aun cuando significativamente más difícil, en el contexto de la Antigua Misa.

La crítica no es aplicable a todas las misas que se dicen de acuerdo con el Nuevo Misal, pues aun en el Nuevo Rito, un sacerdote que, a pesar del vago lenguaje de la nueva 'narración de la institución', pronuncia las palabras de la consagración de manera expresiva y asertiva, con la requerida intención, supera este problema y verdaderamente lleva a efecto la transsubstanciación [4]

La investigación llevada a cabo por Cekada es, en general, erudita y profunda. No deja lugar a dudas en la mente del lector, de que los creadores de la Nueva Misa buscaban promover doctrinas alineadas con los movimientos ecuménicos y con la Nouvelle Theologie. Aun cuando la tesis principal de Cekada no es simplicidad garantizada, el libro muestra con éxito que la Nueva Misa representa una novedad teológica, una ruptura doctrinal con la tradición y un retorno espúreo a la liturgia primitiva.  Inevitablemente, el libro deberá ser tomado en serio por los estudiosos de teología contemporáneos de ambos bandos.


Notas:

[1] Cekada lo abrevia “GI” pero yo seguiré la convención general de abreviarlo como “IGMR”
[2] Debe hacerse notar que Cekada no trata de criticar los simples 'abusos' litúrgicos — violaciones de las rúbricas del Nuevo Misal — que con frecuencia tienen lugar en el contaxto de la Nueva Misa. Mas bien, explícitamente critica a la Nueva Misa en sí misma como doctrinalmente problemática. Según Cekada, su punto de visto lo diferencia de otros autores tradicionalistas que, según él, solamente han criticado los 'abusos' o que arguyen en favor de la misa tradicional basados en meras preferencias estéticas o sentimiento individual, y si llegan a criticar la nueva misa en sí misma sólo lo hacen calificándola como 'ambigua' en vez de hacer notar que es inherentemente problemática en su doctrina. Creo que Cekada exagera un poco, sin embargo, pues hay muchas otras obras que critican la doctrina contenida implícita y explícitamente en la Nueva Misa y en las nuevas leyes litúrgicas y no sólo sus problemas estéticos o sus 'abusos'. Para citar algunas de estas obras: la monumental Revolución Litúrgica en tres tomos de Michael Davies; “El Problema de la Reforma Litúrgica: Un Estudio Teológiico y Litúrgico” de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, y, por supuesto, Un Breve Estudio Crítico de la Novus Ordo Missae por los cardenales Ottaviani y Bacci, conocida comúnmente como 'La Intervención Ottaviani'.
[3]  La IGMR se vio forzada a cambiar la expresión a “narración de la institución y consagración”
[4] Curiosamente, aunque Cekada considera inválida la Nueva Misa,  ¡tambíen la considera sacrílega!. Sin embargo, “Si no hay Cuerpo, si no hay Sangre, no hay Misa”, entonces ¿cómo puede ser sacrílega? Cekada parece nunca haber hecho esta conexión

jueves, 20 de febrero de 2014

Motus in fine velocior

Motus in fine velocior
(el movimiento, cuando está terminando, es más rápido)


por Roberto de Mattei


http://www.robertodemattei.it/2014/02/12/motus-in-fine-velocior/
12 de febrero de 2014
Traducido del inglés por Roberto Hope


El 11 de febreo de 2013 es una fecha que ha pasado a la historia. Ese fue el día en que Benedicto XVI comunicó a una asamblea de azorados cardenales su decisión de renunciar al pontificado. El anuncio fue recibido “como un relámpago en cielo sereno,” según las palabras dirigidas al Papa por el cardenal decano Angelo Sodano, y la imagen del rayo que, ese mismo día, había caido sobre la Basílica de San Pedro, se difundió por todo el mundo.
La abdicación ocurrió el 28 de febrero, pero antes de eso, Benedicto XVI anunció que quería permanecer en el Vaticano como Papa emérito, algo que nunca antes había pasado y que fue mucho más sorprendente que la misma renuncia al pontificado. En el mes que transcurrió entre el anuncio de la abdicación y la apertura del cónclave el 12 de Marzo, se preparó la elección del nuevo pontífice, aun cuando para el mundo parecía algo inesperado. Más sorprendente que la identidad del elegido, Jorge Mario Bergoglio, de la Argentina, fue el nuevo nombre por él escogido, Francisco, casi como si para representar algo singular, y lo que impactó a la gente, más que nada, fue su primer discurso en el cual, luego de un coloquial “buenas tardes,” se presentó a sí mismo como el “obispo de Roma,” título que le pertenece al Papa, pero sólo después del de Vicario de Cristo y sucesor de Pedro, que se supone que constituyen una condición previa para aquél.
La fotografía de los dos papas rezando juntos el 23 de marzo en Castelgandolfo, dando la imagen de una nueva “diarquía” papal, aumentó la confusión de aquellos días. Pero eso fue sólo el comienzo. Luego ocurrió la entrevista en el vuelo de regreso desde Río de Janeiro el 28 de julio de 2013, con su “¿quién soy yo para juzgar?” destinado a ser utilizado para justificar toda clase de transgresiones. Siguieron después las entrevistas del Papa Francisco, primero con el director de “Civiltà Cattolica” en septiembre y luego con el fundador del diario “La Repubblica” en Octubre, la cual tuvo un mayor impacto en los medios masivos que su primera encíclica Lumen Fidei. Se afirma que aquéllas no contituían actos magisteriales, pero todo lo que ha pasado en la Iglesia desde esos días se deriva, sobre todo, de aquellas entrevistas, que adquirieron un carácter magisterial en la realidad, aunque no en principio.
El encuentro entre el Cardenal {electo] Ludwig Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y el Cardenal Arzobispo de Tegucigalpa, Oscar Rodríguez Maradiaga, coordinador de los consejeros para las reformas del Papa Francisco, llevó la confusión al culmen. La doctrina tradicional, según Maradiaga, no es suficiente para ofrecer “respuestas para el mundo de ahora.” Se mantendrá, pero hay “retos pastorales” adaptados a ciertas épocas a las que uno no puede responder “mediante autoritarismo y moralismo” porque ésta “no es la nueva evangelización.”
Las declaraciones del Cardenal Maradiaga fueron seguidas de los resultados de la encuesta sobre los retos pastorales de la familia promovida por el Papa para el Sínodo de Obispos del 9 al 15 de octubre. El Servicio de Información Religiosa [agencia de noticias de la Conferencia Episcopal Italiana] ha dado a conocer un resumen de las primeras respuestas que han llegado de la Europa Central:  Para los obispos belgas, suizos, luxemburgueses y alemanes, la fe católica es demasiado rígida y no corresponde a las necesidades de los fieles. La Iglesia debería aceptar la cohabitación premarital, reconocer el matrimonio homosexual, aceptar el control de la natalidad y la anti-concepción, bendecir los segundos matrimonios de divorciados y permitirles recibir los sacramentos. Si esta es la ruta que se quiere seguir, es el momento de decir que estamos hablando de un camino que conduce al cisma y a la herejía, pues negaría la ley divina y la ley natural, cuyos mandamientos no sólo afirman la indisolubilidad del matrimonio, sino también prohiben los actos sexuales fuera de él y aún más si son contra-natura. La iglesia acoge a todos aquéllos que se arrepienten de sus pecados y que se proponen romper con el desorden moral en que se hallan, pero de ninguna manera puede ella justificar el estado del pecador. Sería inútil afirmar que tal cambio sólo se referiría a la praxis pastoral y no a la doctrina. Si falta correspondencia entre la doctrina y la praxis, esto quiere decir que la praxis es la que forma la doctrina, como ha venido sucediendo, desafortunadamente, desde el Concilio Vaticano II hasta ahora
¿Debe la Iglesia dar respuestas que son nuevas y que “van con los tiempos”? Muy diferentemente actuaron los grandes reformadores en la historia de la Iglesia, como San Pedro Damián y San Gregorio el Grande, quienes en el siglo 11 hubieran tenido que justificar la simonía y el nicolaísmo de los sacerdotes a fin de no aislar a la Iglesia de la realidad de su tiempo. En vez de ello, denunciaron estas heridas con palabras de fuego, comenzando la reforma de las costumbres y la restauración de la sana doctrina.
Es el espíritu, intransigente y sin concesiones, de los Santos lo que está dramáticamente ausente en nuestros días. Se necesita una línea de batalla y un ejército listo para la batalla que, tomando las armas del Evangelio, anuncie palabras de vida al mundo moderno que fenece, en vez de abrazar su cadáver. En el período entre el Concilio de Trento y la Revolución Francesa los jesuitas ofrecieron este núcleo de combatientes por el bien de la Iglesia. Hoy en día, todas las órdenes religiosas están en decadencia, y si entre ellas aparece alguna rica en promesas, es suprimida inexplicablemente. El caso de los Franciscanos de la Inmaculada, que estalló en julio, ha dado a la luz una evidente contradicción entre los continuos llamados del Papa Francisco a la misericordia, y el garrote asignado al comisionado, Vicenzo Volpi, para aniquilar uno de los pocos institutos religiosos que aún florecen hoy en día
La paradoja no termina ahí. Nunca antes había la Iglesia renunciado a uno de sus atributos, el de la justicia, como lo ha hecho en el primer año del pontificado del Papa Francisco para presentarse al mundo como misericordiosa y bendecidora y, sin embargo, nunca antes como en este año, ha sido la Iglesia objeto de ataques tan violentos del mismo mundo al que le tiende su mano.
El matrimonio homosexual, por el que claman todas las grandes organizaciones internacionales y casi todos los gobiernos occidentales, contradice frontalmente, no sólo la fe de la Iglesia, sino la misma ley natural y divina escritas en el corazón de todo hombre ¿Qué son esas grandes movilizaciones que han ocurrido, principalmente en Francia con el Manif pour tous, si no la reacción de la conciencia de un pueblo a una legislación que es tanto opuesta a la naturaleza como injusta?  Pero los inmorales grupos de presión no se satisfacen con esto. Lo que les importa no es tanto la afirmación de los derechos que ellos presuponen de los homosexuales, sino la negación de los derechos de los humanos y de los cristianos. Christianos esse non licet, el grito blasfemo lanzado por Nerón y Voltaire, vuelve como un eco al mundo de ahora, en tanto que Jorge Mario Bergoglio es elegido como hombre del año por las revistas mundanas.
Los hechos se suceden uno tras otro más rápidamente. La expresión latina motus in fine velocior se utiliza comúnmente para indicar el paso más rápido del tiempo al final de un período histórico. La multiplicación de eventos de hecho hace más corto el curso del tiempo, que en sí mismo no existe fuera de las cosas que fluyen.  El tiempo, dice Aristóteles, es la medida del movimiento (Física IV, 219b). Más precisamente lo definimos como la duración de las cosas cambiantes. Dios es eterno precisamente porque es inmutable: todo momento tiene su causa en Él, pero nada cambia en Él. Mientras más se distancia uno de Dios más aumenta el caos producido por el cambio.
El 11 de febrero marcó el comienzo de una aceleración del tiempo, que es consecuencia de un movimiento que se está volviendo vertiginoso. Estamos viviendo una hora histórica que no necesariamente es el fin de los tiempos, pero sí es ciertamente, el fin de una civilización y la terminación de una época en la vida de la Iglesia. Si al final de esta época el clero y los laicos católicos no asumen su responsabilidad muy seriamente, inevitablemente va a realizarse el infortunio que la vidente de Fátima vio develarse ante sus propios ojos.
“Y vimos en una luz inmensa que es Dios ' algo semejante a como la gente aparece en un espejo cuando pasa frente a él' un obispo vestido de blanco 'tuvimos la impresión de que era el Santo Padre.' Otros obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, subían una empinada montaña, en cuya cima había una gran Cruz de troncos toscamente labrados, como de un de alcornoque con su corteza; antes de llegar ahí, el Santo Padre atravesó una gran ciudad medio en ruinas, temblando, con paso vacilante, acongojado de dolor y pena; rezaba por las almas de los cadáveres que encontraba en el camino; habiendo llegado a la cima de la montaña, de rodillas, al pie de la gran Cruz era muerto por un grupo de soldados que le disparaban balas y flechas, y de la misma manera iban muriendo, uno tras otro. los demás obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, y algunos laicos de diversos rangos y posiciones sociales. Debajo de los dos brazos de la Cruz había dos ángeles, cada uno de ellos con un hisopo de cristal en la mano, con el cual juntaban sangre de los mártires y con él rociaban las almas que avanzaban camino a Dios.”

La visión dramática del 13 de mayo debería ser más que suficiente para urgirnos a meditar, orar y actuar. La ciudad ya está en ruinas y los soldados del enemigo ya franquearon las puertas. Aquél que ame a la Iglesia, que la defienda, para apresurar el triunfo del Corazón Inmaculado de María.

sábado, 8 de febrero de 2014

Vaticano II y la Libertad Religiosa

El Padre Ratzinger sobre el Vaticano II y la Libertad Religiosa
Por el Hermano Alexis Bugnolo
Fechado 4 de abril de 2006
Traducido por Roberto Hope


En su libro, "The Theological Highlights of Vatican II" (Los Aspectos Sobresalientes del Vaticano II -- publicado por Paulist Press en 1966) el joven teólogo Padre Joseph Ratzinger trata la tesis novedosa de ese Concilio acerca de la libertad religiosa (págs. 143-147)
Veamos algunos de sus argumentos a favor de esta nueva tesis:
1) “Éste no era un problema acerca de la verdad y el error, sino acerca de la coexistencia de la gente, en la que con frecuencia la verdad y el error están entremezclados. La gente cierta­mente no puede convivir si afirma lo que cree que es verdad por medios distintos de aquéllos que son consistentes con la verdad” (pág. 143)
La premisa menor que está implícita en esa afirmación es que la enseñanza tradicional de la Iglesia, de que el Estado en algunos casos puede imponer obligaciones religiosas, no es consistente con la verdad, porque solamente la libertad religiosa irrestricta es consistente con los derechos a la actividad religiosa de los individuos humanos. Esta tesis es aparentemente idéntica a la del Modernismo, que afirma que la religión es no otra cosa que la manifestación externa del sentido religioso que está innato en el hombre y que, consecuentemente, toda religión es igualmente verdadera, siendo ésta nada más que una manifestación objetiva de un sentimiento subjetivo interior.
Decir que el reconocimiento de la Fe Católica por el Estado y el reconocimiento de la Fe Católica por los ciudadanos católicos (estamos hablando del la Historia de Europa del Siglo 5 al 20) es inconsistente con la paz necesaria para que los creyentes y los no creyentes “convi­van” (sea lo que esto signifique) es un ataque radical contra la verdad de la historia, la razón y la lógica.
Uno tendría que imaginar que la Iglesia Católica practicó métodos de imposición violenta de su religión sobre los no creyentes, y que los no creyentes jamás hicieron algo por el estilo. Pero la historia misma no confrma esto: Las conquistas no se llevaron a cabo por orden del Rey de España ni de la Iglesia. Las Cruzadas en el Medio Oriente tenían como único propósito el de alcanzar para los católicos la libertad de acudir a los Lugares Santos a ejercer su culto (libertad de religión que los gobernantes islámicos negaban), por la fuerza de las armas (libertad que ahora niegan los modernos estados liberales.) Las cruzadas contra los albigenses fueron en respuesta a la imposición de las sectas y los gobiernos herejes que asesinaban a inocentes mediante inanición forzada por “los puros.” Aquéllas contra los husitas fueron en respuesta a la rebelión de los herejes husitas que asesinaron a miles de inocentes católicos en Bohemia. Ninguno de los pogromos que ocurrieron contra los judíos en Europa tuvo la sanción aprobatoria de la Iglesia. Sí; hubieron individuos, tanto católicos como no católicos, que cometieron crímenes; pero la libertad religiosa es una noción que aplica a las relaciones del Estado con los individuos y con los subgrupos, hacia los cuales el Estado tiene o no el derecho, sobre su propia base, mas no sobre la base de los crímenes de los individuos.
Ataca también la lógica porque el reconocimiento de la Fe Verdadera por estados y por individuos nunca tuvo el propósito de calificar como un crimen el tener creencias diferentes, o el que hubera no católicos viviendo entre los católicos; nadie era forzado a hacerse católico. Hubieron, sin embargo, casos de aquéllos que se hacían pasar por católicos, pero que enseñaban lo contrario, o que fingían ser católicos y aprovechaban eso para minar el orden civil: Este tipo de criminales, en el campo que sea, el de la enseñanza, el de la ciencia, el de la medicina, el del derecho, el de los negocios o el de las finanzas, son encausados todos los días por las modernas democracias liberales sin que nadie ponga el grito en el cielo. El tema de la Fe Verdadera no es menos legítimo que el de cualquier otra disciplina o ciencia que ataña al orden público.
También ataca a la razón, pues si uno está hablando acerca de la Verdad, entonces, por supuesto, el poder del Estado, que viene de la Verdad, nunca puede estar en oposición a la Verdad, pues eso sería una contradicción. Pero si por “verdad” queremos decir la determina­ción subjetiva de la conciencia auto-formada del individuo, entonces “verdad” no es más que un “sentimiento no objetivo” y no es verdad. Y consecuentemente, esta objeción de Ratzinger es infundada, irracional y falsa.
2) “El esquema posiivamente proclama la libertad de culto y de creencias, no sólo para indi­viduos, sino también para comunidades religiosas dentro del marco de buen orden público. Esto está en línea con el carácter social de la naturaleza humana y, consecuentemente, con toda religión verdaderamente humana. Todo esto puede inferirse de la escritura; sin embargo verdaderamente va más allá de este horizonte bíblico.” (pág. 145)
Esto es falso: La Sagrada Escritura relata cómo Dios le ordenó a Josué que destruyera aque­llas comunidades que adoraban ídolos. Y el antiguo pueblo judío fue castigado por Dios por haber tomado algún botín de estas comunidades y no haber destruido todo, hombres, muje­res y niños. Por lo tanto, si Ratzinger estuviera en lo correcto, entonces Dios habría pecado, pues violó los derechos de toda religión verdaderamente humana. Consecuentemente, Dios es malo y, consecuentemente, Dios no es Dios. Su tesis es inherentemente blasfema, tanto como lo es falsa.
3) “la libertad religiosa es asunto de coexistencia política y social, que no afecta la relación del hombre con la verdad sino sólo afecta la concretización histórica de la verdad. La libertad es algo vulnerable, que puede fácilmente destruirse a sí misma si se usa sin restricción. La libertad por sí misma exige que la libertad del individuo sea protegida contra el abuso de la libertad en sus múltiples formas. Tal exigencia, sin embargo, puede a su vez llevar a desaten­der la libertad. No hay normas ni pautas certeras en esto.” (pág 146)
Aquí Ratzinger admite con candidez que la enseñanza del Vaticano II sobre la “libertad reli­giosa” no garantiza la “libertad religiosa”. Reconoce entonces que esa enseñanza es funda­mentalmente equívoca y política, y no considera la cuestión última de la Verdad.
4) “Lo más controvertido fue el tercer recién enfatizado aspecto. El texto trata de hacer énfa­sis en una continuidad de las declaraciones oficiales de la Iglesia sobre este asunto. También dice [en su introducción] que “deja intacta la doctrina católica sobre el deber moral del hom­bre y de las comunidades hacia la verdadera religión y la única Iglesia de Cristo” (n. 1). Aquí el término “deber” tiene una aplicación dudosa para las comunidades en su relación con la Igle­sia. Más adelante en la Declaración, el texto mismo corrige y modifica las afirmaciones ante­riores, proponiendo algo nuevo, algo que es muy distinto de lo que, por ejemplo, se halla en las declaraciones de Pío XI y Pío XII. Habría sido mejor omitir estas fórmulas de compro­miso o reformularlas en línea con el texto subsecuente. De esta manera, la introducción nada cam­bia del contenido del texto, y en consecuencia no debemos considerarlo más que como una falta menor.” (pág 147)
Aquí el P. Ratzinger critica abiertamente el documento del Vaticano II y dice que tiene faltas. Aquéllos que creen que el Vaticano II es infalible, deben reconocer que, hasta quien aho­ra es Papa, no lo considera así.
En segundo lugar, el P. Ratzinger admite abiertamente lo novedoso y la inconsistencia de la nueva enseñanza contenida al final del documento sobre Libertad Religiosa con toda la ense­ñanza anterior de Iglasia y hasta con la reafirmación que se encuentra en los párrafos intro­ductorios del propio documento. Dice Ratzinger que podemos pasar por alto ese párrafo y arguye que la segunda mitad es verdadera mientras que la primera es falsa.

No necesita decirse más acerca de la insistencia de Benedicto XVI de que sólo se trata de dos métodos de interpretación que compiten entre sí, uno que falsifica al Concilio y otro que no. A menos, por supuesto, que él quiera decir que lo que dijo en 1966 tomando y eligiendo de entre los textos del Concilio, rechazando algunos pero aceptando los novedosos, es la manera auténtica de interpretar el Conclio. De ser así, entonces está diciendo que el método que se basa en el reconocimiento de que el Vaticano II rechaza el pasado, es tanto falso como verdadero al mismo tiempo, o por lo menos, debe admitir que estaba mintiendo enton­ces, y/o está mintiendo ahora.